En esta homilía, el sacerdote celebra la fiesta de San Matías, el apóstol elegido para reemplazar a Judas, y la utiliza como punto de partida para reflexionar sobre la vocación y la vida en el seminario. Destaca que la tarea principal de los seminaristas no es solo estudiar o ser disciplinados, sino responder a la amistad que Jesús ofrece. Esta amistad, dice, es el amor de los amores, un vínculo incondicional que no depende de la atracción física ni de la sangre, sino de la plena libertad y la entrega gratuita. Jesús mismo declara: "Ustedes son mis amigos", y esa relación es la fuente de una alegría plena y eterna, que incluso se experimenta en la cruz y en la entrega de la vida.
El sacerdote subraya que la amistad con Jesús debe cultivarse durante años en el seminario, a través de la oración, la Eucaristía y el estudio de la Palabra, para llegar a ser testigos de la resurrección. Además, recuerda que la vocación no es un logro personal, sino una elección divina, como en el caso de San Matías. La alegría es el primer signo de que se está en el camino correcto, y esa alegría debe desbordarse en la misión de la Iglesia: atraer a otros a la amistad con Cristo. En última instancia, la vida sacerdotal y cristiana se resume en vivir y compartir esa amistad íntima con Jesús, que es lo mejor que puede pasar en la vida.
Bueno amigos, hoy celebramos una fiesta muy hermosa en la iglesia,
que es la fiesta del último de los apóstoles que vivió con Jesús,
porque después viene San Pablo, que es el único apóstol que no convivió con Jesús,
pero es un apóstol muy extraordinario San Pablo.
En cambio, en la elección de San Matías,
tenemos muchas dimensiones que considerar de lo que significa el colegio apostólico,
de lo que es la iglesia naciente y la constitución de los doce,
y la importancia que eso tiene en la misión de la iglesia,
pero hoy yo me quiero fijar en un aspecto que es mucho más personal.
Y es que como estoy con ustedes, y esto es el seminario,
pues yo creo que lo primero que tenemos que decir es,
en primer lugar, a ustedes, felicitarlos.
Y decirles que Jesús ha contado todo esto para que su alegría esté en ustedes,
en todos nosotros, y la alegría nuestra sea plena.
Es incluso hasta más que perfecta, porque perfecta parece que es acabada.
No, no, no, no.
El dinamismo de la alegría es tal que no tiene fin, y por eso no es acabada,
sino que está en nosotros.
Está en plenitud.
Entonces, Jesús nos ha contado esto, nos ha dicho el Evangelio de San Juan hoy,
para que nuestra alegría, para que, no, su alegría, la de Jesús, esté en nosotros.
Y nuestra alegría sea la de Jesús.
Y entonces nuestra alegría sea plena.
Y ustedes están en el seminario para estar, sobre todo, varios años,
haciendo algo que es maravilloso.
¿Cuál es la tarea principal?
La tarea principal de los que estéis en el seminario.
Responder a la amistad que Jesús nos ofrece.
Ustedes son amigos míos, dice el Señor.
De tal manera que no revisen ustedes muchas cosas antes de revisar esto.
Ustedes revisen después si soy disciplinado, si soy fiel en el estudio,
si soy fiel.
En todo lo que quieran.
Antes de nada, ¿soy fiel a la amistad con Jesús?
Porque la principal identidad nuestra, como llamados a ser apóstoles elegidos por el Señor,
es la de ser amigos suyos de verdad.
Y estas son palabras que yo no sé si ustedes las han valorado.
Pero la palabra amistad,
ser amigo de una persona,
es algo que nos da un sentido a la vida extraordinario.
Los amigos nos llenan el alma.
Con un amigo estamos,
que no pasa el tiempo.
Que me da igual estar tres horas que diez.
Que no estoy contabilizando los minutos.
No.
Estoy con él y estoy a gustísimo.
En plenitud.
Es el tiempo eterno.
Es la vida eterna que no pasa porque no se cuenta.
Y cuando no se cuenta es que estamos experimentando la grandeza del amor,
que esa es la eternidad.
¿Tienen ustedes amigos?
Cultiven la amistad.
Cultiven mucho la amistad entre ustedes.
Ustedes en esta fase están en la fase de la vida en la que verdaderamente se configuran
muy probablemente las mejores amistades.
No es único ni muchísimo menos.
