La Mina Embrujada de Guanajuato - Octubre de Relatos Vol. 8
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Una historia de Zacatecas relata un encuentro inquietante de un niño con una criatura con alas y cuernos en la carretera, que se conecta con una leyenda de gárgolas en Tijuana. El relato se profundiza con la experiencia de un abuelo en Guanajuato, que durante su trabajo en una mina escucha la voz de su hermano muerto y ve una figura pequeña en un túnel. Aunque inicialmente cree que se trata de un error, descubre que otros trabajadores han visto seres similares que imitan voces familiares. Su abuela, al reconocer la misma figura en una reunión familiar, afirma que la criatura "cuida" la familia y pide una bendición. Juan, el joven que escuchó la voz, se va de la región, dejando a su abuelo con un profundo miedo persistente. Años después, el abuelo escucha nuevamente la voz de Juan en su casa, lo que le genera dudas sobre si la presencia sobrenatural ha continuado. La historia sugiere que las experiencias parecidas en diferentes lugares de México podrían estar ligadas por costumbres locales de silencio y miedo, como evitar chiflar en ciertos lugares. Aunque no hay pruebas concluyentes, los relatos revelan una creencia profunda en la existencia de seres invisibles que observan y comunican a través de voces familiares, manteniendo un enlace emocional entre generaciones.
Escuchamos una voz a Yavago, en la mina, parecía venir de adentro de un túnel que tenía años clasurado, no había forma de que hubiera alguien ahí, pero había algo peor que escuchara una voz ahí dentro, esa voz, era la de mi hermano muerto. Continuamos con un muy interesante octubre de relatos, en esta ocasión con historias que nos llevan a algunos de los estados de México, mes llenos de legendas, y es que, que el lugar más embrujado que, por ejemplo, Guanajuato. Por cierto, recuerden que ya está disponible el primer episodio de relatos en la noche, Brujas en Disney Plus, y que vienen tres episodios más todavía, espero que les esté gustando esta versión de relatos en la noche, como nunca lo habían visto antes. Por lo pronto es hora de pasar a nuestras historias de hoy, la primera parada es en Zacatecas, esperamos que disfrutes la función. Estas escuchando relatos de la noche. Hola, Oriel, ¿cómo estás? Mi nombre es José. Soy originario Zacatecas, de un ranchito que se llama San José de Lordes, que está por fresnillo. Actualmente vivo con familia en Estados Unidos, en Wisconsin, pero quiero contarte algo que me pasó cuando todavía vivíamos en México, hace aproximadamente cuatro años, cuando era un niño. Todavía está hace poquito pensaba que lo que había visto aquí ya noche era algo que solamente nos había pasado nosotros, hasta que este verano escuché una de tus historias mientras acompañaba a mi papal trabajo. Más adelante te voy a contar cuál fue, porque fue precisamente por esa historia que me animais a escribirte. La verdad es que todavía tengo muchas preguntas sobre lo que vimos, sobre todo por algo que dijo mi abuelo si es después. Pasó en el 2022, un tío mío se dedica a rentar mesas y sillas para fiestas, y también ofrece servicio de meseros para eventos. Y un día le saló mis papás para preguntarle si podían ayudarlo con una fiesta bastante grande, que tienen un polo cercano al nuestro, llamado Plenitud. Al parecer, le había faltado personal y necesitaba gente de confianza, así que mis papas aceptaron ayudarle. Yo me fui con ellos porque esta edad casi siempre se acompañaba a todas partes, y además me gustaba ir a las fiestas aunque fuera para trabajar. A mí realmente no me ponía a hacer gran cosa. Me encargaba de llevar bebidas, acercar algunas cosas a las meseras o ayudar a recoger lo que me pidieran. Recuerdo que había bastante gente y que terminamos mucho más tarde de lo que esperábamos. Pero cuando empezábamos a guardar las cosas, yo ya estaba muy cansado. Tenía muchísimo sueño y solamente quería llegar a mi casa. No recuerdo exactamente que ahora salimos a Plenitud, pero ya era bastante tarde. Noche, en el vehículo íbamos mi papá manejando, mi mamá, yo, y una de las señoras que había estado ayudando en el evento. El camino es regreso a la porcarretera. Ya vi a tramos donde prácticamente no se veía nada, solamente lo que alcanzaban a iluminar los faros. Por aquella zona siempre existí su cierta preocupación por encontrarse con los malos, con la gente del crimen organizado, especialmente cuando uno anda viajando tan tarde. Me acuerdo que mis papás hablaban de eso cuando teníamos que salir de noche. Por lo mismo mi papá procuraba no detenerse sin verá necesario. Yo iba metido dormido, escuchando lo que platicaban los adultos, cuando de pronto sentí que el carro comenzó a bajar velocidad. Mi papá había visto algo en medio de la carretera. Yo me incorporé un poco y no entendía que estaba mirando, pero luego pude extinguir una especie de bolsa negra de basura, de esas grandes que se utilizan para recoger de desperdicios. Estaba justo donde pasaban los carros, y tenía algo adentro, o por lo menos eso parecía, porque se veía muy abultada. Lo extraño era que se movía, se notaba que había algo moviéndose adentro. Mi papá dijo que seguramente alguno animal se había quedado autorado en una bolsa, y que había