En Vaya Mala, una comunidad en el Pacífico colombiano, Maciel Urquiza y su grupo han transformado su economía al vender bonos de carbono, evitando talar 500 hectáreas de bosque. Este modelo permite no solo proteger la biodiversidad, sino generar recursos para construir un puesto de salud, un muelle flotante y mejorar la educación. A pesar del crecimiento del mercado de bonos de carbono, existen riesgos como la especulación por parte de "carbon cowboys" que engañan a comunidades. La comunidad ha rechazado vender a empresas que amenazan su territorio, priorizando su autonomía y gobernanza. Este proceso se fortalece con la autogestión comunitaria, especialmente durante la pandemia, cuando los ingresos permitieron contratar servicios de salud y apoyar emprendimientos. Sin embargo, la violencia en zonas vecinas como Bajo Cali amenaza el monitoreo del bosque, lo que impide medir el carbono y continuar las cosechas. El caso de Vaya Mala muestra que la preservación ambiental y el desarrollo social están intrínsecamente ligados, y que para su éxito requieren paz, autonomía y acceso a tecnologías que fortalezcan el control comunitario sobre sus recursos naturales.
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La verdad, de pronto yo con estas manos, coger un árbol y tal a los nollanos.
Me da como muy duro, como que sufró.
Al yo ver de pronto o que otro está talando un árbol, porque me ha tocado muchas veces
llegar y la persona talando el árbol hoy.
Le he llamado siempre en buenas palabras.
Uy, compañero venga, yo era una de esas.
Que hacía eso y eso con la madera pero me he dado cuenta de que es malo,
de que estamos haciendo los hundañas a nosotros mismos.
Esta voz es de Maciel Urquiza.
Ella tiene 32 años.
Es madre de cuatro hijos y ha habido siempre en la plata.
Un corregimiento sobre el pacífico que pertenece a buena aventura
y que queda justo en frente de la base naval de Bahia Mala.
Ella desde su casa tiene el privilegio de ver todos los años
como llegan a esa Bahia las ballenas jorobadas.
Aparearse durante los meses de agosto se piembre de octubre.
Un espectáculo único en el mundo.
Maciel es cortera.
Como ha sido también toda su familia desde generaciones.
Es decir, tal árboles.
A través de una técnica ancestral que ellos conocen como intresaque.
Es decir, solo cortan los árboles que ya están maduros y dejan los verdes.
Las corteras como Maciel se ganan la vida así,
vendiendo madera.
Por eso son mujeres y hombres trozudos, fornidos, fornidas como Maciel.
Sin embargo, desde hace tres años, Maciel dio un vuelco total a su vida.
Ahora ya no corta árboles, ahora las cuida.
Maciel encontró otra forma de sobrevivir,
de llevar comida a sus cuatro hijos.
Con muchas dudas le apostó desde el 2013 con su comunidad a una nueva opción
que hoy muchos colombianos, muy doctos y muy letrados ni siquiera conocen.
Y que hoy se considera como una de las formas que tiene el mundo
para enfrentar el calentamiento global.
Ella y su comunidad decidieron vivir de la venta de bonos de carbono.
Hoy en afondo contamos la historia de Maciel,
de su comunidad, que es a su vez la historia de dos consejos comunitarios
y que a pesar de que forman parte del distrito de buena aventura
quedan a una hora y media en lancha de ese puerto.
Esta es la historia de estas comunidades, comunidades negras
que le apostaron a la venta de bonos de carbono
como una forma de impulsar el desarrollo de la comunidad
que ha estado marginada siempre por el Estado colombianos.
Es más fácil llegar a Nueva York desde Bogotá
para llegar a la plata en Vaya Mala.
Tomamos un avión desde Bogotá hacia Cali.
Luego una avioneta que nos llevó en media hora hasta la base aérea en ladrilleros.
Un balmiario turístico ha negado por el plástico
pero que forma parte del Parque Nacional Uramba desde el 2010.
A atravesar la cordillera para llegar al pacífico en una avioneta
tiene su ciencia.
El cielo rara vez está despejado
y toca atravesar la cordillera en medio de la turbulencia.
La avioneta se movió como si estuvieramos en un viaje en trasmilenio.
Con las demoras a la salida de Cali porque había mal tiempo
nos demoramos seis horas, sólo para llegar al ladrilleros.
Y eso que nos fue bien a la mayoría de las personas
que quieren ir a donde vamos nosotros a Vaya Mala.
Pues le toca primero llegar a buena aventura.
Si se van por tierra desde Cali, eso puede ser por lo menos cinco horas.
Si es que la carretera está en buen estado.
Después hay que coger una lancha en el puerto de buena aventura
que los lleva a Vaya Mala en una hora, hora y media, depende de la marea.
O sea, lo que nos costó a nosotros seis horas
a una persona que vive aquí en Vaya Mala de puede costar 14 horas.
Es decir, todo un día.
Tomamos una lancha con destino a la plata, finalmente.
El mar era del color del cielo, Chris Plomiso.
propio de los lugares húmedos como esta región donde llueve la mayor parte del año.
Esta zona es una de las más lluviosas del mundo y también una de las más mega diversas.
Aquí se preservan selvas impenetrables con la biodiversidad más grande del planeta,
que albergan más de dos mil especies de fauna y flora endémica.
Hay ríos caudalosos, diez por mencionar sólo unos de ellos que se entregan en esta parte del pacífico
y, sobre todo, los manglares más extensos de su América.
Pronto abandonamos los acantilados que amurayan la selva y entramos en ella.
Nos tropezamos de pronto con este verde intenso de los bosques de manglares,
resguaradados por la selva oscura e imponente que se ve de detrás.
Los manglares alcanzan hasta 45 metros de altura, son imponentes y son los más altos del planeta.
Y hay siete especies diferentes en estas selvas.
Esta es una quebra que es diferente a un experto, un experto está compuesto solamente de manglar.
Cuando llegamos a la plata observamos otro de los fenómenos naturales de esta parte del pacífico que tanto impactan.
Las mareas altas y las mareas bajas que se presentan cada 15 días y que se llaman las pujas.
Cuando llegamos, precisamente había puja baja. El agua estaba realmente desaparecida en la baía de la plata.
