El texto "La potencia del odio" de César González, leído en el marco del proyecto "Audio-libros", explora el odio como una fuerza social y emocional central en la vida contemporánea, especialmente en Argentina. González argumenta que el odio no es una emoción marginal, sino que organiza rutinas, agendas y existencias, y que tiene efectos fisiológicos positivos en el cerebro. En la sociedad argentina, el odio se dirige principalmente hacia los jóvenes de villas y delincuentes, siendo canalizado por el Estado, los medios y discursos de inseguridad. Este odio se manifiesta en linchamientos simbólicos y físicos, y es reclamado como un derecho por los ciudadanos. González critica la hipocresía de una sociedad que exalta el amor mientras fomenta el odio hacia los más vulnerables, y señala que el amor ha fracasado en frenar el avance del fascismo y la desigualdad. Propone reivindicar un odio distinto, dirigido hacia la destrucción de la desigualdad material, en lugar de negarlo o esconderlo. El texto invita a reflexionar sobre cómo el odio, si se canaliza críticamente, puede ser una herramienta para la justicia social, desafiando la narrativa dominante que lo demoniza. La lectura concluye con un llamado a la audiencia a debatir y compartir sus reacciones, subrayando la importancia de espacios críticos como este proyecto.
La literatura no es una zona cómoda, no siempre sucede que cuando abrimos un libro o leemos un cuento o estamos ante un ensayo, vamos a buscar que nos quede la vida igual que como la teníamos antes de leer al contrario. Lo que pasa que con algunos textos nos acudimos mucho más y acá está el talento de cesargonzales con su texto "La Potencia de Lodio" para movernos las estanterías. ¿Están listos para esa? Mi nombre es Esa Ivona, esto es audio-libros porque leé y decidí leerles la potencia de Lodio del libro "Densayos, el fetichismo de la marginalidad editado por su destada en el año 2021, un compendio de ensayos de cesargonzales que les recomiendo muchísimo, porque tuve que entrevistarlo a cesar a propósito de sus libros, el niño recentido, rango lleta, sus poemarios y este libro también y llegué a estos ensayos por primera vez, me sacudió muchísimo y decidí que amplificarlo, soldarles un lugar en audio-libros porque leer era algo que deseaba con toda mi fuerza. Así que gracias a su destada y al propio cesargonzales por permitirme leerles hoy este texto, que de verdad espero que nos de oportunidad desechar la dedicución de debate porque es desde ahí que quiero proponárselos. Vamos a la lectura y después la charlamos. ¿Qué sería del sujeto sin el audio? ¿Qué sería del amor sin el audio? El audio es Dios. Está ahí, ahora, omniciente, uniendo oriente y occidente. ¡Oh Dios! Es casi decir "odio". A los dos, al audio y a Dios, se los convocan ritos sagrados y en la lengua hispana, solo un tornillo semántico no les permite ser la misma palabra. El audio, como Dios, conecta deseos colectivos rizomáticos, es un impulso maquínico capaz de agenciar a millones de personas en menos de un instante. El audio no tiene tiempo ni lo busca, pero sí le apetece de borrar espacios. El audio es arquitectura de forma súblimes. Por eso uno queda encandilado ante su presencia. A muchos, el audio lo revitaliza y se los puede observar más radiantes y vivos cuando odian que cuando aman. El audio pide existir y el que odia debe manifestar ese odio mediante actos. En un sentido, él debe hacer ese odio. Anota Franz Fanon en piel negra más caras blancas de 1951. Es que el audio no existe a medias ni es hotericamente, existe solo de forma material. La discriminación es uno de los canales de distribución más accesibles del audio, pero en Argentina, discriminar resulta insuficiente. Se reclama al audio como un derecho. Todas esas encuestas realizadas por el mercado del miedo arrojan un resultado un ánime. Es la inseguridad del gran flajero existencial del ciudadano y, por ende, la certeza principal que tiene el audio para ser. El ciudadano considera elegítimo y justo, pedir que el estado le garantice la protección y propagación de su odio. Ese odio se materializa en la creciente toma de armas legitimadas por la inseguridad, por gran parte de los habitantes de este país, imitando lentamente el desarrollo histórico del armamiento masivo civil de la población de Estados Unidos. Se exige retornar a los clásicos linchamientos y desmembramientos públicos en ordas espontáneas, bajo