En este episodio, la anfitriona celebra el éxito de su mes de julio de 2025, durante el cual dirigió 24 recorridos guiados por la exposición de impresionismo en el Palacio de Bellas Artes, todos con entradas agotadas. Agradece profundamente a su audiencia por el apoyo constante, que hace posible su trabajo como guía, profesora y creadora de contenido. Describe cómo cada grupo transformó la experiencia: aunque repetía el mismo discurso, las preguntas, miradas y reacciones de los visitantes hacían que cada recorrido fuera único, recordando la lección de Heráclito de que nadie se baña dos veces en el mismo río. Reflexiona sobre la importancia de la contemplación colectiva del arte y cómo el acto de mirar no es neutral, sino que está moldeado por la historia personal, el género, la clase y las experiencias de cada quien, citando a filósofos como Merleau-Ponty y John Berger. También enfatiza la necesidad de respetar las reglas de los museos y valorar al personal que cuida las obras. La anfitriona comparte que aprendió a leer a su audiencia, a hacer pausas y a adaptar el ritmo, encontrando la magia en el encuentro entre la obra y la emoción del espectador. Concluye que este mes fue una temporada transformadora que la obligó a estar más presente y a reconocer la belleza de su trabajo, deseando recordarlo como una carta para el futuro.
Bienvenida, mi gente, bonitable. Vamos a arte un nuevo episodio del podcast. Estoy feliz de tenerte aquí de regreso conmigo, estar juntos, compartiendo este espacio que está nuestro. Si no me siguen en Instagram o andaban desconectados de redes, cosa que a veces hace mucha falta. Probablemente no saben lo que ha pasado todo este mes, porque no es huido episodio nuevo. Así que bueno, quiero que te sientas te pongas cómodo y contarte en lo que han dado. Pero antes, si quiero darle las gracias, gracias por haber esperado este episodio por estar aquí, por darle sentido este proyecto. Como ya saben, el podcast es como mi audiencia más grande y más fuerte cada persona con la que me topo en la calle, incluso en los recorridos, en las clases siempre hacen mención del podcast. Y puedo no subir por meses en Instagram, en YouTube, lo que sea. Pero cuando pasa tiempo de que no subo episodio del podcast, siempre llega un mensaje y eso es algo que agradezco infinitamente. Así que bueno, no quería dejar pasar la oportunidad. Pero bueno, este mes fue un mes. Gracias al cielo, lleno de trabajo y necesito de tenerme un segundo para justo compartirlo, escribirlo y agradecerlo. No hubo ni un solo día de este último mes que lo diera porcentado. Poder hacer esto, que amo poder vivir de esto, de arte, de mis clases, de los recorridos, mis clubes de lectura, de verdad, de ganes y nexajerar un sueño cumplido. Así que muchas, muchas gracias a cada persona que comparte los episodios, que comparte lo que sea que haga, que paga un boleto para mí, no un boleto. Un beso, un acceso para mis clases o que se queda escuchando hasta el final de cada episodio. Gracias por darle valor a lo que hago, significa muchísimo. Así que, en fin, quiero hablar tan tito de este último mes, porque estuve dando recorridos guiados por la exposición temporal del impresionismo en el Palacio de Bellas Artes. Y fue un mes completo todos los días, uno tras otro, fueron 24 grupos y cada uno fue un sold out. Una locura tremenda que sigo sin poder creer, fue una experiencia transformadora, conocía muchísima gente, tuve muchas conversaciones, tantas miradas distintas frente a las mismas obras y terminé haciendo una colaboración con Bellas Artes para un video promocional, que es algo que todavía no terminó de procesar, fue bien bonito, pensar en que cuando empezaba lo de hablamos, hace que 8 años, no sé cuánto tiempo va, que no tenía idea de cómo entrar al mundo del arte, no entre comillas. Y bien padre, poder tener ahora contacto con estas instituciones y con estas personas que trabajan en estas instituciones para darle valor también a lo que hago. Es una retroalimentación, una validación bien bonita que no es indispensable, pero a veces es necesaria y este me es justo todo eso. Creo que hay temporadas de nuestra vida, que o en nuestro año, que se nos quedan grabadas por el impacto que tuvieron y por esta forma en cómo nos transforman, cómo te acuerdas de 2024, que tuviste una temporada de algo en específico. Porque son temporadas que nos obligan a ver tal vez algo en nosotros mismos que no habíamos visto, reconocido. Y para mí, este mes fue una de esas temporadas. Mientras llegaban los grupos, caminábamos por esta exhibición, veíamos estos monedos, nos deteníamos ver en estas naturalezas muertas de renuar. Yo sabía que estaba viviendo algo que con muchos años en adelante o que incluso un mes después iba a recordar con una mezcla de mucho orgullo, de mucha nostalgia y gratitud. Me pasaba mucho estar en el recorrido, pues, explicándonos como los impresionistas, si van cambiando las reglas de la Academia. Y al mismo tiempo estar pensando, esto es lo que quiero hacer el resto de mi vida. Esto se siente bien bonito de hacer. Y sentir en tiempo real que estás exactamente donde quieres estar. No sé si debería, pero donde quieres estar, es una locura, es algo que no pasa todos