Speaker 1Mariano vino directamente a contarme una escena conflictiva que le hizo mucho daño toda la semana. Después de escenar con sus amigas, Lucía, mi pareja, dejó todos los platos sucios en la mesa de la cocina y se fue a dormir. Yo ese día fui al gimnasio tarde porque tenía mucho trabajo y no pudiera antes. Y sabía que cuando volvía tenía que seguir trabajando un rato más. Apenas entre a la casa habito de la mesa sucia. Mariano, no te miento, me agarró un ataque de ira. No entiendo porqué, pero te juro que me ervia la sangre. Ella dormía, yo no me pude contener. Fui a nuestra habitación, prendi la luz y la desperté gritándole que cómo podía ser tan desconciderada de dejar todos los platos sucios. Que yo iba a limpiar nada de todo ese desastre, que más vale que lo lavar a todo inmediato porque no iba a estar en la casa con ese desorden. Lucía no me habla desde ese día, está inojada. Dice que no pude creer mi reacción tan desmedida. Le pregunté, ¿A quién te hace acordar eso, Mariano? ¿Cuándo lo viviste por primera vez? Se quedó un rato en silencio, pensativo, como si estuviera revolvinando hacia atrás la película de su vida. Me hace acordar a mi mamá. Ella siempre dejaba de los platos sucios y toda la casa desordenada y yo siempre tenía que limpiar todo. Después de horas volvía borracha del bar de la esquina de casa y yo tenía que hacerme cargo de ella y era así todos los días. Fuimos entendiendo que los platos sucios lo llevaba en ese momento de su vida en cual se sentía desprotegido y solo. Tenía que tomar un rol adulto que no le correspondía a un niño de seis años. Pero claro, en ese momento Mariano era chiquito, no podía enojarse con su mamá por su falta de responsabilidad. Por no ocupar el rol de adulta responsable que en realidad tenía que ocupar. Entonces, se enoja con su pareja hoy. Hay una verdad que comprevo una y otra vez. Lo que nos sanamos con nuestros padres, lo llevamos con nosotros y repercute en nuestros vínculos actuales todo el tiempo. Armamos hoy las mismas escenas que nos marcaron allá atrás. Sí, parece rebuzcado, yo lo sé, pero por eso es que hoy te quiero mostrar. ¿Cómo es que se ve esto? Para que lo entiendas bien en profundidad y veas cómo empezar a sanar el vínculo con papá y mamá. ¿Me acompañas? Soy Marina Mamoliti. Soy Marina Mamoliti. Psychologa clínica. Esto es psicología al desnudo, un podcast que es salud mental, un podcast que es salud mental. Antes de arrancar quiero aclararles que en este episodio voy a usar la palabra Padres o Madres para referirme a lo mismo, el rol de maternar o paternar. Aunque hayan miles de diferencias entre la paternidad y la maternidad, para hacer de la escucha algo más sencillo voy a usarlos de manera indistinta. La palabra mamá está antigua como el idioma mismo, según la rae. Se cree que viene de la palabra "mama", del pecho de la mujer que amamanta al bebé. Es decir, está ligado a lo nutricio, al alimento que le permite al bebé seguir con vida. La palabra "papa" proviene de latín "pater", que significa "patron protector" cuidador. Es decir, ambos roles tienen la particularidad de ser quienes cuidan y nutren a un bebé, a un hijo a una hija. Entonces, ser padres implica diría dos grandes cosas. En primer lugar, implica darle la vida a un hijo o a una hija, permitirles nacer y vivir. Y en segundo lugar ser madres o padres implica cumplir el rol, la función de padres. Papá y mamá son funciones, no son personas físicas. Son quienes cumplen con la función de papá y mamá, que pueden ser los padres biológicos incluso, sino que son quienes cumplen las funciones. Y estas dos funciones son vitales para los seres humanos. Si nadie cumple esa función simbólica para nosotros, la persona queda como en un limbo de incertidumbre que puede llevarle hasta lo que socialmente llamamos locura. Lo importante es que estos dos roles se cumplan, no importa cuántas personas se estén involucradas, puede ser una misma persona quien cumple la función paterna y materna a la vez. O puede compartirse el rol materno, por ejemplo, incluso entre más de dos personas, o paterno, lo mismo, entre más de dos personas. No importa el envase o la cantidad de personas involucradas, lo que importa es que estos roles estén. La función de padres se cumple en un tiempo determinado, no es en cualquier momento de la vida. Desde que el hijo es un bebé hasta el momento en el que alcanza la adultez. Vamos a decir que más o menos hasta los 24 o 25 o 26 años aproximadamente, obviamente esto no es lineal. En cada momento de la vida del hijo o de la hija, este rol