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SOLTAR EL CELULAR

45m 57s

SOLTAR EL CELULAR

Se estima que una de cada diez personas desarrollará una adicción comportamental en su vida, y las redes sociales son un caso paradigmático. Más de la mitad de la población mundial las usa a diario, con adolescentes pasando entre 4 y 7 horas al día. Aunque no está clasificada oficialmente como adicción en el DSM-5, la evidencia muestra que comparte características clave: pérdida de control, tolerancia (necesitar más tiempo para sentir lo mismo) y síntomas de abstinencia. Las plataformas están diseñadas para mantenernos enganchados mediante algoritmos que estudian nuestros gustos, notificaciones rojas que activan urgencia biológica y scroll infinito. Esto genera un ciclo de dopamina similar al de las máquinas tragamonedas. Los efectos incluyen menor capacidad de concentración (8 segundos promedio en la Generación Z), comparación social constante, conflictos interpersonales, insomnio por luz azul y abandono de actividades significativas. Sin embargo, no se trata de demonizar las redes, sino de usarlas con conciencia. Se recomienda un auto-chequeo basado en nueve señales de alerta, como poner en riesgo la seguridad, descuidar roles importantes o tener intentos fallidos de control. Si se identifican varios signos, es crucial buscar ayuda profesional gratuita y confidencial en centros de tratamiento de adicciones. La adicción es difícil de superar, pero no imposible, y nunca debe enfrentarse solo.

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5987 Words, 35190 Characters

