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Las Historias Más Extrañas de Traileros (Octubre de Relatos vol. 1)

35m 4s

Las Historias Más Extrañas de Traileros (Octubre de Relatos vol. 1)

La historia se desarrolla a partir de dos experiencias paranormales vividas por un conductor de camiones. En la primera, durante un viaje con un compañero llamado Martín, el narrador ve a un hombre que parece ser Martín, con la misma ropa y características físicas, en un baño de una gasolinera que, según el propio conductor, ya no existe y que estaba abandonada. La situación se vuelve aún más extraña cuando al mirar la fotografía del lugar, se observa que todo está desmantelado, sin electricidad ni luz. Aunque el conductor y Martín intentan explicar el evento como un error por el cansancio, un antiguo compañero de ruta, "El Tigre", confirma que la gasolinera cerró hace décadas. En la segunda historia, el narrador se encuentra, por radio, con un viejo amigo de su padre que ya había muerto en 2020, y que al reconocerlo, se da cuenta de que su voz era inconfundible. Aunque no hubo evidencia visual de fenómenos sobrenaturales, la experiencia deja una huella profunda, ya que ambos casos se basan en la presencia de personas que parecen reencuentros con personas muertas, generando una tensión entre lo real y lo irreal. La narración refleja cómo las carreteras, lugares de aislamiento y cansancio, pueden convertirse en escenarios donde las experiencias parecen trascender el tiempo y la muerte. El narrador concluye que, a pesar de no ver nada sobrenatural, la sensación de contacto con alguien muerto lo ha marcado profundamente, lo que sugiere la posibilidad de que el misterio no esté en el hecho de ver algo, sino en la intensidad emocional que genera.

