Maral Bareff, especialista en psiquiatría infantil y adulta, presenta un enfoque innovador sobre la personalidad que va más allá de los modelos científicos tradicionales. Critica la reducción de la conducta humana a factores biológicos o patológicos, destacando que esta visión excluye la libertad y la responsabilidad ética del individuo. A través de casos emblemáticos como Adolf Eichmann, Oscar Wilde y Etihilesum, explica cómo la personalidad puede transformarse radicalmente bajo condiciones extremas, dependiendo de si el sujeto abre o cierra su conciencia ante las realidades internas y espirituales. Sostiene que la libertad no es la ausencia de condicionantes, sino la capacidad de orientar la acción a pesar de ellos, incluso mediante la voluntad de ignorar ciertas motivaciones. Introduce la noción de "psicoética", un enfoque que integra psicología y ética, basado en una visión antropológica humana, para ofrecer una comprensión más profunda y realista de la personalidad. Este enfoque no descarta el papel de factores biológicos o inconscientes, sino que los sitúa dentro de un marco en el que el sujeto puede tomar decisiones conscientes y morales. La reflexión final apunta a la necesidad de reconectar la psicología con la ética para evitar una comprensión reduccionista y errónea de la conducta humana, especialmente en contextos clínicos y sociales.
Hola a todos. Me llamo Maral Bareff. Soy Siquiatra Infantil y Siquiatra Adultos y profesora
de psicología de la personalidad. Y hago este podcast para hablar justo de esto, de la
personalidad, pero no de cualquier manera, sino cuando esta se abre a la dimensión espiritual.
Adelante. Quizá muchos de vosotros os repreguntáis, de donde surge esta necesidad,
de hacer podcast. Primero quiero compartiros que es el resultado de un libro que acabó de
publicar la huella de nuestras decisiones a anatomía ética de la personalidad, donde se va a describir
con mucho más detalle algunas de las cosas que quiero compartir con vosotros. Pero más allá
del libro, el origen de esta preocupación, incluso de la reflexión, que me llevó a escribir
un libro, tiene que ver con varias experiencias individuales que quiero compartir. La primera de
todo tiene lugar en Barcelona, la ciudad donde yo vivo, arraí de una visita, de una compañera,
una neurocientífica que recibo, con la que yo trabajé hace bastante años en Nueva York.
Ella viene, vamos a visitar la Iglesia de la Sagrada Familia de Gaudí, que seguramente
mucho de lo que de los que me escucháis, la conocéis.
Ante la grandeza de lo que estamos presenciando, a mí me llama mucho la atención, la pregunta
que esta experta, esta experta neurocientífica de relevancia me hace. Me pregunta cómo es posible
que Gaudí pudiera hacer una cosa tan grandiosa, así es que tenía una enfermedad bipolar.
Yo de verdad, os tengo que decir que esta pregunta me dejó perpleja, porque pensé, pero como
una persona tan sabia en un ámbito, pueda hacer reducciones tan llamativas en otro, como
una persona que es experta en neurociencia, a más en temas de la neurobiología del vínculo,
no tiene más modelos a los que acudir para explicar una grandeza fruto de la hora del
ser humano, ¿no? Desde categorías puramente enfermedades a luz, categorías de cotomicas
tan simples. Esto fue uno de los motivos de la reflexión y la escritura del libro, pero
hay otro también, y es que ya desde hace muchos años observo que pasa el mismo de manera
contraria, ¿no? Que a veces ante hechos de una crueldad enorme que todos vemos en las noticias
o tenemos conocimiento en nuestra propia vida, siempre se intenta explicar todo desde que
la persona tiene una enfermedad mental o todo es producto de una maldad escarnada. Y nuevamente
me encuentro con la misma realidad, ¿no? Que ante situaciones difícilmente de comprender
desde una lógica cotidiana, digamos así, se vuelve a intentar explicarle todo desde
la patología mental, cosa que además me parece un justo hacia las personas que tienen
trastorno mental, porque ni mucho menos está asociado a más violencia, crueldad ni delitos,
ni mucho menos, creo que esto es, es hace un flaco favor. Pero más allá de esto, lo que
me preocupa es esta reducción que estamos haciendo hoy en día para intentar entender cosas
muy complejas. También puede ser muy, muy reducionista intentar explicarlo todo, todo,
absolutamente todo, desde la bondad o la maldad humana, sin poner en juego todos los condicionantes
que nos pueden llevar a hacer un acto en el que el otro pierda totalmente valor.
