Lo difícil es seguir creyendo mientras esperas, pero recuerda que la respuesta se demora no significa que Dios se haya olvidado.
Dios sabe lo que le pediste. Esta dosis es para ti. Bienvenido.
La dosis diaria con William Arana
Para que juntos comencemos a vivir
Hace un tiempo escuché una historia que me dejó pensando acerca de la oración.
Se trataba de un niño que estaba en una estación de tren esperando a su papá.
El tren se había demorado y el niño llevaba un buen rato mirando hacia las vías.
Cada vez que este niño escuchaba un ruido, levantaba la cabeza pensando que por fin había llegado su papá.
Pero el tiempo pasaba y su papá no aparecía.
Hasta que con preocupación preguntó, ¿y si mi papá no viene?
Su mamá que estaba a su lado se inclinó y le dijo que el tren se demore.
Hijo, no significa que tu papá se haya olvidado.
Hijo, no significa que tu papá se haya olvidado de ti.
Y eso fue lo que me hizo pensar en la oración.
Porque la respuesta de esta mamá fue sencilla pero profunda.
Sí, porque muchas veces nosotros hacemos lo mismo con Dios.
Lo mismo que ese niño.
Oramos, pedimos, esperamos y pasa el tiempo y no vemos la respuesta.
Entonces comenzamos a preguntarnos, ¿será que Dios no me escuchó?
¿Será que se olvidó de mí?
¿Por qué no pasa nada?
Y solamente hoy a través de esta dosis quiero recordarte algo.
El silencio de Dios no significa ausencia de Dios.
La Biblia lo afirma en Santiago 5.16.
Dice que la oración ferviente de una persona justa tiene mucho poder y da resultados maravillosos.
La oración tiene poder.
Y yo creo profundamente que todo lo que sube a Dios en forma de oración en su momento
puede bajar a nuestra vida en forma de una bendición.
A veces como una puerta que se abre, a veces como una provisión, a veces como una sanidad,
otras veces baja como paz, como fortaleza, como dirección.
Como esa capacidad de seguir caminando.
Cuando todavía no ha cambiado la circunstancia.
Porque tenemos que entender algo.
Dios responde, pero no siempre responde como nosotros quisiéramos.
A veces dice sí, y es hermoso cuando llega ese sí que tanto esperamos, ¿verdad?
Pero también hay momentos en los que Dios dice no.
Y nosotros tenemos que aprender que un no de Dios no significa que Dios dejó de amarnos.
Y hay una tercera respuesta que puede ser la más difícil de todas.
Todavía no, espera.
Porque cuando Dios dice no, sabemos que la respuesta es no y punto.
Pero cuando dice espera, seguimos.
Seguimos mirando hacia las vías, seguimos esperando ese tren, seguimos preguntándonos
cuándo llegará.
Y ahí es donde nuestra fe es probada.
Porque es fácil creer cuando ya tienes la respuesta.
Lo difícil es seguir creyendo mientras esperas.
Quizás hoy estás esperando algo.
Llevas orando un tiempo por esa restauración, por esa oportunidad, por esa sanidad, por
esa puerta que no se abre.
O a lo mejor llevas tanto tiempo esperando que has empezado a pensar que Dios se olvidó
de ti.
Pero recuerda.
Que la respuesta se demora no significa que Dios se haya olvidado.
Dios conoce tus lágrimas.
Dios conoce las noches en las que te has acostado preguntándote qué va a pasar.
Y Dios también conoce cosas que tú y yo no conocemos.
Por eso a veces nosotros le pedimos a Dios que cambie una circunstancia y Él comienza
trabajando en nosotros.
Le decimos: Señor, quita esta montaña y nos das fuerzas para atravesarlas.
Le pedimos que abra una puerta.
Él la mantiene cerrada.
Porque sabe lo que hay detrás.
Y le pedimos que acelere procesos.
Y Él nos dice: Espera, porque todavía está preparando algo.
Y eso es hermoso, porque la espera también puede ser parte de la respuesta.
No es fácil.
Esperar duele, especialmente cuando llevamos tiempo esperando.
Pero Dios puede hacer algo en nosotros mientras esperamos aquello que le estamos pidiendo.
Hoy te invito a que busquemos a Dios porque Él sigue siendo Dios, incluso cuando la respuesta
tarda.
Tu fe tiene que descansar en saber quién es Él.
Dígamosle:
Señor, hoy vuelvo a poner delante de ti todo aquello por lo que tanto he orado.
Tú conoces mi necesidad, conoces mi espera, conoces mis preguntas y también mi cansancio.
Ayúdame a no confundir tu silencio con abandono y enséñame a confiar cuando no vea, esperar
cuando no entienda.
En el nombre de Jesús pongo tu vida en las manos del Todopoderoso y sé que Él tiene
la mejor respuesta para ti.
Amén.
Te mando un abrazo y que Dios te bendiga.
Un corazón sencillo en medio de una oración.
Abre las puertas de los cielos cuando sale de tu interior.
No hay tristeza ni enfermedad que resista estar entre tu forma de orar.
Y Dios dispuesto a escuchar para después de actuar.
Amén.
Amén.
Amén.
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