Pero en estas edades,
cuando uno ya es adulto,
pero está en la plenitud de la vida,
en la juventud,
normalmente se pueden configurar
relaciones de amistad
tan profundas que duran toda la vida.
Ustedes son mis amigos, nos ha dicho el Señor.
Ustedes están aquí en el seminario para que durante todo el tiempo,
los siete, ocho años,
seis, ocho años que están en el seminario,
ustedes consoliden la amistad personal con el Señor Jesús.
Y por eso también los felicito.
Porque ser amigos de Jesús es con mucho lo mejor que nos ha pasado en la vida.
¿Ustedes le han dicho a alguien alguna vez "eres tú lo mejor que me ha pasado?"
Esa es la música de una canción española.
¿Lo habéis dicho eso alguna vez?
Mira qué bonito.
Eres tú lo mejor que me ha pasado.
Es decir,
entre las cosas que pasan en la vida,
que pasan,
que no es. las que pasan,
lo mejor es tu persona.
Esa es la grandeza del amor de la amistad.
¿Lo podemos decir eso nosotros de alguien?
Cultivar la amistad.
Para vivir y conocer el amor auténtico.
No os vayáis a confundir.
Que el amor auténtico
no es el de cuando nos enamoramos.
no es el de cuando nos enamoramos.
Seguramente todos ustedes
se habrán enamorado alguna vez.
se habrán enamorado alguna vez.
Cuando nos enamoramos,
vivimos una forma de amor.
Pero esa forma de amor
no es plena.
Es una forma de amor que está llamada
Es una forma de amor que está llamada
a madurar hasta el punto de que sea
a madurar hasta el punto de que sea
un amor de auténtica amistad.
Y si es en el momento del enamoramiento
Y si es en el momento del enamoramiento
del hombre con la mujer
y que van a prepararse para el matrimonio
y que van a prepararse para el matrimonio
no dejará nunca de ser
lo distintivo de la atracción
que hay entre ellos.
Pero se tiene
que perfeccionar y madurar
y transformar
hasta que llegue el momento
en el que sea
un amor de verdadera amistad
el que vive el hombre con su mujer.
Y que ya no va a depender
de la atracción física.
Porque cuando el hombre se hace viejo
y la mujer se hace vieja, poca atracción física hay.
En cambio,
el amor de verdad
es el que va creciendo
y creciendo en la alegría
y en la entrega
hasta el punto de que no tiene tiempo
y por eso perdura toda la vida.
y por eso perdura toda la vida.
Y no depende de circunstancias
Y no depende de circunstancias
ni de la enfermedad
ni de los problemas
que le haya podido ocurrir a una persona
en el camino de la vida.
Estamos llamados a vivir en el amor
en toda circunstancia.
Y esto se palpa especialmente
en el amor de la amistad.
Que es un amor incondicional.
¿Yo ya sabéis que le llamo?
El amor de los amores.
El amor de los amores es la amistad.
Porque no depende de nada.
Porque no depende de una atracción física.
Como ocurre en el enamoramiento.
Porque no depende ni siquiera de la sangre
que me tira cuando un padre y un hijo
un padre ama a un hijo,
una madre ama a un hijo.
No siempre.
No siempre.
Por eso hay que tener un poco de cuidado.
Pero es lo normal.
La sangre
te tira para. tira de ti para amar a un hijo.
Y a los hijos, pues para amar
a la mamá, para amar al papá.
Pero hay
un vínculo que es
un condicionante.
En el amor de la amistad no hay ninguno.
En el amor de la amistad es
que eres tú lo mejor
en la vida.
Y eso me ha pasado en la vida
y se lo puedes decir a una y a varias personas.
No a muchas, eh.
Porque la amistad auténtica
se pueden contar con los dedos de la mano
casi.
Yo los tengo que contar con los dedos
de las dos manos.
De los amigos de verdad.
Jesucristo nos ha dicho:
"Ustedes son mis amigos".
Y esta es la condición
para ser
apóstol.
Aunque no entendieran muchas cosas.
No se preocupen ustedes si hay cosas que no entienden.
Aunque no
entendieran muchas cosas,
¿cuál es la exigencia en la Iglesia
para que San Matías
ocupe el puesto de Judas el traidor?
¿Os habéis dado cuenta que son dos?
La primera es ser testigo de la Resurrección.
Si no tenemos fe en Cristo resucitado,
si no somos
fieles a ese gran mensaje
que la Iglesia nos ha transmitido y que nos ha
traído hasta aquí, y es que yo creo
firmemente en Jesucristo muerto y
resucitado.