Transcription

4704 Words, 27080 Characters

Spanish
las carreteras son un escenario común de historias paranormales los traileros algunas de las personas más propensas a vivir algo de tinte sobrenatural pero nada nada comunidad los puede preparar para las historias que se van a contar en este episodio iniciamos octubre de relatos y lo hacemos de forma fuerte mi querida comunidad con historias muy raras pero también aterradoras que espero que ustedes sepan explicar porque yo definitivamente no puedo dediquemos este episodio a toda la gente que pasa sus días en las carreteras ya saben que siempre esperamos sus historias estás escuchando relatos de la noche esto pasó hace ya varios años Uriel cuando yo todavía trabajaba manejando trailer duré mucho tiempo en eso casi 20 años aunque hubo temporadas en las que me salía y luego regresaba porque la verdad es que siempre terminaba siendo lo mismo mi papá también fue trailer y dos de mis hermanos se dedicaron un tiempo a eso así que prácticamente crecí entre camiones cuando estaba más joven yo me quedé en la calle y me quedé en la calle y me quedé en la calle me gustaba mucho me gustaba salir de noche manejar durante horas conocer carreteras llegar a lugares donde nunca había estado ya después con los años uno se va cansando sobre todo cuando tienes familia empiezas a sentir que conoces más las carreteras que tu propia casa la historia que quiero contarles ocurrió durante un viaje que hice con un compañero al que voy a llamar Martín porque sé que no le dijera su nombre él y yo trabajamos para la misma empresa y nos conocíamos desde hace unos cinco o seis años en ese entonces nos llevamos muy bien habíamos hecho varios viajes juntos y hasta nuestras familias se conocían digo esto porque después algunas personas que han escuchado la historia nos preguntaron si existía la posibilidad de que nos hubiéramos confundido para mí eso siempre ha sido imposible yo conocía perfectamente a Martín había pasado días enteros con él habíamos dormido en la misma cabina cuando tocaba comíamos juntos en carretera y muchas veces nos había tocado ayudarnos cuando alguno tenía algún problema con el camión sabía cómo caminaba cómo hablaba cómo se vestía era de esas personas que puedes reconocer desde lejos a las que le reconoce los pasos Ese viaje nos tocó salir casi al mismo tiempo. Cada uno llevaba su unidad y la idea era mantenernos juntos durante buena parte del trayecto. No recuerdo exactamente qué llevábamos porque cambiaba mucho, pero sí recuerdo que íbamos bastante cargados y que por eso tratábamos de avanzar durante la noche, cuando habíamos tráfico. Habíamos salido desde la tarde y llevábamos ya varias horas manejando. Nos comunicábamos por radio de vez en cuando. Martín iba adelante y yo lo seguía de cerca. En algún momento, cerca de la medianoche, me avisó que necesitaba detenerse. Yo también quería estirar las piernas y pasar al baño, así que quedamos en parar en cuanto encontráramos algún lugar. No conocíamos demasiado bien esa parte de la carretera. Habíamos pasado por ahí, sí, pero seguramente una o dos veces y durante el día. Además, en aquellos años uno no traía toda la información que tenemos ahora en el teléfono. Nosotros sabíamos más o menos dónde estaban las paradas grandes, pero también es muy común encontrar gasolineras pequeñas, restaurantitos para traileros o lugares que simplemente aparecían a un lado de la carretera y uno se detenía porque veía otros camiones. Las famosas cachimbas. Después de avanzar quizás unos 20 minutos, vimos una gasolinera. Martín puso la direccional y yo entré detrás de él. Sabía perfectamente que había luz. Esto es importante por lo que pasó después. Había un letrero alto junto a la carretera y estaba iluminado muy tenue. Las bombas también tenían luz y un poco más atrás había una construcción donde estaban la tienda, los baños y un restaurante muy pequeño. Se veía viejo incluso para aquellos años, pero estaba funcionando. Había varios vehículos estacionados. Recuerdo una camioneta blanca y por lo menos una camioneta de gasolina. La camioneta estaba llena de camiones. Uno de ellos era de carga, aunque tampoco sabría decir de qué tipo, porque estaba hasta el fondo en la oscuridad. Estacionamos las unidades casi al frente, donde había espacio y bajamos. Yo estaba cansado. Llevaba tantas horas sentado que me dolía la espalda y recuerdo que mientras caminábamos hacia el local iba estirando los brazos. Martín se burló de mí porque decía que caminaba como viejito cuando me