Go back

Las emociones no son el problema

23m 24s

Las emociones no son el problema

El texto desafía la percepción negativa de emociones como el miedo, la tristeza, el enojo, la envidia, la culpa y la vergüenza, argumentando que no son defectos sino guías esenciales. Explica que cada una cumple una función evolutiva: el miedo alerta sobre peligros, la tristeza facilita el duelo, el enojo defiende límites, la envidia señala deseos insatisfechos, la culpa impulsa a reparar errores y la vergüenza protege vínculos sociales. El problema radica en no interpretar sus mensajes, lo que lleva a suprimirlas en lugar de regularlas. Se enfatiza que todas las emociones son válidas y necesarias para una vida saludable. Finalmente, se invita a un ejercicio de reflexión para conectar con cada emoción, identificar sus enseñanzas y aplicar ese entendimiento de manera práctica, transformando el conocimiento teórico en crecimiento personal. El mensaje central es que escuchar y habitar las emociones, no eliminarlas, es clave para el bienestar.

Transcription

3442 Words, 19726 Characters

Spanish
Si sentís miedo, soscovarde. Si sentís tristeza, sos débil. Si te nojas, sos violento. Si sentís en vida, sos una mala persona. Y si te culpas, sos medio en maduro. Si sentís vergüenza, sos poco suficiente. Entira, las emociones no son el problema. El problema es que no sabemos leerlas, no las elimines. Aprende su idioma, porque cuando aprendemos a leerlas, dejan de ser enemigas y se convierten en las mejores guías que tenemos. Psicologia el desnudo es una producción original de psimamoliti. La plataforma de psicología y bienestar, en la que podés encontrar a tu psicólogo ideal. Hace miles de años, cuando lo mosa piens vivían las abanas fricanas, no tenía psicólogos, nipólogas, nelibertas de autoconocimiento, pero tenía algo. Emociones. Y esas emociones lo ayudaban a sobrevivir. El miedo lo hacía huir del león, la tristeza lo conectaba con la pérdida y con el grupo, la ira lo preparaba para defender su territorio. Hoy no vivimos en selvas, pero nuestro sistema emocional es exactamente el mismo. No cambió. Solamente que ahora no corremos por las abanas, sino que corremos para llegar a rendir o para sostener todas las responsabilidades que nos ha ogan. En este contexto tan distinto, las emociones siguen siendo señales. Este es que incómodo que es cuando se encienden las luces del tablero del auto para avisarnos que subió la temperatura o que nos queda poco combustible. Nos informan que hay algún problema que tenemos que resolver. No es lindo que hay algo andema el, pero les sacarías esas alarmas al auto. Porque ese avicito molesto es alucetita, nos permite prevenir un mal mayor. Con las emociones pasa exactamente lo mismo. Cada emoción es una luz específica que se enciende para avisarnos que hay algo a resolver. La naturaleza sabía maestra universal. No conserva nada que no sea esencial. Y a las emociones las mantuvas está hoy. Si no fueran claves, las habría eliminado. Como lo base con los órganos que ya no necesitamos, no habrían perdurado a lo largo de toda la evolución, sino cumplieran una función fundamental. No son cómodas, pero son muy sabias. Existen emociones negativas y positivas. La respuesta es no. Es absolutamente no. Cada emoción por muy horrible que se sienta tiene información. Por eso no las categorizamos en negativas o positivas. Porque en tanto útiles son todas positivas si sabemos escucharlas y regularlas. Sí es cierto que hay emociones que nos enseñaron a aplaudir, como la alegría, el amor, la admiración y otras que nos enseñaron a escondar. El miedo, la culpa, la envidia, la tristeza. Hoy te invito a pensar en las emociones en otros términos. Sin dejar de entender que pueden ser agradables o desagradables, pero reconociendo que son todas igualmente válidas y necesarias para enfrentar los eventos de la vida de manera sana. Si venís escuchando hasta acá y sentís que este tema resuena con vos o se relaciona con tu vida, fíjate porque tenemos parte práctica donde te comparto herramientas para efectivamente hacer algo con lo que te pasa. Ahora sí sigamos. Mi invitación es simple. Que mientras escuchas, no