Cuando hay puja baja, pues es como si se desnudaran las verdades de las playas.
Y se ve de todo, se ven desde las conchas de los moluscos de las pianguas, la riqueza del mar, pero también toda la basura que trae la corriente que viene de buena aventura.
La plata está integrada por 180 familias que forman precisamente el Consejo Comunitario, que es esa figura constitucional que se creó a partir de la Constitución de 1991 y que se le reconoció en la ley 1970 de 1993.
Por cuenta de esa ley, se reconoce en los derechos ancestrales colectivos que tienen las comunidades negras e indígenas sobre sus territorios.
Sus casas son de madera, algunas más rústicas que otras construidas al borde de la playa de espaldas a la selva.
El lugar más importante de todos sin duda, el salón comunal. En sus murales está escrita la palabra Constitución de 1991, como si fuera su punto de nacimiento.
Al lado de la Constitución de 1991 hay otra frase, ley 1970 de 1993. Todo para que la gente que entra ahí y las comunidades desde pequeñas entiendan que entre la Constitución de 1991 y la ley 1970 de 1993, están sus derechos, sus derechos ancestrales sobre sus territorios.
por favor.
En cuenta de eso, muchos de estos territorios están titulados.
38 mil hectáreas han sido titulados en los últimos años, gracias a estas dos conquistas.
Y todavía tienen en disputa 12 mil y saben con quién, con la base naval de Bahia Malac.
Aquí en este salón que recuerda sus derechos, sus derechos ancestrales que están
incrustados en la Constitución y en la ley se reúnen cada tanto estas 180 familias,
que integran este consejo comunitario y aquí es donde se toman las decisiones.
Es también el único sitio con un Wi-Fi como dicen por acá y en parte por eso es que
está siempre abierto.
Solo hay electricidad entre las 6 y media de la tarde y las 10 y 30 de la noche.
El agua increíble, están rodeados de agua, 10 ríos los cercan y en la inmensidad de los
oceanos pacíficos, pero se abastecen del agua que recogen de los tanques que provienen
de agua lluvia.
Su gran orgullo es que han logrado construir recientemente un puesto de salud y un muelle
flotante y que acaban de inaugurar y que consiguieron por primera vez con la primera cosecha de
la venta de los bonos de carbón.
En el comedor comunitario, hecho en tablas con una cocina pequeña y pintado de colores
vivos, no recibes antiago o valencia, uno de los representantes más destacados del
consejo comunitario.
Se nota que no es cortero porque es espigado, no tiene brazos fornidos como maciel.
Sin embargo, ha sido la persona que ha liderado desde hace 8 años a la comunidad en su decisión
de apostarle al mercado de bonos de carbón.
Nosotros siempre te vayam a la cacada, desde joven hemos sido piangueros, sacar la piangua
que ha sido la actividad de jóvenes y mujeres en el territorio, los mayores se dedicaban
más el tema de la pesquila madera.
Santiago nos ofrece un encocado de piangua, un molusco que crece en la base de los bandlares
y que es considerado una exquisites gastronómica.
No me digan por qué, pero aquí todos los que se dedican a la piangua se la venden
no a los colombianos, sino a los ecuatorianos.
Mientras nos da una degustación de los biches curados que producen en la plata que son muy
buenos, se lo recomiendo, de pronto nos volvemos a encontrar flotando en el mar y todo
porque ha subido la marea, estamos en la puja alta.
Santiago se ríe y me dice así es que es acá y mientras nos da una degustación de los
biches curados que él mismo tiene nos empieza a contar la historia por la que vinimos.
Como fue que una comunidad tan alejada de todo, tan abandonada por el estado, decidió
hace ocho años meterse a construir paso a paso todos los procesos difíciles y engorrosos
para vender bonos de carbono y no solamente para venderlos, sino para que terminaran comprando
celos y pudieran montarnos solamente un puesto de salud, sino el muelle sobre el que ahora
flotamos por cuenta de la puja alta.
Nosotros empezamos el proyecto en el año 2013, primeramente con la socialización a los
líderes y luego de la socialización a los líderes por el programa BORRED, pasamos
a hacer las amplias general para socializarle a todas las familias que integran el Consejo
Comunitario, 180 familias de las cuatro veredas, mangana, miramar, la cierpe y la plata.
Y en esa asamblea general se socializó las familias, reflexionan, toman la decisión
de que el Consejo firme la carta de intención, la carta de intención que con el compañero
Uber que era el representante legal en ese momento del Consejo Comunitario, era la persona
que de una otra manera había hecho toda la gestión para que el proyecto también se pudiera
implementar en el territorio y luego a partir de la socialización a todos los líderes
de las cuatro veredas, luego pasa a las amplias general y se aprueba a arrancar con la formulación
del proyecto red a nivel nacional una línea base duramos 10 años para poder tener la
cosecha, para poder tener el primer resultado de esas hectáreas que dejamos instalar
aparte del proceso de dejar depresionar el bosque, lo que nosotros hicimos fue evitar
talar 500 hectáreas de bosque, y entonces evitar talar esas 500 hectáreas de bosque
nos da como resultado aproximadamente un millón de certificados de carbono, entonces eso es
lo que se está haciendo en el proceso de si evitamos talar nuestro bosque, vamos a poder
tener más cosechas de bueno de carbono, pero qué es eso de los mercados de los bonos
de carbono y cómo es que funciona, hay que decir que este es un mercado creado en 1997
por la convención de Kyoto, cuando los países industrializados pactaron tomar medidas
para mitigar la emisión de gases de efecto invernadero que expulsa en sus industrias
a la atmósfera y que producen lo que conocemos como el calentamiento global, una de las
estrategias no la única hay que decir para lograr estas metas fue precisamente la creación
de un mercado de bonos de carbono, cómo funcionan los mercados de bonos de carbono, hay quienes
venden bonos de carbono y quienes compran bonos de carbono, quienes venden bonos de carbono,
aquellas comunidades que tengan carbono captura, donde se captura el carbono pues en los bosques,
en los bosques como los que hay aquí en la plata, ellos pueden vender bonos de carbono porque
hacen mucho esfuerzo para evitar talar el bosque y preservar y esa preservación, ese esfuerzo
