El episodio aborda la dificultad de soltar desde una perspectiva cristiana y psicológica. La presentadora, Nati, explica que a menudo oramos para soltar pero no preparamos nuestro corazón, lo que lleva a un proceso doloroso. El versículo de Oseas 2:14 muestra que Dios nos lleva al desierto para hablarnos con ternura y reconquistarnos, no para castigarnos. Las heridas de la infancia (abandono, traición, injusticia, rechazo) son la base del apego y nos hacen aferrarnos a lo conocido, aunque sea dañino. Soltar no es perder, sino regresar al diseño original de Dios. Se identifican cuatro heridas que sabotean el proceso: el miedo a la soledad, a ser lastimado, a rendirse o a perder valor. La presentadora comparte su propia lucha con soltar el control sobre el trabajo y la productividad, revelando que el miedo a lo desconocido la ha llevado a desobedecer. Para sanar, propone un ejercicio donde se visualiza a Jesús sentado frente a uno, se identifican las heridas y se entregan, seguido de un compromiso escrito de sanar y un acto simbólico de destruir la lista de lo que se suelta. El mensaje central es que soltar requiere sanar la raíz del apego, no solo un acto de fe superficial.
Por Qué Nos Cuesta Soltar y el Desierto de Dios
No nos digamos mentiras.
Yo creo que tanto tú como yo hemos en algún momento el camino hecho, oraciones donde uno le dice a Dios, Ay, Dios arranca de mi corazón, ayúdame a soltar, ayúdame a dejar ir, transfórmame Escudriña mi corazón.
Y cuando llega el momento nos paralizamos porque entramos en angustia, en miedo, en inseguridad, en frustración, en incertidumbre, porque no sabemos qué va a pasar con todo lo que está sucediendo en ese momento.
Y empezamos a decirle al señor, señor, No, por favor.
Quítame esta sensación, quítame este dolor, que yo no sienta que yo no experimente porque no preparamos previamente el corazón, muchas veces hacemos oraciones.
Ultraligeras o copiamos la oración del vecino, pues porque creemos que así es como se ora y no trabajamos realmente en preparar nuestro corazón para que cuando llegue ese momento, nuestro corazón esté dispuesto realmente a lo que significa soltar o dejar ir.
Yo sé que a TI Dios ya te ha mostrado qué es lo que tienes que soltar, qué es lo que tienes que dejar ir.
Y quizás tú has dicho una y otra vez, Ay, sí, yo ya lo hice o yo ya solté, pero en el fondo quizás no lo has hecho, quizás sigues volviendo.
Una y otra vez a lo mismo, mismos patrones, mismas relaciones, porque nadie te enseñó a soltar o a dejar ir.
Por eso, si te quedas escuchando todo este episodio, te voy a ayudar a entender por qué te cuesta tanto soltar.
Cuál es esa herida de tu infancia que está sosteniendo ese apego.
También te voy a ayudar a reconocer si estás soltando a medias y, sobre todo, como sanar esa parte de TI que aún no quieres cerrar la puerta.
Hola, yo soy nati y te doy la bienvenida a terapia con Jesús, el nuevo espacio de psicóloga cristiana, un lugar diseñado para sanar el alma en las.
De aquel que nos creó.
Por eso ponte cómoda o cómodo en este lugar.
Seguro para que hablemos con el padre, el hijo y el Espíritu Santo acerca de esos temas que, como cristianos, no nos atrevemos a hablar.
Por eso hay lista, papel, lápiz y tu bebida favorita, porque esto está cargado de revelación.
Iniciamos terapia con Jesús.
Quiero que abramos este episodio con un versículo, que yo sé que tú has escuchado o has leído, pero que a veces uno dice, Ay tan lindo y ya lo deja ahí que es, o sea, 214, o sea 214, dice.
Pero yo la conquistaré de nuevo, la llevaré al desierto y allí le hablaré con ternura, la verdad.
¿Cuando yo lo leí dije, Ay, qué lindo, pero luego le dije, bueno, señor, Explícame, qué tiene que ver esto con todo lo que vamos a hablar?
Y nos empezó a mostrar que muchas veces nosotros nos resistimos el ir al desierto, asociemos el desierto con soltar, porque así es como muchos sentimos el el acto de soltar o dejar ir como un momento de desierto, de dolor, de incertidumbre, de inseguridad.
