Mi Familia es parte de una Secta (historias de terror)
31m 55s
Una joven llamada Katia cuenta una experiencia aterradora en la casa de su madre, donde, tras seguir a una mujer que la llevaba a reuniones religiosas, descubre por una ventana que su madre está en una habitación con personas desnudas que rezan y un chivo vivo que se encuentra frente a ella. Aunque al principio se siente que su madre está superando el duelo, el ambiente se vuelve cada vez más inquietante: se cierra el cuarto de su madre, se acumulan objetos religiosos y, finalmente, Katia no quiere volver a casa. La historia se entrelaza con otra que ocurre en el rancho de un abuelo, donde un niño adulto, mientras busca a su tío, descubre una bodega oculta entre árboles y observa a personas que rezan con golpes rítmicos, mientras un recipiente con carne mojada y sangre es trasladado. Aunque no se ve un sacrificio directo, la situación genera una sensación de horror y desconfianza. Ambas historias, aunque diferentes, exploran cómo los secretos familiares, la religión y el miedo pueden crear un ambiente opresivo, donde lo normal se vuelve extraño y lo familiar se vuelve peligroso. Las familias intentan ocultar lo que sucedió, pero el impacto en las personas deja una huella profunda. El mensaje final es que muchas culturas o prácticas religiosas pueden estar profundamente arraigadas en la vida familiar, sin que se reconozca su naturaleza o impacto, y que la verdad a menudo se esconde tras lo cotidiano.
mi novia se asomó por la ventana y gritó, me dijo que corriéramos, yo no entendía que había visto
parques asustar así, que estaba haciendo su madre dentro de esa casa, lo único que sabía era que
desde ahí adentro salían cánticos muy extraños, cánticos que aún sin ver qué pasaba en el
interior, a mí también me aterraban, este de hoy comunidad, el de las sectas, es un tema que
siempre me parece interesante, porque a veces en estas historias hay tintes sobrenaturales y en
otras no, pero siempre son aterradoras, espero que disfruten de los siguientes relatos y que si
tienen una historia similar, se animen a compartirla conmigo, y no se olviden de suscribirse a mi canal,
para que sea parte de una siguiente edición de este programa, ahora ya no hay marcha atrás,
mi querida comunidad, está centrando en los siguientes relatos de la noche.
Hola Uriel, antes que nada quiero decirte que esta historia no me pasó directamente a mí,
o bueno, una gran parte sí, pero la persona que realmente la protagonizó,
fue mi novia, Katia, le pedí permiso para mandártela, porque sé que hay cosas muy personales de su
familia y no quería hacerlo sin preguntarle, ella me dijo que sí, solamente me pidió que no dijera
dónde ocurrió, ni nuestros apellidos, yo conocí a Katia cuando los dos estábamos todavía en la
escuela, yo tenía 17 y ella 16 años, ya llevábamos algunos meses saliendo cuando empecé a ir seguido
a su casa, cuando conocí bien a su familia.