es lo que les permite ellos acceder al mercado de bonos de carbono vendiéndolos y quienes
los compran, pues los países industrializados que quieren mitigar su responsabilidad como grandes
emisores de gases que afectan el calentamiento global, para el 2020 las emisiones globales
de CO2 alcanzaron 32 mil millones de toneladas de CO2 en la atmósfera, un récord que probablemente
será superado rápidamente en los próximos años y los países más contaminantes son China,
Estados Unidos, India, Rusia, Japón, Irán, Alemania, Corea del Sur, Arabia Saudita y Canadá,
aunque Colombia es solo responsable por el 0.6% de las emisiones de gas invernadero en el mundo,
pues si tiene una gran responsabilidad como quedó muy claro en la COP26 de clasco, donde se
hizo un capítulo muy especial sobre la responsabilidad que tienen Brasil y Colombia para evitar la de
forestación, de selvas como las que hay aquí en la plata, en Vaya Malaga, es decir, nosotros
tenemos que evitar la de forestación de las selvas, no solamente para que podamos cumplir
también nuestros compromisos ante la COP26, sino porque es un compromiso ante la humanidad,
ante el mundo porque nosotros somos los responsables de guardar y de proteger uno de los lugares
sino el mayor lugar más mega diverso del mundo, el pulmón del mundo, que es el Amazonas y los
bosques del pacífico. A partir de los primeros ejercicios que hicimos de investigación entendimos que
nosotros al notar de narbol, o sea, al talarlo, estábamos liberando el CO2 y que si nosotros manteníamos
el narbol ahí parado y vamos a hacer un proceso, los árboles de captura de ese dióxido de carbono que
emiten grandes empresas a nivel mundial y nacional por citar un ejemplo avianca entre otras empresas,
produeco, muchas empresas que son empresas que contaminan y todo ese proceso, nuestro bosque,
lo que hace es coger todo ese gas, ese carbono y transformarlo en ocieno y liberarlo a las noferas,
y digamos que los árboles lo acumulan en su corteza y eso obviamente el ecosistema manglar que es
un ecosistema súper clavo y para el tema de captura de dióxido de carbono y alojarlo también en
todo su proceso harásca y el manglar que es estratégico porque el ecosistema manglar también es la
vida de las comunidades en el pacífico colombiano desde que sacamos la piangua y miles de especies
marinas que se alimentan y viven en ese ecosistema pero viene siendo ese ecosistema estratégico para
el tema también.
de captura de CO2, porque no lo hace simplemente en su corteza, sino también lo hace en la zona
que descomponen en las hojarasca, en el lodo, y es uno de los ecosistemas más estratégicos.
En nuestro segundo día, en Valle Málaga, Santiago nos llevó a Mangáña, la comunidad donde están las
famosas piangüeras. Santiago nos lleva por un sendero que conduce a las casas, a las casas,
donde viven las piangüeras y las familias de las piangüeras. Las casas son realmente más que
modestas. Todas tenían unos potentes equipos de sonido, a pesar de que no tuvieran ventanas ni
pudieran decir que la casa es una casa propiamente dicha. La música a lo lejos nos acompañó desde
que llegamos, salsa choque, se oía. La piangua es un molusco muy apetecido gastronomicamente,
que se comen muchos de los más selector restaurantes del mundo y del pacífico. Curiosamente en Colombia,
pues no se come mucho. Y aquí las piangüeras sacan la piangua que la venden muy bien, no para el
mercado colombiano, sino para el mercado ecuatoriano, lo que es la vida. Aquí en Mangáña nos encontramos
con la piangüera mayor y nos explicó cómo la piangua vive en estos manglares en la parte baja de
los manglares y especialmente de ciertos manglares y que cuando baja la puja, es cuando ellas salen
descalzas la mayoría de las veces a buscar la piangua. Hay cantidades de conchas por todas partes a
nuestro paso por las playas de Mangáña. Preguntamos que esas conchas de que son y me dicen, pues
son de la piangua grande, que no se cometan, que no se vende igual. La pequeña acá se desconchaba,
se desconcha y se vende por Libra, pero eso no le da nada a uno. Igual uno vía que le da, pero igual
uno no tiene una rentabilidad que uno puede hacer algo con ella. Y entonces nosotros al ver que eso
se estaba perdiendo y miramos que venía nuestro sijo, nuestros nietos, entonces dijimos no,
tenemos que pelarle los baesos, porque esto así no puede seguir. Entonces si los reunimos,
empezamos a hacer reuniones entre nosotros y las mujeres, muriendo como una estrategia, cómo
podíamos nosotros dejar esa piangua, empezar a dejarla y sacarla a la que era de la talla mínima,
que es de 5.0, entonces empezamos a hacer reunión, los trasnochábamos haciendo reunión, bajábamos de
noche. ¿Qué toca hacer para sacar esa talla? La talla, la pequeña, esa uno mete la mano y la saca,
pero uno la mira y llega y metes la mano y se me jante. Sí, eso es lleno de agua y todo eso,
a veces ahí pejezada, polépica, ahí jenga, unos ancudo, tábano, pero igual es el recurso de
hola acá. Seguimos con Santiago recorriendo el sendero hasta que llegamos a la casa de la madre,
de Maciel Urquiza, aquella mujer que comenzó siendo cortadora y que su familia era cortadora,
cómo su madre precisamente y que terminó cuidando el bosque. Su casa es una casa dominada por unos
inmensos parlantes y que realmente no tiene mayor cosa. Allá a los lejos en un rincon hay una
cortina de lata, de lata reciclada, muchas de las cortinas son hechas aquí de latas recicladas,
entramos y se ve un colchón, su cama, poco desarreglada y en frente lo que ella considera que es
el sustento mayor que es su pequeña cocina. En la otra casa hay una tremenda rumba, pero tremenda
rumba ya va por su segundo día y aquí cuando se rumba hace a rumba de verdad, parece que las
rumbas duran días y en su gran mayoría son rumbas en donde se toma dicha. En esta casa creció
maciel, casa de cortadores que hoy se han convertido en guardadores del bosque. Ella formó parte de los
guarda bosques que fueron entrenados para no sólo cuidar el bosque sino aprenderlo a medir y
porque hay que medir el bosque y aprenderlo a medir, pues porque de esa medida es que se saca la
cantidad de carbono que hay y a partir de la cantidad de carbono que hay, pues se puede certificar y
expedir los bonos de carmon. Nada más ni nada menos, ese es el papel de maciel y ella lo aprendió.
