El texto analiza cómo las redes sociales, a través de números como likes, corazones y retweets, transforman la interacción humana en una lógica de acumulación y rendimiento. Expertos como Pablo Gokoki, profesor en Northwestern, y Belén Garzábal, de Flacso, explican que esta cuantificación hipervisibiliza la sociabilidad y genera ansiedad, ya que los usuarios buscan validación constante, como muestra el caso de Ymid, que monitorea el alcance de sus publicaciones, o Pilar, que dejó de obsesionarse con quién veía sus historias. Los algoritmos, diseñados dentro de políticas corporativas, refinan la medición de audiencias, pero no capturan el significado profundo de las reacciones, que pueden ser superficiales o ambiguas. Además, se señala que esta dinámica refleja inequidades sociales, pues ciertos cuerpos y temáticas reciben más atención, y que lo incomputable —lo real del otro, lo sensorial— escapa a los números. Se discute también que la idea de adicción a la tecnología es un pánico moral, ya que lo que nos atrapa es el deseo de conexión y reconocimiento, no el aparato. En definitiva, el malestar surge de la ilusión de acceso permanente a la vida ajena y de la presión por conformar la mirada del otro, mientras que las empresas monetizan nuestra atención, creando un circuito obsesivo que puede llevar a un agotamiento mental, aunque algunos encuentran placer y hasta ingresos en esta dinámica.
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Fabs, likes, corazones, fuego seguidores, retweets.
Hay redes sociales que recientemente testiaron cómo sería borrar la cantidad de "me gusta" que recibimos en fotos o posteos.
Presumen quizás que miramos tanto esos números que nos terminas siendo mal.
En los últimos años, las grandes empresas de tecnología diseñaron aplicaciones para que controlemos el tiempo que pasamos en los productos que ellas mismas hacen.
¿Qué es lo que torna las redes sociales tan atrayentes? ¿Qué quieren las diseñan? ¿Nos dan herramientas también para que regulemos su uso?
Hay algo imparable en nuestras alcaminas de estas tecnologías. Es posible imaginar redes sin números.
Los números se parecen a las entretaderas. Trepan, se cortan, se olvidan, leorecen, se adaptan.
¿Has sido donde van nuestras entretaderas? Mi nombre es Mora Matasi y junto a Tomás Pere Vistón vamos a analizar los datos que producen las tecnologías de tracking más populares de internet.
Yo creo que he convencido, a través de lo que investigo y de lo que leo, que nos hemos vuelto adictos a las vínculos, pero no a las tecnologías.
Tronjía simplemente nos habilitan esos vínculos, pero lo que nos interesa no es el aparato, lo que nos interesa es ese contacto casi permanente, esa accesibilidad casi permanente a la vida de las otras personas, a su presencia constante en nuestras vidas
y al que le presten atención a nuestras vidas, el narcisismo y la inseguridad hace mucho que preceden a cualquier tecnología.
Quien habla es Pablo Gokoki, profesor en la Universidad de Norwestern y co-director del Centro de Estudios sobre Medios y Sociedad de Argentina, Meso.
En la pantalla del celular aparecen datos pendientes, continuamente el número de emails pendientes que no se leyeron, el número de grupos de WhatsApp, de mensajes de redes sociales, que no se ven, es una constante invasión de información que generan números y esos números son cuentas pendientes
que tenemos que atender.
Nos habla a Belén y Garzábal, directora del área de comunicación y cultura de flaxo, esa demanda constante de las redes puede producir en algunos casos agotamiento, como cuenta floro.
Mis amigos me reclaman que no veo tal o cual historia que ellos subieron y algunos amigos directamente los tengo silenciados porque me agotan en redes.
Esta problemática está llegando a los consultorios de salud mental, Santiago de Eus, si canalista, miembro de la escuela afrodiana de Buenos Aires, nos explica que nos constituimos como personas en relación con la mirada de quienes nos rodean.
Y el usuario hace su posteo y luego queda pendiente de cuántos likes obtiene, cuántas veces fue compartido, lo que posteó, cuántas veces comentado, cuántos repost, consiguió. Se pone el juego así una especie de ansiedad y de ser reconocido de esa maquinaria o esa carrera vacía hacia el más likes o más seguidores, ¿no?
Una lógica estadística, competencia numérica, una cuestión ligada de la acumulación, el deseo se constituye en torno al deseo del otro.