terminado en medio del camino. Recuerdo que incluso le dio un poco de risa, porque aquello se veía bastante raro, y el lugar de bajarse decidió acercarse de espacio, echarlo a las luces y tocar el claxón para ver si el animal se espantaba y se quitaba. Fue entonces cuando vimos lo que realmente había ahí, la bolsa comenzó a levantarse, comunidad, pero de la manera muy difícil de explicar. Lo que nosotros sabíamos confundido con plástico negro, empezó a abrirse hacia los lados, y fue cuando nos dimos cuenta de que tenía alas, unas ales grandes, oscuras, que hasta ese momento había mantenido dobladas alrededor de su cuerpo. Yo me acuerdo la impresión que me dio ver como se extendían, aunque estuviera con hispapaz, porque de pronto aquella cosa que parecía una bolsa tirada en el pavement, ya tiene una forma completamente distinta. Era una criatura encorbada, de color muy oscuro, y con un cabeza muy grande. Cuando levantó la cara hacia nosotros al que se distinguiera algo parecido a unos cuernos, todo pasó con las luces del vehículo dándole de frente, así que tampoco puedo decir que ubicada detalle. No, pero si recuerdo la figura de los cuernos, muy bien, todos. Mi papá se quedó mirando aquello sin poder decir nada, la criatura terminó de abrir las salas y se levantó el pavement como un pájaro muy pesado. Recuerdo que las falló con mucha fuerza como si le pesaran mucho para elevarse, y que avanzó despacito hacia unos de los lados de la carretera, y ya no lo pudimos ver. No sé que ten grande sería realmente, porque también sé que lo que veía era con mis ojos de niño, pero si puedo decir que aparecía que estaba viendo, un monstruo, algo mucho más grande que yo, más grande que cualquier ave que hubiera visto. La señora que venía con nosotros preguntó qué había sido eso, pero nadie es su por responderle. Yo esperaba algo de mis papás, de alguna forma que me calmaran, que explicaran que acabamos de ver, que ellos lo supieran. Mi mamá solamente le dijo a mi papá que sigue manejando, que ya nos fuéramos de ahí, y su voz, su voz me hizo ver que estaban tan asustados como yo, y fue bien extraño el silencio que hubo después, porque durante el resto del camino prácticamente nadie volvió a hablar, era como si tuvieramos miedo de que nos escucharan. Yo miraba por las ventanas, pensando que en cualquier momento iba a ver aquella cosa volando junto a nosotros, pero fortunadamente llegamos al pueblo sin que volviera aparecer. Ya cuando llegamos a la casa, mis papás hablaron un poquito de lo que pasó, y decidieron que era mejor no contárselo a nadie. Decían que si empezábamos a decir que habíamos visto una criatura con cuernos, y al hacen medio de la carretera, la gente se iba a burlar de nosotros. Yo también preferí quedarme callado, aunque duré mucho tiempo viendo esa cabeza con cuernos cuando me intentaba dormir. Después pasó el tiempo, seguimos con nuestras cosas y dejamos hablar un poquito a poquito de aquello. Yo pensé que nunca volvería a verlo, pero tiempo después sucedió algo que nos hizo recordar aquella noche, estamos en una reunión familiar en la casa. Era de noche y varios estábamos conviviendo afuera, en el patio, aprovechando que sea buen tiempo, que no sea tanto calor, y la noche estaba hasta fresca. Me acuerdo que estaban his papás, mi abuela y tose mis tíos. Había luzes en sentir acerca de la casa, pero si al usar bols y los terrenos del rededor, ya estaba bastante oscuro. Nosotros estábamos platicando cuando de pronto algo pasó por encima del patio. Me das calor fríos pensar en eso, porque fue una sombra muy grande que cruzó sobre nosotros, y al levantar la mirada alcanzamos a ver unas salas oscuras extendidas. Yo reconoci luego, luego la forma de aquella criatura de la carretera, esta vez pasó volando por arriba de la casa, bien bajito, lo suficientemente cerca para que varios pudiéramos distinguirla, y después sí que hacia los árboles hasta que la perdimos se vista. Me acuerdo que todos nos quedamos mirándose a donde se había ido, mi mamá estaba muy asustada, y yo comencé a decirle que era la misma cosa que habíamos visto que ya que había. regresado. Mis Dios también le habían visto, así que empezaron a preguntarnos que era, y de dónde había salido. Pero mi avuela reaxonó de una manera que a mí me sorprendió mucho, ella también había levantado la mirada. También había visto lo que pasó por encima de nosotros, pero parecía más preocupada que sorprendida como todos los demás, que tenían una cara de miedo que no podían con ella. Ella se quedó un momento mirando para los árboles, y después volteó con mis papás para preguntarle si ya habían visto antes a esa cosa. Mi mamá le dijo que sí. Entonces mi avuela les preguntó que por qué no le habían contado, enojada. Recuerdo que lo dijo como si estuviera reclamándoles algo, como si para ella fuera muy importante que le hubieran avisado desde la primera vez. Mis papás comenzaron a explicar lo que había sucedido en la carretera, pero ella lo se interrumpió y dijo algo que todavía tengo bien presente. Ya lo sanda cuidando, pero no de la forma que ustedes creen. Nadie entendió muy bien a que se refería. Mi mamá le preguntó qué quería decir con eso de que no se estaba cuidando, pero mi avuela dijo que el día siguiente iba a hablar al padre para que