Go back

Relatos Macabros de Policías en la Noche - Octubre de Relatos Vol. 5

47m 52s

Relatos Macabros de Policías en la Noche - Octubre de Relatos Vol. 5

Una policía de Baja California relata un encuentro misterioso en el valle de Mexicali, donde observa una luz extraña que se mueve de forma inusual y que parece reaccionar a su presencia. Al mismo tiempo, un matrimonio de ancianos reporta hallar a dos personas desnudas, de apariencia extraña, intentando llevarse su perro. Aunque no se encuentra nada físico, ambos eventos están vinculados por la presencia de una luz brillante en el campo. Posteriormente, otro policía cuenta que un desconocido, en una madrugada, busca al "torito", un oficial conocido, y se desmorona al reconocerlo, diciendo que cometió un crimen en 1986. El torito afirma que el hombre ya pagó por ello y que no puede ser detenido. Más sorprendentemente, años después, el mismo policía vuelve a encontrar al hombre exactamente igual, caminando por el mismo camino, lo que genera dudas sobre si se trata de un fenómeno paranormal o de una realidad distorsionada. Ambas historias reflejan la presencia de elementos inexplicables, una luz misteriosa y un ser humano que parece vivir en un tiempo distinto, generando un profundo impacto emocional y un misterio que no ha sido resuelto. La narrativa sugiere que las experiencias de los policías están conectadas por una sensación de lo sobrenatural, sin explicación lógica, y que los hechos parecen reforzar la idea de que algo más allá del mundo físico podría estar en juego.