los días. Con la rutina, el trabajo se empieza a hacer o de flogera o haciendo cosas que no se sientan tan padres. Pero estos momentos eran importantísimos para mí y que los necesitaba mucho. Entonces, no hubo ni un solo día que yo no diera recorrido y esto estuviera en mi cabeza. Pensar que estos momentos son los que yo voy a estar recordando en algún momento en mi vida. Pronto, un futuro cercano o lejano y que esto me obliga a mí. Esto lo hice también mucho con los recorridos en Madrid. Pero este pensamiento a mí me obliga a estar más presente en las cosas que hago. Aunque estás en realidad pensando en el futuro, y cómo vas a voltear a ver a ese momento, a mí me hace valorar mucho más las cosas que hago en el presente, en decir, encontrarle más bien la belleza a lo que estamos haciendo. Definitivamente, un privilegio lo que hago, pero ha sido extraordinario. Y esta sensación que les digo que la compartía cuando está dando los recorridos en el prado. En la sensación de estar en un lugar que te sobrepasa, con obras que llevan siglos resistiendo en lo olvido. Pero ahora intercambiamos en lugar de Velázquez, sofoniz van Gizol, la estamos viendo a Sinha, Camoneta, Verd Morisot, pero lo más fuerte es estar rodeada. Pues de ustedes, si tomaste algún recorrido conmigo, de estas personas que llegaron a mí con ganas de aprender, de sentir y de mirar de verdad. Entonces, a esto le quiero dedicar el episodio, a lo que significa mirar a cómo la contemplación que hacemos en un museo puede ser un acto colectivo, y que es bien importante que también lo veamos así. Como el arte se vuelve otra cosa cuando lo comparte. Y quisiera dejar, como esta reflexión, no este episodio también para mí, como una carta para el futuro, de lo que ha sido este mes, porque yo quiero acordarme de lo que estaba haciendo en julio 2025. Así que bueno. Pues caminé una y otra vez por estas mismas alas del Palacio de Beasartes, un museo extraordinario simplemente inconcebible. "Estar dentro de Beasartes es una experiencia extraordinaria". No sé qué otra palabra usar. Y aquí voy a hacer una pausa. Estoy haciendo recorridos privados y grupales en el Palacio de Beasartes. No tengo un calendario fijo. Ahorita, por ejemplo, voy a dar un o el 2 de agosto. Pero hago la mención. Y digo, si ya lo escuchaste, ya te pasaste este recorrido. Agosto para mí iba a ser, tengo bastantes viajes. Gracias a Dios, gracias al cielo. Entonces no voy a estar en la ciudad. Pero para que alguien sepan, yo he recorrido los privados en caso de que tengas a tu familia, amigos que vengan a la ciudad de México, contactenme, doy grupos privados nada más. Si son más de cuatro personas. No doy grupos privados a menos personas. Entonces no puedes escribir si juntas a tu familia, amigos o lo que sea. Y para mis recorridos grupales, yo siempre la anuncio ahí en mis redes. Así que ahí está el anunció publicitario en caso de que alguien lo interese. Pero bueno, estas primeras veces que estamos recorriendo en las salas, yo sentía cómo lo estaba haciendo con cierto control. Y lógico, se sabía que historia iba a estar contando frente a que cuadro, que pregunta podía abrir mejor una obra, cómo lograr que alguien que no reconociera al artista que teníamos en frente pudiera conectar con él. Pero después, como les digo, es lógico porque vas muy tensa, muy ansiosa, pensando en que ojalá la gente le guste, he practicado poco lo de l'impressionismo. Es algo que siento que domino muy bien. Entonces iba confiada en mí, o sea, sentía que iba a hacer un gran trabajo. Esto es bien importante, verdad. Siempre tener como una especie de confianza lo que estás haciendo, porque si no sale caótico. Pero pues muy ansiosa. Y después me di cuenta a medida de que avanzaba con los recorridos, era que yo no era la que dictaba este ritmo del recorrido. Era más bien. Ellos ustedes, los visitantes, los que me acompañaban. Porque aunque yo tuviera mi guión en la cabeza listo para decirlo en voz alta, había alguien que preguntaba algo, que me interrumpía para comentar lo que estaban pensando, o había alguien cuando cruzábamos miradas, veía cómo que estaba esperando a que terminará de hablar, para poder decir lo que querían decir. Y la conversación cambiaba de dirección. Claro que todo en torno a lo que estábamos viendo. Pero medida que avanzaba con estos grupos me hacía sentir tan empaz. Saber que yo nunca estaba dando el recorrido dos veces. Y esto me emocionaba mucho. A pesar de yo estar dando el mismo speech, la misma información, los mismos chistes que repetí a dar recorrido, que a mí ya no me daban nada de risa y me daban bastante cringe. Pero era como, pues es que ellos nunca lo han escuchado. No sé sueno. Este pensamiento a mí me sirvió porque me hacía recordar, y esto se los dije a los grupos, en esta lección de Eraclito, que dice, "Nadie se baña dos veces en el mismo río". Porque tú eres el mismo, ni el río, es el mismo. No, el agua que está corriendo no es el mismo momento, con la misma piedra a todo. Y esto lo tenía presente cada vez que me levantaba cada vez que me preparaba salir. Y fueron 24 maneras distintas de atravesar esta misma exposición. Unos venían como cuando vas a misar, no hay avincalladitos, en silencio con este recorrido.
