La MASACRE DE LAS BANANERAS en Colombia - Adriana Chilito
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La Masacre de las Bananeras fue un evento trágico ocurrido en la madrugada del 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga, Colombia. La huelga de aproximadamente 25,000 trabajadores de la United Fruit Company estalló debido a condiciones laborales abusivas, salarios bajos y un sistema de subcontratación que eludía las leyes locales. Los trabajadores presentaron un pliego de peticiones exigiendo mejoras, pero la empresa ignoró sus demandas. El conflicto paralizó la región económicamente. Ante la presión de la multinacional y con el pretexto de restaurar el orden, el gobierno decretó el estado de sitio. El ejército colombiano, siguiendo órdenes, disparó contra una multitud de huelguistas pacíficos que se negaron a dispersarse en la estación del ferrocarril. El número exacto de víctimas nunca se esclareció, con estimaciones que varían desde decenas hasta más de mil muertos, muchos de los cuales fueron enterrados en fosas comunes o arrojados al mar. El hecho, emblemático de la explotación y la violencia estatal, fue posteriormente silenciado o distorsionado por la prensa y los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, pero perdura como una herida histórica en la memoria colectiva del país.
La historia de Colombia tiene la tristemente célebre condición de contar con numerosos hechos de violencia en su pasado político y social.
Estas circunstancias han llevado al país a destacar en las noticias internacionales en donde el terrorismo, los secuestros y los asesinatos forman parte de crónicas terribles, pero a pesar de que han pasado más de 90 años en la conciencia del pueblo colombiano, aún perdura una huelga que derivó en una de las masacres más brutales y crueles que se recuerden en Latinoamérica.
Un hecho que inspiró a autores como Gabriel García Márquez y Álvaro Cepeda zamudio a relatar la tragedia para hacerla llegar a la gente.
La madrugada del 06/12/1928 fue una fecha en la que la historia de Colombia se apresuró a cambiar, instando e impulsando a diferentes actores políticos, como por ejemplo Jorge Eliezer gaitán, de quien ya hablamos en otro video del canal.
¿Pero qué fue lo que pasó?
¿En qué consistió la famosa masacre de las bananeras?
¿Cómo se inició?
¿Se supo alguna vez la cantidad de muertos y heridos que hubo realmente?
Vamos a atravesar estas y otras cuestiones, detallando uno de los sucesos más significativos de la historia de Colombia, bienvenidos a mi canal, mi nombre es Adriana chilito, gracias por estar aquí si les gusta este contenido se pueden suscribir a mi canal y activar la campanita de notificaciones.
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Gracias por ver y comenzamos.
Si bien hubo una fuerte iniciativa de empresarios y agricultores colombianos a finales del siglo 19 para estimular la industria bananera, no fue hasta la llegada de la United Fruit Company UFC a principios de la década de 1890 que el negocio floreció plenamente en lo que se conoce como el actual Departamento de Magdalena.
Se emplazaba la llamada zona bananera del Caribe colombiano, una llanura de 40000 hectáreas cuya producción competía a nivel global.
Siendo Colombia el tercer productor del banano en el mundo, las favorables condiciones.
De producción hicieron que para 1928, año en que se da la huelga.
La United Fruit Company contará con un nivel de 10 3000000 de racimos exportados, representando esto el 7% del total de las exportaciones del país.
Además, la compañía trabajaba de manera simultánea en Jamaica, Cuba, República Dominicana, Costa Rica, Panamá, Honduras y Guatemala, empleando alrededor de 150000 obreros en la gran cuenca del Caribe, de los cuales 25000 eran colombianos.
Todo esto había sido estimulado por la UFC con la construcción de más de 2400 km de líneas ferroviarias y la utilización de 90 barcos de vapor conocidos como la gran flota blanca, los cuales transportaban el banano hacia Europa y también hacia Norteamérica.
Tal era el poderío de esta empresa, que además había invertido en más de 5600 km de cables telegráficos y 24 estaciones de radio.