de padres se cumple de manera diferente. No es lo mismo ser papá de un bebé de cinco meses, que ser papá de un niño de seis años o de una de lescente de 16. No, este rol de papá más cambia. La función de madre padre tiene un objetivo claro y ese objetivo es que cuando el hijo llega a la adultez, puede hacer independiente de los padres. Es decir, que ser padres implica ayudar a los hijos a que sean independientes de él, que puedan valerse por sí mismos, que no necesiten de los padres. Y cuando digo que no necesiten, hablo tanto de la capa más externa, de lo más material y concreto como del económico, el dinero para mantenerse, como también de lo más profundo. Por ejemplo, la aprobación o la aceptación. Un ejemplo es que cuando el hijo sea adulto, no necesite que mamá le diga que tiene que estudiar, o si es valioso o no por dedicarse a tal carrera, o si es aceptable que tenga "X" elección sexual, o si tiene tal idea política. ¿Por qué esta función de padres termina cuando el hijo tiene unos 20 tantos años como les decía antes? Bueno, porque es cuando el hijo tiene la potencialidad de ser independiente, de valerse por sí mismo. Ya cuenta con una estructura suficientemente madura como para no depender de los padres, ya debería poder hacerse cargo de su adultez. Esto quiere decir que si una persona de 45-50 años aún depende de sus padres, lo que pasa ahí es que las funciones están como desfazadas. La persona de 45-50 no está pudiendo hacerse cargo de su adultez por completo, y además, si del otro lado, el padre, la madre sigue manteniendo económicamente, por ejemplo, a este hijo de 50, no cortó tampoco con una función de padre que ya no le corresponde. Lo que en un momento de la vida del hijo es saludable para él, si se sigue manteniendo de igual manera en otro momento, es yatrogenico. Esta palabra quiere decir que daña en vez de hacer bien. ¿Por qué? Porque ata a la persona a un rol infantil, no le permite extender sus alas, no le permite volar, no le permite ganar responsabilidad y madurez. Muchas veces son los mismos padres quienes contribuyen a impedir la madurez de su hijo, le impiden hacerse cargo de su adultez, de la responsabilidad que trae la madurez propia de la adultez. Vayamos ahora un poco más profundo. Todo padre y toda madre en el camino de ayudar a un hijo a crecer e evolucionar tiene luces y sombras, tiene acertos y equivocaciones como todo ser humano, es supernatural que sea así. Todos los padres ayudan a sanar y todos los padres también dañan, aunque sea sin querer. La idea claramente va a ser sanar y hacer bien mucho más que dañar, por supuesto. Pero bueno, hay daños heridas que se escapan y que cuesta identificar. Lo importante hoy y que quiero que te lleves de este episodio es que puedas evaluar cómo miras a tus papás. ¿Cuál es tu vínculo con ellos? Porque según cómo ha llancido esos vínculos y cómo los mires hoy, va a ser la manera en la que te relaciones con el mundo. Sí, así de importantes son los padres en las vidas de las personas. Así que vamos a meternos de lleno en la teoría. En la primera parte de la vida de una persona, hay dos grandes etapas de relaciones con los padres, según la teoría de las escenas matrices. La primera etapa es la infancia y la segunda es la adolescencia. Son dos momentos de la vida completamente opuestos. ¿Y por qué opuestos? Bueno, porque el niño ama a sus padres y los ve como completamente buenos. Pero que sucede algo con los niños, si es esta idea de que papá y mamá nunca se equivocan, ¿no? Todo lo que hacen está bien, todo lo que dicen es verdad, no se cuestiona nada de lo que dice papá y mamá están muy idealizados, intenta recordar tu infancia. ¿Viene a tu cabeza la idea de cuestionar algo de lo que papá y mamá decían? No, seguramente no, porque papá y mamá parece momento de la vida hacía todo bien, eran superhéroes nunca hacían nada mal. Y como ya dije anteriormente en este podcast, el niño no odia a sus padres nunca incluso si le hacen nada. daño, es más fácil para él odiarse a sí mismo. Es decir, que ni siquiera así es dañado por ellos, cruza por su cabeza la posibilidad de que estén equivocados, de que estén haciendo algo mal. No, prefiere incluso creer que merece ese maletrato y que es por su culpa todo. Y esto es porque en el niño no hay posibilidad de cuestionarlos, y esto tiene un porqué, porque es volutivo. Si papá y mama, que son quienes tienen que cuidarme, son un lugar cuestionable, poco seguro, no voy a sentir muy inseguro. Entonces, si es lo que sea que ellos hagan, prefiero creer que son un lugar seguro. Y