Ese es el punto capital.
Pero para ser apóstol
hace falta algo más.
Hace falta una dimensión
que es el haber
desarrollado interiormente,
personalmente,
la amistad con Jesús.
Por eso aquí puede
venir una persona que haya estudiado
alguna carrera. Por ejemplo,
hay aquí algunos que han estudiado otra carrera.
No.
Esa carrera sirve para lo que sirve.
Pero, ¿a qué hace falta una carrera?
falta un tiempo de cultivar la amistad como objetivo, como objetivo primordial, de que
esa relación no pase desapercibida, ni mucho menos, de estar con Él, aunque sea simplemente
intentando entenderlo, pero incluso cuando no lo entiendas, estar con Él, estar con
Jesús. Nunca el tiempo ni de la oración, ni de la misa, ni de estudiar, porque cuando
estudiamos y estamos encontrándonos, a mí me pasa esto, esto es una gran alegría de
mi vida, que es estar continuamente con la palabra del Señor. A mí esto es también
lo mejor que me ha pasado, ser cura y poder dedicarme a cultivar la amistad de Jesús
contemplando permanentemente, además de la Eucaristía, la palabra del Señor.
Pero además, profesionalmente, porque me tengo que dedicar a ello, pero eso es una
alegría inmensa. Entonces, cuando ustedes están estudiando también, estamos cultivando
la amistad con Jesús, porque estoy aprendiendo a relacionarme con Él, a comprenderlo cada
vez mejor, a comprender su misterio, todo, todo, todo está orientado a cultivar la amistad
con el Señor, que es con mucho lo mejor que nos ha pasado. Y entonces, eso es la segunda
cuestión.
Esa es la condición que le ponen en la elección del apóstol. Primero ser testigo de la resurrección,
gente que cree firmemente en Cristo resucitado y gente que convive con el Señor para empaparse
bien en la relación personal con Él de todo aquello que ni siquiera se formula, aquello
que no es solamente estudiar ni juntarse para hacer algo. No, la amistad algunas veces
no requiere, no es que yo soy amigo de unos cuantos porque vamos a jugar al fútbol, no
es que yo soy amigo porque nos vamos a pasear juntos, no, no, no, no. La amistad no tiene
otro objetivo que la misma amistad. Y ya una vez que eso ocurre así, ahora sí, ahora,
estando unidos al Señor, ahora podremos dar mucho fruto, dice Jesús en el Evangelio.
Pero el objetivo es vivir la gratitud.
Gratuidad de la amistad. El encuentro gratuito con el otro. El encuentro que no depende de
nada previo no es el enamoramiento, no es la sangre, es la plena libertad. ¿Qué me
ha pasado en la vida? Que tengo a estos amigos. Y además, no es que me junte con ellos para
hacer nada, aunque no, para hacer algo, es que si no hago nada me da igual, porque estoy
plenamente feliz. ¿Os ha pasado?
¿Os ha pasado eso con los amigos? ¿Tenéis amigos de verdad? Os lo pregunto en serio
no para que me contestéis, sino para que aprendáis que ese valor en la vida humana
es esencial en la vida sacerdotal, amigos. Esencial. Mirad, los curas no nos casamos.
Los curas no tenemos una mujer.
Pero no somos
afectivamente gente seca, como si fuera una piedra, ni muchísimo menos. Somos gente llamada
a vivir en el amor de una manera espléndida, como lo vivió Jesús. Porque empieza todo
este discurso del capítulo 15 del evangelio de San Juan, empieza con el mandamiento nuevo
y la llamada a sentir el amor de Dios. Permanezcan ustedes en este amor. Esto es lo que tenemos
en el seminario, permanecer en el amor, en el amor con Jesús. Y ámense entonces como
yo los he amado. Mañana, eso toca mañana explicarlo. Pero ya se lo he mandado a ustedes
en mi artículo dominical. Es como yo los he amado, que significa las dos cosas. Ámense
de la manera que yo los amo, pero que sepan ustedes que pueden hacerlo porque yo ya lo
he hecho. Y como es el fundamento de una nueva relación, ustedes también pueden vivirlo.
Vivir ese amor. No me vengan diciendo, claro, es que ¿quién va a amar como Jesús? ¿Quién
te ha dicho que no? Lo ha dicho el mismo Señor. Entonces, ¿en qué consiste el amor? En
desvivirse por el otro. En dar la vida por el otro. En dar sin esperar nada a cambio.