Pues a la medida que fui como le entrando en esos procesos, pues como era tal la hora de
madera igual necesitaba como una supervivencia, es algo de que vivir porque no es que uno lo
quiere hacer sino que es por la responsabilidad en la casa, los niños y pues cosas que uno tiene
que hacer. Entonces, pues no era como que uno quería hacerlos sino pues que era como no obligación,
pero sin embargo me dieron, no, pues tú como vas a hacer y si este es ese cambio te has
acomodado como es un compañero a la pelas, si me entiende, pues para seguirlo proceso y no
tienes un trabajo donde te estás ganando un sueldo por ahora, entonces lo que necesitamos es que
ahorita tú te ganes unos recursos para que puedas tener, si tener pues una mejor vida porque
es lo que nos da rean nosotros. Entonces pues ahí me llamaron como salvaguarda que casualmente
entre primero fueron con ocho compañero, yo era la única muerte por supuesto y trabajas,
nos daba muchos talleres, me dieron capacitaciones de cámara de cómo usar un lado, o sea, cantidades
de cosas que usted cómo usar un EPS, cómo platquetear un palo, cómo cogerle en la media un árbol,
cómo montar una parcela, cómo poco era una huella, una animal, o sea, todo eso sí, cómo podemos
montar una cámara trampa, o sea, son cantidades de cosas que han llegado a mi vida con ese cambio y
lo hay gracias a Dios porque eso no lo sabía. El sendero por donde vamos, Santiago nos insiste y con
mucho orgullo que ha sido construido por la comunidad con los primeros dineros de las cosechas de
la venta de los bonos de carbono. Es un sendero en madera que permite que las piancueras puedan bajar a
piancuar llegar más fácil a donde están las piancuas que es al pie de los grandes árboles de
manglares. La piancua fue una de las tantas cosas o de los tantos medios a los que se dedicaron
los integrantes de este consejo comunitario mientras llegaba la famosa cosecha de bonos de carbono,
que tardó, como bien saben ustedes, seis años en completarse. En esa transición para evitar
talar el bosque porque no podían, pues encontraron otras maneras de buscar su sustento en la pesca,
en la piancua, en el ecoturismo y en la agricultura. No les quedó fácil, pero los lograron. Nos vamos
alejando del ruido de la rumba de estas noches sin dormir. La gente en magaña está de fiesta.
Vamos hacia el muelle y de pronto nos encontramos con dos raperos de salsa choque, del grupo los del
choque y nos despiden así. De mangania partimos a otra isla, la isla de Miramar. ¿Por qué vamos a
miramar? ¿Por qué Santiago nos quiere mostrar Miramar? Porque en Miramar está ese colegio, ese
bendito colegio que nunca se ha podido construir y que ellos le han pedido al Estado colombiano año,
tras año, que lo construya. Los niños en estos consejos comunitarios, por cuenta que no tienen
colegio, han tenido que recibir las clases en las casas, en las casas de las personas que
viven en Miramar. Llegamos a esa isla, subimos por una gran pendiente que ellos mismos han
construido. De repente Santiago dice y nos comenta muy orgulloso también que todo ese camino
que estamos nosotros subiendo también ha sido reconstruido con dineros de la primera cosecha de los
bonos de carbono y que van a poder construir también el colegio. Llegamos a la cima y en medio de los
materiales que están listos ya para que los obreros empiezan.
hacen el colegio, el líder de esta comunidad nos cuenta su experiencia.
Hoy le hemos dicho al alcaldé un poco en el ejercicio del desarrollo comunitario
que nosotros no somos un consejo comunitario que queremos todo regalado,
hemos venido haciendo unas apuestas en clave de la visión propia de futuro,
la visión propia de desarrollo, nuestro consejo comunitario.
Hemos iniciado los proyectos y les hemos dicho al alcaldé,
y al alcaldé, aquí tenemos esta situación, acompañanos, ayúdenos,
por ejemplo, no tenemos colegio, colegio.
Los niños hoy aquí en el Consejo Comunitario de Vallamalaga recién las clases en casas de madera,
un caso específico en casas familiares, segundo.
Los niños hoy en la vereda la plata no tienen una escuela,
tienen que ir a casa de familia y a ello,
unas acciones de tutela, hay unos incidentes de sacato,
el alcaldé ha dicho que sí, que arranca que sí, y hasta el momento no.
En el año 2010-2020 nos dijeron que no habían hecho la escuela
porque habían 7.000 millones de pesos embargados,
porque la alcaldía, a través de la secretaría de tránsito,
debía una plata y les marcaron una cuenta de la Secretaría de Educación.
Nos dijeron, apenas liberemos esa plata,
hacemos la escuela de ustedes los malagueños,
la escuela de la comunidad de la plata.
Se liberó la plata y la escuela en ningún momento arranco,
la escuela no se ejecutó vino,
el alcaldé, digamos, por tanta presión que le metimos el territorio,
se comprometió y no terminó cumpliendo nada.
Cuando salimos de Miramar, el cielo estaba empezándose a encapotar.
Vaya a ver, dijo Santiago,
como si él supiera perfectamente que va a pasar a la hora precisa
y efectivamente al poco tiempo de nosotros partir de Miramar
con destino a la cierpe,
que es la otra comunidad cercana
a uno de los bellezas naturales más esplendorosas de esta región,
que es la quebrada de la cierpe,
que es una quebrada de gran caída
y que queda en uno de esos sitios impresionantes
que crean estos esteros donde el agua de los ríos
y el agua del mar se junta.
Todos queríamos ir a esa quebrada, a la quebrada de la cierpe.
Teníamos todo listo para ir
y resulta que por cuenta y por culpa de la puja baja
y de esa tormenta que se va a vecinar a nunca llegamos para la próxima.
Nos quedamos sin conocer la quebrada de la cierpe,
pero fuimos al pueblo, a la cierpe.