claro, yo como niño, incorporo cualquier cosa que ellos hagan o que digan, por muy enfermo que esto sea, pero lo incorporo como lo que está bien. En cambio, y acá llegamos a la segunda etapa de las que él es hablaba, y la adolescente hace todo lo opuesto. Claro que estoy generalizando, que es algo que no me gusta hacer, pero es necesario para que se entienda la idea. Y la adolescente cuestiona todo lo que venga de sus padres. Ritasa casi todo. Es común que hasta sienta vergüenza de ellos. Los cuestionan por absolutamente todo. Suele ser una etapa que es dolorosa para los padres por todo esto. El adolescente lo hace, porque necesita diferenciarse, necesita separarse de ellos. Lo común es no reconocer casi nada bueno de los padres. Siempre ellos están equivocados. En la niñés, los padres son los héroes, y en la adolescencia, los padres son los villanos. Ambas y tapas son cruciales en la vida de la persona. Es crucial su idealización, como en el niño para mantenerse seguro, y también es crucial su rechazo, para separarse de ellos, y transformarse en un adulto independiente. En estas dos etapas hay algo en común. La persona depende de los padres, los necesita. Ya sea obedeciendo símamente o cuestionándolos por todo. Siempre son los padres los que están en el centro de la escena. Después, en la etapa de la adultez, lo esperable es que esto sea equilibrio, que uno pueda no idealizar a los padres creyendo que son todo bondades y que son superhéroes, pero que tampoco los rechase creyendo que son todo maldad, ni un polo ni el otro. Completos e integrados diría Carl Jung. En la adultez, la idea es que la persona pueda sacar a esos padres del centro de la escena para ponerse así mismo en ese lugar. Quiero contarte cómo se ve y la muera adulto, y voy a empezar con una pregunta. ¿Cómo debería ser el amor adulto así en mamá y papá? Lo primero que tenemos que hacer, si queremos amar de manera adulta, es cuestionar a nuestros padres. ¿Por qué? Bueno, porque cuando yo no puedo cuestionar a mis padres, es que no lo se estoy viendo desde el adulto que soy hoy. Cuando yo no encuentro nada cuestionable en mis padres, es como si tuviera tres, cuatro o cinco años de nuevo. Todo lo que hacen los padres es maravilloso, los padres son superhéroes, todo lo que hacen expresas su fortaleza, su valentía. Cuando vamos creciendo, el cuestionamiento se hace inevitable en toda familia sana. Vamos a hacer un juego. Puedes incluso hacerlo por escrito si crees que sea como más profundo, si no, puedes imaginarlo. Imagina dos columnas. En la columna de la izquierda, pensar en todo lo que te gusta de tus papás, lo que te hizo bien de ellos, lo que les agradeces. Y en la derecha, todo lo que les cuestionas, todo lo que te hizo daño de ellos. La persona que en la columna derecha en la que cuestiona no puede poner nada permanece niño. Y en su lado opuesto, quien cuestiona absolutamente todo y no puede agradecer nada permanece adolescentes. Lo saludable y adulto sería que ambas columnas estuvieran completas, tanto de lo que tomás y agradeces de tus papás, las cosas que te hicieron bien y que si te gustaría incluir en tu vida, versus lo que cuestionas, lo que no tomás, lo que te parece poco sano y lo que nunca querrías repetir de ellos. El cuestionamiento es parte del crecimiento. Si no podemos cuestionar nada de nuestros padres, significa que ellos están todavía por encima nuestro. Si no podemos cuestionar esos mandatos o sus ideas, las vamos a repetir. Es propio de la adultez cuestionar. Pero para cuestionar tengo que entender la diferencia entre cuestionar y amar, porque si vos crees que cuando cuestionas no amas, estás en la posición del niño, porque sobre el niño a más sin cuestionar. El amor adulto cuestiona es parte indispensable de este tipo de amor. El amor adulto a diferencia del amor de niño o de la adolescente es más complejo. No es blanco o negro. No es héroe o villano. Todos estamos en ambas partes a la vez. Fijate si la manera de querer a tus padres, ya sea que estén vivos o muertos, incluye las dos columnas. Y si no incluye ambas columnas, te invito a pensar para llenar esa columna vacía y poder equilibrarte hacia el amor adulto. Ahora vamos a hacer un ejercicio práctico para terminar de entender todo esto mejor. Recordá una escena de tu infancia que te haya dolido. Algo chiquito, aunque ahora parece que en significante no importa, algo que te haya dolido allá atrás que te haya hecho daño. ¿La tenés en tu mente? Ok, quédate imaginándola. ¿Cómo mirás a tus papás en esa escena? Intentás justificar