Mi casa en ese entonces no era la más acogedora del mundo, por mi familia, pero con ellas, ahí en su casa, me sentía muy bien,
su mamá era una señora muy amable, de verdad lo digo porque creo que es importante para lo que voy a contar,
a mí siempre me trató muy bien, incluso cuando al principio no le encantaba la idea de que Katia tuviera novio,
incluso uno como yo, ya después me agarró confianza,
y cuando iba a su casa siempre me ofrecía de comer o me decía que me quedara a cenar,
también era una persona que ayudaba mucho a los demás, trabajaba o ayudaba, no sé exactamente cómo
decirlo, en una organización que ciertos días al mes preparaba comida y salía a repartirla a personas
que vivían en la calle, a veces Katia y su hermana la acompañaban, yo nunca, de verdad que nunca vi nada raro en ella,
Katia había muerto poco antes de que nosotros empezáramos a andar, yo ya no lo conocí,
por lo que sé fue un accidente que tomó por sorpresa a la familia, y obviamente para todas fue muy difícil,
pero sobre todo para su mamá, Katia me contaba que su mamá había cambiado mucho desde que murió su papá,
al principio lo que más les preocupaba era que casi no salía, iba a trabajar, hacía lo que tenía que hacer y regresaba a encerrarse,
fue una señora que ella conocía, quien empezó a acercarse más a su mamá en ese tiempo, y la invitó a un grupo de oración,
yo no sé de qué religión eran, esto es algo que quiero aclarar, porque yo tampoco sé si era una iglesia o qué era exactamente,
Katia y su familia eran católicos, pero tampoco era una familia que fuera todos los domingos a misa ni nada así,
al principio a ella y a su hermana incluso les dio gusto, su mamá empezó a salir otra vez,
todos los martes esta señora pasaba por ella y se iban a sus reuniones, a veces regresaba temprano y a veces muy tarde,
había días en que llegaba con comida porque decía que después de rezar se habían quedado a cenar, y Katia decía que hasta la veía mejor,
el problema fue que después empezó a llevar muchas cosas religiosas a la casa, primero fueron imágenes normales, una virgen, crucifijos,
después comenzaron a aparecer más, y más, y más, algunas estaban en la sala, otras en la cocina, pero la mayoría las llevaba a su cuarto,
ya no se veía para nada como una casa normal, ni siquiera como una casa muy católica, estaba acumulando objetos religiosos, compraba veladoras todo el tiempo,
la casa era un agua que parecía bendita, pero tenía un color verdoso, rosarios, imágenes de santos que ni Katia sabía quiénes eran,
en algún momento su cuarto se llenó de cosas, y fue también ahí cuando les prohibió entrar,
eso era también bastante raro porque antes nunca había sido así,
obviamente era el cuarto de su mamá y ellas respetaban su privacidad, pero si Katia necesitaba algo entraba,
y mal, su hermana también, y de pronto su mamá empezó a cerrar la puerta cuando salía,
y les dijo claramente que no quería que ninguna de las dos entrara, hasta le puso llave, cosa que nunca antes había hecho,
Katia me contaba todo esto y yo la verdad no veía algo necesariamente malo, yo pensaba que su mamá seguía viviendo su duelo,
y que de alguna forma había encontrado esa manera de sobrellevarla,
una manera extraña sí, pero pues, una forma de superarlo a fin de cuentas,
incluso una vez le dije algo así, que si rezar le estaba ayudando a su mamá, pues, que qué bueno,
con el tiempo Katia empezó a sentirlo diferente, había martes en que su mamá llegaba muy tarde, demasiado,
también empezó a llegar muy extraña, como cansada, pero no físicamente,
Katia decía que a veces llegaba y ni siquiera les hablaba, entraba directamente a su habitación y las ignoraba, y se encerraba ahí,
también empezó a hablar muchísimo de la señora que le había llevado al grupo, todo el tiempo, a esa señora yo ya la conocía de vista,
se vería más o menos de unos 70 años, había ido algunas veces a la casa y me parece que incluso conocía al papá de Katia, desde antes,
tampoco nunca tuve una mala impresión de ella, siempre era amable, saludaba, sonreía, preguntaba cómo estábamos,
ella era la que pasaba por su mamá todos los martes, hasta que un día Katia me dijo que quería que la siguiéramos,
yo les juro que pensé que estaba jugando, le pregunté que para qué, y me dijo que quería saber dónde se reunían,
según ella cada vez que preguntaba su mamá cambiaba un poco,
ella cambiaba un poco la respuesta, primero había dicho que era un grupo que se reunía cerca de una iglesia,
después dijo que se reunían en diferentes casas, otro día Katia quiso acompañarla y su mamá se molestó muchísimo,
le dijo que esas reuniones no eran para jóvenes, y eso fue lo que terminó de convencerla,