Y hay algo muy bonito en este pasaje.
Y es que aquí ya nos muestra a propósito, entonces yo voy al desierto.
¿Bueno, pero para qué?
Ah, para que él me conquiste de nuevo y allí me hable con ternura.
Hay otras versiones que dicen y le hablaré al corazón.
¿Bueno, y qué le vas a hablar al corazón?
¿Dios, Qué vas a decirle a ese corazón, no?
Y estaba pensando que justamente se le hablará el corazón.
Es le daré indicaciones, le enseñaré, le daré revelación, como que me voy a encargar de cuidar y de nutrir ese ese corazón que está en medio del desierto, que no es como que se va a quedar por siempre y para siempre en el desierto.
Son una temporada, son unos días, unas semanas que yo sé que a veces lo sentimos demasiado eterno, pero aquí es donde podemos empezar a ver cuál es el sentido de este desierto.
Las Heridas de la Infancia que Sabotean el Soltar
Yo segué para tino es un secreto.
Que hace mucho no subo un episodio a terapia con Jesús.
La razón no es que no haya ni ideas, es que ha estado siendo muy procesada y en medio de estar tan procesada he estado en modo quietud y el modo quietud se ha sentido como una temporada de desierto, porque ha sido una temporada donde Dios me ha dicho suelta y siendo súper sincera.
No ha sido desde que quede en embarazo, o sea, esto es desde hace un año que Dios me viene diciendo que suelte y yo no le he hecho por miedo.
Él me ha pedido que suelte.
La fan me ha dicho que suelte la forma en la que trabajo, me dice que suelte la forma en la que me relaciono con el tiempo, pero el miedo, la inseguridad, la incertidumbre y todos los escenarios catastróficos que se parecen por mi mente han saboteado ese acto de soltar y es lo que te decía al comienzo, yo he orado, yo digo, Ay, sí señor, hoy te suelto, hoy te entrego.
Pero a la hora de la verdad no lo hago.
Y es porque yo entiendo que el alma quiere avanzar, pero hay una herida que quiere aferrarse.
Y es que soltar no es solo un acto espiritual, soltar es un proceso emocional, psicológico y hasta fisiológico.
Y cuando oramos por soltar sin preparar el corazón, lo que hacemos es pedirle a Dios cirugía sin anestesia emocional.
Esa es la realidad y detrás de esto hay algo que se esconde, hay cuatro heridas.
La herida de abandono que dice que si suelto me voy a quedar sola, la herida de traición que dice que si dejo ir me van a volver a lastimar, le haría injusticia, que dice que soltar sería rendirme y yo debo luchar por lo que quiero y tenemos la herida de rechazo que nos dice algo así como es que si yo suelto pierdo el poco valor que tengo, que esto puede traer otros discursos, pero aquí te quiero como contar estos que son los más típicos que he encontrado en terapia, pero también que me he
susurrado en esta temporada, como te decía desde hace un año, Dios me viene diciendo que suelte.
Y sí, he desobedecido y no me siento orgullosa de decirte, Ay, sí, desobedecí por te lo cuento como testimonio de lo que Dios está haciendo.
Yo desobedecí no porque se me antojara, sino porque tengo, y lo digo porque aún lo siento, tengo miedo, tengo angustia, tengo mucha inseguridad.
Y eso es lo que justamente en este tiempo de cierto Dios está trabajando conmigo.
El aprender a gestionar ese miedo, a trabajar de otra forma, relacionarme con el tiempo, otra manera a transformar los conceptos que tengo acerca de la productividad.
Y es que crecí con una mentalidad esclava, porque pues en mi familia me vendieron que el concepto de trabajo era entre más trabaje, mejor le va a ir en la vida.
¿Y hoy?
Pues por supuesto.
Entiendo que no es así y entiendo que no tengo que vivir con la mentalidad del mundo.
Pero te digo que lo entiendo más.
Me cuesta sentirlo y me cuesta sentirlo porque hay unos hábitos, hay unas costumbres, hay unas creencias, hay unos patrones y eso es lo que en el momento, en el tiempo de cierto Dios empieza a trabajar con nosotros justo como lo dice, o sea, de y le hablaré al corazón o le hablaré con ternura, como dicen otras versiones.