respeto absoluto, otros llegaban sumamente entusiasmados, sonriendo, platicando conmigo, que esto me daba gasolino, se me hacía sentir bien segura de lo que estaba apunto de hacer, porque es una plática entre yo y ellos, les estoy platicando lo que sé y que con la esperanza de que ellos me puedan dar retroalimentación y que me digan que están pensando. Entonces, lo trataba de ver de esta manera y era gasolina para mí. Obviamente había unos claros que se quedaban atrás, otros que se adelantaban, algunos tomaban fotos, escuchaban con atención, pero había reacciones íntimas intensas y difíciles de predecir a veces. Claro que había personas que venían acompañando a alguien y como que no estaban muy interesados, a veces reduzaban el celular o estaban con los brazos cruzados. Y esto me ha dado un menciono, porque esto es algo que yo tengo bien, bien clavado en la cabeza, desde que estaba en chiquita, que una maestra me dijo que nunca debería de cruzar los brazos, porque no estás permitiendo esa tu lenguaje corporal, estás cerrando a lo que la otra persona te quiere dar. Y lo hemos escuchado en todos lados, pero es algo que yo aplico conscientemente siempre. Nunca me ha permitido cruzar los brazos y cuando lo hago, siempre estoy consciente que estoy cruzando los brazos. No sé si tiene sentido como está lógica de que estás mega y pervigilando los brazos cruzados. Y es una fijación muy cañón. Entonces, cuando veo que alguien lo hace, aunque tal vez sea algo aquí, es algo que no tiene el mismo sentido que para mí, pues es algo en lo que me fijó mucho. Entonces me fijaba en ciertas como miradas o caras que hacían. Y aquí me gustaría hacer una pequeña pausa. Les digo, esto es un episodio un poco más platicado. Les traigo un hilo de la conversación más adelante. Pero quiero hacer esta pausa porque creo que nunca está demás decir esto. Que a veces a mucha gente se lo olvida es recordar que las personas que trabajan en los museos, los que están dentro de la sala, los que vigilan, los que están instrucciones, los que te abren y te cierran las puertas del museo, los que están al pendiente de todo lo que no vemos ni siquiera, no están ahí para incomodarte. No están ahí para ruinarte la visita para darte órdenes sin sentido todos están ahí para cuidar, para proteger obras que aunque parezcan que están intactas, son sumamente fragiles. Está ahí para que generaciones futuras puedan también tener la oportunidad de mirar para que lo que estemos viendo hoy no desaparezca mañana por un descuido, porque son estas exposiciones de tanta, tanta gente. Y creo que el hecho de estar en una exhibición, en una exposición, en un museo y de verdad estar, no estar presente ahí, implica comprender que existe una especie de, no sé cómo llamarle, como coreografía, invisible, que permite que todo funcione en la ira condicionado a la temperatura exacta, esta iluminación, justa, la distancia que debemos de guardar entre tú y la obra, nada es casualidad, es parte del respeto por la obra, la experiencia del otro y por los que trabajan en el museo. Así que, sí, lo digo porque veo, o sea, pues estar en un museo seguido si te da una panorama de cómo hay personas que a veces, pues piensan que los guardes están ahí, nada más para molestar y es como, hay que respetar estas reglas, porque eso significa que quieras ir a ver arte, que también entiendas que hay cosas que tenemos que seguir, porque no estás tú, nada más en la exhibición. Hay tiempos de espera, las alas seyerán muchísimo, necesitamos aprender a ser pacientes, en fin. Sí, es algo que nunca platico y me parece importantísimo, si estamos hablando en podcasts de historia del arte, de museos, de exposiciones y recorridos, es indispensable mencionar esta parte. Así que bueno, me tocaron de todo y de todo aprendí, aprendí obviamente que el arte no despierte las mismas sensaciones, sentidos en todo mundo y que no tiene por qué hacerlo, que guiar un grupo también saberle era, quién está escuchando, no saber cuándo avanzar, cuándo detenerte, cuándo alzar tan tito más la voz, o cuándo hacer una pausa, que esta es una de las lecciones más grandes que yo tuve. Desde antes de hacerlo recorridos en el prado, en las clases que estaba dando yo me caché, que habla muy rápido y como que, "tata, tata, tata" y eso tiendes a hacer cuando estás muy ansiosa, cuando estás muy nerviosa por lo que estás diciendo. Y ha aprendido de grandes maestros que he tenido a lo largo de estos años, en que las pausas hablan muchísimo también, lo hace un poco más dramático, mucho