porque hicieron lo que hicieron, intentás poner paños fríos para que esté todo bien porque no crees conflicto. Intentás no cuestionar bajo ningún punto de vista a papá mamá. Si es así, estás en un rol de niño frente a ellos. Por el contrario, cuando mirás esa escena, no puedes ver nada abuelo en ellos, no puedes reconocerles nada. ¿Crees que lo hicieron? Porque son malos y críticas absolutamente todo lo que hicieron sin poder ver ninguna buena intención detrás de sus actos. Si es así, quizás estés en un rol de adolescente frente a ellos. Según como miremos esas escenas, según como sea el modo de mirar a mis padres, va a ser también como mire al mundo hoy. Si yo estoy en la posición de entenderlo todo y entonces, aunque mi mamá me golpeaba, mi umillaba y se burlaba de mí, yo la justifico. Y digo, "Bueno, pobre, ella tuvo una infancia difícil también, sin poder reconocer que eso a mí me dolió estudiar en rol de niña para con la vida". Y ¿por qué es importante hablar de soy si ya pasó tanto tiempo? Pensarás. Bueno, es súper importante porque probablemente hagamos lo mismo con todas las personas a nuestro rededor hoy. Volvamos al ejemplo del inicio, el de la mamá de María, no mi paciente. Probablemente, si él no ha sanado a que herida con mamá, le va a pasar lo mismo con todas las personas que no se responsabilicen de sus acciones, que le hagan cargo a él de responsabilidades que no le corresponden en la actualidad. ¿Y qué va a ser María? No. Va a intentar comprenderles, va a justificarles, va a repetir exactamente ese mismo patrón que vivió con su mamá, va a seguir armando las mismas escenas. Y quizás, hasta el cueste poner límites con personas que buscan aprovecharse de su tiempo, de sus espacios, de su energía, porque siguen este mismo rol de entender, de justificar, de quedarse a cualquier costo. Entonces, cuando aparece una escena como la que tuvo con su pareja, puede deberse de afuera como una reacción desproporicionada. La mujer no entiende nada, incluso queda sorprendida porque no reconoce esa reacción como propia de la persona. En el otro polo, María no, podría recordar esa escena con odio, con desprecio hacia la mamá, sin poder controlar la ira que le provoca ese recuerdo de los platos. De esa manera, no puede reconocer nada bueno en ella, ¿no? Pienza que es un monstruo. Si ese el caso, probablemente arme la misma escena con todas las personas que estén a su alrededor. Hoy se va a encontrar una y otra vez discutiendo, peleando con sus vínculos actuales, creyendo que le quieren hacer daño, va a vivir frecuentando lugares en los que no se lo reconoce. En vez de salir de ahí, e ir a otros lugares en donde sí se lo reconozca. Acá María no va a seguir en el rol de adolescentes. Fíjate que importante es como mirás a tus papás para tu modo de ser hoy. Ok, y entonces te preguntarás, ¿cuál es el equilibrio saludable entre estos dos polos? Bueno, la función adulta está en el medio, es el equilibrio, ni un polo ni el otro. Los padres o las madres no son Los héroes, pero tampoco son los villanos. Dejamos atrás al niño y al adolescente, y ahora el adulto tiene que poder hacer una mixtura de esos dos polos. El amor adulto hacia los padres permite que aparezca el enojo y el miedo, pero también la alegría y el gozo y el dolor. Y cada una de las emociones que nuestros padres nos hayan hecho sentir. Las reconoces no les niega, las bailidas les hace lugar. El amor adulto agradece, pero también cuestiona. Puede hacer más cosas. Ya no necesita de ellos. Puede elegirlos a papaya mamá. A veces sí, otras no. Porque nos elegimos a nosotros mismos, primero. Cuando vamos de manera adulta, ya no necesitamos la bailidación de papaya mamá. Entendemos que somos bailiosos, incluso sin su aprobación. Cuando podemos amar de manera adulta a papaya mamá, nuestros vínculos con los demás y con el mundo sanan, se vuelven más livianos. Mi recomendación es que trabajes con el vínculo que tuviste con papaya mamá. Tu mirada sobre esa historia, este en vivo sonó. ¿Hayan formado parte de tu vida o no? Esto de verdad puede marcar un antes y un después en tu vida. Hasta que el episodio de hoy, espero que te haya ayudado a reflexionar. Acordate de darle clic al botón seguir para enterarte cada nuevo episodio que sale todos los jueves. Me ayudas a que cada vez más personas acceden a esta información de manera 100% gratuita. Ahora sí, nos escuchamos la semana que viene. Este capítulo contó con la producción de parque podcast. Paula Manini, en edición y montaje sonoro, y Guido Lautaro Padín, en coordinación general.