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S06E30 | Especial de Halloween VI

37m 12s

S06E30 | Especial de Halloween VI

El podcast narra cómo las pesadillas han sido interpretadas a lo largo de la historia, desde espíritus malignos en tablillas sumerias hasta fenómenos neurológicos modernos. Se destaca el caso de refugiados camboyanos que morían mientras dormían debido al síndrome de Brugada, una mutación cardíaca que inspiró a Wes Craven para crear *Pesadilla en Elm Street*. La pintura de Füssil *La Pesadilla* (1781) captura la parálisis del sueño, una experiencia común que hoy se sabe puede inducirse artificialmente estimulando el giro angular del cerebro. La ciencia actual, con técnicas como la reconstrucción de sueños por resonancia magnética o la reducción de pesadillas mediante estímulos olfativos y sonoros, demuestra que el cerebro no solo recuerda el miedo, sino que lo fabrica como mecanismo evolutivo para prepararnos ante amenazas. Sin embargo, las pesadillas recurrentes (exámenes, persecuciones, tsunamis) reflejan ansiedades culturales y personales, como el miedo al fracaso o la pérdida de control. El episodio concluye que, pese a los avances, la línea entre ciencia y leyenda sigue siendo difusa: las pesadillas son visitas de una sombra que no se deja domesticar, un eco ancestral que sobrevive en nuestro cerebro.

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4967 Words, 30550 Characters

