Relatos Macabros de Turnos Nocturnos - Octubre de Relatos vol. 3
35m 41s
Un médico cuenta una experiencia en una clínica rural en la montaña, donde durante la madrugada, en medio de la oscuridad, ve una figura que parece ser una persona con cara de mujer, alas y cuerpo grande, que se acerca caminando en dos patas. Aunque inicialmente ignora las advertencias locales sobre brujas, la situación lo impacta profundamente, y se hace más precavido. La figura desaparece sin dejar rastros, pero el incidente se repite en otros relatos de personal de la clínica, quienes afirman haber visto a una anciana vestida como niña en el cuarto piso, especialmente en noches tranquilas. Aunque nadie sabe su identidad, todos reconocen haberla visto antes, lo que sugiere una presencia habitual, casi mística, en el lugar. El narrador, motivado por curiosidad y respeto a quienes trabajan en esas horas, decide investigar con personas que aún trabajan allí para descubrir si esa figura tiene una explicación real o se trata de una tradición local. A pesar de la inexplicabilidad, el relato resalta la vulnerabilidad y el aislamiento de quienes trabajan de madrugada, y pide respeto a quienes enfrentan esas noches oscuras. El episodio no solo narra un evento aislado, sino que expone una cultura compartida de miedo, memoria y sospecha en entornos aislados.
[Música] Entonces, que llegué a la clínica en ese pueblo en la montaña, va a ser mi servicio, la gente me dijo algo, que tuviera cuidado porque iba a dormir solo, que no le abrirá a nadie que se acercara en la noche. Pense que se estaban burlando de mí, pero pronto descubriría que hablaban en serio. [Música] Los turnos no turnos han sido un combustible constante para relatos de la noche, pero nunca habíamos hecho un episodio especial hasta hoy, porque no solo vamos a hablar de guardias o veladores, sino de toda la gente que tiene que trabajar en esas horas oscuras. Este tema se dividirá en dos partes, y hoy empezamos con hospitales y clínicas. Va dedicado por supuesto este episodio a todo el mundo que nos escucha mientras trabaja de madrugada, mientras toda la gente dorme. Nosotros los vamos a acompañar. Estás escuchando relatos de la noche. [Música] Hola, querida comunidad de relatos de la noche. Soy médico y lo que les voy a contar me ocurrió cuando estaba haciendo mis prácticas, hace ya algunos años. Me mandaron a una comunidad pequeña en Puebla, bastante alejada del ciudad donde ya habia estudiado. Y durante varios meses se vi prácticamente dentro de la clínica que trabajaba. La clínica entre comillas en realidad era una casa que había adaptado. Tenía un pequeño consultorio, un espacio donde podíamos atender algunas urgencias, una farmacia muy básica y un par de habitaciones. Una de ellas era para mí. Durante el día siempre había gente entrando y saliendo, iban algunas enfermeras, personas de la comunidad, pacientes, familiares. Pero después de cierta hora todo se iba ni yo me quedaba solo. Eso era parte del trabajo. Si durante la madrugada alguien tenía una emergencia poder abuscarme y yo tenía que atenderlo. La clínica estaba en la parte alta del pueblo. Para llegar había que subir por un camino y después a las últimas casas prácticamente comenzaba el monte. Desde ahí se alcanzaban a ver algunas luces abajo, pero se atras de la clínica no había casi nada. Árboles, terrenos y caminos que yo nunca terminé de conocer bien. Para mí todo aquello era nuevo. Yo venía de una ciudad y estaba acostumbrado a tener vecinos, coches pasando, alumbrado, el ruido durante la noche. Pero ahí después de cierta hora, parecía que el pueblo entero desaparecía. Desde el primer día cuando se empezaba a ser tarde, gente del pueblo me hizo una advertencia que yo no tomé demasiado en serio. Me pidieron que por las noches se rara bien, que si escuchaba algo afuera, no fuera salir. Y sobre todo, que no le abriara la puerta a nadie después de cierta hora. Yo les pregunte por qué. Pensé que me estaban advirtiendo de asaltos o de gente tomada porque en algunas comunidades si tienes que tener ciertas precauciones cuando estás solo, había escuchado historias terribles, sobre todo de mis compañeras. Pero me dijeron que no era por eso, que era por las brujas, que algunas noches bajaban del monte. Yo obviamente no les creí. O sea, era médico. En ese momento demás era bastante joven y probablemente tenía esa seguridad que tienes cuando acabas estudiar una carrera. Y sientes que todo debe