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S04E27 | Un melón con hongos

34m 54s

S04E27 | Un melón con hongos

La historia narra la vida de Alexander Fleming, desde su acceso a la medicina por una herencia fortuita hasta su decisión de dedicarse a la investigación en el laboratorio de Almroth Wright, influenciado por su talento en el rifle. Durante la Primera Guerra Mundial, sus estudios en el campo de batalla llevaron a avances como el uso de solución salina para heridas y la identificación de infecciones intrahospitalarias. En 1928, mientras investigaba bacterias, descubrió accidentalmente la penicilina al notar que un hongo del género Penicillium inhibía el crecimiento bacteriano. Sin embargo, su incapacidad para comunicar efectivamente sus hallazgos y purificar la sustancia hizo que el descubrimiento quedara en el olvido. Una década después, el equipo de Oxford, liderado por Howard Florey y Ernst Chain, retomó la investigación, logró purificar la penicilina y demostró su eficacia en animales con resultados "milagrosos". Aunque la publicación inicial no atrajo mucha atención, investigadores estadounidenses confirmaron los hallazgos, sentando las bases para el desarrollo del primer antibiótico, que cambiaría para siempre el tratamiento de infecciones y salvaría innumerables vidas.

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5059 Words, 31464 Characters

Spanish
Hola, soy Gabriel León y estás escuchando la Ciencia Pop. Un podcast sobre historias de Ciencia. Hoy les conté la historia de un joven talentoso que solo pudo estudiar en la universidad, gracias a que un tío murió y le dejó dinero suficiente como para estudiar medicina y cuando estaba a punto deirse, su talento con el rifle lo mantuvo en un laboratorio de investigación, algo que cambió para siempre la historia de la medicina moderna. Y las recuerdo que si les vueste este proyecto, lo pueden apoyar a través de mi página en Patreon. Para eso vayan a www.patreon.com/lacienciapop y se pueden escribir para hacer un aporte mensual a este podcast. Agradezco como siempre el apoyo de mis muy queridos Patrons, Beatriz Heldres, Juan Cati Pillán, Emma Yana Yenero, Paola Lagos, Sandra Marras, David Sanger, María Soledad Neira, Giovanni Rosales, Olivier Artigas, Sergio Yorgie Pinteira, Sergio Yuríespinosa, Felipe Abarzúa, Los Rojas Péredo, Felipe Palma, Mario Vicuña, Ariel Guerrero, Paola Oyerzún, Ronda Butler, Bruno Gisling, Silvana Cartagena y Gabriel Chimino, Natalia Moreno, la Serveseria Intrínzical, Maximiliano Alcayaga, Marjorie Leiton, La familia Poblete Villas, Gonzalo y Lorenzo San Martín, André Amendes, Guillermo Acuña, Edu Arnello, Sergio Flores, Sofia del Villar, Gabriel Álvarez Martínez Conde, Mister Corner, Bernilove, Juan Francisco San Martín, La familia Gutiérre Jorgera, Daniel Astúgrath, Juan Pablo Cortese, Gaill Yuehl, Javier Ocaranza, Jotaperes, Matías Azún, María Rosario Montero, y Martina Yegas Parfernandes. La gran Jaloxfield se encuentra cerca del pueblo de Darvel en Escócia, fue ahí donde nació Alex, el 6 de agosto de 1881, y junto con sus cuatro hermanos, solía jugar al Agriere Libre, recorriendo gran parte de la granja y desarrollando un gran interés por la naturaleza. Más tarde, la familia se mudó a Londres, y durante cuatro años, Alex trabajó en una oficina de transportes, hasta que ocurrió el primero de muchos hechos fortuitos que iban a ocurrir en su vida, y que tendrían consecuencias insospechadas. Su tío John murió y decidió compartir su herencia, una pequeña fortuna, no solo con sus hijos, sino que también con sus sobrinos y sobrinas. Así Alex recibió una buena suma de dinero, y aprovechó esta oportunidad para entrar a la Universidad a estudiar medicina. Su entusiasmo y dedicación lo llevaron a ganar cada premio que un estudiante de medicina podía ganar, y finalmente se graduó en 1906 de la Escuela de Medicina de Hospital Santa María de la Universidad de Londres, que hoy conocemos como imperio al colegio de Londres. Con sus antecedentes académicos, Alex bien podría haberse convertido en un médico independiente, un cirujano de renombre y, con un futuro brillante por delante. Sin embargo, ocurrió otra cosa. Resulta que en el hospital de Santa María, Alex participaba en el Club de Rifle, y en 1905 él y su compañero de equipo, John Freeman, habían ganado la Copa de los Pital. John ansiaba conseguir compitiendo y ganando más torneos, pero si Alex se iba, no tendría un compañero de equipo con tan buena pontería. Así que intentó convencerlo de que no se fuera. La cirugía es un desastre le dijo, es sangrienta y los pacientes mueren, quedaste trabajando en investigación clínica con nosotros, mi jefe, el doctor Almouth