¿Entonces, qué me va a hablar?
Con ternura que le va a decir a mi corazón que hay otras formas de ver, hay otras formas de pensar, hay otras formas de relacionarse, que hay otras formas de vivir la vida y hoy lo estoy aprendiendo.
¿Es del reposo, porque literalmente me dijeron los médicos que tengo que parar, que tengo que reposar para garantizar que soy no nazca antes de tiempo y he llorado lo que no te imaginas, le he dicho a Dios, Dios, por qué no es justo?
No me parece.
YY te digo esto porque algo que me ha pedido Dios que suelte es la atención.
A pacientes y es algo que no me gusta porque amo acompañar a las personas, me gusta entregar herramientas, me gusta sentarme y escuchar a las personas y ayudarles a construir nuevos caminos.
De verdad.
Yo amo ser psicoterapeuta, pero en este tiempo lo que Dios me ha dicho es que sí lo voy a seguir haciendo, pero de otra manera, que no es a mi manera, sino a la manera de él.
Y hacer las cosas de otra forma, pues es desconocido para nuestro cerebro y por eso es que nos resistimos.
Por eso es que saboteamos.
Por eso es que lo dejamos más en la parte racional, el hecho de decir, Ay, sí, sí, sí, yo solteo, yo ya voy a soltar, pero al final no soltamos, porque no conectamos mente, cuerpo, espíritu.
Descubre Por Qué Soltar No Es Perder, Sino Ganar
Entonces, al ser tan integrales, Dios cuando nos lleva al desierto, nos quiere mostrar.
En todos los sentidos.
¿Cómo es que podemos hacerlo?
Y por eso es tan importante hacer una pausa para identificar cuál es esa herida que no hemos sanado, que nos está saboteando el hecho de soltar ahora, psicológicamente hablando, soltar activa zonas en tu cerebro que están asociadas al apego a la pérdida y al miedo al vacío.
Pero cuando tú empiezas a trabajar en esas heridas, ya no hay una herida que te active.
La dependencia, la atadura, sino que, por el contrario, cuando tú empiezas a sanar, empiezas a ver de una manera diferente a escuchar, hablarle a tu corazón desde otro lugar que incluso empieza a asociarte con tu nueva identidad.
Porque es que cuando nos acostumbramos a depender, cuando nos acostumbramos a vivir atadas o atados a algo o alguien, nuestra identidad no nos digamos mentiras, pero se va a distorsionar.
Porque nos creemos el cuento de es que yo no puedo soltar.
Es que para mí es muy difícil, es que yo nunca lo logro o es que yo lo intenté, pero como que no dio fruto y nos acostumbramos a esas narrativas y lo que nuestro corazón empieza a creer.
Por eso yo amo ese pasaje que dice guarda Tu corazón.
Es que también hay que guardarlo de lo que creemos acerca de nosotras mismas o de nosotros mismos, porque es ahí donde distorsionamos el diseño que el padre sembró en nuestro corazón.
Por eso hoy con total honestidad, como tu psicóloga cristiana de confianza, quiero decirte que soltar no es perder.
Sí una parte de ti, una parte cree que es perder, pero a esa parte que cree que es perder, le puedes cambiar la narrativa.
Puedes transformarle esa historia y enseñarle que soltar es regresar a tu diseño, es conectar con tu propósito, es vivir la vida que él te llamó a vivir.
Y sí, te lo reconozco cuando tú dices soltar.
¿Puedes sentir miedo al vacío?
Sí, porque no sabes que sigue, puede haber un apego traumático que te lleva a confundir dolor con amor, sí, también puede haber creencias limitantes que te dicen si lo suelto, si la suelto voy a fracasar o si cambio este hábito, qué tal yo fallé y qué tal pase lo peor y qué tal yo quedé sola o qué tal no vuelvo a ser feliz o qué tal pase ABC que son escenarios catastróficos que llegan a nuestra mente si todo esto puede pasar, pero eso va a pasarle a una parte de TI, no al todo por eso y quiero
invitar.
A ver, que hay una parte de TI que puede sentir miedo, que puede confundir dolor con amor, que puede tener creencias limitantes, pero esa parte puede ser transformada por otra parte, otra parte que habita en TI y que cree plenamente en Cristo y en lo que él puede hacer en tu vida, que cree firmemente que él puede sanar, que él puede transformar.