Transcription

6486 Words, 38542 Characters

Spanish
Encontramos el nombre caminando por ese camino al matrugada. No había casas ni ranchos en kilómetros de la redonda. El hombre nos dio ese tubo. Se veía muy sucio pero no accidentado. Se veía los visitemente cuerdos hasta que le preguntamos que estaba haciendo ahí a esas horas y nos respondió que estaba siguiendo a los muertos. Continuamos con esta octubre de relatos comunidad. No dejes de comentarnos que temas quieres que toquemos en lo que resta de este mes. Por lo pronto vamos con este episodio de historias aterradoras que nos han compartido policías. Estás escuchando relatos de la noche. Muy buenas noches comunidades. Yo quiero compartirles algo que me ocurrió cuando trabajaba como policía municipal la Gemigicaly. Baja California. Esto fue en los años 90. Cuando todavía me tocaba ser recorridos por algunas comunidades del valle. Especialmente por los alrededores de Guadalupe Victoria, que mucha gente también conoce como el kilómetro 43. Durante mis años a la policía me tocó ver muchas cosas. Algunas bastante difíciles de creer pero esto que les cuento hoy fue diferente. Además no fue lo único que lo pió. Iba acompañado de otra gente, un compañero con el que trabajé durante varios años y los dos estuvimos presentes cuando ocurrió. Nunca pudimos encontrarle una explicación. Para quienes no conocen el valle de Mexicaly hay que decir que es una región muy extensa, contra renos de cultivo, ranchos y caminos que conectan los distintos ejidos. Muy muy caliente y llena de polvo. En aquel tiempo había lugares donde podías manejar durante varios kilómetros y me encontrarte con nadie. Nosotros hacíamos recorridos nocturnos por esos caminos, realizamos que no hubiera vehículos sospechosos y atendíamos los reportes que llegaban de las comunidades. Algunas noches teníamos bastante trabajo, pero otras eran muy tranquilas. Cuando eso pasaba mi compañero y yo acostumbramos de tener la patrulla en un camino de terrasería desde donde se alcanzaban a ver las parcelas. Apagamos el motor, nos sentábamos sobre el cofre y nos quedamos platicando por buen rato, esperando que nos llamaran por radio. Fue precisamente en ese lugar donde comenzamos a ver unas luces que nos llamaron mucho la atención. La primera vez pensamos que era alguna violeta porque en esa región era normal ver a aeronaves, pero aquella luz permanecía quieta durante mucho tiempo. Después comenzará a moverse hacia un lado y volví a detenerse. Era una luz blanca, bastante brillante, que aparecía sobre los campos, a una distancia que nunca subimos calcular. Mi compañero decía que probablemente era algo relacionado con los trabajos agrícolas, aunque tampoco podía decirme que sabía ser. Lo curioso es que seguimos viéndole durante varias semanas. No aparecía todas las noches, pero sí con suficiente frecuencia como para que termináramos acostumbrándonos a ella. A veces nos sentábamos sobre el cofre de la patrulla. Y antes de que alguno dijera algo, ya estamos buscando que ya luz en el horizonte. Nunque hicimos un reporte sobre esto porque, siendo sinceros, tampoco tenemos mucho que reportar. Era una luz que veíamos a los lejos y que podía tener alguna explicación que nosotros desconocíamos. Pero una madrugada, ahí sí ya no sucedió algo que nos hizo cambiar de opinión. Me acuerdo que estábamos en el mismo camino de siempre. Habíamos tenido la patrulla y llevábamos un buen rato platicando cuando mi compañero me señaló hacia las parcelas. Ahí estaba otra vez la luz, más o menos en el mismo lugar donde le habíamos visto otras noches. Pero ahora estaba muy, muy abajo. Le estuvimos observando mientras hablábamos otras cosas, hasta que de pronto comenzó a bajar más. Al principio se veía como que se estuviera alejando, pero enseguida nos dimos cuenta de que estaba acercándose. Lo hizo una velocidad impresionante. En cuestión de segundos pasó de ser un punto luminoso en el horizonte, a estar suspendidas por unos terrenos que teníamos enfrente. Los os nos bajamos el cofre para verla mejor. No sabría decirles que tan grande era porque no teníamos ninguna referencia para calcularlo, pero sí puedo asegurarles que estaba mucho más cerca de lo que jamás la habíamos tenido. La luz era tan intensa que no alcanzamos a extinguir la forma del objeto. Por momentos parecía tener una parte más oscurna del centro, aunque tampoco estoy seguro de eso. Lo que sí recuerdo es que se movía de una manera muy extraña. Abansaba si un costado. Se tenía por completo y después cambiaba de dirección. Todos sin que escucháramos ningún motor. En aquellos años ni siquiera existían los drones como nos conocemos ahora, y aunque hubiera sido alguna parato experimental, sigo sin entender cómo podíamos verse de esa manera. Mi compañero me preguntó si estábamos viendo lo mismo. Le dije que sí. Entonces nos quedamos callados, observando cómo aquella cosa se desplazaba sobre los campos. Hubo un momento en que pareció cercarse todavía más hacia nosotros, y mi compañero se subió inmediatamente a la patulla para aprenderla. Yo me quedé afuera junto a la puerta, no más mirándose arriba. La luz de tuvo. Después se movió un poco hacia nuestra derecha y volvió a quedarse quieta. Ahí fue cuando tuve la impresión de que aquello sabía que estábamos ahí, y lo estábamos viendo. Obvio, sé que es un extraño, pero era como si esta vez estuviera reaccionando en nuestra presencia. Se me ocurrió encender la torreta de la patrulla. No sé qué esperaba conseguir. Tal vez quería comprobarse aquello respondía a las luces. Sentimos durante unos segundos el objeto volvió a moverse. Se desplazó hacia un costado, y después regresó prácticamente al mismo lugar. Mi compañero me dijo que la pagara. Lo hice, y nos quedamos esperando a ver qué ocurría. La luz permaneció inmóvil sobre las parcelas. Estamos decidiendo si debíamos reportarlo cuando escuchamos que la central llamaba nuestra unidad. Conteste, el operador nos informó que había recibido una llamada de auxilio, de una vivienda ubicada en una de las parcelas cercanas. Era un matrimonio de personas mayores, que decía tener a todos desconocidos dentro de su propiedad. Le respondí que nos encontramos relativamente cerca, que íbamos por allá, pero antes de terminar la comunicación, la operadora nos pidió que tuviera más cuidado. Le pregunté que estaba pasando. Me explicó que los señores estaban muy asustados porque según ellos habían encontrado