Hoy, en medio de la prisa y las preocupaciones, se busca un momento de paz y oración. Jesús, al final de una oración, recibe la solicitud de un discípulo que desea aprender a orar como Juan. En lugar de reaccionar con dudas, Jesús responde con amor, enseñando el Padre Nuestro, una oración simple, profunda y nueva. Esta oración no es una fórmula mecánica, sino un acto de confianza, basado en la infancia y la necesidad de estar cerca de Dios. Incluye pedir el reino de Dios, el pan cotidiano, el perdón y la protección contra la tentación. Jesús confía en el discípulo y en cada persona, mostrando que la oración no depende de la perfección, sino de la fe y la sinceridad. La oración se vuelve un ritual diario, un encuentro personal con el Padre, que refuerza la pertenencia, la humildad y la esperanza. A través de esta oración, se reconoce que cada persona puede hablar con Dios como un hijo, con la libertad de decir “Abba”, padre. Es un acto de amor, de humildad y de confianza, que transforma el día y la vida en un camino de paz, perdón y servicio.
Hoy es miércoles 7 de octubre.
Señor, en mi vida, cada vez más, siento que necesito la oración.
Te soliego con alegría a este momento.
Procuro dejar a un lado la prisa, los huidos, las preocupaciones.
Intento vivir este rato como un regalo de búsqueda, de paz, de encuentro.
La lectura de hoy es del Evangelio de Lucas.
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó uno de sus discípulos
le dijo, "Señor, enseñanos a orar como Juan enseñó a sus discípulos."
Él les dijo, "Cuando oréis, decir, padre, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino, anos cada día nuestro pan cotidiano.
Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
y no nos dejes caer en tentación."
¿Qué atractivo es ver a alguien haciendo lo que mejor sabe hacer?
¿Sería esto lo que ocurrió?
¿Qué fue lo que vio aquel discípulo?
¿Virí a Jesús rezar o solamente percibía los efectos que la oración producían el maestro?
En la lectura no se especifica qué fue lo que sucedió, pero sí la respuesta del discípulo.
Un deseo que nacía desde lo más hondo del corazón y que se tradujo en una petición
sincera.
Señor, enseñanos ahora.
¡Venga tu reino!
Impresiona la reacción de Jesús, no se hace derrogar, no piensa que nos falta capacidad,
no siente que el diálogo de tú a tú con Dios nos quede muy grande, no tarda en contestar.
Jesús se fía del discípulo de nosotros, y con infinitas encilied, con la paciencia
de un maestro de escuela, nos enseña ahora.
¡Qué fue lo que vio aquel discípulo de nosotros, no se hace derrogar, no se hace derrogar.
La oración que nos regala a Jesús, jamás se nos podría haber ocurrido a nosotros,
y mucho menos la podrían haber pronunciado nuestros labios.
La oración de Jesús no es la oración de Juan, es algo totalmente nuevo, es aquella
que nace del atrevimiento, de la confianza plena.
En de sus discípulos, quien de nosotros habría cometido la osadía de llamar al
todo poderoso Abba, Padre.
Jesús nos regala el Padre Nuestro, la oración de la confianza, la oración del Hijo.
[Música]
¿Quién me enseñó a arrezar?
El Padre Nuestro es una oración con sabor a infancia, pero también era la oración
de los mayores, la que me permitía unirme a la asamblea en la iglesia cuando iba a misa,
y no lograba comprender.
Quizá ahora el Padre Nuestro es algo nuevo, es petición de perdón por el polvo que
se me ha pegado a los pies, de tanto andar por la vida.
Es súplica, para que el Padre me conceda a aquello que necesito, y que no siempre coincide
con lo que quiero, y es petición de fortaleza para que en mi vida sea siempre construcción
de su reino.
Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó uno de sus discípulos
le dijo, "Señor, enseñaros ahora como Juan enseñó a sus discípulos".
Él les dijo, "Cuando oréis decir, Padre, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino, danos cada día nuestro pan cotidiano.
Perdón a nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
y no nos dejes caer en tentación".