Bueno, en cualquier caso ambas reacciones, comparte una misma perazena intelectual, y es
al final intentar reducir la complejidad humana categorías explicativas que excluye la libertad.
Y en esta exclusión como argumentaremos, se pierde algo irreplafable en el ser humano,
que tiene consecuencias, yo creo que muy en pobrecedoras. Entonces, dicho esta introducción,
voy a pasar a explicar, vamos a entrar ya de lleno en la personalidad.
¿Qué es la personalidad? Para ello, vamos a recorrer algunos autores relevantes que han sido
punteros en esta disciplina para entender sus aportaciones y, de también, las limitaciones,
si todavía lo que queda por hacer en las teorías dominantes. Pesemos que el estudio científico de
la personalidad ha producido definiciones de gran rigor y poder explocativo y conviene examinar
brevemente las más influyentes para identificar con precisión también lo que dejan fuera de su marco.
Vamos a empezar con el gran autor de la personalidad, que es Gordon Alport.
Él empezó definiendo la personalidad como la organización dinámica en el interior del individuo,
de los sistemas psicofísicos que determina su conducta y pensamiento caratterísticos.
Sin duda, esta definición tiene méritos innegables porque reconoce una jerarquía de rasgos.
Vamos a tener rasgos de la personalidad disposicionales cardinales, centrales y secundarios.
Esto hace por ejemplo que, aunque haya personas con un patrón de personalidad muy parecido,
al mejor en una toma más preponderancia como rasgo cardinal. Por ejemplo, la búsqueda de emociones
o el afán exploratorio, y a otra sin embargo, sea más introvertida con características más conservadoras.
Y, aunque en otros ámbitos se parezcan, lo central las va a poder distinguir. Y además,
al poner en una jerarquía es muy interesante y llamar la dinámica, el describe esta jerarquía como dinámica.
Es muy interesante porque también rasgos que pueden ser como notan centrales secundarios.
Por ejemplo, si yo soy una persona apocada o más bien, no me gusta el riesgo,
tiendo a conservar y a no riskarme nunca, pues si una situación veo que alguien de rámbalo para mí
está en riesgo o puede perder la vida, hace que un rasgo de personalidad que mí no es central, como por ejemplo,
puede ser la valentía o la fortaleza, pues en este momento coja mucha fuerza e incluso coja mucha
preponderancia y pase con el tiempo a ser central, si lo ejerzo con continuidad, ¿no?
Entonces, el valor de Alport aparte de establecer que la personalidad es dinámica y una jerarquía,
el afirma no está unidad de cuerpo y mente y afirma la singularidad irreductible de cada persona.
Pero hay una noción que el describe que lo llama como agente continuador y unificador,
que aparece implicitamente en este término de individuo, que no lo desarrolla con la profundidad
que merece, de alguna forma, se queda la puerta, como el individuo con esta gente continuador y unificador,
por qué, cómo se pueden unificar estos rasgos de personalidad con un orden de tener y en qué
jerarquía, en función de qué van cambiando, ¿no? y cómo también puede las influencias
y modificando estos rasgos, pues bueno, se queda, no desarrolla esto en profundidad.