más intenso, y es algo que intento aplicar. Y sí, o sea, como lo que les decía al principio, como estaba muy controlada con las cosas que, el guión que yo traía en mi cabeza, pero después, cuando se veía que en una obra que tal vez yo me iba a parar unos dos minutos, nada más, veía que alguien le interesaba mucho, volteaba ver a la persona era que perfecto, nos vamos a quedar un rato más en esta obra, porque estoy viendo que te conmueve muchísimo. Y eso es lo padre, no también aprender a leer a la gente que tienes alrededor de ti. Entonces, bueno, hay maneras de entender el arte, pero creo que lo más importante es que nos demos cuenta que al hacerlo, que al voltear a ver una obra de arte, lo que usamos para ver no es nada más los ojos, no sabemos que la mirada no es una mirada objetiva, siempre estamos viendo desde la historia que cargamos. Y esto lo mencionó, no, porque sea una frase poética, muy bonita, sino porque es esta verdad filosófica que dijo Merlauponti que fue uno de los pensadores más profundos sobre sobre el cuerpo, la percepción. Yo lo conozco únicamente, porque es una gran influencia, más bien, influenciado por Martin Heidegger, que es el maestro de ser y tiempo, un filo sofoquemos mencionado muchas veces ya que en el podcast, pero para él, ver no es nada más recibir imágenes. Es evitar el mundo desde un cuerpo que siente que tiene memoria que ha sido herido, que ha sido acariciado y decía, la mirada no es un rayo que sale de los ojos para trapar el mundo, sino el resultado de un entrelazamiento, el cuerpo mira y es mirado, el mundo se ofrece y no se interpela. Ver oigan, es estar implicado. Por eso hay personas que se detienen frente a una obra. Y otras que la pasan por largo, no es porque. alguien entienda más que el otro, sino porque hay algo dentro de ellos, algo en su carne, en su tiempo de vida, que se encuentra con lo que está viendo, que se encuentra con la obra que está ahí pintada y colgada. Y yo estaba ahí para platicar, para hablar, para contar lo que fue el impresionismo como rompieron reglas de academia, como se organizan por su cuenta, se niegan a pintarte más importantes entre comillas, batallas heróicas, historias religión, y lo hacen para concentrarse en lo que estaba pasando justo ahí frente a ellos. Un jardín, una tarde ser, esta calle mojada por la lluvia de moned, que era una locura de pararte frente a esta obra. Pero les platicaba de estos reflejos en el agua de cómo moned pintaba estos mismos objetos, este mismo sujeto, una y otra vez, para ver cómo cambiaba la luz, etcétera. Pero lo que importaba no era nada más lo que yo decía, o cómo lo decía. Era más bien lo que me devolvían al yo hacer justo eso, porque miraban, me estaban volteando a ver, y ahí ves que lo hacían con un asombo, porque me pongo este ejemplo, porque es lo que más me acuerdo de cada recorrido, y que en cada recorrido estaba esperando que llegar este momento, porque siempre la cara de todo será como de felicidad o de shock, pero nos parábamos frente a dos obras de Ujim Budan, eran unos paisajes hermosos, que te dejan así sin palabras. Y muchos no conocían el nombre de Ujim Budan, que fue un artista de academia, fue maestro de moned, y les platicaba que moneta aprende de él muchísimo sobre lo que hace después en el impresionismo, ¿no? Y que cuando Budan fallece, el impresionista este monet compra muchas de sus obras, y que no era casualidad, que justo a estas dos obras de Ujim Budan, que estábamos viendo, detrás de nosotros, tuvieramos a dos obras de Claude Monet, que hablaban de lo mismo que estaba tocando Ujim Budan. Y en ese instante que nos volteábamos y que veían, que detrás de ellos tenían a dos monets, así extraordinarios, siempre lo tengo muy grabado, porque no había vez que yo no repite la misma discursión, que cuando voltearan, no son rieran, o no averieran la boca, o levantaban el celular para tomar una foto, cada quien con su experiencia. Pero es algo bien bonito de tener esta retroalimentación inmediata. Como darme cuenta que esto era información, o que no sabían o que les había impactado, o lo que sea, ese show, que esa sonrisa, o lo que sea, era producto de lo que les estaba platicando, y claro, de las obras que tenemos frente a nosotros. Pero esto es lo que más me gusta de los recorridos, que yo puedo sentir la información como la estoy dando y cómo la está recibiendo el otro. En esa mirada que compartimos es donde surge toda la magia del arte, porque la magia pasa cuando tú estás volteando ver lo que está colgado en la pared.