Spanish
Se estima que al menos una de cada 10 personas va a desarrollar algún tipo de adicción comportamental a lo largo de su vida. Más del 50% de la población mundial usa redes sociales todos los días. El 98,5 de los adolescentes está registrado en al menos una red social y el 83,5 en más de tres redes. El promedio de uso diario varía entre 4 y 7 horas cada día, cada semana, cada año. El 46% de personas dice que las redes sociales afectan negativamente a su estado de ánimo. Para los niños de 6 a 9 años, la OMS recomienda no pasar más de 30 minutos por día frente a una pantalla. Salir de una adicción es difícil, pero no imposible y nunca nunca tienes que hacerlo solo. Si vos, un familiar o amigo están atravesando problemas con alguna adicción comportamental, podras recibir ayuda gratuite y confidencial, contactando con los centros de tratamiento de adicciones de tu localidad o pedir orientación a profesionales de la salud mental. Te pasa que agarras el teléfono solamente para responder un mensajito, o dar una mirada rápida y sin darte cuenta terminas horas atrapado en alguna red social, porque es tan difícil soltarlas. Soy Marina Mamoliti, psicóloga, y esto es psicología desnudo. El podcast de salud mental de Psyma Moeliti. ¿Dónde navegamos juntos en las profundidades del amente? Hoy presentamos adicción a redes sociales. Si alguien te dijera que tiene una adicción, probablemente pensarías en algo como alcohol, drogas, siga rillo. A lo mejor, incluso si hablamos de redes sociales, hasta te reirías un poco. Adicción a Instagram, vale, que es eso, si todos usamos el celular un montón. Claro, parece inofensivo porque elegimos creer que nadie podría nunca tener una adicción a redes sociales. Es algo que hacemos porque bueno, todos lo hacen. Pero ¿qué pasa si te dijera que puede ser mucho más serio de lo que parece? El problema con la adicción a redes sociales es que se esconde a plena vista. Es tan común que nadie la nota, tan normalizada que nadie la cuestiona. Todos estamos horas frente a una pantalla, deslizándonos por el feed, orriéndonos de memes o viendo videos. Pero cuando es que dejamos de ser usuarios y empezamos a ser esclavos de un algoritmo. Una notificación. El dedo deslizándose por la pantalla. Un like, otro, un comentario. Más seguidores, subir fotos, comentar, chatar. Estar a la vaguardia, seguir todas las tendencias nuevas. Cui, tengo que cambiar los guiones. Cambiar el modo de hablar el algoritmo cambió. La mente se acelera, el corazón la terra pido. Dopamina, la ser excitación. Las redes sociales nacieron con un propósito claro, conectar a las personas, construir comunidades. Pero lo que en su momento parecía el invento perfecto, hoy se dio vuelta. En lugar de unirnos, nos alejan. Y no solo de los demás, sino incluso de nosotros mismos. Retrocedamos un poco en la historia para mirar más su mount, para tomar un poco de perspectiva. La humanidad siempre ha buscado formas de conectar. Es casi como si estuviera nuestro ADN. Ese despejo profundo de compartir con otros, de sentirnos partes de algo grande. Somos gregarios por naturaleza. Eso quiere decir que nacemos con la necesidad de vivir en manada, de construir la sostenible la sostenible. Desde el inicio de los tiempos hemos creado herramientas para acercarnos, para contar historias, para no sentirnos solos en el mundo. Desde las plazas públicas de la antigua agresia, donde nacearon los debates filosóficos. Los colicios romanos que unían a miles en torno a espectáculos épicos. Hasta las cartas inscritas a puño eletra, que cruzaban océanos en busca de la mora de la distancia. Esas eran nuestras redes sociales de entonces. Espacios para compartir, para hacer vistos, para ser escuchados. Pero aquellas conexiones eran distintas. Porque tenían pausa, tenían tiempo. Poco a poco fuimos sumando tecnologías cada vez, más modernas, el teléfono, el teléfono, los correos electrónicos. Cada avance tecnológico siempre buscó lo mismo. A acercarnos, romper barreras, hacer que sentirnos parte de algo fuera más fácil, más rápido. Y entonces llegaron los smartphones y con ellos las redes sociales. Y todo se volvió instantáneo. Lo que antes requería paciencia, y espera como semanas esperando una carta o algún encuentro planificado. Todo eso se volvió mediato, un clic, un mensaje, un like ya mismo. Pero hay algo que nadie se vio venir. Las redes sociales dejaron de ser solamente un medio de comunicación y se convirtieron en una extensión de nosotros mismos. En parte de nuestra identidad, te pasó quizás alguna vez que sentiste que si no compartías algo en redes, como si no hubiera pasado. Hoy, en este preciso momento, más de 4.500 millones de personas usan alguna red social. Eso es más de la mitad del planeta. El 95% de la población entre 13 a 19 años tiene alguna red social, de los cuales, en promedio, pasan casi unas 4 horas y harías consumiendo contenido. Y mientras las estadísticas crecen y las interacciones se multiplican, hay una pregunta que mi cabeza no puede esquivar. Y la de "realmente estamos más conectados". Podriliar un filósofo francés decía que vivimos en un mundo de simulacros. Y las redes son el simulacro perfecto. Simulan conexión, pero nos dejamos solos. Simulan éxito, pero nos vacían. Simulan validación, pero nos fragmentan. Muchas personas ya no interactúan con las redes sociales desde la elección conciente o el disfrute, sino desde la conclusión. Esa es la trampa del simulacro. Creemos que estamos conectados. Entonces, nos quedamos ahí, nos quedamos en las redes. Aunque en realidad estemos más aislados y nunca. Hay un límite muy sutil entre el uso y el abuso de redes. Es un límite casi imperceptible. No se nota cuando lo cruzamos. Porque las redes están diseñadas para que no nos demos cuenta. Cuando perdemos el control, ya estamos hablando de una adicción. Vamos a definirla. La adicción de las