júbilos y rituales colectivos, en una plaza pública de ser posible, como de hecho sucede cada tanto. En los programas televisivos, a veces ese reclamo de regreso al su plicio es explícito, y otras veces se esconde bajo una máscara de discursos confusos y no se atreven a decirlo claro, pero el llamado al linchamiento resplandese en la vida cotidiana social. Se ha humanizado la pena, dice Michelle Foucault, se ha manipulado un poco su exhibición, pero en el fondo sigue siendo un rostro de la sociedad. De una forma u otra, el Estado sigue organizando el teatro del descuartizamiento, pero lo paradógico es que hoy el linchamiento se expresa como acto de desobediencia civil y rebeldía hacia el Estado, como queja a lo que el ciudadano considera una ineficacia de las instituciones guernamentales. Estas tribus linchadoras son transversales a toda clase social, pero como el Cookelox plan norteamericano tienen una presa específica en la cúspida de la ceremonia. Allá es el individuo de raza negra, aquí son los pides de los barrios populares, pero también en Argentina existen maneras más útiles de linchar. Tradicionalmente no solo las manos, las imágenes también linchan, en la caricaturización que hace el mundo del espectáculo de los personajes que pertenecen a las clases obreras y más bajas de la sociedad. No hay prueba científica de que el odio sea innato, pero si está claro que al odiar, en el organismo humano se produce numerosas pulsiones hormonales y diferentes explosiones arteriales que resultan beneficiosas para el cerebro. Sucede una velocidad de sanguíña favorable para la estructura globalar. El odio le da sentido a muchas vidas, organizas agendas, rutinas, existencias enteras. No se puede atribuir al odio nada más que un pequeño lugar dentro del mar de signos que reinan la conciencia. Podemos, sí, declarar que han pisado la tierra muchos seres que no experimentaron el amor, aunque no podemos asegurar con la misma cantidad de evidencias que quienes poblamos el mundo, hallamos atravesado una sola mañana sin haber caído bajo los efectos seudos psicodélicos del odio. El odio es orientador para las conductas y actividades del individuo. Se necesita odiar para enamorarse, para ordenarse, para pertenecer. En la actualidad hay un odio de moda y que, como dijimos arriba, está dirigido hacia los pibes de las villas y sobre todo a aquellos que cometen delitos. Y serán también esos pibes el suministro renovable de las fuerzas de seguridad que cumplirán la orden de casar a esos otros jóvenes de su misma comunidad. El odio es una experiencia que rellena vacíos suicidas y en cinfla de presiones. Su aparator de productor va cambiando del lugar, aunque suele optar a la boca comunido. El odio es lúdico y poético, usa el juego de palabras. El odio sabe desintaxis, se rige bajo leyes de la publicidad, no se requiere nada más que un lema precioso y que se divulga la velocidad de la luz. Pero el odio no es individual, es impotente sin un equipo. Terapia del odio. ¿Qué haya dentro del odio? Sabemos que su cuerpo es una multiplicidad. En su interior se mezclan con telaciones de traumas y resentimientos contra figura jerárquicas de todo tipo que no fueron sanadas. Pero esa digno humillación es tartamuda a la hora de presentar una ofensiva contra la autoridad. Elige perdonar a los verdugos, enrocar su rabia y modificar la meta de la revanche. Para que les traiga esa paz que otorga hacer justicia, no será odiado el verdugo, sino el joven maligno retratado por nuestra cultura como patológicamente violento. El odio no se deja seducir por ninguna política, pero está organizado casi como un partido. No se odia a la injusticia, se odia a los que son obligados a vivir adentro de las haulas de la injusticia. El odio es magnetizado hacia una banda destrivalizada, Fanon, que aquí en Argentina son los billeros que delinken. A ellos hay que odiar para demostrar que se ama a la sociedad. La procreación del odio suele contagiarse en la rutina productiva por la presión normal de cualquier espacio laboral, pero el odio necesita un cuerpo objetivo o se muere, y en ese caso, nos serán nunca los empleadores el destino que garantiza la reproducción del odio, sino más bien los desempleados y billeros violentos. Hay personas a quienes el odio les hace morder frutos milagrosos y sentirlos mejores resultados terapéuticos. Es el tratamiento divino que logra que ancianos Recena el vídeo.