Eso es la amistad. Dar sin esperar nada a cambio nunca. Y la grandeza y la alegría del
amor deriva de que en ese movimiento de entrega al otro, de dedicarme al otro, resulta que
sin que yo lo busque y sin que yo lo pretenda, me encuentro que a la otra persona le pasa
también lo mismo. Con lo cual es amar y sentirse amado. Amar y sentirse amado. Pero
sentirse amado de manera nunca posesiva, nunca. El amigo nunca pretende poseer al otro. Con
lo cual, ¿cómo pasa, por ejemplo, en la relación del enamoramiento? No, no, no. En la amistad
es que yo no busco nada de ti, nada más que estar contigo y entregarme. Y no tiene ningún
límite. Por eso es eterno. Por eso es el amor de los amores. Y entonces tiene la gracia,
es decir, el don, eso es la gracia, el don, de que cuando hago ese movimiento de amor hacia
la otra persona, en sea cual sea su circunstancia, no depende de las circunstancias de la vida.
Da igual que esté en las alegrías, que en las penas, que en el sufrimiento. El amigo
siempre está. Toda la vida. Ustedes son muy jóvenes. Pero la gran alegría que uno tiene
cuando hace años que yo no he visto a un amigo mío. Y cuando lo voy a saludar al cabo
de diez años o de quince años, es como si hubiera sido antes. Es como si hubiera sido
ayer. No ha pasado el tiempo. Ese encontrarte como persona eterna
es una experiencia sublime la de la amistad. Amigos, tenéis que cultivarla mucho. Porque
el amor no se improvisa. El amor, mirad, para ser cura necesitáis como mínimo tener
aquí ocho años de amistad íntima, personal, intensa con Jesús. En los sacramentos, en
la Eucaristía, sobre todo. Vivirlo como el encuentro, el abrazo diario con el Señor.
Abrazo físico. Porque lo comemos. Ese abrazo físico lo tenemos que cultivar con su palabra.
Tengo que escucharlo. No tengo que escucharlo. Tengo que aprenderme de memoria sus palabras.
Porque además tengo que ser ya testigo de ellas. Porque sé que me han cambiado. Porque
me han cambiado de camino. Si cultivo esta amistad, a ser como Matías. Aunque sea en
la última hora. No hay hora para el Señor. Aunque sea cuando uno ya es un poco mayor.
No pasa nada. ¿Verdad, Mario Martelo? No, no, no. No hay tiempo. En la respuesta es
la amistad. Y en la respuesta a la amistad solo hay amor de entrega generosa. Pero hace
falta cultivarla. No se puede improvisar. Yo he hecho tantos estudios. Dice uno: "Pero
pues mira, de acuerdo, pero has cultivado la amistad con Jesús, como la Iglesia manda
en este momento, para que tú no solamente sepas cosas de Dios, ni sepas cosas de la Biblia,
ni del Señor, sino para vivir intensamente la gran alegría de la amistad con Jesús".
Esto es lo que se le pide a Matías. Uno que estuvo con nosotros desde Galilea. Desde el
primer momento. Después puede haber algún caso excepcional, como San Pablo. Pero al
día de hoy, no. Pero lo normal es que sean todos los apóstoles, es decir, los enviados,
los curas, también, personas que hemos pasado tiempo, años y múltiples circunstancias,
también las adversas, las hemos pasado con nuestro amigo, con mi amigo Jesús, el Señor
de mi vida. Les he preguntado antes si tenían ustedes amigos. ¿Tenían amigos? Sí, sí,
sí. No me digan sí o no. Eso lo valoran ustedes. Pero sí les tengo que preguntar.
Cuando ustedes hablan de sus amigos, ¿cuentan ustedes a Jesús, el Señor, entre el primero
de los amigos? Ante el cual, ya sabéis que en la relación de amistad la vida es transparente.
La vida es. Hay gente, algunos que dicen que el amor de la amistad hace que la otra
persona sea mi otro yo. Y que la otra persona sea mi otro yo. Y que el Señor
te conoce a ti más que tú a ti mismo. Porque además te ve un poco más objetivamente.
Mi relación con Jesús es desde la clave de la amistad. Es decir, yo tengo que decir
de Jesús esto que el Señor le pregunta a San Pedro y a los discípulos cuando están
en cesarea. ¿Quién dice la gente que soy yo? Pues tú eres el Mesías. Pero tú fundamentalmente eres amigo mío.
