La vida está llena de decisiones que conllevan incertidumbre y renuncias. El miedo a elegir, a perder el control, al rechazo social y a equivocarse son los principales obstáculos que nos paralizan. La sobrecarga de opciones, como demuestra un estudio sobre mermeladas, puede generar ansiedad y llevarnos a no decidir. Es fundamental distinguir entre decisiones de alto impacto, como cambiar de carrera, y las reversibles, como elegir una película, para no invertir la misma energía en todas. Aceptar que toda elección implica un costo y que no podemos controlar todos los resultados es el primer paso para avanzar. Decidir no es solo pensar, sino actuar; el error no es un fracaso, sino una oportunidad de aprendizaje. La vida se construye mediante decisiones, incluso las incómodas, y ajustarlas cuando sea necesario nos acerca a la vida que deseamos. No decidir también es una forma de decidir, pero quedarse quieto impide el crecimiento. En resumen, aprender a decidir implica tolerar la incertidumbre, priorizar nuestras necesidades y actuar con valentía, sabiendo que siempre podemos corregir el rumbo.
Tomas una decisión de perjudica a vos. Tomas la otra decisión, dañas al otro, nunca vas a saber cómo va a salir. El dilema lo es que opción no duela porque ninguna no duela. Nadie más que vos te trajo hasta el lugar en el que estás. Estás escuchando la psicología al desnudo. Un podcast de psima malitil. La vida es pura insertión. A ver, nadie puede saber que una decisión es la correcta, hasta que la toma. Nadie tiene una bola de cristal que le permita anticipar el futuro con exactitud. Por más, vueltas que le demos una misma cosa, por más variables que intentemos controlar, no podemos estar 100% seguros del resultado de nuestras decisiones. Este es una de las relas que tenemos que aceptar en el contrato que firmamos al hacer. Al hijo tiempo, la responsabilidad de tomar decisiones es una tarea a la que no podemos resunciar ni podemos deligar. Las decisiones son nuestro timón, las que nos permita inconstruir la vida que queremos. De hecho, tu vida es el resultado de todas las decisiones que tomás. Incluso, cuando decís no decidir, también estás decidiendo. Y en la vida vamos a caminar de la mano de un lado con la insertión hombre y del otro con la responsabilidad de la toma de decisiones. Y eso nos puede paralizar y tiene sentido que lo haga, porque elegir implica tomar un camino y dejar miles de otros caminos posibles atrás. Porque no podemos elegir lo todo. Cada decisión implica una renuncia silenciosa de lo que pudo haber sido y ya no será. La vida ahora nos permite vivir todas las versiones posibles de nosotros mismos. Entonces, nos bloqueamos. Y detrás de eso, lo que va a decidir, hay una emoción muy concreta. Una emoción que todos conocemos bien. Y de la que hablamos muchas veces en este podcast es miedo. Un miedo muy concreto. El miedo a decidir. Si sos muy indeciso y también has agotado cuando tenés que tomar una decisión, o sos de arrepentirte, te invito a que te quede si escuchan este episodio. Porque vamos a descubrir porque no pues está tanto decidir. Y además traje muchas herramientas super úteras para compartirte. Podemos decir que hay cuatro grandes miedos que están debajo de la inseguridad de las decisiones. El miedo a elegir. El miedo a no tener control. El miedo al rechazo y el miedo a equivocarnos. Vamos a ir uno a uno. La idea es que puedas identificar cuál o cuáles son los miedos que están actuando en vos. El miedo número uno es el miedo de elegir. El elegir parece algo lindo deseable. Sabemos asociar el poder elegir con libertad. De hecho, preel libertad no es perhesividad de igual manera por todas las personas. Seguro tenés algún amigo o amiga para que la libertad es un momento de alegría, de felicidad, sin de como una sensación de expansión. Son personas a las que les entusiasma mucho considerar todas las maneras de llevar a cabo una decisión. Entonces intercambiado opciones con otros. Y siempre están pensando en que todo va a salir bien. Pero también capaz, o te reconoce como una persona a la cual elegir, le genera vertigo, o miedo o ansiedad, y hasta una sensación de bloqueo o de quedarse paralizado y no puede hacer nada. Lo que hace que quizás, vos terriemos decisiones o que directamente no decidamos nada. Cuantas más alternativas tenemos, más nos paralizamos. Cuando tenemos demasiadas opciones, el cerebro entra en un estado de sobrecarga. No porque no sepamos qué queremos, sino porque cada opción activa la pregunta silenciosa de Uy y si esta no era la mejor opción. O sea, cuantas más alternativas hay más futuros posibles tenemos que soltar. Y eso nos genera ansiedad. Hay