tener una explicación y que tú lo sabes. Para mí las brujas eran una credencia de la gente del campo. Algo que seguramente habían escuchado sus padres y ellos de sus abuelos y que así seguían repetiendo. Incluso recuerdo que les dije que si alguien llegaba durante la madrugada, yo iba a abrir porque para eso estaba ahí. Si una persona caminaba hasta la clínica las dos o tres en la mañana porque tenía una emergencia, yo no podía dejarla fuera porque alguien me había dicho que había brujas. Algunas personas se rieron, pero una vigita que acababa de revisar. Me dijo que hiciera lo que quisiera. Solamente que antes de abrir, mirara muy bien. Quien estaba del otro lado. No llevaba ni una semana viviendo la clínica cuando esto pasó. Esa noche me había quedado espierto esta tarde. No recuerdo exactamente que estaba haciendo. Probablemente leyendo, va adelantando algunas cosas del trabajo. Pero en algún momento me acusté y me quedé dormido. Me despertó un brujo afuera. Al principio pensé que había llegado a alguien. Me quedé escuchando desde la cama y volvía a oír movimiento cerca de la entrada de la clínica. Todavía no eran golpes. Era. hasta difícil saber que estaba escuchando. Pero había movimiento. Había a alguien afuera. Lo primero que pensé fue que alguien necesitaba ayuda, claro. Por eso me levanté y salí de la habitación. La clínica estaba completamente oscura. Pero para ese momento ya conocía perfectamente el camino hasta la entrada. No encendí las luces porque todavía estaba medio dormido. Me acercé a la puerta y traté de mirarse afuera. Y ahí me di cuenta de algo que todavía no había notado en los días anteriores. Que no se veía absolutamente nada. Yo conocía los curidad, por supuesto. Pero nunca había estado en un lugar donde la noche fuera así. No había puesto ese luz cerca de la clínica. No había coches pasando. Las pocas luces del pueblo estaban abajo y hasta el monte no había nada. Desde la puerta solamente veía oscuridad. Me quedé un momento intentando distinguirse a alguien. Y entonces fui algo arriba. Parecía como un pájaro. Era una forma oscura que venía descendiendo. Y no cayó de golpe. Bajo como si veniera planeando desde algún punto que yo no alcanzaba a ver. Y terminó en el terreno que estaba frente a la clínica. Solo entonces pude distinguir su tamaño. Era enorme. Era obvio que tenía el tamaño de una persona. Me quedé mirando sin entender que estaba viendo. Recuerdo perfectamente que mi cabeza intentaba acomodarlo dentro de algo conocido. Tense una vez grande. Algo animal de la zona que yo nunca había visto. Incluso pensé que los curidad me estaba haciendo calcular mal la distancia. Y por eso parecía mucho más grande de lo que realmente era. Pero entonces comenzó a acercarse. Y caminaba en dos patas. Bueno, caminaba eso en decir. Se aproximaba de una manera rarísima. Dando pequeños perincos mientras avanzaba. ¿Cómo hacen algunas aves cuando están en el suelo? Se acercó lo suficiente para que pudiera verla mejor. Tenía alas. Tenía el cuerpo cubierto de algo que parecía en pluma, soscuras, negras. Casi como pelo. Pero la cabeza comunidad no era la de un ave. No tenía pico. Y. Y sé cómo suena lo que estoy a punto de decir, pero. Tenía cara. Tenía la cara de una mujer. También tenía cabello. Cabello largo que le caía alrededor de la cara. Ya ni sé cuánto tiempo me quedé mirando. Probablemente muy poco. A lo mejor un segundo nada más. Lo único que recuerdo es el momento en que entendí que aquello estaba acercándose la clínica y reaccioné. Me leje de la porta, regresé prácticamente corriendo a mi habitación y se re. Y les juro que me metí de abajo de la cama. Me han preguntado mucho ¿por qué no hice ciertas cosas? ¿Por qué no salía a buscar algo para defenderme? ¿Por qué no intenté mirar por otra ventana? ¿Por qué no pensé en tomar una fotografía? Todas esas cosas que una imagina hasta después. ¿En qué habríamos hecho en una situación así? Para mí desaparecieron completamente en ese momento. ¿Me escondí? Y entonces tocaron la puerta de la clínica. Yo intenté ni siquiera respirar. No hacer el más mínimo de los sonidos. Volvieron a tocar. Y me acordé inmediatamente de lo que yo mismo había dicho unos días antes. Que si alguien llegaba durante la matrucada, yo iba a abrir que era médico, que era mi obligación. Pues esa noche se me olvidó mi obligación, mi juramento, porque no iba a abrir esa puerta. Pase mucho tiempo ahí, debajo de la cama, horas probablemente.