redes sociales es un patrón de uso compulsivo y excesivo de plataformas como Instagram, TikTok, Facebook y otras. La llamamos adicción porque interfiere significativamente con nuestra bienestar emocional, social y físico. Y esta adicción no se mide solamente por la cantidad de horas que estamos frente a la pantalla. No es simplemente usar mucho Instagram o TikTok. Lo que la convierte en una adicción es la relación que desarrollamos con esas plataformas. Como terminan afectando a nuestra autoestima, también a nuestras relaciones y a nuestra capacidad para estar presentes, para sumergirte en el mundo de las adicciones sin sustancias de super recomiendo ver o escuchar el capítulo 1 y 2 de esta serie de adicción a comportamientos. Podríamos empezar preguntándonos por qué hoy. ¿Por qué existe y crece tanto hoy la adicción a redes sociales? Bueno, nada es casualidad. Causas hay muchas. No es que de un día para el otro, nos volvemos sin capaces de solentar el teléfono. Hay razones concretas detrás de esta dependencia. Y son mucho más profundas de lo que pensamos. Estamos hablando de un cocktail explosivo de factores sociales, psicológicos y biológicos, todos combinándose en el mundo que habitamos hoy. Todo está diseñado literalmente para mantenernos enganchados. Primero, los factores sociales, los likes, los comentarios, los seguidores son la nueva moneda virtual con la que se paga la aceptación social. Detrás de eso hay algo muy básico que la sostiene, que es nuestra necesidad de ser aceptados y de encajar. Además, vivimos en la sociedad del cansancio, dice Viun Chulhan, un filoso fosurcooreano. Lo que quiero decir que estamos agotados. es un signo de nuestra época. Estamos abotados físicamente, emocionalmente. Nos transformamos en nuestros propios explotadores. Ya no necesitamos. Jefe, jefa que nos explote. Porque nos autoexplootamos solitos. Nos convertimos en empresarios de nosotros mismos, mediendo nuestro valor en productividad, visibilidad y likes. Pensalo en tu propia vida, ¿no? Te sentís agotado a veces al final del día. Este cansancio extremo que impacta en todos lados. Yo lo veo cada vez más en consulta, incluso en la gente que me rodea. Y en mí misma también. Y claro, vivimos con un agotamiento tan pesado encima que llega un punto en que nuestra cabeza pide agristo su una pausa. Pero no sabemos parar, porque parar duele, porque si frenamos aparece el vacío existencial. Y se ruita en interno, o las preguntas que no queremos escuchar. Y entonces mejor nos hacemos los tontos, los distraídos, y consumimos algo que nos distraiga, que nos alestesie un poco. La pastillita digital que nos adormese por un rato. Este es el terreno perfecto para la adicción a redes. Y no nos culpo, ¿eh? Necesitamos a veces adormecernos de tanto cansancio. Pero lo cruel, lo ironico, diría, Han. Es que esa búsqueda de alivio nos agota todavía más. Después están los factores psicológicos. Cada vez que recibís un like o un comentario, tu cerebro recibe una recompensa, como un premio inmediato que activa tu sistema de dopamina, que es el mismo que se activa cuando comés algo que te encanta o recibiis una linda noticia. Y eso genera un circuito de retroalimentación que te hace volver una y otra vez ahí, buscando ese mismo subidón lindo que te da el like. Ahí está también el componente biológico de todo esto, porque nuestro cerebro está diseñado para buscar recompensas. Y ahí las redes sociales son el terreno perfecto. Y por último, otra de las causas potentes tiene que ver con el diseño de las plataformas. Los algoritmos no son neutrales. Saben exactamente qué mostrarte y en qué momento. Los algoritmos de las redes te muestran contenido, además diseñado específicamente para vos. Si yo daré el TikTok de mi hermana, no me voy a enganchar tanto como si fuera el mío. Porque esa experiencia está hecha pura y exclusivamente para mantener su atención. Es decir, conocen los gustos de mi hermana, sus preferencias, no las mías. Los algoritmos saben todo de nosotros. No solamente qué nos gusta, sino cuántos segundos pasamos mirando cada video, qué publicaciones nos hacen frenar el scroll y por cuántos segundos nos quedamos ahí, qué colores llaman más nuestra atención, qué temáticas nos interesan más. Cada red social nos estudia y nos da exactamente lo que necesita para mantenernos ahí. Sistemas como el scroll infinito eliminan cualquier esfuerzo de seguir consumiendo. Si quisiera seguir scrolliando por siempre y para siempre podrías no hay un final nunca. El final externo no existe. Es el límite. Ahora lo tienes que poner vos. Y también las notificaciones, que nos hacen creer que todo es urgente. Meta y su prueba con distintos colores para las notificaciones. Y adivina cuál generaba más compulsión. El rojo. Asociamos el color rojo al peligro y a la urgencia en nuestra biología. Por eso cuando ves ese numerito rojo en tu app que te marca las notificaciones que tenés, tu cerebro siente como que tiene que revisarlo de inmediato, urgencia. El mecanismo de las redes es exactamente el mismo que usan las máquinas dragabonidas de los casinos. Las redes sociales son las vegas digitales. ¿Dónde está la línea entre el uso saludable y la adicción a redes sociales? Como exploramos en episodios anteriores sobre adicciones y sustancias, la línea entre un comportamiento habitual y uno adictivo está un sutil que pasa de esa percibida para la mayoría. Esa es una de las grandes diferencias con las adicciones asustancias. De un lado, están las redes sociales como herramientas maravillosas. Vamos a decir, nos inspiran, nos conectan con amigos, con familia, con amores, nos entretenen, nos hace sentir parte de algo. Son una vía de escape en momentos complejos e incluso nos permiten trabajar. De el otro lado, están el exceso. Su cara más oscura, la que pasa de esa percibida, nos acostumbramos tanto a vivir conectados