un estudio famoso que hicieron dos investigadores en Estados Unidos, súper interesante, que demostró que las personas compraba en menos cuando tenían más opciones. El experimento fue así, pusieron en un supermercado dos versiones del mismo puesto de mermeladas. Un día ofrecían 24 sabores de mermeladas y otro día solamente seis sabores. El de veis que cuatro atraía a magente pero casi nadie contraba. Y el de seis quizás tenía menos visitantes, pero obtenía muchas más compras. A ese fenómeno les llamaron sobrecarga de elección, olchoice overload. Y nos muestra que cuando nos dan demasiadas opciones no elegimos mejora. Elejimos menos o directamente no elegimos. Porque el miedo de equivocarnos pisa mucho más que el deseo de decir. Eso mismo pasa hoy con las plataformas. De hecho Netflix observó que si tardas más de 90 segundos en decidir que vas a ver, es muy probable que lo bandones porque elegire a gota. Y además el proceso de decidir no solo requiere que conozcamos todas las opciones, sino que también necesita de confianza en nosotros. Porque tenemos que aceptar las consecuencias que va a traer esa decisión y bancarnos la. Es decir, implica sostener un criterio personal, fundamentarlo y poder tolerar las críticas de las objeciones y la subiera. Eso requiere coraje. El punto número 2 es el miedo a no tener el control o a perderlo. Quienes necesitan tener todo bajo control. Cuando persiguien que no pueden controlar todo lo implica esa decisión, el proceso de toma de decisiones queda bastante paralizado. ¿Por qué? Bueno, porque la persona queda bloqueada intentando ganar control sobre todos los aspectos que involucran la decisión. Entonces revisa toda la información disponible una y otra vez de manera obsesiva. Necesita saberlo todo antes de decidir. Trabilé muchísimo tiempo para pensar en la decisión, analizar, hacer un cuadro de doble entrada, ver pero si contras así al infinito. En vez de simplemente asumir que no se puede tener el control sobre todo y elegir incluso con en certidombre, la persona queda como loopendo e intentando ganar control sobre aspectos que muchas veces no va a poder controlar nunca, porque la vida además no funciona con variables cerradas. Muchos episodios de Black Mirror, una serie que te super recomiendo ver, giran alrededor de la fantasía del control total, control de la emoción, les recuerdos, vínculos, conductas y el mensaje siempre el mismo. Más control no trae más paz, trae más rígides y más sufrimiento. Hay episodio que se llama Arkangel, que es increíble. Es una mamá que intenta eliminar la insarteumbre de la vida de su hija, controlándolo todo y el resultado es catastrófico. No te voy a espoilar nada, miráelo, pero si te sentís identificado en esto de necesitar controlada absolutamente todo, la parte periodista de final te va a servir un montón. El miedo número 3 es el miedo al rechazo social. Sentimos queridos y aceptados por otros de nuestra manada, es de las necesidades básicas del ser humano como comérido al mir. Por eso el miedo al rechazo social está fuerte. Hay decisiones en las que ineados no aparecen porque falta información, sino porque no existe una opción inofensiva, es decir, que no haga daño. Hay situaciones en las que elijas, lo que elijas, hagan en pie de algo. O sea, tomás una decisión de perjudicas vos. Tomás la otra decisión, dañas al otro o quedas como el malo por priorizarte. Ahí el miedo, escala a niveles super altos. No por la elección, en sismo, por el costo emocional que implica de decidir. En esos casos decidir no consisten encontrar la opción perfecta porque no es la ahí. Si no, el evaluar qué costo está dispuesto a pagar. El conflicto real no es interalternativa, sino intervalores. Cuidarte a vos o sostener la aprobación ajera. Preservar un vínculo o preservarte a vos. Este tipo de elecciones que son además bastante habituales, aunque no sin cómodes, no se pueden desligar. Somos nosotros quienes definimos que precio estamos dispuestos a pagar para ser coedientes con los que queremos y con lo que necesitamos. Y el día número cuatro es el miedo a equivocarlos. Este es uno de los mismos más paralizantes porque suelta a ser sostenido por una creencia profunda de que si me equivoco eso dice algo malo sobre mí. Por ejemplo, imagínamos que alguien está evaluando cambiar de trabajo. La propuesta está buena, pero es perfecta. Entonces, empieza el luch, ¿no? La persona investida a la empresa, lee todas las reseñas en LinkedIn, pregunta cuánto duran en promedio los empleados. ¿Cómo es el jefe? ¿Qué pasó con la persona que ocupaba ese puesto antes? ¿Cómo está financiar, vente? ¿Si hubo despido ser último año o no? Hace toda la lista de pros y contras cuadros compartidos. Vuelve a hablar con recursos humanos. ¿De puede ser mañas? Le vuelven a consultar. Bueno, vas a aceptar este trabajo, no? La persona pide más tiempo. Que necesita seguir pidiendo recomendaciones o contactando a cada empleado de esa empresa para pedirle un rato que le cuente su experiencia. Acá el problema no es la información. El problema es que la decisión queda congelada porque hay demasiadas variables que no se pueden controlar. ¿Cómo se va a sentir en seis meses? ¿Si va a encajar con el equipo o no? Si el clima laboral va a cambiar esta…