Pero ojo, con esto no es de yo me voy a quedar rascándome el ombligo y mirando para el test y dejo que él haga todo, sino que hago algo muy intencional y es.
Es decidir, dar el paso, dar el paso de aprender a sanar, dar el paso de aprender a poner límites, dar el paso de aprender a decir que no, que tanto nos cuesta.
Y esa intencionalidad es la que me va a llevar a cruzar esa puerta de dolor que quizás no he transitado porque me he lavado las manos y he dejado todo en manos del otro, en que Dios lo haga, porque es que no nos digamos mentiras.
Eso también es caminar o transitar desde la herida.
Identifica y Sana la Raíz de Tu Apego para Soltar
¿Por eso, para construir este camino de sanidad que implica soltar, quiero que te hagas cuatro preguntas, a qué te estás aferrando que Dios ya te pidió soltar?
¿Qué creencia o creencias limitantes se activan cuando piensas en soltar?
¿Qué versión de TI Podrías encontrar si dejaras de cargar con lo que ya no es tuyo y qué parte de tu identidad se esconde detrás de eso que no puede soltar?
Responde a estas preguntas y estoy segura que estas preguntas te van a dar mucha más claridad acerca de cómo construir ese camino, porque es que construir el camino no es decir, Ah, ya ya voy a soltar.
Construir el camino implica ver, darte cuenta, darte cuenta de qué es eso que está camuflado, que está escondido, que te está saboteando el hecho de soltar de forma genuina como Dios te lo ha pedido, y cuando tú ves eso, lo siguiente es sanarte, primero nos damos cuenta, lo segundo voy a ser intencional en sanar.
¿Y ahí vas a definir el cómo cómo voy a sanar?
¿Voy a entrar en un proceso terapéutico, voy a conversar con alguien de mi congregación, cómo lo quiero hacer y por dónde puedes empezar?
Mira, cómprate un cuadernito.
Y ahí empieza a escribir esto que te estoy diciendo para que así tú puedas empezar a construir con el padre ese camino de sanidad que te va ayudar realmente a no depender y que te va a ayudar a soltar.
Y te digo todo esto porque a veces oramos para soltar, pero lo que realmente necesitamos es sanar la raíz de nuestro pego.
Y por eso es que muchas veces no es que te aferres a lo que fue, sino que te aferras a quién fuiste cuando eso era lo único que tenías.
Y es por eso también que hay cadenas emocionales que nosotros aprendimos a amar, porque nos dan una falsa sensación de control, pero también de seguridad.
Y es por esa razón.
Que muchas veces uno suelta a medias.
Y es que soltar a medias es como cerrar una puerta con el pie metido.
Tú finges que ya te fuiste, pero tú sigues ahí adentro y entonces tú sigues justificando porque sigues allí.
Tú dices, ya solté, pero de repente revisas de nuevo eso que trae dolor.
Ejemplo, si lo hablamos de una persona, sigue revisando sus redes, sigue revisando sus mensajes.
¿Sigues buscando la forma de tener a esa persona ahí contigo?
¿Y es por esa razón que muchas veces tu mente vuelve una y otra vez a imaginar el qué pasaría si?
Y esto pasa porque muchas veces en la infancia aprendimos a unir amor con presencia, control con seguridad y sufrimiento con valor.
Por eso, aunque algo nos duela, seguimos allí, porque es que eso nos resulta conocido y en el alma lo conocido muchas veces se siente más seguro que lo saludable.
Entonces, en la práctica esto hace que te aferres a relaciones inestables porque confundes intensidad con amor.
Te quedas en lo laboral, por ejemplo, como es mi caso.
Por miedo, miedo a fracasar, miedo a no ser suficiente o miedo a no lograr el propósito con el que Dios me creó.
Y es así que el apego sin sanar convierte el acto de soltar en una amenaza, porque no ves a soltar como un paso, sino como una pérdida de tu identidad.
Un Ejercicio Práctico para Soltar y Sanar con Jesús
Y para no ser más loruda, hagamos un elcioterapéutico.
Quiero que busques un espacio donde te sientas segura, seguro, donde puedes estar libre de ruido, libre de distracciones.