Wright, tiene una plaza disponible para un investigador médico joven, y es además un aficionado al Rifle, aunque claro, no tiene tan buena pontería como la tuya. Así que, Alex decidió quedarse, se unió al laboratorio de Almouth Wright y renunció a la práctica clínica de la medicina para dedicarse de lleno a la investigación biomédica, y claro, al Rifle. Fue así como Alex, se convirtió en investigador en el departamento de vacunas de la hospital Santa María en el verano de 1906, y trabajó ahí hasta el día de su muerte el año 1955. Mucho antes, cuando estalló la primera guerra mundial, Alex sirvió en el cuerpo médico del ejército inglés como capitán. Durante esa hierra, quedó claro que el poder de fuego era mucho más grande que en cualquier otra hierra anterior y los soldados heridos sufrían heridas terribles. Sin embargo, el enemigo número uno eran las infecciones. Las facterias presentes en el suelo, particularmente aquellas que se linkulan con las S's eran responsables de causar graves infecciones y el campo de batalla se convirtió en un improvisado al laboratorio. Por aquella época, el tratamiento más recomendable para tratar un herido infectada era lavarla con antisepticos moléculas que habitualmente hacían más daños que provocar beneficios en los pacientes. Las investigaciones realizadas en el campo de batalla por Alex demostraron que lo más beneficioso era lavar las heridas lo más pronto posible no con antisepticos, sino que sencillamente con una solución salina, algo que era mucho más efectivo que lo que se hacía habitualmente. Desafortunadamente este tratamiento solo funcionaba si se aplicaba en las heridas de manera reciente, aquellas que todavía no estaban muy infectadas, pero desafortunadamente la gran mayoría de los soldados solo era trasladada al enfermería cuando la infección ya estaba muy avanzada y había muy poco que hacer. Otra cosa interesante que lograron demostrar a partir de estos estudios en el campo de batalla era que originalmente las heridas de los soldados tenían una baja proporción de un tipo particularmente peligroso de bacteria, pero que luego de una semana en el hospital, esta bacteria estaba presente en el 90% de las heridas, lo que constituye una primera evidencia científica de las infecciones introspitalarias y lo fácil que extralar una bacteria de un paciente a otro. Fue también en el campo de batalla que los médicos descubrieron que podían sacar sangre de un donante y guardarla en contacto con una sustancia llamada citrato de sodio, lo que evitaba que la sangre coagulara y por lo tanto, podía usarse más tarde para una transfusión, evitando así las transfusiones directas de brazo a brazo. Así la sangre almacenada en botellas tratadas con citratos de sodio podía ser llevada directamente al campo de batalla, salvando a más soldados. De hecho, se hicieron más de 100 transfusiones de sangre de manera exitosa, usando esta técnica, hoy ampliamente utilizada en los bancos de sangre. Al terminar la primera guerra mundial, Alex volvió al laboratorio y en noviembre de 1921 ocurrió otro evento fortuito que tuvo resultados inesperados. Alex se refrió. Justo en ese momento, estaba realizando algunas placas de cultivo antes de eliminarlas y en un momento se dio vuelta y le dijo un colega que estaba con él en el laboratorio. Oye, esto es interesante y le mostró una placa en la que había cultivado bacterias junto con sus secresiones nasales de la época en que había estado refriado. La placa estaba cubierta con colores bacterenas amarillantas, excepto en la cercanía de las mucosidades que había sacado de su nariz y que había puesto intencionalmente en la placa. Intentó repetir el experimento con varias secresiones y en aquellos lugares donde puso extractos de sus mucosidades escribió "bacterias AF" por la sigla de su nombre, Alexander Fleming. Tras investigar más a fondo, Fleming descubrió la presencia de unas sustancias las mucosidades que inidía el crecimiento bacteriano y la llamó Lisozima. También descubrió la Lisozima en las lágrimas, la saliva, la piel, el cabello y las uñas. Pronto fue capaz de aislar grandes cantidades de Lisozima de la clara de huevo, pero el experimento posteriores descubrió que esta encima edificas sólo contra un pequeño número de bacterias, todas no dañinas. Alexander Fleming escribió un artículo científico al respecto y lo presentó sus colegas, pero ahí emergió una de sus grandes debilidades. No era un buen comunicador y finalmente sus ideas no lograron convencer a sus colegas y nadie les ilumbró lo interesante de sus hallazgos. Más adelante sería nuevamente la mezcla entre los eventos fortuitos y sus malas habilidades como comunicador, los que tuvieron una influencia