Y ahí nos encontramos también a otro de los grandes corteiros
que estaban cultivando en un vivero
los árboles que tenían que tener para asembrar después en el bosque.
A través de los videos que lo mostraban la entidad o la acompañamiento
que lo hacían los profesionales,
empezaron a mostrarlo cómo era cuando había un bosque que estaba fino,
como era cuando se empezaba a talar.
Incluso cuando hacían que más del bosque para transformarlo en plantación,
empezaron a enseñar lo que todo lo que se tumbaba,
ese árbol cuando se deterioraba emitía una. Se liberaba una situación.
¿Qué en eso empezamos a decir, bueno, eso?
No, ese es el de eso de corrupal uno que se va a la almofera
y ahí de ahí uno empieza a parecer la famosa talentamiento global
que se derrite en los polos para no tener algo real así,
pero que tiene que ver un árbol que caiga y se deterioro,
que tiene que causar así, porque es que ni siquiera es una hectárea,
son millones de hectáreas en el año en todo el mundo.
Entonces se empieza a unos contisionos que están en la razón,
porque mirándolo naturalmente nos tumba árboles en un lugar
y viene a los días y el clima que se maneja en ese lugar,
dependiendo cómo se tal, no es igual a uno que esté.
Fino, entonces empezamos a entrar en conciencia a lo de cuenta,
si nuestra tradición no está perdida, o sea, si es cierto.
No pudimos ir a la quebrada la cierve,
pero fuimos a los charcos naturales del morro.
Unos charcos que parecen unas piscinas de agua dulce en mitad del mar.
Así como les digo, agua cristalina y con todo el poder sanador del mundo,
la gente vaya a esos charcos para limpiarse,
para limpiarse los malos pensamientos de los malos presayos.
A pesar de que estos consejos comunitarios comenzaron todo este proceso de certificación
para obtener los certificados de bonos de carbono y por los vender desde 2013,
las cosas no se movieron, sino hasta el 2016.
Cuando se aprobó la ley 18/19 del 2016,
por la cual se crea el impuesto al carbono.
Que ordena que las empresas le pueden pagar al Estado,
en este caso a la deán, un impuesto por las emisiones de gases de efecto invernadero.
Este impuesto le permite a las empresas dos opciones
para mitigar su responsabilidad como contaminantes del atmosfer.
Una es que le paguen al Estado un impuesto por las emisiones de gases de efecto invernadero.
En este caso sería un impuesto a la deán.
Si no quieren pagar ese impuesto, podrían comprar bonos de carbono.
En Colombia, a pesar de que el mercado de los bonos de carbono
fue creado desde 1997, en Colombia realmente sólo empensó el mercado a impulsarse
con esta iniciativa del gobierno de Juan Manuel Santos,
liderado por su ministro de medioambiente Luis Hilberto Murillo.
Hoy candidato vicepresidencial de Sergio Fajardo.
Así lo explica Luis Hilberto Murillo aquí en la fondo.
Cuando llega el ministerio, lo que hice fue con el equipo del ministerio,
nos inventamos esa figura de poder crear un mecanismo de carbono neutral y al impuesto al carbono.
Entonces, se aprobó ese nuevo impuesto, un impuesto ambiental,
donde las empresas pagan por emitir, eso quedó aproximadamente en 15.000 pesos,
que eran como 5 dólares, creo que empezaba.
Y lo que dijimos es en lugar de que esos recursos vayan al tesoro nacional,
que se le descuenta la empresa por invertir los encertificados de carbono
para dinamizar el mercado voluntario.
Y a su vez, presentamos al Congreso una ley, la ley de gestión del cambio climático
donde incluimos la obligatoriedad de ese mercado para otras empresas para poder ampliarlo.
Eso realmente funcionó bien.
Se creó una asociación que fue la azocarbono de los agentes de ese mercado,
que incluye comunidades, estructuradores de proyectos, comercializadores de esos proyectos,
entidades financieras que están relacionadas con esos proyectos.
Y eso dinamizó el mercado y muchos consejos comunitarios de territorios, colectivos de comunidades,
de grasas y también ahora, resguardos indígenas.
Entraron a interactuar con empresas para poder vender esos certificados.
Los primeros fueron los proyectos acompañados por el fondo acción, los del pacífico.
Y hoy ese tipo, ese mercado está permitiendo la canalización de recursos hacia esas comunidades.
Sin embargo, como todo no es perfecto en este mundo menos de los bonos de carbono,
es cierto que el mercado se dinamizó, pero también fue cierto
que empezaron a asomar las primeras deficiencias, las primeras inequidades,
que permitieron ciertas distorsiones, varias de las cuales todavía siguen sin ser corregidas.
El país no reconoce algunos de los servicios ambientales que prestan los bosques y otros.
Y otros ecosistemas estratégicos, es una nueva cadena de valor.
Es costoso, sí, bastante costoso en algunos proyectos,
puede llegar a mil millones, nada más la estructuración y la certificación
de que realmente sí se va a capturar, a mantener,
a dejar de emitir, a retener ese carbono.
Yo creo que eso debe ser más gradual, porque si no viene mucho especulador,
y lo otro era que el gobierno, sobre todo el Ministerio Ambiente,
tiene que crear una unidad especial para la vigilancia del control de ese mercado,
porque ese mercado va a crecer mucho.
Y necesita que se asegura que los proyectos que se están haciendo son proyectos serios
con empresas serias y que no entran especuladores.
Y eso no se está haciendo en este momento.
Y se requiere que se haga.
Nosotros dejamos una regulación que es la Resolución 1447 del año 2018,
que establecía esas responsabilidades del gobierno.
Y inclusive puede revisar proyectos de manera selektiva,
cuando hay una alarma o alguna sociedad,
fecha en un proyecto, tiene la posibilidad del ministerio de poder revisar ese proyecto
y poder tomar medidas. Si eso no se hace, van a llegar los especuladores y vamos a tener
muy mal los proyectos que van a generarle muy mala imagen al mercado, que es un mercado
que a Colombia le puede servir si se toman las medidas de fortalecimiento institucional
del misterio ambiente para que lo vigile.
