Speaker 1Vivimos tanto para afuera que cuando imaginamos el final nos damos cuenta de que nunca vivimos como realmente querríamos. Hoy no te voy a contar la película de que nuestro cerebro no ha evolucionado durante todos estos años y por eso nos protege queriendo pertenecer a toda costa para no morir. No son cerebros más evolucionados. La respuesta está en nuestra historia, en nuestra infancia y en sus experiencias. Siempre volvemos ahí, ¿verdad? Y hablando solo de ti, ¿alguien validaba tu opinión, aunque fuera diferente? ¿Te sentiste libre para pensar, elegir y decidir? Con lo bien que estás aquí, ¿qué pasa si fracasas? ¿Cómo vas a hacer esto a tu edad? ¿Qué pasa con la estabilidad económica? ¿Cuánto de tu vida la elegiste tú y cuánto lo elegiste del guión que te dieron? Hay personas que llevan tanto tiempo siendo lo que se espera de ellas que ya no saben quiénes son cuando nadie las mira. Cuando nadie ha pedido su opinión, la crítica se emite desde la sombra que busca apagar a los demás. No eres tan importante para nadie. La gente no está pendiente de ti como tú crees. Es tu ego egocéntrico quien te hace pensar así. Imagina que mañana cae un meteorito y se acaba todo. ¿De qué te arrepentirías? Quiero que pongas el episodio en pausa. Y lo pienses de verdad antes de seguir escuchando. ¿Ya lo tienes? Hice esta pregunta a mi comunidad y me contestaron miles de personas. Y la realidad es que era una prueba, un experimento que quería hacer para comprobar si mis sospechas estaban bien encaminadas. Si todo lo que había estado viendo en años de terapia tenía sentido o había sido una simple casualidad o mi propio condicionamiento. Y me encontré con siete respuestas que se repetían. Sin cesar. Así que si mañana cayese un meteorito y se acabara todo, estos son los siete arrepentimientos más comunes. No haberme querido, priorizado y cuidado más. No haber disfrutado de la vida. Haber trabajado demasiado. No haber sido fiel a mí misma por miedo al que dirán. No haber expresado mis sentimientos a mis seres queridos. No haber pasado más tiempo con mis seres queridos y haberle dado importancia a cosas, o personas que no la tenían. Cada una de estas respuestas pasa por una conexión profunda con uno mismo. No hay cosas materiales, no hay logros, no hay ambiciones, ningún otro foco puesto en lo que piensen, digan o vean los demás. Sin embargo, seguimos viviendo desde ahí. Cuando dice la pregunta al principio, ¿en qué pensaste? ¿De qué te arrepentirías tú? Si te apetece, cuéntame en los comentarios si tu arrepentimiento tiene que ver con alguno de estos 7 puntos. Vivimos tanto para afuera que cuando imaginamos el final nos damos cuenta de que nunca vivimos como realmente querríamos. Porque no me atreví a hacer lo que tanto quería. Porque no dije lo que realmente sentía. Porque no prioricé lo realmente importante. Así que hoy vamos a hablar de eso. De lo perdidos que vivimos dando importancia a cosas materiales. A esa imagen que queremos proyectar. A la opinión de los demás. Dejando de pensar. De priorizar lo que realmente importa. Soy María de Mondo, coach especializada en ego y amor propio y autora de los libros Yo Ego y La opinión de los demás está de más. En este espacio hablamos de todo aquello que nos hace vivir con más calma y autenticidad porque el éxito en la vida es vivir en paz. Así que hoy vamos a ver 5 puntos importantes. ¿Por qué nos importa el que dirán? ¿Y por qué a unos les afecta más que a otros? ¿Cómo está condicionando tu vida de forma que ni siquiera ves? ¿Qué necesitas saber sobre los haters? ¿Y tu tribu? ¿Y la verdad incómoda que te libera de la opinión de los demás? Terminando con algunos pasos muy concretos para empezar a soltar todo aquello que no nos pertenece. Y haremos, como siempre, una sugerencia de ejercicio al final. Vamos a ello. Primer punto. ¿Por qué nos importa tanto el que dirán? ¿Y por qué a unas personas les importa y les afecta más que a otras? La realidad es que la importancia que le damos a la opinión de los demás se esconde en cada rincón. Incluso en las cosas. Que parecen más insignificantes y más pequeñas. Por ejemplo, estás en el supermercado y llevas el carrito hasta arriba. Y en la cola para pagar hay una señora que está mirando tu carro. Y de repente te sorprendes pensando: ¿qué estará pensando esta persona? O a lo mejor publicas una foto en Instagram, pasan tres horas y solo tiene 10 likes. Entonces empiezas a rayarte