Y el reconocimiento del sujeto también es algo que está en relación con lo que le viene del otro.
En ese mundo digital, ese otro hace vuelve exponencial, se vuelve masivo, se vuelve en una mayor cantidad de miradas.
Y esa mirada, además, es 24 horas, porque desde el momento en que también habito una red social, si público, genero datos y si no público también estoy generando una ausencia aún vacío.
Esa exposición constante a la mirada gena se traduce en el lenguaje de las redes tal como las conocemos, al intercambio acumulación de likes, fabs o me gustas.
Que, como nos explica Pablo, se caracterizan por ser números semi públicos, lo cual hipervisibiliza nuestra sociabilidad cotidiana.
Lo sé, mi público es clave, a diferencia de otras mediciones, por ejemplo, el peso en las personas.
Cuando se pesa uno sabe cuánto peso, pero no lo, digamos, la pesa con la que interactúan, no sabe.
Puede tener una medida si, si, si, si ha ganado o ha perdido peso, pero no exactamente el peso.
Lo que pasa con estas cuantificaciones de, digamos, de la respuesta frente a lo que se comunican las redes sociales, es que son visibles para todos.
Y eso, alguna manera, genera una suerte de ranking, no dicho, pero no por eso, no consecuente de dónde está para cada persona,
qué es trato estar respecto de nosotros y otras y otras con las que comparto una comunidad o una triurbana o una familia o el grado en la escuela o en el trabajo.
Y en esa semi publicidad de los números que muestran las redes sociales, aspiramos a cumplir determinados rendimientos.
Tenemos expectativas sobre la cantidad de racciones que producen nuestros posteos, los me gusta, los comentarios, los compartidos.
Escucha esto que le pasan a y mid.
Estoy atenta a cuál es la párforma de las cosas que voy postiando en redes sociales, sobre todo en Instagram.
Lo cual es raro porque tengo una cuenta personal, pero miro los likes y, sobre todo, como es el seguimiento de las distereas en Instagram, si hay algo que genera mayor interés,
es un momento en una historia donde la gente se oaje, también si hay cosas que genera mayor respuesta.
No tengo muy claro por qué, porque no produjo un contenido que me pareja que pueda ser relevante para una comunidad o una audiencia,
sino que son dos cosas personales fragmentadas en 15 segundos.
Muchas veces esa mirada también es la mirada que colocamos hacia nuestros propios perfiles donde construimos nuestras biografías,
como le pasa a Florida.
Lo que sí tengo que confesar es que desde que existe en las redes sociales paso más tiempo en mi perfil, que en el de los demás me auto estoqueo constantemente.
Y ahora que lo digo en voz alta es rareísimo, pero de alguna manera es como si revisitar a mi vida a través de mis posteos.
Pero ¿dónde viene esta tendencia de las redes a mostrarnos números y los rendimientos entre comillas de estos números?
El algoritmo solo es impensable, el algoritmo está dentro de una política y está diseñado y está dirigido.
Las redes evidentemente utilizan esto porque le funciona, si no lo utilizan, el comienzo posiblemente fue bastante asaroso.
Los botones de megusta, fab o retweet también usándose como indicadores de aquello que supuestamente nos interesa.
Eso donde está nuestra tensión.
Y los medios y las empresas analizan esas interacciones nuestras para producir contenidos que nos puede llegar a interesar.
Siempre la industria de los medios ha tratado de entender que es lo que quieren las audiencias, en el caso de la gráfica es la circulación.
¿Cuántos periódicos o revistas, cuidas en las periódicas se venden en determinada unidad de tiempo?
¿Nadie saben cuáles son los artículos que se leen y nadie sabe cuánto gusta lo que se leen?
Solo se sabe si el paquete se vendió. En el caso de la radio difusión, hoy en día se usa más los ratings, incluso en minuto a minuto.
De vuelta, nadie sabe si la historia gustó, no gustó si se compartió, si se comentó y nada por el estilo.
Tienen las redes que generan automáticamente una radiografía mucho más detallada, porque no es por diario ni por minuto, sino es por posteo, y además un poco más sofisticada porque es por tipo de reacción.
Lo que busca es poder circular al sujeto, poder localizarlo, poder localizar sus intereses, su identidad, y de ese modo poder ubicar que quiere cuando, donde con quien de qué modo.
Por tanto, puede el algoritmo, poder circular al sujeto y matematizar su deseo. Me parece que eso son los dos vectores.
que hay que estar advertidos, que puede producir el algoritmo,
matematizar el deseo y podericular el sujeto.