bueno o no si la economía va a empeorar y como no puede tener 100% de certeza sobre eso, la persona no ilige. El lugar de aceptar que siempre va a haber un más rejende incerte y el elegir igual, la bestia le queda atrapada intentando dominar lo que no se puede nominar. Y como garantizar el 100% de las artesas, es imposible la decisión nunca llega. Detrás de esto suele estar la credencia de que pensando lo suficiente, es decir, sobre pensando, racionalizando, analizando cada variable, vamos a llegar a la conclusión 100% segura que elimine todo riesgo de equivocarnos, pero eso no existe. Porque lo único constante es el cambio, la vida es impermanente, las personas cambian, los contextos cambian, ninguna decisión puede aratizar resultados permanentes. Y tu parte de decisiones no es acertar siempre, es elegir lo más alineado posible con lo que queremos y sentimos hoy, salida que mañana podemos cambiar. Lo único que realmente controlamos es la honestidad de selección en el presente. Hoy, después será el tiempo el que nos muestre si fue una buena decisión o si necesitamos corregir el rumbo. Y entonces, en ese momento, es que vamos a tener que dar los pasos necesario para cambiar nuestra decisión. Equivocándose es parte de la vida y es una condición fundamental para el aprendizaje. Además, aprendemos errando, aprendemos y equivocándonos. La gran clave está en ver los horroles no como fallas, sino realmente como nuestros maestros para el aprendizaje. Los horroles de ofrecasos son información, información súper útil para elegir a futuro diferente. Por ese equivocar mis nues, algo que haya que evitar a toda costa. Así lo que, es algo que tenemos que aprender a tolerar. El horroro no es enemigo además de una buena decisión. Muchas veces es su consecuencia inevitable. Es cierto que cuanto más importante sentimos que una decisión más miedo ahí tiene sentido y es miedo en su justa medida cumplir una función valiosa porque nos hace frenar, pensar, decidir con cuidado porque la decisión es importante para nosotros. Es decir, que nos protege y está bien que lo haga de su función. El problema que no es el miedo, sino que se vuelve desmedido y se activa con la misma intensidad, freste a las decisiones que son reversible o de impacto bajo. Ahí ya deja de ser una señal de alerta y se transforma en un frelo. Hay decisiones que nos han gustean como si definieran una vida entera y donde una año ya vamos a recordar. Y otras que sí cambian un rumbo pero las postergamos. El problema no es decidir mal acá, sino poner el mismo nivel de alarma en todo. Por eso es que aprender a decidir mejor no es eliminar el miedo, es si no se apendera a caer y liberarlo. No implica pensar más. Si no, aprender a darle el peso que tiene cada decisión, distinguir que elecciones son realmente cruciales y cual no. Etener que no te defile una vida. Que no toda decisión necesita el mismo nivel de control ni de certeza, no es lo mismo decidir. Si cambiar de carrera, separarte o tener un hijo, que decidir si aceptas una invitación a un evento o si cambias de gimnasio o si te pedís el día libre y del trabajo. No es lo mismo una decisión que redefine el rumbo de tu vida que una que es reversible y ajustable. Sin embargo, montó de vez nuestro sistema de alarma se enciende igual para todo. Bien, hasta acá podéis identificar algún miedo que te esté presionando a la hora de elegir. Vamos a pasar a la parte práctica. No para buscar eliminar la incertidumbre, porque eso no es posible, pero sí para aprender a decidir incluso con ella. El poto clave número 1 es que tenemos que aceptar que decidir siempre implica pagar un costo. Este es uno de los juntos más difíciles de aceptar, pero no existe la decisión sin perdida. Toda elección abre un camino y cierra otros, siempre. Si estoy evaluando seguir o no en una relación, tengo que sumir que si me voy, voy a tener que atravesar un dueno. Y si me quedo, quizás, tenga que seguir pagando el costo de dolerar algo que me lastima. El dilema real es que costo estoy dispuesto a pagar. Decidir mejor no implica encontrar la alternativa