de ser carme al entrada. En algún momento dejaron de escucharse ruidos y yo me quedé encerrado en mi habitación esperando que amaneciera. Cuando comenzó a verlos, salí. Revisé el entrada y no encontré nada que pudiera explicar lo que había visto. Mi animal muerto, ni plumens, no había huellas de nada que yo pudiera reconocer. Tampoco había nadie esperando atención. Ya más tarde va a caer al pueblo y terminé contándoles lo que había pasado. Yo esperaba que se rieran de mi, que me dijeran que me lo habían advertido, que se burlaran porque ahora sí volví a lleno de miedo, pero nadie se rió. La gente que estaba ahí comenzó a hacerme preguntas, querían saber cómo se movía esa cosa, de ese donde le había visto va a caer, que tan cerca había llegado de mi. Una señora me preguntó específicamente si le había visto la cara, y le dije que sí, que parecía la cara de una mujer, y para ellos eso fue suficiente. Esa misma tarde llegaron varias señores a la clínica. Yo todavía no entendía muy bien que estaban haciendo, pero tampoco estaban condiciones de decirles que no. Llevaron unas cosas preparadas por ellas y comenzaron a tirar un polvo blanco alrededor de la clínica, después que marro un ramas y recorrieron las habitaciones con el humo. Entraron al consultorio, al espacio donde atendía la gente, a mi habitación, pasaron por las puertas y por las ventanas. También me hicieron una limpia a mí. Me dijeron que había tenido a una bruja demasiado cerca, y que era mejor hacerlo. Antes de irse una de las señoras me dio una muleto, me explicó que debía llevarlo con mi gum, mientras estuviera viviendo ahí, según ella servía para mantener las lejos. Unos días antes, probablemente me habría dado risa, pero entonces me lo puse sin dudarlo, y lo usé durante todo el tiempo que me quedaba de prácticas. Ya nunca volví a ferar aquello, tampoco volvieron a tocarme la puerta durante la madrugada. Terminé mis prácticas, regué la muleto antes de seguirme como me dijeron, y regresé a la ciudad. Unico que siguió corriendo algunas noches, allí en la clínica, era algo que después de lo que había visto, preferí no investigar, preferí ignorarlo por completo. De esa mi habitación, cuando todo el pueblo estaba en silencio, a veces escuchaban mujeres riendose, muy lejos, por el lado del monte, o la comunidad de relatos a la noche. Durante mucho tiempo, tuve la costumbre de ir al cine de los lunes por la noche. Empezarlo por mi novia, en ese tiempo ya trabajaba los lunes y descanzaba los martes, así que yo pasaba por ella cuando salía y nos íbamos al cine. Siempre nos tocaban funciones tarde, a la hora que salía, y el martes no tenía que levantarse temprano, así que nunca nos importó. Es más, creo que hasta lo disfrutábamos. Durante todos los años que andoé con ella, se volvió una rutina de esas que hacíamos sin pensarlo. Los lunes eran diez a cine, y después terminamos. No voy a contarles toda la historia porque no tienen nada que ver con esto, y no quiero que se trate de eso tampoco, pero durante un tiempo me costó dejar algunas de las cosas que hacíamos juntos, y una de ellas fue esa, se quigiendo el cine en los lunes. Al principio sí se sentía raro y solo, pero después hasta me empezó a gustar. Podía ver lo que quisiera, escoger cualquier horario, y empecé también a conocer otros cines porque ya no tenía que pasar por ella el trabajo. Si encontraba una película que quería ver en un cine que estabamos lejos, simplemente iba. Así llegue una noche un centro comercial que yo no conocías, entonces. Era una plaza bastante vieja, y se notaba que sus mejores tiempos hacían mucho que habían pasado. Todavía funcionaba, pero tenía muchos locales vacíos, y no había ya casi gente. El cine además estaba en una de las partes más alejadas de la plaza, y también se veía viejo. Hasta olía, viejo. Creo que precisamente por eso todavía tenía una película que yo quería ver, y que ya habían quitado de casi todos lados. Compre voleto para la última función. Cuando entrar a la sala me di cuenta de que estaba completamente solo. Eso no me pareció raro. Era una película