que ni siquiera nos damos cuenta de el impacto que tienen en nuestra mente y en nuestra vida. Porque no es solamente estar mucho tiempo en redes. Es lo que pasa en nuestras cabezas mientras estamos ahí. Nos comparamos, por ejemplo, vemos vidas aparentemente perfectas, cuerpos editados, relaciones de película y pensamos "por qué mi vida no se ve así". Que es lo que estoy haciendo mal. Aunque sepamos que es una versión durada de la realidad. No importa, nuestro cerebro no puede evitar la comparación y por ende la frustración. También perdemos tiempo. Abrimos Instagram solamente para ver algo rapidito y dos horas después seguimos ahí. Sin pausas naturales, contenido infinito y notificaciones que nos hacen sentir que siempre hay algo más que ver que no deberíamos ciernos. También se reduce un montón nuestra capacidad de concentración. Un estudio de la Universidad de California encontró, escucha bien, que la generación Z tiene menos capacidad de concentración que un pesto de rado. El promedio de atención bajó a 8 segundos. Mientras que el pesto de rado tiene 9 segundos. Nos volvemos mucho más impulsivos también. Cada like, cada comentario, cada mensajito genera una microdiscarra como un shot de dopamina. Claro, nos acostumbramos tanto a esa gratificación inmediata que cualquier otra actividad sin una recompensa instantánea nos aburre. También nos sentimos más solos. A menos conexión real, menos conexión caracara más sensación de soledad. Y dormimos peor. Porque la luz azul de la pantalla interfiere con la producción de melatonina que es la hormona del sueño. Si usamos el teléfono, justo antes de dormir nos va a costar mucho más, relajarnos y nuestro descanso va a ser mucho menos reparador. Ahora, no se trata de demonizar las redes sociales. Pero si entender cómo nos afectan, para poder usar las conconsciencia y no quedarnos atrapados en ellas. Siempre hay dos caras de una misma moneda en todo. Un ser redes sociales no tiene nada de malo, si lo hacemos de manera equilibrada. De hecho, quizás tengo la fortuna de que vos estés ahí del otro lado escuchándome gracias a una red social. Hablar de adicción a redes sociales no es exagerado. Muchos estudios muestran que el uso compulsivo de redes comparte con las adicciones asustancias, patrones como la pérdida de control, la tolerancia es decir, necesitar más para sentir lo mismo y la interferencia fuerte en la vida diaria. A pesar de esto, con tantos estudios con evidencia, el DSM5, que es el manual usado para diagnosticar tras torno mentales, todavía no la reconoce como una adicción. ¿Por qué? Porque la ciencia avanza con cautela y los estudios siguen en proceso. Todavía es un fenómeno muy nuevo, pero, aunque no esté en el manual, la evidencia ya es clara. El uso descontrolado de redes tiene las mismas características que cualquier adicción comportamental. Vamos a hacer un chequeo de nuestra relación con las redes. Te propongo lo siguiente. Un mini test lúdico basado en los criterios que se usan para diagnosticar adicciones. Si escuchaste los episodios anteriores, ya sabes que son las nueve señales de alerta que pueden hablarnos de una adicción. Vamos a revisarlas una por una, haciendo un auto chequeo en el camino. Hacelo incluso si crees que esto no tiene nada que ver con vos. Tal vez aprendas algo sobre tus propios habitos que no había notado. Y si no es tu caso, capaz de sirva para entender mejor alguien que sí está atrapado en esta dinámica. Bien, vamos a meternos de lleno en un momento de sinceridad. Por cada afirmación que se le da a ver con la adicción. con la que te identifices levanta un dedo bien. Primero criterio para diagnosticar una adicción es el curso peligroso. Esto es cuando pones en riesgo tu seguridad o la de otros por hacer esa actividad. En este caso, por no soltar el teléfono. Entonces, revisas Instagram mientras manejas, te perdés en tiktok cuando estás rosando a la calle, o pasas días durmiendo tres o cuatro horas porque te quedas excroleando sin freno. Es cuando las redes te hacen tomar decisiones riesgosas ahí, aparece una red flag. Soles contestar mensajes mientras cruzas la calle, iní miras si vienen a autos. O subisistóries mientras conducís un auto. Sacas el celular en situaciones en las que necesitabas estar 100% presente porque te generan cidad no mirarlo. Si es que sí, levanta un dedo. Número dos es el impacto en los roles importantes. Por ejemplo, prometiste que iba a ser terminar ese informe o estudiar para la facultad, pero te encontraste viendo mms, rils o historias. Si las redes te complican en el trabajo en la facultad o incluso en casa, es momento de empezar a preguntarnos qué está pasando. Soles atrasarte regularmente en proyectos, exámenes o tareas porque se te va el tiempo en redes. Te pasa seguido que te tienes que quedar hasta tarde trabajando o estudiando porque antes perdiste mucho tiempo, escroleando. Te cuesta arrancar tareas importantes sin revisar las redes primero, o desháunque sea solo un minutito y después voy. Si es que sí, algo de todo esto levanta otro dedo. Número tres son los conflictos interpersonales. Las redes pueden generar discusiones con nuestros amigos, parejos, familiares. Porque estás todo el tiempo en el teléfono y no me prestas atención. Te suena familiar esto. Suelen decirte que estás siempre en el teléfono y nunca prestas atención. Tu pareja, amigos, familiares, se quejan seguido de que vivís muy pegado al celú mucho más que con ellos. Te pasa seguido que, aunque alguien importante te esté hablando, te esté contando algo, preferirse ir en redes. Si la respuesta es que sí, otro dedo arriba. Número cuatro, el cindrome de abstinencia. Se te cayó el wifi y te ponés de mal humor o no llevaste el teléfono y sentís una ansiedad por todo lo que te podés estar perdiendo. Si desconectarte, de genera angustia, hay algo para mirar de cerca. Te sentís ansioso