fuera echar una bendición fuerte a la casa. ¿Por qué? ¿Por qué dijo? Parecía que aquella cosa ya no se había echado el ojo. Eso fue lo que más me asustó. Hasta ese momento yo quería pensar que simplemente habíamos tenido mala suerte. La mala suerte de encontrarnos con un animal muy extraño en la carretera y que después lo habíamos vuelto a ver por casualidad. Pero escuchar a mi avuela hablar de esa manera, como si supiera que aquella criatura estaba interesada en nosotros, me hizo pensar que podía haber algo más. Al día siguiente mi avuela cumplió lo que había dicho, habló con el suecertote y consiguió que fuera nuestra casa para venderla. Recuerdo que estuvo rezando, que ven dijo diferentes partes de la casa allá fuera también, que vía hacia los árboles, que luego también rezó con nosotros. A mí me pidió que rezara dos padres nuestros. Yo estaba bastante nervioso porque nunca me había atacado que un sacerdote fuera la casa o algo así, pero mis papás me dijeron que no me preocupara. Que después de eso, todo iba a estar bien. Y de cierta manera, si fue, porque nunca volvimos a ver aquella criatura, aunque hubo algo que siguió pasando durante un tiempo, saben. Por los noches, especialmente cuando todos estaban silencio, cuando no había viento, ya en la madrugada, a veces escuchaban ruidos entre los árboles que había cerca de la casa. Eran movimientos bastante fuertes, como si algo pesados estuviera moviendo de una rama otra. Yo conocía a los sonidos normales de aquel lugar, porque había crecido ahí, y por eso me llamaba tanto la atención escucharlos. En ocasiones parecía que las ramas se secudían de repente, y luego todo volvía a quedarse tranquilo. Nunca llegué a ver que producí esos ruidos, y tampoco puedo asegurar que tuvieran alguna relación con lo que habíamos visto. Podían ser animales o cualquier otra cosa, pero después de lo que nos pasó, a mí me costaba muchísimo escucharlos sin acordarme de que ya salas negras abriéndose frente al carro. Con el tiempo nos mudamos a Estados Unidos y todo aquello quedó como uno de esos recuerdos en México de los que casi nunca hablamos, porque no nos gusta acordarnos. Yo seguía pensando de vez en cuando lo que había ocurrido, pero jamás había encontrado una historia que se pareciera tanto a la nuestra. Y eso cambió este verano, cuando comencé a acompañar a mi papá a su trabajo. Como quien, Wisconsin, no salgo mucho, y me aburro bastante cuando me quede en casa, preferirme con hoy para ayudarlo. Durante el día me ponía escuchar relatos a la noche, y así fue como encontrar una historia que me llamó muchísimo la atención. Era la historia de la cárcola de la presa, que sucedía en Tijuana. Al principio pensé que solamente era una coincidencia. Me sorprendió que hablaran de una criatura con Álasey con una apariencia tan extraña, porque inmediatamente me acordé de lo que nosotros habíamos visto en Zacatecas, pero después olía escuchar con más atención. Y encontré tantas imitudes que me dio bastante miedo. Hasta ese momento yo nunca había llamado gárgola lo que vimos. Para mí siempre había sido aquella cosa de la cartera. Y ese animal extraño que había parecido frente al vehículo de mi papá, fue después de escuchar tu historia. Cuando comencé a pensar que tal vez lo que encontramos aquella noche era algo muy parecido lo que habían visto que ellas personas en Tijuana. Sé que esa Catecas y Tijuana están muy lejos. Y precisamente por eso me cuesta entender cómo cómo pudieron describir una criatura tan parecida. Tampoco sé si realmente se trataba de lo mismo, lo único que puedo decir es que cuando escuché aquella historia me acordé de detalles que llevaba años tratando de olvidar. Especialmente de la forma en que tenía dobladas las alas cuando lo encontramos en el pasfimento y de cómo levantó la cara cuando mi papá le tocó el claxón. Pero Uriel haya algo que todavía me causa más curiosidad que todo eso y es mi abuela. Nunca entendí que quiso decir cuando seguro que nos estaba cuidando pero que no era la forma en que nosotros creíamos. A veces pienso que mi abuela ya había visto lo mejor algo parecido, habiendo pasado toda su vida por allá en esos caminos o que conocí a alguna historia de que era región que nosotros todavía no. A veces pienso que mi abuela ya había visto algo parecido, habiendo pasado toda su vida ya. Me gustaría mucho preguntárselo porque siento que ella sabía bastante más lo que quiso decirnos aquella noche. Por eso me animé a mandarte este correo, no sé si alguien de la comunidad haya visto una criatura parecida en sacatecas o en algún otro lugar, pero me gustaría conocer sus experiencias. Buenas noches comunidades relatos. Quisiera convertirles una historia que me contó mi abuelos algunos años y que ocurrió hace mucho cuando él era joven allá por los años 70 en una mina de Guanajuato. Les puedo decir que se encuentre en la región del cerro del cubilete y que mi abuelo trabajó ahí durante muchos años. Él se llamaba Leonardo, aunque todos le decían Leo y era una persona bastante seria para contar estas cosas de fantasmas. De hecho, durante mucho tiempo yo pensé que no creía en nada de lo sobrenatural porque cuando mis tíos empezaban a contar historias aparecidos en alguna reunión, mi abuelo casi siempre se quedaba cayado. A veces se reía