Luego merece la pena hablar de Teodor Milón, que es otro grante hórico de la personalidad y el
introduce también la teoría de la aprendizaje social y el modelo evolutivo. Concibe la personalidad
como el estilo adaptativo resultante de la interacción entre las fuerzas ambientales y orgánicas desde
el momento de la concepción. Como veis, ya da un paso más y plantea una perspectiva integradora entre
biología y ambiente, que es muy valiosa y que quizá antes no estaba tan sufrayado. Pero nuevamente,
aquí hay una carencia, ¿no? Bajo mi punto de vista, y es lo que quiero compartir con vosotros para
que veáis también la necesidad de ir más allá de estos modelos, porque su marco teórico
tiene a describir al sujeto como organismo que se adapta, pero no como persona que decide y esto
va a ser muy importante. Ya el sujeto de la conducta desaparece en favor de los mecanismos que la
producen y esto va a ser una tónica bastante frecuente en muchas teorías de la personalidad
también actual, que arrancan desde este autor. Ya el sujeto se adapta, el sujeto es un organismo que
se adapta, pero no una persona que decide y el sujeto de la conducta desaparece en favor de los
mecanismos que la producen, en favor de los factores que influyen. Bueno, fuera de este marco, pero yo
creo que va a en la pena hablar por el valor y la contribución que hizo fue psiconálisis. Si
ven el psiconálisis en sí, no describe una teoría de la personalidad explícita, creo que hace
aportaciones muy interesantes, sobre todo al rescatar el tema del deseo, la carencia, la volución,
cosa que en teorías anteriores queda muy relegado y Freud es sus primeros planteamientos lo
describen. Y además también describen muy bien todo el impacto de las experiencias tempranas y
los procesos de excisiono, sí que caca que se produce, por esas experiencias tempranas, o sea,
yo pudo haber sufrido tanto en la primera infancia de los primeros años de mi vida o tener
despente hasta entramáticas, que eso queda como en mi conciencia como secuestrado, del algo que yo
pido la conciencia de que ha ocurrido, pero eso no significa que su efecto que no sigan teniendo
efecto, sí que siguen teniendo efecto y para psiconálisis es lo que forma parte del inconsciente.
Sin duda esto fue una gran contribución, porque es verdad que es así, dentro de nuestras conciencia.
conductas, deficiones, va a haber muchas motivaciones que tenemos inconscientes y que además
ejercen una gran presión. Ahora bien, quizá esta contribución tan valiosa a mí parece
que da un poco corta, porque creo que acaba sobreestimando estésimamente el inconsciente.
O sea, todo aquello que la persona en un momento ado no puede racionalizar, no puede concienciar,
no puede darse cuenta de la presión que está hartiendo su propia vida, mecanismos interiores,
para el psicoanalisis forma todo parte del inconsciente. Creo que hay una realidad que
se les escapa, que es justamente el "supra" consciente. Hay una realidad más en el ámbito
"sico" espiritual, que es "supra" consciente, que también ejerce una gran influencia en
el ser humano.
En nuestros deseos, anelos, muchas veces pueden apelar hasta instancias más superiores
y ser dirigidas desde esta "supra" consciente desde esta espiritualidad.
Estar la verdad que esta realidad es si conálisis no lo recoge y más bien los años más
profundos de las personas siempre acaban subordinados con mucha frecuencia, tampoco quiero decir
siempre. En el mejor de los casos adinámicas inconscientes, además de la que la persona
tiene poca capacidad de influencia, tiene demasiada preponderancia, esta realidad. En síntesis,
que no hay forma de apelar dentro de este modelo de una instancia superior que pueda también
dar cauce y sentido a deseos más profundos, a heridas, anelos y tantas dinamismos que
entranio juego. Bueno, pues, que podemos decir, que todos esos modelos dominantes de personalidad
describen con precisión, condicionantes de la conducta. Pero siempre son muy reticentes