te quede en el "esto ya lo sé" porque seguramente muchas cosas te las que diga ahora ya las sepas. Te voy a proponer que hace el ejercicio de preguntarte con curiosidad que de todo esto estoy realmente aplicando en mi vida. Porque saberlo no al cansa. Lo que de verdad transforma es cuando convertimos ese conocimiento en experiencia cuando lo hacemos carne. Primera emoción, el miedo. Nuestro protector resilencioso. Últimamente veo a muchos gurus que nos dicen, "No tengas miedo". No sé escovar, de que vencer el miedo. Como si sentí el miedo fuera el problema. Pero no, el miedo no es el problema. El miedo es la alarma que nos avisa que hay algo importante que tenemos que mirar. Es la señal de que hay una desproporación entre lo que la situación te exige y lo que sentís que podés dar. Creer que lo mejor es evitarlo o negarlo es absurdo. Como romper la lucecita del tablero del auto cuando nos avisa que me quedó sin nasta. Porque el problema no es la luz, sino lo que señala. El miedo es como un personaje que viva dentro tuyo con una lena interna. Siempre alerta, siempre cuidándote. Cuando lo necesitas, se te va a serca y te suzurra. "Ojo, no vayas por ahí, frena un segundo". Estás por caminar sola por una calle oscura a la madrugada y algo en voz se tensa. No es paranoia. Esto antenita interna, desciéndote. Neste lugar no sé si es segura. Antes de una entrevista te agarras un nudo en el estómago. No es para que no vayas. Quizás es el miedo, desciéndote. Esto es importante. Deberías preparar un poco mejor. También nos protege de personas que nos generan desconfianza. Nos ayuda a decir "no", cuando algo se siente inseguro. Si no sintiéramos miedo, cruzaríamos la calle sin mirar, le contaríamos nuestros mayores secretos a cualquiera sin cuidarnos. Nos lanzaríamos sin paracaídas y eso no es valentía, sin prudencia. El miedo no es el enemigo, es el freno de mano inteligente. Cuando el camino se vuelve riesgoso. Dale, no llores. Ya fue, tenéis que seguir adelante. Así vamos a presentar la segunda emoción, que es la tristeza. La gran emoción de las pérdidas, emoción que nos enseñaron a tapar. La tristeza es la señal que aparece cuando algo se termina y su función es permitirnos y laborar pérdidas. Si no podemos contactar con la tristeza, no podemos hacer ningún duelo. Y hay una energía psíquica que queda congelada en esa pérdida que no va a quedar disponible para ningún nuevo vínculo proyecto para seguir. Y como un su surro que nos dice esto que antes tenías, se fue ya no está. Y eso duele. Vamos a detenernos y unrarlo antes de seguir. La tristeza aparece porque algo cambió y cuesta dejarlo ir. Porque lo que esperaba no fue porque esa persona no va a volver. Y uno de los grandes errores es creer que tenemos que cayer a la tristeza para no incomodar. No digo que antes llorando a mares con cualquier persona que te cruces. De la misma manera que no mostras todo tu reparturio emocional a todo el mundo sin filtros. Pero la tristeza me iré en lugar en la mesa. Porque además, si no sintiera más tristeza, seguiríamos como sin nada después de una muerte, después de una separación, después de un fracaso. Y el dolor se quedaría dentro sin nombre hasta explotar en otro lado. Yo aprendí a amar profundamente a la tristeza. Y no porque me guste sentirla, ese siente horrible. Pero tiene una profundidad muy única. Porque solamente cuando estamos tristez vamos muy adentro, nos ponemos muy reflexivos. Tiene una profundidad que no tiene otras emociones. Cuando estamos súper alegres, por ejemplo. Nos sentimos muy bien, sí. Pero no tendemos a llegar a comprensiones tan profundas como cuando estamos tristez. Y no hay avance verdadero sin haber o un rado antes lo que doy yo. La tercera emoción es una que siempre estilada de peligrosa, de poco sana, de poco espiritual. Al parecer las personas más evolucionadas no deberían sentirla. Porque se la cataloga de violenta. Estoy hablando del enojo. Y el enojo, gente, es energía pura, disponible. Lista para ayudarnos a resolver lo que incomoda. El tema es que si no sabemos canalizarla, esa energía termina haciendo más lío que dar soluciones. El enojo es una de las emociones