y a pensar qué es lo que has hecho mal, que a lo mejor el contenido no es tan bueno, que quizá deberías borrarla. Entonces decides quitarte el recuento de likes para que nadie más lo vea. Esto siempre me ha sorprendido un montón porque tú vas a poder seguir viendo tus likes, pero los demás no. Entonces, cuando una persona se quita el recuento de likes, simplemente no está queriendo que los demás vean cuántos me gustas ha recibido. O sea, imaginaros la magnitud de la importancia y del peso que le damos al que dirán, a la opinión de los demás, como si además nos estuviesen continuamente analizando, juzgando y observando. Y no sólo eso. Al final, cuando ves que una persona se quita el recuento de likes, sabes de sobra que es porque ha tenido pocos likes. Por eso nunca le he visto el sentido. Pero bueno, sigo. Piensa en la persona que a lo mejor estás conociendo, que te gusta y te va a presentar a su familia y a sus amigos. Y estás tres días con el rumrum de qué te vas a poner, de qué vas a hablar, qué imagen puedes proyectar, cómo puedes caerles bien. Oye, ¿qué pasa si te comparan con su expareja? O a lo mejor vas a una boda y pasas diez minutos delante del armario cambiándote de ropa y no porque no sepas qué ponerte, sino porque estás pensando en lo que va a pensar tal o cual persona cuando te vea. Creo que casi nadie se escapa de esto, aunque sean micro instantes en chorradas que no deberían importarnos, como son estos ejemplos, pero ahí está. ¿Qué pasa? Que sí, los humanos somos seres sociales por naturaleza. Sobrevivimos, al menos la mayoría de nosotros, gracias a estar en sociedad. Yo seguro, porque no me quiero imaginar irme a una isla desierta y tener que sobrevivir cobijo, alimentación, entretenimiento, que no me vuelva loca. Al final, los seres humanos prosperamos, evolucionamos, nos desarrollamos gracias a estar en sociedad. Pero eso hace creer a nuestro ego que necesitamos pertenecer, que necesitamos encajar. Y el problema es que ya no vivimos en selvas o en terrenos áridos donde podemos ser atacados en cualquier momento por un gran depredador. Y nuestra supervivencia, alimento y refugio tampoco depende de caer bien a los demás. Así que no te voy a contar la película de que nuestro cerebro no ha evolucionado durante todos estos años y por eso nos protege queriendo pertenecer a toda costa para no morir. Y no te voy a contar esta película porque sencillamente no es igual para todas las personas. Hay muchas que se ahogan en el qué dirán, en aparentar, en gustar, en complacer y muchas otras a las que les chupa un pie el 95 por ciento del tiempo. ¿Son seres superiores? Por supuesto que no, pero tienen una historia completamente diferente. No son cerebros más evolucionados. La respuesta está en nuestra historia, en nuestra infancia y en sus experiencias. Siempre volvemos ahí, ¿verdad? ¿Qué escuchabas en tu casa? ¿De qué hablaban tus padres? ¿A qué o a quién juzgaban? ¿Cómo se comportaban delante de los demás? ¿A qué le daban importancia? ¿Cómo les afectaba a ellos el qué dirán? Y hablando solo de ti, ¿alguien validaba tu opinión aunque fuera diferente? ¿Te sentiste libre para pensar, elegir y decidir? ¿Te sentiste querido y aceptado tal y como eras, aunque pensaras distinto? Las respuestas a este tipo de preguntas determinan el peso que le das al qué dirán. Yo, por ejemplo, siempre me consideré una persona privilegiada por no importarme tanto la opinión del resto. Pero cuando escribí mi libro, la opinión de los demás está de más. Me di cuenta de cómo se escondía sutilmente en el día a día. Por ejemplo, en el libro te cuento cómo había ido a una charla, una conferencia que tenía que hacer y me iba a recoger un coche, un taxi para llevarme al aeropuerto. Estaba en el hotel y el desayuno abría a las siete y literalmente a las siete y cinco iba a estar el taxi esperándome. Yo no hago esperar a la gente. Soy una persona tremendamente puntual. Entonces tenía cinco minutos para desayunar. Y añado que para mí el desayuno es una comida muy importante. Entonces estaba la primera esperando diez minutos antes para que abriese. Era un buffet. Salí corriendo, me llené el plato de comida y cuando me senté y empecé a comer, me di cuenta de que era imposible que me terminara todo lo que había en el plato e inconscientemente. Sabes lo que pensé? Dios mío, y qué va a pensar el camarero de haberme dejado tanta comida en el plato, de haber cogido tanto con tanta