a dos hombres pequeños, completamente desnudos, intentando llevarse su perro. El animal había comenzado a ladrar, y el señor salió a revisar. Fue entonces cuando descubrió en el patio aquellas dos personas junto al perro consiguió meter al animal en la casa y cerró la puerta, pero los desconocidos se llana fuera. Por el tamaño que decían tener, yo pensé que tal vez se trataba de unos niños, aunque no entendía que estarían haciendo desnudos a esas horas de la madrugada. Entonces, la operadora agregó algo que me preocupó bastante. Dijo que había permanecido hablando con la señora, que durante la llamada había escuchado golpes y ruidos en la puerta. Los ancianos aseguraban que aquellas personas estaban intentando entrar a la vivienda. Dice la señora que parecen niños, pero que tiene la cabeza muy grande. No se explicó, están muy sustados. Vayan lo más rápido que puedan por favor. Fue curto que voltea a ver a mi compañero. Él también me había escuchado todo. Después miramos hacia los campos. La luz seguía ahí. Estaba suspendida prácticamente en el mismo lugar donde le habíamos visto de tenerse. No sé si aquello tenía alguna relación con lo que estaba ocurriendo en la casa de los ancianos, pero en ese momento todos pensamos lo mismo. No subimos a la patrulla y salimos inmediatamente hacia la dirección que no sabían proporcionado. Durante los primeros minutos, seguí mirando por el espejo lateral. Al cansaba ver aquella luz sobre las parcelas y me preocupaba que comenzara a seguirnos, pero no lo hizo. Termaneció donde estaba mientras nosotros nos alejábamos por el camino de tarcería. Mi compañero intentó comunicarse nuevamente con la central para preguntar si los señores se quienen la niña. Lo operador respondió que sí que continuaban encerrado. y que aparentemente ya no estaban escuchando movimientos afuera. Llegamos a la propiedad unos minutos después, era una casa pequeña con un patio cercado y terreno secultivo alrededor, tenía las luces exteriores encendidas, nos bajamos con las lámparas y comenzamos a revisar, porque todavía existía la posibilidad de que hubiera alguien escondido, recurrimos el patio, revisamos detrás de unas construcciones y alumbramos hacia los terremos cercanos. No encontramos a nadie, tampoco vimos vehículos ni escuchamos personas moviéndose en las parcelas. Después nos acercamos a la casa y llamamos a los señores, tardaron un poco en abrarnos. El hombre salió primero sujetando su parro por el cochar y detrás apareció su esposa. Los ojos estaban muy nerviosos, el animal también estaba muy alterado, aunque tampoco puedo decir que fuera por lo que había pasado, quizás estaba asustado porque estábamos ahí. Pues preguntamos que habían visto y el señor nos contó prácticamente lo mismo que había dicho por teléfono, que estaban preparándose para dormir con el perro comenzó a ladrar, como no dejaba de hacerlo, y como se escuchaba muy desesperado, el señor salió con una lámpara para revisar el patio y encontró a dos figuras pequeñas con tu animal rodeándolo. Dijo que el principio pensó que eran niños, pero cuando los iluminó, se dio cuenta de que tenían algo muy extraño. Irán dergados, completamente desnudos, con la piel de un color grisazo y la cabeza, demasiado grande para el tamaño de sus cuerpos, calculaba que me dían un poco más de un metro. Lo que más le impresionó fue que parecían estar intentando cargar al perro, uno lo sujetaba por las patas delanteras y el otro intentaba agarrarlo por detrás. Cuando el señor resultó, soltaron al animal y se aportaron. Él aprovechó para meter al perro la casa, pero pocos después comenzaron a escuchar que alguien movía la perilla de la puerta. Su esposo fue quino mala policía mientras él permanecía cerca de la entrada, tratando de impedir que aquellas personas, que aquellas cosas consiguieran abrir, le preguntamos si habían dicho algo, si habían intentado amenazarlo a él o a su esposa, o si podían escribirles mejor el rostro, no respondió que todavía ocurriendo muy rápido y que apenas alcanzaba a verlos unos segundos, pero insistió en que aquello que habían encontrado en su patio no eran niños. Su esposa también decía que había alcanzado a ver a uno de ellos por una ventana y que tenían una experiencia muy extraña. Nosotros intentamos tranquilizarlos, les explicábamos que habíamos revisado la propiedad que no encontramos a nadie. También les dijimos que volveríamos a pasar durante el resto de la noche para comprobar que todo estuviera bien. Antes a marcharnos, se me ocurrió preguntarle si habían observado alguna luz extraña sobre los campos. La señora me respondió que sí, que se hacía varias noches veían una luz muy brillante sobre las parcelas. Su esposo comentó que pensaba primero que era alguna violeta, aunque le extrañaba que permaneciera tanto tiempo en el mismo lugar. Les pregunté si le habían visto que ya noche, pero dijeron que no se habían fijado. Estaban demasiado preocupados por lo que había pasado con el perro. Mi compañero y yo nos miramos. Pero preferimos no contarles lo que habíamos visto antes de recibir ese reporte. Los señores ya estaban bastante asustados y tampoco teníamos ninguna manera de asegurar que una cosa estuviera relacionada con la otra. Revesamos a la patrulla y continuamos nuestro recorrido. Antes alejarnos, miráce a los campos, buscando aquella luz que habíamos dejado suspendidas sobre las parcelas. Ya no se veía nada. Durante el resto del turno hablamos de lo sucedido, intentando encontrar alguna explicación. Mi compañero decía que quizás los ancianos habían visto dos personas con alguna enfermedad o deformidad, aunque tampoco entendía por qué estaría intentando llevarse al perro. Yo sella pensando en la manera en que aquel objeto se había cercado a nosotros, en cómo se movía, y en que permaneció completamente inmóvil, mientras recibíamos el reporte. Ya nos opimos que ocurrió realmente en aquella casa. Los señores estaban a salvo, superro también, y nosotros no encontramos nada que nos permitiera identificar a los desconocidos. En la comandancia hicimos el reporte correspondiente, pero no mencionamos la luz. Sabíamos que iba a ser muy difícil que alguien os creyera, especialmente porque tampoco teníamos fotografías, ni ninguna prueba. Lo curioso es que seguimos viendo que es objeto durante bastante tiempo. En otras madrugadas, mientras recorriamos los caminos del valle, llegamos a distinguir luces que se movían sobre los terrenos