gigantesca en el futuro de su trabajo. El 1 de septiembre de 1928, Alexander Fleming se convirtió un profesor de bacteriología de la escuela de medicina de la Hospital Santa María de la Universidad de Londres, a esa altura ya era un reconocido científico en el estudio de bacterias como los estáfilococos. Por aquella época, un grupo de investigadores había descrito que cuando bacterias como estáfilococos aurios eran crecidas en medios líquidos por más tiempo que el recomendado y luego esas bacterias se ponían en un momento. medio sólido las colonias que formaban eran anormales en color y apariencia. Esta observación fue realizada inicialmente cuando uno de los investigadores dejó un cultivo creciendo en el laboratorio y se fue de vacaciones y el volver decidió poner las bacterias en un medio de crecimiento sólido descubriendo la curiosa apariencia de sus cultivos. Alexander Fleming decidió investigar este fenómeno y le pidió a su investigador asistente llamado Merlin Price, que tratará de reproducir estos hallazgos. Sin embargo, Price se dio por vencido y dejó la bacteriología definitivamente en febrero de 1928 cuando pidió ser transferido al departamento de patología de hospital de Santa María. Enfrentado a este contratiempo, Alexander Fleming decidió realizar el experimento por sí mismo para ver qué ocurría con las bacterias. Afines de julio de 1928, Alexander Fleming se fue de vacaciones a su casa en Escócia, pero frecuentemente realizaba visitas al hospital para enterarse de las últimas novedades, conversar con sus colegas, recoger la correspondencia y por supuesto revisar sus experimentos. Fleming había dejado a las placas de cultivo a montonadas en un rincón del laboratorio para alejar el espacio a otro investigador llamado Stuart Kradock para que el pudiera trabajar mientras Fleming estaba de vacaciones. No solo eso, antes de irse de vacaciones, Alexander Fleming traspasó las bacterias a las placas de cultivo, pero no las dejó creciendo a la temperatura habitual, que es de 37 grados Celsius, sino que sencillamente las dejó creciendo sobre el mesón del laboratorio. Se ha determinado gracias a los informes meteorológicos de aquella época, que la temperatura en el laboratorio durante esos días del año 1928 fue un factor clave, ya que fue suficientemente baja para permitir que crecieran no solo las bacterias, sino que algo más que contaminó una de las placas de cultivo, algo que fue fundamental para un descubrimiento que Alexander Fleming realizó el un estrés de septiembre de 1928. Ese día Fleming volvió al laboratorio y examinó las placas de cultivo que había dejado a temperatura ambiente antes de irse. Ese día, su amigo, el asistente del laboratorio Price, pasó a saludarlo y Fleming se quejó que debido a su partida, él ahora tenía que hacer mucho trabajo. Tomó la primera placa que había su alcance y la examinó y en ese momento le dijo "Hm, that's funny". ¿Qué curioso? Lo que Alexander Fleming estaba observando es que un hongo de color verdoso había contaminado la placa de cultivo y alrededor del hongo las bacterias que estaban creciendo lentamente y que fueron cultivadas a temperatura ambiente no habían podido crecer. Price pensó que era algo muy parecido a la llago de la liso cima y se fue siempre estarle mucha atención. Sin embargo, para los ojos expertos de Fleming lo que estaba viendo era algo completamente distinto. El hongo había producido algo que inivía el crecimiento bacteriano y rápidamente determinó que se trataba de un hongo del género penicilium y lo que estaba produciendo fue optizado como penicilina, el primer antibiótico descubierto en la historia. Una cosa interesante de este descubrimiento es que los hongos fueron usados durante siglos para tratar infecciones bacterianas y existen innumerables relatos del uso de mezclas de hongos para tratar diferentes tipos de infecciones. De hecho, en el folclor polaco se consejaba a lavar las heridas infectadas con una mezcla de pan remojado con telas de araña que habitualmente son muy ricas en esporas de hongos. Sin embargo, hasta ese momento, nadie había asociado un hongo en particular con un efecto tan marcado en la inhibición del crecimiento bacteriano en condiciones controladas, tal como lo hizo Alexander Fleming en el verano de 1928. Otra cosa interesante de este descubrimiento es que habitualmente se le atribuye un papel importante a la aparente desproligidad y desorden de Alexander Fleming en el laboratorio, lo que habría contribuido a su descubrimiento. Sin embargo, no es cierto que haya dejado olvidada las placas en el laboratorio durante sus vacaciones. Las dejó ahí intencionalmente porque estaba tratando de entender lo que ocurría cuando