bajaba del camión. Íbamos platicando de cualquier cosa. No teníamos ninguna sensación extraña. Tampoco recuerdo que hubiera silencio o algo que nos llamara la atención. Era una parada de carretera, como cientos que habíamos visto. Entramos primero a la parte del restaurante porque desde ahí se llegaba a los baños. Había gente adentro. Eso también lo recuerdo perfectamente. Unas cuantas personas. Yo estaba sentado solo en la mesa y más atrás había dos hombres comiendo. También recuerdo a la mujer que estaba detrás del mostrador. Tendría unos 50 años, a lo mejor un poco más. Nos saludó cuando entramos y nos preguntó si queríamos cenar. Le dijimos que no, que solamente íbamos al baño y tomaríamos un café. La señora nos dijo que acababa de hacerlo y nos insistió ofreciéndonos algo de comer. Decía que había huevos con frijoles que le habían quedado muy buenos. O algo parecido. Martín le dijo que gracias, que ya habíamos cenado. En realidad creo que ninguno de los dos había comido bien, pero queríamos avanzar. Y ella insistió todavía más. Nos dijo que por lo menos nos comiéramos un pan con el café, porque todavía nos faltaba mucho para encontrar otro lugar abierto. Le volvimos a decir que no. Eso es algo que recuerdo porque Martín después hizo un comentario. Ya caminándose a los baños. Me dijo que la señora parecía nuestra mamá, queriéndonos obligar a comer. Yo me reí. Fue una conversación de unos segundos y seguimos. Los baños estaban al fondo de un pasillo. Había uno para hombres y otro para mujeres. Entramos al de hombres y cada quien se metió en un cubículo. Yo terminé primero. Salí, me lavé las manos. Y cuando estaba secándomelas, escuché abrirse la puerta de uno de los cubículos. Volté pensando que era Martín. Salió un hombre que yo nunca había visto. Era mayor que nosotros. Ahí tendríamos los dos como treinta años. Y aquel señor fácilmente pasaba de sesenta. Era robusto, tenía la cara redonda y llevaba bigote. Lo recuerdo bastante bien porque nos quedamos mirando unos segundos. Supongo que él se asustó al verme, porque su expresión fue parecida a la mía. Yo incluso me hice a un lado para dejarlo pasar. El hombre se lavó las manos. Y entonces vi su chamarra. Martín tenía una chamarra que usaba muchísimo para manejar. Era de mezclilla azul oscuro, bastante sencilla. Y en una de las mangas tenía una pequeña quemadura. El hombre llevaba una igual. Hasta con la quemada de cigarro. En ese momento pensé que era coincidencia. Y después vi la gorra. Era una gorra como la de Martín. Esto a lo mejor es difícil de explicar porque tampoco era una gorra única, pero era negra y tenía bordadas la T y la C de tomateros de Culiacán. La diferencia era que Martín la traía siempre sucia, con polvo. Y ese hombre la traía limpia. Me quedé viéndolo. Él también me estaba viendo a mí. Por alguna razón me sentí incómodo y salí del baño. Me quedé esperando a Martín en el pasillo. Pasaron unos segundos. El hombre salió detrás de mí. Volvió a mirarme y se fue hacia el restaurante. Yo esperé un poco más y Martín no salía. Regresé al baño y le hablé. Le llamé por su nombre. Pero nada. Nadie me contestó. Me acerqué a los cubículos y estaban vacíos. Pensé que quizás había salido mientras yo estaba distraído. Así que volví al restaurante y comencé a buscarlo entre las mesas. No estaba. Vi al hombre de la chamarra azul cerca de la entrada. Estaba parado mirándose afuera, buscando algo. Me acerqué y le pregunté. Disculpe, ¿no vio salir otro compañero? El hombre volteó. Me miró con una cara muy extraña. No, me dijo, y después preguntó, ¿Usted no vio al que andaba conmigo? Le dije que no. Hasta ahí, para mí, solamente era una situación confusa. Pensé que Martín había salido y que quizás estaba en el camión. Crucé al restaurante y salí al estacionamiento. Caminé hacia nuestras unidades. Su camión estaba ahí, el mío también, pero Martín no estaba. Le grité. Fui hacia el otro lado de los camiones. Miré entre las unidades estacionadas. Nada. Entonces escuché que alguien salió del restaurante. Era aquel hombre. Caminó hacia mí y volvió a preguntarme. ¿Quién se había visto a su compañero? Le dije que no. Lo raro es que él parecía tan preocupado como yo. Nos quedamos allí unos segundos, yo mirando hacia un lado del estacionamiento y él hacia el otro. En algún momento pensé en preguntarle por su chamarro o por la gorra, pero me habría sentido ridículo. Seguramente había asientos iguales. Saqué mi teléfono y marqué a Martín. Contestó casi. Le pregunté inmediatamente. ¿Dónde estás, güey? Escuché