de cultivo. Algunas permanecían quietas, y otras desaparecían después de unos minutos. Pero nunca volvimos a ver una tan cerca. Tampoco volvió a ocurrir que alguna de aquellas luces pareciera reaccionar a nuestra presencia. Con los años se ha pensado muchas veces en esa madrugada. Me pregunto que era lo que estábamos viendo. ¿Por qué se acercó tanto a nosotros y si realmente tenía alguna relación con lo que aquellos señores dicen que encontraron en su patio? No tengo respuestas, nunca les tendré. Lo único que puedo asegurar es que mi compañero y yo vimos aquella luz, que se movía de una manera que no podíamos explicar y que mientras la veíamos. Recibimos uno de los reportes, más extraños de toda nuestra carrera. Y aunque después seguimos patrullando por aquellos caminos, jamás volvimos a detenernos ahí, a sentarnos en el cofre de la patrulla. Afortunadamente, tampoco volvimos a recibir una llamada como le de quechos ancianos. Gracias por estar aquí comunidad y seguir escuchando este octubre de relatos. En este queremos llevarles a ustedes más tiempo de relatos a la noche que nunca. Espero que lo estén disfrutando. Continuamos con más historias a policías en esta noche. Hola comunidad de relatos a la noche. Mi nombre es Virginia y quiero compartirles una historia que me contó mi mamá hace algunos años. Ella fue policía durante 15, casi, prácticamente toda mi infancia la recuerdo trabajando en eso. Y aunque llegó a contarme algunas cosas bastante fuertes aquellos años, había una experiencia en particular que nos contó a mi hermana y a mí hasta hace poco como les digo. Sobre todo porque mamá era una persona muy seria para esas cosas, esto me sorprenden mucho. Ella nunca fue de creer en fantasmas, en lo paranormal, ni de andar contando historias para sus darnos. De hecho cuando yo era niña y le decía que había escuchado algo en la casa, o que me daba miedo a dormir sola, siempre encontraba alguna explicación que no tenía nada que ver con mis miedos. Decía que después de tantos años trabajando en la calle, uno de aprendía que había muchas cosas que había que tenerles miedo y que los muertos eran lo de menos. Por eso me sorprendió tanto cuando me contó lo que voy a compartirles esta noche porque fue la primera vez que le escuché hablar de algo que hasta hoy comunidad sigue sin explicarse y la sigue poniendo muy mal cuando se lo recordamos. Esto pasó a principios de los años 2000, cuando mi mamá todavía trabajaba como policía municipal. No les voy a mencionar el municipio porque vivimos en el día un lado y aunque ya esté retirada, no sé si podría provocarle algún problema o incluso si representa algún riesgo de seguridad. Lo que sí puedo decirles es que a una zona donde había varias variedades pequeñas, rancherías, caminos que conectaban unos poblados con otros y en esos años todavía había lugares donde prácticamente no había alumbrado público. Las patrullas tenían que recorrer caminos a esta resería de varios kilómetros casi siempre para llegar a algún ranch o atender a un reporte. Y si álgules pasaban esos lugares, podían tardarse bastante en recibir apoyo. Mi mamá decía que lo más complicado de trabajar allí era precisamente eso, que muchas veces estaban completamente solos. Para cuando ocurrió esta historia ella ya tenía muchos años de servicio. Estaba pensando incluso hasta en retirarse. Todavía le gustaba su trabajo pero había empezado a cansarse ciertas cosas que veía. En particular, me contó que durante sus últimos pensas le tocó atender un caso que terminó por convencerla de que ya no quería seguir siendo policía. Encontraron ella y su compañero, el cuerpo de un niño en un arroyo, en unas condiciones que ya nunca quiso describirme. Yo hasta le pregunté varias veces que había pasado y siempre me respondía lo mismo. Que había cosas que una madre no tenía que ver. Y conociéndola, creo que fue algo que realmente le afectó porque después de aquello cambió mucho. De hecho dejó de hablar del trabajo cuando llegaba a la casa y comenzó a hacer los trámites para retirarse. Pero lo que voy a contarles sucedió unos meses antes de que encontrar en ese pequeño. Mi momento todavía estaba trabajando con normalidad, haciendo sus recorridos y cubriendo turnos nocturnos. Esa noche iba acompañada de otro policía, un compañero al que conocía desde hace varios años. Andaban en esas patrullas que eran camionetas ficap, con la cabina delante y la caja de descubierta atrás. Me explicó que en aquel tiempo era bastante común que utilizaran esas unidades, sobre todo para recorrer las comunidades más alejadas, porque había caminos donde los carros, simplemente ya no podían entrar. Era demodrucada, mi men no recordaba la orsacta, pero calculaba que serían entre las dos o las tres de la mañana. Había terminado de atender un reporte en una comunidad y estaban regresando por un camino de tarcería cuando alcanzaron a distinguir a una persona caminando en medio de la carretera. Al principio no les pareció tan extraño, de vez en cuando encontraban gente que había salido de alguna fiesta, trabajadores que regresaban de los ranchos o personas que simplemente caminaban de una comunidad a otra, y cuando no había carros regularmente y iban por el centro del camino. Lo que les llamó la atención fue la manera en que aquel hombre se movía. Y va muy, muy espacio, virando hacia ambos lados, como si estuviera buscando algo. Cuando vio las luces de las patrullas se detúen medio del camino, y comenzó a levantar los brazos para llamar esa atención. Mi mamá le dijo a su compañero que bajara la velocidad, se acercaron con cuidado y con estuvieron unos metros, pusieron verlo mejor. Era un hombre de unos 45 o 50 años, aunque mi mamá decía que era difícil calcular la heredad porque se veía muy mal tratado, con la cara muy sucia. Tenía la ropa completamente mugrosa, el cabello de espinado y la cara de alguien que llevaba mucho tiempo sin dormir. Traía un pantalón de vestir bastante viejo, una camisa de manga larga, y unos zapatos que parecían demasiado formales para andar caminando por aquellos caminos. Mi mamá recordaba especialmente su ropa porque, según me dijo, parecía que mi nombre se había vestido para ir algún lugar y hubiera terminado perdido en el monte. Le preguntaron si necesitaba ayuda, y él se acercó inmediatamente a la ventanilla. Estaba muy nervioso. Les preguntó dónde se encontraba, qué comunidad era que ella y cómo podía llegar al pueblo. Mi mamá