LA MASACRE DE TLATELOLCO 🇲🇽 | HISTORIAL CRIMINAL 💀
from CriminalMente
80m 29s
La noche de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, fue un momento decisivo en la historia de México, donde el movimiento estudiantil, motivado por exigencias de libertad, democracia y justicia, fue brutalmente reprimido por el gobierno autoritario bajo el liderazgo de Gustavo Díaz Ordaz. Aunque los estudiantes comenzaron con manifestaciones pacíficas y organizadas, el gobierno respondió con violencia: el ejército y policías, incluyendo a un batallón secreto conocido como "Olympia", atacaron a miles de personas en la plaza de las tres culturas. La operación, planeada desde el Estado Mayor presidencial y justificada como una respuesta a una provocación, fue un crimen de Estado que dejó decenas de muertos, aunque el gobierno oficialmente minimizó el número de víctimas. La prensa nacional se sometió a censura, mientras que periodistas extranjeros y testigos proporcionaron testimonios que denunciaron la masacre. Esta verdad fue ocultada durante décadas, y aunque en 2005 se inició una investigación formal contra el expresidente Luis Echeverría, no se logró una condena por el delito de genocidio. La tragedia profundizó en la pérdida de confianza en el Estado, marcó la conciencia cívica de una generación y sirvió como punto de partida para movimientos sociales y políticos en América Latina. Aunque la cifra oficial de víctimas se mantuvo en torno a 30, testigos y estudios posteriores indican que el número real fue mucho mayor, posiblemente en cientos. La noche de Tlatelolco permanece como un símbolo de la lucha por la democracia y la memoria colectiva en México.
amigos bienvenidos a un nuevo capítulo de historial criminal hoy tenemos un tema muy
sensible un tema que México recuerda profundamente platelolco 1968 para
entender la noche platelolco primero hay que situarse en el México de 1968 el
presidente enturno Gustavo Diaz Ordaz él ejercía un control ferreo su
gobierno noto le da la disidencia movimientos obreros campesinos o cualquier
protesta independiente eran reprimidos al instante un ejemplo cercano fue en
1958 cuando un dirigente ferrocarrilero de nombre de metro vallejo intentó
liderar un sindicato autónomo y el gobierno lo encarceló utilizando el
delito de disolución social una figura legal vaga que criminalizaba reuniones
consideradas subversivas en lo social económico méxico atravesaba el final del
llamado milagro mexicano un periodo de crecimiento económico sostenido de
las décadas anteriores la ciudad de méxico sabía modernizado y también
sabía expandido la clase media urbana estaba en auge y las universidades crecían con ella para el
año de 1968 instituciones educativas como la universidad nacional autónoma de
méxico y el instituto politecnico nacional tenían matricula récord había
por tanto una nueva generación de jóvenes estudiantes hijos del desarrollo
que disfrutaban de mayor acceso a la educación más allá de lo que sus padres
pudieron haber soñado estos jóvenes eran idealistas eran críticos y
estaban expuestos a ideas de cambios sociales a la democracia y también a la
justicia el mundo en 1968 también estaba convulsionando era la era de la
guerra fría y de las rebeliones juveniles en diversas latitudes ese año
las noticias hablaban de protestas estudiantiles masivas por ejemplo en parís de
manifestaciones contra la guerra de Vietnam y a favor de derechos civiles en
Estados Unidos e incluso sablaba de la conocida primavera de Praga en
Czechoslovakia un intento de liberalizar el régimen comunista que terminó
aplastado por tanques soviéticos en agosto de 1968 pero también América Latina
vivía agitaciones en lugares como Argentina Uruguay o Brasil la juventud se movilizaba
contradictaduras o contra gobiernos autoritarios los estudiantes mexicanos
estaban al tanto de estos movimientos internacionales se sentían parte de
una ola global de inconformidad juvenil que exigía al mundo un lugar más
justo pero también más libre adicionalmente 1968 no era un año cualquiera para
México era el año en que el país serían filtrión de los juegos olímpicos
de verano por primera vez una nación en vías de desarrollo albergaría el
evento deportivo más grande del mundo el gobierno de diez hordas invirtió
sumas enormes de dinero se calcula alrededor de 150 millones de dólares de
la época en infraestructura y preparativos olímpicos la administración
veía en los juegos una oportunidad dorada para mostrar al mundo un México
moderno próspero y también estable pero estable en todos los sentidos tanto
económico como políticamente había un gran orgullo nacional en el juego pero
también una presión intensa todo debía lucir perfecto ante los ojos
internacionales la imagen de paz social era fundamental en este contexto
cualquier conflicto interno resultaba incómodo para el gobierno así fuera el
más mínimo movimiento las autoridades estaban decididas a proyectar orden y
estabilidad a toda costa y ello implicaba sofocar rápidamente cualquier brote de
protesta que pudiera ensuciar la fiesta olímpica en resumen los antecedentes
del movimiento de mil novecientos sesenta y ocho en México combinan factores
locales e internacionales un régimen autoritario que llevaba años sin
escuchar las demandas de apertura democrática una nueva generación estudiantil
consciente numerosa y deseosa de cambios tensiones sociales acumuladas por
la falta de libertades políticas la cercanía de un evento internacional
las olimpiadas que ponía los ojos del mundo sobre México y la inspiración
proveniente de movimientos estudiantiles en todas partes del globo todo esto
creó un caldo de cultivo propicio para que ante la chispa adecuada
estallara un movimiento social de una magnitud incalculable esa chispa como
veremos a continuación surgiría en julio de mil novecientos sesenta y ocho
encendiendo la mecha de la inconformidad en las calles de la capital
el movimiento estudiantil de mil novecientos sesenta y ocho en México tuvo
su chispa inicial a mediados de año el veintidós de julio de mil novecientos
sesenta y ocho estalló un conflicto menor pero significativo una riña
callejera entre estudiantes de dos escuelas rivales en la ciudad de
México por un lado estaban alumnos de las vocacionales dos y cinco del
Instituto Politecnico Nacional y por otro lado estudiantes de la preparatoria
particular Isaac ochetereta incorporada en ese momento a la unam lo que comenzó
como una pelea de adolescentes pronto llamó la atención de la policía al día
siguiente el plaito continuó y el gobierno decidió intervenir con mano dura
los granaderos el cuerpo antimotines de la policía capitalina y rompieron
violentamente la vocacional número cinco con el pretexto de someter a los
pandilleros a los pandilleros estudiantiles en el operativo los granaderos no
sólo a los alboratadores sino a muchos estudiantes que no tenían
absolutamente nada que ver con la trifulca e incluso llegaron a agredir a
maestros hubo destrozos y numerosos jóvenes detenidos arbitrariamente este
uso desmedio de la fuerza encendió la indignación de la comunidad de
estudiantil fue visto como una provocación y un síntoma de la represión
gubernamental que venían sufriendo desde mucho tiempo atrás los días
posteriores de julio vieron multiplicarse las protestas estudiantiles el
incidente de la vocacional número cinco actuó como un catalizador estudiantes
de distintas escuelas tanto del politegnico como de la UNAM empezaron a unirse en
solidaridad contra la agresión sufrida para colmo el 26 de julio se organizaron
manifestaciones estudiantiles en el centro de la ciudad que nuevamente fueron
reprimidas por la policía con más golpes y más detenciones la tensión como
pueden ver iba día a día en aumento entonces ocurrió algo que agravo aún más
la situación el 29 de julio o la madrugada del día 30 en un intento por
aplacar las protestas elementos del ejército mexicano fueron desplegados en
el centro histórico de la ciudad de México los militares utilizaron un vaso
caso para derribar la antigua puerta de la preparatoria de sanidad el fonso donde
algunos estudiantes habían atrincherado buscando refugio de la represión este
acto de literalmente volar la puerta de una escuela con un proyectil vulneró
flagrantemente la autonomía universitaria y además conmociónó a la opinión
pública la universidad era un espacio casi sagrado de libre pensamiento y su
invasión militar resultó totalmente intolerable para muchos incluso para
personas ajenas a este conflicto la respuesta no se hizo esperar el primero de
agosto el rector de la unam javier barros cierra un académico respetado y
nada radical encabezó una manifestación de repudio a la vulnerabilidad de
la autonomía universitaria a las doce del día barros cierra y zo la bandera
mexicana a media estén ciudad universitaria símbolo del luto por los hechos
ocurridos y luego se puso al frente de una marcha pacífica de unos cerca de
50 mil estudiantes profesores y sudadanos por las calles de la capital marcharon
en conjunto esta marcha del primero de agosto fue histórica mostra una imagen
ordenada y digna del movimiento dejando claro que los estudiantes no eran
vándalos
ni alvorotadores, si no jóvenes conscientes defendiendo sus derechos.