a la pulcritud, de gol perreplandezcan y humilla en el carismo y atletismo de Usain Bolt. Si es para odiar, de gol pí un esqueleto que parecía condenado al reposo la putrefacción y la agonía experimenta la intensidad de forma más poderosa que cuando está encantado por el hechizo del mismísimo amor. El amor solo puede llegar a reunir una congregación limitada de cosmología, pero el odio que siente el argentino medio a los vlleros que violenta en la ley burguesa o la propiedad privada lo enleva espiritualmente, lo hace ingresar flotando en la inmanencia. El odio es el verdadero pueblo, el pueblo que nunca falta. El odio calma la impaciencia, colma de paz la neurosis de un hogar, amor hay de sobra, lo que escasea es no odiar. Unos padres responsables y obsesionados en amara sus hijos de sangre odian a otros hijos, en particular a los de la casta más baja. Y cómo se explica que aquel condenado no existir no manifieste su odio hacia aquellos que lo incrustaron en el desamparo? ¿Será un dominio inconsciente lo que hace que aquellos valorados como inservibles y tratados como simios nunca ni siquiera se atrevan a discutir con aquellos que lo sodían? Los dos personajes perfectos para resumir el odio en nuestra sociedad, el policía y el pivetorro. Que casualmente suelen provenir de la misma clase social, a ambos personajes los mueve el odio, pero no un idéntico. El primero cuenta con un salario legal como trabajador del Estado, funciona como depósito para odiar y ser odiado. Ambos también tienen un cuerpo que desde que nació es soberanía de toda la sociedad, pero uno está al servicio de la comunidad burguesa, aquella dueña de las posiciones y los otros, los pives chorros, sus mismos hermanos de sangre, primos o sobrinos, se revelan a la propuesta a romperse el lomo. El policía es el pequeño rey de la calle. Ambos, policía y ladrón, naturalmente al provenir de la pobreza, son objetos del odio de las multitudes, pero solo a unos les temen y odian todas las clases sociales. A los policías suelen también odiarlos y temerles todas las clases sociales, pero es el personaje que rogamos, nos vigile la cartera o el celular en las calles, más aún si es de noche y que proteja nuestros bienes de lugar mientras estamos en el trabajo. ¿De qué ha servido anular el pensamiento sobre el odio o la violencia? Mientras de un lado se dejó la reflexión sobre la violencia archivada y clavudicada en el olvido o el tabú, del otro lado no dejaron de perfeccionarla. Incessantemente repetimos sin cansancio que el amor es la salida, la cura, el futuro. Nunca se ha cantado tanto sobre el amor, nunca hemos tenido al alcance del amor de tantos cursos de introducción a las culturas orientales en las que depositamos la certeza de ser culturas más amorosas que la nuestra. Y sin embargo, el mundo a diestra y siniestra, según en el espanto. Paradojicamente o no, en simultáneo a la popularidad y el áuge del yoga, estamos presenciando el ascenso de nuevo fascismo por todo el mundo, de nuevos gobiernos que transforman el odio en políticas de Estado. Este odio no baja verticalmente desde los dirigentes, la relación es de reciprocidad. Nuestra sociedad exige dosis de odio a sus gobernantes, reclama que se lo sume a las plataformas electorales. El odio late transversalmente en la sociedad y tiene una justificación espiritual. Se odia a quienes creen que desordenan la armonía de la creación, el sacrificio y el trabajo para ellos es armonizar nuevamente esa creación. Otra vez los cuentos de la perfección racial son narrados impunemente. Hoy, muchas personas presentan una sorpresa feroz ante la estimación social de figuras tan rudimentarias como Jair Bolsonaro en Brasil. Cuando esto no tiene nada de disruptivo o de novedoso, nos mas que un síntoma. Un enorme ejemplo de la falta de tacto por parte de los sectores más politizados para percibir que ese monstruo fascista llevaba varios años desarrollándose en nuestras sociedades, que estaba la vista en la cotidianidad más cercana de los subterráneos