Generando una infraestructura muy importante para llevar a cabo sus operaciones.
Pero el contexto no era precisamente el mejor para los pequeños cultivadores.
Ya que la UFC ejercía un fuerte monopolio, la única forma de acceder al mercado internacional para vender la fruta era a través de la multinacional, ya que no se les permitía comercializar de manera directa.
Asimismo, estaban subordinados a su poderío para realizar tareas de riego y exportar, por lo que la compañía controlaba los precios del banano.
También se veían sometidos en lo referido al acceso a créditos, para lo cual la UFC los instaba a firmar un contrato de producción preferencial por un plazo no menor a 5 años.
Las condiciones que el pequeño productor debía acatar le aseguraban a la compañía la exclusión de posibles competidores locales, conduciendo así la demanda global de fruta y asegurando su posición frente a los vaivenes económicos, sociales y políticos del país.
Esto era, a grandes rasgos, el contexto que el United Company había generado en la región bananera de Magdalena, un dominio basado en el monocultivo y el control de las rutas comerciales, el cual se vería cuestionado ante la explotación y falta de consideración con sus empleados.
Estalla la huelga.
La United Food Company realizaba diversas maniobras para esquivar la legislación colombiana y así no pagar contraprestaciones a sus empleados.
La más cuestionable y la que generaba toda una serie de abusos era la de subcontratar mediante la utilización de terceros, por lo que en el contrato laboral quedaba estipulado que los detalles del trabajo serán a cargo del contratista y ni el contratista ni sus empleados serán trabajadores de la United Fruitcompany.
De esta forma, la multinacional se desligaba de sus responsabilidades y no se hacía cargo de cumplir leyes laborales que estaban vigentes en el país desde 1915, negándose a otorgar los beneficios correspondientes.
Fue así como el 06/10/1928 se redactó un pliego de peticiones para ser presentado ante las autoridades, el cual se aprobó por unanimidad en la ciudad de Ciénaga en la Asamblea General de la Unión Sindical de Trabajadores de Magdalena.
Allí se hacía un pedido formal a la United Fruit Company de primero seguro colectivo obligatorio, segundo compensación por accidente de trabajo.
Tercero, habitaciones higiénicas y descanso dominical remunerado, cuarto aumento en 50% de los jornales de los empleados con menor paga.
Quinto, supresión de Comisariatos, los cuales perjudicaban a los comerciantes locales.
Sexto cesación de préstamos por medio de vales.
Séptimo pago semanal, octavo abolición del sistema de contratistas, noveno mejoras en el servicio hospitalario, ya que la zona no contaba con establecimientos adecuados.
La compañía hizo oídos sordos a estas peticiones y el 12/11/1928 estalla la gran huelga en todo el territorio.
Los 25000 trabajadores de las plantaciones bananeras comenzaron un boicot en el cual se negaron a cortar la fruta, lo que tenía como objetivo principal forzar a que la United Fruit Company mejorara las malas condiciones laborales a las que eran sometidos.
Rápidamente la situación escalaría, afectando no solo a los huelguistas, sino a la región.
En general, la región en apuros.
Debemos destacar que la situación que generó la huelga de trabajadores bananeros afectó a escala general a otros actores socioeconómicos de la región.
Fue así como los obreros del puerto al servicio de la gran flota blanca y los trabajadores del ferrocarril de Santa Marta, así como también pequeños agricultores, comerciantes y tenderos, vieron cómo su economía mermaba ante la falta de movimiento que originaban las plantaciones.
Los diversos comerciantes de los pueblos de la región bananera dependían en gran medida de la negociación de bebidas, alimentos, herramientas y ropa con los trabajadores.
Muchas tiendas cerraron sus puertas.
Al mismo tiempo que los comisariatos de la United Fruit Company se fortalecían, estos eran comercios administrados exclusivamente por la multinacional que a medida que la huelga se endurecía, también vieron caer sus ganancias, lo que derivó en una escasez casi completa de productos en la región.