La participación del rector le dio una legitimidad enorme al movimiento y evidenció que
las preocupaciones estudiantiles eran compartidas por amplios sectores de la sociedad educativa.
Tras estos eventos iniciales, los estudiantes de diversas instituciones consolidaron sus
organizaciones. Ya a finales de julio y principios de agosto, sabía formado lo que
se conocería como el Consejo Nacional de Huelga, o mejor conocido por sus siglas C-N-H.
El órgano coordinador del movimiento estudiantil. En el C-N-H participaron representantes de
más de 70 escuelas de nivel preparatorio y universitario, principalmente de la UNAM y
del IPN, pero también de la Escuela Nacional de Maestros, la Escuela de Agricultura de Chapinco,
la Universidad Ibera Americana y otras más. No había un líder único, sino muchos dirigentes
estudiantiles discutiendo y acordando juntos que acciones se tomarían. En aquel entonces,
figuras como Raúl Álvarez, Marcelino Parello, Hilberto Guevara, Luis Tomás Erbantes,
Roberto, el Chino Martínez y también mujeres destacadas como Roberta, mejor como Nosida,
como Latita Vendáneo, Omirta Gómez, estuvieron entre los participantes activos en la coordinación.
A principios de agosto, el C-N-H declaró una huelga estudiantil nacional e inició la elaboración
de un pliego pretitorio, una lista de demandas concretas, dirigido al gobierno. Las demandas
del movimiento eran claras y cabe decir bastante moderadas en el fondo. No buscaban derrocar
al gobierno ni nada parecido, no se buscaba un golpe de estado, sino más bien corregir
injusticias específicas y asegurar libertades básicas, lo mínimo que se podía pedir. El pliego
pretitorio final, hecho público en agosto de 1968, constaba de seis puntos fundamentales.
Libertad absoluta a los presos políticos detenidos por motivos ideológicos o de participación
en manifestaciones. Derogación o eliminación del artículo 145 del Código Penal Federal,
conocidos como el delito de disolución social, que se usaba para criminalizar reuniones y
manifestaciones. También pedían la desaparición del cuerpo de granaderos, es decir, la disolución
de esa policía anti-motines, que ellos la habían como represiva y que había atacado
en múltiples ocasiones a los estudiantes. También se pedía y se exigía la destitución
de los jefes policia corresponsables de la represión, en particular del general Luis Cueto,
en aquel momento, jefe de la policía del distrito federal. De su segundo almando, Raúl
mendió Lea y del general Armando Frías, quien comandaba a los granaderos. También
se exigía y indemnización a los familiares de todos los caídos, porque en ese momento
ya había caídos, pero también heridos a causa de la represión desde el comienzo
del conflicto. También se exigía el deslínde de responsabilidades de los funcionarios
culpables de los hechos violentos, que con su consiguiente castigo, en otras palabras,
se pedía que investigaran y sancionaran a las autoridades responsables de la violencia
contra los estudiantes. Estas seis demandas, como pueden ver, sintetizaban el sentir
del movimiento de manera general. En el fondo, únicamente pedían justicia, libertad,
y el fin de una represión y persecución a los estudiantes. Vale la pena sobrallar
que los estudiantes no pedían nada descabellado, exigían que se respetaran derechos consagrados
en la Constitución, como la libre expresión y reunión, y que se castigara a quienes habían
abusado del poder. Con esta plataforma, el movimiento ganó aún más adhesiones, muchos
profesores, intelectuales, artistas y ciudadanos comunes impatizaron con las demandas estudiantiles,
considerándolas más que legítimas. Las universidades permanecieron en paro durante semanas
enteras, pero los estudiantes no se quedaron encerrados en ellas, salieron a las calles
en brigadas informativas, repartían volantes en mercados, plazas y camiones, colocaban
carteles, realizaban mítines de lámpago en distintos puntos de la ciudad con la intención
de explicar sus causas. Lograron que buena parte de la sociedad
capitalina, vecinos, comerciantes, choferes de autobús, se enteraran de su movimiento, y en muchos
casos lo apoyaran al menos moralmente. Elema, un eté pueblo, se volvió común en sus marchas,
reflejando el anelo de sumar a la ciudadanía. A medida que avanzaba, agosto de 1968, las manifestaciones
crecian en tamaño, pero también en frecuencia. Hubo marchas multitudinarias que sorprendieron
al propio gobierno por su gran magnitud. Una de las más grandes ocurrió el 27 de agosto,
cuando decenas de miles de estudiantes marcharon desde el Museo de Antropología hasta el
sócalo de la Ciudad de México, creando consignas y mostrando cartelones. Aquella noche
del 27 de agosto, los estudiantes incluso celebraron un meeting másivo en el sócalo,
y simbólicamente, hicieron una bandera rojinaigra, símbolo de huelga, en el hasta bandera,
en señal de una victoria temporal. La euforia y la determinación del movimiento estaban
en su total apogeo. Sin embargo, la respuesta del gobierno, ante esta demostración de
fuerzas ciudadanas, sería pronto más dura y más contundente, marcando el inicio de una
escala de tensión que desembocaría, trágicamente, en la noche de Tlatelolco.
La gigantesca manifestación del 27 de agosto y la ocupación simbólica del sócalo
representaron el clímax de la movilización estudiantil, pero también marcaron el momento
en que el gobierno decidió endurecer definitivamente su postura. Aquella misma noche del
27 de agosto tras concluir el meeting, las fuerzas del orden pasaron al contrataque. En
la madrugada del 27 de agosto, la plaza de la Constitución fue desalojada violentamente.
Aunque el ligero del ejército y cientos de granaderos entraron a la plaza para dispersar
a los últimos contingentes de estudiantes que aún celebraban o intentaban al menos
permanecer ahí, hubo disparos al aire, golpes generalizados y una vez más arrestos.
La mandera roginaigra de huelga, que los alumnos habían izado, fue retirada, reestableciendo
la mandera nacional. El gobierno quería enviar un mensaje claro, no toleraría que los
estudiantes tomaran espacios públicos indefinidamente. A partir de ese punto, la tensión entre
las autoridades y estudiantes subía un nivel, llamémosle muy peligroso. El presidente
Gustavo Diaz Ordaz, quien hasta entonces había mantenido mayormente en silencio, publicó
sobre el conflicto, hizo patente su postura en el informe del gobierno anual ante el
Congreso. El primero de septiembre de 1968, en un tono firme, pero más que firme, amenazante,
Diaz Ordaz dedicó una buena parte de su discurso a la situación estudiantil, pronunció
una frase que sería tristemente celebré.
En esas palabras, el presidente básicamente lanzó un ultimatum al movimiento, continuó
diciendo que el gobierno no permitiría que siguiera quebrantándose el orden legal
ni que se desprestigiará la imagen de México. Y dejó entre ver que utilizaría todo
los recursos a su disposición, incluyendo la fuerza, con tal de restaurar la tranquilidad.
Este mensaje fue interpretado como una amenaza directa. Diaz Ordaz legitimaba por adelantado
una acción contundente contra los estudiantes y persistían en las protestas.
a pesar del obscuro presagio, los estudiantes no se
me enterentaron inmediatamente.
De hecho, en una demostración más de ingenio y disciplina
no violenta organizaron la famosísima marcha del silencio,
el 13 de septiembre.
Ese día, decenas de miles de estudiantes
marcharon en absoluto silencio por las calles capitalinas.
Muchos compañuelos o cintas adhesivas tapando su boca como símbolo.
Sólo se escuchaban los pasos y se veían pancartas con la imagen
de Benito Juárez y leyendas que decían respeten nuestra
constitución.
La marcha del silencio impresionó la población sin una sola
consigna gritada, demostró la organización y el civismo del
movimiento y desarmola propagando oficial que pintaba los
estudiantes como revoltosos violentos.
Muchos capitalinos aplaudieron desde las banquetas
ante aquel río silencioso de jóvenes.
Sin embargo, tras esta última gran demostración pacífica,
la confrontación entró en una fase crítica.