o molesto regularmente si no podés entrar a redes. Te pasó alguna vez de olvidarte el teléfono y pasar el día cómodo como si te faltara algo. Cuando se te corta el wifi o te quedas sin batería, te ponés de muy mal humor o otro dedo arriba si es que sí. Número cinco es la tolerancia. Antes, diez minutos eran suficientes, pero ahora necesitas pasar más y más tiempo para sentirlo mismo. No te basta una hora, porque sentís que todavía hay más para ver. Cada vez es más y más difícil desconectarte. Has notado que con el tiempo pasas cada vez más horas en redes sin poder parar. Te pasa que antes con un par de videos te alcanzaba, pero ahora necesitas ver muchos más para entretenerte. Te resulta difícil entrar un ratito a redes sin terminar enganchado por horas. Y ya sabes que hacer sí es que sí. El número seis tiene que ver con intentos fallidos por controlar el uso de redes. Te prometes usar menos tiempo a las redes. Hoy solamente media hora y nada más. Pero terminas mirando videos hasta que ya parece y no hay nada nuevo. Dijiste, voy a usar menos redes, pero no lo pudiste cumplir. Descargaste aplicaciones para controlar el tiempo de uso, pero terminás ignorándolas o desactivándolas una y otra vez. Soles intentar dejar el teléfono lejos para concentrarte en algo, pero igual lo volvés a buscarla. El número siete tiene que ver con mucho tiempo invertido en la conducta. Pasas o ellas no solamente usándolas, sino pensando en ellas, planificando que subir, revisando los likes, generando contenido, respondiendo comentarios, te das cuenta cuánto tiempo te consume. Pensas en redes incluso cuando no las estás usando? Alguien vez estuiste planeando una publicación, que fotos subir. En lugar de concentrarte en algo importante que estuvieras haciendo. Cuando te pasa algo, tu primera reacción siempre es pensar que también quedaría esto para subirlo a las redes. El número 8 es el abandono de otras actividades. Preferís quedarte en el teléfono en lugar de salir con amigos, hacer ejercicio o leer un libro. Tu vida empieza a girar más en torno a las redes que a otras experiencias. Dejaste de lado jobis o actividades que te gustaban porque pasas mucho más tiempo en el teléfono. Sentís que cada vez te dedicas menos tiempo a otras cosas que antes disfrutabas por fuera del teléfono. Elejir regularmente quedarte en casa, escroleando, en lugar de salir y hacer algo recreativo o productivo. Y la número 9 es la persistencia pese a las consecuencias. Ya sabes que pasar tanto tiempo en redes te afecta. Ya sean tus relaciones, en tus salud, en tu productividad, en tus sueños, pero no puedes parar. Reconoces que las redes te afectan perigual no puedes dejar de usar las tantas horas. Te dijiste varias veces que te vendría bien un detox digital, pero nunca lo puedes hacer, aunque notas que tus relaciones o tu salud mental sufren. Y ¿ual seguís priorizando a las redes? Si es que sí, último dedo arriba. Bien. Y ¿cómo te fue? El DCM diría que cumplir con al menos dos de estos criterios durante un período de 12 meses puede hacer que estemos hablando de un problema serio. Ahora, este autochequeo no tiene como objetivo preocuparte. Si no más bien, invitarte a reflexionar. El problema no es usar redes sociales, otra vez no se trata de demonizarlas ni de eliminarlas de nuestras vidas. El problema empieza cuando dejan de ser una elección y se convierten en una necesidad como pulsiva. Si te viste reflejado en alguno de esos indicadores, quizás es hora de preguntarte, realmente tengo el control sobre mi uso de redes. O son las redes las que tienen control sobre mí. Porque no se trata de dejar de usarlas por completo de desinstalar las a todas. Pero sí de volver a recuperar el control sobre cómo y cuando las usamos. Ahora, si te das cuenta que lo necesitas, busca ayuda. Y cuando digo a buscar ayuda, no me refiero solo a charlar con un amigo, aunque eso siempre puede ser un gran primer paso, sino que me refiero a ir un pasito más allá. Hablar con algún profesional con experiencias y adicciones. De hecho, la psicoterapia es una herramienta supervaliosa para cualquier persona que quiera mejorar su calidad de vida y entender que hay detrás de esos patrones. Y si quisiera dar ese paso y hacer terapia con siboamoliti, puedes encontrar toda la información en siboamoliti.com y pedir una sesión directamente desde ahí. Las primeras salar más de adicción a redes sociales que deberías mirar suenan cuando. En primer lugar, cuando perdés el foco de lo importante por estar en el teléfono, estás intentando terminar un informe, pero llega una notificación. Y pensás, eso es un segundo. Abris el mensajito y después su meme de ahí, un ril, y cuando te quieres acordar, estás viendo un vídeo de recetas que seguro nunca vas a hacer. Y entonces, volvés a ese trabajo, pero tu concentración ya no es la misma. También cuando empezás a usar el teléfono como una patitilla relajada, te vas a dormir, pero antes, un ratitito de redes, es solamente para ver un par de tweets que pasa dos horas después, estás en la parte más rara de la app viendo el perfil de una cuidadora de plantas carnívoras. Y cuando, por fin, dejas el teléfono, tu cabeza está a mil revoluciones y el sueño ya fue. Claro, el día siguiente te levantas sintiendo, te hay como un zombie. Y la calidad de tu sueño cayó. Drasticamente. Otra alarma es cuando la competencia visible, casi como que sea poder a vos. Abris Instagram y ves fotos de gente, viajes de un sueño. Cuerpos perfectos entre miles de personas. comillas, desayunos que parecen salidos de revista y voz, ahí en Piyama, comiendo cereales que quizás ni siquiera están muy crujientes. Y de repente, en vez de disfrutar tus cosas, entras algo así como en una competencia invisible adentro de tu cabeza con un momento supereditado de otra persona. Y acá empezamos a cruzar una línea importante, porque una cosa es usar las