como "De arte", y además era el lunes. La función empezaba tarde y como les digo, tampoco era precisamente el cine más concurrido del mundo. Y vi la película tranquilo. Nadie entró después. Durante toda la función, fue la única persona en la sala. Cuando terminó recogir mis cosas y salí, ahí fue cuando me di cuenta de que tampoco había nadie fuera. El área del cine estaba ya totalmente apagada. Se llena encendida solamente algunas luces, las hubicientes para caminar, pero la dulcería estaba cerrada. Y no había empleados limpiando, ni gente saliendo de alguna otra función. Tienes que seguramente todos estarían haciendo el cierre en alguna parte, y seguías a la salida que daba el centro comercial. La puerta ya estaba cerrada. Era una de sus puertas grandes y pesadas de cristal, y del otro lado todavía se alcanzaban a ver las luces de la plaza, pero ya no había nadie fuera tampoco, pasaban de las doce. Me quedé esperando un rato porque pensé que algún guardia tendría que pasar eventualmente, y después me desesperé. Comenzé a tocar el cristal. Nada. Volví a tocar más fuerte, y esperé. Yo creo que estuvo unos 15 minutos así, esperando. Pero después un rato ya estaba fastidiado. Incluso pensé que quizás me había equivocado esa lida. Como no conocí el cine, se me ocurrió que debía ver otra puerta para los últimas funciones, o alguna salida que diera directamente el estacionamiento. Así que me cansé de esperar, y voltié para regresar hacia las salas. Ahí fue cuando vía a alguien. Lo vi pasar al fondo, caminando por el pasillo hacia las salas. Solamente alcanzé a ver una persona pasar rápido de un lado al otro. Ni siquiera podría decir si era un hombre mujer, porque esa parte estaba mucho más oscura. Lo único que pensé, fue que por fin había encontrado a alguien en el cine. Le hablé, pero no me contestó. Así que caminé hace ya intentando alcanzarle. Cuando llegué al pasillo ya no había nadie. Me asumé hacia un lado y hacia el otro. Las puertas de las sal estaban ahí, pero todo estaba oscuro. Pensé que la persona probablemente había entrado alguna de ellas, aunque tampoco entendía por qué. Incluso volví a gritar desde ahí por si era algún empleado, pero nadie respondió. Y ahí, comunidad, ahí ya me empezó a dar mal espina. Y no porque hubiera visto nada extraño. Bueno, había visto una persona caminando y ya, pero estaba solo. No conocí ese lugar. Y de pronto me pareció una pésima idea empezar a meterme en salas oscuras, buscando a alguien que ni siquiera sabía si existía. Recueres a la puerta de cristal. Se quitó quedando con fuerza hasta que finalmente vió un señor caminando por la plaza. Era un guardia. Le hice señas. Le prendí la luz de mi celular. Y hasta entonces me fion. Se acercó y te espació un momento logro abrirme. Lo primero que hizo fue disculparse. Me dijo que pensó que ya no quedaban nadie en el cine. Yo le dije que no se preocupara. La verdad estaba más aliviado que otra cosa. Por fin estaba afuera, pero antes de salir me acordé de la persona que había visto y le dije, creo que todavía hay alguien adentro. El señor volteó hacia el cine y me preguntó qué donde. Le expliqué que acababa de ver una persona caminando por los pasillos de las salas, que incluso había ido detrás de ella porque pensé que era algún trabajador, pero que cuando llegué ya no lo encontré, que tal vez era otra persona perdida como yo. El guardia sonriendo, me dijo, no, ya no hay nadie. Le dije que sí, que yo acababa de verlo y el señor se quedó mirándose al pasillo y después me dijo algo que me provocó un escalofrío bien feo. Me dijo que por eso no se acercaban nunca al cine cuando ya estaba cerrado, cuando se iba el último trabajador. Según él, por las noches se veía gente ahí. Las primeras veces iba a revisar porque pensaba exactamente lo mismo que yo, que alguien se había quedado encerrado o que alguno de los empleados seguía trabajando. Pero entraba, recorría los pasillos, revisaba las salas y nunca encontraba nadie. Después de que le pasó varias veces simplemente dejó de hacerlo, aunque esas personas que se veían adentro.