de lo que decían, pero nunca se ponía a contar sus propias experiencias. Por eso me sorprendió tanto una noche después de que le pregunté algo tan normal como "porque no le gustaba que chiflaramos, que silbáramos dentro de la casa". Termino contándome lo que había vivido en la mina. Desde que yo estaba un niño me abuelo tenieso a costumbre de pedirnos que no silbáramos cuando ya ves parecido. Si estábamos jugando en el patio, o alguno empezaba a chiflar, el salía de círrons que ya le paráramos. Tampoco le gustaba que lo llamaran de otra habitación. Si necesitábamos algo, prefería que fuéramos hasta donde estaba. Una vez cuando yo tendría unos 10 o 11 años, le pregunté por qué se me le estaba tanto con eso, y me dijo que cuando uno escucha que lo llaman, es muy importante siempre saber quién le está hablando. Yo pensé que estaba promendo, pero él se quedó muy serio. Años después os voy a preguntarle, ya siendo más grande, y fue cuando me contó que durante una temporada había tenido mucho miedo de escuchar su propio nombre. De no ver quién lo llamaba. Me acuerdo que estábamos a fora de su casa, después de cenar, y que empezó hablando de un compañero suyo. Juan, me dijo que lo había conocido muy joven, un muchacho más humano de su edad, muy trabajador, que tiene una familia bastante grande y que siempre andaba viendo la manera de conseguir dinero extra. Los hostias vaban bien porque les tocaba trabajar juntos con frecuencia, sobre todo cuando había que revisar tuberías o instalaciones en los niveles más viejos de la mina. Mi abuelo me explicó que en aquellos años había partes de la mina que prácticamente ya no se utilizaban, pero que todavía tenían instalaciones que devían revisarse de vez en cuando. Hay viatunles donde las fías estaban deterioradas, lugares con bastante humedad, y otros donde las figas de madera llevaban tanto tiempo puestas, que los trabajadores procuraban no quedarse más en un necesario. También no contó que algunas que leerían
estaban cerradas con piedra porque ya no era seguro entrar. Él conoció bastante bien esos lugares, aunque decía que incluso los trabajadores con más experiencia podían confundirse cuando bajaban a un sector donde echaban meses sin trabajar. Las lámperas de aquellos tiempos tampoco eran como la seahora y había tramos donde prácticamente todo lo que no alcanzaba a ver y era el pedazo de túnel que tenía en frente. Una tarde los mandaron a revisar una tubería de agua en uno de esos niveles antiguos. Mi abuelo no se acordaba de la fecha exacta pero sí de que habían bajado después de comer y que calculaban terminar antes del cambio de turno. Juan llevaba algunas herramientas y me abuelo una libreta donde anotaba las medidas y las piezas que necesitaban reemplazar. Me contó que durante el camino estuvieron platicando de una fiesta la que Juan quería ir el fin de semana porque le gustaba mucho bailar y siempre andaba buscando cualquier pretexto para salir. De hecho eso era algo que me abuelo recordaba mucho de él, que tenía buen humor y que podía pasarse toda la jornada contando cosas de su familia. Cuando llegaron al sector donde debían trabajar tuvieron que caminar por un túnel bastante estrecho hasta encontrar una bifurcación, uno de los caminos estaba cerrado desde hace años y el otro llevaba la instalación que van a revisar. Se acomodaron junto a la tubería y empezaron a trabajar. Llevaban un buen rato ahí cuando me abuelo a escuchar que alguien estaba llorando. Al principio no creyó lo que estaba escuchando porque la mina había sonidos que se confundían mucho con voces, sobre todo cuando el agua pasaba por alguna abertura o caía desde cierta altura. Es bien raro el efecto que puede hacer el eco en el cerebro humano, pero Juan también lo escuchó y le preguntó si había alguien más trabajando por aquel lado. Me abuelo le dijo que no sabía, aunque le parecía raro porque no habían visto a nadie de este que entraron a ese nivel. Dejaron esas herramientas un momento para escuchar mejor y entonces se dieron cuenta de que el llanto venía del túnel que estaba cerrado. Mi abuelo me dijo que son nada como niño, aunque por momentos parecía que alguien estaba tratando de hablar mientras lloraba. Juan fue el primer que se acercó, caminó unos metros hasta la pared de piedra y preguntó si había alguien ahí. Mi abuelo se quedó un poco más atrás, alumbrándose el túnel. Fue entonces cuando escucharon que alguien pedía ayuda. Mi abuelo decía que la voz sonaba muy bajita como si viniera de ese bastante lejos, aunque ellos estaban prácticamente frente a la pared. Juan volvió a preguntar quién estaba allí y la persona respondió llamándolo por su nombre. Mi abuelo se acordaba muy bien de eso porque Juan se quedó quieto, con la lámpara puntándose de las piedras y durante un buen rato no pudo decir nada. Después se escucharon otra vez la voz, que le pidió que la ayudara a salir. Mi abuelo se acercó para preguntarle que estaba pasando pero Juan le dijo que se cayara. Se veía muy asustado y tenía los ojos llenos de lágrimas. Mi abuelo pensó que quizás había reconocido a alguien así que le preguntó quién estaba hablando. Juan tardó en los ponderle y finalmente le dijo que era la voz de hermano mayor, que había muerto varios años antes. Mi abuelo conocía bien en su historia. Sabía