a reconocer la capacidad de la persona para trascender estos condicielantes. Y a más
esta reticencia no es ideológicamente neutra, sino que responde a una decisión metodológica
al paradigma de las ciencias naturales, que va a escurir principios no cuantificables, principios
de los cuales nos ponemos a obtener datos. Y ahora me gustaría también tocar otro tema,
que es crucial en todos los capítulos que vamos a ir viendo y es la cuestión de la responsabilidad
y la libertad. Debemos tener en cuenta que hoy en día hay una exclusión de la responsabilidad
del discurso psicológico oficial. Y esto va a generar una tensión que es accidente cuando
se confronta la coherencia interna de este discurso con la práctica cotidiana. Vamos a
ver que existe una gran asimetría, una gran asimetría de idea, al menos significativa, entre
el tratamiento teórico de la conducta en contestos clínicos y el juicio moral que los
mismos profesionales emiten en sus relaciones personales y laborales. Esto yo lo he visto
con muchísima frecuencia, no en todos, pero así que he visto profesionales que están
muy enmarcados en modelos muy biológicos, por ejemplo, o incluso a veces extremadamente
también psicológicos que tienden a explicar todo, responsabilizando a la persona que
tiene adelante de una manera absoluta. No hay que culpabilizar a las personas, pero tampoco
de responsabilizar la de manera absoluta. La psicología, la psiquiatría es un arte y
está lleno de sutilezas, por eso es tan complicado, por eso existe la psicoterapia, porque
te va ayudando a ir testifrando en qué ámbito la persona, en qué momento puede actuar
de manera distinta, diferente, y ayudarla a esto y que la persona también quiera, a pesar
de tantos condicionantes, esto es lo interesante. Sin embargo, lo que os decía, yo veo
muchas profesionales que con los pacientes que a fin y al cabo poco impactos van a tener
tu vida personal, se de responsabiliza mucho, pero vamos a poner un ejemplo de que si yo
tengo un paciente, que me dice, no, que por su afán de poder o de control, pues someten
mucho en su empresa a las personas que tiene su cargo, la relega al puesto peor y le cuesta
mucho las relaciones, es un ejemplo un poco exagerado, pero es para que se entienda bien lo
que quiero transmitir que no es fácil. Pues que nosotros solemos llamar actitudes muy paternalistas
y de entendimiento y de justificación, pero si esto mismo pasa a este psiquiatra psicólogo
en su vida real, que su jefe que también tiene un trastorno narcisista, lo relega a un puesto
mucho más inferior de sus capacidades, seguramente el juicio que haríamos sobre esta persona no
sería la misma que hacemos en la consulta y esto creo que hay una dichotomía o una contradición
no resuelta y que muestra también como fragilidades en el discurso científico y académico.
Esta simetría, que usa que no es anecdóticano, revela que hay de alguna manera una responsabilización
sistemática del sujeto en el discurso clínico, como es una convección metodológica adaptada
por razones de rigor científico, pero que contradice, contradice una intuición antropológica
profundamente arraigada y es que las personas son también en alguna medida responsables de sus actos
y de sus omisiones. Y esto es importante y lo iremos viendo en casos concretos. Vamos
a pasar el tema de la libertad, yo no soy filosófica, pero me gusta mucho el atesis
doctoral, pues toque temas que tienen que percolar ética en la filosofía y vamos a haber
como ha sido aportada por un autor que se amaja Rifran Furt, quien habló del llamado
principio de posibilidades alternativas para abordar la cuestión filosófica de la libertad.
Y él decía que para que pueda blasse de responsabilidad moral es condición necesaria que la persona
disponga de opciones reales de actuación, sea que haya opciones alternativas, si yo estoy
una situación que no me quedan alternativas en duda de la que no hay responsabilidad moral.