Intentaban llamar su atención, y le llamaban con los brazos desde lejos. Entonces, le pregunté si por eso no me había visto y me dijo que sí que me había visto desde hace rato. Me había visto detrás del cristal haciendo señas, pero pensó que otra vez estaba viendo una de esas cosas que están adentro del cine. Solamente cuando me hubiera insistido sacar mi celular, fue cuando decidió acercarse. Y pues, yo ya no le pregunté nada más. El señor me acompañó hasta una salida de la plaza y me abrió para que pudiera llegar al estacionamiento. Le agradecí prácticamente me fui directo al coche. Claramente nunca regresé a ese cine. Durante el camino a mi casa, no más iba pensando en ese pobre señor. Porque, pues, yo había pasado un susto en ese cine una sola vez y con eso había tenido suficiente para nunca volver. Y él acababa de abrirme la puerta para que me fuera, pero todavía tenía que pasar ahí el resto de la noche. Viera lo que viera, escuchar lo que escuchara. Un abrazo fuerte de verdad, a toda la gente que tenga que lidiar con esto y no puede evitarlo. Antes de continuar con la parte final de este programa comunidad, quiero recordarles que ustedes también están decidiendo qué vamos a escuchar durante este octubre de relatos. Tenemos muchísimas historias preparadas y material de prácticamente cualquier tema que se puedan imaginar. Así que siguen dejándonos en los comentarios que quieren escuchar en los próximos episodios. Estamos leyendo sus propuestas y queremos aprovechar nuestro mes favorito del año para contar las historias que ustedes quieran escuchar. También me aprovecho para recordarles que mi nuevo libro "Muestra muerte es condida" como ya saben, relatos en la noche 2, ya está disponible. Si quieren acompañarme también fuera del podcast y conocer los 17 cuentos que escribí para este segundo libro, voy a dejarles el enlace en la descripción de este episodio. Y ahora sí, comunidad, continuamos con más historias en este octubre de relatos. Hola comunidad de relatos en la noche. Mi nombre es Mirellacaro y durante varios años trabajé como recepcionista en una clínica privada. No voy a decir el nombre en la ciudad porque ahora quien es recepcionista y es mi sobrina carina. Además quiero aclarar desde el principio que nunca pasó nada malo conmigo mientras trabajé ahí al contrario. Le tengo mucho cariño a varias de las personas que conocí en ese lugar y todavía tengo contacto con algunas de ellas. Es una clínica pequeña. No quiero que se imaginen un hospital grande para nada, tenía cuatro pisos nada más. Muy pocas habitaciones y por las noches podía quedarse prácticamente en silencio. Funcionaba sobre todo por los especialistas que tienen consultorios en el primer piso. Había días con pacientes internados y bastante movimiento, por supuesto. Pero también había muchas noches en las que no ocurría absolutamente nada. En esas noches normalmente estamos el guardia del entrada, una enfermera, el médico de guardia y un recepcion. El médico incluso aprovechaba para dormir cuando no había pacientes que atender, que era casi siempre. Tenía un cuarto para hacerlo y nosotros ya sabíamos dónde encontrarlos y llegaba alguna ofgencia al fondo del primer piso. El edificio además tenía una parte que prácticamente ya no se utilizaba. En el cuarto piso había un quirófano viejo y una sala donde había máquinas viejas de rayos X. Años atrás, en el apogeo de la clínica se usaban, pero si a mucho tiempo que se habían quedado abandonadas. Algo una vez subí durante el día y eran exactamente lo que se podrán imaginar, lugares oscuros, llenos de polvo, donde también fueron montonando cajas y algunos muebles que nadie se había llevado. No estaban abandonados como tal porque seguían siendo parte del hospital, pero ya nadie tenía motivos para subir ahí, mucho menos durante la noche. Y bueno, en recepción yo tenía un teléfono con las extensiones de las diferentes áreas. Cuando alguien llamaba desde adentro de la clínica, en la