le explicó más o menos en que parte del municipio estaban, pero el hombre no parecía entender. Volvía a preguntar lo mismo. Miraba si el camino por donde había venido, como si esperara que alguien apareciera detrás de él. Su compañero le preguntó si había tomado algo o si alguien no había golpeado, porque pensaron que tal vez estaba intoxicado o había sufrido algún accidente. El hombre negó con la cabeza y entonces hizo una pregunta. Ustedes conocen el torito. Mi mamá le preguntó a quien se refería. El torito debe ser su compañero. Es un oficial. Necesito hablar con él. Y ahí fue cuando los dos policías se miraron porque creían saber de quién estaba hablando, pero el toro no el torito. Era la podo de un jefe de sector que llevaba muchos años trabajando en esa región. Era un hombre mayor, bastante conocido entre los policías y también entre la gente de las comunidades. Ni más decía que prácticamente todo el mundo lo conocía. Había empezado trabajar cuando muchos de los agentes que estaban en servicio todavía eran niños. Y aunque no era el jefe de mi mamá, si tenían contacto con él cuando necesitaban un apoyo en aquella zona. Le preguntaron al desconocido para que quiera hablar con el toro, pero el hombre empecé a ponerse todavía más nervioso. Decía que tenía que encontrarlo. Que necesitaba explicarle algo y que no podía quedarse ahí. Cuando le pidieron su identificación comenzó a revisarse los bolsillos y aseguró que no llevaban nada. Tampoco quiso darles una dirección. Le estijo su nombre, pero cuando le preguntaron dónde vivía, respondió con el nombre de un rancho que ninguno de lo todo reconoció. Mi mamá pienso que podía tratarse de una persona con algún problema mental. O tal vez, de alguien que se había escapado de su casa y llevaba horas caminando sin saber dónde estaba. Como no podían dejarlos solo en aquellas condiciones, decidieron subirla la patrulla y llevarla la comandancia para averiguar quien era y localizar a sus familiares. Decidieron subirlo a la patrulla y llevarlo a la comandancia para averiguar quien era y localizar a sus familiares. Le explicaron lo que iban a hacer y el hombre aceptó, aunque insistió en que quería ver al Torito. Lo aiosaron a subir a la caja de la camioneta, donde podía ir sentado, y continuaron por el mismo camino. Mi mamá iba manejando y su compañero estaba en el asiento del copiloto. De vez en cuando miraban hacia atrás para comprobar que el hombre siquiera allí, pero lo preocupaba que intentara bajarse mientras estaban avanzando. Habían recorrido apenas unos minutos cuando escucharon que empezó a gritarles desde la caja. Aquí? Aquí? Aquí? Aquí? Aquí? Aquí? Aquí? Y mamá frenó, porque pensó que se estaba cayendo. Su compañero abrió la puerta y bajó para ver qué ocurría. Pero el hombre estaba de pie, suketándose de la camioneta y señalando si un costado del camino. Aquí echaron a los muertos. No deben de estar lejos. Lo repetía una y otra vez, cada vez más alterado. Señalaba si una extensión de terreno donde había unos ranchos abandonados, construcciones viejas que llevaban años sin usarse. Mi mamá decía que en ese lugar no había absolutamente nada que pudiera verse desde el camino, solamente las fardas de algunas propiedades, árboles y los restos de unos corrales. Pero el hombre seguía señalándose ya, aseguraba que en ese sitio habían dejado unos cuerpos. Su compañero trató de tranquilizarlo. Le preguntó de qué muertos estaba hablando. Si había visto algo o si alguien le había hecho daño. El hombre comenzó a hablar atropechadamente, mencionaba nombres que los policías no reconocian. Decía que todo había sido un error y que él no había querido hacerlo. En algún momento empezó a llorar. Mi mamá me contó que aquello fue lo que más le preocupó, porque hasta entonces solamente pareció nombres orientados, pero ahora estaba teniendo una crisis y no sabían cómo reaccionaría. Además, estaban en un camino donde no había que ser habitada cerca de madrugada, con una persona que posiblemente necesitaba atención médica o psiquiátrica. Mi mamá pidió pollo por radio, explicó que tenían aún masculino es orientado, sin identificación, que estaba haciendo declaraciones sobre unos posibles homicidios y que necesitaba una otra unidad para trasladarlo con seguridad. También mencionó que el hombre había estado preguntando insistentemente por el comandante Toro. Desde la central le pidieron que permanecieran en el lugar y que esperaran instrucciones. Cuando las llegaba el apoyo, el hombre continuó hablando. Mi mamá se quedó junto a la camioneta y su compañero intentaba que se sentara. Había momentos en los que parecía tranquilizar si podrían hacerle preguntas, pero en cuanto miraba hacia los ranchos volvía al terrarse, decía que ahí los habían dejado, que tenían que buscar que él podía enseñarles del lugar. Mi mamá le preguntó cuando había ocurrido que ello, y el hombre respondió como si estuviera hablando de algo que acababa de pasar. Incluso mencionó que había personas buscando lo y que no querían que lo encontraran antes de hablar con el Torito. Eso fue algo que mi mamá iba a entender hasta después, a entender realmente la gravedad a lo que decía. más tarde. Venían dos agentes que conocían a mi mamá, y después de escuchar lo que estaba pasando trataron de hablar con el desconocido, tampoco consiguieron mucho. El hombre seguía preguntando por el Torito, y se negaba a explicarles a ellos que había sucedido. Uno de los policías pensó que tal vez estaba confesando al cundelito, así que su querió llevarlo directamente a la comandancia, a tomar la declaración. Pero antes de que pudieran decidir qué hacer, recibieron la indicación de esperar. El comandante Toro iba en camino. Llegaron unas patrullas. Mi mamá recordaba que al final había seis policías reunidos alrededor de la camioneta, contando su compañero y a ella. Las unidades estaban estacionadas sobre la terrasería, con los motores encendidos, y los faros ilumineaban parte del camino y los terrenos alrededor. Más allá de donde alcanzaban las luces estaba completamente oscuro. No tenían agumbrado, ni casas con las ventanas encendidas. Mi personas que se acercaran a preguntar que estaba pasando. Solamente estaban ellos, el hombre sentado en la caja, y los ranchos abandonados a unos metros. Pero entonces el desconocido parecía agotado. Se había sentado y mantenía la cabeza cachada. Mi mamá le ofreció agua, pero al apenas tomó un poco. De vez en