con cualquier escultura lo que sea y se encuentra con lo que alguien trae guardado dentro. Para fracía muchas veces a John Berger que es otro gran prensador del mirar, tiene este libro modo de ver que es un libro, creo que es un libro más vendido, tiene muchísimos por supuesto, pero si te gusta el tema es un clásico, es muy corto, pero que requiere que te detiengas a pensar, Berger nos advierte que la mirada nunca es inocente, y esa es una de sus grandes lecciones, que ver es siempre estar interpretando, que mirar este acto político porque siempre estamos viendo desde un lugar, un lugar de clase, de género, de historia, de deseo y que lo que nos conmueve de un cuadro no es nada más su técnica, es la manera en la que se cruza con lo que tenemos, con lo que amamos, con lo que nos falta por eso hay quienes se quedan atrapados con una sola pincelada y otros que nada más ven colores, esto no es un fallo, esto es la vida desplegándose frente a nosotros sobre el arte y Berger nos enfrenta con esta idea fundamental que la mirada nunca es neutral, él decía, "Verd llega antes que las palabras", y esta visión que ya está cargada de historia, de ideología de lo que se nos ha enseñado a mirar o también a no mirar, es algo que nos enseñan incluso antes de que empecemos a hablar y Berger lo dice con claridad absoluta lo que sabemos o lo que creemos influyen el modo en el que vemos y esto ha aplicado una sala de museos porque claro que lo podemos aplicar a nuestras relaciones personales, "ahí no sé si escucha la ambulancia de fondo, ojalá no, pero bueno voy a continuar", aplicando ahora si a una sala de museo esto se vuelve sumamente evidente porque no todos ven lo mismo, incluso cuando estamos parados frente al mismo cuadro, unos logran ver una belleza increíble, otros voltan a ver con nostalgia, hay personas que sienten una desconexión absoluta, quien se pregunta por la técnica y otras personas que se preguntan el por qué, pero Berger va más allá porque no solo mira el espectador, voltea a ver y desarma este aparato institucional que ha definido históricamente en lo que se considera digno de servisto, nos recuerda bien que la historia del arte y esto lo decía mucho en los recorridos, la historia del arte que aprendimos está profundamente condicionada por quien tenía el poder de mirar, para coleccionar, para decidir qué se expone y qué no, entonces en otras palabras lo que le recordaba cada grupo era decirles que el museo también educa nuestra mirada, el museo orienta nuestra mirada, le dice a los visitantes, esto es importante, cuando tú entrabas a la exhibición la primera obra que volteaba a saber era un paisaje extraordinario de Claude Monet y les preguntaba a todos, ¿por qué? Hay que preguntarnos cuando estemos dentro de un museo de una exposición, ¿por qué esta obra es la que ligen poner justo en la entrada? ¿Qué nos están diciendo? ¿Cómo nos van guiando, nosotros nindos, no la narrativa que tiene la exposición, nos va a contar una historia y Berger nos invita a sospechar de todo esto, a preguntarnos, ¿quién decide lo que es el arte? ¿Por qué esta obra está aquí? ¿Y qué otras miradas, qué otras obras de arte? No estoy viendo que han sido silenciadas o que tal vez no se les ha dado este aparato institucional para que exiban el trabajo, ¿no? Estas preguntas, lo que hacen no es condicionar la forma en la que pensamos es más bien abrirnos la mente a todas las posibilidades que existen y que todas las cosas que están sucediendo dentro de un museo, no nada más estás viendo obras de arte, ¿no? Entonces muchos de los que iban a estos recorridos conmigo y con las pláticas que tenían, me di cuenta que llegaban a estos museos creyendo que no sabían mirar que hay una forma específica en ver el arte, que hay una forma correcta de verarte, ¿no? Y esto es algo con lo que me topo siempre, no cuando alguien me dice de "háblemos arte" de una clase que tomaron, o sea siempre antes de cualquier comentario es "yo no sé nada de arte, yo no sé nada de esto, yo no sé cómo, yo no, o sea siempre es justificar que no saben cómo, no sabe nada o que saben poco, pero que les gusta mucho y qué importante oigan que nos permitamos entender, que no hay formas correctas, cuando estamos hablando de voltear a ver una obra, tú puedes fijarte en algo muy diferente en lo que yo me he decidido fijar, mi trabajo como guía y como maestra es poder guiar esas miradas, saber qué te interesa a ti voltear a ver y qué historia te puedo contar alrededor de eso, ¿no? Pero ver ver continuando con esta idea, decía que no hay una sola forma de mirar que hay muchas y que todas son válidas siempre y cuando se anunestas y el mayor legado que nos deje este filosofo de arte no es nada más lo que nos enseña a ver, sino lo que nos recuerda que es que tenemos derecho a hacerlo, que el arte no es un privilegio