populares, que nosotros mismos lo manifestamos en actos privados y no tanto de nuestras vidas. Nos somos manipulados ni teledilgidos, este deseo de aniquilamiento masivo no lo acción a un algoritmo de Siricón Vallei, es un hambre que no quiere ser sasiado. El odio como la religión según Marx es del corazón de un mundo sin corazón. Ese odio exterminador creció porque todas nuestras versiones del amor han demostrado ser inopo para frenar el avance de la derecha. Se han derrumbado portíbias, por neutrales, por exceso de racionalidad, por sobredosis de optimismo. A nuestro amor le faltó la inteligencia, la estucia, la paciencia y la capacidad de escucha que tiene el odio. El amor de nuestros tiempos necesita más cólera. Si nada somos sin amor, menos los seremos espantándonos o negando el odio que nos habita. Es necesario reivindicar un odio distinto al de la derecha, en causarlo hacia la destrucción de la desigualdad material en el mundo. En el siglo 21 no ha hecho más que perfeccionar las perversiones de la propiedad, de reducir a cada vez menos manos la acumulación originaria de la tierra, de restringir cada vez más la posibilidad de acceso a una vivienda propia. El odio no imposibilita ni bloquea el amor, ambas emociones que existen sin problema, tienen una admirable convivencia. Por no pensar al odio, por esconderlos sistemáticamente bajo la máscara del falso amor se le dejó el espacio público a merced de los nuevos tiranos, convencidos de volver a sumergir al mundo en violencia y locura racista. Las profecías son siempre actos de deseo que luchan por materializarse. Esto fue la potencia del odio de César González. Evidentemente la estructura de ensayo de este texto deja muy poco margen para la imaginación, lo que está diciendo es un llamado a la literalidad. Hay algo acá por resolver una injusticia, una redirección de un odio que es natural a la especie humana. Me parecía más que interesante poder contar con este texto en audios libros porque leer porque este es un espacio donde más allá de que disfrutamos del aléctro en voz alta y de que valoramos el rincón donde podemos hacer otras cosas mientras además leemos. También es un espacio de crítica, es un espacio en donde la conformación de la antología de audios va proponiéndonos mirar el mundo de otra manera y este texto así lo expresa. Quiero que me cuenten en todas las redes acá en los comentarios poniéndoles treyas al episodio botando like no like que les pareció cómo se sintieron si les despertó sensaciones si sentían ganas de dialogar a partir de lo que el texto decía si pudieron tal vez encontrar alternativas a lo propuesto por el propio César todo lo espero en estos comentarios y ya saben a roba porque le ero que hay son las redes sociales de este proyecto pueden seguir ahí al contenido que hacemos y interactuar, compartirlo y es más una cosita que me encantaría poder proponerles y es que se sumen a la membrecía lo estamos necesitando para poder seguir haciendo este trabajo más y mejor en agradecimiento a aquellos que aportan mensualmente tenemos un montón de recompensas gracias a literal y a remeras a modo mateón a libros de la rabal y una nueva que se acaba de incorporar que es la entrega de un audio libro extra para aquellos que formen parte de las categorías saga colección y biblioteca esto todo lo pueden encontrar en por qué leer punto con barra patrocina me ayudan si exploran por ahí y encuentran las opciones que se sumen porque de verdad queremos hacer este trabajo cada vez más y mejor y para eso necesitamos ser económicamente sustentables voy a mandarle un beso enorme un agradecimiento al equipo de trabajo de este proyecto está editando los audios libros dan y Fernández a roba dan y rap punto f en instagram produce este segmento del aburo si me González a roda si me González tres z y edita las videografías que después ven en redes luz Fernández a roba luz ma punto f z gracias por el trabajo a todo el equipo y también a ustedes si quieren contactarlos pueden hacerlo por el mundo.