ansia y la realidad es que el camarero en ningún momento va a pensar en mí. La realidad es que el camarero solo está haciendo su trabajo, que es retirar y servir platos. La realidad es que el camarero va a atender a 200 personas. Y yo soy un punto, un grano de arena en su playa de ese día. Nadie está pensando en mí. El camarero no va a juzgar lo que he comido ni cuánto he comido. Y son en esos microsegundos o micro momentos del día a día donde nos damos cuenta de, aun pensando que no nos importa la opinión de los demás, estamos pendientes de estos detalles tan sutiles. Así que el qué dirán o la opinión de los demás no sólo está en las grandes decisiones de la vida, de mi pareja, el trabajo, la imagen que proyecto. A veces está en ese camarero de hotel, en la dependienta de una tienda o en el vecino del quinto. Así que te pregunto, ¿cuándo fue la última vez que te sorprendiste pensando en lo que iba a pensar alguien de ti por algo tan pequeño? Si te apetece, compártelo en los comentarios y así lo vemos todos. Punto número dos: cómo te está perjudicando sin que lo veas. Ahora viene lo que más me importa que escuches hoy, porque el qué dirán no sólo te hace pensar o no te hace pasar un mal rato cuando alguien te critica. está moldeando tu vida entera sin que te des cuenta. ¿Y cómo lo hace? Pues vamos a ver tres puntos principales, aunque hay muchos más. El primero es en las decisiones que tomas o que dejas de tomar. Hay personas que llevan 5-10 años queriendo cambiar de trabajo y nunca dan el paso, que llevan años queriendo emprender algo y nunca arrancan, que saben que una relación no funciona pero no la dejan. Y no es por falta de valentía, es por miedo al que dirán. Con lo bien que estás aquí, qué pasa si fracasas, cómo vas a hacer esto a tu edad, qué pasa con la estabilidad económica. Esas frases que vienen de fuera acaban viviendo dentro de ti y toman decisiones por ti. El segundo punto es en la vida que vives pero que no elegiste, porque hay una pregunta que me parece de las más importantes que te puedes hacer. ¿Cuánto de tu vida la elegiste tú y cuánto lo elegiste del guión que te dieron? Ya sabes de qué guión hablo, lo hemos hablado muchas veces, de estudiar algo con salidas, de encontrar un buen trabajo, formar una familia, comprar una casa, ser responsable. Y no digo que esto sea malo, yo mismo cumplo esta checklist que he creado como a mi medida, con ciertos cambios y a mi manera, pero digo que hay personas que lo han seguido paso a paso sin preguntarse nunca si era lo que ellas querían de verdad. Y un día llegan a los 40, llegan a los 50 y se preguntan, oye, ¿esto es todo? Te cuento, por ejemplo, el caso de Sandra, que es uno de los ejemplos que cuento en mi libro. Sandra tenía 29 años y llevaba meses frustrada en un trabajo como asesora. Cuando le pregunté qué haría si tuviese una varita mágica, la respuesta llegó de forma inmediata. Daría clases de meditación y mindfulness, porque era lo que a ella más le llenaba, lo que más estudiaba, lo que más disfrutaba. Pero no se lo había ni planteado en serio, porque para su familia eso es de personas místicas, no tiene futuro, se va a morir de hambre. Y Sandra, cuenta, había integrado esa creencia como si fuera suya, así que seguía atrepada en un trabajo que la ahogaba lentamente. Y esto es lo que hace el que dirán cuando se instala dentro de ti y se convierte en nuestro propio pensamiento, porque adquieres esas creencias como tuyas y hace que ni siquiera te lo plantees. Y el tercer punto es ¿en quién eres? Porque el coste más grande no está tanto en las decisiones, está en tu identidad. Hay personas que llevan tanto tiempo siendo lo que se espera de ellas, que ya no saben quiénes son cuando nadie las mira. Que les gusta de verdad, que piensan de verdad, que quieren de verdad. Han borrado tanto de sí mismas para poder encajar, que lo que queda es como una versión editada, recortadita y validada para esa aprobación de los demás. Y lo peor es que esa versión editada nunca es suficiente, porque no puedes gustar a todo el mundo. Y si lo intentas, lo único que consigues es perderte a ti. Así que te pregunto, ¿hay algo que no has hecho o que has editado de ti por miedo al que dirán? Vamos con la tercera parte de este episodio, que son los haters y la tribu. Esa diferencia que lo cambia todo. Todos sabemos lo que son los haters. Un hater puede significar odiador, personas que están todo el día o con