Spanish
Hola, soy Gabriel León y estás escuchando la Ciencia Pop. Un podcast sobre historias de Ciencia. Es Halloween. Y como en años anteriores, les he preparado un capítulo especial. Uno que pueden escuchar de noche, justo antes de irse a dormir. Hoy, daremos un paseo para el Teatro del Cerebro. El mundo oscuro un octurno y los espíritus que se sientan en el pecho y se roban el aliento de hombres y mujeres. Caí da ceternas, intentos por escapar fallidos y noche de tachicardia. Hoy daremos un paseo por el mundo de las pesadillas. La recuerdo que este proyecto es financiado en un 100% por el aporte voluntario de mis muy queridos patrons. Si quieren apoyar este proyecto, lo pueden hacer en www.patreon.com/lacienciapop y ahí se pueden escribir para hacer un aporte mensual y apoyar a la producción de este podcast. Como siempre, agradezco el apoyo de mis muy queridos patrons. Paola Oyer-Zun, el artista Ariel Guerrero, Ronda Butler, Bruno Gisling, Silvana Cartagena y Gabriel Chimino, André Amendes, Guillermo Sebastián y Celeste Acuña, Eduardo Arnello, Mister Corner, Juan Francisco San Martín, Juan Pablo Cortese, Gaill Yughal, Javier Ocaranza, Jotapéres, Matías y Chai, La familia Bertú González-Riquez, André Asarias, Martina y Gaspar Fernández, César Antonio Sidd, La familia Mollabelásquez, Liliana Guzman, Jordi Torres, Cácia Ramírez, Rolando Cocio, Victor Bucarei, Julio Cerrano, Javier Acastro, Wolfram Gurlig, La familia Gallegosito Ríaga, Maricruz Ormeño, Los Pignones Gísica, Plallita Restobarguana-Queros, Juel Molla, Rodríguez Salas, Luciano Santana, Alessito Enriquez, Tumbo y Aceituno Cristóstomo, Manguito, Daniela Millavil, Carlos Schwarzenberg, Jonathan Ramírez, Claudio Fontealba, Mark Rolk, Karina y Agustín Valenzuela, Laura Carrasco, Martina y Julietamos Cozo, La Serveserie Intríncial, La Profe Lorena Bravo, Gaspar y Raib Bravo, De Clanker, Maida Bofil, Chalo y Katia, Alfonso y Esteban Mabureira, y la familia Hurtado Arella. A comienzo de los años 80, médicos en California comenzaron a notar un patrón inquietante, hombres jóvenes refugiados del subestaciático morían mientras dormían, no tenían antecedentes médicos y no había señales de violencia ni intoxicación. Sus familias contaban que poco antes habían gritado, jadeado o se habían movido como si lucharan contra algo. Muchos decían que tenían miedo de quedarse dormidos. Los informes se repiteron con una similitud inquietante entre comunidades demigrantes de Camboya y Laos. El fenómeno resultó tan llamativo que en 1981, el centro para el control y prevención de las enfermedades del CDC abrió una investigación. El fenómeno fue bautizado como "Sunes", síndrome de muerte subita en octurnas sin explicación. Los médicos descubrieron después que muchos de sus hombres compartían una mutación en un canal de sodio que funcionan el corazón, una alteración o iconosida como síndrome de brugada que predispone a ritmas fatales. El estrés extremo o una descarga de adrenalina durante un sueño de terror podía desencadenar una fibrilación ventricular en segundos. El cuerpo empanico se detenía. Morelón da ritmia, pero también en cierto sentido, de miedo. El caso pronto llegó a los periodicos y por esa época se publicó en artículo titulado las muertes por pesadilla desconsiertan a los médicos. El texto relataba la historia de un joven que le había dicho a sus padres que algo lo mataría si se quedaba dormido. Estuvo varios días sin cerrar los ojos, escondía café y pastillas estimulantes en su pieza para evitar a toda costa quedarse dormido. Pero finalmente no pudo más. El sueño lo venció, se durmió y murió esa misma noche. El director de cine Wes Craven le dio ese artículo y no lo olvidó nunca. En entrevistas posteriores contó que de esa historia nació a Nightmare on On Street una serie de películas conocidas en hispanamerica sencillamente como pesadilla. Como la idea de morir mientras uno duerme y la transforme en metáfora, un asesino que ataca a los sueños y contra el cual la única defensa es no dormir jamás. Asi nació Freddy Krueger de la literatura científica y siendo la encarnación de un error diológico, una mutación del corazón convertida en mito del cine de terror. La línea entre ciencia y leyenda se se roba ahí. Así que primero fue el miedo, después la ritmia y luego el guion de cine. Y desde entonces cada vez que alguien te espierta sobresaltado por una pesadilla, repite sin saberlo un gesto ancestral sobrevivir al sueño. Hay un rincon del Detroit Institute of Arts donde la luz parece tener otra densidad. Las paredes son oscuras, las vitrinas de madera y el silencio tienen un peso casi físico. Y si una camina hasta la sala dedicada al arte del siglo XVIII llega un cuadro que parece salirse del muro. Una pintura al olio de casi metro y medio de ancho, firmada por Jen Riffusel y en 1781. Setitula de Nightmare, la pesadilla. La primera vista parece una escena teatral. Una mujer ya se sobre una cama vestida con una tela blanca que resplandece en la penumbra. Su cuerpo está torcido, el brazo cuelga al costado y la cabeza está echada hacia atrás. Pero lo que detiene