redes para entretenernos, para relajarnos, o para inspirarnos. Y otra cosa muy distinta es cuando ellas nos controlan nuestras acciones, nuestro foco donde ponemos nuestra energía, dirigendo donde y cómo usamos nuestro tiempo, queso marca la diferencia. Porque cuando hablamos de adicción, no es solamente pasar mucho tiempo haciendo "equiz cosa". Se trata de que frente a la conducta perdemos el control. Y esa es la característica clave de toda adicción, que el control ya no lo tenés voz. ¿Qué pasa nuestros cerebros cuando estamos en redes sociales? Algo súper interesante. Se activa nuestro sistema de recomo-penesa, que es como el centro de esto se siente bien, quiero más de nuestra mente. Pero acá viene el problema. Nuestro cerebro se adapta rápido y con el tiempo necesita más y más estímulo para generar la misma cantidad de dopamina. Eso es lo que llamamos tolerancia y es lo mismo que pasa con una adicción a sustancias. Esto de necesitar una dosis más alta de alcohol, por ejemplo, para sentirte igual de borracho que ayer. Lo que antes era realizar un ratitito se transforma en horas. Pasas de un solo videíto más a toda la noche inteira, scrollando. Y además, como si fuera poco, empezás a sentirte ansioso o incómodo cuando no te conectas. Tu cerebro te pide, te empieza a pedir esa dosis de redes como quien necesita a café, si o si para empezar el día. Y por otro lado, la correcisa personal, esa parte del cerebro que nos ayuda a decir basta, empieza como debilitarse. Está como secuestrada, bloqueada, se anula. Aunque sabes que hace mucho tiempo estás pegado al teléfono, no puedes parar. Es como si el control se escapará de las manos. Estoy segurísima de que nadie se descarga Instagram, TikTok, Twitter o cualquier red social pensando, quiero ser adicto a eso. Pero ¿por qué caemos en esa relación de amor odio con las redes? Porque spoiler, como dijimos antes, no es solamente culpa de los algoritmos. El verdadero gancho no está solamente en las pantallas. Está en nosotros. Hay algo mucho más profundo que viene de adentro de nuestras emociones, de esa necesidad constante de ser vistos, amados, aceptados o de no quedarnos solos. El por qué se esconde en cómo manejamos la soledad, el aburremiento y la búsqueda de encajar. Investigando por qué nos volvemos adictos encontré algunas causas profundas muy interesantes. Las redes sociales se vuelven un refugio emocional. Te voy a poner un ejemplo. Tuviste un día, es fantoso. Entonces abris una red social, TikTok, Instagram, threads o incluso el LinkedIn y ahí está. Alguns videos graciosos, un meme, un ril inspirador o una frase o un posteo reflexivo. Claro, es como si el lío del caos del día se desmanesiera por un rato. Como que te olvidas, "ah, qué linda esta sensación". Obvio, queremos quedarnos en esa nebulosa de felicidad. Nuestro cerebro necesita este dibague para distraerse de los líos que implica la vida cotidiana. El tema es que cuando cerras la, todos igual, tus problemas no se fueron. Solamente los dejaste un ratito en pausa. En segundo lugar, necesitamos ese "japía huerte" de dopa mina. Todos cerebros buscan sentirse bien. Entonces, los likes, las vistas, los comentarios. Todo eso es solo puro para tu cerebro. Y cada vez que recibís la notificación, dopa mina, sensación de placer inigualable y nos volvemos adictos a sentir placer. Terciera gran causa es que nos sube la autoestima. Las redes son algo así como las reynas de la validación expres. Sentís que nadie te ven el trabajo que tus amigos están en otra sintonía. No te preocupes para eso en decirlo las redes. Subí una selfie y listo. La excora son citos, comentarios, fuidos. Por un momento te sentís como visto, valdado. El gran problema es que esas validaciones es fíjmera, como una curita muy superficial en una herida profunda. No soluciona la inseguridad que hay por dentro. Solamente la tapa un ratito. Y entonces, que pasa después, volvezan a necesitar más. Y ahí es donde se genera el ciclo adictivo. Y otra gran causa es la tolerancia cero que tenemos hoy al aburrimiento. No nos bancamos estar aburridos. No sabemos no hacer nada. Parece que cada segundo tiene que ser llenado con algo que tenemos que tener siempre la alcance de la mano. La extensión de nuestros brazos, nuestros teléfans. A mí me super pasaba esto, pero lo entrene. Hace un tiempo decidí que me iba a someter a la incomodidad de aburrirme. ¿Por qué no podía? Entonces, empecé a hacer esto. Cuando ya cortaba, la jornada laboral iba a mi patio sola, sin celular, sin nada, a sentarme y aburrirme. Claro, al principio la catarata de pensamiento será abrumadora. Aburrirme se sentía horrible y era incómodo. Entonces, yo me obligaba a quedarme y sentada, aburrándome. Tuco a poco, muy lento. Debo decir, pero fui agarrándole el gustito a ese divaque mental que es súper saludable si necesitamos descomprimir de la abora gine diaria. Y ahora, bueno, afortunadamente puedo permanecer mucho más tiempo que antes. Simplemente contemplando, aburrándome, divagando. Y eso me permite crear, pero sobre todo algo que mi cabeza claramente necesitaba desesperadamente que es descansar, relajar, desconentar. Hay algo que me preocupa mucho sobre esta dicción. Bueno, muchas cosas. Me preocupan sobre esta dicción. Pero una crucial tiene que ver con nuestra atención, porque la atención es un recurso muy valioso y también muy frágil. Hace un tiempo leí un libro de Johan Hari, que se llama el valor de la atención. Está buenísimo. Y él ahí cuenta que hoy los adolescentes apenas logran concentrarse solamente 65 segundos en una tarea y después se distraen. Y los adultos solamente tres minutos. Y él cuenta ahí que eso no es casualidad. Cada vez que pasamos de una aplicación a otra o de un ril a un meme, de un video de TikTok, a un short de YouTube o lo que fuera, estamos entrenando a nuestro cerebro para no quedar sequietos. Para no