su voz bastante alterada. Le dije que estaba afuera. Le pregunté dónde estaba él. Entonces, escuché otra cosa. Un teléfono sonar. Un teléfono sonando a unos metros de mí. Volté. Vi a aquel hombre levantando su teléfono y luego contestar una llamada. ¿Dónde estás, güey? No entendí. Volteé a mi alrededor para buscar a Martín, para buscar alguna señal de él, pero cuando volví la vista, cuando volví la vista hacia ese hombre extraño, vi que él era Martín. Que Martín estaba exactamente donde había estado aquel hombre parado un instante atrás. Recuerdo haber apartado la vista quizás uno o dos segundos hacia los camiones, y cuando volví a mirar, era Martín quien estaba ahí, con su chamarra azul, con su gorra negra sucia, con el teléfono en la mano. Me quedé callado. Bien callado. Martín también. Nos vimos desde unos metros de distancia y ninguno dijo nada. Después él caminó hacia mí. ¿Dónde estás, güey? ¿Dónde estás, güey? ¿Dónde estás, güey? ¿Dónde estás, güey? Lo primero que me preguntó fue que dónde andaba. Yo le dije que estaba ahí, pero le insistió. No, no, no, no, güey. ¿Dónde estabas? Le dije otra vez que había estado ahí todo el tiempo, y entonces me preguntó que quién era el tipo que estaba ahí hace un momento. Sentí algo muy extraño cuando dijo eso. Le pregunté de qué tipo hablaba. Martín me describió a un hombre más joven. Yo, más alto, y muy, muy delgado. Según él, ese hombre había salido del baño casi al mismo tiempo que él, y lo más raro es que iba vestido exactamente como yo. Martín pensó exactamente lo mismo, que era una coincidencia, pero después salió a buscarme y terminó hablando con ese hombre. Y ahí entendimos. Le pregunté qué le había dicho. Martín se quedó pensando y luego me contestó. Le pregunté si te había visto. Eso era exactamente lo que yo había hecho. Los dos habíamos salido del mismo baño. Los dos habíamos buscado al otro. Los dos habíamos encontrado a un desconocido usando la ropa de nuestro compañero, y durante un momento habíamos hablado entre nosotros sin reconocernos. Yo todavía traté de encontrar alguna explicación. Le dije que estábamos cansados, que llevábamos muchas horas manejando, que quizás la luz del estacionamiento nos había confundido. Martín me preguntó cómo podía haberse confundido como para verme diez años más joven, delgado y mucho más alto. Yo le pregunté lo mismo, que yo lo había visto diferente, que yo lo había visto como un hombre de más de cincuenta años. Nos acercamos a la luz que estaba junto a las bombas y comenzamos a revisarnos como dos tontos. La ropa coincidía con lo que habíamos visto, incluso la quemadura en la manga de Martín estaba ahí. Le dije que nos fuéramos. No volvimos a entrar al restaurante, por supuesto. Ni siquiera nos despedimos de la señora. Nos subimos a nuestros trailers y salimos de ahí. Durante la siguiente hora estuvimos hablando por radio mucho más de lo normal. Cada cierto tiempo alguno preguntaba cualquier cosa solamente para escuchar al otro. Creo que los dos teníamos la misma sensación. Algo había ocurrido en aquel baño. Y ninguno sabía exactamente qué. Conforme avanzábamos, empezamos a tratar de convencernos de qué había sido el cansancio. También habíamos dormido poco la noche anterior. En carretera, esto sucede. Uno comienza a manejar en automático. Pierde la noción del tiempo. Puede jurar que acaba de pasar por un lugar Puede jurar que acaba de pasar por un lugar y resulta que eso ocurrió hace una hora. Yo había escuchado historias de compañeros que veían cosas por falta de sueño. Sombras cruzando la carretera. Animales. Personas. Siempre los relacionábamos con el cansancio. La diferencia era que a nosotros nos había ocurrido prácticamente lo mismo al mismo tiempo. al mismo tiempo. Llegamos a nuestro destino por la mañana. Tuvimos que esperar varias horas para descargar y ahí encontramos otros compañeros y ahí encontramos otros compañeros Entre ellos estaba un señor al que todos conocíamos como "El Tigre". Ya falleció. Pero era de esos traileros que parecían conocer todas las carreteras del país. Llevaba trabajando desde muy joven y para entonces debía tener cerca de 60 años. cerca de 60 años. Mientras esperábamos comenzamos a contar lo que nos pasó y al principio todos se rieron. Nos preguntaron que de cuál habíamos fumado. Martín se molestó un poco porque él no se metía en nada. Casi ni tomaba. Menos cuando estaba trabajando y yo tampoco. Les explicamos que habíamos estado completamente sobrios. Y entonces empezaron las bromas sobre fantasmas y