la respiración es lo que está sobre su pecho. Un pequeño demonio con la piel oscura y los ojos encendidos que la observa directamente. No está atacándola, ni huyendo. Simplemente la mira, con una expresión que es mitad curiosidad y mitad satisfacción. Detrás de él entre las cortinas de tresíopelo rojo, asoma la cabeza de un caballo. Sus ojos son lechosos, las fosas nasales están abiertas y la boca está como si bufara. El terror nocturno hecho cuadro. La palabra inglesa a Nightmare proviene justamente de Mar, el espíritu maligno que en las tradiciones anglosajonas se sienta sobre el pecho de los durmientes y les roba el aliento. La escena es simultaneamente íntima y pública, erótica y macabra. Suselino pintó solo una mujer dormida, pintó el momento exacto en que el sueño se convierte en terror. El cuadro está iluminado desde arriba y la luz, demasiado blanca para hacer natural, cae sobre la figura como una revelación. El resto es sombra. Las telas del lecho parece moverse, las cortinas se jitan como si algo acabara de entrar o estuviera por salir. La vez es los visitantes, bajan la voz sin saber por qué. Es un reflejo ancestral, el respeto que inspira lo inexplicable. En el siglo XVIII nadie sabía lo que ocurría dentro del cerebro cuando soñábamos. No existía la palabra cicatrias ni le idea de unamente separada del alma, así que la interpretación era literal. Desde la noche algo no visitaba y ese algo tenía forma y peso. Se sentaba sobre nosotros, respiraba nuestro aire y al despertar el cuerpo recordaba la presión en el pecho, la sensación de no poder moverse y el miedo sin causa. Por eso el cuadro de fuselica usó tanto impacto, no era una alegoria, era una evidencia. Una especie de fotografía de lo horror nocturno pintaba a dos y los antes de que existiera la cámara. Hoy sabemos que esa opresión tiene un nombre y una causa fisiológica, pero el efecto es el mismo que en 1781, seguimos sintiendo que algo se sienta sobre nosotros mientras dormimos. Fuseli sin saberlo, pintó un fenómeno neurológico y también claro una metáfora. del miedo que no necesita estar despierto para existir. Cuando uno se aleja del cuadro, no ha talgo curioso. El demonio y la mujer parecen cambiar de expresión según la distancia. De cerca, él parece triunfante, pero de lejos, se ve casi triste. Como si supiera que cuando ella despierte, él desaparecerá y esa ambigüedad, esa frontera entre lo real lo imaginado en la vida y el sueño, es el territorio en el que habitan las pesadillas. Frente al cuadro de fuseli, es fácil pensar que las pesadillas naceron con el arte romántico cuando la imaginación comenzó a pintarlo invisible, pero en realidad son mucho más antiguas y las primeras descripciones conocidas están escritas en piedra. En tablillas sumerias que tienen más de 4.000 años de antigüedad, ya se mencionan a los "lilu" y "lilitu", espíritus nocturnos que se acercaban a los durmientes para robar les energía o engentrarles hijos. En la tradición hebrea, uno de esos demonios sería a Lilith, la primera mujer de Adán según el talmud, que abandonó el edem para convertirse en sombra. Durante siglos, la explicación fue sobrenatural. En escandinavia existía la palabra "mer", la misma que daría origen a la palabra "knightmer", un espíritu femenino que se sentaba sobre el pecho de los hombres y los asfixiaba mientras dormían. En Islandia se le llamaba "mara", en Alemania, Nahmar, en Francia, Kuyomah. Todas las culturas coincidían en algo, la sensación de peso, de opresión de una presencia que no se ve, pero que está ahí. La edad media es expresión adquirió cuerpo, se convirtió en el "incuvo", el demonio masculino que atacaba mujeres durante el sueño, y su contraparte, el "sucuvo" que seducía a los hombres. La pesadilla serán entonces un asunto moral, un castigo, una tentación o una advertencia divina. Los monjes las combatían con rezos y amuletos, los médicos, consangrías y dietas ligeras. En el siglo 16, el médico alandés Johannes Beyer escribió en un libro que muchas desafíciones en oerán demoniacas, sino producto de "bapores del estómago y humores negros del cerebro", fue una forma elegante de decir "indigestion y ansiedad". En el siglo XVIII, la ilustración trató de poner orden al caos del sueño. Los científicos comenzaron a registrar los estados del dormir y a proponer causas físicas, fiebre, alcohol o sencillamente mala postura eran los principales culpables de las pesadillas. El poeté inglés Samuel Terlor Kuhlrich, escribió su poem "Cublacán" tras despertar de una extraña pesadilla opiacia que le reveló un palacio imposible, que al mismo fuselio y el pintor de Edenheimer confesó haber soñado con la mujer que amaba, convertida en espectro. En el siglo XIX, las pesadillas se volvieron un campo de batalla entre ciencia y simbolismo. En 1819, el médico inglés Robert McNeill publicó de "Philosophy of Sleep", donde describió el sueño como una fiebre pasajera del alma y notaba casos clínicos de hombres que, después de una noche de errores, despertaban exaustos con el corazón acelerado. Poco después Charles Dickens escribió una de las