que Juan había perdido un hermano un accidente y que le había afectado muchísimo porque los dos habían sido muy unidos escenillos. Por eso cuando los escuchó decir aquello, pensó que se estaba confundiendo. Le dijo que seguramente alguien se estaba jugando un abromance de otro túnel, aunque tampoco entendía cómo podía haber una persona de trase aquella pared. Juan insistió que era su hermano y volvió a acercarse, como querían de escuchar mejor. Entonces la voz le dijo algo que mi abuelo no alcanzó a entender y Juan empezó a llorar y le pidió que lo sacara de ahí. Mi abuelo lo agarró del brazo y le dijo que se fuera, que no tenía caso quedarse hablando con alguien a quien ni siquiera podía enver. Fue cuando los dos se escucharon una risa detrás de las piedras. Mi abuelo me explicó que eso fue lo que me hace miedo le dio, porque hasta ese momento había pensado que quizás realmente había una persona trapada en algún túnel del otro lado, pero aquella risa sonó como la de un niño pequeño, aunque apenas unos segundos antes les había estado hablando como un hombre adulto. Recugieron las herramientas y se regresaron sin terminar el trabajo. Durante el camino Juan casi no habló. Mi abuelo le preguntó varias veces y se sentía bien, pero solamente le decía que quería salir de ahí. Cuando llegaron a una zona donde había otros trabajadores, se sentaron un rato descansar y Juan le contó que la voz había sido exactamente la de su hermano, que incluso le había hablado de una manera que solamente él utilizaba, que solamente su hermano conocía. Mi abuelo trataba de convencer lo de que había sido una confusión, aunque él también había escuchado aquella voz y no podía explicar de dónde venía. Lo que me hace le preocupaba ver a que alguien pudiera estar encerrado detrás de la pared, así que acordaron comentarlo el día siguiente con uno de los trabajadores más antiguos de la mina. Ese trabajador era un señor al que todos conocían como ramiras. Mi abuelo decía que ya era grande cuando yo centraron a trabajar y que llevaba tantos años en la mina que conocieron lugares donde muchos de los trabajadores jóvenes nunca habían estado. Lo buscaron antes de comenzar la jornada y le explicaron lo sucedido. Ramír los escuchó sin interrumpirlos, le despregunto exactamente en qué parte había noído las voces. Cuando mi abuelo le describió el túnel, el señor se quedó pensando en rato y les preguntó si alguno de los dos había respondido. Juan le dijo que él sí que había hablado con la persona que estaba detrás de la pared. Ramírez le preguntó que le había contestado y Juan le explicó lo de su hermano. Mi abuelo decía que el señor no pareció sorprendido, que solamente les preguntó si habían visto a alguien y cuando le dijeron que no les recomendó que dejaron las cosas así. Mi abuelo insistió porque necesitaban regresar a terminar el trabajo y quería saber si había algún peligro en aquel sector. Fue entonces cuando Ramírez les contó que muchos años atrás había trabajado con un hombre que asegura escuchar la voz de su esposa en uno de los niveles abandonados. La mujer vivía a otro pueblo, jamás había entrado en la mina, pero aquel trabajador decía que le escuchaba llamándolo mientras revisaba unas instalaciones. Al principio nadie le creyó, hasta que una tarde Ramírez fue lo acompañó y también escuchó a una mujer hablando de ese un túnel donde no había nadie. Mi abuelo le preguntó que había pasado y Ramírez le dijo que se había venido de ahí que tampoco se quedaron investigar. Después le se explicó que algunos mineros hablaban de unos seres pequeños que vivían en las partes más viejas de los herros que se metían en las minas también. Les decían los chiquitos, aunque habían quienes aseguraban que eran duendes. Según Ramírez algunos trabajadores los habían visto de lejos, escondidos entre las vigas o lugares donde apenas alcanzaba entrar la luz de las lámparas. Mi abuelo le preguntó si le había visto alguno, que el señor le respondió que una vez había alcanzado a distinguir a uno, pero que preferían no volver a encontrárselo. Lo que terminó preocupando a mi abuelo fue que Ramírez le dijo que aquellas cosas podían imitar voces, que a lo largo de los años había escuchado suficientes historias trabajadores, que reconocían las voces de los familiares dentro de la mina. Algunos aseguraban que las voces los llamaban desde túneles cerrados, y otros decían haberlas escuchado mientras se abajaban completamente solos, y Ramírez no les contó nada más. Tampoco quiso acompañarlos cuando le pidieron que regresara con ellos al nivel. Les dijo que si la tubería necesitaba una reparación, su mejor hora solicitar que los enviaran con otros trabajadores. Antes de irte, le pidió a Juan que tuviera cuidado, que no volviera contestarle a nadie que lo llamara desde que lugar. Pasaron varios días antes de que mi abuelo y Juan regresaron al sector, finalmente les asignaron terminar al revisión, pero esta vez iban acompañados por otro trabajador que conocía las instalaciones. Mi abuelo decía que Juan estaba muy nervioso desde que supo que tenían que volver. Durante el camino, casi no habló, y cuando llegaron a la bifurcación le pidió que no se acercaran en la pared. Los tres se pusieron a trabajar y durante un buen rato todo estuvo tranquilo.
