Un hombre se levanta por lo mañada, designina con su mujer y con sus dos hijos pequeños.
Se pone una camisa limpia, coge las llaves del coche y se va a trabajar.
Su familia cree que es médico, más concretamente investigador de la Organización Mundial de la Salud en Ginebra, pero no es médico.
No trabaja en Organización Mundial de la Salud y cuando cierre la puerta de casa por la mañana no tiene absolutamente ningún sitio donde ir.
Así que conduce a parca, a veces en un área de servicio, a veces en el bosque, a veces, y esto en los que más me impresiona en el aparcaminto de la propia sede de la Organización Mundial de la Salud, mirándole edificio en el que se supone que trabaja.
Comprar revistas médicas y las ley con atención porque por la noche, alguien le va a preguntar por su trabajo y hay que tener conversación, deja pasar las horas.
Y a la hora en la que vuelve a casa, un hombre que ha estado trabajando, vuelve a casa.
¿Qué tal el día?
Bien, lo normal, mañana lo hará otra vez, y pasado, y dentro de 11 años. Este hombre se llamaba Jean-Claude Román y sostuvo esta vida durante casi dos décadas y las cena de zonas por que en 2002 Edward Cortes rodó la vida de nadie con José Coronado que está inspirada en el caso.
La película suaviza bastante, la realidad fue mucho más oscura y mucho más difícil de mirar.
Pero quizá hay algo más interesante que el como, es el porqué. ¿Por qué alguien dedica media vida a sostener algo así, por dinero, por admiración, porque disfruta engañando, porque les sale gratis?
¿A quién empieza de verdad la historia de hoy? ¿Por qué vamos a cruzarnos con un falso médico?
Un falso superviviente, de un campeonácio, un chaval de 20 años que se paseaba con las luces de emergencia por Galicia, una empresaria de Silicon Valley y que iba a cambiar los análisis de sangre,
un científico que fue el orgullo de todo un país y un médico británico cuya idea sí que viva 28 años después. Y si nos quedamos en que todos eran narcisistas, psicópatas, mitómanos, nos habríamos ahorrado el trabajo de entender algo que es justo lo contrario de lo que venimos a hacer hoy.
Porque la mentira no tiene una motivación, tiene varias, y a veces conviven mal dentro de la misma persona, hay quien miente para conseguir algo, hay quien miente para convertirse en alguien, hay quien miente porque llega un día en el que decir la verdad se vuelto psicológicamente insoportable.
Es el último caso, es el que era más miedo, porque no requiere ser un monstruo, requiere haber esperado demasiado.
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Desde meternos a fondo en este asunto, vamos a desmontar una chorrada que se refite muchísimo, seguro que la ha soído que una persona normal, mienta entre 50 y 200 veces al día, se dice que una seguridad admirable con cero fuentes confirmadas.
Los datos apuntan a otra cosa, en un estudio con 1000 adultos estadounidenses, 6 de cada 10 dijeron no haber contado ninguna mentira en las 24 horas anteriores.
Y apareció el detalle bueno, casi la mitad de todas las mentiras registradas venían de un 5% de la muestra.
Investigadores posteriores han seguido encontrando a lo mismo, la mayoría miente menos de lo que nos creemos, una minoría concentra el grueso.
Y también es importante, estos son datos autoinformados y preguntar a la gente, ¿cuánto miente tiene un punto cómico pero incluso con esa cautela la distribución desigual aparece una y otra vez?
Y eso cambia la pregunta, ¿no se trata de averiguar cómo una mentirigilla pido se convierte inevitablemente en teranos?
¿Por qué no se convierte? ¿Se trata de entender qué pasa cuando mentir empieza a dar beneficio?
Cuando parece que no te van a pillar y sobre todo, cuando encuentras un relato decente para explicarte a ti mismo que tienes derecho a seguir.
Porque el ser humano tiene una habilidad prodigiosa para hacer trampas sin sentirse un tramposo y no hablo de los otros, hablo de nosotros.
Volvamos al coche, Jean-Clor Román era un chico brillante, educado, discreto de esos que del instituto no dan ningún problema.
Empezó a medicina el león y el segundo curso pasó algo que, contado así, parece menúsculo, no se presenta un examen.
No, no sospeció, no se presentó, se quedó en la cama.
Ahí estaba la puerta de salida, un año perdido, una conversación incomoda con la familia, un verano regular, pero no la cogió.
Volvió matricularse en segundo, dejó que todos creían que había pasado a tercero y se acostumbró a asistir a clases que no lo correspondían con una tranquilidad asombrosa.