mucha frecuencia criticando y juzgando negativamente. Pero un hater normalmente no te conoce, a un hater normalmente no le has pedido tu opinión y sin embargo emite un juicio, un veredicto asmosa sobre lo que piensas, dices o haces. Y también sobre tus gustos o tu apariencia. Pueden comentar cualquier cosa porque su ego inseguro necesita proyectar que son importantes. Por eso, la crítica del hater no habla de ti, habla de él. Y por eso no hay nada que defender, nada que explicar y nada que justificar a estas personas. Por favor, no pierdas ni un segundo de tu valioso tiempo hablando o contestando a un hater. Y ahora te hago una pregunta muy importante también. ¿Alguna vez has visto a una persona feliz criticando a los demás? Porque los haters tienen siete características comunes que te voy a contar ahora y que te desarrollo en la opinión de los demás. Y quiero que escuches con mucha atención. La primera es la inseguridad. Las críticas frecuentes nacen de sus propias inseguridades y baja autoestima. Quien no se siente a gusto consigo mismo tiende a proyectar esa insatisfacción hacia los demás. La segunda es la proyección. Esto es un mecanismo de cual las personas atribuyen a otros características, pensamientos o sentimientos que en realidad residen en ellos mismos. La tercera es la sombra. Cuando nadie ha pedido su opinión, la crítica se emite desde la sombra que busca apagar a los demás. Debido a estas inseguridades y frustraciones, esa persona siente un deseo subyacente de posicionarse por encima del otro para sentirse un poquito mejor consigo mismo. La cuarta es el anonimato la cobardía y la disociación. La ley digital ha contribuido a la expansión masiva de las críticas anónimas, permitiendo a las personas esconderse detrás de una pantallita sin tener que asumir las consecuencias directas. La quinta es la falta de empatía. Las personas inseguras suelen ser tremendamente egocéntricas, estando más pendientes de sí que de los demás. Creen que opinar es más importante que las consecuencias o que el impacto que pueda producir en el otro y sienten una falta de atención. La sexta es la frustración. La insatisfacción personal hace que la apatía y la negatividad sean la fuerza principal sobre la que sostenerse. En lugar de reconocer y hacerse cargo de sus frustraciones, externalizan su tristeza o rabia a través de la crítica. Y la séptima es el miedo. La crítica y el odio son expresiones del miedo. Miedo a lo desconocido, a la diferencia, al cambio y a la insignificancia. En el miedo yacen todas las inseguridades y límites, personales que no siempre somos capaces de reconocer. Y lo contrario no es la valentía, es el amor. Y donde hay amor, hay aceptación. Empezando por la aceptación propia y extendiéndose a la de los demás. Y ante tanta gente desconectada de sí misma, es importante que sepamos reconocer a nuestra tribu. Tu tribu son las personas que te conocen, te respetan y te quieren tal y como eres. Y a veces esas personas también te dicen cosas que no te gustan o que no quieres escuchar. La diferencia es el origen, desde donde lo dicen. La crítica de tu tribu viene del amor, no del miedo. Viene de querer que crezcas, no de querer que te cuestiones o te machaques. Y generalmente va acompañada de algo más. De preguntarte cómo estás, de escucharte activamente, de estar cuando lo necesitas de verdad. Así que el test definitivo para hacer cuando te juzgan, cuando alguien te critique, hazte estas preguntas antes de responder o de reaccionar. ¿Esa persona me conoce de verdad? ¿En lo que dice que yo misma no quiero ver? Si la respuesta a la primera es un no, pasa, suelta. No hay nada más que hacer ahí. Y si la respuesta a la segunda es un sí, siéntate con eso. Porque la crítica que más duele es casi siempre la que toca algo que ya sabes, pero no has querido mirar. O aquella que toca un miedo o una inseguridad que todavía no has querido afrontar. Entonces, cuando una crítica nos duele mucho, tenemos que saber distinguir si nosotros también pensamos eso de nosotras inconscientemente o si realmente es algo que nunca nos hemos cuestionado y tenemos que sentarnos a tener nuestra propia evaluación. Yo siempre pongo ejemplos absurdos como que si alguien te dice que tienes el pelo azul y tú no tienes el pelo azul, te da exactamente igual que te diga qué feo es tu pelo azul. Porque tú estás segura de que eso no es así. Tú estás segura de que no tienes el pelo azul y