aparecidos. El Tigre estaba escuchándonos sentado. En algún momento preguntó dónde había sido. Le explicamos más o menos la zona. Y preguntó otra vez: Martín le dijo el kilómetro más o menos. Martín le dijo el kilómetro más o menos. Le escribió la entrada. Le habló del letrero junto a la carretera. Del estacionamiento grande. Del restaurante pegado a la tienda. El Tigre nos preguntó si estábamos seguros y le dijimos que sí. Y entonces nos dijo que ahí ya no se paraba nadie. Le pregunté qué quería decir. El Tigre conocía perfectamente esta gasolinera. Durante años había sido una parada bastante conocida entre los transportistas que hacían esa ruta. Él mismo había comido ahí muchas veces en ese restaurante. Dijo que la señora que atendía preparaba comida muy buena. Que siempre sabía recién hecha, sin importar la hora en la que llegabas. Le preguntamos cómo era la señora. Y el Tigre le escribió: No recuerdo cada detalle que dijo, pero sí me acuerdo que mencionó que era una mujer robusta, de cabello corto, que siempre te insistía mucho para que no te fueras sin comer. Y Martín se puso muy serio. Pues, esa señora estaba anoche. El Tigre nos dijo que estábamos bromeando. Le juramos que no. Entonces nos dijo que el lugar llevaba cerrado muchos años. Ya no sabía exactamente cuántos. Primero dijo que mínimo 15. Después dijo que quizás eran muchos más. Según él, la gasolinera había ido perdiendo clientes cuando empezaron a asaltar a los camioneros que se paraban en esa zona de la carretera. El restaurante aguantó un poco más. pero después también cerró, las fomas de gasolina seguían ahí pero ya no servían, todo estaba abandonado, le dije que eso era imposible, que habíamos estado ahí hace unas horas, que había luces, que había gente comiendo, que había carros afuera, hombre hasta usamos los baños, pero el tigre seguía diciendo que eso no era posible porque ya no estaba, a menos que nos hubiéramos equivocado, que hubiéramos terminado en otra gasolinera y todo lo demás había sido coincidencia. Y eso, esa posibilidad, no sé por qué me tranquilizó un poco. Pensé que seguramente tenía razón De noche todas las paradas de carretera se parecen Quizás nosotros habíamos calculado mal la distancia O confundido alguna salida Al día siguiente nosotros ya habíamos salido hacia otro destino Martín tomó una ruta diferente Yo continué hacia el norte Recuerdo que no tocamos igual el tema Ya con la luz del día Y después de haber dormido un poco Todo parecía todavía más absurdo Incluso nos reímos Pero cerca del mediodía Recibí un mensaje Era del tigre Me había enviado una fotografía La verdad tardé varios segundos en entender lo que estaba viendo Era la gasolinera La reconocí inmediatamente por el letrero alto junto a la carretera También reconocí las bombas y la construcción del fondo Allí estaba la entrada por la que habíamos pasado Allí estaba la puerta del restaurante Solo que todo estaba abandonado El letrero estaba despintado Algunas letras ya ni siquiera se alcanzaban a distinguir Las bombas estaban oxidadas y cubiertas de polvo Había mucha hierba ya creciendo entre las grietas del pavimento roto Las bombas estaban oxidadas y cubiertas de polvo Las ventanas del restaurante estaban rotas también Y la entrada tenía una cadena Le marqué a Martín Ya había recibido la misma foto Los dos estuvimos un rato viéndola mientras hablábamos Mientras nos orillamos en la carretera Entonces Martín me dijo que ampliara la imagen A un costado de la entrada había un anuncio metálico de Coca-Cola Era grande y rectangular Con la parte de abajo de la puerta La parte superior redondeada Yo lo recordaba porque la noche anterior estaba encendido Y su luz alcanzaba parte del estacionamiento En la fotografía seguía ahí Oxidado, despintado Inclinado hacia un lado Después el tigre mandó otras fotos Una de las ventanas De las bombas El costado del edificio En una se alcanzaba a ver el pasillo que llevaba hacia los baños Y la otra se alcanzaba a ver el pasillo que llevaba hacia los baños Porque una parte de la puerta estaba rota Todo estaba lleno de basura Según él hasta se metió a revisar No había electricidad No había forma de que las luces hubieran estado encendidas Las bombas claramente llevaban años sin funcionar Y dentro del restaurante había Solo muebles viejos Polvo Pedazos del techo en el suelo Nunca encontré a Martín Encontramos una explicación Martín y yo seguimos trabajando juntos Algunos años más Y de vez en cuando hablábamos de aquella noche Curiosamente Lo que más discutíamos