El gobierno, sintiendo que el tiempo premiaba, ya que quedaban pocas
semanas para la inauguración de los juegos olímpicos del 12
de octubre, decidió actuar con mandudura.
El encargado del operativo de la represión fue el secretario
de gobernación.
Luis Echeberria Álvarez, en coordinación con la Secretaría
de Defensa, a manos del general Marcelino García Barragan.
Ambos, bajo la autoridad de Día Sordaz, pusieron en marcha un plan
para aplastar el movimiento antes de la cita olímpica.
Las fuerzas armadas y la policía ya tenían identificados a muchos
líderes estudiantiles.
Esto, gracias a informantes e infiltrados en las asambleas.
Aprovechando el discurso presidencial como justificante,
en la segunda quincena de septiembre, el gobierno pasó de las
palabras a los hechos.
El 18 de septiembre, justo cinco días después de la marcha del
silencio, el ejército ocupó por sorpresa, Ciudad Universitaria
en la UNAM, soldados apoyados por tanquetas, ingresaron al campus y
tomaron el control de facultades, escuelas y espacios abiertos.
No encontró en resistencia armada significativa, pues los
estudiantes no tenían armas para enfrentar un ejército, pero
aún así detuvieron y maltrataron asentenares de estudiantes y
por si fuera poco, también amaestros.
Tropas armadas hasta los dientes patrollaron los jardines
universitarios, imágenes dolorosas, como soldados arrancando
de las astas, las banderas roginegras y sustituyéndolas por
banderas mexicanas, se vieron aquel día.
Mientras grupos de jóvenes detenidos eran sacados de las
facultades custodiados con bayonetas, hubo testimonios de
humillaciones también, estudiantes obligados a tirarse
pecho tierra o a formar hileras con las manos en la nunca mientras
los apuntaban.
La autonomía universitaria, Jabul Nerad en julio, sufría
ahora una violación total.
El rector barrociera, impotente ante la entrada del ejército
presentaría su renuncia días después en señal de proteja
moral.
Con la unando ocupada, el siguiente flanco era evidente el
Instituto Politecnico Nacional.
El 23 de septiembre, tropas del ejército y tanquetas rodearon
el casco de Santo Tomás, principal conjunto de las escuelas
del IPN, donde muchos politecnicos resistían a un emparo.
Se produjeron de enfrentamientos más fuertes.
Algunos estudiantes improvisaron barricadas y lanzaron
piedras, cuetes o bombas molotóp contra los soldados.
La respuesta militar fue arrasadora.
Abansaron con vehículos blindados, dispararon al aire.
El enfrentamiento en el IPN dejó un número indeterminado
de heridos y se dice algunos también caídos.
Para el 24 de septiembre, la mayor parte del politecnico
también había sido tomada por la fuerza.
Las instalaciones educativas más importantes de la capital
estaban bajo la ocupación militar y cientos de alumnos
permanecían detenidos.
Con los campos ocupados y las huelgas estudiantiles asfixiadas,
el movimiento parecía correlado.
Muchos líderes del CNH tuvieron que entrar a la clandestinidad
para evitarse capturados.
Sin embargo, la llama de la protesta seguida en algunos
recintos y barrios.
Los estudiantes buscaban cómo reorganizarse.
Paradoxicamente, tras mostrar su fuerza,
el gobierno hizo un gesto que muchos interpretaron
como señal de distención.
El 30 de septiembre, el ejército se retiró
tanto de Ciudad Universitaria como del casco de Santo Tomas,
devolviendo teóricamente las instalaciones a los estudiantes.
Aquello sorprendió a la opinión pública.
Había sedido el gobierno.
Sabría por fin, abierto un camino hacia el diálogo.
Algunos pensaron que la presión nacional e internacional,
así como la cercanía de las olimpiadas,
Había no obligado a días ordas, digamos, moderarse un poco.
Pero no, la realidad era distinta.
Esa retirada era táctica.
El gobierno calculó que al evacuar las universidades
disminuiría la atención momentanamente.
Y quizás animaría a los líderes estudiantiles a reunirse
nuevamente y a convocar manifestaciones.
Lo que permitiría entonces, identificarlos plenamente
y preparar de esta manera un golpe final, pero contundente.
De hecho, los estudiantes animados porque recuperaban sus espacios,
justo como lo calculó el gobierno, decidieron convocar
un nuevo miting, el 2 de octubre.
Esta vez, en la plaza de las tres culturas de Tlatelolco,
sin saberlo, estaban cayendo en la trampa atendida por las autoridades.
Tras la retirada del ejército de las instalaciones universitarias,
el 30 de septiembre, el movimiento estudiantil recuperó un poco de oxígeno.
Muchos pensaron que quizás el gobierno por fin aceptaría de logar.
Con esa esperanza cautelosa, el Consejo Nacional de Huelga
decidió convocar un miting, como les comentaba, para el miércoles
2 de octubre de 1968.
El lugar elegido fue la plaza de las tres culturas entre Tlatelolco.
Esta plaza, ubicada en un complejo habitacional de clase media
al norte del centro histórico, tenía un significado muy especial.
Ahí, al día de hoy convergen las tres heras de México.
La era prehispánica colonial y moderna.
La era prehispánica representada por las ruinas de Tlatelolco.
La era colonial representada por una iglesia de la época
y la era moderna representada por ese conjunto habitacional.
Y además era un espacio abierto, amplio y rodeado de edificios.
Los estudiantes la consideraban un sitio relativamente neutral,
no eran ni el sócalo central, ni tampoco era ciudad universitaria,
ni ninguna instalación del IPN.
Y además, muchos de ellos conocían la zona.
De hecho, varios estudiantes del Politecnico y del AUNAM
vivían en ese momento en Tlatelolco.
Así mismo, una de estas personas, un líder local,
ofreció de su departamento que estaba ubicado en la parte más alta
del edificio Chihuahua.
Este departamento daba directamente a la plaza
y lo ofreció para usarlo como improvisada tribuna
y para controlar el equipo del sonido.
La convocatoria al Miting corrió de boca en boca
y mediante volantes en las escuelas que aún mantenían del paro,
así como en vecindarios y en fábricas simpatizantes,
en plazas, en parques, en cualquier lugar fueron repartidos.
Aunque el clima de represión reciente había temorizado a muchos,
se esperaba una asistencia considerable.
El objetivo del Miting era informar sobre la situación
actual del movimiento tras las ocupaciones militares,
reformar las demandas y decidir los pasos a seguir.
Posiblemente discutir si se procediría
con la huelga durante los juegos olímpicos,
o si se aceptarían negociar con el gobierno con nuevas condiciones.
También se buscaba mostrar que pese a los golpes recibidos,
el movimiento sella vivo y además con el apoyo popular.
Los oradores principales serían miembros del CNH.
Todos de distintas escuelas.
El gobierno por su parte tenía otros planes, lejos de pensar en dialogar, las autoridades
vieron en la concentración anunciada el 2 de octubre, una oportunidad para dar un golpe
definitivo al movimiento. En secreto se preparó un operativo militar y policial de gran tamaño
para ese día. El diseño de la operación recalló en el estado mayor presidencial junto
con la secretaria de la defensa. Dieron a la misión el nombre clave de operación gallana.
El plan era rodear la zona, infiltrarse entre los manifestantes y capturar a los líderes
estudiantiles. Además, dispersar la manifestación todo ello de forma rápida y categorica. Para ello,
contaban con un cuerpo especial, el llamado y tristemente famoso batallón Olympia.
El batallón Olympia era un grupo para militar secreto creado semanas atrás bajo la guía del estado
mayor presidencial, supuestamente para garantizar la seguridad de las olimpiadas. Lo integraban
policías federales, agentes de la dirección federal de seguridad y algunos militares jóvenes,
todos vestidos de civil para pasar desapercibidos. El 2 de octubre, estos agentes en cubiertos se
mezclaron entre la multitud del miti, identificándose discretamente entre sí, llevando un pañuelo
a la vista o un guante blanco en la mano izquierda. Su misión principal, ubicar y aprender
a los dirigentes del movimiento en cuanto recibieran la señal, evitando de esta manera
que escaparan. También, según se sabría después, escuchen esto. Tenían la orden de provocar
un tiroteo inicial, disparando contra las propias fuerzas militares. Esto con toda la intención
de crear confusión y así de esta manera, justificar una respuesta violenta. Desde la mañana
del 2 de octubre, la zona de Atlácterol empezó a sentirse con un ambiente inusual. Camiones
del ejército cargados de soldados se posicionaron en calles adyacentes, calles como la venida
Ricardo Flores Magon y el eje central. Además, franco tiradores del ejército y del batallón
limpia tomaron posiciones ocultas. Algunos apostaron en lo alto del edificio de la Secretaría
de Relaciones Exteriores, que está a tan solo unos metros de la plaza de las tres culturas.