cuando levantaba la mirada para ver las patrullas, como si estuviera esperando reconocer a alguien. Los oficiales hablaban entre ellos, tratando de entender lo que había dicho. Ninguno recordaba que se hubieran encontrado cuerpos en ese lugar, tampoco sabían qué crimen podía estar referiéndose. Uno de ellos comentó que tal vez el hombre estaba recordando algo que había ocurrido años antes, porque mencionaba nombres de personas que ya no vivían allí. Mencionaba nombres de policías. Pero tampoco pudieron comprenderlo en ese momento, hasta que finalmente apareció otra camioneta. Era el toro. Mi mamá decía que lo reconocieron desde que vieron a acercarse a la unidad, porque era una suburbán que solo él utilizaba. Se estacionó detrás de las otras patrullas y el toro bajo acompañado de una gente. Él ya era un hombre grande, de cabello canoso, que normalmente saludaba todos y se tomaba su tiempo para preguntar que estaba pasando. Aquella noche sin embargo, fue directamente a la patrulla donde tenían la desconocido. Mi mamá se acercó para explicar la situación. Le dijo donde le ven encontrado, que estaba desorientado, que no llevaba documentos y que desde el primer momento había estado preguntando por él, solo que le decía el torito. También le contó lo que había gritado sobre los muertos. El toro escuchó todo sin dar un pierda. Cuando terminó, le preguntó si el hombre había dicho "torito" nada más. Mi mamá le dijo que sí, lo repetió y según ella el toro se quedó mirándola durante unos segundos. Después caminó hasta la parte trasera de la camioneta y se asomó a la caja. El hombre levantó la cabeza. Mi mamá estaba lo suficientemente cerca para ver su reacción. Me dijo que fue inmediata, que reconoció el toro, que comenzó a llorar de una manera que ella le dio mucha impresión. Si llevó las manos a la cara y trató de levantarse, pero el toro lindicó que para mancir acentado. Entonces el hombre empezó a hablarle, aunque mi mamá no alcanzaba a escuchar todo lo que decía. Parecía estar pidiendo la ayuda, repetía su nombre, intentaba explicarle algo y por momento se oraba tanto que apenas podía hablar. El toro nada más lo observaba sin decir mucho hasta que finalmente le hizo una pregunta. ¿Qué te pasó? Mi mamá decía que ella pregunta le pareció extraña, por la manera en que se la hizo. De revidente que lo conocía, pero además había algo en su expresión que ella nunca había visto. El toro era un policía que había pasado por situaciones muy difíciles, incluso atentados contra su vida. Un hombre al que casi nada parecía sorprenderle y en ese momento tenía una cara de miedo como se hubiera visto un fantasma. El desconocido intentó responderle. Mi mamá alcanzó a escuchar que decía que se había perdido, que no sabía cómo había llegado hasta ahí, y que necesitaba que lo ayudara. Después volvió a mencionar a los muertos. El toro le hizo algunas preguntas más, en voz baja. El hombre empezó a llorar más, y el toro finalmente saparó de la camioneta. Caminó unos metros hacia donde estaban los demás policías, y les hizo una seña para que se acercaran. Todos fueron hasta él. Mi mamá pensó que estaba por darles instrucciones para trasladar al hombre, o que quizás les explicaría de que crime la estaba hablando. Pero el toro se quedó cayendo en un momento, nada más mirando la camioneta. Luego les dijo algo que mi mamá nunca, luego les dijo algo que mi mamá le costaba platicar, incluso tantos años después. Miren, este bateo hizo algo horrible, algo muy malo, pero ya pagó por dicho. Uno de los agentes le preguntó si se trataba del cúnde-lincuente conocido. El toro respondió que sí, que lo conocía se asian muchos años, desde que eran niños. Mi mamá aprovechó para decirle que si había cometido un crime, tenían que llevarlo a la comandancia. Aunque el asunto fuera antiguo, no podían dejarlo ahí. El hombre estaba haciendo declaraciones sobre unos cuerpos y tenían que averiguar si estaba diciendo la verdad. Pero el toro negó con la cabeza. No se puede. Ni mamá le preguntó por qué, y entonces el toro les dijo, no se puede porque este compas se murió en 1986. Decía mi mamá que ninguno de ellos respondió inmediatamente. Se quedaron mirando, lo esperando que agregar algo más. Incluso uno de los policías soltó una risa como pensando que el comandante estaba haciendo alguna clase de broma, pero el toro se quedó muy serio. Mi mamá volvió a mirar a esa la camioneta, el hombre se había sentado en la caja con la cabeza cachada. Podían verlo perfectamente bajo las luces de las patrullas. Habían hablado con él. Lo habían ayotado a subir. Le habían dado agua. Mi mamá decía que tenía la apariencia de cualquier persona que pudieran encontrarse en la calle. Incluso recordaba haber visto la tierra pegada a sus apatos cuando se acercó por primera vez a la ventanilla. Por eso le costaba tanto aceptar lo que estaba pasando. Uno de los policías le preguntó al toro si tal vez se trataba del hijo o de un familiar, alguien que se apareciera mucho a que el hombre, pero el comandante insistió en que lo había reconocido. También les dijo que el crimen del que estaban hablando había ocurrido aproximadamente 20 años antes, en ese lugar, y que él había participado en el caso. Mi mamá quiso saber qué había sucedido exactamente, pero el toro se limitó repetir que aquel hombre había hecho algo terrible y que ya había apagado por ello, con creces. Entonces le espició que se retiraran. Mi mamá se negó al principio. Le dijo que el hombre estaba bajo su responsabilidad y que necesitaban saber qué van a ser con él. El toro le seguro que se encargaría personalmente y que no tenían que preocuparse. Después acercó otra vez a la camioneta y habló con el desconocido. El hombre pareciera ser tranquilizado desde que lo vio llegar, ya no gritaban y señalaba hacia los ranchos. Lo ayudaron a bajar de la caja. Mi mamá recordaba que caminó por su propio pie hasta la unidad del toro. Antes de subir, se volvió para mirar hacia el camino donde lo habían encontrado. Permaneció así unos segundos observando la oscuridad hasta que el comandante le dijo algo que el hombre terminó subiendo a la camioneta. El toro se lo llevó y eso fue todo. Mi mamá me contó que que ya noche regresaron a la comandancia completamente confundidos. Durante el resto del toro estuvieron hablando de lo sucedido, tratando de encontrar alguna explicación. Su compañero insistía en que debía existir un error, que tal vez el toro había