de unos pocos, sino una posibilidad de todos y eso fue lo que hubi reflejado en tantos grupos, o sea personas descubriendo que si tenía permiso para mirar que no necesitaban saber la historia del arte para emocionarse frente a un jarron de flores de peonias que había pintado renuar, porque como dice Berger, el significado de una obra no estén cerrado en ella como una semilla esperando a germinar, el significado nace en el acto de verla y ese acto siempre es singular, entonces la obra se vuelve otra en cada mirada no porque cambia el color pero porque cambia el mundo interior de quien le está observando y a esto me refiero y a esto me refería cuando les decía lo que era clito dice no se bañan el mismo río dos veces, entonces de mis grandes aprendizajes en este último mes fue que mi papel no era imponer sentido, era abrir estos espacios para que cada visitante encontrar el suyo, que es lo que les decía trataba de ayudarles a confiar en lo que ellos mismos estaban viendo porque muchas veces el obstáculo no es el arte, sino la idea de que no sabemos mirarlo bien entre comillas y ese bien suele ser un residuo de jerarquías, de discursos verticales y de siglos de exclusión cultural, entonces guiar no no es nada más decir esto es lo que significa esta obra es también preguntar al que me está viendo que estás viendo tú que sientes al ver lo que te estoy platicando, te gusta, no te gusta y por qué esa fue mi mayor lección que la mirada no se enseña como se enseña una forma la matemática, que la mirada siempre viene acompañada, se habilita, se refleja el lugar desde el cual habitamos el mundo y estar en este en estos grupos o más bien con estos grupos es también una excusa para hablar de otras cosas cuando estamos viendo arte cuando estamos aprendiendo de arte no nada más estamos aprendiendo de las cosas técnicas que vemos en una obra estamos es una excusa para hablar de infancia, de pérdidas, de lo que nos da miedo, de lo que nos hace seguir de política, de ideología, de conciencia, de clase, el arte es una excusa para hablar de tantas cosas que importan y nadie llega vació al arte viendo lo estoy dando cuenta que ya llevo 30 minutos casi, bueno a veces me piden episodios largos entonces ojalá les guste este pero ahora me gustaría poner otro ejemplo otro autor de cómo nos enseñan a más bien o cómo tienen ellos mismos textos que hablan sobre el mirar y este es Jacks Rancier que tiene este texto espectacular que se llama el espectador emancipado que es un texto que puede encontrar en internet este lo leímos en el master y Rancier lo que hace es criticar la idea del experto que interpreta el mundo para los demás porque le insiste que cada espectador tiene una inteligencia sensible esta capacidad para construir sentido por sí mismo y el rol del GIA no es nada más explicar si no crear el espacio para que esta inteligencia ya vamos de así pues se despliegue no es nada más dirigir la mirada no es nada más mostrar que hay que ver si no lo que les digo preguntar qué es lo que estás viendo tú y ahí es donde cambia ahí donde cambia todo y aquí quiero ponerles un ejemplo porque lo pensé mientras estamos leyendo en el club de lectura presencial que tuvimos este mes leímos la clase de greo de Hancan es un libro hermoso hermoso estamos haciendo un maratón de la autor a coreana a sus libros son desgarradores y tiene una forma de escribir maravillosa entonces bueno leímos este de la clase de griego que es un libro que habla pues del silencio del cuerpo del trauma es de
historia de una mujer que ha perdido el habla y de un hombre que está perdiendo la vista. Y ambos se encuentran en una clase de griego antiguo, ella como alumna, el como maestro. Y a lo largo de toda esta novela, pues se dan cuenta que se pueden ellos dos encontrar justo ahí en la zona donde a ella le faltan las palabras, ya él le falta la vista, donde es una forma distinta de atención y de conectar. Entonces, bueno, palabras más palabras, menos lo que trata el libro, si no lo ha leído y te gusta como. Pues que diría, una narrativa no tan literal que disfrutes de lo decorado del texto en donde el tiempo no estás leyendo como tiempo presente, te estás viajando en el tiempo al pasado, futuro no se entiende a veces, pues si te gusta, este va a ser un texto para ti. Pero la razón por la cual lo platico es que hay un momento en el que el profesor explica algo que a mí me voló la cabeza y ojalá todo el cludo del lecturo había sido nada más de este capítulo, pero él platica que el griego antiguo tiene tres voces gramaticales, que no solo dos como estamos acostumbrados, no nada más tiene la voz activa y la voz pasiva, que existe también la voz media. Y la voz media decía él, "Cirbe para expresar acciones cuyos resultados recaen sobre el propio sujeto". Entonces es una forma de decir que no hay una separación