Pero este autor, ni libertad por supuesto, añade dos condiciones adicionales y es el control
sobre las propias elecciones, a saber por qué tomo estas elecciones y tener la capacidad
de hacerlo y las motivaciones que las orienta. ¿Por qué tomo esta decisión? ¿Qué es lo
que me mueve? Si esto para él es una condición de poder actuar con responsabilidad
mojar. Claro, aquí vamos a entrar en un tema complicado, ¿por qué? Porque esta formulación
abre un problema de primera importancia y es la posibilidad de que las personas pueden
optar por la ignorancia voluntaria. Es decir, las personas tenemos la capacidad de
decidir no conocer nuestras propias motivaciones. Si esta posibilidad es real, la responsabilidad
moral no se limita a los actos conscientes y deliberados, sino también que se extiende al
modo en que el sujeto la gestiona, o sea, al modo en que la persona gestiona la propia
comprensión de sí mismo. Esta consideración veremos que tiene consecuencias directas
para la comprensión de los casos clínicos y biográficos que examinaremos. Dicho de manera
más ordinaria, más coloquial y es que la persona podemos optar en no conocer, no querer
conocer. O sea, esto es la respuesta, como gestionamos esta responsabilidad moral, pues
yo he decidido no conocer para tener que tomar una decisión que me compromete o dejar
de tomar una decisión que me compromete, porque quiero un fin el sí mismo, que si reflexiones
demasiado me daré cuenta que no conviene. Esto es lo que los adolescentes, la gente más
joven muchas veces se dicen cuando intenta darles una explicación, cuando dice "no me
rayes", ¿no? No me rayes, no me hagas pensar demasiado que me haga ir al fondo de la
cuestión y me de cuenta de que no tengo razón. Esto es muy interesante, todos en el fondo
muchas veces estamos ahí en el no me rayes. Y esto es la gran contradicción, bueno, la
gran dificultad que tenemos los seres humanos y es que en la gestión de esta responsabilidad
moral las personas tenemos la capacidad de sacudirnos, la conciencia. Y esto va a tener
una repercusión. O sea, es importante subrayar, que reconocer la libertad no implica ignorar
los condicionantes. No implica ignorar, por ejemplo, pues el efecto que tiene todavía
a mí, mi relación con mi padre, con mi madre, con aquello que me pasó en infancia,
con esta ruptura sentimental, con este sueño no cumplido. Todo lo contrario, es precisamente
la presencia de estos condicionantes, lo que hace que la libertad sea necesaria posible.
Si no hubiera resistencia, no habría lección. Yo simplemente de mejaría lleva pros acontecimientos
por aquel que más me apetece, aquel que me es más favorece, aquel que más me empuja
y hasta. Sin embargo, la libertad se define precisamente como la capacidad de orientar
la acción, a pesar de estas presiones internas y externas, no es la ausencia de ellas.
Si me permitis poner un simil, pondría el simil de un barco, ¿no? Un barco tiene un destino
y hay un rumbo. En este rumbo, no siempre el viento va a ser a favor y más bien te va a
tirar en la dirección opuesta a tu destino. El buen marinero lo que aprendís a jugar con
el viento y colocar las velas de tal manera que aprovecha el viento, aunque a veces venga
encontro.
en el streamboard, va colocando las velas de tal manera que aprovecha esta tensión y muchas veces
va a ir en contra y también las mareas, pues este simple sería igual en el ser humano, vamos a tener
muchas mareas, mucho viento en contra, mucha fricción, pero no por eso, justo esto va a ser la condición
para que el barco pueda navegar y llegar y mejorar también la técnica de navegación, pues a las
personas nos va a ocurrir lo mismo con la libertad, claro y esto hace sufrir, hace un destal como el lucha
interior, en estos podcas que estoy realizando para ilustrarle en suficiencia explicativa de los
modelos que prestinden de esta dimensión espiritual y responsabilidad, yo propongo el análisis de
tres casos biográficos que funcionan como paradigmas de problemas distintos y complementarios,
el primero de todo es Adolf Aijman, como sabéis funcional de la CCS responsable de la coordinación
logística del exterminio del polo judío durante la segunda gran mundial, lo que hace Aijman, un
caso paradimático, no es su excepcionalidad psicopatológica, sino precisamente lo contrario,
la aparente normalidad de su funcionamiento cotidiano. Su caso plantea la pregunta de cómo es
posible con sujetos indianósticos psiquiátricos relevante sea capaz de sinenciar progresivamente su
conciencia moral hasta justificar el asesinato sistemático de millones de personas. Esta pregunta no
puede responderse adecuadamente sin recurrir a los conceptos de egotización de la conciencia y
ignorancia voluntaria progresiva, queremos revelando. El segundo caso es el de Oscar Wilde,
un dramaturgo en la Irlandés, cuya trayectoria biográfica ilustra el problema de la disociación
entre lucidez intelectual y capacidad de decisión volítiva. Wilde, dotado de una inteligencia crítica
excepcional, mantuvo una relación destructiva que le costó la reputación, la libertad y los vínculos.