pantalla parecía de dónde venía la llamada. Habitaciones, consultorios, enfermería, las diferentes áreas. Era algo que utilizábamos todos los días y por eso conocía de memoria las extensiones. Una noche estaba platicando con la enfermera que estaba de guardia conmigo. Había sido un día raro porque esa mañana había muerto una persona en la clínica. No voy a entrar en detalles de eso porque no me corresponde hacerlo, pero no era algo que ocurrera frecuentemente. Era la primera muerte que me tocaba ahí. Era una clínica privada pequeña y la mayoría de las personas que llegaban por algo realmente grave terminaban siendo trasladadas hospitales más grandes. Por eso, una muerte ahí siempre nos afectaba bastante. Conocía a los pacientes, veía centrar y salir a sus familiares y de pronto esa persona ya no estaba. Esa noche precisamente estábamos hablando de eso. Yo había empezado varias horas y la clínica estaba prácticamente vacía. El guardia seguía cerca del entrada como siempre. El médico se había ido dormir y la enfermera como les dije estaba conmigo la recepción porque no había nada más que hacer. Entonces, son un teléfono. Conte esta como contestava siempre. ¿Un recepción? Pero nadie respondió. Espero un momento pensando que el médico de guardia nos iba a pedir algo, pero ya no escuché absolutamente nada. Así que colqué. La enfermera que no roló la llamada y sigo hablando conmigo. Yo tampoco le di importancia. Un momento después olvió a sonar. Esta vez por alguna razón mire la pantalla antes de contestar. La llamada venía del cuarto piso del quirófano cerrado. Me acuerdo que hasta le pregunté la enfermera si había alguien arriba. Me dijo que no. Yo sabía perfectamente que sus cuartos ya no se utilizaban, pero pensé que quizás alguien había subido. Alguien de mantenimiento un médico que ha habido buscar algo. No sé, aunque realmente yo sabía que no había nadie, eso fue lo primero que pensé. Cuando trabajas en un lugar así siempre hay alguna explicación para que una persona esté donde normalmente no debería estar y volvía contestar. Bueno, bueno, no digeron nada, pero esta vez sí escuché algo. Había alguien respirando. Era una respiración muy bajita. Al principio pensé que podía ser simplemente ruido de la línea. Fuido blanco, pero después le escuché otra vez. Y para mí era muy claro que había alguien del otro lado. No sabría definir si era una niña o una señora. Es una respiración suave, casi como si la persona tuviera la boca muy cerca del teléfono. Yo volvía a preguntar quién era. No me contestaron y colgué. La enfermera me preguntó qué había pasado y le dije que no sabía, que parecía que alguien estaba respirándote el otro lado. Ella volto hacia la pantalla del teléfono y me preguntó otra vez de donde había entrado la llamada. Le dije con toda seguridad que del quirófano se quedó callado un momento. Después me dijo que seguramente era una falla de las extensiones. Yo decidí pensarlo mismo y no subimos, pero tampoco le fuimos a hablar al doctor. En ese momento me habría parecido absurdo despertar a alguien por que un teléfono había sonado dos veces. Además, el resto de la noche trascorrió con normalidad. Yo no volví a entrar ninguna llamada de esta riva y cuando terminé mi turno me fui a mi casa. Pero durante los días siguientes pensé algunas veces en eso, aunque poco a poco se me fue olvidando. Pero exactamente una semana después comunidad me tocó nuevamente ese mismo turno. Eso sí lo recuerdo porque otra vez estaba con la misma enfermera, con el mismo médico de turno. Era un noche todavía más tranquila. No había ningún paciente internado, llevamos bastante tiempo sentadas en recepción platicando. El guardia estaba, como siempre, dormido cerca de la entrada. Y el médico. de guardia también se ha venido a dormir. En algún momento escuchamos un ruido. Venía a te arriba. Las dos nos quedamos calladas. El guardia también los escuchó porque inmediatamente se levantó y comenzó a subir por las