básicas y tiene una función vital. Poner límites. Es la emoción que nos defiende cuando alguien traspasa una línea. La emoción que aparece para decir "hasta acá llegás y más allá no vas a pasar". Un montón de gurúes de la autoayuda recomienda no sentir enojo. Como si enojarse fuera un defecto. Y esto es muy peligroso porque nos curte el acceso a una de nuestras emociones más protectoras. Cuando no nos damos permiso para enojarnos, no podemos marcar límites. Y entonces los demás hacen lo que quieren con nuestros espacios. Nos pisotean, nos exigen más de lo que podemos dar. Y nosotros, en vez de decir "hasta", nos ha chicamos y cedemos. Nos tragamos lo que sentimos. Hasta que un día nos damos cuenta de que ya no estamos diciendo nada. Que todo lo que hacemos es en función del otro. Si no sentimos enojo, perdemos acceso a nuestro guardiano interno más poderoso. Llegua el turno de la emoción que peor prensa tiene. Cuarta emoción, señores y señores con ustedes la "envidia". Recibre alguien envidioso se convirtió en un insulto. Por eso le ocultamos como si se tratara de algo terrible. De hecho, me han criticado un montón por decir que si existe una envidia sana por explicar que de todas las emociones existe una versión. Torturadora y la versión sana. Poco sabe, lande, que la envidia tiene una función súper importante. La demostrarnos que deseos no realizados están la tiendo adentro nuestro. La envidia nos empuja a mirar aquello que anhelamos y que aún no alcanzamos. El primer instante de la envidia es un dolor agudo. Alguien logra algo que yo deseo. Un trabajo, una relación, un reconocimiento. Y de golpe, no se enfrenta con una falta. Con algo que nosotros no te. tenemos con lo que no pudimos. Yo soy duele porque me confronta directamente con mi carencia. Y entonces, ¿qué solemos hacer? Atacamos, descalificamos, porque no sabemos cómo manejar esta emoción. Y como la envidia aparece frente a un deseo frustrado y la compaño una sensación de impotencia queremos eliminar el contraste que duele. Y entonces, atacamos a la persona que envidíamos. Pero esto no tiene que ver con que la emoción se amala, sino con que no tenemos idea cómo relacionarnos con ella sanamente. La envidia nos habla de nuestros deseos más profundos, de lo que admiramos en otros y queremos para nosotros. No es maldada. Es tu deseo pendiente hablando, te ha loído. Así que cuando envidie salgo, hace esta pregunta. ¿Qué tienes a persona que yo quiero y no tengo? Ahí está nuestra carencia. Por eso estamos envidiendo. ¿Y en vez de atacar? Criticar o minimizar a esa persona que envidíamos, pongamos manos a la obra para resolver esta emoción. Hay tres modos de canalizar su energía de manera sana y de en busca de aquello que envidias si es que está a tu alcance. Aceptar que querés salgo que no vas a poder tener y permitirte duelar esa pérdida o ir a desarrollar las herramientas necesarias para conseguir eso que querés más adelante. Si sabemos leerla, la envidia es poderosa. Puede señalarnos el norte de nuestro propio deseo. Quinta emoción que se siente terrible. La culpa. La culpa puede mantenernos despiertos a las tres de la mañana con un nudo en el pecho repasando lo que hicimos o lo que no hicimos. Puede hacernos preguntar, "Sueve una mala persona". Pero no está ahí para castigarnos. Aparece para que revisemos lo que hicimos y lo reparemos. Porque la culpa se activa cada vez que transgredimos una norma interna. Nos dice, "Ey, esto que existe no está alineado con tu brujula interna mejor revisarlo". Y puede sonar de dos formas diferentes. La culpa que tortura, la que nos hace sentir miserable, si no ofrecer salida. Desabos que nos repite. Sosegoyita, sosmalo, la estimaste a alguien ahora aguantate las consecuencias. O la culpa que repara. La que señala, confirme esa, pero sin destruir. La que nos dice, "Esto no va con lo que querés ser". Porque no la reglamos, mejor todavía está satiánco. La función de la culpa es ayudarnos a reparar, a volver a mirarlo que hicimos con honestidad, a hacernos cargo y ajustar el rumbo. Y se reje por reglas. Reglas que fuimos aprendiendo de lo que estaba bien o lo que estaba mal. El problema es que no todas