pesadillas literarias más celebres, la del avario Ivan Eusser's Crutch, visitado por tres fantasmas en "A Christmas Carol". Dickens no hablaba de demonios sino de culpa de ese otro tipo de opresión que no necesita presionarte el pecho para quitarte el aire. Afines del siglo XIX llegó finalmente Simon Freud. En la interpretación de los sueños, transformó el mundo onírico en un territorio psicológico. Para él, las pesadillas no eran mensajes del cielo ni gases del estómago, sino deseos difrazados, emociones reprimidas que encontraban su salida en el teatro de los sueños. Freud hablaba de símbolos, serpientes que eran deseos, caídas que eran fracasos, habitaciones cerradas que eran cuerpos. Su discípulo Carl Jung llevó la idea más lejos, la pesadilla de bijo, son arquietipos, imágenes universales que emergenten del inconsciente colectivo. Los monstruos que soñamos serían los mismos que te miraron nuestros antepasados y mientras los siconalistas analizaban símbolos, los artistas se dedicaban a ilustrarlos. Salvador Dalí pintó relojes de retidos y figuras dormidas, goya dibujo hombres devorados por sus propios sueños. Cada pincelada era una confesión de que el sueño no era un refugio, sino un espejo deformante. En el siglo XX, la ciencia decidió entrar en ese espejo con instrumentos. En 1953, fue el turno de Ullina Serinki, descubridor del sueño REM, quien observó por primera vez los ojos de los durmientes moviéndose bajo los párpados. Era como si el cuerpo soñara físicamente. Unos años después, un joven psicólogo de Chicago Alan Rechaffen, comenzó a registrar los relatos de quienes despertaban en ese momento. La mayoría contaba sueños vividos, pero un pequeño porcentaje tras la taba pesadilla tan reales que el cuerpo reaccionaba como si estuvieran peligro, aumento del pulso, sudor, descarga a adrenalina. Así se comprobó que el miedo podía existir incluso sin estímulo externo. Era un descubrimiento perturbador, el cerebro no sólo recuerde el miedo, lo fabrica. Con el tiempo esas observaciones dieron origen a una nueva interpretación. Las pesadillas no son errores del sueño, sino una estrategia evolutiva. El neurocientífico filandés Antio Rebónsu propuso la teoría del simulador de amenazas. El cerebro ensaya peligros mientras dormimos para prepararnos emocionalmente la vigilia. Soñar con caer, huir o ser perseguido sería una especie de entrenamiento ancestral. En otras palabras, tenemos pesadillas para sobrevivir mejor cuando estamos despiertos, y entre todas esas pesadillas registradas, algunas se volvieron celebres. Fue el verano de 1816 en Suiza. El cielo estaba cubierto de nueve soscuras, los trueros resonaban sobre el lago alemán y los rayos iluminaban la orilla donde salzaba Villa de Odati, la casa del Lord Byron. A dentro de un grupo de jóvenes pasaba las noches leyendo historias de fantasmas a la luz de las velas. Entre ellos estaban Percy Chili, su esposa Mary y el médico de Byron, John Polidori. Una tormenta eléctrica mantenía a todos despiertos, el clima era estar inestable que los periódicos europeos hablaban del año simberano. Las erupciones del volcantámbora en Indonesia habían llenado el cielo de cenizas y Europa vivía en vuelta en una penumbra perpetua. Una noche Lord Byron propuso un desafío, cada uno escribirá una historia de terror. Durante días Mary no escribió nada, pero una madrugada mientras intentaba dormir la visita una imagen. En el prólogo de la edición de 1831 de Frankenstein ella misma lo contó. Vía al pálido estudiante de las artes impías, arrodillado junto a la cosa que habían semblado. Vía el espantoso fantasma de un hombre tendido y luego, por el funcionamiento de alguna poderosa máquina, mostrar signos de vida y moverse con inquietante de vitalidad. Al despertar a un temblando, Mary comprendió que no había sido una simple pesadilla. Había sido una idea, una visión sobre el poder de la ciencia y el miedo de jugar a ser Dios. Aquella noche mientras los relámpagos seguían dibujando la silueta del lago, nació el primer monstruo fabricado por la imaginación científica, un sueño, una descargalectrica y un cada vez que respira. Y así, en una noche de tormenta, una pesadilla se convirtió en literatura. No fue el único caso. Robert Lewis Stevenson, que sueñó con un hombre que se transformaba en otro y al despertar escribió el extraño caso del Dr. Jake Limister Hyde y Alfred Hitchcock, que confesó haber soñado que cayan picada desde una torre y convertió ese vértigo en película. El arte moderno, la literatura y el cine, todas nacieron de malos sueños y mientras más comprendemos sus causas biológicas, más se parecen a lo que se empefueron, una visita, un aviso y una sombra que no se deja domésticar. Dormir no nos libera del miedo, sólo lo traduce. En los años 60, el psicólogo Calvin Jol, y su colega Robert Fandecastle, recopilaron miles de relatos de sueños en Estados Unidos. Cuando los clasificaron, descubrieron algo curioso. Sin importar la cultura o la época, las pesadillas compartían los mismos temas, caer ser perseguido, quedarse paralizado, llegar tarde o perder el control. Era