Era lo que pasó en el baño La gasolinera abandonada Terminó siendo casi más fácil de aceptar Uno escucha muchas historias de carretera Lugares que aparecen Personas que piden raite Restaurantes donde alguien asegura Haberse detenido Y después nadie sabe de qué lugar habla Esas historias de fantasmas Que yo mismo había escuchado ya Sobre todo de mis compañeros Lo que jamás pude acomodar en mi cabeza Fue haber mirado directamente a Martín Y ver a otra persona También me acuerdo que la señora del restaurante Nos insistió para que nos quedáramos a cenar Y no Nosotros no aceptamos Fue por prisa Nada más Porque queríamos continuar el camino Nada más queríamos usar el baño y ya Y de todas las cosas que ocurrieron aquella noche Esa Es la que todavía me hace ruido El pensar ¿Qué habría pasado? Si nos hubiéramos sentado a comer Ustedes que piensan comunidad Muchas gracias por escucharme Nos vemos pronto en Monterrey para platicar De nuestra muerte escondida De este nuevo libro Y recuerden que ya está disponible En todas sus librerías favoritas Que lo pueden encontrar físicamente Si van por él O si prefieren ordenarlo en línea Para que les llegue hasta su casa También está disponible en Buscalibre Por si no eres de México Y te interesa Leer Y también está disponible en Buscalibre Por si no eres de México Por ahora Continuamos Hola comunidad Tengo poco tiempo escuchando relatos de la noche Como dos años más o menos Y nunca pensé que les fuera a mandar una historia Porque nunca me había pasado nada Ni la más mínima experiencia Para normal Soy trailero desde hace 30 años ya Y he escuchado muchísimas historias Casi todos mis compañeros tienen una En este trabajo siempre hay alguien Que conoce un puente donde desaparece la llorona Una curva donde alguien se te sube Una carretera donde un señor te pide aventón Y luego se baja cerca del cementerio Hay muchas historias así Yo las escuchaba y algunas sí me daban curiosidad Pero no me gustan las historias así Pero nunca me había tocado ver nada Ni sombras Ni gente extraña en la carretera Ni cosas raras en el camión Nada Lo que me pasó tampoco lo entendí Como algo extraño cuando sucedió Esa es precisamente la razón Por la que tardé tanto en darme cuenta Y bueno Comienza con algo que no era sobrenatural Verán Comenzó el año pasado De madrugada Mientras circulaba por la calle Por el circuito exterior mexiquense No recuerdo la hora Pero seguramente serían entre las 2 y las 3 de la mañana Venía solo No había muchos compañeros Esa noche venía tranquilo Escuchando el radio Hablando de vez en cuando Con otros compañeros que estaban cerca Mi papá también fue trailero De hecho por él me dediqué a esto Cuando yo era niño Había muchos amigos naifopáticos Que llegaban a la casa La gran mayoría eran compañeros de trabajo Y otros Eran amigos que había conocido en las carreteras Durante los años Antes era muy diferente Se conocían mucho entre ellos Llegaban a la casa Hacían carne asada Se juntaban con las familias Yo crecí viendo a estos hombres que eran como mis tíos Escuchando sus historias Mi papá murió hace más de 20 años Después de que me murió Después de que falleció Poco a poco dejamos de tener contacto Con casi todos sus amigos Algunos siguieron buscando a mi mamá Durante un tiempo Para ver cómo estábamos Hablaban por teléfono Iban a visitarnos Nos llevaban mandado a veces Despensa Pero con los años cada quien hizo su vida Además muchos eran mayores que mi papá Cuando él se murió Sus amigos ya estaban cerca de retirarse Y uno de ellos era Camarillo El señor Yo desde niño le dije Camarillo No sé si era su apellido Pero así le decía mi papá también Era muy amigo suyo Llegó a ir muchas veces a nuestra casa Y recuerdo perfectamente su voz Porque era de esos señores Que te hablan muy fuerte Incluso cuando estaba sentado junto a ti Parecía que estaba hablando con alguien Que estaba lejos La última noticia que yo había tenido de él Era que se había ido a vivir a Tijuana Que su hija estaba allá Que se había ido a Tijuana Que había quedado viuda Y que él se fue también para cuidarla Y cuidar a sus nietas Yo pensé que ya se había retirado Tenía muchos años sin verlo Fácilmente 15 años Quizás más Esa madrugada iba manejando Cuando escuché que alguien me llamó por el radio Reconocí la voz con mucho gusto Era Camarillo Reconocí la voz con mucho gusto Era Camarillo Lo reconocí prácticamente En cuando empezó a hablar Con la forma de decir mi nombre Como si me gritara Me dijo que acababa de verme pasar Me preguntó cómo estaba La