En el campanario de la iglesia de Santiago Tlatelolco. Además, en asoteas de edificios
residenciales, vehículos militares, incluyendo tanques, se ocultaban a la vista, pero lo
suficientemente cerca para intervenir. Los residentes de Tlatelolco veían con desconcierto
a militares armados moviéndose por la periferia del conjunto. A pesar de ello, muchos vecinos
y familias decidieron asomarse, algunos otros decidieron también acudir al miting. Quizás
con la confianza de calcer una unidad habitacional donde vivían, no corrían peligro o simplemente
por curiosidad, ante lo que pudiese ocurrir, decidieron asistir. Hacia la 5 de la tarde,
hora convocada, se congregaron varios miles de personas en la plaza de las tres culturas.
Las estimaciones van de 5.000 hasta 10.000 asistentes, pero ciertamente la multitud era menor
que en marchos anteriores. En parte, obviamente por el temor tras la represión de septiembre.
Había principalmente estudiantes de diversas escuelas, pero también profesores, padres
de familia, niños, vecinos de la unidad habitacional e incluso transeuntes que se sumaron
al ver la concentración. Muchos acudieron con la idade enterarse de las últimas noticias
del movimiento y así mostrar su lidaridad. En el tercer piso del edificio Chihuahua,
uno de los bloques de apartamentos que bordeaban la plaza se instaló la mesa del presidium.
Desde el balcón de un departamento, específicamente, el número 23 propiedad de un simpatizante
se montaron bocinas y micrófonos. Ahí se situaron los oradores del CNH. Entre ellos, representantes
de la facultad de filosofía y letras, de la vocacional 5 y de la escuela normal. Todos
ellos, listos para dirigirse a la multitud. A las 5.30 de la tarde, aproximadamente,
comenzó el mit informalmente. Tomó la palabra primero, uno de los líderes estudiantiles,
quienes saludó a los presentes y habló sobre la situación post ocupación militar.
Agradeciendo el apoyo de la población y reiterando que el movimiento mantenía su lucha
pacífica por las 6 demandas. Les siguieron otros oradores. Se dice que desde temprano,
unos líderes notaron la presencia de militares en los alrededores y estaban preocupados.
De hecho, el mitin se acortó por precaución. Inicialmente, se planeaba una asamblea más
larga, pero viendo tanto soldado cerca, los estudiantes de una manera inteligente decidieron
dar por concluido el acto lo antes posible. Tras unas cuantas intervenciones breves,
todo finalizó, pero fue en vano. Mientras los discursos transcurrían, el sol empezaba
a caer. La atención en el aire era palpable, pero la manifestación transcurría pacíficamente.
Muchos asistentes estaban sentados en el piso o de pie, conversando tranquilamente
mientras se escuchaban. Algunos niños jugaban cerca de sus padres y los vecinos miraban
antes de las ventanas de sus departamentos alrededor de la plaza. Nada se aprevera a los
hibiles, lo que estaba a punto de desencadenarse. Sin embargo, las fuerzas gubernamentales
estaban ya en sus puestos, esperando la orden de actuar. Alrededor de las 6 de la tarde,
cuando el mitin se acercaba a la parte final y la multitud comenzaba a relajarse pensando
en la retirada, ocurrió la señal fatídica que desencadenaría la tragedia. Sobre la
plaza de telólogo, apareció en el icóptero. Este icóptero lanzó a la aire una vengala,
una vengala verde. Nadie sabía que esta señal llevaba la muerte por detrás. Era la señal
para iniciar la operación de captura y dispersión. En ese instante, los en grandes de la represión
se pusieron en marcha, con una precisión militar. La señal de la vengala verde cayó
del cielo y por un segundo obundesconcierto. Inmediatamente después, alrededor de las
6-10 de la tarde se escucharon detonaciones secas que provenían de los edificios circundantes.
Tan disparos, sabía desatado el caos. Miembros del batallón o limpia, apostados en lo
alto de los edificios, específicamente del edificio Chihuahua y de otros puntos estratégicos
empezaron a abrir fuego. Muchos testigos creyeron en ese instante que los primeros disparos
provenían de franco tiradores escondidos en los edificios. En efecto, eran los agentes
encubiertos, los cuales estaban disparando. Los soldados del ejército que rodeaban la plaza
a lo ir esos tiros dirigidos aparentemente hacia ellos, reaccionaron de la peor manera.
Todo estaba planeado. Comenzaron a disparar a bocajarro contra la multitud reunida en la plaza.
En un abrir y cerrar de ojos, el ambiente pasó de la calma al pánico absoluto. La gente
corrió en todas las direcciones buscando ponerse a salvo. Se escucharon gritos desgarradores.
No se están tirando. Cuerpo a tierra a todos. Los padres abrazaban a sus hijos. Los amigos
ejalaban unos a otros para huir. Pero la salida de la plaza ya era prácticamente imposible.
Los accesos estaban tomados por el ejército y por el batallón o limpia, que habían
cercado el perímetro tras la vengala. Muchos asistentes quedaron atrapados. Un estudiante
que hablaba por el micrófono en el balcón del chihuahua alcanzó a gritar "No corran,
no corran!" intentando evitar una estampida. Pero enseguida, una ráfaga perforó la fachada
y las ventanas. Y tuvo que tirarse al suelo. Las balas sumaban por todas partes. En segundos,
escenas de personas cayeron heridas, o sin vida, sobre el piso de cemento de la plaza.
Empezaron a disparar contra las ventanas y balcones donde veían luces o movimientos.
alcanzando inquilinos que nada tenían que ver con la protesta.
En el tiroto indiscriminado cayó herida de gravedad la reconocida periodista italiana
Oriana Falasi, quien se encontraba cubriendo el miting, también un niño de apenas 11 años
que estaba asomado en un balcón con su familia e innumerables estudiantes que intentaban
ponerse a cubierto. Un testigo describió la escena como una lluvia de fuego, que duró
interminables minutos. En el mismo edificio Chihuahua, un grupo de agentes del batallón
limpio y rompió en el departamento desde donde momentos antes hablaban los líderes, con
armas en mano, encañaron a todos los presentes. Todos al piso, carabajo gritaban.
Ahí detuvieron a varios oredadores del CNH, entre ellos, al vistó más herbantes y aduardo
valle, conocido como el bubo, golpeándolos y obligándolos a parmenes cer tirados.
Mientras tanto, en la plaza abajo, los manifestantes buscaban cualquier refugio. Algunos arrojaron
cuerpo a tierra detrás de los muros bajos que rodean las ruinas precipánicas de la plaza.
Otros escondieron detrás de bancas de concreto. Muchos más intentaron literalmente aplastarse
contra las paredes. Quienes pudieron, corrieron hacia los edificios residenciales para tratar
de entrar y resguardarse en los vestíbulos o en las escaleras, incluso, tocando desesperadamente
las puertas para que los vecinos les abrieran. Algunos lo lograron, pero otros fueron
alcanzados por las balas, antes de llegar a cubierto. El tirote inicial duró, quizás
10 o 15 minutos intensos. Luego, por lapsos breves, se saba el fuego de las armas automáticas,
no para renudarse sporadicamente al surgir nuevos blancos. Cuando los disparos finalmente
se inquietaron, alrededor de las 6.45 pm, la plaza de las tres culturas presentaba
una escena dantesca, el aire o leapolvora. Un moeligero flotaba entre los edificios,
por el suelo quedaron esparcidos zapatos, bancartas abandonadas y charcos de agua mezclada
con un color rojo. Esto ha debido a una ligera lluvia que comenzó a caer tras el tiroteo.