como si el miedo tuviera un idioma universal. En otros laboratorios, como el del neurólogo Suiso Olaf Blanque, se experimentó con pacientes despiertos. Al estimular eléctricamente una zona del cerebro llamada "Hiroangular", las personas sentían una presencia detrás de ellas, una sombra pegada a su espalda. Algunos entraron en pánico, convencidos de que alguien los tocaba. Blanque demostró que esa sensación tan común en las pesadillas y en las paralisis del sueño, puede crearse artificialmente. no hace falta un demonio, basta con un electrodo. En 2013, un equipo del Instituto de Tecnología de Kyoto, liderado por Yukiya Su kamitani, logró algo que hasta entonces parecía imposible, reconstruir los sueños a partir de la actividad cerebral. Los participantes dormían dentro de una escáner de resonancia magnética mientras se registraban sus patrones neuronales. Cada vez que eran despertados, describían lo que habían visto, una persona, un automóvil, una casa, un perro. Con esos datos, los investigadores entrenaron un algoritmo que podía predecir el contenido de un sueño con una precisión sorprendente, más del 60%. En las pesadillas, la señal era especialmente intensa en las áreas visuales y emocionales. Era la primera vez que alguien veía literalmente una pesadilla de este fuera del cerebro. En el otro extremo del espectro, la ciencia también ha intentado intervenir en los malos sueños. El neurólogo Lampros Pero Gambros desarrolló una técnica llamada Target Memory Reluctivation. Durante el sueño, se reproduce un sonido o un aroma asociado en un recuerdo agradable. Si se hacen el momento exacto del sueño REM, ese estímulo puede cambiar la dirección de una pesadilla. En 2021, un estudio publicado en Karen Bayoloji, mostró que tocar una nota de piano asociada a una sensación de calma, redujo la frecuencia de pesadillas en pacientes contra estornos de estrés postroamático en casi un 70%. El cerebro al parecer puede aprender a soñar distinto. Pero hay ciertas pesadillas que no saben de variedad y no necesitan monstruos ni sombras. Si asan en un lugar familiar, un colegio, un pasillo interminable, una sala con pupitres en fila. Sabes que tienes un examen, pero no recuerdas de qué asignatura. Además, no recuerdas haber ido a esa clase en todo el semestre. Parece que no rendiste ninguna prueba. Buscas la sala, pero los números de las puertas cambian, y cuando finalmente la encuentras, el examen ya terminó, y el profesor te mira con decepción. Miras la hoja y no entiendes nada. Entonces, despiertas con el corazón latiendo rápido y una certeza irracional. Aún te falta rendir ese ramo. No pasaste escálculo 2, Gabriel. Eso al menos sueño yo. Es una de las pesadillas recurrentes más comunes del mundo moderno, y lo curioso es que lo ocurre incluso a personas que terminaron sus estudios hace décadas. Los psicólogos la llaman pesadilla de evaluación, un reflejo persistente de ansiedad, perfeccionismo o sensación de deuda. No tiene que ver con el colegio, sino con algo más profundo. El miedo a no estar a la altura. El cerebro que es pésimo para distinguir entre peligro real y simbólico, recicla el escenario de los viejos medos para representar los nuevos. La pesadilla del examen es solo una variación del sueño de la persecución, donde lo que te persigue no es un depredador, sino tu propia exigencia. Los investigadores del Dream Eye Navigrator y Demontrial han recopilado más de 10.000 relatos de sueños recurrentes y los patrones son universales. Solos arquietipos del fracaso y la pérdida de control y atraviesan culturas, edades y épocas. Lo interesante es que culturalmente cada sociedad les da su propio decorado. En Japón son frecuentes los sueños de tsunami, terremotos o trenes que nunca llegan. En Estados Unidos predominan los exámenes aviones que caen o armas que no disparan. En América Latina muchos relatan sueños de caminos que se borran, voces que llaman desde la oscuridad o una casa que se inundalentamente. Distintos escenarios pero el mismo argumento, perder el control. Pero hay una forma de pesadilla que no se quiera dentro del sueño, comienza cuando uno ya ha despertado. El escenario es así. Abres los ojos, reconoce esta habitación, ves la sombra familiar del velador, el contorno de tu silla y sin embargo algo está mal. No puedes moverte. Intenta incorporarte, pero el cuerpo no responde. Quiere escritar, pero la garganta no emite sonido. Entonces, sientes una presión en el pecho, como si alguien se sentara encima. Y durante unos segundos, o minutos según quien lo cuente, la frontera entre sueño y realidad se derrumba. Los testimonios son aterradoramente parecidos, incluso entre personas que jamás se conocieron. Una figura al pie de la cama, paso al alrededor, una sombra que se acerca, una voz que susurra el nombre del durmiente. A veces es una presencia difusa, otras un rostro perfectamente nitido. En el norte de Canadá, las comunidades inuit lo llaman "Ukuman Giring", cuando el espíritu se sienta sobre ti. En México y Centroamérica se habla de "se me subió el muerto". En Europa medieval era elín cuvo o la