el siguiente martes me pidió que fuera a su casa, me pidió que estuviera listo, el siguiente martes las íbamos a seguir,
la señora llegó a la hora de siempre, la mamá de Katia salió y se subió a su camioneta,
nosotros esperamos un poco y después la seguimos en mi carro, de lejos, apenas para no perderlas,
recuerdo que me daba más miedo que nos descubrieran siguiéndolas que cualquier otra cosa,
para mí todavía era una travesura bastante estúpida,
incluso discutimos porque Katia me decía que me acercara más, que no las fuera a perder,
y yo le decía que no porque nos iban a ver, que si las perdíamos pues que importaba,
no fuimos muy lejos, eso también nos sorprendió, llegaron a una colonia relativamente cerca de donde vivía Katia,
y la camioneta se estacionó afuera de una casa que se veía completamente normal, al menos desde afuera,
había otros coches estacionados ahí cerca, y vimos llegar algunas personas,
no eran muchas, yo calculo unas 8 o 10, pero se veían como si fueran a un servicio religioso,
ustedes saben cómo se viste la gente para ir a algo así, la mayoría eran personas mayores,
Katia reconoció a una señora, no me dijo quién era exactamente, solamente recuerdo que me dijo algo como,
ella conoce a mi mamá de toda la vida,
esperamos bastante tiempo entonces, solo ahí, viendo desde afuera, Katia no quería ni platicar conmigo,
yo ya quería irme, le decía que ya habíamos descubierto lo que quería descubrir,
su mamá efectivamente iba a una casa a reunirse con gente, y no había mucho más,
pero Katia quería saber más,
Katia quería saber qué hacían,
por eso dejamos mi carro más lejos, en la calle de atrás,
y regresamos caminando, la casa tenía un pasillo por uno de los lados que llevaba hacia atrás, no sé si era propiamente el patio o una parte de servicio, pero nosotros entramos por ahí, eso fue una estupidez, ahora lo pienso y obviamente estábamos metiéndonos a una propiedad ajena, pero en ese momento teníamos 16 y 17 años, y Katia estaba convencida de que tenía que ver qué estaba haciendo su mamá,
había una ventana donde se veía una luz encendida, un resplandor, estaba alta, Katia intentó asomarse pero no alcanzaba, así que me pidió que la cargara, me agaché y ella se apoyó en mí, primero subió con un pie en mi mano y luego se paró sobre mis hombros, solamente recuerdo estar sosteniéndola mientras ella intentaba mirar por la ventana,
al principio no dijo nada,
yo le pregunté qué había pero no me contestó, le volví a preguntar, y entonces no sé qué pasó pero gritó, fue un grito muy fuerte de horror, sentí cómo se hizo para atrás y casi se me cayó, alcancé a cacharla para que no cayera por completo y en cuanto puso los pies en el suelo me dijo casi sin aire que nos fuéramos, nada más y salimos corriendo,
yo esperaba que alguien saliera detrás de nosotros, estaba seguro de que habían escuchado el grito, corrimos hasta donde estaba mi carro, nos subimos y nos fuimos de ahí, le pregunté qué había visto y Katia no me quería decir, estaba llorando, en algún momento me dijo que no quería regresar a su casa, me pidió que la llevara conmigo, yo vivía con mis papás y no me llevaba nada bien con ellos,
y además Katia era menor de edad,
le dije que no podíamos hacer eso, que su mamá sabía que estaba conmigo, que si de pronto no regresaba íbamos a tener un problema, se enojó muchísimo conmigo, me dijo que entonces la llevara con alguien más, con una amiga, a donde fuera,
yo le dije que primero teníamos que regresar y que yo me iba a quedar con ella hasta que llegara su mamá, pero que teníamos que ir a su casa, y eso hicimos,
no sé cuánto tiempo estuvimos esperando, recuerdo que se nos hizo eterno, Katia no quería contarme lo que había visto, solamente repetía que su mamá no estaba bien, pero no me decía que había visto,
después vimos llegar la camioneta, la señora se estacionó frente a la casa, la mamá de Katia se bajó, esto es algo que todavía recuerdo perfectamente porque,
yo esperaba que llegara enojada con nosotros, esperaba que dijera algo sobre por qué estábamos en esa casa, por qué se había asomado por la ventana su hija, pero se bajó de lo más normal, se despidió de la señora, entró a la casa y cuando nos vio, me saludó como siempre, creo que incluso me preguntó si ya había cenado, Katia casi no le habló,
Katia casi no le habló. Me quedé un rato más ahí, viendo que todo siguiera normal,
y después decidí irme. Katia me acompañó hasta afuera. Yo todavía estaba tratando
de tranquilizarla. Le dije que al día siguiente lo hablábamos ya con más claridad, con más
calma, que si quería yo regresaba temprano y veíamos qué hacer. Nos despedimos y ella entró.