Para Pablo, las redes generan un salto cualitativo
en la capacidad de, digamos, refinar las racciones
que tenemos como audiencias hacia distintos contenidos.
Esa combinación se asienta sobre la historia de tratar de medir
la atención de la gente, pero yo creo que genera un salto cualitativo
en cuanto a lo granular, si quieren lo refinado
de el conocimiento cualitativo que se tiene.
Lo que no se sabe a través de esto, no se tiene ninguna idea,
es lo que le pasa a las personas cuando están interactuando
con este contenido, incluso cuando no ponen en canta
versus me gusta.
Y el me gusta puede decir algo del deseo de alguien
o puede ser una simple expresión light superflua a la ligera,
que dice muy poco del sujeto, donde el sujeto está
muy poco complementido.
Me diga la cantidad de "me gusta" o "retweets" en las redes,
puede terminar por generar una confusión.
Es que no es tan claro qué significa esa acumulación
y hacia dónde nos va a llevar.
Oye, se suena dar "retweet" porque le parece que es absurdo algo,
a veces dar "retweet" porque es algo con lo que estaba acuerdo.
Es el mismo "retweet" pero no se sabe cuál es el significado.
Yo creo que mucho de lo que se pierde en la discusión,
respecto a los números, es que los números son una aproximación
determinado tipo de comportamientos, prácticas y experiencias,
pero no permite una inferencia absoluta de eso.
Este "quiebre" entre leer "me gusta" e interpretar el significado
de ese "me gusta" es un ejemplo de lo que le pasó a pilar.
Antes, si miraba quién me miraba la historia,
no qué cantidad si no quiénes.
Hoy en día, la verdad que ya no lo hago más,
como que me dejó de interesar y capaz que puede ser
porque ya no le encuentro como una causa de efecto.
No quiere decir que porque alguien me mire, me va a hablar o lo que sea.
La lógica numérica en las redes implica entrar en un circuito
de podríamos decir consumo de likes, de postear para conseguir más
y de seguir postiando para seguir sosteniendo ese ritmo.
Es una forma de trabajo, podríamos decir que hacemos en las redes.
Estoy imperativo de que hay que conseguir más,
como si más fuera mejor.
Ahí se arma esa rueda infernal de circuito obsesivo y ansioso
y que se constituye un verdadero trabajo.
Está ahí atormentado por ese circuito infernal de querer cada vez más
y no poder parar en ese consumo.
Hay algo que se ve también, que veo en las adolescentes,
que es un tipo de código si se quiere en la forma de vinculación,
en relación a la cantidad.
Una ansiedad en relación a tener que ponerle likes a todas sus amigos,
sus amigas, para que después esas personas le pongan like a uno.
Y ahí se genera como un circuito de ansiedad, no solamente por ver
los likes que me ponen, sino también por llegar en tiempo,
a ponerle likes a las otras personas.
Parece como si la función de intercambiar likes en algunos grupos
sociales o etarios fuera un juego imaginario de reciprocidad.
Los números tienen un poco eso.
Es una certeza de algunos casos falsas, ¿no?
Es cierto que uno pesa tanto, pero no es cierto que uno tenga más o menos
caché en un grupo de acordas las likes y todo eso de las redes.
Pero, bueno, a mí me da la impresión que entre la gente sub-30,
seguro, incluso sub-40, dependiendo de la persona,
es una fuente de alegría y de tristeza, de angustia y de felicidad,
como antes no existía.
Cuando los números no dan bien, es una fuente de angustia,
pero también es como un incentivo para volver a postear, a subir,
a compartir, para ver si tenemos mejor rating.
Y cuando uno le va bien, es una forma de incentivo para seguir posteando,
porque a la flauta, fue también que mejor, claro, es por acá.
Al estar mirando como es la performance,
voy buscando mejorar ese alcance y también moviendo como mejora.
Hace poquito hice un juego de compartir cosas índimas como fotos
de los cuchillos de las cocinas, y para lo que es mis redes,
que es algo rechiquito, creció un montón,
y fue algo que también hice en juego con una mied,
que tiene una cuenta bastante grande.
Y me dijo que dentro de su seguimiento,
eso había generado un montón de views,
como 2.000 personas mirando y compartiendo cuchillos,
y nos da eso mi ser sentido orgullosa.