esas reglas, esas normas que aprendimos en el pasado, nos siguen sirviendo hoy. Tal vez en tu niñez aprendiste que para hacer una nena buena tenías que siempre decir que sí. Esa regla hoy puede estar impidiendo te poner limitesanos. El tema es que la culpa no sabe que esa regla ya no te representa, ya no te sirve. Entonces a veces aparece zona no frente a reglas obsoletas del pasado. Por eso nuestro trabajo es revisar conscientemente estas reglas internas que nos están rigiendo hoy. Para que? Para que la culpa suene sólo cuando de verdad nos saltamos una regla que es importante para nosotros hoy. Llegó el turno de la sexta emoción, esa que aparece cuando nos ponemos colorados, te he hablando de la vergüenza. Esa emoción que te hace abachar la mirada, querer desaparecer del mapa, que te su surra que hiciste algo ridículo. La vergüenza es la señal que nos avisa, que cruzamos un límite que puede poner en juego nuestra pertenencia. Se enciende cuando algo en nosotros tiene miedo de quedar expuesto, de ser rechazado. Tiene una raíz superantigua antes si nos apartaban de la tribu, moríamos. Entonces la vergüenza se prende con el objetivo de ser aceptados por la manada. Hay dos tipos de vergüenza. La vergüenza funcional, que aparece cuando hicimos algo que va en contra de nuestros valores y nos ayuda a reparar, a pedir perdón, a mejorar, para ser aceptados. Como cuando nos olvidamos de una fecha importante y eso nos impulsa a reparar y no repetirlo. Y la vergüenza torturadora, a quien nos corrije, en o que nos paraliza. No solamente nos señala lo que hicimos, sino que ataca todo lo que somos. No te dice, te equivocaste en esta acción, sino que te susurras son desastre, sos de lo peor. Imagina lo siguiente, querés cantar, bailar o hablar en público, pero justo cuando lo vas a hacer aparece esa boceta que te dice y si te trabas y si todos se te rían. A esa boceta le llamamos a ver gonzador interno y todos tenemos uno. Lo pero es que un montón de veces esa boceta es ni siquiera es nuestra. Es de un padre, madre, de una maestra, de una cultura que nos enseño, que hay cosas que tienen que dar vergüenza. Pero ahora ya no está ya fuera. Ahora vive adentro nuestro. Esta segunda vergüenza torturado, era tiene una habilidad perversa. Puede reducirte a una sola escena y de golpe, todo lo que sos se define por ese error, por ese gesto. Y todo lo demás se borra, sus logros, tus gestos amorosos. Queda solo esa imagen del fallate. Pero esta emoción no se combate, escondiéndose más. Secura con presencia, con auto aceptación, se disuelve cuando alguien se queda. Cuando te mira vulnerable y no se va, la vergüenza es la prueba viva de que te animaste. ¿Sabes quiénes? Nunca pasan vergüenza. Los que miran desde la sombra, los que no intentan. Bien, ya recorrimos juntos seis de las emociones más incómodas. Como viste, todas tienen un mensaje y una función. Pero con saber no alcanza. Hay emociones que se sienten tan intensas, tan repetitivas, tan confusas que nos cuesta desifrar, que nos están queriendo decir. Así que si en algún momento crees ayuda profesional para entender mejor tu mundo emocional, discuento que en Sima MoliTi somos un equipo de psicólogos y psicólogas que puede acompañarte en Trabia. Encontras toda la información sobre nosotros en Sima MoliTi.com. Vamos a jugar a algo. Te voy a pedir que busques un lugar cómodo. Puede ser sentado en una silla, en el piso, en la cama donde vos quieras. Si estás en el bus nunca le tío o haciendo algo simplemente puedes mirar un punto fijo. Y si puedes y te animas, cerrar tus ojos. Si no, está perfecto. Simplemente pija la vista en algún punto y lo haces así. No hace falta nada más. Así solta el teléfono, déjalo boca abajo, afloja los hombros y déjate llevar por mi voz. Así no me con tu imaginación. Vamos a entrar en un espacio interno donde viven seis emociones, seis voces que muchas veces ignoramos, llegamos, tratamos de tapar. Hoy las vamos a escuchar. No hace falta que entiendas todo, sólo déjate guiar. Tu única tarea es responder con lo primero que se te venga a la cabeza. Sin filtros. Para que sea más profundo, podés hacer este ejercicio haciendo foco en la