La escena no podría ser más triste, más decepcionante, más caótica. En ese momento
México no lo sabía, pero estaba del luto. Cuerpos inmóviles y hacían en los distintos
puntos de la plaza y en los pasillos aledaños. Los heridos gemían pidiendo ayuda o buscaban
a rastrarse lejos del centro. Los pocos que salieron ilesos levantaban las manos en
señal de rendición, aturdidos, sin saber siquiera si podían moverse, pero la pesadilla
uno terminaba. En cuanto terminó el supuesto intercambio de balas, porque recordemos,
supuesto intercambio de balas, ya que los estudiantes se jamás empezaron en el enfrentamiento.
Las fuerzas del orden entraron en la plaza para tomar un control total. Soldados y policías
comenzaron a gritar órdenes, quédense donde están, nadie se mueva, y empezaron a pater
las armas que habían quedado tiradas. Ojo, muchas estas armas pertenecientes al propio
batallón o limpia, que las habían arrojado a propósito para mezclarse entre los detenidos.
Esto con toda la intención de justificar que los estudiantes habían sido quienes habían
empezado todo esto. Acto seguido empezaron a arrastrar en masa a todo, a todos a quienes
veían estudiantes, horadores, mujeres, jóvenes, ancianos. No importaba si eran manifestantes
o vecinos curiosos, con violencia los fueron reuniendo y obligando a agruparse con las
manos en alto o en la nuca. A impogón y circuletasos formaron filas de detenidos. Los soldados
recorrieron también los edificios residenciales contiguos y rumpieron en varios departamentos
buscando a más sospechosos. Sacaron a gente de las escaleras y de los elevadores, deteniendo
a algunos residentes sólo por no haberse tirado al piso cuando se les íntico. Hubo relatos
de soldados disparando contrapuertas cerradas y llanando vivientas en el edificio chiguagua
y también en algunos edificios cercanos, sacando a cualquier joven que se encontrará
dentro. No importaba si eran estudiantes y no importaba si ni siquiera estaba dentro
del movimiento. El delito esa tarde era ser joven o apoyarlas consignas de estos, quienes
se refugieron en la iglesia de Santiago fueron igualmente capturados. En medio de esa redada
generalizada, miembros del batallón Olímpia, ahora ya si los pañolos blancos colaboraban
señalando a quienes identificaban como líderes estudiantiles o brigadistas activos para
asegurarse de que fueran aprendidos, la instrucción era que no escaparan ninguno de ellos. La
plaza se lleno de soldados, que pisoteban folletos caídos y casquillos de bala. Algunos
militares atendían heridos leves, pero la mayoría de lesionados graves, simplemente
los arrastraban a un lado o los ignoraban. Un estudiante herido recordaría años después
haber visto como uno oficial, remataba de un tiro a un compañero suyo que agonizaba
en el suelo. Aunque este tipo de testimonios es difícil de corroborar, de alguna manera refleja
el horror vivido en esos instantes. Con el avance de la noche, las autoridades limpiaron
la zona, lo limpiaron de personas, pero también de evidencias. Ambulancias de la Cruz
Roja ingresaron para recoger algunos heridos y posiblemente algunos cadáveres. No obstante,
muy pronto esas ambulancias fueron sustituidas por camiones militares y según versiones posteriores,
hasta camiones de basura fueron enviados para cargar cuerpos. Imagínense en la magnitud
de lo que se estaba viviendo. Soldados y bomberos lavaron la plaza con mangueras, borrando
rastros del líquido emático, mientras todavía se escuchaban que hídos de jóvenes heridos.
Muchos cuerpos fueron apilados y retirados en vehículos oficiales sin ser contabilizados
o identificados en el momento. Hacia las diez de la noche, la balacera y el griterio
habían sesado por completo. La plaza de las tres culturas quedó bajo pleno control
militar, totalmente vacía de civiles. En los portales de los edificios, grupos de familia
lloraban o buscaban desesperadamente a sus hijos, hermanos o esposos, estaban entre todos
los detenidos. El silencio sepulcral de la plaza solo era interrumpido por el ron roneo
de los motores de los camiones militares que llevaban a los últimos prisioneros y por
las hirenas lejanas de las ambulancias. Así transcurrió la trágica noche del 2 de
octubre de 1968. Una pacífica reunión estudiantil, convertido en un campo de batalla en cuestión
de minutos. La masacre dejó un número aún indeterminado, de caídos y de heridos en
el lugar, y marcó el inicio de una cacería de estudiantes que continuaría en las horas
y días siguientes. Los acontecimientos de esa noche fueron confusos, pero el mensaje
quedó totalmente claro. El gobierno había aplastado con balas, el movimiento estudiantil.
La plaza de Tlatelolco, testigo de siglos de historia mexicana, se tigó con la tragedia
de una generación completa. En las horas y días inmediatamente posteriores al 2 de octubre,
el gobierno mexicano desplegó un operativo no solo de control físico, sino también
de control informativo. La prioridad de las autoridades fue ocultar la magnitud del
ocurrido y re instaurar una apariencia de normalidad lo más pronto posible, sobre todo con
la inminante inauguración de los juegos olímpicos a la vuelta a la esquina. Esa misma noche del
2 de octubre y en la madrugada del día 3, mientras Tlatelolco, a 1 liapolvora, altos funcionarios
apresuraron a difundir la versión oficial. Según el gobierno, las fuerzas armadas habían
respondido a una provocación por parte de los estudiantes. En esta narrativa, la culpa
recaía enteramente en ellos. De hecho, la mañana del 3 de octubre, los principales diarios
de la capital apareció.
contitulares dictados por la censura gubernamental. Uno de ellos, el periódico el día,
encabezó "criminal provocación" en Platelolco, Causa Safar Rancho. La mayoría de los medios
impresos y noticieros de radio y televisión repetieron del guión oficial, que elementos
subversivos armados habían disparado primero contra los soldados desde los edificios,
obligando a las fuerzas del orden a reaccionar para restablecer la paz.
Se minimizó de una manera totalmente incongruente, el número de víctimas. Sablo de 20 o quizás
30 caídos a los humo. En algunos comunicados ni siquiera se precisó cifra, sólo se decía,
hubo bajas entre civiles y militares. La realidad es que no hubo bajas militares. Por supuesto,
todo esto era mucho más terrible, pero cualquier periodista o medio que intentara
contradictir la versión oficial enfrentaba a la censura inmediata. El gobierno controló
ferramente el flujo de información, se ordenó a los hospitales no proporcionar detalles sobre
la cantidad de heridos o fallecidos ingresados. Muchos cuerpos de víctimas fueron retirados por
autoridades y trasladados directamente al servicio médicoforence o a instalaciones militares
sin pasar por hospitales públicos, dificultando su contabilización y también su identificación.
Las fotografías y filmaciones tomadas por prensa extranjera fueron confiscadas en la gran
mayoría de los casos, hubo extranjeros tanto periodistas como testigos que fueron presionados para
abandonar el país de manera inmediata. La plaza de platelolco quedó bajo resguerdo militar
barjo varios días, por hoy viendo el acceso a periodistas independientes. El gobierno buscaba
borrar rápidamente en días las huellas, limpiaron el sitio y repararon los daños superficiales.
Al cabo de poco tiempo, a la vista casual no quedaban rastros evidentes de la terrible noche
del 2 de octubre en la plaza. Paralelamente se desató una ola de tensiones en toda la ciudad,
aquella noche unos 1.300 a 1.500 detenidos fueron trasladados en camiones militares a distintas
cárceles y cuarteles. La prisión de Lecunverri por ejemplo, penitencería famosa de la capital en
aquel entonces recibió a muchos de ellos incluidos la mayoría de los líderes del Consejo Nacional de
Huelga. Otros detenidos fueron llevados al campo militar número 1, donde quedaron totalmente
incomunicados. Entre los apresados no solo había estudiantes, también intelectuales y figuras
públicas que se impatizaban con el movimiento. Por ejemplo, el escritor José Revueltas, quien
ni siquiera estuvo presente en platelolco, pero era un crítico del gobierno y mentor de jóvenes.