Yo ya iba caminando hacia mi carro cuando escuché. Ya sé que me vieron.
Era la voz de su mamá. Estaba seguro. Volté inmediatamente. La señora estaba en la entrada
de la casa. No sé explicar esta parte sin que suene ridícula, pero estaba demasiado lejos
de mí para que yo la hubiera escuchado de esa manera, además no recuerdo haber visto
que moviera la boca y volteé cuando la frase aún estaba sonando, pero escuché eso muy
claramente, no como cuando alguien grita desde lejos, lo escuché claro, muy cerca, ya sé
que me vieron, me quedé mirando a la señora unos segundos, ella también me estaba viendo
y no bajó la mirada. Después entró y cerró la puerta. Y yo simplemente me fui.
Manejando mi casa empecé a sentir que alguien venía detrás de mí. No sé si ya iba sugestionado
por todo lo que había pasado. Seguramente sí, pero varias veces sentía que había
algo en el retrovisor. Volteaba a ver, pero no había nadie. Seguía manejando con esa sensación
de que alguien venía siguiéndome o que había alguien en el asiento trasero, pero sentí algo
en mis espaldas. No sé cómo explicarlo realmente. Cuando llegué a mi casa todavía estaba muy
nervioso. Mis papás ya estaban dormidos y yo me fui directamente a mi cuarto. No sé a qué hora
me quedé dormido, pero sé que en la madrugada me desperté, mi ventana daba hacia el patio
trasero y tenía las cortinas abiertas y vi algo moverse afuera, fue muy rápido, lo único
que alcancé a ver fue algo que pasó frente a la ventana y que tenía dos cosas largas
arriba de la cabeza, como cuernos, eso pensé, eso vi, algo que tenía cuernos como de chivo,
Pero quiero dejar en claro que no vi una cara, no vi una persona, no puedo decir que era un diablo
Pero los cuernos, redondos, grandes, esos claramente los vi, se los juro
Me levanté y prendí la luz y ya no me volví a dormir
Yo recordaba que en mi casa debía haber una botella con agua bendita que por alguna razón guardaba mi mamá
Y la encontré
Me puse a echar por todo mi cuarto, en las ventanas, en la puerta
Después terminé recorriendo prácticamente toda la casa rociándola y rezando
Ahora hasta me da algo de risa imaginarme haciendo eso
Pero esa noche estaba muerto de miedo
Al día siguiente hablé con Katia
Fue cuando finalmente me contó
Que fue lo que había visto por la ventana
Me dijo que había varias personas dentro de la habitación
A oscuras
Algunas estaban sentadas y otras de pie
Por lo que vio
Todas estaban desnudas
Su mamá también
En medio de ellas
de rodillas. Tenía los ojos cubiertos. Las personas alrededor estaban rezando o murmurando
algo y se retorcían al hacerlo. Su mamá tenía algo entre las manos. Era un objeto
que pertenecía a su papá. Eso sí, nunca quiso decirme qué, pero eso no fue lo que
hizo que gritara. Frente a su mamá, se colocó un chivo, un chivo vivo. Estaba dentro de
la casa, caminando tranquilamente en medio de todas esas personas. Katia me dijo que
llegó y se quedó completamente quieto, y eso fue todo lo que alcanzó a ver antes de
gritar. Después de esa noche las cosas en su casa se pusieron peor. Su mamá nunca le reclamó
directamente haberla seguido. Nunca le preguntó si había visto algo. Nunca siquiera mencionó nada.