El placer que se pone en juego, en torno a las tics,
en torno a las redes, a la obtención de likes,
es un placer ligado a sentirse agradable, a querer agradar,
querer agradarse a sí mismo.
Según la cantidad de likes, el yo se siente más o menos agradable,
y encuentra placer gracias a esa cantidad.
Hay personas que transforman esos números en dinero,
es decir, monetizan los likes y nuestra atención en las redes.
Se trata de los y las influencers.
El grupo que consigue monetizar eso con un volumen de ingresos,
significativo, es ínfimo.
Pero para esa gente es cierto.
Es una forma de monetizar estas nuevas,
esta nueva hypervisibilización de la socialidad contemporánea.
Pasamos tanto tiempo en las redes,
sino si nos importa tanto esta cuantificación de las prácticas
en las redes, que las empresas que ponen falta
publicitarias se han anotistiado de eso,
y deciden esponsorial determinados posteos,
o poner publicidad asociada de determinadas cuentas.
La pauta publicitaria siempre va donde está la atención.
Y la atención está cada vez más ahí.
Oye, ¿quieres tener por casualidad más visualización
en tu canal de YouTube?
O que no es simplemente tener muchos likes en tus fotografías
o estados de Facebook.
6 de mis consejos para pasar de 0 a 20.000 seguidores.
El desarrollo de las tecnologías obedece menos
a los imperativos del aparato y más a las dinámicas culturales
del mundo, el contexto geográfico, histórico, etcétera,
en el que se desarrola.
Hay mucho de las estructuras sociales,
de la cultura, de los modos de ser,
que dominan en un tiempo y en una geografía terminada,
que terminan las mando C en el desarrollo tecnológico.
En esas estructuras y dinámicas sociales y culturales
que menciona Pablo, ¿qué es lo que se muestra
y lo que no se muestra en las redes?
¿Qué es lo que se computa y lo que no es computable?
Es muy interesante para pensar también cómo las inequidades,
estereotipos, que existían desde antes,
hoy se ven reflejados también en las redes sociales.
No hay una generación de datos.
¿Qué perfiles son los que tienen más likes?
¿Qué imágenes son las que más circulan?
¿A qué estereotipos responden?
¿Qué temáticas?
Cuando pensamos, bueno, los perfiles que tienen más seguidores,
las imágenes que se replican más,
¿cómo son?
¿A qué cuerpos responden?
¿Qué corporalidades son las más aceptadas
en nuestro universo digital?
¿Qué es lo visible y qué es lo invisible
en el régimen escópico digital?
Las redes nos pueden acercar al otro,
pero ninguna aplicación puede acercarnos al real del otro.
La manera en que esta dimensión del real del otro
implica poder experimentar con el otro,
experimentar su singularidad real,
poner en juego la propia.
¿Qué es lo que no se puede computar?
Lo real del otro.
Ahí está lo auditivo, lo olfativo, lo táctil,
lo gustativo, lo incomputable, es esto.
Es todo aquello que excede el proceso algoritmico
o el proceso de automatización del procesamiento de datos.
Lo que está en juego y pareciera organizar nuestra relación
con esta lógica numérica o acumulativa de las racciones
en redes proviene sobre todo del Entramado Social
y no tanto de aquello tecnológico.
Si no realmente quisiera trabajar sobre eso,
no tendría que trabajar sobre el dispositivo
ni sobre las capacidades tecnológicas de las redes.
Porque no es eso lo que provoca el malestar.
El malestar viene por pensar que uno puede tener acceso
permanente a la vida de los otros.
Si que ese acceso tiene que validar de alguna manera
la posición que uno tiene frente a la vida de los otros,
el malestar también está asociado con el tener esa sensación
y que uno siempre tiene que estar abierto frente
a la mirada de los otros y conformar a los otros,
conformar esa mirada con lo que ven.
Y que entonces me parece que sí eso sobre el realidad
que trabajar y por qué definitiva el sujeto contemporáneo
es tanto más en débil de lo que yo creo que era
hasta hace no tanto tiempo.
esa fraquilidad viene por ahí y no viene por la tecnología en sí.
Esto nos puede ayudar a enmarcar una discusión que suele escucharse mucho sobre las redes y pantallas.
La idea de que desarrollamos hacia ellas, comportamientos adictivos.
Para hablar de adicción tendríamos que definir respecto de qué objeto se trataría
y qué tipo de relación habría con ese objeto.
Entonces, ¿qué objeto se trataría?