Durante años se matriculó uno y otra vez en el mismo curso sus compañeros iban avanzando, el seguía allí muy simpático sabiendo bastante medicina sin ser nunca médico, después fingió el título.
Después fingió una tesis, después apareció el puesto en la Organización Mundial de la Salud Sanjinebra a 20 minutos de casa.
Se casó, tuvo dos hijos, se instaló en una zona tranquila de la frontera Franco Suiza donde muchos vecinos trabajaban al otro lado y a nadie le parcía raro que un señor se marchara temprano y volviera tarde, una mentira necesito otra y otra.
En Manuel Carrer se carteó con él durante años y escribió el adversario que sigue siendo el mejor sitio para entender este caso y ahí aparece el elemento psicológicamente más interesante.
Roman no parece haber montado el personaje sobre todo para que las miras en lo montó en buena medida para no ser visto, para que nadie descubries el chico que un día no fue capaz de levantarse a hacer un examen.
Y ahora salvando la distancia mostruosa, con lo que pasó después miras y te suena el mecanismo de arranque.
Ha suspendido algo, un examen, una posición, una entrevista, alguien te pregunta qué tal y dice "bueno bien", ¿podrías corregir los cinco segundos después?
Sería en cómodo y se acabó una semana más tarde y ya necesitas una explicación a los seis meses, no tienes que confesar el suspenso, tienes que confesar que llevas medio año mintiendo que es otra conversación completamente distinta y bastante peor.
La verdad se empieza a generar reintereses. Esto es lo desagradable de ciertas mentiras que no se quedan quitas, se comportan más como una deuda.
Cada mes que pasa te volver la cuesta un poco más, se llega un punto en el que la cuota mensual que es seguir fingiendo parece más varada que el pago único.
Roman tenía que saber medicina suficiente para sonar a médico, tenía que justificar con gruesos, guardias, viajes o radios y su entorno mientras tanto le rellenaba los huecos, porque eso hacemos todos, nadie audita la vida entera de la gente a la que quiere.
Hay una razón bastante sensata para ello. Timothy Levine lleva años defendiendo lo que él llama "La Teoria del True Default". En la conversación cotidiana damos por supuesto que el otro dice la verdad, mientras no parezca algo que dispare la sospecha en serio y menos mal.
Sería imposible convivirse cada frase de tu pareja, fue esa seguida de una auditoría independiente. Imagínate él, desayuno.
La confianza no es una tontería volutiva, es la condición para que exista algo parecido a una sociedad.
El problema es que un impostor puede vivir cómodamente dentro de ese margen, y luego estaba el dinero.
Román explicaba a familiares y amigos que gracias a su posición en Suiza podía colocarle los ahorros en productos financieros muy ventajosos. Le confiaron cantidades importantes, él vivía de ellas, no había inversión, había un hombre pagando la hipoteca de su propia ficción con el dinero de su su suegro.
En 1993, la arquitectura empezó a caerse y román, mató a su mujer a sus dos hijos de
cinco y siete años y a sus padres. Intentó matar también a una mujer con la que tenía
una relación, prendió fuego a la casa y intentó suicidarse, pero lo encontraron vivo.
En 1996, fue condenado a Cardena, perpetó con 22 años de seguridad, salió en libertad
condicionan en 2019, después de 26 años de presión, con una pulsera electrónica y la
prohibición expresa de hablar públicamente de sus crímenes. Y aquí hay que tener mucho
cuidado, que esto también hay que decirlo, explicar el papel de la vergüenza no justifica
absolutamente nada, millones de personas sienten vergüenza, miedo al fracaso y sensación
de ser un fraude y no hacen nada remotamente parecido. Una explicación psicológica no
es una absolución y de una emoción no se deduce un crimen, lo que nos interesa está mucho
antes del final. Están en el instante exacto, en el que alguien descubre que puede evitar
un dolor cambiando no la realidad, sino la versión de la realidad que entrega los demás.
Te propongo una pequeña prueba, piensa en alguna vez que hayas escondido un error, nada
dramático, un fallo, un trabajo, una deuda, una signatura, algo que dijiste que ya había
hecho y que no habías hecho, y era preguntate que estaba semitando exactamente. La consecuencia
del error, o que alguien cambiase la foto que tenía de ti, no es lo mismo ni de lejos. Román
nos deja si la primera gran motivación de este especial mentirosos, mentir para que
no te descubran siendo eso que temes ser. Pero hay gente que no quiere esconderse de la mirada
de los demás. Quiere lo contrario, la necesita. Y aquí aparece Enrique Marco.