Pero eso para Katy era todavía peor. La señora simplemente empezó a ser mucho más estricta con
ellas. La puerta de su cuarto permanecía cerrada todo el tiempo. Los martes seguía saliendo sin
falta. Katia ya no volvió a intentar seguirla. Yo tampoco, evidentemente. Y en cuanto cumplió 18
años, se salió de su casa. Se vino conmigo por un tiempo y después consiguió dónde vivir. Su
hermana mayor entonces también terminó saliéndose y se fueron a vivir juntas. Con su mamá fueron
perdiendo contacto. Por lo que sabemos, sigue viviendo en la misma casa. La señora que
originalmente la llevaba al grupo dejó de pasar por ahí hace mucho tiempo porque ya no es necesario.
Porque nos dijeron, las reuniones de los martes ahora son en casa de la mamá de Katia. Eso le
han dicho sus amigas que todavía viven por ahí. También hemos pasado alguna vez por esa calle a
ver que se ve, y la casa está súper diferente, la pintaron de un color que nunca había tenido,
un color muy feo, y las ventanas del cuarto de su mamá siempre están cubiertas, dicen
que los martes hay carros afuera, a veces muchos, que llenan toda la calle, y lo más
raro es que también sabemos, ella todavía trabaja ayudando a otras personas.
personas.
Todavía participa en actividades para llevar comida a gente que vive en la calle
Personas que la conocen siguen hablando muy bien de ella
Como si hacia afuera nunca hubiera cambiado
Y así, hablar de lo que nos ha tocado vivir con ella
Yo también tendría que hablar bien
Porque la señora que yo conocí siempre fue muy buena conmigo
Pero ya no sé si siga siendo la misma
O si eso sea solo una máscara
Un resto de lo que era
Este es un tema muy curioso, comunidad
Cuando hablamos de sectas, muchas veces no tiene nada que ver con lo paranormal
A veces, solo habla de secretos enterrados a las familias
¿Cómo podemos asegurarnos?
Asegurar que no hay historias así en las nuestras
Sectas, cultos, que son parte de nosotros
Que siempre estuvieron cerca, aunque nunca pudimos ver
Y eso es lo que une las historias de esta noche
Continuamos con más
Sin antes pedirles que nos dejen sus opiniones en los comentarios
Y que nos cuenten qué es lo más cerca
Que tienen certeza
Han estado de una secta
Continuamos
Hola, Oriel
Mi historia pasó en el rancho de mi abuelo
Prefiero no decir exactamente dónde está
Pero es en el norte del país
Y está bastante alejado de cualquier ciudad grande cerca del estado
Yo pasé la mitad del tiempo ahí cuando era niño
Mis papás trabajaban y durante las vacaciones
Y al menos un fin de semana al mes me mandaban con mi abuelo
Tengo primos de edades parecidas
Así que para nosotros era perfecto
Ahí era donde convivíamos
Podíamos andar afuera todo el día
Meternos entre los árboles
Caminar por el terreno
Ayudar con los animales cuando queríamos sentirnos grandes
Había solamente una parte
De la que no nos sacaban a acercarnos
Le decían el pozo
Estaba bastante retirado de la casa
Pasando una parte del terreno
Donde ya ni siquiera había animales
Para llegar había que meterse
Entre una zona de árboles bastante grande
Y una zona de árboles bastante grande
Y una zona de árboles bastante grande
Y una zona de árboles bastante cerrada
Nosotros nunca pasábamos de ahí
Mi abuelo nos decía que ese pozo era muy viejo
Que las paredes podían venirse abajo
Y que si alguno se caía
Nadie iba a poder sacarnos
Pero nunca lo vimos realmente
Y eso es algo de lo que caía en cuenta
Hasta muchos años después
Nosotros llegábamos hasta donde nos habían dicho
Que podíamos llegar y ya