Para que puedas realmente aterrizar todo lo que hemos hablado en tu corazón.
Si ya estás en ese lugar, quiero que pongas las manos sobre tu pecho.
Esto para transmitirle a todo tu ser que estás segura, que estás seguro y que estás siendo intencional con este ejercicio con aprender a soltar.
Ahora quiero que como niños cerremos los ojos y activemos la imaginación.
Y para eso quiero que imagines.
Vas a imaginar qué es eso, que no puedes soltar, ser una persona, un sueño, una tapa, una promesa.
¿Qué es eso?
¿Y ahora quiero que observes cómo lo estás sosteniendo, estás apretando, lo estás abrazando, lo estás escondiendo ahora?
Observa Jesús entrando.
A esa habitación, a ese lugar donde estás y se sienta frente a TI, él no te va a exigir.
Recuerda que él va a hablarle con ternura a tu corazón y él hoy te está diciendo, no te estoy pidiendo que no sientas.
Solo quiero que me tomes la mano y me permitas llevarte.
¿Al otro lado de la puerta de dolor, qué le dirías hoy a Jesús?
Ahora Jesús te dice, pon sobre mis manos.
Lo que quiere es que juntos trabajemos ánimos.
¿Qué aprendiste?
¿Aprendiste que el amor era aguantar sufrimiento?
Era quedarte en lugares donde no te valoraban.
Aprendiste que trabajar era lo que te daba valor, propósito o sentido.
¿Cuál es esa herida que aún está sosteniendo?
Será abandono, será rechazo, será injusticia, será traición y vas a entregarle ahí a Jesús y te invito a hacerlo con susurro.
Vas a decirlo hoy te entrego, te entrego la historia distorsionada que hay en mi cabeza, esa historia que dice que si suelto me quedo sola, me quedo solo, que si suelto fracaso, que si suelto lo peor estará por venir.
Entrégaré tus heridas y nómbralas.
Hoy te entrego.
La herida de abandono que viene desde que empezó cuando o la herida de rechazo o la de injusticia o la herida de atraición.
¿Pon esto sobre sus manos y vas a decir, hoy elijo Entregarte y ahora vas a hablar con Jesús acerca del cómo vas a trabajar en eso?
Jesús, Hoy voy a aprender a tomar decisiones.
Hoy voy a hablar con un líder, con el pastor, con la pastora o ir a terapia.
Voy a buscar consejería.
Cuéntale cómo vas a dar el paso de sanar y ahora quiero invitarte a abrir los ojos y vas a tomar una hoja y vas a escribir este como.
Como un acuerdo que haces con el padre, hoy me comprometo a a trabajar en esto, a ser intencional, en aquello en aprender a tomar estas decisiones.
Hoy me comprometo a aprender, a poner límites a estas personas, a estas ideas, a estas creencias limitantes.
Escribes hoy en tu boca y luego te quiero invitar a hacer algo y es tomar otra hoja.
Y en esa hoja vas a escribir lo que vas a soltar, pero vas a hacerlo como un acto de fe.
Yo sé que vas a tener muchas ideas y crees que te van a decir Ay, si, pero ya lo ha dicho una, lo ha dicho 2, lo ha dicho 3 veces que va, usted no va a cumplir, usted no lo va a lograr, vas a hacerlo como un acto de fe y vas a escribir creando un título, hoy suelto y vas a escribir lo que sueltas hoy suelto esta idea distorsionada de este hábito, este patrón, esto que me enseñaron en la familia, esto que he creído por años esta relación.
Esta forma en la que me relaciono con el tiempo, con el trabajo, incluso con los compromisos, con las promesas que me hago, escribe todo lo que sueltas y como acto simbólico.
Al final al inconsciente le gustan mucho los actos simbólicos que lo he hecho en episodios anteriores.
Tómate el tiempo de destruir esta hoja, rompela en pedacitos, llévala a la basura y esto va a ayudar a que conectes el ejercicio que empezamos a hacer.
Con esta última parte del ejercicio y recuerda que este ejercicio no es una vez y para siempre puedes hacerlo cuantas veces quieras.
Por eso te invito a guardar este episodio para que lo lleves contigo, para que lo trabajes una y otra vez y también para que lo escuches una y otra vez.