Marco nació en Barcelona en 1921, huérfano de padre, con la madre internada Núnsica y
que ha treco una infancia repartida entre parientes, es decir, alguien que en la vida no le
regalo ninguna biografía alucida. Y durante casi tres décadas contó que había sido
deportado al campo de concentración nazi de Flosenburg. Dava charlas en institutos, saliente
a la edición participada en homenajes, llegó a ser secretario general de la CNT a finales
de los 70 y más tarde, presidente de la amical de Matausen, la principal asociación española
dedicada a la memoria de los deportados en 2001 el gobierno catalán le concedió la
creuda de San Jordi. Su relato funcionaba de una manera que ningún historiador puede
igualar, porque un historiador te explica qué ocurría llegar a un campo. Un superviviencia
de una persona que sea superviviente va a decir "Yo estaba allí". Y esas tres palabras
van a cambiar una habitación entera, cambiando el aire. En enero de 2005, Marco habló
en el Congreso de los Diputados en un homenaje a los españoles deportados. Cuentan que
hubo gente llorando. Tenía algo con lo que era imposible competir. Autoridad moral,
sólo que había un problema. Nunca había estado allí.
El historiador Benito Vermejo llevaba tiempo viendo grites. Había extrañado que alguien
tan dispuesta a contar su experiencia delante de 2000 personas se pusiera esquivo cuando
una especialista quería repasar fechas y detalles. Eso en un investigador enciende
una lucecita. Vermejo tiró del hilo hasta encontrar documentación que cambiaba la
historia entera. Marco, si había estado en la Alemania Naci, pero había ido en 1941
como trabajador voluntario, dentro del acuerdo con el que el franquismo envió mano de obra
Hitler. Una vez allí lo detuvieron por hablar mal de los naces y pasó unos meses en la
prisión de Kiel. En flos en burgu no estuvo nunca. Fíjate en el material.
Había Alemania de verdad. Había guerra de verdad. Había cárcel de verdad. Y nombre
si calles y frío sólo. Hacia falta cambiar dos cables. Y este detalle es realmente importante
porque los grandes engaños casi nunca están hechos sólo de mentira. Están hechos
de una verdad colocada en el sitio equivocado, una foto auténtica, un nombre real o un anécdota
que sí ocurrió. Una persona la que efectivamente conociste, después mueves dos piezas y ya
tienes otra vida. La investigación mostró de más que
Marco se había propiedo de elementos de la historia de un deportado real, llamado Enrique
Moner. Y la revelación llegó en el peor momento posible en mayo de 2005 a las portas de
lo maneja internacional por el sexagésimo aniversario de la liberación de Matauzen. Con
el presidente del gobierno presente, Vermejo decidió que ya no podía callarse. La mentira
se vino abajo. Te volvió la creuda de San Jordi y dimitió. Pero entonces pasó algo
psicológicamente extraordinario. Marco no dije simplemente "os he estado engañando".
Pero yo una justificación y la sustupo 17 años hasta su muerte en 2022 a los 101 años.
Defendió que su falsa condición de superviviente. Había conseguido que la gente escuchara que
gracias a ella muchas veces probablemente sabía hablaros de los deportados en colegios
donde nadie hablaba de eso y que en el fondo era verdad aunque la forma no lo fuera.
Mira el movimiento, es de manual. La pregunta deja de ser tenia, yo derecho a propiarme
de una experiencia que no viví y pasó a ser "acaso no sirvió mi mentira para una
buena causa". Es una maniobra formidable porque permite conservar
intacta la imagen. La imagen moral de uno después de haber hecho algo bastante incompatible
con ella, yo no mentía por mí sino que mentía por ellos. Así que Javier cercas le dedicó
un libro entero llamado "El Impostor". Y aquí hay algo que me parece de una noestidad
muy importante. Marco no nos fascina porque sea distinto de nosotros sino porque hizo
a la bestia algo que nosotros hacemos a pequeña escala. Decorar el rato. Adornar el papel
que nos tocó contándose un poquito mejores de lo que fuimos. La segunda motivación es
la mentira como construcción de una identidad moral. Roman Pereís quería evitar que lo
vieran y Marco necesitaba que lo miras en.
Nuestro siguiente personaje descubrió una tercera posibilidad que deue descan. Francisco,
Nicolás, Gómez, Iglesias tenía 20 años cuando España entera empezó a llamarle "el
pequeño Nicolás" y su historia sirve para entender algo que era un poco de vértigo
que la autoridad muchas veces no necesita existir basta con representarla bien.