Mi abuelo me contó que ya estaban terminando cuando escucharon que algo se movía arriba de ellos. En aquella parte del túnel había varias vigas de madera que sostenía en el techo y el sonido parecía venir de una de ellas. Pensaron que quizás había desperdido una piedra, pero después escucharon algo parecido a unos pasos, como siendo viera un animal caminando por la madera. Mi abuelo levantó la lámpara y alcanzó a ver una mano agarrada de una viga. Eso fue lo primero que distinguió. Me dijo que parecía la mano de una persona, aunque era demasiado pequeña y tenía los dedos muy largos. Pensó que podía ver algo trabajando arriba, pero cuando alumbró un poco más lo que había una figura cachada sobre la madera, era pequeña, más o menos de la estatura de un niño de siete o ocho años, y llevaba una ropa muy vieja, que parecía estar cubierta de polvo. Tenía los brazos largos y el cuerpo encorbado. Me abuelo me decía que al principio creyó que estaba viendo un señor muy bajito, porque la cara que alcanzó distinguir era la de una persona grande, con muchas arrugas y el cabello largo. Se quedó mirándolo porque no entendía cómo ve llegado hasta ahí ni que estaba haciendo encima de las figas. Juan se dio cuenta de que mi abuelo estaba alumbrándose al techo, y también levantó su lámpara. Cuando había aquella persona le preguntó quién era. La figura se movió un poquito, como si estuviera tratando de acomodarse mejor sobre la madera, y entonces los dos escucharon una voz que decía el nombre de Juan. Me abuelo me contó que reconoció inmediatamente la voz que habían escuchado detrás de la madera, y Juan también la reconoció porque empezó a retroceder, y le pidió que se fueran. La figura se llegaba echada sobre la viga, observándolos, y cuando Juan dió media vuelta volvió a llamarlo. Esta vez dijo su nombre de la misma manera en que lo había hecho su hermano muerto. Mi abuelo alcanzó a ver que aquella cosa tenía la boca abierta mientras hablaba, y fue entonces cuando Juan comprendió que no estaba haciendo la voz, sino que la voz salía de ella. Los tres dejaron las herramientas y comenzaron a caminar esa la salida. Me abuelo decía que no se atrevía a correr porque el suelo estaba muy disparo, pero que iban tan rápido como podían. Durante un tramo escucharon que algo se movía sobre las figas, siguiéndolos. La niva delante y de pronto empezó a decir que su hermano estaba llamándolo otra vez. Me abuelo también escuchaba la voz, aunque yo no sabía exactamente de dónde venía. Cuando llegaron a la vifurcación, se tuvieron un momento para esperar al otro trabajador que se había quedado un poco atrás, y abuelo aprovechó para gubrarse el túnel, y alcanzó ver nuevamente que ya figura, ahora parada sobre el suelo, a varios metros de distancia. Me dijo que era más pequeña de lo que había pensado, y que tenía una postura muy extraña, porque los brazos le colcaban hasta los rodillas. La criatura se quedó mirándolos hasta que los tres salieran del lugar. Me abuelo seguraba que nunca había sentido tanto miedo dentro de la mina. Había tenido accidentes, había visto de rumbes, y conocía a los peligros de trabajar a Pacotierra, pero aquello era algo que no podía explicar. Cuando regresaron con los demás trabajadores, Juan estaba temblando y no quería hablar con nadie. Me abuelo contó que vean visto a una persona pequeña en uno de los túneles, y que era necesario revisar quién había entrado a ese sector. Algunos se rieron de ellos, otros les preguntaron si habían visto a los chiquitos. Me abuelo decía que fue la primera vez que escuchó a varios trabajadores hablar de que ellas criaturas como si fuera algo que todos conocían, aunque nadie quisiera reconocer lo delante de los superiores. Después de eso, Juan empezó a faltar al trabajo. Me abuelo pensó que estaba enfermo, pero cuando fue a buscarlo a su casa, lo encontró muy cambiado. Me contó que siempre había sido un muchacho alegre, de los que estaban haciendo bromas a cada rat y que aquella tarde apenas quiso salir a recibirlo. Juan le dijo que llevaba varias noches escuchando su hermano en el patio, que lo había seguido. La primera vez había pensado que estaba soñando, pero después volví a escucharlo cuando estaba completamente despierto. Decía que la voz aparecía casi siempre después de media noche y que algunas veces parecía venir de la barda que separaba a su casa de un terreno valdío. Me abuelo trató de tranquilizarlo, pero Juan le contó algo que terminó asustándolo también. Una noche mientras estaba costado, Juan escuchó que su hermano le pedía que salir al patio. Parecía que necesitaba hablar con él, y que por favor no lo dejara esperando. Juan se levantó y se acercó una ventana que daba hacia la parte de atrás de la casa. Había algo de luz porque la luna estaba bastante clara, y desde ahí alcanzó a distinguir a una persona gachada junto a la barda. Pensó que podía tratarse de algún muchacho que se había metido a robar, hasta que aquella persona se levantó un poquito y volvió a llamarlo. Juan no pudo verle bien la cara, pero alcanzó a distinguir que era muy pequeña, y que llevaba algo parecido un casco de minero. Se quedó mirándolo unos segundos y después apartó de la ventana, no volvió a acercarse hasta que amaneció. Mi abuelo le preguntó si estaba seguro de lo que había visto, y cuándo le respondió que sí, le dijo que había tomado la decisión de irse de Guanajuato. Ya no podía seguir viviendo ahí, tenía un familiar en otro municipio, y pensaba quedarse con él mientras conseguía trabajo. Mi abuelo intentó convencer lo de que descansar unos días antes de tomar una decisión, pero cuándo le dijo que ya tenía sus cosas preparadas, y se despedieron aquella misma semana. Mi abuelo me contó que lo acompañó hasta