las facteras crecían a baja temperatura. Por otro lado, subieses sido un tipo de cuidado, no habría podido hacer el descubrimiento, ya que sólo la observación detenida de cada una de las placas que tenía frente a él, le habría permitido de realizar la observación que cambió el curso de la historia. Alexander Fleming rápidamente se dio cuenta de que él, que los médicos especialistas en infecciones bacterianas, carecía de los conocimientos en bioquímica para purificar en grandes cantidades de la penicilina. Y fue así como recurrió a la ayuda de sus colegas. En enero de 1929, Alexander Fleming reclutó al joven bioquímico Frederic Ridley, una antigua estudiante de investigación que había pasado por su laboratorio, para que estudiara las propiedades químicas de longo y la penicilina, pero nunca pudo aislarla, que antes de terminar los experimentos, se había ido a otro trabajo. Fleming decidió abandonar su investigación en torno a los aspectos químicos de la penicilina, y finalmente abandonó estaria de investigación en 1929. Antes de eso, informó sus hallagos al British Journal of Experimental Pathology, publicando un artículo el 10 de mayo de 1929, y también en un número del más siguiente, pero ninguno de los dos artículos atrajo mucha atención. La falta de habilidades comunicacionales le pasó nuevamente la cuenta Fleming, quien no logró entusiasmar a casi nadie con sus hallagos. Partí importante esta falta de entusiasmo probablemente tiene que ver con el hecho de que Fleming no promocionó los aspectos más clínicos del uso de la penicilina, y se limitó a comentar su utilidad para el aislamiento de bacterias. Uno de los pocos científicos que sentucia asmoco los hallagos del Alexander Fleming fue el investigador de la Universidad de Oxford George Dreyer, quien le pidió una muestra de lengua Fleming, pero lo hizo porque pensó que el efecto inhibitorio sobre el crecimiento bacteriano podría estar relacionado con la acción de algún virus, pero rápidamente descartó esto, y también perdió el interés por el longo, aunque por alguna razón decidió seguir cultivándolo hasta el día de su muerte dejando una muestra guardada en la Universidad de Oxford. Lentamente el trabajo de Fleming pasó a lo olvido y se convirtió en algo que alguien alguna vez escuchó en un oscuro pasillo de alguna universidad. Tuvieron que pasar 10 años desde la primera observación de Fleming para que la penicilina volviera a generar interés. Eso ocurrió cuando en 1939 un joven bioquímico alemán llamado Ernest Chain y que recién había llegado a trabajar a la Universidad de Oxford descubrió el artículo científico que Fleming había publicado en 1929. Le pareció tan interesante lo que le dio que convenció a su jefe, el farmacólogo de origen australiano Howard Florey, de que intentaran aislar la penicilina. El primer paso era conseguir fondos y para eso escribir un proyecto de investigación suficientemente amplio como para abordar diferentes aspectos de la penicilina e incluir a especialistas de diferentes áreas, algo que hoy es bastante común pero que en esa época era muy inusual. Luego de conseguir los fondos vino el primer desafío, conseguir una muestra de longo. Esto fue bastante fácil, ya que los investigadores averiguaron que en la Universidad de Oxford había una muestra guardada y que había sido enviada años atrás por el mismísimo Fleming. El equipo de Oxford descubrió que el longo comenzaba a producir y secretar penicilina entre los 10 y 20 días después de comenzar el cultivo. El equipo tuvo que diseñar y mandar a fabricar recipientes de cerámicas especiales para crecer el longo y determinaron cuáles serán las condiciones ideales para que el longo creciera y produjera penicilina. Luego de eso vino el desafío más grande, aihilar y purificar la penicilina desde las secreciones del hongo. El proceso de purificación fue avanzando paso a paso hasta que finalmente lograron purificar la penicilina en cantidades suficientes como para comenzar a probar la combactéria sin cultivo y más tarde comenzaron a darse la por diferentes vías animales de laboratorio para determinar la toxicidad de la penicilina. Los primeros ensayos de toxicidad fueron realizados en ratas, ratones, conejos y gatos y lograron determinar que la penicilina administrada por viooral era destruida en el estómago mientras que cuando se inyectaba era eliminada rápidamente y sin modificaciones en la orina. Lo más importante, la penicilina no resultó tóxica en ninguno de los animales tratados y esto resultó tremendamente fortuito. Llega años más tarde se descubrió que debido a mecanismos muy específicos la penicilina es letal en hamsters y conejillos de indias dos animales de laboratorio que el