Él fue detenido días después y acusado de ser ideólogo del movimiento, igualmente el
ingeniero Eberto Castillo, profesor universitario y activista social fue arrestado. Ambos, junto con
varios dirigentes estudiantiles serían encarcelados no por días, no por meses, por años. Familiares
desesperados, recorrian comisarias, hospitales y mortes, en busca de sus seres queridos desaparecidos,
la angustia se extendió entre la población, decenas de padres no sabían si sus hijos estaban
presos, heridos o sin vida. Muchas madres hacían filas afuera de lecumberri con la esperanza de saber si
sus hijos estaban adentro. Sin embargo, obtener información era casi imposible en esos primeros
días, la opacidad oficial sumía a las familias en la incertidumbre. Hubo casos de personas que
jamás reparecieron, cuyo resto es probablemente quedaron sin identificar en fosas comunes o quizás
fueron enterrados clandestinamente. El gobierno de Diaz Ordaz por su parte se mostraba en público como
si hubiera logrado sofocar un intento de insurrección. Funcionarios del gabinete felicitaron el ejército por su
patriótica labor, enrestables ser el orden. En el Congreso, diputados y senadores oficialistas
respaldaron la versión gubernamental y cerraron filas en torno al presidente. Se creó un ambiente en
el que discrepar de la versión oficial era prácticamente imposible si en arriesgarse a tener
represalias. En cuanto al movimiento estudiantil quedó totalmente paralizado. Tras la masacre,
el CNH ya no pudo funcionar. Muchos de sus líderes estaban detenidos o prófugos o desaparecidos.
El 12 de octubre de 1968, mientras en el estadio límico universitario, se celebraba la ceremonia
inaugural de los juegos olímpicos, con atletas de todo el mundo, desfilando sonrientes,
en las cárceles mexicanas, cientos de estudiantes y decidentes pasaban sus días tras las rejas y
decenas de familias, aun lloraban sus muertos en silencio. La prensa internacional que
cubría las olimpiadas apenas podía indagar sobre lo que había pasado. Para muchos visitantes
extranjeros lo sucedió en Platelolco era solamente un rumor. Un hecho confuso que no había
sido totalmente esclarecido, ya que la noticia había sido opacada por el evento deportivo.
El gobierno mexicano logró a corto plazo su objetivo de proyectar una imagen de estabilidad
durante los juegos. Sin embargo, por más esfuerzos que hicieron las autoridades por sepultar la
verdad, los secos de esa noche no pudieron ser acallados del todo. En círculos académicos,
en conversaciones en voz baja y en algunos medios internacionales, la historia verídica empezó
a circular. Hubo sin embargo, intentos aislados de romper el cerco informativo interno.
Algunos periodistas mexicanos, horrorizados por lo ocurrido, buscaron formas de documentarlo.
La escritora y periodista, Helena Poniatopska, por ejemplo, comenzó a recopilar discretamente
testimonios de sobrevivientes y testigos en los meses posteriores. Material que años
más tarde plasmaría en su conocido libro La Noche de Tlatelolco. Pero en esos primeros
días, cualquier voz disidente corría peligro. No fue si no hasta bastante tiempo después
que medios nacionales abordarían la verdad de lo sucedido. En contraste, la prensa internacional
jugó un papel crucial para que el mundo supiera de lo ocurrido. Al menos parcialmente, muchos
periodistas extranjeros ya estaban en México para cubrir los juegos olímpicos y se encontraron
súbitamente reportando sobre hechos increíbles sucedidos el 2 de octubre. Aunque el gobierno
mexicano intentó contener la información, algunos corresponsales lograron enviar notas
al exterior. El New York Times y el Washington Post en Estados Unidos publicaron artículos
en los días siguientes, hablando de decenas o quizás centenas de estudiantes caídos.
Citando fuentes extroficiales, fue que se dio a conocer la noticia. En Europa, diarios
como Le Mont, en Francia y de Guardián en el Reino Unido, dieron espacios sus páginas
a la traje de Tlatelolco, basándose en testimonios de turistas diplomáticos y periodistas
pacientes. Estas publicaciones internacionales contradicían abiertamente la versión oficial
mexicana que decía "Pocos caídos". Un caso notable es el de la periodista italiana,
Oriana Falechi, quien había venido a México para cubrir las olimpiadas y terminó siendo
ella misma herida de bala en la plaza. Falechi, tras recuperarse, escribió grandes textos
denunciando la brutalidad gubernamental y narrando cómo ella, identificándose como prensa
extranjera, recibió disparos que casi las rebataron la vida. Su testimonio difundido
en Italia y en otros países europeos quitó cualquier duda sobre quién había sido la víctima
y quién el agresor, esa noche en Tlatelolco. Otro testimonio impactante vino del escritor
británico John Roda, corresponsal del diario de Guardian, quien estaba cerca de la plaza
esa noche. Sus crónicas describieron cuerpos de estudiantes apilados y rafagas de ametralladoras
disparadas sin piedad. De igual manera, la revista estadounidense Time dedicó un artículo
titulado "noche de horror en México", describiendo la escena y contextualizando la represión
como un intento del gobierno por silenciar la disidencia. Antes de los juegos olímpicos,
en América Latina, donde muchos países vivían situaciones de protestas y represión, la
noticia de Tlatelolco resonó con fuerza entre movimientos estudiantiles y opositores
adictaduras. En Argentina, Uruguay y en otros sitios se organizaron actos de solidaridad
simbólica con los estudiantes mexicanos reprimidos, a pesar de la censura interna.
terna, los mexicanos supieron de esta reacción externa por canales informales, los pocos
que tenían acceso a prensa extranjera, por ejemplo a través de embajadas o personas
que viajaban, compartían las noticias. Esto dio cierto aliento a los sobrevivientes,
sabían que al menos fuera del país alguien, alguien conocía a su verdad, sin embargo
para el ciudadano común en México, la versión oficial seguía dominada en aquel octubre
del 68 por el gobierno. Hubo portadas de priódicos locales que, increiblemente, los días 4 y
5 de octubre, ya ni siquiera mencionaban el tema, volcándose de lleno a la cobertura
deportiva. La diferencia entre la prensa nacional
amordazada literalmente y la prensa internacional inquisitiva, dejó en claro el grado de control
autoritario en México. Los testimonios internacionales sirvieron como un espejo incómodo para mostrar
el régimen de días ordas ante el mundo, por lo que era un gobierno dispuesto a masacrar,
los testimonios internacionales sirvieron como un espejo incómodo que mostraban el régimen
de días ordas ante el mundo, por lo que realmente era, un gobierno dispuesto a masacrar
a su pueblo para mantener una imagen de estabilidad. Con el tiempo muchas de esas crónicas,
fueranias, serían fundamentales para reconstruir los hechos, complementando lo que los propios
mexicanos contarían una vez que la losa de la censura empezó a levantarse. En resumen,
la prensa mexicana de 1968 cayó o distorsionó la verdad por mandato oficial, mientras que la
prensa internacional, aunque con limitaciones, dioboso lo sucedido en la telolco, y también
diobos a esas víctimas. Uno de los aspectos que, por décadas, ha permanecido en el incertidumbre,
es el número real de víctimas de la noche telolco. Desde el primer momento el gobierno manejó
cifras mínimas, mientras que testigos presenciales hablaban de un escenario mucho mas horrible. Esta brecha
entre las cifras oficiales y extroficiales, se convirtió en parte del debate histórico sobre
1968. En los comunicados oficiales inmediatos, las autoridades evitaron dar un número claro de
fallecidos. Extroficialmente, algunos funcionarios sugerían que habían caído unas 20 personas. Al día
siguiente, algunos periódicos mexicanos mencionaron 26 sin detallar fuentes. La línea gubernamental
rápidamente se estacionó en torno a unas pocas decenas de caídos. Con el paso de los días,
la cifra oficial, entre comillas, la cifra oficial masitada, fue de 30 a 40 fallecidos en total y
alrededor de más o menos 100 heridos. Estas cifras provenían de reportes de la Procuraduría
General de Justicia y de registros de hospitales a los que se permitió acceso parcial. Sin embargo,
quienes estuvieron en la plaza de las tres culturas a que ya noche, sabían que esos números eran
totalmente inventados. Muchos testigos vieron camiones, camiones repletos de cuerpos al ir
del atelolco. Besinos de la zona reportaron a haber contado decenas de cuerpos sólo en la plaza y
sus inmediaciones. Algunos periodistas extranjeros hablaron desde el inicio de cientos, cientos de jóvenes.