Un coche grande, alguien te abre la puerta, una llamada que parece importante y que atiendes
con cara de fastidio, una carpeta, un ascudo, un hombre pronunciado con naturaleidad sin
su rallarlo como quien no le da importancia. Y de pronto un chaval de 20 años deja de parecer
un chaval de 20 años, parece alguien a quien igual no conviene hacerle demasiadas preguntas.
En el verano de 2014 organizó un viaje de arriba de O para Runes con un empresario. Según
los testimonios recogidos en el proceso se había avisado antes a las autoridades locales
de que iba a acudir a alguien cuy veintida no podía revelarse por motivos de seguridad,
llegó con una puestana escena tan solvente que hubo vehículos de la policía local acompañando
la comitiva. Durante el encuentro, simuló recibir una llamada de la entonces vicepresidenta
del gobierno. Ponte tú a esa mesa en un momento, algo de encaja es demasiado joven, la
historia rarísima, "Pray Coches", hay policías, saben hombres, y toda la gente que te rodeas
está comportando como si esto fue es importante. Parece el cuento este del vestido del rey, ¿no?
Y entonces aparece la pregunta que más ha ayudado a los impostores de la historia. ¿Y si
resulta que es verdad? Porque dudar también tiene un precio. Imagínate a usar de farsante
alguien que efectivamente estuviera allí en nombre de la presidencia a Menudo Lunes. Esto
funciona porque para decidir en quién confiar, usamos atajos y en las situaciones ambigüas
miramos que hacen los demás. Si la alcalde lo recibe, pues mira a la policía, a los
colta y un empresario serio, se sienta con el "cada nuevo" participante, se encuentra
un escenario que alguien anterior parece haber validado ya. El decorado se convierte en
una credencial y el aval de los demás, en prueba. Es otro episodio todavía mejor. En
una operación distinta relacionada con otro empresario, Gómez Iglesias, lo acompañó
una sucursal bancaria donde se pretendía mover unos 500.000 euros. El director del Banco
empezó a desconfiar y ahí volvió el teatro. Una supuesta llamada con la vicepresidenta
y la documentación colocada encima de la mesa con banderas, ellos y membretes de instituciones
del Estado. La operación no salió, el director mantuvo sus reservas. Ese director hizo algo
psicologicamente difícil y creo que no se le ha reconocido.
sido bastante interrumpió la escena. Porque esa es probablemente la mejor defensa que existe
contra un impostor. Dejar de reaccionar el personaje y comprobar una firmación concreta
no preguntarse si parece importante. Preguntarse si esto es verdad.
El recorrido judicial posterior es bastante más entredado de lo que suele contarse y conviene
no simplificarse. En 2024 el Tribunal Supremo lo absolvió del delito de usurpación
de funciones públicas en uno de los casos y en octubre de 2025 en otro procedimiento
hizo algo parecido, mantuvo dos años de presión por falsidad continuada en documento oficial.
Lo sé yo, las banderas, los mombretes, para el final volvía a solverse de usurpación,
racionando que simular una influencia que no tienes irreprochable pero no equivalejar
a hacer funciones que no te corresponden.
Fabricó documentos. No fabricó órdenes. El Estado no llega a moverse por el se movió
la gente que tenía delante. Por eso, no necesitamos diagnosticarle a distancia ni convertir
una caricatura clínica a su historia y ya es suficientemente interesante sin ponerle
etiquetas de nadie que lo haya evaluado. La tercera motivación, Pace, es la mentira
como acceso a la estatusia al poder. Roman fabricó un trabajo. Marco fabricó un pasado.
Nicolas, fábrico autoridad y los tres descubrieron lo mismo. Cuando los demás empiezan a tratarte
como el personaje que has inventado, la mentira deja de vivir dentro de tu cabeza, empieza
a tener colaboradores, empieza a mantenerla otra gente por ti. ¿Pero nos falta una pieza?
¿Qué pasa cuando no engañas a una familia ni a un empresario sino un sistema entero?
Construido precisamente para detectar este tipo de cosas. Bienvenidos.