escaleras. Nosotras nos quedamos abajo. Yo recuerdo que pensé que quizás el médico se había caído o que le había ocurrido algo. Pero antes se que lo cuarta a checar al segundo piso. El doctor, la única otra persona que estaba en esa clínica, salió corriendo de su cuarto en el primero. Venía sustatísimo. El guardia se le acercó, los dos checaron conozó otra a la recepción. Le preguntamos qué había pasado. El médico tardó un poco en explicarlo. Creo que esta le daba vergüenza de decirlo porque sabía cómo iba a sonar. Nos dijo que estaba dormido. La habitación estaba completamente oscura, que él estaba en la parte más profunda del sueño, cuando sintió que alguien le estaba tocando el cabello. Al principio todavía me dio dormido, pienso que estaba soñando. Pero volvié a sentirlo. Alguien estaba jugando con su pelo, moviéndolo suavemente con los dedos. Ahí supo que no era un sueño, abrió los ojos. Había una persona con su cama. El médico dijo que parecía una viejita, pero que estaba vestida como una niña. Chefava un vestido y tenía el cabello recogido en dos colitas. No alcanzaba a distinguirle bien la ropa ni los colores porque el cuarto está oscuro, pero sí podía ver la cara. Era el rostro de una mujer mullanciana. Cuando él abrió los ojos, la viejita dejó de tocar el cabello y se con él pareció sorprenderse como si se hubiera asustado. Dijo que reaccionó como reaccionaría una persona en la que descubres haciendo algo que no debería estar haciendo. Se lejó de la cama, pero el médico decía que había algo extraño en la manera en que se movía. No pude explicar si caminaba o si sus pies realmente estaban tocando el piso. Solamente le vio otro seder sin dar la espalda, todavía mirándolo hasta llegar a la parte más oscura de la habitación. Ahí dejó de verla. El médico gritó, encendió la luz y salió del cuarto. Fue el grito que nosotros escuchamos. Mientras nos contaba todo eso, yo me acorde inmediatamente de la llamada de la semana anterior. Le pregunté en enfermera si ella se acordaba. Y claro que sí. Entonces le contamos al médico que exactamente una semana antes, habíamos recibido dos llamadas de este uno de los quirófanos que ya nos utilizaban. La primera vez no habíamos escuchado nada. Pero la segunda, yo habia escuchado a alguien respirándote el otro lado. Cuando terminé de contarlo, pasó algo que en realidad fue lo que más me inquietó de todo esto. El guarde y la enfermera se miraron. Ellos, ambos, ya habían vivido otras cosas en esa clínica. No voy a contar esas historias porque no me pasaron a mí, siento que no me corresponde a hacerlo. Espero que algún día les escriban ellos. Pero la cosa no paró en las historias de esta noche. Porque con las semanas fui conociendo más. Lo único que puedo decir es que ninguno de los dos parecía particularmente sorprendido por lo que acababa de contar el médico. Y los dos, ya conocían a esa señora. Hasta donde yo sé, nadie sabe quién es realmente, pero no era la primera vez que alguien la veía. Yo seguí trabajando ahí por bastante tiempo más y nunca la vi. Tampoco volvié a recibir una llamada de ese quirófano. Hace poco en una fiesta de mi sobrina, me encontré con una de las personas que trabajaba conmigo y terminamos recordando esto. Le pregunté si alguna vez había averiguado algo sobre esta mujer. Si había alguna paciente antigua, alguna trabajadora, alguien que pudiera explicar por qué varias personas se ocurraban a verla visto. No supo decirme, no se descubierto nada, pero me nació la curiosidad otra vez. Por eso quiero prometerles algo a comunidad. Voy a tratar de hablar con algunas de las personas que todavía trabajan allí. Quiero saber si alguien conoce la historia de esa viejita. Y sobre todo, quiero averiguar algo que nunca se me ocurrió preguntar cuando trabajaba allí, si se aparece por todos lados, o particularmente en algunos cuartos, como ese quirófano. Si llevo a descubrir algo, les prometo que se los voy a contar, que tengan muy buenas noches comunidad.