El conflicto en la ciénaga empeoraba y a la huelga se sumaban los pequeños comerciantes que ya no querían depender y soportar la competencia desleal de los comisaríatos de la United Fruit Company.
El desenlace no parecía encontrar una salida fácil.
Resulta interesante mencionar que para el grueso de la población del país las cosas no eran tan graves y lo que sucedía en la región bananera parecía un conflicto menor y con poca trascendencia.
En esta línea, el 29 de noviembre el diario la prensa de Barranquilla hizo mención a que la huelga se estaba solucionando.
Al parecer un intercambio telegráfico entre la oficina de trabajo con el periódico indicaba que los ministros.
De industria y de Gobierno estaban en Magdalena.
Estos estaban manteniendo, al parecer reuniones con los huelguistas en buenos términos y sin hechos de violencia a la vista.
En esa misma fecha y tal vez con la esperanza de limar asperezas y retomar el camino a lo que la compañía consideraba normalidad.
La United Ruth Company Abonó a los obreros la primera quincena de los salarios que adeudaba, pero la situación comercial era realmente mala.
Se había dado una caída estrepitosa de las ventas y los bancos no podían regularizar los cobros de deudas.
Una solución era inminente y no se podía lograr con pago de salario que no tapaba el contexto en general.
Fue así como la noche del 30 de noviembre la sociedad de agricultores de Magdalena entra en sesión para tratar de encontrar una salida al conflicto.
Allí se resuelve conformar una comisión para concertar una reunión con el gerente de la United Company, en la que participarían el jefe de la oficina de Trabajo y los diferentes delegados de los trabajadores en huelga.
Sin embargo, la respuesta de la multinacional no fue del todo honorable.
El gerente se negó a sentarse en la mesa con la comisión argumentando que entre los miembros de la misma había huelguistas violentos que agitaban acciones ilegales y además, en línea con la.
Reprobable contratación de la compañía.
Alegó que los obreros no pertenecían a la United Fruit Company con semejante resultado adverso, los delegados de la Comisión se dirigieron a la ciudad de Ciénaga y desde allí promovieron entre los trabajadores la idea de emigrar de la región, al mismo tiempo que solicitaron ante la ley la posibilidad de el arbitramiento para resolver el conflicto.
Pero la actitud de la multinacional no parecía dar muestras de negociación, ya que el primero de diciembre llegaron 200 hombres del ejército en un barco de vapor de la propia empresa.
Y el 12 de diciembre se sumaron 300 militares más, los cual es ocuparon el palacio municipal.
Resulta paradójico pensar que el Gobierno de la ciudad no tenía idea de la llegada de estos soldados, algo que habla del poderío y el control que ejercía la compañía en la política de la región.
Cabe destacar que el comandante de la zona a cargo de reprimir y dar por finalizada la huelga, había solicitado expresamente a militares que no pertenecieran a la ciudad, ya que dudaba que al momento de tomar acción.
Muchos dudarán o directamente se negaran a avanzar.
Esto se debía a que la mayoría eran extrabajadores de las bananeras o tenían familiares entre los huelguistas.
El.
Lunes 3 de diciembre, los periódicos geolocales y regionales habían cambiado su visión de los hechos y publicaban en sus páginas que la realidad de la huelga era más grave que nunca.
El clima era cada vez más tenso y en esta línea, el Gobierno de Estados Unidos envió un barco a la región con intención de salvaguardar la integridad de sus diplomáticos y de los miembros de la United Fruit Company, ya que pensaban que tal vez los huelguistas los atacarían para el cuatro de diciembre.
La situación no parecía llegar a una resolución pacífica y el Secretario de Gobierno de Magdalena lanzó una crítica declaración a un periódico.
Los términos de la conciliación amistosa no parece que hayan tenido éxito ninguno.
Los últimos días previos a la masacre en estos últimos días, los militares continuaban realizando detenciones masivas y arbitrarias de huelguistas, al mismo tiempo que el general a cargo esperaba que se decretase el estado de sitio.