Instagram para proponerles cualquier proyecto laboral. Dicho esto, hasta la próxima lectura. Chao.
Podcast Summary
Key Points:
El odio es una emoción poderosa y estructurante en la sociedad, comparable al amor en su capacidad de movilizar a las personas.
En Argentina, el odio se dirige principalmente hacia los jóvenes de villas y aquellos que cometen delitos, siendo canalizado por el Estado y los medios.
El odio no es innato, pero tiene beneficios psicológicos y fisiológicos, y se reproduce socialmente a través de la discriminación y el linchamiento simbólico.
El amor ha fracasado en contener el avance del fascismo, mientras que el odio ha sido perfeccionado por la derecha; se propone redirigir el odio hacia la desigualdad material.
El texto de César González invita a reflexionar sobre la necesidad de reconocer y canalizar el odio de manera crítica, en lugar de negarlo.
Summary:
El texto "La potencia del odio" de César González, leído en el marco del proyecto "Audio-libros", explora el odio como una fuerza social y emocional central en la vida contemporánea, especialmente en Argentina. González argumenta que el odio no es una emoción marginal, sino que organiza rutinas, agendas y existencias, y que tiene efectos fisiológicos positivos en el cerebro. En la sociedad argentina, el odio se dirige principalmente hacia los jóvenes de villas y delincuentes, siendo canalizado por el Estado, los medios y discursos de inseguridad.
Este odio se manifiesta en linchamientos simbólicos y físicos, y es reclamado como un derecho por los ciudadanos. González critica la hipocresía de una sociedad que exalta el amor mientras fomenta el odio hacia los más vulnerables, y señala que el amor ha fracasado en frenar el avance del fascismo y la desigualdad. Propone reivindicar un odio distinto, dirigido hacia la destrucción de la desigualdad material, en lugar de negarlo o esconderlo.
El texto invita a reflexionar sobre cómo el odio, si se canaliza críticamente, puede ser una herramienta para la justicia social, desafiando la narrativa dominante que lo demoniza. La lectura concluye con un llamado a la audiencia a debatir y compartir sus reacciones, subrayando la importancia de espacios críticos como este proyecto.
FAQs
Es un ensayo del libro 'Ensayos: el fetichismo de la marginalidad' que explora cómo el odio opera en la sociedad, especialmente en Argentina, como una fuerza colectiva que organiza vidas y agendas políticas.
El autor sostiene que el odio y el amor no son opuestos, sino que coexisten y que el amor contemporáneo necesita más cólera para enfrentar la desigualdad.
El odio se dirige hacia los jóvenes de barrios populares, especialmente los que delinquen, y es utilizado por el Estado y la sociedad para justificar la inseguridad y el linchamiento.
Critica que el amor ha sido insuficiente para frenar el avance de la derecha y el fascismo, mientras que el odio se ha perfeccionado y organizado como un partido.
El odio se expresa en programas televisivos que piden linchamientos y en la caricaturización de clases bajas, funcionando como una forma de linchamiento simbólico.
Propone reivindicar un odio distinto, dirigido hacia la destrucción de la desigualdad material y la injusticia, en lugar de hacia grupos vulnerables.
Chat with AI
Loading...
Pro features
Go deeper with this episode
Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.