que no es feo. Sin embargo, si una crítica te duele mucho, esté tocando un punto de dolor que conviene revisar. No porque sea verdad, ahí tienes que hacer el ejercicio, sino porque es algo que necesitas trabajar. Y ahora viene una de mis partes favoritas, que es el giro que tenemos que darle. Y quizá te pueda sonar un poco duro, pero es lo más liberador que te voy a decir hoy. No eres tan importante para nadie. La gente no está pendiente de ti como tú crees. Es tu ego egocéntrico quien te hace pensar así. ¿Y por qué? O vive en el centro de tu propio universo. Tú eres el protagonista de tu película y desde ahí asumes que también eres el protagonista de la película de los demás. Pero no lo eres. Ellos también tienen su propia película y están demasiado ocupados siendo protagonistas de la suya. Esa persona que miraste en el supermercado y pensaste que te estaba juzgando, estaba probablemente pensando en lo que iba a cenar esa noche. El compañero de trabajo que crees que te está evaluando en cada reunión está pensando en su propia presentación. La familia que crees que habla de tus decisiones en Navidad lleva cinco minutos haciéndolo y después sigue con su vida. Y sí, habrá momentos en que la gente piense en ti y habrá momentos en que la gente opine, pero es mucho menos tiempo del que imaginas. Y cuando lo hacen, su opinión dice mucho más de ellos que de ti. Entonces aquí la pregunta es, ¿cuánta energía estás gastando en gestionar la opinión de las personas que en realidad apenas están pensando en ti? Recuerda este mantra que tantas veces hemos dicho, no eres tan importante. Cuéntame si te apetece, si te ha pasado alguna vez de angustiarte por cómo te vería alguien y luego darte cuenta de que esa persona ni siquiera se acordaba, ni siquiera pensó en ti. Y ahora vamos con la parte final, el ejercicio, cómo empezar a liberarte. Es sencillo, pero creo que es valioso si lo haces con honestidad. Coge un papel y un boli y escribe todas las cosas que no haces o que has dejado de hacer por miedo. Pueden ser cosas grandes como cambios laborales, emprender, hablar de lo que realmente importante para ti o pueden ser cosas pequeñas. Decir lo que piensas en una conversación, publicar algo que tienes ganas de publicar, cambiar algo en tu vida, vestirte de determinada manera, perseguir un sueño o una ilusión, dejar algo que te pesa muchísimo y te elimina, atreverte a tener esa conversación pendiente, compartir cómo te sientes, mostrándote vulnerable. Y al lado de cada una, escribe qué harías si supieras que nadie te va a juzgar. Y luego, elige una sola cosa de esa lista, con una es suficiente, y hazla esta semana. Y esto no es para demostrar nada a nadie, ya lo sabes, sino para demostrártelo a ti. Y para poder ver con perspectiva en esta lista cómo estás dejando pasar tus miedos, tu esencia, tus deseos, por el que dirán, por la opinión de los demás, cómo estás dejando de priorizar, cómo estás dejando de vivir. No olvides la pregunta de si mañana cayera un meteorito que acabase con todo, ¿de qué te arrepentirías? Porque la vida es ahora. Así que realmente la pregunta del meteorito no es una pregunta sobre la muerte, es una pregunta sobre la vida. No hay nadie que vaya a darte permiso para ser tú, nadie que apruebe tus decisiones al 100%, nadie cuyo visto bueno necesitas para empezar a vivir desde ti. Ninguna opinión externa puede hacerte tanto daño como traicionarte a ti misma. Eso lo escribí en el libro, y lo mantengo y lo mantendré siempre. Así que si quieres, trabajar más en profundidad. ¿Por qué te afecta tanto? ¿Qué hay detrás? ¿Cómo salir de la necesidad de aprobación constante? ¿Cómo construir una autoestima que no dependa de los demás? ¿Cómo reconectar con tu verdadero ser? Todo esto lo desarrollo en mi libro La opinión de los demás está de más que puedes encontrar en Amazon, en Mercado Libre o en librerías. Así que verás herramientas, historias y ejercicios para aplicarlo en tu día a día. Te voy a dejar también el enlace en la descripción. Y si este episodio te ha hecho reflexionar, te ha hecho parar o te ha ayudado de alguna manera, dale a me gusta para que llegue a más personas. No olvides suscribirte al canal para no perderte ningún episodio y nos vemos la próxima semana. Nos escuchamos en el próximo episodio y recuerda que el éxito en la vida es estar en paz y para ello necesitas una buena dosis de amor propio y mantener el ego a raya. ¡Hasta la próxima!