"Señor, hazme volver siempre al Padre Nuestro, con la necesidad sincera del encuentro
contigo, Padre bueno.
Al pronunciarlo, hazme recordar la sencillez de la infancia, la alegría por sentirme parte
de la iglesia, la necesidad de volver a ti".
Hazme decirte, como el discípulo, una y otra vez, con una voz nueva cada día, "Señor,
enseñanos ahora".
Porque sé que tú me contestarás una y otra vez, con una voz nueva cada día.
Padre Nuestro, que estás, tú que estás en el cielo, santificado sea tu nombre.
Venga tu reino, al acerco, voluntad en el cielo, el peor, danos tu reino.
Vá, deja la día. A la fe, tu voluntad, el ayer, el recorre, el peor, la noscord, el estrompán, deja la día.
Perdónan nuestras ofensas como también. Nosotros perdónamos a los que nos ofendé.
Y nos nos dejes caer y encentad yo. Y Libranos del mal, señor.
Señor, Señor, Señor, Señor, Señor, Señor, Señor, Señor, Señor.
Señor, Señor, Señor, Señor, Señor.
Podcast Summary
Key Points:
Jesús responde con amor y paciencia a un discípulo que le pide enseñar a orar, mostrando confianza en su capacidad.
La oración del Padre Nuestro es una forma nueva, basada en la confianza, no en el miedo o la formalidad.
Se enfatiza la conexión con Dios a través de una oración sencilla y de infancia, que evoca alegría y pertenencia.
La oración incluye pedir el reino de Dios, el pan cotidiano, el perdón y la protección de la tentación.
El discípulo expresa un deseo sincero y profundo, revelando una necesidad real de encuentro con Dios.
Jesús no se limita a enseñar, sino que invita a repetir la oración con cada nueva experiencia de vida.
La oración no se queda en la teoría, sino que se vive como un acto de fe y dependencia diaria.
La oración del Padre Nuestro es un don que transforma la relación humana con Dios y con el mundo.
Summary:
Hoy, en medio de la prisa y las preocupaciones, se busca un momento de paz y oración. Jesús, al final de una oración, recibe la solicitud de un discípulo que desea aprender a orar como Juan. En lugar de reaccionar con dudas, Jesús responde con amor, enseñando el Padre Nuestro, una oración simple, profunda y nueva.
Esta oración no es una fórmula mecánica, sino un acto de confianza, basado en la infancia y la necesidad de estar cerca de Dios. Incluye pedir el reino de Dios, el pan cotidiano, el perdón y la protección contra la tentación. Jesús confía en el discípulo y en cada persona, mostrando que la oración no depende de la perfección, sino de la fe y la sinceridad.
La oración se vuelve un ritual diario, un encuentro personal con el Padre, que refuerza la pertenencia, la humildad y la esperanza. A través de esta oración, se reconoce que cada persona puede hablar con Dios como un hijo, con la libertad de decir “Abba”, padre. Es un acto de amor, de humildad y de confianza, que transforma el día y la vida en un camino de paz, perdón y servicio.
FAQs
Es una oración que nace de la confianza y la fe, no de la obligación, y que se basa en una relación personal con Dios como Padre. Representa un encuentro sencillo, lleno de sencillez y alegría, como en la infancia.
Porque ofrece una oración nueva, basada en la confianza plena, que va más allá de lo que Juan enseñó, mostrando que se puede acercarse a Dios con libertad y atrevimiento.
Incluye pedir que el nombre de Dios sea santificado, que su reino llegue, que se nos dé el pan de cada día, que seamos perdonados y no nos dejen caer en tentación.
Un sentimiento de sencillez, necesidad y conexión con Dios, como si uno estuviera en casa, rodeado de la familia y en un encuentro profundo con el Padre.
Sirve como un recordatorio de la necesidad de pedir perdón, de pedir fortaleza y de confiar en Dios para construir su reino en el mundo.
Que en cada momento, con sinceridad y confianza, podemos acercarnos a Dios y pedirle ayuda, porque Él siempre responde con paciencia y amor.
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