verdad me dio muchísimo gusto escucharlo Le pregunté qué hacía por ahí Porque yo tenía entendido que ya no trabajaba Me contó que había estado varios años en Tijuana con su hija Que sus nietas ya habían crecido Que ella se había casado otra vez Y que él había vuelto a manejar Le dije que ella estaba en Tijuana Estaba muy viejo para andar en el tráiler Y se rió Seguimos platicando un tramo más No fue una conversación larga Calculo que habrán sido unos 10 minutos Pero alcanzamos a hablar de mi familia De mi mamá De mis hermanos Me preguntó si yo seguía manejando Desde hace tantos años Y le dije que sí Y también hablamos de mi papá Eso fue lo que más gusto me dio Cuando alguien se muere Y pasan tantos años Llega un momento en el que casi nadie te ve. habla de esa persona. Tú la sigues recordando, claro, pero los demás continúan con sus vidas. Entonces, encontrarte de repente con alguien que conoció bien a tu papá, que empieza a recordarte cosas de él, pues se siente bonito. Más adelante llegué a la parte donde tenía que salirme del circuito y le dije que iba a entrar a la ciudad. Nos despedimos. Le dije que me había dado mucho gusto volver a escucharlo después de tantos años, y él también se despidió de mí. Seguí trabajando y durante mucho tiempo esa conversación solamente fue un recuerdo agradable. Incluso recuerdo que le conté a mi esposa muy contento que me había encontrado por la radio con un viejo amigo de mi papá. No volví a escuchar a Camarillo después de aquella madrugada, pero así es este trabajo. Puedes encontrarte con alguien en algún rincón del país, y luego pasan años sin verlo. Pero todo cambió hace apenas unas semanas. Me detuve en un paradero de la México Querétaro. Me paré para comer algo y ahí me encontré con otro señor que había sido muy amigo de mi papá. A él sí lo había visto varias veces después de que mi papá se murió, aunque también habían pasado años desde la última vez. Nos sentamos un rato a platicar. Terminamos hablando de la historia de Camarillo y de la historia de la familia de Camarillo, como siempre sucede de la gente de antes. Yo tengo fotografías de cuando era niño donde salen muchos de esos traileros a nuestra casa. Fotos de cumpleaños, de fiestas, de carnes asadas. Mi papá aparece con ellos, y algunos cargándonos a nosotros cuando éramos niños, y empezamos a recordar nombres. Él me fue contando que había pasado con varios. Algunos habían muerto hacía muchos años, otros se enfermaron, uno tuvo un accidente, otro dejó de manejar y nadie volvió a saber mucho de él. Así estuvimos un rato hasta que este señor comentó que prácticamente ya no quedaba nadie de aquel grupo. Yo inmediatamente le dije: "Bueno, pero ya anda todavía el Camarillo". Entonces me dijo que no, que Camarillo se murió en Tijuana en el 2020, de COVID. Yo ya no supe qué decirle. Todavía le pregunté si estaba completamente seguro, y me dijo que sí. Sabía que se había ido con su hija y que se había muerto allá. Incluso recordó que varios de los viejos compañeros se enteraron cuando sucedió. Yo no le conté lo que me había pasado. La verdad, ¿para qué le decía? Nos despedimos con el mismo gusto de siempre. Y yo tengo desde entonces tratando de recordar aquella madrugada con todo el detalle posible, pensando en que, a lo mejor, pude haber confundido una voz después de tantos años. Porque claro que puede pasar. Había pasado muchísimo tiempo desde la última vez que había escuchado a Camarillo. Pero esa persona con la que hablé sabía quién era yo. Sabía quién era mi papá. Sabía que mi mamá sigue viva. Sabía de mis hermanos. Recordaba cosas de nuestra casa, de las reuniones que se hacían cuando yo era niño. Me habló de Tijuana, de su hija, de sus nietas. Y bueno, yo reconocí esa voz. Esa voz inconfundible. Desde que me enteré, he estado pensando mucho en esos diez minutos que hablamos. He tratado de recordar si Camarillo dijo algo extraño. Algo que en ese momento no entendí. Alguna despedida diferente. Pero nada. Fue una conversación de lo más normal. Así que, después de casi treinta años manejando, finalmente tengo una de esas historias que escuchaba contar a los otros traileros. Y todavía me cuesta decir que me pasó algo paranormal. Porque yo no vi nada. No se me apareció nadie. No ocurrió nada en la carretera. Solamente hablé por radio con un viejo amigo de mi padre. Con un viejo amigo muerto de mi padre. Gracias por escuchar. ¡Gracias por ver el video! ¡Suscríbete al canal! ¡Y activa la campanita para no perderte ninguna de las nuevas notificaciones!