El Isabel Holmes dejó está en forma de los 19 años con una promesa casi perfecta. Los
análisis de sangre iban a cambiar para siempre se cavaría en los tubos, las agujas, las
ocho horas en ayunas, pasarían unas gotas del dedo para hacer decenas de pruebas de forma
barata, más rápida y más accesible. Pero no historia irresistible, tecnología, salud,
democratización, una fundadora joven con jerseys negro y una industria vieja a la que había
que sacudir. El aparato se llamaba Edison y lo que no hacía al final era lo que teranos
decía que hacía. Durante el juicio Sacreito que Holmes conocía los problemas de precisión
y fiabilidad de sus analizadores y que esto solo podían realizar correctamente un número
limitado de pruebas y que la empresa ha recurrido de forma habitual a máquinas comerciales
convencionales para producir resultados que después se presentaban ante inversores y
ante el público como fruto de su propia tecnología. Y aquí conviene corrigir otra cifra que
infla cada vez que se cuenta, cada vez que se cuente también la historia, céranos o teranos
no está fot 10.000 millones de dólares, 10.000 millones fue la valoración que llego a tener
la empresa que es una cosa muy distinta. La SEC obtuvo que la compañía y sus responsables
captaron más de 700 millones de dólares de inversores mediante afirmaciones falsas
o exageradas sobre la tecnología, negocio o los resultados. Así que soy una barbaridad
sin necesidad de añadir el un cero. Lo interesante es como un ecosistema supuestamente
sofisticadísimo llegó tan lejos. Parte de la respuesta no está en la cabeza de que miente
está en la cabeza de quien quiere creer. Holmes no vendía una máquina, vendía la
posibilidad de estar delante del próximo gran salto, y cuando una historia encaja perfectamente
con algo que deseamos que sea cierto, comprobar la empieza para hacernos una grosería
casi una falta de visión. Fíjate en la paradoja que es preciosa y horrible a la vez. Cuando
más extraordinaria era la promesa, más comprobaciones debía haber provocado pero justamente
por ser extraordinaria, aumentaba el miedo a quedarse fuera y el miedo a quedarse fuera
es un pésimo revisor técnico. Además la empresa se rodeó de gente con prestigio
enorme, ex secretarios de estado, ex generales, apellitos que abren puertas y eso produce un
fenómeno social muy sencillo y muy devastador. Cada nuevo observador, da por hecho que alguien
anterior ya revisió lo sencial. Si toda esta gente importante está dentro, alguien habrá
mirado la máquina, pues quizá no, y eso es lo que nos quita el sueño.
La fiscalía estadounidense documentó que Holmes presentó inversores supuestas validaciones
de grandes farmacéuticas, exageró la relación con el departamento de defensa y ofreció
previsiones de ingresos que estaban años ludes de la facturación real. Afinales de 2014,
su participación en la empresa estaba valorada en más de 4.000 millones de dólares, pero
la mentira cruza una frontera especialmente fea en este momento. Porque una cosa se engañara
un inversor sobre cuánto vale tu empresa al inversor mayorcito y ha firmado un papel
donde pone que puede perderlo a todo. Otra cosa muy distinta es meter en el engaño
a todo un laboratorio clínico. Téranos llegó a realizar pruebas a pacientes
reales en centros de una gran cadena de farmacias, según la evidencia presentada por los
gobiernos estadounidense. Al final hubo resultados inexactos en personas de seguimiento
encológico, en mujeres que monitorizaban su embarazo y en, al menos, una persona a la
que un resultado le hizo creer que tenía el virus del SIDA. La propia empresa acabó
anulando todos los análisis realizados con uno de sus dispositivos. Ahí se acaba cualquier
romanticismo con aquello de mueve de rápido y rompe cosas. En informática lanzas un
parche, una analítica falsa no tiene botón de deshacer, tiene una persona en una cocina
a los nueve de la noche leyendo un papel que no dice la verdad. Holmes fue condenada
en 2022 por fraude inversores a 135 meses de prisión, es decir, 11 años y 3 meses. Entro
en la cárcel en el 2003 y su recurso fue desestimado en 2005, perdón, 2025. Y conviene
precisar algo que se pierden los resumenes. El jurado la condenó por el fraude a los
inversores. La absolvió al final de varios cargos vinculados directamente a pacientes
y no alcanzó veredicto en otros que motivación tendríamos aquí, dinero claro, pero reducirlo
dinero explica poco. Quizás estaba el prestigio y la identidad de visionaria, la presión
de sostender una empresa que ya había prometido demasiado en un relato moral muy potente.
Estamos cambiando la medicina. Y otra vez esa capacidad tan humana de convertir el interés
propio en una historia presentable. Todavía no funciona, pero funcionará. Los resultados
no son fiables pero necesitamos tiempo. Estamos ocultando información, ¿vale? Pero es para
proteger una tecnología revolucionaria, la mentira se vuelve casi indestructible cuando
puede pronunciar la frase "lo hago por un bien mayor". Marco protegía la memoria de
los deportados. Téranos democratizaba la salud, cada uno con su causa y la causa cubriéndolo
todo como una manta.