reconocido mal el hombre o que había querido evitar que lo detuvieran por algún motivo. Mi mamá sospechaba lo mismo. De hecho, durante varios días estuvo convencida de que todo terminaría clarándose. Pero eso nunca ocurrió. Preguntaron que había pasado con el detenido y nadie supo decirles. El toro no volvió a hablar del asunto con él. Ellos, cuando alguno de los agentes intentó preguntarle, respondió que ella estaba resuelto, que yo no había nada que investigar. Mi mamá decía que eso también le molestó, porque sentía que habían dejado ir a una persona que posiblemente estaba involucrada en un crimen. Sin embargo, con el paso de los días, comenzó a pensar en ciertos detalles que aquella noche no le habían parecido importantes. La ropa del hombre, por ejemplo, aquel pantalón de vestir, la camisa de los zapatos, también su peinado que parecía de otra época. Mi mamá me decía que en ese momento simplemente pensó que era alguien que llevaba muchos años usando la misma clase de ropa, el mismo peinado pasado de moda, pero después escuchar lo que dijo el toro, empezó a preguntarse por qué aquel hombre tenía exactamente la apariencia de alguien que hubiera vivido 20 años atrás, y había algo todavía más extraño. Cuando hablaba del crimen, lo asía como se acabara de ocurrir, preguntaba por personas que se consumieron después, ya habían muerto o se habían marchado del municipio, no entendía dónde estaba, y parecía sorprendido por algunas cosas que veía. Mi mamá recordaba que incluso había preguntado por un camino que ya no existía, uno que se derrumbó años antes cuando habían modificado el acceso a las comunidades. Aún así, ella decía que podía encontrar explicaciones para casi todo, que tal vez el hombre estaba enfermo, que tal vez había vivido ice lado durante mucho tiempo, que tal vez el toro estaba ocultando algo relacionado con aquel crimen, lo único que nunca pudo explicarse, fue lo que ocurrió unos meses después. Una madrugada que mi mamá volvió a pasar por el mismo camino, que iba con el mismo compañero que había estado presente cuando se encontraron a ese hombre, había interminado un recorrido y estaban regresando al pueblo, era más o menos la misma hora, entre las dos y las tres, y prácticamente no habían encontrado a nadie durante el trayecto, cuando llegaron a esa zona de los ranchos abandonados, su compañero le pidió ahora a hecha que bajara la velocidad, había alguien caminando por la orilla, mi mamá lo vio primero de maldas, un hombre con pantalón de vestir, camisa de manga larga, y el cabello peinado de una manera que reconoció inmediatamente, caminaba muy despacio, mirándose los terrenos que habían costado de la terrasería, es el mismo, le dijo su compañero, y mamá me contó que sintió muchísimo miedo, aunque todavía intentaba convencerse de que podía tratarse de otra persona, entonces el hombre escuchó el motor, se volvió hacia ellos y comenzó a levantar los brazos, era él, el mismo rostro, la misma ropa, la misma expresión de desconcierto que tenía cuando lo encontraron la primera vez, ya estaba intentando detenerlos exactamente de la misma manera, mi mamá dijo que por un instante pensó frenar, era lo que tenía que hacer, era policía, yo había una persona sola de madrugada, en un camino donde podía ocurrirle cualquier cosa, pero su compañero le puso una mano en el brazo, y le pidió que siguiera manejando, y no se detuvieron, pasaron junto al hombre y mi mamá alcanzó a verlo por la ventanilla, y él seguía levantando los brazos, tratando de llamar la atención, no parecía reconocerlos, tampoco parecía nojado porque no se hubieran detenido, simplemente estaba ahí, en medio de aquel camino, como se acabara de perder sin necesitar a que alguien la chutara, mi mamá lo miró por el retrovisor, el hombre se guía de pie, observando como se alejaban, lo hubia hacerse cada vez más pequeño, hasta que las luces traseras de la patrulla dejaron de iluminarlo, y se perdió en la escuridad, cuando llegaron al pueblo ninguno de los dos que hizo hablar demasiado de lo ocurrido, mi mamá me dijo que su compañero estaba tan asustado como ella, y que durante el resto de aquel madrugada evitaron mencionar el nombre del toro, o recordar lo que había sucedido la primera vez, nunca volvieron a tener ese hombre, y tampoco supieron que había hecho, porque había muerto en 1986, o que ocurrió aquella noche en la que el toro se lo llevó, mi mamá siempre se quedó con esas preguntas, en ocasiones pensaba que el comandante les había mentido, que debía existir alguna explicación que ellos os conocían, pero entonces recordaba la segunda vez que lo encontraron, caminando por el mismo lugar, con la misma ropa, buscando a alguien que pudiera ayudarlo, tiempo despueso ocurrió lo del niño que encontraron en el arroyo, y mi mamá decidió retirarse definitivamente de la policía, ya había visto demasiadas cosas de la pobre, y quería dedicarse a la familia, a nosotros, nunca volvió a trabajar en seguridad, aunque conservó la amistad al conos compañeros durante muchos años, debes en cuando, cuando se reunían, terminaban recordando historias de esos tornos nocturnos, accidentes, detenciones, situaciones que habían vivido juntos, pero aquella del hombre de la carretera, esa nunca la mencionaba, ni mamá decía que era porque ninguno quería pensar en ella, ninguno se quería acordar, yo escuché esta historia por primera vez hace unos años, y durante este tiempo pensé que tal vez había algo que mi mamá no quería contarme, sobre todo por lo que dijo el toro acerca de que el crimen, me preguntaba si el hombre había matado a alguien, si realmente habían encontrado cuerpos en esos ranchos, o si existía alguna relación entre su muerte, y lo que había hecho, pero los son cosas que mi mamá nunca pudo responderme, lo único que siempre me aseguró que me juraba por su vida era que que el hombre estaba ahí, que habló con él, que lo había chorado, y que después lo encontró, otra vez exactamente igual en el mismo camino, como si nada de la anterior hubiera sucedido, y hay algo que todavía me causa mucha impresión porque normalmente cuando escuchamos historias de fantasmas, pensamos en personas que se aparecen borrosos, que se ven por un momento, que asustan y ya, pero este hombre parecía estar vivo, perdido, lo podían tocar, lo podían subir a la patrulla, yo nunca he escuchado de esa clase de fantasmas, pero ese comunidad es el que mi mamá vio, que tengan muy buenas noches.