total entre lo que uno hace y lo que esto nos genera a nosotros mismos, ¿no? Entonces, les pago un ejemplo. La voz activa es "Yo rompo el vaso". La voz pasiva es "El vaso es roto por mí". Y la voz media diría "Yo rompo el vaso y al hacerlo me rompo un poco también". Entonces yo me implico en lo que hago, yo no salvo y lesa de ninguna acción que yo haga. La voz media oigan esta encarnación de esa imposibilidad de actuar sin ser afectado. Es él lenguaje reconociendo y nos pone el ejemplo de amar. Amar no es nada más dirigirle afecto al otro, es quedar transformados por ese amor. Que hablar no es nada más emitir sonidos con sentido, es ser atravesado por lo que se dice o por lo que se calla. Entonces me parece a mí sumamente interesante traerlo a esta conversación en toda esta reflexión que estamos haciendo sobre cómo mirar arte. Porque muchas veces creemos que al entrar a un museo o ver una obra es una experiencia pasiva que estamos ahí solo para observar. Como si mirar fuera solo una acción hacia afuera. Como si nuestra mirada no pudiera también tocarnos, cambiarnos y afectarnos. Si volteamos a ver el arte pensando en la voz media que aprendo con este libro de Han Si asumimos que ver también nos transforma. Entonces el acto de mirarse vuelve otra cosa. El acto de mirar no es un consumo, no es entretenimiento, es una forma de implicarse. Y creo que un ejemplo que me parece perfecto para entender más esto es algo que me pasó con una de las que me iba acompañando en el recorrido. Era una mujer que se quedó más tiempo del habitual frente a un cuadro de monete cuando ya estábamos, yo me quedé platicando con un grupo y ella se quedó en silencio como volteando a ver esta obra de monete. Y cuando me acercó a ella como ya para dirigirnos a otra obra me dice, me desconecte un poco. Para los dos palabras, me nos duele a una señora y nos quedamos platicando. Pero me decía que se había desconectado un poco del grupo porque el cuadro que estaba viendo le recordaba mucho a su mamá en su jardín, en el jardín que ya tenía y que lo que estaba viendo definitivamente no es el mismo jardín, no es que se parezca el jardín pero que se sentía igual. Y me dio mucho sentimiento porque esto es la voz media. Ella no ve ese cuadro como quien ve una imagen, una revista y ella se afectó por lo que estaba viendo. Se dejó tocar por lo que tenía frente a ella y hay algo en este, en este, como tu situación, en esta escena no sé cómo llamarle, que no es nada más la historia de esta señora, es lo que provocaba en ella, que le devolvió una memoria, una emoción o recordar el duelo de perder a su mamá. Esto es lo que me gusta pensar que lo que hacemos cuando estamos viendo arte de verdad, que no sólo estamos analizando los colores, los temas, los estilos o los contextos históricos, nos dejamos transformarnos, permitimos ser alterados por lo que estamos viendo. Y si el arte no nos cambia, aunque sea poquito, aunque sea para hacernos una pregunta que tal vez nunca nos habíamos hecho, entonces tal vez no estamos viendo, umirando del todo. Así que la próxima vez que estés tú en una sala de museo intenta hacerlo desde ahí desde esta voz media, que no sólo te preguntes, ¿qué es lo que estás viendo? Si no, ¿qué es eso de lo que tú estás viendo que se queda contigo, que se mueve en ti, que se rompe y se reacomoda, no sé, porque el acto de mirar es dejar que la obra entre a ti y es aceptar que al hacerlo tú también estás cambiando. Así que, pues, esto es un poco de lo que pensé, de lo que reflocioné en este último mes. Cuando terminó la exposición cuando el último recorrido con el último grupo fue sentir, o sea, sentir la despedida de verdad, estaba sintiendo que estaba cerrando una temporada compartida de contemplación profunda y pues es pensar no, es empezar de ahí, pues que me levantaba esta hora y me arreglaba y lo que, los sentimientos, todas las cosas que iba pensando en el camino al museo, bajarme del carro, verbe y asarte, es decir, que loco que estoy aquí otra vez, no lo puedo creer, pensar en la gente que iba a venir, quienes iban a ser, después toparme los, sacarles pláticamente, mientras entrábamos al museo. Lo que a mí me dejó esta experiencia hoy en es este, como le podría marco, no sé, la conciencia de que mirar es también un acto de generosidad, que esto que hacemos, esto de recorrer salas de museos en grupos, es estarnos acompañando, un grupo de personas que no conocen nada del otro y estar hablando de duelo, de que alguien perdió su mamá, de política, de lo que ellos pensaban, de separar el arte de la artista y no nos conocemos y nuestra excusa es el arte, ¿no? Nos abrimos a esta espacio en donde pensar distinto es posible. La experiencia total fue una revolución para mí, fue voltear a ver el mundo desde otro punto de vista y por eso amo tanto este trabajo y por eso