profundizar en nada, además, es como si nuestra atención, esa habilidad de enfocarnos plenamente en algo, se estuviera como fragmentando impedacitos. Y eso afecta profundamente a nuestras vidas. Pensad, ¿cuántas veces te costó leer un libro o ver una película sin tener la necesidad de ir a revizar al menos el teléfono o mantener una conversación sin distraerte? El impacto va más allá de las redes. Cambia cómo pensamos y cómo nos relacionamos con el mundo. Ahora, no quiero caer en extremos, lo que estoy compartiendo acá no busca demonizar a ninguna red social, porque como ya vimos, las redes no son el gran villano y estar o entrar a redes no te convierte automáticamente en adicto. Vamos a meternos en la pregunta de si podemos salir de una adicción como esta. La buena noticia es que sí, de cualquier adicción se puede salir es totalmente posible. Ahora, no es algo que se puede hacer en suelidad o a los ponchazos, diríamos en Argentina, necesita de un plan, un proceso. Y ese proceso se va a basar en dos pilares fundamentales. En primer lugar, recibir ayuda profesional y en segundo lugar, tu como un promiso personal. Si escuchando este episodio identificaste que hay una adicción en voz del próximo paso entonces, es pedir ayuda con un profesional especializado en adicciones. Llegamos a la parte de práctica. El ejercicio número uno son algo unas preguntitas para reflexionar sobre tu consumo. Muy pocas veces nos sentamos a pensar en cómo usamos las redes y, sobre todo, en por qué lo hacemos. Este ejercicio me encanta, porque es como encender una linterna en una habitación oscura. Te ayuda a ver lo que quizás antes estaba escondido. Ya sea que esté en el colectivo, en el gimnasio, mientras cocinas o incluso si estás limpiando. Me voy a invitar a que respondas a estas preguntas con total sinceridad. Pensad, en la última publicación que hiciste en alguna red, y respondete. ¿Por qué quise como partir eso? Lo hice para mostrar algún logro que me enorgullese, o porque espero que alguien me felicite o me diga algo. ¿Qué emoción impulsó esa publicación? ¿Qué está contento? ¿Estaba ansioso? Quería atención, estaba buscando validación. Estaba esperando que alguien comente o reaccione para sentirme mejor. Y cada vez que estés perdido entre aplicaciones, intenta traer a tu mente estas preguntas. ¿Qué es lo que me llevó hoy ahora a abrir esta app? Realmente, yo no buscaba algo específico, o sólo lo hice por inercia. Quizás estoy aburrido y mi cerebro automáticamente buscó algo para distraerse. Otra pregunta podría ser, siento que estoy aprendiendo algo nuevo, me estoy riendo, me inspira. Con realidad, me estoy sintiendo más cansado, más abrumado, más insatifecho. ¿Hay algo que haya dejado de hacer? Por estar ahora, en esta red, por ejemplo, deje de leer, deje de conversar, deje de disfrutar una comida o de prestar atención a otra cosa que estaba haciendo y que era importante para mí. No hay respuestas correctas o incorrectas. Estas preguntas son solamente una forma para mirarte con curiosidad. La idea es que puedas empezar a notar patrones y hábitos que, quizás, nunca habías cuestionado antes. Además, como bueno nuestra, te voy a dejar esta prueba. Decime, ya mismo, cuántas horas crees que estás con tu teléfono. Tira un número de horas. ¿Cuántas? OK. Ahora, va a ser a tu teléfono y busca las métricas de tiempo en pantalla y comparece numerito con el que tenías en la cabeza y que tan alejado o cercano al número real estabas. Las redes sociales son parte de nuestra vida, un espacio donde nos mostramos, donde conectamos y a veces también donde nos perdemos. No son el enemigo. Son una herramienta. Y como cualquier herramienta, podéis construir algo increíble con ellas o la estimarte en el intento. La diferencia va a estar siempre en cómo las usas. Si sentís que las redes te están robando más de lo que te dan, que tu estado de ánimo depende de un like o que te perdiste momentos reales por estar detrás de una pantalla, entonces, es momento de frenar y de reflexionar. ¿Por qué vos nos sos tus publicaciones, ni tus historias, ni el número de seguidores que tenés? Vale es por lo que sos, por lo que haces, por cómo amas y por cómo vivís cuando nadie está mirando. Quiero que te hagas esta pregunta. La próxima vez que esté perdido. Ahí, en el scroll infinito. Esto me suma o me resta. Me hace sentir más pleno o más vacío. Así la prueba. Serra las apps por un rato. Levanta la vista. Salía fuera. Y mirá la vida sin necesidad de compartirla. La próxima vez que esté en un ascensor, en la fila esperando el colectivo, intenta no sacar el celular. Dejá un ratito que tu mente dibabe. Dejá que el silencio sea un espacio para encontrarte con vos. Quizás descubras que no es tan terrible como pensabas. Si va a ser incómodo, claro. Pero es incomodidad. Puede ser el primer paso para recuperar el control. Gracias por quedarte hasta el final de este episodio. Y sobre todo por abrierte a esta reflexión. Si algo de todo esto resuna con vos o con alguien que conoces, no dudes en compartir celos. Con juntos podemos crear conciencia y ayudar a alguien que lo necesite. Y si vos lo pasaste, yo igual que te haya ayudado a recuperarte de esta adicción, compartirlo en comentarios. Contá tu experiencia. No tenemos idea de cuánto podemos ayudar a otros contando nuestra historia. Y a veces una frase, un consejo o una experiencia compartida, puede ser justo lo que alguien necesita para dar el primer paso. Si llegamos al final, nos vemos la semana que viene. Este episodio llegó a su fin, pero psicología el desnudo es sólo la punta de la isla de todo el universo de pxm Amoliti. Para descubrir cada semana nuevos recursos te invito a que te suscribas gratis a nuestros nios letra. Nos gusta decir que es como una dosis de bienestar emocional, semanal. Y el próximo este mismo sábado suscribiéndote en simamoliti.com/newletra.