A recuperar su libertad, reinicia hasta misma relación. Su caso plantea la cuestión de cómo una
persona intelectualmente lucida puede ser incapada romper un vínculo que reconoce como dañino,
lo que le exige examinar, la articulación no entre la capacidad de pensar y de sentir,
y las formas en que puede quedar disociada una de la otra. Y por último, el tercer caso es
Etigilesum, una jovenulandesa fallecida no switch en 1943. Su historia previa al
internamiento estaba marcada por relaciones adjetivas conflictivas de pendencia emocional y una
notable inestabilidad interior. Sin embargo, en el contexto de la persecución de el campo de
concentración, alcanzó una dignidad y una integración personal que sus contemporáneos describieron
como excepcionales. Su caso nos va a ilustrar la posibilidad de un desarrollo acelerado intensivo
de la personalidad bajo condiciones extremas. Y plantea la pregunta sobre los mecanismos sícoles
pirituales que van a ser posible esta transformación. ¿Por qué dijo estos tres casos?
Bueno, porque comparten una característica y es que ninguno de ellos puede explicarse
de cuadamente sin recurrir a la dimensión espiritual y a la libertad como categorías analíticas.
La diversidad de sus trayectorias ilustra el rango de posibilidades que se abre cuando
la persona ejerce su capacidad de apertura o cierre ante la conciencia que ante los demás.
Para acabar, sí que haceros una reflexión de esta aproximación que yo llamo más psicoética,
porque este análisis conduce a una conclusión interesante, ¿no? Y es que el análisis de la
personalidad requiere una aproximación indisciplinar que recupera este diálogo entre psicología
y ética que se interrumpió en el siglo XIX. Esta aproximación no la describió. La describió
un filósofo, español que se llama Fernando Rielo y la llama psicoética. Y es la ciencia
que va a estudiar la relación entre ambas con un fundamento en antropología. Este propuesta
no implica una regresión a modelos precientíficos ni una disconfusión entre el discurso
terapéutico y el discurso moral, sino que implica reconocer que la conducta humana tiene una dimensión
ética irreductible, que no puede ser eliminada del análisis sin pobrecer la comprensión
del sujeto. Esto ya lo observó el propio alport. Una foca psicoético permitiría dar cuenta
del crecimiento y desarrollo continuo de la personalidad en la etapa de Madurez. Esta dimensión
que los modelos más descriptivos ignoran, o sea, la separación entre lo que una persona
hace y lo que una persona es entre conducta y carácter creo que es una extracción metodológica
que no se corresponde a la estructura real de la asistencia humana. Y si ignoramos
esta influencia recíproca entre decisiones vitales y configuración del carácter, es desde
nuestra perspectiva como un error de consecuencias clínicas significativas.
Para acabar, quiero sintetizar el recorrido de este episodio, que podemos formular de
la siguiente manera y nos ayudará a entrar en el siguiente episodio. La primera, los modelos
dominantes de psicología de la personalidad ofrecen, sin duda, una descripción valiosa
de condicionantes biológicos, ambientales e inconscientes de la conducta, pero creo que
son insuficientes en la medida que excluyen la responsabilidad y la dimensión del sujeto.
La segunda, sería recordar que la libertad no es incompatible con los condicionantes,
sino que se define precisamente como la capacidad de orientar la conducta en presencia de ellos.
La ignorancia voluntaria, como ellos decía, esta capacidad de sacudice en la conciencia
de las propias motivaciones es una forma de ejercicio de la libertad con consecuencias
morales, o sea, sacudice la conciencia es un acto libre con consecuencias morales.
Tercero, los casos de Ijman, Wall y Etisum y Etihilesum, ilustran de forma paradigmatica
las posibilidades extremas que se abren cuando sujeto ejercice su libertad en la dirección
de cierre o de apertura interior. Y por último, cuarto es que esta aproximación psicotética
recupera el diálogo entre psicología y ética, sobre la base de un antropología integral,
es condición necesaria para una comprensión adecuada de la personalidad humana y sus posibilidades
de desarrollo. En el siguiente capítulo, examinaremos
con detalle las consecuencias de esta separación entre psicología y ética y las propuestas
de reintegración fomuladas por los autores más relevantes de siglo XXI y XXI. Un abrazo a todos.