he dicho y lo decían también en estos grupos de cómo la historia del arte para mí ha sido mi más grande maestra, la filosofía también definitivamente lo ha sido, porque me obliga a mí a ver con otros ojos, a preguntarme una y otra vez tantas cosas que me conmueven, que me sacuden por completo y a enseñarle a otro, a mirar sin robarle este sentido o este derecho de voltear a ver por sí mismo. Lo que hacemos cuando vamos a un museo acompañado es enseñarnos unos a los otros a cómo ver juntos, así que nada, ya este, o sea, último, que fueron como cinco minutos, siento que no dije nada, pero espero que les haya gustado este episodio largo, que les haya gustado algo, no sé, en general de lo que sea que haya compartido por acá, como les digo esto a mí me sirve como una especie de registro de que algún día pueda regresar a este podcast, que la verdad yo nunca escucho mis episodios, anteriores me da un cringe y siento horrible cuando lo hago, pero pues nada hacia algún momento quiero recordar lo que fue este mes, tener este episodio para acordarme, así que gracias, gracias porque darte hasta esta última parte del episodio, les mando una abrazo gigante hasta dondequiera que estén, escribanme lo que opinaron de todo esto si surgió algún pensamiento, alguna reflexión o algo que me quiera compartir, ya saben que mis redes están abiertas siempre y ya saben que como siempre hablemos arte la próxima semana.
Podcast Summary
Key Points:
La anfitriona agradece a su audiencia por el apoyo constante al podcast, destacando que es su proyecto más fuerte y significativo.
Durante el último mes, dirigió 24 recorridos guiados (todos con entradas agotadas) por la exposición temporal de impresionismo en el Palacio de Bellas Artes, una experiencia transformadora que incluyó una colaboración con la institución.
Reflexiona sobre cómo la contemplación del arte en un museo es un acto colectivo y compartido, no individual, y cómo cada grupo ofreció una experiencia única a pesar de repetir el mismo discurso.
Destaca la importancia de respetar las reglas de los museos (temperatura, iluminación, distancia) y valorar el trabajo del personal de cuidado, ya que protegen obras frágiles para futuras generaciones.
Cita a filósofos como Merleau-Ponty y John Berger para explicar que la mirada nunca es inocente ni neutral; está cargada de historia, clase, género y experiencias personales, lo que hace que cada persona interprete el arte de manera única.
Comparte una lección aprendida
Summary:
En este episodio, la anfitriona celebra el éxito de su mes de julio de 2025, durante el cual dirigió 24 recorridos guiados por la exposición de impresionismo en el Palacio de Bellas Artes, todos con entradas agotadas. Agradece profundamente a su audiencia por el apoyo constante, que hace posible su trabajo como guía, profesora y creadora de contenido. Describe cómo cada grupo transformó la experiencia: aunque repetía el mismo discurso, las preguntas, miradas y reacciones de los visitantes hacían que cada recorrido fuera único, recordando la lección de Heráclito de que nadie se baña dos veces en el mismo río.
Reflexiona sobre la importancia de la contemplación colectiva del arte y cómo el acto de mirar no es neutral, sino que está moldeado por la historia personal, el género, la clase y las experiencias de cada quien, citando a filósofos como Merleau-Ponty y John Berger. También enfatiza la necesidad de respetar las reglas de los museos y valorar al personal que cuida las obras. La anfitriona comparte que aprendió a leer a su audiencia, a hacer pausas y a adaptar el ritmo, encontrando la magia en el encuentro entre la obra y la emoción del espectador.
Concluye que este mes fue una temporada transformadora que la obligó a estar más presente y a reconocer la belleza de su trabajo, deseando recordarlo como una carta para el futuro.
FAQs
El podcast habla sobre arte, museos y recorridos guiados, compartiendo experiencias personales y reflexiones sobre la contemplación del arte.
Dio 24 recorridos guiados por la exposición de impresionismo en el Palacio de Bellas Artes, todos con entradas agotadas, y colaboró en un video promocional con el museo.
Sintió que estaba viviendo una temporada transformadora, llena de orgullo y gratitud, y se dio cuenta de que quería hacer esto el resto de su vida.
Aprendió que la mirada nunca es inocente; siempre está cargada de historia, emociones y experiencias personales, como dicen filósofos como Merleau-Ponty y John Berger.
Las reglas protegen las obras frágiles y aseguran que futuras generaciones puedan disfrutarlas; los trabajadores del museo cuidan de la experiencia y la conservación.
Leía las reacciones del público, como miradas o lenguaje corporal, y ajustaba el ritmo y las pausas para conectar mejor con cada grupo.
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