emoción que creas que más te cuesta. Hoy por la razón que sea. Soy la tristeza. No vengo a derrumbarte. Vengo a invitarte a soltar, a llorar lo que duele, a unrar lo que fue importante. No para que te quede conmigo para siempre, sino para que puedas seguir más liviana. ¿Qué necesitas llorar? Decira Dios. Dejarir. ¿Qué necesitas soltar? Hoy. Tomate un momento para decir lo primero que aparezca en tu mente y observarlo. Soy el enojo. Soy la fuerza que te cuida cuando algo no está bien. Estoy acá para ayudarte a marcar un límite, no para destruir. ¿Qué límite necesitas poner hoy? ¿Dónde estás diciendo que sí cuando en realidad quieres decir que no? Otra vez, tomate un momento para notarlo primero que aparezca en tu mente. Soy el miedo. No vine a detenerte. Estoy ahí para caminar con vos cuando el camino se pone un poco incierto para ayudarte a elegir el mejor momento para avanzar. Soy esa bocesa que te dice "Prepárate mejor. Mirá bien antes de cruzar". ¿Dónde estás avanzando sin mirar bien el camino? ¿Qué decisión te está costando tomar por miedo? Nuevamente, tomate el momento para notarlo primero que aparezca en tu mente. Soy el envidio. Vengo a mostrarte algo que deseas, aunque lo escondas bajo a mil excusas. No estoy para compararte ni para hacerte sentir menos. Estoy para recordarte que adentro tuyo también vive la capacidad de crear y soquitando admiras en otros. ¿Qué es lo que ves en otras personas y queres? ¿Qué deseo propio te estás negando? Soy la culpa. Estoy acá para mostrarte que todavía podéis reparar, que todavía podéis hacer las cosas de otra manera. ¿De qué te arrepentís últimamente? Aquí en sentís que las que estimaste sin querer. ¿Qué error o qué herida te está pidiendo que hagas las pases como vos? Soy la vergüenza. No quiero aplastarte ni humillarte. Vine a recordarte que todos nos equivocamos a veces. ¿Y qué no tienes que hacer todo bien para ser valioso? Hay algo que te debera agüenza de vos y que quieras reparar. ¿Qué parte tuya necesita hoy ser revista y abrazada? Respira una vez bien profundo. Y cuando esté listo, lista, puedes volver a abrir los ojos. Las respuestas a estas preguntas no son casuales. Probablemente sean puertas que se abrieron hoy para vos. Y acá una recomendación. ¿Cuál es este episodio o dejate una notita que diga volver a la ejercicio de las emociones? Porque quizás hoy conectaste más con el miedo pero la semana que viene necesites hablar más con la tristeza o quizás querés profundizar en esa palabrita o en esa respuesta que salió para el enojo, por ejemplo. Cada vez que vuelvas a hacer este ejercicio van a aparecer cosas diferentes. Porque las emociones cambian, vos cambias. Y el ejercicio se va adaptando a donde esté esparado en ese momento. Así que acepte ese favor y guardate este recordatorio, volve cada tanto a este ejercicio. Tu llor del futuro te lo va a agradecer. Que si sentís miedo soscovarde, si sentís tristeza sos débil, si te nojas sos violento, si sentís en vidia, sos una mala persona. Y si te culpas sos medio en maduro, si sentís vergüenza sospoco suficiente. Mentira, las emociones no son el problema. El problema es que no sabemos leer las, no las elimines. No estás roto porque sentís, estás vivo. No le creas a nadie que te diga que tienes que eliminar tus emociones. Tu tarea es convertirte en alguien que se anima a quedarase cuando duele y que puede regular las emociones. Porque no son las emociones las que arruinan nuestra vida. Son las emociones no escuchadas, no entendidas, no habitadas. Esas sí nos arruinan la vida. Así que la próxima vez que el miedo te paralice, que la tristeza te inundes, o que el enojo te queme por dentro, no te preguntes. ¿Qué me pasa que siento esto algo está mal? No. Pregúntate. ¿Qué me quiere decir esta alarma? ¿Qué puerta me está queriendo abrir esta emoción? Hasta acá el episodio de hoy. Si estás listo, lista para iniciar terapia y transitar un proceso de transformación y un compañía de un profesional, emceva a MoliTi, estamos esperando. Escuchamos lo que te pasa, que cambio buscucas y te conectamos con el terapéuta adecuado para acompañarte. Puedes encontrar más información emcevaamoliTi.com. [Música]