equipo de Oxford no utilizaba. Sobieran descubierto que la penicilina podía ser letal es muy probable que las investigaciones con respecto a sus osos clínicos nunca subieran llevado a cabo. Con los resultados de toxicidad a la vista el sábado 25 de mayo de 1940 a la 11 de la mañana se llevó a acabo el primer ensayo de efectividad de la penicilina en animales del laboratorio infectados. Esa mañana, ocho ratones fueron inyectados por una bacteria particularmente letal y de esos, cuatro además recibieron una dosis de penicilina. A las tres y media de la mañana del domingo, menos de 24 horas después de inyectar las bacterias, los cuatro ratones infectados que no recibieron penicilina estaban muertos. Por otra parte, los cuatro ratones que habían sido tratados con penicilina estaban vivos. Los resultados fueron calificados como milagrosos. El equipo de Oxford repitió estos experimentos con un número cada vez mayor de animales, usando varias bacterias diferentes. Lo lograron establecer que la penicilina no mataba a las bacterias, sino que impedía que se multiplicaran. Finalmente el equipo publicó sus hallagos el 24 de agosto de 1940, describiendo a la penicilina como una gente quimioterapéutico. El artículo no atrajo la atención y aparentemente todavía no estaba claro el enorme potencial de la penicilina. Quien le dio el artículo y se sintió muy interesado fue el mismísimo Alexander Fleming, que viajó a Oxford a visitar al equipo de investigadores quienes lo pasearon por las instalaciones y le explicaron el proceso de producción y purificación de penicilina. Curiosamente, Fleming no les hizo ninguna pregunta, no realizó ningún comentario y tampoco los felicito por el trabajo. En el aire quedó la sensación de que de alguna manera, Fleming sentía que su trabajo había sido aprovechado por otros quienes se llevarían todo el crédito. No estaba del todo contento. Al otro lado del Atlántico, una muestra de longo aislado originalmente por Fleming estaba creciendo desde 1935 en el hospital Jones Hopkins, esperando pacientemente que llegara su momento. Y eso ocurrió cuando varios investigadores de la Universidad de Columbia leyieron el artículo del equipo de Oxford. Inmediatamente, vislumbraron el enorme potencial terapéutico de la penicilina y consiguieron la muestra del longo que estaba en Jones Hopkins, comenzaron a crecerlo el 23 de septiembre de 1940 y probaron la penicilina contra una bacteria solo una semana después, confirmando todas las observaciones del equipo de Oxford. Completamente deslumbrados por los efectos de la penicilina y todavía sin tener datos de toxicidad en humanos, el equipo de Columbia decidió probar la penicilina en dos pacientes humanos adultos el 15 de octubre de 1940. Esa dos personas, Aron Alston y Charles Aronson, se convirtieron en las primeras de la historia en recibir un tratamiento con penicilina. Había comenzado así, la era de los antibióticos. Mientras tanto, el equipo de Oxford decidió hacer un ensayo de toxicidad en seres humanos. El Valkers, una mujer que tenía cáncer y que estaba en su etapa terminal, sofreció como voluntaria para probar los posibles efectos tóxicos de la penicilina y el 17 de enero de 1941 recibió por día intravenosa 100 milígramos del antiviótico. No presentó ningún efecto adverso severo, salgo una fiebre leve que fue atribuida al uso de penicilina que no estaba completamente pura. El equipo de Oxford decidió entonces mejorar su método de purificación y prepararon una muestra de penicilina de 80 litros la que purificaron hasta obtener penicilina suficientemente pura y en una cantidad adecuada como para tratar a un ser humano. Solo faltaba encontrar al candidato ideal. Afinas de 1940, un oficial de la policía de Oxford llamado Albert Alexander, sufrió heridas en su rostro luego de un bombardeo alemán. Suceridas se infectaron gravemente y en las semanas siguientes se llenó de accesos. La enchazón era tan grande que los médicos tuvieron que removerle el ojo derecho para evitar el dolor derivado de la compresión. El hombre estaba grave y ningún tratamiento había funcionado. Era el candidato ideal para probar la penicilina. El 12 de febrero de 1941 Albert Alexander recibió 160 milígramos de penicilina por bien travenosa e inmediatamente mostró una mejoría. Su fíjore bajó y su estado dánimo mejoró, recuperó el apetito y todo parecía sugerir que se recuperaría. Fue en ese momento que el equipo de Oxford se enfrentó con un problema gigantesco. Un ser humano adulto pesa 3.000 veces más que un ratón y por lo tanto se necesitaban cantidades gigantescas de penicilina para poder tratar una infección grave como la que tenía Albert Alexander. Luego de cinco días de tratamiento, la