Podcast Summary

Key Points:

  1. Más del 50% de la población mundial usa redes sociales a diario, con un promedio de 4 a 7 horas diarias, y el 46% reporta un impacto negativo en su estado de ánimo.
  2. La adicción a redes sociales comparte patrones con las adicciones a sustancias
  3. Las plataformas están diseñadas para enganchar mediante algoritmos personalizados, notificaciones rojas (que generan urgencia) y scroll infinito, similares a las máquinas tragamonedas.
  4. El uso compulsivo afecta la concentración (8 segundos de atención promedio en la Generación Z), las relaciones interpersonales y el sueño.
  5. Se presenta un test de nueve signos de adicción, como poner en riesgo la seguridad, conflictos con otros, intentos fallidos de control y abandono de actividades.

Summary:

Se estima que una de cada diez personas desarrollará una adicción comportamental en su vida, y las redes sociales son un caso paradigmático. Más de la mitad de la población mundial las usa a diario, con adolescentes pasando entre 4 y 7 horas al día. Aunque no está clasificada oficialmente como adicción en el DSM-5, la evidencia muestra que comparte características clave: pérdida de control, tolerancia (necesitar más tiempo para sentir lo mismo) y síntomas de abstinencia.

Las plataformas están diseñadas para mantenernos enganchados mediante algoritmos que estudian nuestros gustos, notificaciones rojas que activan urgencia biológica y scroll infinito. Esto genera un ciclo de dopamina similar al de las máquinas tragamonedas. Los efectos incluyen menor capacidad de concentración (8 segundos promedio en la Generación Z), comparación social constante, conflictos interpersonales, insomnio por luz azul y abandono de actividades significativas.

Sin embargo, no se trata de demonizar las redes, sino de usarlas con conciencia. Se recomienda un auto-chequeo basado en nueve señales de alerta, como poner en riesgo la seguridad, descuidar roles importantes o tener intentos fallidos de control. Si se identifican varios signos, es crucial buscar ayuda profesional gratuita y confidencial en centros de tratamiento de adicciones.

La adicción es difícil de superar, pero no imposible, y nunca debe enfrentarse solo.

FAQs

Es un patrón de uso compulsivo y excesivo de plataformas como Instagram, TikTok y Facebook que interfiere significativamente con el bienestar emocional, social y físico.

Incluyen uso peligroso (como revisar redes mientras se conduce), impacto en roles importantes, conflictos interpersonales, abstinencia, tolerancia, intentos fallidos de control, mucho tiempo invertido y abandono de otras actividades.

Están diseñadas con algoritmos que ofrecen contenido personalizado, notificaciones en rojo que generan urgencia y sistemas de recompensa como likes que activan la dopamina, similar a las máquinas tragamonedas.

Reducen la capacidad de concentración; un estudio encontró que la generación Z tiene un promedio de atención de 8 segundos, menor que el de un pez dorado.

Puedes buscar ayuda gratuita y confidencial contactando centros de tratamiento de adicciones locales o pedir orientación a profesionales de la salud mental.

Sí, la luz azul de la pantalla interfiere con la producción de melatonina, dificultando la relajación y haciendo el descanso menos reparador.

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