perfecta, sino la más coherente a largo plazo, la que aunque hoy sea difícil, mañana me acerca más a la vida que quiero. El punto número 2 es que no todas las decisiones merecen el mismo peso. Una elección sensata requiere planificar así claro, pero también requiere calibrar. Como te decía antes, no es el mismo decidir mudarte de país, creerse aceptar una invitación o la fiesta. No yo mismo una decisión irreversible que una ajustable y solemos tratar a todas como si fueran definitivas y ahí aparecen desgaste. Porque invertimos un montón de horas y en arjemente la indecisiones de bajo impacto mientras que postergamos las que realmente importan. Siempre simple, acordate de preguntarte esto, me va a importar dentro de un año o dentro de cinco. Si la respuesta es no, probablemente no necesite tanto tiempo ni tanta angustia hoy. El punto número 3 es que decidir es pasar a la acción, es decir, decidir no termina cuando lo pienso, termina cuando lo hago. Llego un momento en el que llego al baste, ya planificaste, ya aceptaste el costo, ya viste alternativas, desiste todo lo que estaba tuavecance. Bueno, ahora es momento de tomar acción, pasar del decir a la ser, que ella no falta más información, falta movimiento. Y acá va un spoiler medio incómodo, es que nunca vas a saber cómo va a salir. Tomar decisiones implica animarte a actuar con lo que sabes hoy. La vida no se define por decisiones perfectas y no par decisiones tomadas, el resultado que puedes aprender todo el tiempo. A veces para bien, a veces no tanto. Pero sin actión no hay experiencia y sin experiencia no hay aprendizaje. Y punto número 4, clave para tomar decisiones es revisar nuestra decisión cuando sea necesaria, es decir, decidir no significa firmar un contrato de terno, significa elegir, avanzar y si hace falta, darnos vuelta y revisar. Por eso cada tanto vuelve a preguntarte. Esto que estoy viviendo, asiendo, que decidí, sigue siendo cuarente con quien soy hoy o solamente con quien era cuando tomé la decisión. Si esto no sale como esperaba, que es lo peor, realista, que podría pasar y qué recursos tengo yo para atravesar. Estoy sosteniendo esta decisión por convicción o porque tengo miedo de admitir que necesito cambiar de rumbo. Qué ajuste chiquitito podría hacer ahora para acercarme más a la vida que quiero sentir a todo por la bordo. Intentemos para responder estas preguntas, corregos de los pensamientos fatalistas a otros más realistas. Y recordate siempre que las decisiones de hoy te van a llevar la vida de mañana, aunque parezcan no tener tanta relación. Lo que te pasa hoy de hecho es producto de necesiones que tomaste ayer. Nadie más que vos te trajo hasta el lugar en el que estás y por ende, las decisiones que tomes hoy, solas que van a definir cómo vas a estar mañana. Si te cuesta tomar decisiones te das cuenta que te bloqueas seguido por cosas que al final no hayan tantas teras sendentales y que des trabajar para aprender a suerte al control, a tomar decisiones intente en la regia mental, te superinmito a que inicie un proceso de psico-terapía con nosotros. Te cuento que en Syvamaliki somos un equipo de psicólogos, matriculados y especializados con muchos años de experiencia clínica. Así que si te eres a ese terapio con nosotros, encontrás toda la información para empezar dando clic en él en la cera descripción de este episodio. Te vas equivocar y no una vez, muchas veces, muchísimas. Pero también vas a acertar, vas a crecer, vas a aprender, porque no hay aprendiz a recinar raro, ni transformación real sin decisiones, nada cambia desde la inmobilidad. El verdadero costo no es equivocarse, el costo es no elegir, quedarse quieto, repetirlo conocido, posterral indefinidamente la vida. Aunque a veces no lo veamos, no decidir es una forma de decidir. Comuncio Jorge Drexler, si queréis que algo muera, dejarlo quieto. En el tablero de la vida cuando intentamos algo y no sale, lo peor que puede pasar no es caer, es volver a mismo lugar, no evolucionar, porque incluso cuando volvemos al mismo lugar, nunca volvemos iguales. Volvemos con nueva información, con más experiencia, con una versión un poco más consciente de nosotros mismos. Incluso del error más gran de se aprende algo, nada se construye desde la quietud. La vida se transforma justamente, decidiendo intentando ajustando, no hay caminos garantizados. El elegir no elimina la enciarte de un beso no es posible, pero es la única manera que tenemos de avanzar. Son tus decisiones, las incómodas, también las que te da miedo, las que con el tiempo te van acercando a la vida que queréis construir. Tomar esas decisiones aunque te dé vertigo, siempre va a ¿No te va a haber tiempo?