Y no solo porque yo te he buscado, sino porque yo he respondido a tu llamada.
El evangelio de hoy es prodigioso.
Es de esos evangelios que hay que meterlos en el alma.
Como el Padre me ha amado, así los he amado yo.
Permanezcan en mi amor.
Permanezcan en mi amistad.
Yo cuando analizo este texto, ya saben que la raíz que más aparece,
hablando de amor y amistad, es la raíz del amor.
Pero llega a su culmen cuando el Señor está diciendo,
miren, les estoy contando todo esto, no para aburrirlos,
sino para que mi alegría esté en ustedes y la alegría de ustedes,
sea plena, llegue a plenitud.
¿Saben de qué alegría está hablando Jesús?
Es la alegría de la pasión.
Jesús, ¿habéis visto cómo empieza el evangelio?
Habiendo llegado la hora en que iba a salir de este mundo al Padre, ¿no?
En ese momento, es decir, es la pasión.
Es el momento en que Jesús sabe que lo van a matar.
Y Jesús habla de su alegría.
Qué cosa más sorprendente.
La alegría de la cruz.
La alegría de la entrega de la vida.
Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin.
Y ahí es donde Jesús comunica su alegría, para que la alegría nuestra,
es decir, la felicidad que vamos buscando, la palabra es la dicha,
el colmo de la alegría, como estado permanente,
el momento en el que me ha alegrado esto por una cosa,
me ha alegrado por lo que me acaban de decir.
No, no, no, no, no.
Estado permanente de alegría.
Estado permanente.
Por eso es una de las características fundamentales de la vocación.
Si ustedes no viven en la alegría dominante de su vida,
tienen un signo para decir, ¿estaré yo equivocado en mi camino?
La alegría es el primer test.
Cuando queráis revisar vuestra vida,
en el seminario, decir, ¿vivo yo la alegría desbordante?
No la alegría cualquiera, sino que yo sé que ustedes pasan por apuros,
por dificultades, por una vida sacrificada.
¿Vivo la alegría ahí también? Y esa alegría es la que llena el corazón.
Y entonces es que Jesús después dice, miren ustedes,
no se crean ustedes que están aquí porque me han elegido,
y les han dicho un día, yo quiero ser cura.
No, no, no, déjense de historias.
Ustedes están aquí porque soy yo quien los he elegido a ustedes.
Y ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando.
Ustedes son amigos míos.
Y no hay mayor amor que el que da la vida por sus amigos.
Y Jesús es el que ha dado la vida por nosotros para que nosotros hagamos también lo mismo.
Aprender a dar la vida en todo momento y circunstancia.
Y el carácter de la gratuidad y de la elección se plasma,
¿os habéis acordado cuando se hace alguna ordenación?
¿Qué hace el rector del seminario?
Reverendísimo Padre, pedimos que ordene sacerdote a este hermano nuestro.
¿Sabe si es digno?
Según el parecer de la iglesia ha sido considerado digno.
Dice el obispo, en nombre del Señor.
Elegimos a este hombre para el orden de los presbíteros.
Es una elección de Dios.
Por eso no es sólo una respuesta mía, sino que es principalmente una vocación.
Llamada elección de puro amor a vivir en un amor especial.
No para tener un privilegio, ¿eh?
No para ser privilegiados.
No para tener un privilegio, sino para entablar una relación que perdure de amor
que nos lleve en primer lugar a vivir nosotros la gran dimensión de la alegría,
pero no para quedarse encantados y encerraditos solamente en la capilla o en nuestra habitación,
sino que ahora, una vez que hemos cultivado, y hace falta unos ocho o diez años, está muy bien,
puede ser más o menos, pero un tiempo específico de cultivación,
es cultivar la amistad en el seminario.
Entonces, ahora, a dar fruto.
A dar fruto y abundante.
Los frutos que da esta inmensa semilla que es la amistad con Jesús.
Y eso es lo que tenemos que producir en la relación con los demás.
De tal manera que lo que tenemos que hacer como misión de la Iglesia, ¿sabéis qué es?
Atraer a mucha gente para que también sean amigos de Jesús.
Esa es la misión de la Iglesia.
Que con nuestra palabra y con nuestro testimonio hagamos que otros conozcan la grandeza de la amistad con Jesús,
que no es excluyente.