¿Hay personas en este mundo, Popo, que parecen muy profesionales cuando hablan de lo que
hacen? ¿Y sabes por qué? ¿Por qué? ¿Por qué no saben lo que hace? ¿Por qué si sabes
lo que haces? ¿No tienes que aparentar que lo sabes? ¿Te sale con naturalidad? ¿Me
sigues? Sí. Bien, ya lo que iba. ¿Sabes cómo se nota la diferencia? No. Pues mira,
llegas a saberlo. ¿Por qué una bocecita que sale de algún rinconte tu cerebro te dice,
este hombre que tengo delante de mí o esta mujer? Me está mintiendo descaradamente,
contándome patrañas. Y cuando ya tienes esa pequeña información, ¿qué hay que hacer?
No, no lo sé. Te diré lo que haría yo. Yo le diría, amigo, he oído muchas mentiras
en mi vida porque Dios sabe que soy vendedor y que más quien menos dice alguna cosa que
no es del todo cierta. Pero tú te llevas la palma. Creo que no tienes ni la más remota
idea de lo que estás diciendo. Tus hijos te admiran, seguro, todos confiamos en que nuestros
hijos lo hacen y quizá tu mujer no se da cuenta. Pero yo lo sé. Y al saberlo me siento
obligado a comunicarte el hecho de que te considero un maldito fantasma mentiroso desde
que has empezado a hablar. Y luego me sentaría y me acabaría la sopa. Y este mecanismo nos
llegó un sitio más delicado todavía, la ciencia. Porque si hay algo que asociamos con
la verdad, es un laboratorio. Batas protocolo, revisión por pares, gente muy sería mirando
pantallas, pero la ciencia no funciona por que los científicos sean inmunes a la vanidad,
al dinero, a la competencia o lo te engaño. Funciona, porque existen mecanismos para
corregirlos y esos mecanismos a veces fallan.
A principios de este siglo, el investigador surcoreano Juan Wohsuk se convirtió en una
figura internacional.
Veterinario de Formación Publicón 2004 y 2005 en Science, trabajos que parecien colocar
a Corea del Sur a la cabeza de una revolución biomédica, clonación de embriones humanos
y líneas de células madre, específicas de paciente, y aquello fue algo más que un
éxito científico, fue un asunto nacional. Le pusieron en un serio deteo de correos miles
de mujeres obrecién voluntarias para donar óbulos coreantera, estaba metida en aquello,
y luego el edificio se cayó.
Las investigaciones por cereales terminaron que resultados esenciales estaban fabricados,
Hayens, tradacto los dos trabajos Juan, fue expulsado de su universidad en 2009, fue
condenado a dos años de prisión suspendidos por malversación y por violar la ley bióética,
aunque fue a suelto del delito de fraude. Pero atención al detalle bueno, porque vuelve
para hacer nuestro patrón, no todo era mentira. En ese mismo periodoso equipo clonó a Snoopy,
el primer perro clonado de la historia, eso sí era verdad, y una verdad grande en medio
de lo expediente que hace muchísimo más difícil dudar del resto.
Mire cómo se repite la estructura, cuanto mayor es el éxito más caro sale reconocer
que no puede repetirlo, si eres un desconocido y un experimento falla, tienes un experimento fallido
y una tarde muy mala. Si eres un héroe nacional, cuyo laboratorio supuestamente está
reescribiendo la historia de la medicina, un fracaso amenaza a tu posición, tu financiación,
a tu equipo, a tu país y sobre todo la idea que tienes de ti mismo. Eso no significa que
cualquier científico vaya a tener o vaya a actuar ciertos temas de presión, que este
sometido a ellos tenga que falsificar los datos, significa que la ciencia necesita
controles precisamente porque los científicos siguen siendo personas, y ahí no nos hagamos
trampa, no hemos avanzado tanto. Por cierto, el epílogo es el más raro de todos.
Hoy Juan, se llama Juan, porque yo se da, es huwmng, Juan, Juan, trabaja en los Emiratos
Árabes Unidos, donde dijo un programa de clonación de camellos de carreras y exhibición,
la caída en desgracia dura, también lo que dura, y quedó un caso especialmente importante
porque demuestra que algunas mentiras, sobrevido en perfectamente a su propio desmontaje.