Podcast Summary
Key Points:
La personalidad no debe reducirse únicamente a factores biológicos o psicológicos, ya que también implica una dimensión espiritual y ética irreductible.
Modelos dominantes como el de Alport o Milón describen bien los condicionantes de la conducta, pero excluyen la libertad del sujeto y su capacidad de tomar decisiones autónomas.
El psicoanálisis aporta valiosas reflexiones sobre el inconsciente y las experiencias tempranas, pero subestima la existencia de un "supra-consciente" espiritual que guía deseos y anhelos profundos.
La responsabilidad moral no depende exclusivamente de la conciencia consciente, sino que también se ejerce en la gestión voluntaria de la ignorancia sobre nuestras motivaciones.
Casos como Adolf Eichmann, Oscar Wilde y Etihilesum ilustran cómo la libertad y la apertura o cierre ante la conciencia pueden transformar la personalidad, incluso en situaciones extremas.
La libertad humana no es la ausencia de condicionantes, sino la capacidad de orientar la conducta a pesar de presiones internas y externas.
La psicoética, como propuesta de Fernando Rielo, reconecta psicología y ética, ofreciendo una comprensión más integral y humana de la personalidad.
Ignorar la dimensión ética en el análisis de la personalidad lleva a una comprensión incompleta y a errores clínicos significativos.
Summary:
Maral Bareff, especialista en psiquiatría infantil y adulta, presenta un enfoque innovador sobre la personalidad que va más allá de los modelos científicos tradicionales. Critica la reducción de la conducta humana a factores biológicos o patológicos, destacando que esta visión excluye la libertad y la responsabilidad ética del individuo. A través de casos emblemáticos como Adolf Eichmann, Oscar Wilde y Etihilesum, explica cómo la personalidad puede transformarse radicalmente bajo condiciones extremas, dependiendo de si el sujeto abre o cierra su conciencia ante las realidades internas y espirituales.
Sostiene que la libertad no es la ausencia de condicionantes, sino la capacidad de orientar la acción a pesar de ellos, incluso mediante la voluntad de ignorar ciertas motivaciones. Introduce la noción de "psicoética", un enfoque que integra psicología y ética, basado en una visión antropológica humana, para ofrecer una comprensión más profunda y realista de la personalidad. Este enfoque no descarta el papel de factores biológicos o inconscientes, sino que los sitúa dentro de un marco en el que el sujeto puede tomar decisiones conscientes y morales.
La reflexión final apunta a la necesidad de reconectar la psicología con la ética para evitar una comprensión reduccionista y errónea de la conducta humana, especialmente en contextos clínicos y sociales.
FAQs
La personalidad se define como una organización dinámica de sistemas psicofísicos que determinan la conducta y el pensamiento característicos. Se considera una jerarquía de rasgos, con algunos más centrales y otros que pueden aumentar en relevancia en situaciones específicas.
Porque excluyen la responsabilidad del sujeto y la dimensión espiritual, reduciendo la complejidad humana a condiciones biológicas o psicológicas, lo que ignora la libertad y la capacidad de trascender esos condicionantes.
Es la capacidad que tienen las personas de decidir no conocer sus propias motivaciones, lo que constituye un acto de libertad con consecuencias morales, ya que implica elegir no reflexionar sobre decisiones que afectan a otros.
La libertad no se opone a los condicionantes, sino que se define como la capacidad de orientar la conducta a pesar de presiones internas y externas, como un barco que navega contra el viento para alcanzar su destino.
Se analizan los casos de Adolf Eichmann, Oscar Wilde y Etihilesum, porque ilustran cómo la dimensión espiritual y la libertad son esenciales para comprender comportamientos extremos o transformaciones profundas en la personalidad.
La psicoética es un enfoque que recupera el diálogo entre psicología y ética, reconociendo que la conducta humana tiene una dimensión ética irreductible, esencial para una comprensión auténtica de la personalidad.
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