mara de los cuven los germanicos. El mismo fenómeno con distintos nombres, el miedo de despertar en un cuerpo que no obedece. La explicación científica para la paralisis del sueño llegó recién en el siglo XX. Durante el sueño REM, el cerebro desconecta temporalmente los músculos del cuerpo, una atonía motora que impide que acuemos los sueños. Pero a veces, la conciencia despierta antes que el cuerpo y el resultado es una mezcla imposible, una mente despierta dentro de un cuerpo dormido. El sistema nervioso envía la orden de moverse, pero los músculos siguen bloqueados por la paralisis REM. Esa disociación provoca pánico y el pánico genera alucinaciones. La presión en el pecho se debe la respiración superficial del sueño, las sombras, a proyecciones visuales del lóbulo occipital en estado de semi-vigilancia y las voces a descargas aleatorias en la corteza auditiva. En términos biológicos, nada sobre natural ocurre, pero en términos humanos ocurre todos los sobrenatural que puede ocurrirle una persona de despertar la oscuridad. Los investigadores del Sleep Paralysis Project de la Universidad de Sheffield estiman que una de cada cinco personas ha vivido al menos un episodio de paralisis del sueño en su vida. En adolescentes y estudiantes es más frecuente, el estrés, la falta de sueño y los horarios irregulares junto con la ansiedad podrían ser factores relevantes. En culturas con una fuerte tradición espiritual, la experiencia se interpreta como posesión, visita o castigo. Y esa interpretación lejos de aliver el miedo lo multiplica. En 2015, el documental de Nightmare reunió testimonios de personas que sufren paralisis del sueño de forma crónica. Algunos veían figuras humanas, otros animales, otros más de humo, lo más inquietante era la repetición. Cada persona tenía su propio visitante, siempre el mismo y siempre puntual. Una mujer decía que podía sentir el peso exacto del intruso sobre el colchón. Un hombre relató que escuchaba un sumbido agudo justo antes de que apareciera la sombra. Otro aseguraba que había aprendido a respirar despacio para no asustar al cercle observaba. Los científicos lo llaman intruder hallucinación, la hallucinación del intruso. Pero para quienes lo viven, no hay término clínico que quita el terror. Porque el cuerpo está ahí, consciente, y sin embargo, ha dejado de ese refugio. La paralisis del sueño es en el fondo una colegrafía involuntaria entre biología y mito. El cerebro fabrica una presencia, la cultura le da un nombre y el miedo hace el resto. Por eso, aunque la ciencia lo haya explicado, la sensación de que algo está en la habitación sigue intacta. A veces cuando despertamos sobresaltados y creemos haber visto una sombra moverse, no es una ilusión óptica ni una pesadilla interrumpida, es solo el eco-evolutivo de miles de noches antiguas cuando dormíamos en cuevas y cualquier ruido podía ser un depredador. Así, la paralisis del sueño es la memoria del miedo más vieja que tenemos, la da abrir los ojos en la oscuridad y descubrir que seguimos siendo presas. Y aunque hoy comprendamos origen neuronal, seguimos despertando con el corazón de focado, buscando sentido. Quizás lo más inquietante sea eso que el miedo honírico sigue teniendo poder incluso cuando lo entendemos. Sabemos que es una simulación y sin embargo, el cuerpo reacciona como si estuviera cayendo, gritando o huyendo. El cerebro inventó un monstruo y el cuerpo vdc. Pero hay ocasiones en las que las personas, particularmente en niños pequeños, parecen estar teniendo una pesadilla brutal. De pronto se incorporan bruscamente en la cama con expresión de pánico. A veces gritan lloran o agitan los brazos como se estuviera luchando contra algo invisible. El corazón la te confuerta, la respiración sacelera y el cuerpo suda. Y aunque tienen los ojos abiertos, no están realmente despiertos. No responden a quien intenta calmarles y parecen atrapados entre el sueño y la vigilia. El episodio dura entre 30 segundos y algunos minutos. Luego se tranquilizan, vuelven a costarse siguen durmiendo. A la mañana siguiente no recuerdan lo ocurrido. Un terror nocturno. Aunque a veces se confunden, las pesadillas y los errores nocturnos no son lo mismo. Las primeras son sueños intensamente desagradables que ocurren durante la fase REM cuando el cerebro está más activo y los sueños son más vividos. Las personas despertan asustadas, recuerdan lo que soñaron y pueden tener dificultades para volver a dormir. Los errores nocturnos en cambio suceden durante el sueño profundo la fase N3 del sueño no REM, generalmente en la primera mitad de la noche. Que los padece puede gritar o incorporarse con los ojos abiertos pero sin consciencia plena. En los niños son frecuentes y suelen desaparecer cualidad. En adultos pueden asociarse a estrés extremo o a trastornos del sueño. Pero ambos fenómenos, pesadillas y terrores nocturnos pertenecen a la familia de las parasomñas que incluye desde el sonambulismo hasta la paralisis del sueño. Se estudian mediante registros de polisónografía que combinan el electroencefalografía, el electromiografía y medición de