Yo rotundamente desacuerdo con la idea de la adicción a estas tecnologías.
La historia del cambio tecnológico, sobre todo en tecnología y la comunicación,
está llena de momentos de pánico moral que suelen estar asociados con la errupción
y gran popularidad en poco tiempo de determinados avances tecnológicos.
Y esta ilusión que tenemos de poder estar en todos lados al mismo tiempo,
pero es eso a lo que nos hemos vuelto, es no sé si adictos,
pero lo que nos atrapa, nos tienta, nos seduce y de alguna manera nos da la impresión
que puede llenar cierta falta, que no tiene nada que ver con eso.
Tiene que ver con lo que es ser una persona.
Las relaciones, así se llama una mítica serie producida por la BBC en los años 70
que buscaba mostrar interconexiones entre cambios históricos y surgimiento de tecnologías.
Más de 40 años después, en plena era de las redes,
la infraestructura técnica quizás sea un evento más en nuestra historia.
El argumento central, eso que buscamos y que nos pone en juego, es otra cosa, las relaciones.
La enredadera es una producción original de amphibia podcast y apoyada por movistar.
Conducción y producción, muera matasi y tomás perejvisón.
Edición gaba de bonus, diseño, chulo rauche.
Podcast Summary
Key Points:
Las redes sociales utilizan números como "me gusta", "likes" y "retweets" para cuantificar interacciones, generando ansiedad y competencia entre usuarios.
Expertos como Pablo Gokoki y Belén Garzábal señalan que la adicción no es a la tecnología, sino a los vínculos y la validación social constante.
Los algoritmos y las empresas monetizan la atención, midiendo reacciones para crear contenido dirigido, pero no capturan el significado real de las interacciones.
La lógica numérica puede crear circuitos obsesivos, especialmente en jóvenes, donde la reciprocidad de likes se vuelve una obligación social.
Las inequidades y estereotipos sociales se reflejan en qué perfiles reciben más atención, y lo incomputable (lo real del otro) queda fuera de los números.
Se discute que el malestar proviene de la expectativa de acceso permanente a la vida de otros, no del dispositivo en sí, y se rechaza la idea de adicción tecnológica como pánico moral.
Summary:
El texto analiza cómo las redes sociales, a través de números como likes, corazones y retweets, transforman la interacción humana en una lógica de acumulación y rendimiento. Expertos como Pablo Gokoki, profesor en Northwestern, y Belén Garzábal, de Flacso, explican que esta cuantificación hipervisibiliza la sociabilidad y genera ansiedad, ya que los usuarios buscan validación constante, como muestra el caso de Ymid, que monitorea el alcance de sus publicaciones, o Pilar, que dejó de obsesionarse con quién veía sus historias. Los algoritmos, diseñados dentro de políticas corporativas, refinan la medición de audiencias, pero no capturan el significado profundo de las reacciones, que pueden ser superficiales o ambiguas.
Además, se señala que esta dinámica refleja inequidades sociales, pues ciertos cuerpos y temáticas reciben más atención, y que lo incomputable —lo real del otro, lo sensorial— escapa a los números. Se discute también que la idea de adicción a la tecnología es un pánico moral, ya que lo que nos atrapa es el deseo de conexión y reconocimiento, no el aparato. En definitiva, el malestar surge de la ilusión de acceso permanente a la vida ajena y de la presión por conformar la mirada del otro, mientras que las empresas monetizan nuestra atención, creando un circuito obsesivo que puede llevar a un agotamiento mental, aunque algunos encuentran placer y hasta ingresos en esta dinámica.
FAQs
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Los números son indicadores de interacción que las redes usan para medir la atención y generar rankings. También permiten a las empresas analizar intereses y monetizar la atención.
Pueden generar ansiedad, agotamiento y una carrera por acumular reconocimiento. Expertos señalan que la exposición constante a la mirada ajena afecta la constitución de la identidad.
No, según expertos, es un pánico moral recurrente en la historia tecnológica. Lo que nos atrapa no es el aparato, sino el deseo de vínculos y presencia constante en la vida de otros.
Que son visibles para todos, a diferencia de otras mediciones como el peso. Esto genera rankings implícitos y expectativas sobre el rendimiento de nuestros posteos.
Los influencers pueden transformar likes y atención en ingresos, aunque solo un grupo ínfimo logra monetizar significativamente. La pauta publicitaria se dirige donde está la atención.
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