De niños yo me imaginaba
Un agujero enorme en el suelo
Pero ninguno de mis primos había llegado hasta ahí
Ni los más grandes
Además le teníamos mucho miedo a mi abuelo
Era un señor muy serio
Y cuando decía que no
Pues era un no definitivo
Para nosotros, para sus hijos
Con los años dejamos de ir tanto a esa casa
Crecimos
Mi abuelo murió
El rancho quedó a cargo de uno de mis tíos
Pero así ya nunca fue lo mismo
Yo tenía exactamente 34 años
Cuando regresé a mi casa
Regresé después de muchísimo tiempo
Ya no estaba mi abuelo
Ya no estaban mis papás tampoco
Fallecidos un poco antes
Para mí
Regresar al rancho era una forma
De estar cerca de otro tiempo
De uno que me gustaba más porque estaban ellos
De un tiempo en el que yo era más feliz
Fui porque estaban arreglando
Algunas cosas de la propiedad
Y aproveché para quedarme el fin de semana
Para recordar
El viernes en la noche
Estábamos cenando cuando recordé algo
Que hacían los adultos cuando éramos niños
Los viernes jugaban dominó
Creo que así nos decían
Mi abuelo, mi papá y mis dos tíos
Y unos señores del pueblo
Se juntaban a jugar
Nosotros nos quedábamos con mi abuela
Y con las mujeres de la familia
Recuerdo que algunas veces
Se iban todavía con luz
Y regresaban quién sabe qué hora
Ya cuando estábamos dormidos
Y no sé por qué me acordé de eso
Supongo que porque era viernes
Esa noche me fui a dormir temprano
Pero cerca de la medianoche
Escuché movimiento afuera
Una camioneta
Me asomé y vi unas luces alejándose
Por uno de los caminos del rancho
Y pensé que alguien se había metido
Mi tío había salido esa tarde
Y yo estaba solo
Así que me sentí con la responsabilidad de ver
Agarré una lámpara y salí
Tampoco iba a enfrentarme a nadie
Solamente quería ver a mi abuelo
Quería ver qué estaba pasando
Y hablarle a mi tío
Si se había metido a alguien
Caminé siguiendo las marcas del vehículo
Y conforme avanzaba
Me di cuenta de algo
Se dirigían hacia los árboles
Cerca del pozo
Me acordé inmediatamente
De la prohibición de mi abuelo
Y hasta me dio risa
Ya tenía más de 30 años
Y por un momento sentí
Que estaba haciendo algo que no debía
Que iba a regresar de la tumba
Para regañarme
Seguí caminando
Esperaba encontrar el pozo
En cualquier momento
Pero lo primero que encontré
Fue una plancha de concreto
Me acerqué pensando que podía ser eso
Y efectivamente había algo debajo
Parecía que estaba tapando
Un hueco redondo ahí
Pero ahora estaba completamente cubierto
El famoso pozo de mi infancia
Estaba cubierto, tapado
Y no recientemente
El concreto era muy viejo
Muy viejo y desgastado
Ya por el tiempo
Me quedé viéndolo
Porque no entendía
Toda la vida nos habían dicho
Que no fuéramos
Porque podíamos caernos
Pero no había manera
De caerse ahí
Entonces escuché un golpe
Muy lejos
Después otro
Era como un tambor
Apagué mi lámpara
Esperé un momento
Y lo volví a escuchar
Venía de todavía más adelante
Más dentro de los árboles
Seguí caminando sin prender la luz
Y después de unos minutos
Vi un resplandor entre los árboles
Había una pequeña construcción de madera
Yo tampoco sabía que eso existía
Parecía una bodega vieja
Una parte estaba abierta
Y desde donde yo estaba
Podía ver gente adentro
No me acerqué demasiado
No quise hacerlo
No me atreví
Había unas 10, 12 personas
Estaban paradas alrededor de algo
Que yo no alcanzaba a ver
Había veladoras en el piso
Y escuché otra vez ese golpe
Que yo había confundido con un tambor
No era música
Era un golpe rítmico
Que no paraba
Que acompañaba a lo que sea