En 1928, Andrew Weick and Phil, y otros 12 autores publicaron en "The Lancet" una pequeña
serie de casos de con 12 niños, y ese trabajo acabó convirtiéndose en el centro de la
falsa asociación entre la abacuna triple bídica, sarampión paperas y rubelo y el autismo.
Pero creo que ya lo hemos contado, pero hay Matiz, que casi nunca se cuenta, el artículo
por su propio diseño no podría demostrar que la vacuna al final causara autismo, 12
niños sin grupo de comparación o demuestran una causa, ni aunque los miros con mucha ilusión.
De hecho, años después, diez de los coautores retiraron expresamente esa interpretación
causal. Pero para entonces la historia ya se había
escapado del artículo y volaba sola, porque narrativamente era perfecta un niño sano,
una vacuna, un cambio, dos acontecimientos cerca en el tiempo y nuestra cabeza es una
máquina extraordinaria de fabricar casualidad. Si dos cosas pasan seguidas, algo dentro de
nosotros, ya ha decidido que una causa iba antes que la otra, antes de que nos dice tiempo
podernos rigurosos, siempre nos apasiono la causalidad. Creo que la casualidad nos deja
a innearme, nos deja temblando de frío. Después llegaron a las investigaciones periodísticas
y las disciplinarias, aparecieron conflictos financieros no declarados relacionados con
abogados interesados en litigar contra fabricantes de vacunas y problemas serios en cómo
se había presentado los historiales clínicos de aquellos niños. Tras las conclusiones
del organismo reguliedad británico del áncer retractó el artículo por completo en 2010
y Wikifil fue inabilitado para ejercer la medicina en el Reino Unido, una investigación
publicada después en BMG fabricó el trabajo de fraude lento.
Pero en retirar un artículo no retiró una idea de la cabeza de millones de personas,
las coberturas vacunales callaron, el sarampión volvió a sitios de los que ya se había
ido, y ese relato sigue vivo casi 30 años después en padres, que no iba a hablar jamás
de Wikifil en su vida. Ahí está probablemente la forma más peligrosa de la mentira, la que
ya no necesita el mentiroso. Una vez que un relato ha encontrado miedo, identidad,
ideología y comunidades dispuestas a transmitirlo, se reproduce el solito. No hace falta que
nadie los sostenga, los sostienen nuestro miedo que además es un combustible muy barato.
A veces decir que tienes ansiedad es como no decir nada, es tan génerico como decir
que te encuentras mal, te voy a contar algo importante. No todas las ansidades funcionan
igual. Hay personas que se tascan en el miedo al cuerpo, en la anticipación o la necesidad
de comprobar, por eso hacer lo mismo que los demás muchas veces no funcionan. Por eso
necesitas un método y para ayudar de identificar lo que necesitas, hemos hecho un tes basado
en biotipos. Un biotipo no te dice que te pasa, te dice cómo y por qué te pasa. El
tes de biotipos ya está disponible. En pocos minutos te ayudará a entender cuáles
el patrón que están manteniendo tu ansiedad y qué método necesitas aplicar. Probablemente
serán los 5 minutos mejor invertidos de tu vida. Te dejo el acceso al tes en las notas
del programa, solamente haz clic en el enlace y empieza al tes. No eres un caso imposible
probablemente. Probablemente solamente necesitas el mapa adecuado.
Llegamos al punto donde todas estas historias se tocan. Romano necesitaba lo mismo que Marco,
Marco no perseguía lo mismo que Holmes y el pequeño Nicolás no trabajaba ni de lejos
en el mismo contexto que un investigador surcoreano con un sello de correos dedicado.
Perguenza, reconocimiento, poder, dinero, prestigio. La necesidad de proteger una identidad
que ya se ha vuelto demasiado grande para devolverla, pero en casi todos se aparecen tras
ingredientes. Hay algo que la mentira permite conseguir o evitar. Hay una sensación
razonable de que todavía se puede sostener y sobre todo. Hay una historia interior que
permite continuar. Esto último es lo decisivo porque casi nadie se mira al espejo y concluye
hoy y yo soy el villano. Perferimos otro guión. Solo estoy ganando tiempo o me lo merezco
o todo el mundo lo hace, ellos también se aprovechan de mí. Cuando esto funciona en nadie
se acordará de estos meses, luego por una buena causa no estoy haciendo daño a nadie.
Y falta una última pieza sin la cual ninguno de estos personajes habría llegado a donde
llegó. Nosotros.