penicilina disponible se terminó y si bien el equipo intentó recuperar desde la orina la penicilina que Alexander eliminaba, esto no fue suficiente. Luego de unas semanas la infección volvió con fuerza y finalmente el policía murió el 15 de marzo de 1941. La penicilina era efectiva pero si se quería usar para tratar infecciones graves en adultos, era necesario producirla en cantidades mucho más grandes. Había que pasar del laboratorio a la fábrica. El problema más grande que enfrentaron los equipos de trabajo que estaban intentando producir penicilina era que el hongo aislado originalmente por Alexander Fleming producía cantidades relativamente pequeñas de estantiviótico. Los científicos sabían que debía existir algún tipo de hongo que por sus características naturales produjiese una cantidad mucho mayor de penicilina y por lo tanto se lanzaron de lleno a buscar por todas partes donde podría estar ese hongo. En Estados Unidos esta misión que o en manos del departamento de agricultura, particularmente del laboratorio de investigación regional del norte, que se encuentra en la ciudad de peoria áilinois. En ese laboratorio ya se había estado cultivando desde 1941 el hongo que originalmente había aislado en Londres Alexander Fleming pero los resultados que estaban teniendo hacían imposible pensar en la producción a gran escala de penicilina. Fue en ese momento que los investigadores decidieron comenzar una campaña para recolección de hongos desde cualquier fuente que fuera prometedora. De esta manera, usualmente tomaban muestras del suelo, de cocinas, restaurantes, de basureros, de verdulerías, supermercados y cualquier lugar desde el cual se pudiera aislar un hongo que estuvieran aparentado con el que originalmente había aislado a Alexander Fleming pero que produjera grandes cantidades de penicilina en las condiciones de cultivo que se habían diseñado pensando en la escala industrial. La búsqueda de estos hongos que fueran grandes productores de penicilina involucró al cuerpo de transporte del armado de Estados Unidos quienes enviaron desde todos los rencones del mundo muestras para que los investigadores pudieran estudiarlas en el laboratorio, así como también muestras derivadas de todos los rencones de Estados Unidos. Pero claro, a veces no es necesario mirar tan lejos. Cuando yo era niño había una serie de dibujos animados que contaba la historia de una niña que estaba buscando la flor de siete colores y la buscó por todos los lugares del mundo para finalmente descubrir que siempre había estado en su casa. Bueno, con el hongo de la penicilina pasó algo parecido porque luego de buscar en todo el mundo la clave estaba escondida en el mismo pueblo de peoria en Illinois. En este punto, las historias confusa y existen en los menos dos versiones. Una de las versiones dice que una trabajadora del laboratorio llamada Mary K. Hunt y que había estudiado de bacteriología y salud pública llegó un día en laboratorio con un melón que había comprado en una frutaria local. El melón llamó a su atención no por su atractivo sino porque justamente estaba contaminado con un hongo. Mary K. Hunt removió el hongo del melón y lo apartó para poder cultivarlo, mientras que la parte de la fruta que estaba comestible la repartió entre sus compañeros del laboratorio quienes dijeron que era el melón más sabroso que habían copido en sus vidas. Curiosamente fue esa muestra de hongo llamada originalmente PP46Ai y que hoy se conoce con el nombre de N-R-R-E-M-951, fue la que produjo la mayor cantidad de penicilina en las condiciones de cultivo utilizadas en el laboratorio, produciendo varias veces la cantidad de penicilina que producían otros hongos similares habían encontrado al hongo que estaban buscando. Una segunda versión de esta historia y que es la que cuenta el jefe del laboratorio es que una mujer desconocida que sabía que los investigadores estaban recolectando hongos, fue a entregar al laboratorio un melón que ella encontró y que contenía el hongo que finalmente se convirtió en el mayor productor de penicilina de su época. Como sea, esa mujer desconocida fue llamada Molly Mary, algo así como María la del hongo y si bien no existe claridad con respecto a la identidad de esa mujer, todas las versiones coinciden en el hecho de que el hongo clave para producir penicilina en grandes cantidades y que salvo de morir a millones de soldados durante la segunda guerra mundial salió de un humil de melón. Más tarde los investigadores irradiaron este hongo con rayos X y con rayos ultravioleta para producir variedades mutantes de este hongo que producían varias veces más penicilina que la muestra aislada originalmente del melón. Con esto, varias