¿Por qué es tan difícil precisar la cifra real? Principalmente por el hermetismo y la falta de
registros transparentes, muchas víctimas perdieron la vida sin ser registradas oficialmente. Hubo cuerpos
que nunca fueron reclamados, quizás porque eran estudiantes foráneos cuyas familias no supieron
a tiempo o tenían miedo quizás de hacerse presentes. Se dice que algunos cuerpos fueron enterrados
en fosas comunes sin ser identificados, ni siquiera contados. Además en los días por
seriores hubo heridos de bala que fallercieron de hospitales o detenidos que perdieron la vida bajo
custodia y esas bajas tampoco se contabilizaron. Públicamente se tenía una cifra y el gobierno no
da marcha atrás con ese número. En el año 2018 a 50 años de la tragedia, el gobierno de la
ciudad de México publicó una lista de víctimas reconocidas oficialmente y en esa lista se incluyeron
46 nombres de fallecidos confirmados. Sin embargo, incluso ese reconocimiento oficial tardío
admite que podría haber más víctimas no identificadas. Organizaciones civiles sostienen que
la cifra real jamás se sabrá con certeza pero insisten en que fueron varios cientos quienes
perdieron la vida que ya noche trágica. Da la cantidad de personas, presentes y la intensidad
del tiroteo. Así al hablar de cifras de Tlatelolco es necesario aclarar. Las cifras oficiales
de 1968 hablan de decenas, mientras las cifras extraoficiales y análisis posteriores hablan
de cientos. La verdad numérica exacta que doce pulsada bajo la prisa del encubrimiento. Lo
indescutible es que cada uno de esos números fríos representa vidas truncadas y familias
destrozadas. Por muchos años tras la terrible noche del 2 de octubre la verdad permaneció
culta tras las versiones oficiales y la falta de voluntad política para investigar. La impunidad
reino durante décadas. Ningún funcionario militar fue llevado ante juicio en los años
singuientes. Día sordas vivió retirado y falleció en 1979, sin jamás dar explicaciones
públicas. Salvo una declaración en 1969, asumiendo toda la responsabilidad por lo ocurrido,
pero obviamente, sin consecuencias legales. Hechebería, durante su presidencia, intentó
en cambio reconstruir su imagen acercándose a sectores intelectuales y de izquierda. Incluso,
llegó a invitar algunos ex dirigentes estudiantiles a colaborar en proyectos académicos o gubernamentales
menores y liberó a la gran mayoría de presos políticos del 68. Esto mediante amnistía,
entre 1971 y 1972. Pero nada de justicia. Aquella noche permaneció como un tema de tabú
del que oficialmente casi no se tenía que hablar. No obstante, la memoria del 68 se
ya viva en la sociedad civil. En el año de 1978 se publicó por primera vez el libro
de Lena Poniatopska, la noche de Tlatelolco. En el año 2001, sabría un archivos gubernamentales
de 1968 que habían permanecido clasificados. Además, se creó la fiscalía especial para
movimientos sociales y políticos del pasado, nombrando al frente al fiscal Ignacio Carrillo
Prieto. Esta fiscalía especial tuvo el mandato de investigar delitos del pasado. Entre
ellos, obviamente, incluyendo la noche de Tlatelolco. Por primera vez se revisaron miles
de documentos de la época, archivos de la Dirección Federal de Seguridad, informes
militares, expedientes del gobierno y también documentos desclasificados obtenidos por parte
de Estados Unidos. Las investigaciones oficiales confirmaron lo que por años se había denunciado,
que la masacre fue un crimen de estado planificado. Se corroboró la existencia del batallón
limpia y su papel como provocador dentro del movimiento, así como la cadena de mando
que llevó las órdenes desde la presidencia hasta los mandos militares en el terreno.
Entre las revelaciones se encontró, por ejemplo, un documento del estado mayor presidencial
que detallaba la operación galena y la directriz de detener a los líderes del CNH el
2 de octubre. También se hallaron evidencias de que los franco tiradores que iniciaron
el tiroteo eran agentes gubernamentales no estudiantes, tal como habían sostenido
siempre los sobrevivientes. Así mismo, se supone que desde antes del 2 de octubre,
el gobierno de Día Sordas había fabricado acusaciones contra opositores internos. Otro
frente de revelación vino de Estados Unidos en el año 2003, el archivo de seguridad
nacional publicó registros de la CIA, el Pentágono, el Departamento de Estado y del FBI,
todos ellos hablando sobre México en 1968. De esos documentos se supo que el gobierno
estadounidense, preocupado por la seguridad de las olimpiadas, había apoyado, digamos,
de manera discretamente al gobierno mexicano, enviando equipo antimotines y radios al ejército
mexicano antes de ese día. También se confirmó que la CIA monitoreaba de cerca el movimiento
estudiantil mexicano y que solo días antes funcionaron mexicanos, aseguraron a la CIA
que la situación estaría bajo completo controla en breve, insinuando ya la decisión
de aplastar el movimiento estudiantil. Con toda esta información recabada, la Fiscalía
Especial decidió por fin intentar una acción judicial. En el año 2005, ejerció acción
penal contra el expresidente Luis Hecheberri Álvarez, acusándolo del delito de genocidio
por los hechos de 1968.
Echebería de 84 años de edad en ese entonces fue sometido a resto domiciliario mientras se
llevaba su proceso. Aquello fue histórico, por primera vez, un alto ex-mandatario enfrentaba
cargos relacionados con Platelolco. Sin embargo, el resultado no satisfiso. Las expectativas
de justicia, tras un largo proceso de recursos legales, en 2009, un tribunal federal resolvió
que no se había podido acreditar el delito de genocidio en contra de Echebería y ordenó
su liberación definitiva. Echebería ya no en agenario quedó libre y nunca, nunca más
fue juzgado. Moriría en el año 2022 totalmente impune. La noche de Platelolco dejó cicatrices
profundas en la sociedad mexicana. Sus efectos no se limitaron a las vidas perdidas. Afectaron
también la confianza del pueblo en el gobierno. La forma de hacer política y la conciencia
cívica de toda una generación quedaron marcadas. En los días inmediatamente posteriores
contió el miedo y la desmoralización. Muchos ciudadanos comunes se dieron cuenta de
que el Estado, al que consideraban protector, era capaz de volverse contra su propia
gente con una violencia extrema si así lo requería. Echebería de confianza tendría
repercusiones duraderas. En el corto plazo, la sociedad mexicana quedó aturdida. Reinaba
un silencio impuesto. La frase "tacuerdas de lo que pasó el 2 de octubre" empezó a
susurrarse casi con miedo, como aludiendo algo prohibido, como si algo hubieran hecho
ellos. Muchos jóvenes que habían participado en el movimiento estudiantil quedaron marcados
de por vida. Algunos optaron por la vida radical. Desillusionados de la lucha pacífica se unieron
años después a movimientos guerrilleros urbanos o rurales durante la década de 1970, creyendo
que sólo con las armas podría cambiar el país. Aquí me ofrendaría yo y pensaría
todos esos movimientos armados que surgieron después de 1970 fueron realmente el producto
de un México callado por la fuerza. Otros siguieron caminos de activismo social no violento,
fundando organizaciones civiles, participando en la insipiente prensa independiente o en
movimientos políticos de oposición años más tarde. También hubo quienes traumatizados
se retiraron por completo de la vida pública. Temiendo nuevas represalias, mejor se hicieron
a un lado. En círculos intelectuales, Platelolco supuso un par de aguas, un ejemplo emblemático,
el escritor mexicano Octavio Paz, que en 1968 era embajador de México en la India, renuncia
su cargo diplomático en señal de protesta moral. De manera similar, numerosos académicos,
científicos y artistas que antes habían simpatizado con el proyecto del gobierno, se
distanciaron críticamente después de 1968. El movimiento estudiantil como tal quedó desarticulado
tras la noche del 2 de octubre, pero su legado se manifestó en los años posteriores en diversas
formas. En junio de 1971, por ejemplo, cuando estudiantes volvieron a salir a las calles en
una protesta fueron atacados nuevamente en lo que se conoció como el alconazo o la
matanza del jueves de corpus. Esa segunda agresión, aunque también trágica, demostró que la
semilla de la movilización estudiantil seguía ahí y que el gobierno continuaba respondiendo
con la misma violencia que el 2 de octubre. Cada represión subsecuente revivaba el encuentro
de 1968 y refirmaba en muchos la convicción de que el sistema político tendría que cambiar
de raíz. En las décadas siguientes, ex líderes del 68 desempeñaron papeles importantes en la
lucha democrática de México. Varios participaron en la formación de partidos de izquierda o de
oposición, por ejemplo, algunos colaboraron en la creación del partido mexicano de los trabajadores
en 1970 o más tarde se unieron también al frente democrático nacional en 1988. Este frente,
que buscó sacar al peri del poder por la vía electoral, otros enfocaron en el periodismo
independiente, no teniendo medios que comenzaron a criticar al régimen. Como, por ejemplo,
la revista proceso, fundada en 1976, cuyo equipo incluía a periodistas sensibilizados por el
movimiento del 68. Culturalmente, clátele alco también tuvo un impacto. El cine, la literatura,
la música abordaron la temática de la masacre y la represión en diversas obras desde la película
tan famosa, conocida como Rojo Amanecer, que dramatizó los hechos hasta canciones de protesta y
novelas. Para los movimientos sociales posteriores y afuera movimientos estudiantiles, sindicales o
movimientos ciudadanos, la telolco se volvió una referencia obligada, un símbolo tanto del riesgo
que implica desafiar al poder como de la necesidad de hacerlo, que no se repita el telolco, se volvió
un mantra para exigir que las protestas fueran respetadas y no reprimidas.