El negocio es un buen negocio, como no lo explica Luis Fernando Jara, director de
paramos y bosques de USAID y quien ha estado acompañando también a esta comunidad desde
el inicio. Él nos explica cuánto cuesta una tonelada de carbono en ese mercado.
Sí, en el entorno del mercado doméstico desde que se espionó la ley 2017, que empezó
a funcionar hasta el 21, se han como realizado en el mercado de carbono alrededor de 53 millones
de toneladas de créditos de carbono para las empresas. Hay más demandas de créditos de carbono
que lo que realmente los proyectos pueden generar en el mercado doméstico y en el internacional.
Yo pienso que también porque hay mucha demanda, mucha demanda y pocos proyectos están
generando y por eso es que hay una presión aquí en el país de conseguir y establecimiento
proyectos. Pero precisamente porque es un buen negocio y porque hay más personas buscando
bonos que personas vendiendo bonos en Colombia, es que hay que cerrarle la puerta a los especuladores.
A los especuladores se les conoce en este mundo de los bonos de carbono como carbon cowboys.
Los cowboys que llegan a estas zonas, a estos territorios inmaculados abandonados por
el Estado, pero ricos en megadiversidades emboscas, a convencerlos con espejitos y a decirles
que les dan una plata a cambio de un certificado de bonos de carbono, para que ellos vayan con
ese certificado a negociar en las bolsas de Europa. Y solo comunidades que han sido
bien enfocadas, que han tenido la posibilidad de encontrar el apoyo en fundaciones, en
proyectos y en programas, es que no han caído en los brazos de los carbon cowboys.
Existen esos grandes empresarios, grandes carbon cowboys, que lo que vienen a los territorios
es a engañar a los comunidades, diciendoles yo les traigo la salvación, pero una comunidad
no informada, una comunidad que no sepa un liderazgo tanto comunidad indígena o comunidad
negra en el pacífico en el Amazonas, puede caer fácilmente cuando le dicen mira es que
yo te traigo la salvación con la venta de los bonos de carbonos, entonces metas a este
mercado, pero no le dan la información completa. Las personas no están formadas, lo es suficiente
para entender que estos procesos requieren uno que la comunidad se apropie, que funcione
la gobernanza, que la comunidad ayuda en la implementación de manera directa y es que
los territorios son propios de las comunidades tanto negras como indígenas y son ellos
los propietarios son los que pueden llegar a negociar, no que un intermediario llegue
y engañar a la comunidad. Hay muchas comunidades que no tienen la
vida información y se están montando el red, pero es otro lo que están haciendo ese proceso
a nombre de las comunidades y a las comunidades lo que le llega es, no les llega nada, o sea
lo que engañan las comunidades hoy en día con la promesa de que red les va a cambiar
la vida, pero cuando no hay información y no hay claridad suficiente, las comunidades
conocen y no se creen dueño su proyecto, creen que el proyecto es de la gente externo
que llega y monta todo el proceso y hace la implementación en todos los aspectos. Guarda
bosques o salvaguardas territoriales, implementación de temas de proyectos productivos, le formulan
el plan, la comunidad no va a las negociaciones con esas grandes empresas que hoy emiten
CO2 y son las que están comprando, sino que todo lo hace un intermediario y eso es lo peligroso
de este negocio que las comunidades no están informadas. Una de los cosas muy interesantes
que hizo esta comunidad es que cuando tuvo ya los certificados listos y lanzó los bonos,
pues no le vendió a cualquiera. Esa fue una premisa que acordaron desde el principio
todos los integrantes de este Consejo comunitario, todo porque había habido experiencias no satisfactorias
con los famosos Carbon Cowboys. Así lo cuenta Santiago Valencia que fue la primera persona,
el primer líder que empezó a desarrollar esta estrategia de a quien le iban a vender esos
certificados de tanto esfuerzo habían obtenido.
Nosotros, antes de tener nuestro bonos en vitrina, pareció una empresa que se llama
Estelia, que quería comprarnos los bonos de carbono, hacernos una compra anticipada, entonces
nos estaban pagando muy bajo y nosotros también en este mundo que estamos aprendiendo de este
negocio no queríamos tener pisadas en falso y digamos que no teníamos prisa, siempre
muy claro en eso con todo el equipo de gobierno del Consejo comunitario, es decir, no nos
apresuremos que este negocio es la medida en que vayamos aprendiendo, vamos a poder tomar
mejores decisiones con buena información. Entonces le dijimos al teliano, luego que hacemos
nuestra primera cosecha, ya con los bonos en vitrina, con los certificados como tal,
se nos acerca también una empresa Prodeco, que es una multinacional de las que explota
el carbón en el cesar, en la zona de la paz, Guajira, en municipio de la paz y nosotros
lo que hacemos es nos sorprendimos mucho porque es en lo poco que pudimos conocer de esa
empresa, es una empresa que saca el carbón de las entranjas de la tierra, con traditorio
lo que nosotros hacemos, toda una vida conservando el territorio y una empresa que lo que hace es
cavar miles y miles de metros cúico de tierra para poder sacar el carbón y el bosque que está
allí, ese bosque es quitado, toda esa capa de tierra, la biodiversidad, al llegar a ese campo y
mirar esos ocaones tan grandes y nosotros de acá está lógica diferente de conservar nuestro
territorio, con una comovisión diferente, nos dio muy fuerte esa visita, fue muy duro
para nosotros, incluso sólo una vez nos paramos a ver eso y nos regresamos porque no queríamos
ver esa realidad, digamos que en eso muy conscientes nosotros visitamos también las comunidades
que están cerca de la operación, pudimos conocer la realidad de esas comunidades, digamos
que es lo que de una o otra manera ese economía es trativista en la que nos está dañando el hogar
que tenemos compartido la tierra, digamos que nos estamos tirando el planeta entre algunas
empresas que están metiendo ese economía es trativista.
Después de seis años increíble, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017, 2018, 2019, finalmente la comunidad
obtuvo la primera cosecha de bonos de carbón y les cayó en el momento en que el mundo se cerró
por la pandemia, y aquí en estos lugares están alejados, están olvidados por el estado,
pues la pandemia se vive peor, afortunadamente les llegó la plata de los bonos de carbono,
para que ellos pudieran sobreaguar y suplir las necesidades que el estado nunca les dio en esa emergencia.