para ajustarlas después.
Podcast Summary
Key Points:
Decidir implica renunciar a otras opciones y aceptar la incertidumbre, ya que no podemos controlar todos los resultados.
Existen cuatro miedos principales que paralizan la toma de decisiones
La sobrecarga de opciones, como en el estudio de las mermeladas, puede llevar a la parálisis y a no elegir.
No todas las decisiones tienen el mismo peso; es importante distinguir entre las cruciales y las reversibles para gestionar mejor la ansiedad.
Decidir no termina en el pensamiento, sino en la acción; el error es parte del aprendizaje y permite ajustar el rumbo.
La clave está en aceptar el costo de cada decisión, actuar con la información disponible y revisar las elecciones cuando sea necesario.
Summary:
La vida está llena de decisiones que conllevan incertidumbre y renuncias. El miedo a elegir, a perder el control, al rechazo social y a equivocarse son los principales obstáculos que nos paralizan. La sobrecarga de opciones, como demuestra un estudio sobre mermeladas, puede generar ansiedad y llevarnos a no decidir.
Es fundamental distinguir entre decisiones de alto impacto, como cambiar de carrera, y las reversibles, como elegir una película, para no invertir la misma energía en todas. Aceptar que toda elección implica un costo y que no podemos controlar todos los resultados es el primer paso para avanzar. Decidir no es solo pensar, sino actuar; el error no es un fracaso, sino una oportunidad de aprendizaje.
La vida se construye mediante decisiones, incluso las incómodas, y ajustarlas cuando sea necesario nos acerca a la vida que deseamos. No decidir también es una forma de decidir, pero quedarse quieto impide el crecimiento. En resumen, aprender a decidir implica tolerar la incertidumbre, priorizar nuestras necesidades y actuar con valentía, sabiendo que siempre podemos corregir el rumbo.
FAQs
Porque cada decisión implica renunciar a otras opciones y enfrentar la incertidumbre del resultado. El miedo a equivocarse, perder el control, ser rechazado o elegir mal puede paralizarnos.
Es un fenómeno donde tener demasiadas opciones nos paraliza y dificulta decidir. Un estudio mostró que en un supermercado, ofrecer 6 sabores de mermelada generaba más compras que ofrecer 24.
El miedo a equivocarse nos hace buscar certezas imposibles, analizando obsesivamente cada variable. Esto nos lleva a postergar decisiones, creyendo que un error define nuestro valor, cuando en realidad es una oportunidad de aprendizaje.
En situaciones donde cualquier elección duele, no se trata de encontrar la opción perfecta, sino de evaluar qué costo estás dispuesto a pagar. El conflicto real es entre valores como cuidarte a ti mismo o mantener la aprobación ajena.
Pregúntate si te importará dentro de un año o cinco. Si la respuesta es no, probablemente no necesite tanta angustia. No todas las decisiones son irreversibles ni definen tu vida.
Decidir no es solo pensar, sino pasar a la acción. Implica aceptar que nunca sabrás el resultado con certeza, pero actuar con lo que sabes hoy. Sin acción no hay experiencia ni aprendizaje.
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