A veces, cuando escuchamos otra vez otro episodio encontramos cosas que no habíamos encontrado antes y eso me parece delicioso.
Así que también muchas gracias por acompañarme en este episodio.
Gracias por confiar.
Gracias por querer trabajar en este episodio no solamente conmigo, sino trabajar también con el padre, que hoy está feliz y deschoso de Acompañarte y recuérdame editar en lo que dice seas, estoy segura que traerá mucha revelación para tu vida.
Este episodio llega a su fin, pero estoy segurísima que aquí es donde realmente inicia tu recorrido de sanidad con todo lo que aprendimos hoy.
Por eso quiero invitarte a suscribirte y darle like a este episodio.
Si le habló a tu querida alma, no olvides dejarme en los comentarios o sistemillas que te gustaría escuchar en los siguientes episodios y pasar por la página web tu psicólogacristiana.com para que puedas descargar y utilizar más recursos que voy dejando por ahí.
Podcast Summary
Key Points:
Soltar no es un acto espiritual aislado, sino un proceso emocional, psicológico y fisiológico que requiere preparar el corazón.
Las heridas de la infancia (abandono, traición, injusticia, rechazo) son la raíz del apego y dificultan soltar.
El "desierto" es un tiempo de Dios para hablar con ternura al corazón, no un castigo, sino una oportunidad de sanar y reconquistar.
Soltar a medias es como cerrar una puerta con el pie metido
Se propone un ejercicio práctico de visualización con Jesús para identificar heridas, entregarlas y comprometerse a sanar.
Summary:
El episodio aborda la dificultad de soltar desde una perspectiva cristiana y psicológica. La presentadora, Nati, explica que a menudo oramos para soltar pero no preparamos nuestro corazón, lo que lleva a un proceso doloroso. El versículo de Oseas 2:14 muestra que Dios nos lleva al desierto para hablarnos con ternura y reconquistarnos, no para castigarnos.
Las heridas de la infancia (abandono, traición, injusticia, rechazo) son la base del apego y nos hacen aferrarnos a lo conocido, aunque sea dañino. Soltar no es perder, sino regresar al diseño original de Dios. Se identifican cuatro heridas que sabotean el proceso: el miedo a la soledad, a ser lastimado, a rendirse o a perder valor.
La presentadora comparte su propia lucha con soltar el control sobre el trabajo y la productividad, revelando que el miedo a lo desconocido la ha llevado a desobedecer. Para sanar, propone un ejercicio donde se visualiza a Jesús sentado frente a uno, se identifican las heridas y se entregan, seguido de un compromiso escrito de sanar y un acto simbólico de destruir la lista de lo que se suelta. El mensaje central es que soltar requiere sanar la raíz del apego, no solo un acto de fe superficial.
FAQs
El proceso de soltar activa zonas cerebrales relacionadas con el apego, la pérdida y el miedo al vacío, por lo que involucra respuestas físicas y emocionales. No basta con orar; hay que preparar el corazón y trabajar en las heridas subyacentes para que el alma esté lista.
Soltar a medias es como cerrar una puerta con el pie metido: finges que ya dejaste ir, pero sigues aferrado. Por ejemplo, revisas redes sociales de una expareja o te quedas en un trabajo por miedo, justificando tu permanencia.
El dolor de soltar genuinamente es temporal y lleva a crecimiento, mientras que el apego traumático confunde el sufrimiento con amor y te mantiene en ciclos de inseguridad. Si sientes que perderías tu identidad al soltar, es probable que sea apego no sanado.
Creencias como 'si suelto fracasaré' o 'perderé mi valor' activan escenarios catastróficos en la mente. Estas narrativas distorsionan la identidad y hacen que lo conocido, aunque doloroso, parezca más seguro que lo saludable.
Reconoce que la oración sola no basta; necesitas sanar la raíz del apego. Identifica la herida de infancia (abandono, traición, injusticia o rechazo) y busca ayuda profesional o consejería para trabajar en ella de manera intencional.
Repite el ejercicio cuantas veces sea necesario: pon las manos sobre el pecho, visualiza lo que no puedes soltar, entrégaselo a Jesús y escribe un acuerdo de sanidad. Luego destruye simbólicamente la hoja como acto de fe para conectar mente, cuerpo y espíritu.
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