Y ojo, no lo malinterpretéis. No digo que las víctimas tengan culpa de haber sido
engañados. Eso sería una canallada y además el falso. Digo que ninguna mentira grande se
sostiene sola, necesito un ecosistema que le venga bien. Roman, necesito una familia
que confiera en él y un pueblo fronterizo donde a nadie le extraña que vuelvas tarde
de Suiza. Marco encontró instituciones con hambre de testimonios y un hambre que también
llegaba al final a un país que estaba llegando a tarde a su propia memoria. Nicolás
apareció en un mundo donde un coche, un escudo y tres apellidos fabricaban la jerarquía.
Que la vamos a hacer, somos España. Y téranos, o céranos, que nunca sé cómo se pronuncia,
brotó en una cultura enamorada del fundador visionario. Juan trabajaba bajo una presión
competitiva y simbólica difícil de imaginar aquí. Y Wakefield encontró una historia capaz
de agarrarse al miedo más profundo que existe, que algo pueda dañar a tus hijos. El gran
impostor no innotice la sociedad encuentra algo que la sociedad ya quería creer y se
coloca justo, justo, justito ahí. Por eso creo que la pregunta, quizá de hoy no es
como detectar un mentiroso. Tenemos una fe exagerada en que mirándolos ojos, los gestos,
el tono, un movimiento extraño, vamos a ser capaces de pillarlo o piden porque suda
muchos y arrasca la punta de la nariz. La investigación sobre detección del engaño
lleva décadas, mostrando que somos bastante peores de lo que creemos leyendo esas señales.
Con muchos experimentos apenas superamos al azar, ni siquiera, con personas que revisan
perfiles y que trabajan en la policía, lo cual, dicho sea, de paso, debería volvernos
algo más humildoco de esa gente que asegura que haya no se la cuela nadie.
¿Hay una pregunta mejor y mucho menos la murosa? ¿Qué tendría que comprobar?
Afectos prácticos de propongo un ejercicio, la próxima vez que desees muchísimo que algo
sea cierto, una inversión, una noticia, una promesa, una persona maravillosa que acabas
de conocer, una historia que te estás contando sobre ti mismo, por una con tres preguntas.
Primera, ¿qué estoy protegiendo aquí? Un hecho, una imagen. Algo que no quiero perder.
Segunda. Si quisiera demostrar que estoy equivocado, queda tu concreto buscaría. Y si
las respuestas ninguno ya tienes esa información y tercera, ¿quién paga el precioso y decidón
no comprobarlo? No te van a hacer inmune a nada, pero hacen algo importante. Te sacan
de la escena durante unos segundos. Luego está la versión doméstica de todo esto, que es
la que de verdad nos toca. Ese error que llevas tres semanas en encontrar en el trabajo,
que dice por bueno, porque te venía bien, esa decisión de una discusión que ha repetido
también tantas veces que ya casi te la crees tú. Nadie ni nada de esto te convierte
en Jan Colroman. Faltaría más, pero funciona con la misma física. Una mentira empieza
siendo una frase. Luego necesito otra frase que proteja la primera. Más tarde necesita
documentos horarios, coches laboratoriosas, asociaciones, inversiones o instituciones enteras,
hasta que llega un momento raro. En el que ya no sabes si una persona está protegiendo
su mentira o si la mentira ha empezado a organizar la agenda a esa persona.
Jan Colroman salió de casa durante años para ir un trabajo que no existía, y quizá
esa sea la imagen con la que merece la pena quedarse. Un hombre dentro de un coche las
horas pasando una revista médica en el asiento del copiloto, y su familia esperando
que vuelva de la oficina. Y detrás de todo aquel edificio enorme de falsedades, una
verdad y minuta que cada día costaba un poco más pronunciar porque a veces el problema
de una mentira no es que sea demasiado grande, es que hemos tardado demasiado tiempo en
volver atrás. Como aquel que decía si estás cogiendo un tren y te equivocas, más te
bola pararte en la estación más próxima porque cuanto más tiempo sigas en ese tren, más
te va a costar la vuelta.
Así que hoy, un falso médico aparcado frente a la Organización Mundial de la Salud,
un hombre que se inventó un campo de concentración y una máquina que analizaba sangre sin analizar
nada, han venido al programa a recordarte que casi nadie miente sintiéndose un mentiroso,
las mentiras grandes casi nunca están hechas solamente de mentiras, sino de verdades colocadas
donde no tocan, y que quizá la pregunta que tenemos que hacernos no es si me la están
intentando colar, sino que es exactamente lo que no me apetece nada y comprobar.
Bueno, es que esto normalmente lo hago para los jueves, pero al mejor lo pongo otro día.
Nos vemos el siguiente, si os quiere.