compañías farmacéuticas desarrollaron formas para producir la penicilina que eran mucho más eficientes y eso permitió acelerar la producción de esta droga en países como Australia, Canada. Japón, Estados Unidos y al Reino Unido. De la mano con eso se descubrió que había varias formas de la penicilina, siendo la más potente aquella que era conocida como penicilina 2 o penicilina G, y cuyo nombre químico es Benzill penicilina. A mediados de la década de 1940, un conflicto que originalmente nadie había previsto apareció en la historia de la penicilina, cuando en Estados Unidos se patentaron los métodos para producir y aislar la penicilina, algo que la convirtió en un producto farmacéutico comercializable y cuyo precio dependería del mercado. Cuando Alexander Fleming se enteró de esto, comentó que él le había dado a la penicilina gratis a la humanidad, y que no le parecía bien que ahora se convirtiera en un molopolio que iba enriquecer a otro país. La polémica con respecto a las patentes sobre la producción y uso de la penicilina generó un impacto de tal magnitud en el Reino Unido que la discusión terminó con el nacimiento en junio de 1948 de la corporación para el desarrollo de la investigación nacional, una entidad gubernamental que se encarga a administrar todas las patentes que son producidas a partir de investigaciones realizadas con fondos públicos. El 25 de octubre de 1945, la Asamblea del Premio Nobel en el Instituto Carolinska, anunció que el Premio Nobel de Fisilogío Medicina de Ceeaño sería compartido en partes iguales por Alexander Fleming, Ernst Chain y Howard Florey, por el descubrimiento de la penicilina y la determinación de sus efectos curativos para varias enfermedades. Mastar de 1964, la investigadora Dorothy Hoshkin recibió el Premio Nobel de Química por la determinación de la estructura de varias sustancias importantes, incluyendo a la penicilina, gritándose así, en la tercera mujer en la historia en ganar el Premio Nobel de Química, después de Barikurí en 1911 y de Suija Irene Yolyot Kuri en 1935. Una de las cosas más interesantes de la historia del descubrimiento de la penicilina es que en su discurso de aceptación del Premio Nobel, Alexander Fleming en dijo que llegará un tiempo en el que la penicilina será comprada por cualquiera en cualquier tienda. Ahí existe un peligro de que aquellos que ignoran fácilmente pueden utilizarla de mala manera, exponiendo sus microorganismos a dosis no letales de la droga y por lo tanto, haciendo a estos microorganismos resistentes a la penicilina. Hoy lamentablemente esa predicción del Alexander Fleming es una realidad y el mal uso de muchos antibióticos ha generado una enorme cantidad de bacterias que causan enfermedades graves en seres humanos y para las cuales ya casi no existe ningún tratamiento efectivo debido a que han desarrollado resistencia derivada del mal uso repetido en el tiempo de los antibióticos. Este hecho se ha convertido en uno de los peligros más grandes salud públicas y se estima que para el año 2050 se producirán anualmente 10 millones de muertes derivadas de la resistencia antimicrobiana. Deo esto existe su urgencia por controlar de mejor manera la compra y administración de antibióticos y por otro lado, definanciar nuevas investigaciones que nos permitan encontrar otras moléculas distintas a las que actualmente tenemos, las que nos permitan combatir al número pequeño pero peligroso de bacterias que pueden causar enfermedades graves en los seres humanos. Y así hemos llegado al final de esta interesante historia, espero que la hayan disfrutado. Y yo me despido como siempre, agradeciendo el apoyo de mis muy queridos Patrons. Cristina Taisa, Andrés Altamirano, Sebastián Toledo, Alberto Monti Laura, Germain Arallar-Nan y Lucas Castillo, Ana Lucia Luna, Simón Castillo Riedemann, Luciano Sisterna, Ricardo Yañez, Fernando Montenegro, Matías Banderstraten, Francisco de la Fuente, la familia Flores Noguer, Cristian Fraser, la familia Halesman von Desauher, Giuseppe Carufo, David Pelado Pérez, Sebastián Humáña, Mitchell Varó, la familia Ser Parrebolledo, Pablo y Milesita Villalogos, la familia Tanus Ramos, Rosario Calderón, Pedro Castillo, Adrián Cataldo, José Luis Cuyoa, Marcela Martínez, Cristóbal Lorellana, Florencia Castañeda, Mauricio Silva, la familia Yurim Martínez, la odio Ayaro Suitoña, Sirilo Fedeipola, Alejandra Díaz, Fernando Aralla, la familia de la Cruz Morales, Claudia Torres, Alberto Posso, Coscas Ivanya, Pilar Calderón, la familia Fuente Sjónfeld y la familia Ties Ríos. Nosotros nos volvemos a escuchar el próximo viernes que esté muy bien, cuídense mucho, lávense las manos y por supuesto que la ciencia nos acompaña. [Música]