Que estaban haciendo
Uno, segundos, otro
La gente decía algo después de cada golpe
Pero desde donde yo estaba
No entendía las palabras
En ese momento vi una camioneta estacionada
Junto a la construcción
Y la reconocí
Era la de mi tío
Y ahí me tranquilicé un poco
Pensé que seguramente
Estaban haciendo algo del rancho
Que yo desconocía
Hasta estuve a punto de salir
Y preguntarles qué estaba pasando
Pero entonces vi otra más
Esta pertenecía a otros de mis tíos
Después reconocí a una de las personas
Que estaba adentro
Era un señor que yo conocía
De ese niño
Un amigo de mi abuelo
Me quedé escondido no sé por cuánto tiempo
Nada más viendo
Y quiero aclarar que nunca
Vi que sacrificaran un animal
Ni nada parecido
Y que no había nada parecido
A mi tío
Y esto lo quiero decir
Porque sé cómo suena esto de loco
Tampoco tenían túnicas
Eran personas normales
Parados ahí
Algunos de ellos gente que yo conocía
Pero en un momento
Dos hombres movieron algo
Que tenían en el centro
Parecía una cubeta
O un recipiente de metal
Cuando lo levantaron
Vi que debajo había
Algo sobre el piso
Y yo me quedé
Y me quedé
Era carne
O eso me pareció
Una pieza grande
Y oscura
Todavía mojada
Chorreando sangre
No tengo idea de qué animal
Uno de los hombres se agachó
La tomó con las dos manos
Y la puso dentro del recipiente
Entonces volvieron a dar el golpe
Todos bajaron la cabeza
Y yo me fui
No sé qué estaba apuntando
A punto de pasar
Pero me fui
Regresé a la casa prácticamente oscuras
Porque no quería que vieran mi lámpara
Mi tío volvió mucho después
En la mitad de la madrugada
Como cuando se iban a jugar dominó
A la mañana siguiente me preguntó
Si había dormido bien
Le dije que sí
Obvio no mencioné nada
Pero antes de irme
Cuando me sentí un poco más seguro
Le pregunté por el pozo
A ver si había dormido bien
ver que me contestaba y me preguntó a qué me refería.
Le expliqué, el que estaba al fondo entre los árboles, donde ya no íbamos los niños
El que mi abuelo decía que era peligroso cuando estaba chiquito
Mi tío se quedó pensando y luego dijo
Ah, ese pozo
Le pregunté cuándo lo habían tapado
Me preguntó que cómo sabía eso y me quedé callado
Pero luego continuó
Me dijo que siempre había estado así
Cubierto
Que según él lo había mandado cerrar mi bisabuelo
Mucho antes de que yo naciera
Y yo ya no quise preguntarle nada más y me fui del rancho
Algo me hizo sentir
Inseguro
En peligro
Después hablé con uno de mis primos y le pregunté si se acordaba de cuando nuestros papás iban a jugar dominó los viernes
Me dijo que sí
Y le pregunté si se acordaba de cuando nuestros papás iban a jugar dominó los viernes
No recordaba dónde jugaban
A dónde se iban pues
Pero no supo decirme
Ninguno de nosotros lo sabía
Nunca vimos hacia dónde se iban
A estas alturas
Ya no sé a dónde se iba mi papá
Si era parte de esto que yo vi
Y qué diablos
Comunidad
Qué diablos fue lo que yo presencié
Tampoco sé si mi mamá se había ido a jugar dominó los viernes
Mamá sabía que eran esos viernes dominó
La verdad
Yo tampoco quiero saber
Prefiero quedarme con los recuerdos que tengo
Con los buenos
Podcast Summary
Key Points:
Una joven, Katia, relata un encuentro terrorífico en el cuarto de su madre, donde ve a varias personas desnudas rezando y un chivo vivo que se colocó frente a su madre.
La casa de Katia se transforma gradualmente en un espacio lleno de objetos religiosos, con su madre restringiendo el acceso a su cuarto y cambiando su conducta tras la llegada de una señora que la llevaba a reuniones religiosas.