movimientos oculares para determinar en qué etapa del sueño ocurren y cómo responde el cuerpo. En el caso de los des órdenes de pesadillas se consideran clínicos cuando los sueños angustiantes se repiten con tal frecuencia que generan insomnio o ansiedad anticipatoria, miedo a quedarse dormido. Los terrores nocturnos por su parte se caracterizan por una activación fisiológica intensa de que carde a su oración y respiración acelerada sin memoria posterior del evento. En ambos casos los tratamientos más eficaces combinan y género del sueño, terapia cognitivo conductual y en situaciones severas medicamentos que modifiquen la arquitectura del sueño. Freud habría dicho que soñar con monstruos revela un deseo oculto. Romsuo diría que revela un instinto antiguo y los nebulos científicos de hoy dirían que en realidad no soñamos con monstruos para sufrirlos, sino que para domesticarlos. Soñar con caer no predice una caída, es un simulacro del vértigo, una elección simaestro, una clase nocturna sobre cómo seguir respirando cuando todo se derrumba. Dormir al final no es descansar, es practicar la supervivencia. Volvemos al museo. A la sala en penumbra del Detroit Institute of Arts, donde el cuadro de Henry Fuselli sigue colgado como si el tiempo no pasara. Ahí está la mujer dormida, el incubo en su pecho, el caballo que se asoma desde el fondo como un recuerdo a medio borrar. Nada se mueve y sin embargo todo parece a punto de hacerlo. Después de recorrer siglos de interpretaciones, demonios, poetas y neuronas, uno entiende que Den Eymer no muestra una víctima, sino un experimento. El laboratorio del miedo más antiguo del mundo, un cuerpo soñando, un cerebro inventando amenazas, una criatura imaginaria cumpliendo su función, que no se venen los despiertos dentro del sueño, porque el miedo, incluso dormidos, no se entraena, nos recuerda cómo huir, cómo resistir y cómo despertar. La neurociencia parece arrastrar los impulsos eléctricos de la amigdala y medir la frecuencia de los ojos bajo los párpados, pero hay algo que no puede cuantificar. El instante exacto en que la pesadilla no se enseña algo. Cuando el monstruo deja de ser enemigo y se convierte en maestro, Mary Shelley soñó con un cadáver que cobraba vida y creó al primer monstruo moderno. Nosotros soñamos con exámenes caídas y presencias invisibles, y al despertar seguimos vivos, un poco más alertas y tal vez un poco más sabios. El miedo nocturno al final es un lenguaje que el cerebro inventó para hablar consigo mismo. Frente al cuadro, uno se da cuenta que fusele pintó algo más que una mujer oprimida por un demonio, pintó el mecanismo del sueño, el peso invisible de las emociones, la sombra que toma forma cuando nadie la ve. Quizás el demonio no está sobre ella, sino dentro, y el caballo con sus ojos blancos es el testigo del experimento, la mirada del miedo observándose a sí mismo. Es probable que todos llevemos un pequeño incubo en el pecho, uno que despierta cuando bajamos la guardia, que se sienta sobre nosotros, sólo para recordarnos que seguimos sintiendo. Y tal vez y alguna vez logrará más dormir sin pesadillas algo esencial se perdería. El cerebro descansaría así, pero el alma se oxidaría en su calma. Las pesadillas son el precio de soñar, así que el aproxima vez que despierte sobre saltado, jabiendo con el corazón galopando en silencio, recuerda esto. No fue eso, lo mal sueño, fue tu cerebro ensayando la supervivencia, una vieja máquina biológica realizando sus alarmas, un monstruo útil haciendo su trabajo. La mujer de fusel y sigue durmiendo atrapada en su pesadilla eterna, pero nosotros, los que la miramos despertamos. Y nos alejamos de ahí, lo más pronto posible, no vaya a ser cosa que nos quedemos dormido frente al cuadro, y alguien se siente nuestro pecho hasta hacer que nuestro corazón se detenga. Así, hemos llegado al final de este especial de Halloween. Espero que lo hayan disfrutado. Yo me despido como siempre, agradeciendo el apoyo incondicional de mis muy queridos patrons. Cristian Oteiza, Alberto Mont y Laura, Irma Inaraya, Ana Lucia Luna, Simone Castillo Riedemann, Luciano Sisterna, Ricardo Yáñez, Cristian Fraser, la familia Jalman von Desauer, José Pecarufo, David Pelado Pérez, Vichel Varó, Pablo Ymilesita Villalovos, José Tanuz, Pedro Castillo, José Luis Ullóa, Luis María Hernández, Marcela Martínez, Cristóbal Orellana, Diego Riquelme, Mauricio Silva, la familia Yurimarthínez, Claudio Ollar Suitoña, Cidilo Fede y Pola, la familia Calenqueirolo, Alejandra Díaz, Fernando Uralla, la familia de la Cruz Morales, Coscas y Vanya, la familia Fuentes Chonfield, la familia Ties Ríos, Beatriz Heldres, Juan Catequillán, Paula Lagos, Sandra Marras, Giovanni Rosales, Olivia Artigas, Sergio Yuríespinosa, Los Rojas Pérebo, Mario Vicuña, Elena Arias, Laura Varela, Samblase La Serena, Lucia Ollarse y la carrera de ingeniería estadístiques y en la experiencia de datos de la Universidad de Valparaíso. Nosotros nos escuchamos el próximo viernes, que esté muy bien, cuídense mucho, lávense las manos, cierran cuertas y vatanas y dejen una lucrendida.