Podcast Summary

Key Points:

  1. Alexander Fleming pudo estudiar medicina gracias a una herencia inesperada y se unió a un laboratorio de investigación por su habilidad en tiro al rifle, abandonando la práctica clínica.
  2. Durante la Primera Guerra Mundial, Fleming descubrió que lavar heridas con solución salina era más efectivo que con antisépticos, y evidenció infecciones intrahospitalarias.
  3. En 1928, Fleming descubrió accidentalmente la penicilina al observar que un hongo inhibía el crecimiento bacteriano, pero su falta de habilidades comunicativas y dificultades para purificarla relegaron el hallazgo al olvido.
  4. Una década después, el equipo de Oxford liderado por Florey y Chain retomó la investigación, purificó la penicilina, demostró su eficacia en animales y publicó los hallazgos, aunque con poca repercusión inicial.
  5. Investigadores estadounidenses confirmaron los resultados, y la penicilina, tras superar desafíos de producción y toxicidad, se convirtió en el primer antibiótico, revolucionando la medicina moderna.

Summary:

La historia narra la vida de Alexander Fleming, desde su acceso a la medicina por una herencia fortuita hasta su decisión de dedicarse a la investigación en el laboratorio de Almroth Wright, influenciado por su talento en el rifle. Durante la Primera Guerra Mundial, sus estudios en el campo de batalla llevaron a avances como el uso de solución salina para heridas y la identificación de infecciones intrahospitalarias. En 1928, mientras investigaba bacterias, descubrió accidentalmente la penicilina al notar que un hongo del género Penicillium inhibía el crecimiento bacteriano.

Sin embargo, su incapacidad para comunicar efectivamente sus hallazgos y purificar la sustancia hizo que el descubrimiento quedara en el olvido. Una década después, el equipo de Oxford, liderado por Howard Florey y Ernst Chain, retomó la investigación, logró purificar la penicilina y demostró su eficacia en animales con resultados "milagrosos". Aunque la publicación inicial no atrajo mucha atención, investigadores estadounidenses confirmaron los hallazgos, sentando las bases para el desarrollo del primer antibiótico, que cambiaría para siempre el tratamiento de infecciones y salvaría innumerables vidas.

FAQs

Gracias a la herencia que recibió tras la muerte de su tío John, lo que le proporcionó los fondos necesarios para matricularse en la Universidad de Londres.

Su compañero del Club de Rifle, John Freeman, lo convenció de unirse al laboratorio del Dr. Almroth Wright en lugar de ejercer como cirujano, ofreciéndole un puesto de investigador médico.

Demostró que lavar las heridas lo antes posible con solución salina era más efectivo que usar antisépticos, reduciendo las infecciones en el campo de batalla.

La lisozima es una sustancia que inhibe el crecimiento bacteriano, descubierta por Fleming en 1921 al observar que sus secreciones nasales impedían el desarrollo de bacterias en una placa de cultivo.

En septiembre de 1928, notó que un hongo del género Penicillium había contaminado una placa de cultivo e inhibía el crecimiento bacteriano a su alrededor, identificando así el primer antibiótico.

Fleming carecía de habilidades comunicativas y conocimientos bioquímicos para purificarla, por lo que su hallazgo pasó desapercibido hasta que investigadores de Oxford lo retomaron una década después.

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