Katia y su familia intentan seguir a la señora que organiza las reuniones, pero al llegar a una casa en la colonia, se asoman por una ventana y escuchan un grito de horror al ver el chivo vivo dentro de la casa.
La familia no menciona lo sucedido, pero el ambiente en casa se vuelve cada vez más tenso, y Katia se aleja de la casa tras cumplir 18 años.
La casa del rancho de un abuelo es el escenario de otra historia de miedo, donde un niño adulto descubre una bodega oculta entre árboles, donde ve gente rezando y un recipiente con carne que sangra.
Los habitantes son personas normales sin túnicas, pero el ritual incluye golpes rítmicos y la manipulación de un objeto que parece contener carne.
La familia originalmente prohibía acercarse al pozo, pero el niño descubre que está tapado desde hace mucho tiempo, y su tío revela que fue cerrado por su bisabuelo.
Ambas historias muestran cómo el miedo, el secreto familiar y las prácticas religiosas pueden descomponer la normalidad y generar una sensación de peligro oculto.
Summary:
Una joven llamada Katia cuenta una experiencia aterradora en la casa de su madre, donde, tras seguir a una mujer que la llevaba a reuniones religiosas, descubre por una ventana que su madre está en una habitación con personas desnudas que rezan y un chivo vivo que se encuentra frente a ella. Aunque al principio se siente que su madre está superando el duelo, el ambiente se vuelve cada vez más inquietante: se cierra el cuarto de su madre, se acumulan objetos religiosos y, finalmente, Katia no quiere volver a casa. La historia se entrelaza con otra que ocurre en el rancho de un abuelo, donde un niño adulto, mientras busca a su tío, descubre una bodega oculta entre árboles y observa a personas que rezan con golpes rítmicos, mientras un recipiente con carne mojada y sangre es trasladado.
Aunque no se ve un sacrificio directo, la situación genera una sensación de horror y desconfianza. Ambas historias, aunque diferentes, exploran cómo los secretos familiares, la religión y el miedo pueden crear un ambiente opresivo, donde lo normal se vuelve extraño y lo familiar se vuelve peligroso. Las familias intentan ocultar lo que sucedió, pero el impacto en las personas deja una huella profunda.
El mensaje final es que muchas culturas o prácticas religiosas pueden estar profundamente arraigadas en la vida familiar, sin que se reconozca su naturaleza o impacto, y que la verdad a menudo se esconde tras lo cotidiano.
FAQs
La novia, Katia, decidió seguir a su madre a una reunión que se realizaba cada martes en una casa vecina. Al llegar, vieron que dentro de la casa había personas desnudas rezando, incluyendo a su madre, y que un chivo vivo estaba en medio de ellas. Al ver esto, Katia gritó de horror y huyó en pánico.
Su madre comenzó a acumular imágenes de santos, crucifijos, veladoras y otros objetos religiosos en diferentes partes de la casa, especialmente en su cuarto, lo que transformó la vivienda en un espacio altamente religioso y aislado.
Al principio, la madre permitía que Katia y su hermana entraran en su cuarto, pero después comenzó a prohibirlo, puso una llave en la puerta y se negó a que nadie entrara, lo cual era inusual en su relación con su familia.
Katia vio a varias personas desnudas en una habitación oscura, rezando o murmurando algo, y en medio de ellas, a su madre de rodillas con los ojos cubiertos. También vio un chivo vivo caminando tranquilamente en medio de ellas.
Se sintió inseguro y asustado al encontrar un pozo cubierto por concreto viejo, escuchó golpes rítmicos que parecían un tambor y vio a personas en una bodega que estaban realizando una actividad que le pareció extraña, como el sacrificio de un animal.
Al ver que un hombre levantaba un recipiente con una pieza oscura y chorreante de sangre, el joven se asustó, se retiró rápidamente y no dijo nada a nadie, pues no quiso que su tío supiera lo que había visto.
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