Podcast Summary

Key Points:

  1. Un policía municipal en Baja California vio una luz extraña y misteriosa en el valle de Mexicali, que se movía de forma inusual y parecía reaccionar a su presencia.
  2. La luz se observó durante varias semanas, pero en una madrugada específica se acercó rápidamente, desplazándose con una velocidad sorprendente y quedando suspendida sobre el terreno.
  3. En ese mismo momento, un matrimonio de ancianos reportó hallar a dos personas desnudas, completamente deformes, intentando llevarse su perro en su patio.
  4. La policía investigó la propiedad y no encontró a nadie, pero los ancianos afirmaron haber visto la misma luz brillante en el campo, lo que generó una conexión entre los dos eventos.
  5. El policía y su compañero no pudieron explicar la luz ni el encuentro con los desconocidos, y ambos se sintieron impactados por la sensación de que algo "reaccionaba" a su presencia.
  6. Años después, otro policía contó una historia similar en la que un desconocido buscaba al "torito", un jefe de sector, y al reconocerlo lloró como si hubiera sufrido un trauma profundo.
  7. El torito afirmó que el hombre había cometido un crimen en 1986, pero que ya había pagado por ello, y que el hombre no podía ser detenido porque ya había muerto.
  8. Dos años más tarde, el mismo policía volvió a encontrar al hombre exactamente igual, caminando por el mismo camino, lo que generó una profunda inquietud sobre si se trataba de un fenómeno paranormal o de una realidad distorsionada.

Summary:

Una policía de Baja California relata un encuentro misterioso en el valle de Mexicali, donde observa una luz extraña que se mueve de forma inusual y que parece reaccionar a su presencia. Al mismo tiempo, un matrimonio de ancianos reporta hallar a dos personas desnudas, de apariencia extraña, intentando llevarse su perro. Aunque no se encuentra nada físico, ambos eventos están vinculados por la presencia de una luz brillante en el campo.

Posteriormente, otro policía cuenta que un desconocido, en una madrugada, busca al "torito", un oficial conocido, y se desmorona al reconocerlo, diciendo que cometió un crimen en 1986. El torito afirma que el hombre ya pagó por ello y que no puede ser detenido. Más sorprendentemente, años después, el mismo policía vuelve a encontrar al hombre exactamente igual, caminando por el mismo camino, lo que genera dudas sobre si se trata de un fenómeno paranormal o de una realidad distorsionada.

Ambas historias reflejan la presencia de elementos inexplicables, una luz misteriosa y un ser humano que parece vivir en un tiempo distinto, generando un profundo impacto emocional y un misterio que no ha sido resuelto. La narrativa sugiere que las experiencias de los policías están conectadas por una sensación de lo sobrenatural, sin explicación lógica, y que los hechos parecen reforzar la idea de que algo más allá del mundo físico podría estar en juego.

FAQs

Los policías vieron una luz blanca brillante que permanecía en el horizonte durante varios días. Se movía de forma extraña, cambiando de dirección sin sonar un motor, y una noche se acercó rápidamente, pareciendo reaccionar a su presencia.

Los ancianos reportaron haber visto a dos personas desnudas y de tamaño pequeño intentando llevarse su perro. Al investigar, no encontraron a nadie, pero la luz que vieron en el campo coincidía con el momento del incidente.

Aunque no hubo pruebas concluyentes, los policías creían que la luz y el encuentro de las personas desnudas podrían estar conectados, ya que ambos eventos ocurrieron en la misma zona y en momentos cercanos.

El hombre estaba desorientado, vestido con ropa antigua y comentó que necesitaba hablar con el 'torito', un jefe de policía que ya no estaba activo. Luego comenzó a hablar de muertes que había cometido y de cuerpos encontrados en ranchos abandonados.

El comandante Toro dijo que el hombre había muerto en 1986, y que el crimen que mencionó ya había ocurrido hace más de 20 años, por lo que no podía ser responsable de lo que decía.

El hombre fue visto en dos ocasiones en el mismo camino, con la misma ropa y expresión de desconcierto. La segunda vez, intentó detener a los policías como la primera vez, lo que generó miedo y llevó a que la policía nunca volviera a investigar el caso.

Chat with AI

Loading...

Pro features

Go deeper with this episode

Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.