Podcast Summary
Key Points:
Un médico relata su experiencia en una clínica rural en la montaña, donde durante la madrugada tuvo una interacción con un ser oscuramente humano que se movía como una persona con alas y cara femenina.
La comunidad le advirtió que no abriría la puerta a nadie tras cierta hora, por miedo a brujas, pero el joven médico no creía en esas narrativas culturales hasta que la experiencia lo convenció.
Al despertar, vio un movimiento extraño cerca de la entrada, que se presentó como una figura grande, con alas y rostro de mujer, que caminaba en dos patas de forma extraña y sin dejar huellas.
En la clínica, varias personas, incluyendo enfermeras y médicos, reportan haber visto a una figura similar en el cuarto piso, especialmente en horas de silencio y en ausencia de pacientes.
La figura se describe como una anciana vestida como niña, que aparece solo en momentos de tranquilidad, sin explicación clara, y que parece reconocida por quienes la han visto antes.
El personal de la clínica, incluyendo el médico de guardia, reconoce haberla visto antes, aunque no saben su identidad, y no se sorprenden por su aparición.
El narrador decide investigar con personas que aún trabajan allí para descubrir si esa figura tiene un origen real o cultural, y si su presencia es recurrente en ciertos lugares.
Aunque la experiencia es espeluznante, el narrador destaca el respeto hacia quienes trabajan en esas horas oscuras y la importancia de no ignorar lo desconocido.
Summary:
Un médico cuenta una experiencia en una clínica rural en la montaña, donde durante la madrugada, en medio de la oscuridad, ve una figura que parece ser una persona con cara de mujer, alas y cuerpo grande, que se acerca caminando en dos patas. Aunque inicialmente ignora las advertencias locales sobre brujas, la situación lo impacta profundamente, y se hace más precavido. La figura desaparece sin dejar rastros, pero el incidente se repite en otros relatos de personal de la clínica, quienes afirman haber visto a una anciana vestida como niña en el cuarto piso, especialmente en noches tranquilas.
Aunque nadie sabe su identidad, todos reconocen haberla visto antes, lo que sugiere una presencia habitual, casi mística, en el lugar. El narrador, motivado por curiosidad y respeto a quienes trabajan en esas horas, decide investigar con personas que aún trabajan allí para descubrir si esa figura tiene una explicación real o se trata de una tradición local. A pesar de la inexplicabilidad, el relato resalta la vulnerabilidad y el aislamiento de quienes trabajan de madrugada, y pide respeto a quienes enfrentan esas noches oscuras.
El episodio no solo narra un evento aislado, sino que expone una cultura compartida de miedo, memoria y sospecha en entornos aislados.
FAQs
Porque en algunas comunidades, se cree que durante la noche, especialmente en zonas aisladas, llegan seres o fenómenos como brujas que pueden aparecer del monte y que representan un peligro para quienes están solos.
Vio una figura oscura que se movía como un pájaro, con alas y pelo negro, que se acercó lentamente y tenía la cara de una mujer, antes de desaparecer sin dejar rastro ni huellas.
Se asustó tanto que olvidó su obligación como médico y se escondió bajo la cama, temiendo que se tratara de una presencia misteriosa o peligrosa.
Lanzaron polvo blanco alrededor de la clínica, usaron humo para recorrer las habitaciones y hicieron una limpieza profunda, asegurándose de que el lugar estuviera 'limpio' de cualquier presencia misteriosa.
El protagonista se encontró solo en una sala, y luego vio a una persona caminando por el pasillo que desapareció, y un guardia le dijo que por las noches se veían personas dentro del cine que no existían realmente.
Recibió una llamada del cuarto piso, donde se escuchó una respiración muy suave, como si alguien estuviera respirando desde el otro lado del teléfono, lo que generó preocupación y misterio.
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