Podcast Summary

Key Points:

  1. Un conductor expone una experiencia paranormal ocurrida en una parada de carretera mientras manejaba con un compañero llamado Martín.
  2. En un momento clave, un hombre desconocido con la misma ropa y características físicas que Martín se presenta en el baño, generando una sensación de desconcierto y confusión.
  3. Al verificar el lugar, se descubre que la gasolinera ya había cerrado hace años, con todo el lugar abandonado, sin luz ni servicios, contradiciendo la experiencia vivida.
  4. El compañero Martín, al final, aparece de nuevo con su ropa y voz, y ambos reconocen que habían visto al mismo hombre en el baño, generando una sensación de doble presencia.
  5. La historia se complica cuando un viejo compañero llamado "El Tigre" confirma que la gasolinera ya no existe y que todo lo vivido fue una ilusión o confusión causada por el cansancio.
  6. El narrador refleja que, aunque no vio nada sobrenatural, la experiencia lo impactó profundamente porque tuvo contacto directo con una persona que conocía a su padre.
  7. La historia se enriquece con otra narrativa sobre un viejo amigo de su padre que, después de morir, se reencuentra por radio, solo para descubrir que ya había fallecido en 2020.
  8. Ambas historias subrayan el misterio de las carreteras como escenario de experiencias que borran la línea entre lo real y lo parecido a lo sobrenatural.

Summary:

La historia se desarrolla a partir de dos experiencias paranormales vividas por un conductor de camiones. En la primera, durante un viaje con un compañero llamado Martín, el narrador ve a un hombre que parece ser Martín, con la misma ropa y características físicas, en un baño de una gasolinera que, según el propio conductor, ya no existe y que estaba abandonada. La situación se vuelve aún más extraña cuando al mirar la fotografía del lugar, se observa que todo está desmantelado, sin electricidad ni luz.

Aunque el conductor y Martín intentan explicar el evento como un error por el cansancio, un antiguo compañero de ruta, "El Tigre", confirma que la gasolinera cerró hace décadas. En la segunda historia, el narrador se encuentra, por radio, con un viejo amigo de su padre que ya había muerto en 2020, y que al reconocerlo, se da cuenta de que su voz era inconfundible. Aunque no hubo evidencia visual de fenómenos sobrenaturales, la experiencia deja una huella profunda, ya que ambos casos se basan en la presencia de personas que parecen reencuentros con personas muertas, generando una tensión entre lo real y lo irreal.

La narración refleja cómo las carreteras, lugares de aislamiento y cansancio, pueden convertirse en escenarios donde las experiencias parecen trascender el tiempo y la muerte. El narrador concluye que, a pesar de no ver nada sobrenatural, la sensación de contacto con alguien muerto lo ha marcado profundamente, lo que sugiere la posibilidad de que el misterio no esté en el hecho de ver algo, sino en la intensidad emocional que genera.

FAQs

Se cuenta una historia de un viaje en camión donde, en una parada de gasolinera, un hombre ve a un compañero desconocido usando la misma ropa, lo que genera una sensación de desconcierto y desorientación.

Porque vio a un hombre que se parecía a su compañero Martín, vestido exactamente igual, incluyendo una quemadura en la manga y una gorra sucia, lo cual no podía explicarse como coincidencia.

Dijo que la gasolinera ya no existía desde hace muchos años, que había cerrado por completo y que no podía haber habido luz ni personas en el lugar durante su visita.

Al recibir una foto del lugar, se vio que el letrero estaba despintado, las bombas oxidadas, las ventanas rotas y todo el lugar estaba abandonado con hierba creciendo y basura acumulada.

Ambos vieron al mismo hombre que usaba la ropa de Martín, se miraron y creyeron que se habían confundido, pero después se dieron cuenta de que habían tenido una experiencia compartida que no podía explicarse.

Porque todo parecía normal: no hubo sonidos extraños, ni sensaciones extrañas, pero la coincidencia de las prendas y la presencia de un hombre que no era Martín lo dejó sin explicación lógica.

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