Podcast Summary

Key Points:

  1. Las emociones como el miedo, la tristeza, el enojo, la envidia, la culpa y la vergüenza no son negativas; son señales valiosas que informan sobre necesidades o problemas a resolver.
  2. Cada emoción cumple una función adaptativa específica
  3. El problema no es sentir emociones, sino la falta de comprensión y regulación; es crucial aprender a "leer" su mensaje en lugar de suprimirlas.
  4. Se propone un ejercicio introspectivo para dialogar con cada emoción y aplicar su sabiduría en la vida diaria, transformando el conocimiento en experiencia práctica.

Summary:

El texto desafía la percepción negativa de emociones como el miedo, la tristeza, el enojo, la envidia, la culpa y la vergüenza, argumentando que no son defectos sino guías esenciales. Explica que cada una cumple una función evolutiva: el miedo alerta sobre peligros, la tristeza facilita el duelo, el enojo defiende límites, la envidia señala deseos insatisfechos, la culpa impulsa a reparar errores y la vergüenza protege vínculos sociales. El problema radica en no interpretar sus mensajes, lo que lleva a suprimirlas en lugar de regularlas.

Se enfatiza que todas las emociones son válidas y necesarias para una vida saludable. Finalmente, se invita a un ejercicio de reflexión para conectar con cada emoción, identificar sus enseñanzas y aplicar ese entendimiento de manera práctica, transformando el conocimiento teórico en crecimiento personal. El mensaje central es que escuchar y habitar las emociones, no eliminarlas, es clave para el bienestar.

FAQs

No, todas las emociones, incluso las incómodas como el miedo o la tristeza, son señales valiosas que nos informan sobre algo que debemos resolver. No se categorizan en negativas o positivas, ya que todas son útiles si sabemos escucharlas y regularlas.

El miedo actúa como una alarma protectora que nos avisa cuando hay una desproporción entre lo que una situación exige y lo que sentimos que podemos dar. Su función es ayudarnos a prepararnos o a ser prudentes, no detenernos por completo.

La tristeza permite elaborar las pérdidas y hacer el duelo necesario. Si la tapamos, la energía psíquica queda congelada en esa pérdida, impidiendo que esté disponible para nuevos vínculos o proyectos, y el dolor puede explotar en otro lado.

El enojo es energía pura que nos ayuda a poner límites y defendernos cuando alguien traspasa una línea. Cuando no nos permitimos sentirlo, perdemos la capacidad de marcar límites y proteger nuestros espacios.

No, la envidia nos señala deseos no realizados y nos empuja a mirar lo que anhelamos. En lugar de atacar a otros, podemos usarla para identificar nuestras carencias y trabajar en conseguir aquello que deseamos, si está a nuestro alcance.

La culpa nos ayuda a revisar y reparar acciones que transgreden nuestras normas internas. Su función es señalarnos cuándo algo no está alineado con nuestros valores para que podamos ajustar el rumbo y hacernos cargo.

Chat with AI

Loading...

Pro features

Go deeper with this episode

Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.