Podcast Summary

Key Points:

  1. El episodio explora las pesadillas desde una perspectiva científica, histórica y cultural, conectando mitos antiguos con hallazgos modernos.
  2. Se describe el "Síndrome de Muerte Súbita Nocturna Inexplicada" (SUNDS) en refugiados del sudeste asiático, vinculado a una mutación cardíaca (síndrome de Brugada) que inspiró la película *Pesadilla en Elm Street*.
  3. La obra pictórica *La Pesadilla* (1781) de Johann Heinrich Füssil representa el demonio "Mara" que oprime el pecho, reflejando la parálisis del sueño.
  4. Civilizaciones antiguas (sumerios, hebreos, escandinavos) atribuían las pesadillas a espíritus como Lilith o el íncubo, mientras que la ciencia moderna las explica como estrategias evolutivas (simulador de amenazas) o fenómenos neurológicos (estimulación del giro angular).
  5. Se mencionan casos famosos de pesadillas que inspiraron obras literarias y cinematográficas, como *Frankenstein* de Mary Shelley o *El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde* de Stevenson.
  6. Investigaciones actuales permiten reconstruir sueños mediante resonancia magnética y reducir pesadillas con estímulos sensoriales (sonidos o aromas) durante el sueño REM.
  7. Las pesadillas recurrentes (exámenes, persecuciones, parálisis del sueño) reflejan miedos universales como la pérdida de control o la ansiedad.

Summary:

El podcast narra cómo las pesadillas han sido interpretadas a lo largo de la historia, desde espíritus malignos en tablillas sumerias hasta fenómenos neurológicos modernos. Se destaca el caso de refugiados camboyanos que morían mientras dormían debido al síndrome de Brugada, una mutación cardíaca que inspiró a Wes Craven para crear *Pesadilla en Elm Street*. La pintura de Füssil *La Pesadilla* (1781) captura la parálisis del sueño, una experiencia común que hoy se sabe puede inducirse artificialmente estimulando el giro angular del cerebro.

La ciencia actual, con técnicas como la reconstrucción de sueños por resonancia magnética o la reducción de pesadillas mediante estímulos olfativos y sonoros, demuestra que el cerebro no solo recuerda el miedo, sino que lo fabrica como mecanismo evolutivo para prepararnos ante amenazas. Sin embargo, las pesadillas recurrentes (exámenes, persecuciones, tsunamis) reflejan ansiedades culturales y personales, como el miedo al fracaso o la pérdida de control. El episodio concluye que, pese a los avances, la línea entre ciencia y leyenda sigue siendo difusa: las pesadillas son visitas de una sombra que no se deja domesticar, un eco ancestral que sobrevive en nuestro cerebro.

FAQs

Es un fenómeno donde hombres jóvenes, especialmente refugiados del sudeste asiático, morían mientras dormían sin causa aparente. Se descubrió que muchos tenían una mutación en un canal de sodio del corazón, conocida como síndrome de Brugada, que podía desencadenar una fibrilación ventricular fatal durante el estrés de una pesadilla.

El cuadro de Fuseli, pintado en 1781, representa un demonio sentado sobre el pecho de una mujer dormida, reflejando la antigua creencia en espíritus que robaban el aliento. Hoy se sabe que esa opresión es un fenómeno neurológico, como la parálisis del sueño, donde el cuerpo no puede moverse al despertar.

Propuesta por el neurocientífico Antti Revonsuo, sugiere que las pesadillas son una estrategia evolutiva donde el cerebro ensaya peligros mientras dormimos para prepararnos emocionalmente para la vigilia, como un entrenamiento ancestral para sobrevivir mejor.

El director Wes Craven se inspiró en un artículo sobre el síndrome de muerte súbita en nocturnas (SUNDS), donde jóvenes morían mientras dormían. Esto lo llevó a crear a Freddy Krueger, un asesino que ataca en sueños, transformando una mutación cardíaca en un mito de terror.

Es un estado donde al despertar, el cuerpo no puede moverse ni hablar, a menudo acompañado de una presión en el pecho y la sensación de una presencia. Esto ocurre porque el cerebro despierta antes que el cuerpo, y puede ser inducido artificialmente estimulando el giro angular del cerebro.

Mediante la técnica de reactivación de memoria dirigida, se reproduce un sonido o aroma asociado a un recuerdo agradable durante el sueño REM. Un estudio de 2021 mostró que esto redujo la frecuencia de pesadillas en pacientes con trastorno de estrés postraumático en casi un 70%.

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