donde iba a tomar el transporte, que estuvieron platicando de cosas normales durante el camino. Antes de irse, Juan volvió a hablarle de lo que había ocurrido en la mina y le pidió que, si alguna vez escuchaba su voz dentro de aquellos túneles, no fuera a buscarlo. Mi abuelo le dijo que no se preocupara, que seguramente no volverían a entrar a ese nivel. Juan le respondió que ojalá fuera cierto, y se marchó. Mi abuelo nunca volvió a verlo. Durante un tiempo preguntó por él a algunos conocidos, pero solamente supo que había conseguido trabajo en otra parte, después perdieron el contacto. Me decía que en aquellos años era bastante común que los trabajadores se fueron otras minas, y que si no tenían familiares cerca, podían pasar a muchos años sin volver a saber de ellos. Lo que si recordaba bien era que Juan se había marchado muy a su estado y que, durante las últimas semanas que trabajaron juntos, había dejado de ser mucho hecho alegre que todos conocían. Mi abuelo continuó trabajando en la mina durante muchos años, aunque procuraba mantener ese lejos de aquel nivel. Me contó que en alguna ocasión tuvo que pasar por un túnel cercano, y escuchó que alguien le chiflaba los lejos. No pudo saber si era todo trabajador, pero se acordó de lo que le había dicho ramíres, y prefirió seguir caminando, no fuera a ser que escucharon a vos. También me dijo que, después de aquella experiencia, empezó a poner más atención a las historias que contaban sus compañeros. Había quienes aseguraban haber visto personas pequeñas entre las instalaciones, y otros que hablaban de voces que salían de las galerías abandonadas. Nunca supo que tanto había desierto en esas historias, pero él había visto a una de aquellas cosas, y eso le bastaba para no querer volver a encontrarse con otra. Pasaron muchos años y me abuelo dejo de trabajar bajo tierra. Se dedicó otras cosas y terminó jubilándose. Para cuando yo nací y era un señor bastante tranquilo que pasaba mucho tiempo en su casa, cuidando plantas y arreglando cualquier cosa que se descompusiera. Si alguien le preguntaba por su trabajo en la mina, contaba historias de sus compañeros, de los accidentes que habían tenido o de las dificultades de aquellos tiempos, pero nunca mencionaba lo que le había visto en aquel túnel. Yo me enteré de todo eso cuando llera grande, y después de escucharlo, entendí por que le molestaba tanto que les silbáramos por las noches. Lo último que me contó aquella vez fue algo que había sucedido cuando él ya llevaba varios años fuera de la mina. Me dijo que una madrugada se esperó porque escuchó que alguien estaba hablando en el patio. Primero pensó que podía ser alguno de sus hijos, pero después reconoció una bosque
que llevaba muchísimo tiempo sin escuchar. Era Juan, le estaba hablando por su nombre, le pedía que saliera un momento. Mi avuelo se quedó acostado, escuchándolo. No podía creer que después de tantos años estuviera oyendo otra vez a su antiguo compañero. Pensó que quizás Juan había regresado a buscarlo, aunque no entendía que podía estar haciendo en su casa esas horas. La voz volvó a llamarlo, y mi avuelo se levantó para somarse por la ventana. Me dijo que no había absolutamente nada. El patio estaba vacío, y la puerta quedaba hacia la calle sella cerrada. Se quedó un rato esperando por si volví a escuchar algo, pero ya no hubo ningún ruido. Reversó a la cama y no pudo dormir durante el resto de la noche. A la mañana siguiente le preguntó a mi avuelo se había escuchado a alguien que lo llamara. Ella le dijo que no había oído ninguna voz, pero que sí se había despertado porque alguien estuvo chiflando afuera de la casa. Incluso había pensado que era alguno de los vecinos que regresaba de una fiesta. Mi avuelo le preguntó si se había somado y ella le respondió que no, que solamente había esperado que dejar a descucharse. Cuando el término de contarme eso, le pregunté si creía que aquella criatura de la mina lo había seguido durante todos esos años. Mi avuelo me dijo que no sabía. Tampoco estaba seguro de que hubiera sido la misma cosa que vieron él y Juan, porque nunca volvió a verla. Pero sí me dijo que aquella madrugada había escuchado a la voz de ese compañero tan claramente como cuando trabajaban juntos y que eso era lo que más le había preocupado. Le pregunté si alguna vez había intentado averiguar que había pasado con Juan y me dijo que no, que después de tantos años ya ni siquiera sabía dónde buscarlo. Mi avuelo falleció hace tiempo, nunca volvió a saber de qué historia con tanto detalle. A veces pienso que debía hacerle más preguntas, sobre todo cerca de Ramírez y de las otras personas que seguraban haber visto cosas dentro de la mina. Ahora que yo trabajo en este mismo sector, he conocido trabajadores que también tienen sus historias, aunque la mayoría prefiere no hablar de ellas mientras está trabajando. Algunos todavía conservan costumbres muy parecidas a las que tenem avuelo, como evitar chiflar en ciertos lugares, o no responder cuando escuchen que alguien los llamas de Sion Tunel, donde saben que no hay compañeros. Yo nunca he vivido algo parecido lo que me contó mi avuelo, y espero que siga siendo así. Pero todavía me acuerdo de cómo se puso aquí ya noche cuando terminó de hablar de Juan, se quedó mirándose al pate durante un mal rato, y después me pidió que antes de irme, revisar a que la puerta estuviera bien cerrada. Yo le dije que sí, que no se preocupara. Cuando regresé para despedirme, me preguntó si yo había estado chiflando mientras cerraba la puerta, le dije que no. Mi avuelo sonrió, y me dijo que seguramente había escuchado mal. Yo tampoco había escuchado ningún silbido, que tengan muy buenas noches comunidades, que siguen disfrutando este octobre.