Ellos, por primera vez, salieron a flote, solos gracias a la venta de los bonos de carbón,
mil millones entraron de un tacoso y ellos me insisten, no diga tanto esa cifra porque les
da miedo, es el colmo que les den miedo y que no puedan decir que después de seis años que han
pasado las peores momentos de sus vidas, con un esfuerzo infraumano, hayan logrado la primera
cosecha y por temor a quien Colombia no se pueden decir estas cosas y se malentiendan, no pueden
salir a decir y a festejar, miren, por primera vez lo logramos.
Muy afortunados nosotros de ese esfuerzo que pudimos realizar en estos casi diez años de trabajo,
digamos que a nosotros la pandemia no frena toda la economía y procesos que veníamos haciendo para
fortalecer la pesca artesanal con el programa de cogurme, con la Ciudad de Pescabre Artesanales,
la Fundación FuiPia con el tema también de la piangua y el trabajo que veníamos haciendo con
el comanglar de turismo comunitario, digamos que esas tres economías se frenan porque la pandemia
ya se cierra todo y hasta los mismos más.
El madrero le tocó frenar su economía que dependía en algunas familias también de la madera para ese momento
y digamos que acá no hubo presencia ni del distrito, ni del departamento, ni de la nación, con los famosos mercaditos que entregaban a las familias en primera pandemia.
Nosotros, gracias a Dios, el hecho de tener nuestro proyecto rey justamente cosechar en ese momento,
de hacer un plan de contingencia con el fondoación que permitió entregarle dinamente a las familias mercados
pero también hacerle frente al COVID con insumos, claves como fue el tema de los implementos de bioseguridad,
también contratar una enfermera para que viniera a acompañar en esos momentos difíciles, la comunidad estaba confinada,
digamos, había mucho miedo por el tema de la pandemia y contagiarnos y pudimos hacerle frente de manera clara y contundente
porque contábamos con recursos propios, digamos que eso le dio la autonomía a la comunidad de reunirse, hacer asambleas veredales
y aprobar la primera, los primeros recursos para poder hacer el proceso de atención frente a la pandemia del COVID
y otra de las cosas fundamentales que habíamos también hecho algunas parcelas y alguna cría de especies menores
y eso también permitió acompañando la canasta básica familiar, en esos momentos donde no había posibilidad
de ir a la ciudad a comprar insumos básicos para la canasta familiar.
Digamos que el negocio de los bonos de carbono nos permitió a nosotros, primero, ser autónomos en poder contar con recursos propios
para construir nuestro propio puesto de salud, comprar nuestra lancha ambulancia, poder construir muelles en las veredas, muelles de acceso
y poder hacer también el tema de buscar jóvenes del territorio porque siempre soñamos muchos con el ICT
y lo que nunca llegó fue que esos recursos del ICT nunca llegaron a las familias de acá de la zona rural de las comunidades negras,
nosotros nos tocó vecar a partir de la aprobación de nuestro primer poba, nuestro primer plan de inversión, vecar cuatro jóvenes
ahora vamos a vecar otros cuatro más, también acompañar jóvenes líderes que se vieron frustados su formación de pregrado
pero también acompañar con el tema de maestría, entonces ha sido todo un proceso también de fortalecimiento de emprendimiento.
Nos íbamos con esta nota de optimismo, que nos puso la propia comunidad que salió en masa a contarnos su historia,
sentados en un sitio muy impresionante porque en frente estaba esa valla majestuosa, al calor de biche curado.
En barco, cuando ya nos íbamos a despedir, Santiago Valencia puso el dedo en la llaga, ¿cuál era su real preocupación?
Pues que volviera la guerra, todo ese pacífico, incluido Vaya Málaga y todos los pueblos que visitamos y todas las islas en que estuvimos,
todos votaron por el sí en el plebiscito, todos estuvieron a favor del acuerdo de paz y votaron por Juan Manuel Santos porque creían y necesitaban la paz.
Ahora, cuatro o cinco años después, ese temor de que esa paz no se aclimate, vuelve a tocar estas playas y estas vallas tan hermosas y tan olvidadas.
Este proyecto de venta de bonos de carbono tiene dos consejos comunitarios, uno, el consejo comunitario de la plata.
Y el otro es el consejo comunitario del Bajo Cali, resulta que en esa zona la violencia está volviendo y el temor de que las cosas se devuelvan al pasado es muy gran.
Eso nos dice Santiago, ha impedido a las personas que son guardabosques de ese consejo comunitario ir a ver cómo está el bosque, a medirlo, a protegerlo precisamente para empezar la próxima cosecha de los bonos de carbono.
Sin esa medición y sin esa vigilancia constante de ese bosque para saber cuánto carbono hay, pues va a ser difícil volver a tener una cosecha y la próxima cosecha es en dos años.
Hoy Santiago nos dice que sus compañeros allá en el Bajo Calima por seguridad no están pudiendo salir a ser su oficio de guardabosques y si no pueden hacer su oficio de guardabosques, pues significa que no pueden medir el carbono y eso afecta el proceso de certificación y están seriamente preocupada.
Bueno, nosotros hicimos un proceso entre dos consejos hermanos, consejo de Bajo Calima y consejo de Vallamalaga para poder sumar aproximadamente 80 mil hectáreas que es nuestra área de proyectos y el consejo de Bajo Calima ha sido un consejo muy golpeado por la violencia en el año 2000, todas las familias se desplazaron, retornaron en el 2005 y todo ese proceso que empezamos a hacer en el 2013.
De que las familias estaban recuperando su economía familiar, su proceso cultural, llega el proyecto y lo que hacemos es empezar a soñar.
Obviamente también ellos soñaron con el tema del PD y lo que hicimos fue que articulamos esfuerzo y empezamos a construir nuestro proyecto red de la mano de los dos consejos comunitarios hasta cosechamos los bonos de carbono.
Pero hoy miramos la realidad de esta comunidad de nuestros hermanos que hoy se ha visto muy afectada, muchísimo con el tema de la llegada de estos nuevos grupos, digamos que el territorio de allá de Bajo Calima hace apenas caso un mes les tocó a las familias de salir de desplazar el territorio y eso está fetando de manera directa nuestro proyecto.