No pasa como en el amor de la pareja, que es excluyente.
Uno quiere a una persona y para siempre, eterno, magnífico.
No, la amistad es para que demos un fruto abundante.
Y ese fruto abundante es transformar a toda persona con la que nos encontremos, si es posible,
en verdaderos amigos de Jesús.
¿Por qué?
Porque es lo mejor que nos ha podido pasar en la vida.
Celebrar la Eucaristía es lo mejor que puedo hacer.
Escuchar la palabra del Señor, lo mejor que puedo hacer.
En la gran alegría de la amistad es donde San Matías ha encontrado la elección definitiva,
aunque fuera en el último momento, después de la muerte de Judas,
pero para ser. Miembro del grupo apostólico.
Nosotros no solamente somos a destiempo, sino que venimos muy posteriormente.
Pero estamos llamados a vivir la misma amistad,
que supone ser testigos de la fe en Cristo muerto y resucitado
y haber acompañado a Jesús durante el tiempo suficiente
como para que lo primero que yo diga de mi identidad es que yo soy amigo íntimo del Señor.
¿Lo podemos decir?
Si lo podéis decir, muchas felicidades.
Y si no lo podéis decir todavía, cultiven esa amistad para que lo puedan decir un día.
Ustedes, dice el Señor, son mis amigos.
Y no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos.
Y esto es lo que celebramos, recordamos en cada Eucaristía.
Podcast Summary
Key Points:
La fiesta de San Matías destaca la importancia del colegio apostólico y la misión de la Iglesia.
El mensaje central es la amistad con Jesús como base de la vocación sacerdotal y de la vida cristiana.
La alegría plena proviene de permanecer en el amor de Cristo, incluso en la adversidad.
La amistad auténtica es incondicional, gratuita y no depende de la atracción física ni de la sangre.
Los seminaristas deben cultivar esta amistad durante años, como condición para ser testigos de la resurrección.
La elección de Dios precede a la respuesta humana; la vocación es un llamado de amor puro.
La misión de la Iglesia es atraer a otros a la amistad con Jesús, dando fruto abundante.
Summary:
En esta homilía, el sacerdote celebra la fiesta de San Matías, el apóstol elegido para reemplazar a Judas, y la utiliza como punto de partida para reflexionar sobre la vocación y la vida en el seminario. Destaca que la tarea principal de los seminaristas no es solo estudiar o ser disciplinados, sino responder a la amistad que Jesús ofrece. Esta amistad, dice, es el amor de los amores, un vínculo incondicional que no depende de la atracción física ni de la sangre, sino de la plena libertad y la entrega gratuita. Jesús mismo declara: "Ustedes son mis amigos", y esa relación es la fuente de una alegría plena y eterna, que incluso se experimenta en la cruz y en la entrega de la vida.
El sacerdote subraya que la amistad con Jesús debe cultivarse durante años en el seminario, a través de la oración, la Eucaristía y el estudio de la Palabra, para llegar a ser testigos de la resurrección. Además, recuerda que la vocación no es un logro personal, sino una elección divina, como en el caso de San Matías. La alegría es el primer signo de que se está en el camino correcto, y esa alegría debe desbordarse en la misión de la Iglesia: atraer a otros a la amistad con Cristo. En última instancia, la vida sacerdotal y cristiana se resume en vivir y compartir esa amistad íntima con Jesús, que es lo mejor que puede pasar en la vida.
FAQs
La tarea principal es responder a la amistad que Jesús nos ofrece, siendo fieles a esa amistad antes que a otras cosas como la disciplina o el estudio.
Ser testigo de la resurrección, creyendo firmemente en Cristo resucitado, y haber cultivado una amistad personal e íntima con Jesús.
Porque no depende de la atracción física ni de la sangre, es un amor incondicional y gratuito que no busca nada a cambio y perdura toda la vida.
A través de la oración, la Eucaristía, el estudio de la Palabra y viviendo los sacramentos, dedicando tiempo a estar con Él y comprenderlo cada vez mejor.
La alegría es el primer test de la vocación; si no se vive una alegría desbordante y permanente, incluso en las dificultades, es un signo de que el camino puede estar equivocado.
Significa que la identidad principal de los llamados a ser apóstoles es ser amigos de Jesús, con una relación transparente y de entrega total, como la que Él nos ofrece.
Chat with AI
Loading...
Pro features
Go deeper with this episode
Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.