Podcast Summary
Key Points:
Un niño de Zacatecas recuerda haber visto una criatura con alas y cabeza de cuernos en medio de la carretera, una experiencia que luego se relaciona con una historia de gárgolas en Tijuana.
Su abuela, al reconocer la misma criatura en una reunión familiar, afirma que ya había visto algo similar y que la criatura está "cuidando" la familia, solicitando una bendición para protegerla.
La narración se expande con un relato de un abuelo de Guanajuato que, durante su trabajo en una mina, escucha la voz de su hermano muerto en un túnel cerrado, y luego ve una figura pequeña con ropa vieja y una voz que repite su nombre.
El abuelo descubre que otros trabajadores en la mina creen que existen seres pequeños que imitan voces y viven en túneles abandonados, y que estos pueden emitir sonidos familiares.
Juan, el joven que escuchó la voz de su hermano, termina huyendo de Guanajuato y nunca vuelve, mientras el abuelo mantiene un miedo profundo por las experiencias en la mina.
Años después, el abuelo escucha nuevamente la voz de Juan en su patio, lo que lo hace dudar de si la criatura o la voz se han mantenido activa.
Aunque no se confirma si fue la misma criatura, la historia sugiere una conexión entre experiencias parecidas en distintos lugares y culturas de México.
La narrativa concluye con la idea de que las costumbres de silencio en ciertos lugares, como evitar chiflar, pueden tener raíces en historias locales de fenómenos sobrenaturales.
Summary:
Una historia de Zacatecas relata un encuentro inquietante de un niño con una criatura con alas y cuernos en la carretera, que se conecta con una leyenda de gárgolas en Tijuana. El relato se profundiza con la experiencia de un abuelo en Guanajuato, que durante su trabajo en una mina escucha la voz de su hermano muerto y ve una figura pequeña en un túnel. Aunque inicialmente cree que se trata de un error, descubre que otros trabajadores han visto seres similares que imitan voces familiares.
Su abuela, al reconocer la misma figura en una reunión familiar, afirma que la criatura "cuida" la familia y pide una bendición. Juan, el joven que escuchó la voz, se va de la región, dejando a su abuelo con un profundo miedo persistente. Años después, el abuelo escucha nuevamente la voz de Juan en su casa, lo que le genera dudas sobre si la presencia sobrenatural ha continuado.
La historia sugiere que las experiencias parecidas en diferentes lugares de México podrían estar ligadas por costumbres locales de silencio y miedo, como evitar chiflar en ciertos lugares. Aunque no hay pruebas concluyentes, los relatos revelan una creencia profunda en la existencia de seres invisibles que observan y comunican a través de voces familiares, manteniendo un enlace emocional entre generaciones.
FAQs
En el camino de regreso, vieron una bolsa de basura con alas que se abrían, y dentro se reveló una criatura oscura con cabeza grande y cuernos que avanzó lentamente por la carretera.
Porque creía que las voces que escuchaban podían ser de personas muertas o de seres que vivían en túneles abandonados, y que el silencio evitaba que se interrumpiera el equilibrio de esas fuerzas.
Contó que en una mina, un compañero de trabajo llamado Juan escuchó la voz de su hermano muerto en un túnel cerrado, y que la criatura fue vista por ellos como una figura pequeña con ropa vieja y cuernos.
Se asustó mucho y pensó que era una ilusión o confusión; sin embargo, la voz era claramente la de su hermano, y él se quedó sin saber qué hacer.
Porque tenía características humanas como una cabeza grande y cuernos, y además se movía de forma inusual, como si estuviera viva y consciente de su entorno.
Decidió no hablar de lo sucedido con nadie, porque temía que la gente se burlara o que la historia se considerara una broma, y prefirió mantener el secreto.
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