Quiero terminar este blog con una reflexión final, el 2 de octubre de 1968 no es sólo una fecha
en los libros de historia, es una lección permanente sobre lo frágil que puede ser la libertad y lo
vital que es la vigilancia ciudadana para defenderla. A más de 50 años,
la telolco nos sigue preguntando, ¿qué hemos aprendido de aquello? En primer lugar, la tragedia
nos enseñó el valor de la memoria histórica, recordar no es un acto de odio ni de tercidad,
es un acto de justicia, al evocar a las víctimas y contar una y otra vez lo ocurrido honramos
su vida y su lucha. Mantenemos vivos sus anelos de un México más democrático y enviamos un
mensaje claro a las autoridades presentes y a las futuras. El pueblo recuerda, el pueblo observa
y el pueblo no tolerará que se repitan abusos así. Como dice la acélebre frase que no conoce
su historia, está condenado a repetirla. Por eso, no olvidar es una forma de protegernos
contra la repetición de los errores y horrores del pasado. Cada 2 de octubre, al encender
una bella por los caídos, o al marchar junto a miles de personas gritando que no se
olvidan, renovamos un compromiso colectivo. En esta reflexión final, vale la pena imaginar,
por un momento, sólo por un breve instante a aquellos estudiantes de 1968, jóvenes que
tenían entre 18 y 20 años, jóvenes que miraban hacia el futuro. Seguramente, los caídos
querrían que sus sacrificio hubiera servido para algo. Y lo hizo. Gracias a ellos, México
abrió los ojos. No todo cambió de la noche a la mañana, pero su valentía marcó el
inicio de una transformación. Nosotros, hoy somos depositarios de esa transformación
en curso. Por eso, la próxima vez que veamos una marcha estudiantil o una manifestación
social, simplemente recordemos, recordemos la telólogo, recordemos el costo de callar
las voces a la fuerza. En conclusión, el 2 de octubre de 1968 nos duele, pero también
nos inspira. Nos duele por la injusticia y la pérdida
de repalable de vidas jóvenes. Nos inspira, porque de ese dolor surgió una convicción
poderosa de cambio. 2 de octubre no se olvida, no sólo porque
lo repetimos, sino porque vivimos sus lecciones. Cada acto de participación ciudadana, cada
voto libre emitido, cada vez que un periódico puede criticar al gobierno sin censura, es
en parte, resultado de aquel parte de aguas, porque al final, recordar, no es solo mirar
el pasado, es iluminar el camino hacia el futuro con las lecciones aprendidas.
2 de octubre no se olvida, ni se olvidará jamás.
Amigos, hasta aquí el blog del día de hoy, nos vemos la próxima semana en un capítulo
más de historial criminal para seguir explorando juntos las historias que merecen ser contadas.
Muchas gracias.
Podcast Summary
Key Points:
En 1968, México vivía un clima de tensión entre un régimen autoritario y una generación estudiantil comprometida con derechos y democracia.
El incidente de la vocacional número cinco en julio desencadenó protestas estudiantiles, que fueron reprimidas con violencia por parte de la policía y el ejército.
El 29 de julio, el ejército destruyó la puerta de una escuela universitaria, una acción que generó profunda indignación y consolidó la resistencia estudiantil.
El 1 de agosto, la manifestación de más de 50 mil estudiantes, liderada por el rector de la UNAM, mostró un alto nivel de organización, conciencia y solidaridad social.
El Consejo Nacional de Huelga (C-NH) se formó como órgano de coordinación, con demandas claras por libertad, desaparición del delito de disolución social y justicia.
El 2 de octubre, una manifestación pacífica en Tlatelolco fue masacrada por fuerzas gubernamentales, incluyendo el uso de un batallón de agentes encubiertos.
El gobierno ocultó la verdad, minimizó las víctimas y censuró la prensa, mientras que testimonios internacionales comenzaron a revelar la brutalidad del acto.
La noche de Tlatelolco marcó un punto de inflexión en la historia mexicana, dejando cicatrices en la memoria colectiva y en la confianza en el Estado.
Summary:
La noche de Tlatelolco, el 2 de octubre de 1968, fue un momento decisivo en la historia de México, donde el movimiento estudiantil, motivado por exigencias de libertad, democracia y justicia, fue brutalmente reprimido por el gobierno autoritario bajo el liderazgo de Gustavo Díaz Ordaz. Aunque los estudiantes comenzaron con manifestaciones pacíficas y organizadas, el gobierno respondió con violencia: el ejército y policías, incluyendo a un batallón secreto conocido como "Olympia", atacaron a miles de personas en la plaza de las tres culturas. La operación, planeada desde el Estado Mayor presidencial y justificada como una respuesta a una provocación, fue un crimen de Estado que dejó decenas de muertos, aunque el gobierno oficialmente minimizó el número de víctimas.
La prensa nacional se sometió a censura, mientras que periodistas extranjeros y testigos proporcionaron testimonios que denunciaron la masacre. Esta verdad fue ocultada durante décadas, y aunque en 2005 se inició una investigación formal contra el expresidente Luis Echeverría, no se logró una condena por el delito de genocidio. La tragedia profundizó en la pérdida de confianza en el Estado, marcó la conciencia cívica de una generación y sirvió como punto de partida para movimientos sociales y políticos en América Latina.
Aunque la cifra oficial de víctimas se mantuvo en torno a 30, testigos y estudios posteriores indican que el número real fue mucho mayor, posiblemente en cientos. La noche de Tlatelolco permanece como un símbolo de la lucha por la democracia y la memoria colectiva en México.
FAQs
El movimiento estudiantil de 1968 se originó por una combinación de factores: el régimen autoritario que reprimía la disidencia, la conciencia de una nueva generación estudiantil crítica y exigente, la cercanía de los Juegos Olímpicos que generaban presión por mantener la imagen de estabilidad, y la influencia de protestas estudiantiles internacionales como en París y Praga.
El 22 de julio de 1968, ocurrió una pelea callejera entre estudiantes de la vocacional número cinco del IPN y de la preparatoria Isaac Ochetereta. La policía intervino de manera violenta, atacando a estudiantes y maestros, lo que generó indignación y fue un catalizador para las posteriores protestas.
El C-N-H fue el organismo coordinador del movimiento estudiantil, formado por representantes de más de 70 escuelas de la UNAM y el IPN. No tenía un líder único, sino que funcionaba mediante acuerdos entre varios dirigentes estudiantiles para definir las acciones y demandas del movimiento.
Los estudiantes exigían libertad para los presos políticos, derogación del delito de disolución social, desaparición del cuerpo de granaderos, destitución de jefes policiales responsables de la represión, indemnización a familias de caídos y investigación de las autoridades responsables de la violencia.
El 2 de octubre, miles de estudiantes se reunieron en la plaza de las tres culturas para manifestar en paz. La manifestación fue dispersada por fuerzas militares, quienes dispararon contra la multitud, causando muertes y heridos. Fue una masacre planificada que marcó un punto de inflexión en la historia del movimiento.
El gobierno actuó con severidad para proteger la imagen de México ante el mundo, especialmente durante los Juegos Olímpicos, y para sofocar cualquier protesta que pudiera comprometer la estabilidad política y económica que el país pretendía mostrar.
Chat with AI
Loading...
Pro features
Go deeper with this episode
Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.