Porque ellos no pueden salir a la selva ser monitoreo porque hay que estar constantemente haciendo control y vigilancia nosotros somos los alba guarda territoriales de nuestro propio territorio.
Entonces garantizar ese control, garantizar también el monitoreo de la flora y la fauna eso nos permite poder saber si esos árboles los tenemos allí, porque no es simplemente los acuerdos que hagamos con nuestros hermanos nativos en cada uno de los consejos.
Si no también es que la madera vienen personas de la ciudad y otros territorios a talarla nosotros nos enfrentamos también con los foráneos que le llamamos personas ajenas al territorio que vienen a talar el bosque.
La parte de lo que está pasando hoy con las comunidades de Bajo Calima es que increíble es que a menos de 4 kilómetros de esta la base naval la más grande del pacífico colombiano este sucediendo eso.
Digamos que cuando uno mira que hay brotes de violencia de ese nivel de enfrentamiento de grandes grupos armados donde está la base naval más grande del pacífico donde se hace la cumbre de alianza del pacífico donde también hay abandono estatal,
porque a menos de 15 minutos no hay un colegio dino para que los niños puedan recibir sus clases y puedan cumplirse ese derecho fundamental a la educación como si no fuéramos colombiano,
era como si estuvieramos fuera de este país digamos como que si fuéramos una islita de gobierno independiente.
Ojalá que esta guerra que se fue de estas zonas no vuelva, pero no solamente porque la guerra no tendría que volver a ningún lugar en Colombia,
sino porque a ellos les está permitiendo encontrar una manera para hacer autónomos en medio de un estado que nunca los vio.
Y han encontrado que en la venta de certificado de bono de carbono pues está esa posibilidad y para hacerlo bien y para no caer en las garras de los carbon cowboys pues les toca tener paz con paz todo se puede,
o si no para que hicimos todo esto.
Esto es Afondo, un podcast original de Spotify, mi nombre es Maria Jimena Dussan.
Afondo es un podcast original de Spotify, producción general Lucid Moreno, editor de contenido Adrián Ateortua, editor de audio, audio factory,
música original del maestro Oscar Acevedo.
Gracias por escuchar, soy Maria Jimena Dussan.
Podcast Summary
Key Points:
En Narcan Technology, la inteligencia artificial integra datos operativos para anticipar y actuar en tiempo real, permitiendo a los equipos centrarse en liderazgo, desarrollo de talento y experiencias clientales.
Solo hay cinco empresas en Latinoamérica que usan Narcan como socio de inteligencia artificial operacional, y su implementación ha generado resultados en sectores como retail, finanzas y turismo.
Maciel Urquiza y su comunidad en Vaya Mala han transformado su economía al vender bonos de carbono, evitando talar 500 hectáreas de bosque y generando ingresos para construir salud, muelles y educación.
El mercado de bonos de carbono, creado en 1997 por la Convención de Kyoto, permite que comunidades conserven bosques y reciban compensación por su preservación ambiental.
A pesar del crecimiento del mercado, existen riesgos de especulación y desinformación, especialmente por parte de "carbon cowboys" que engañan a comunidades para aprovechar proyectos de carbono.
Las comunidades han desarrollado mecanismos de autonomía, rechazando vender bonos a empresas que amenazan su territorio, y priorizando la gobernanza comunitaria.
La pandemia fortaleció la autogestión de la comunidad, permitiendo construir un puesto de salud, una lancha ambulancia y apoyar a jóvenes en emprendimientos.
La violencia en zonas como Bajo Cali amenaza el monitoreo forestal y la certificación de bonos, mostrando que la paz y la seguridad son condiciones esenciales para la sostenibilidad del proyecto.
Summary:
En Vaya Mala, una comunidad en el Pacífico colombiano, Maciel Urquiza y su grupo han transformado su economía al vender bonos de carbono, evitando talar 500 hectáreas de bosque. Este modelo permite no solo proteger la biodiversidad, sino generar recursos para construir un puesto de salud, un muelle flotante y mejorar la educación. A pesar del crecimiento del mercado de bonos de carbono, existen riesgos como la especulación por parte de "carbon cowboys" que engañan a comunidades.
La comunidad ha rechazado vender a empresas que amenazan su territorio, priorizando su autonomía y gobernanza. Este proceso se fortalece con la autogestión comunitaria, especialmente durante la pandemia, cuando los ingresos permitieron contratar servicios de salud y apoyar emprendimientos. Sin embargo, la violencia en zonas vecinas como Bajo Cali amenaza el monitoreo del bosque, lo que impide medir el carbono y continuar las cosechas.
El caso de Vaya Mala muestra que la preservación ambiental y el desarrollo social están intrínsecamente ligados, y que para su éxito requieren paz, autonomía y acceso a tecnologías que fortalezcan el control comunitario sobre sus recursos naturales.
FAQs
Es un mercado creado en 1997 por la Convención de Kyoto para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero. Las comunidades que preservan bosques pueden vender bonos de carbono, mientras que países industrializados los compran para reducir sus emisiones.
Maciel Urquiza dejó de cortar árboles para cuidar el bosque y ahora contribuye a la preservación del medio ambiente. Su comunidad ha pasado a vivir de la venta de bonos de carbono, generando ingresos y mejorando su acceso a servicios básicos.
Porque al evitar talar 500 hectáreas de bosque, han permitido capturar y conservar dióxido de carbono, lo que les permite vender bonos de carbono y generar ingresos sostenibles para su desarrollo comunitario.
Frente a la violencia en su territorio, la falta de acceso a servicios básicos como educación y salud, y el riesgo de ser engañadas por especuladores conocidos como 'carbon cowboys' que prometen ingresos sin garantías reales.
Ha permitido a las comunidades construir un puesto de salud, un muelle flotante, financiar proyectos de educación y desarrollo económico, y alcanzar autonomía financiera en lugar de depender del Estado.
Por experiencias pasadas con empresas que ofrecían bajos precios y que acababan siendo especuladoras, por lo que decidieron mantener el control del proceso y solo vender a empresas que respeten sus derechos comunitarios.
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