Los trabajadores bananeros establecidos en CIÉNAGA se organizaron para efectuar acciones que afectaran cada vez más el normal desarrollo de la actividad comercial de la United Fruits.
Fue así como se encargaron de dañar la fruta que fuera cortada, volviéndola imposible para su comercialización.
Además, paralizaron el tren que intentaba llevar racimos de bananos a los puertos, acostándose en las vías.
También ocuparon fincas bananeras de grandes propietarios que ordenaban a los trabajadores que siguieran con sus labores en una situación en particular, llegaron a amarrar al dueño de una de estas fincas junto a sus colaboradores más cercanos, liberando a los animales e impidiendo las funciones normales de cortado.
En muchos de estos incidentes se generaban enfrentamientos entre los huelguistas.
Con los dueños de las fincas y con el ejército.
El 5 de diciembre sería clave, ya que un atemorizado gobernador del Departamento de Magdalena Decretaría finalmente el estado de sitio.
Su siguiente acción sería esconderse en el palacio de Gobierno, escoltado por la policía y el ejército, ante el miedo creciente de que los manifestantes instaran a su derrocamiento, en ningún momento hizo frente o intentó dialogar con los huelguistas.
Lo siguiente fue un decreto del Consejo de Ministros con posterior aval del Consejo de Estado.
En este decía que se determinaba la alteración del orden público en la zona bananera de Magdalena.
Principales argumentos eran las pérdidas económicas que había generado la huelga y la insubordinación de los obreros que, según el Gobierno, se habían apoderado de la zona.
Había además un interés de restaurar el orden público bajo la premisa de que si esto no se lograba, el Gobierno de los Estados Unidos enviaría a marines los rumores sobre barcos de guerra norteamericano eran cada vez más a esta altura del conflicto, la prensa internacional se hacía eco de la situación.
Ya que la imposición de un estado de sitio resultaba una medida singular e impactante para tratar de paliar la atención.
Por su parte, los periódicos nacionales hablaban de la huelga más numerosa y larga de la historia del país, con una duración de 30 días y que para ese momento contaba con la participación de 32000 obreros.
Además, y casi sin esperanzas, volvían a destacar que era improbable que la situación se resolviera en buenos términos.
Y efectivamente, eso fue lo que sucedió, la matanza.
La noche del 05/12/1928, los trabajadores de la United Fruit Company se enteraron de la disposición firmada por el Gobernador del Departamento de Magdalena, el decreto que imponía el estado de sitio los obligaba a dispersarse de los distintos puntos de reunión que estaban ocupando para realizar sus reclamos pacíficos.
Grande fue el malestar que generó esta noticia entre los huelguistas, más aún sabiendo que ninguna comisión de representantes había sido consultada ni informada al respecto.
Y solo se había instaurado desde la óptica de una corporación norteamericana con gran furor atendiendo a la fuerte decepción de que los militares colombianos protegieran los intereses de una compañía extranjera y tomando la huelga como una gran bandera nacionalista, los trabajadores intensificaron las protestas.
Es así como llegamos a la madrugada del 06/12/1928, momento en el que se le ordenó al ejército colombiano que hiciera cumplir las disposiciones del gobernador del Departamento de Magdalena.
Los militares llegaron a la plaza cercana al ferrocarril a la 1:30 de la mañana, en donde los huelguistas estaban acostados en los playones al aire libre y en los alrededores de la estación de tren.
Lo primero que hizo el ejército fue ordenar a los trabajadores que se dispersaran.
Y para reforzar la demanda, leyeron en voz alta el texto del decreto legislativo que disponía el estado de sitio.
Después le dieron 15 minutos a la multitud para que abandonara el lugar y se separara.
Sin embargo, esto no sucedió.
E incluso comenzaron a escucharse gritos con las consignas Viva Colombia.
Y Viva Colombia libre, mientras se agitaban pancartas alusivas a la lucha obrera y en contra de la explotación laboral, la siguiente advertencia llegó con 3 toques de corneta a intervalos de 1 minuto al ritmo de los tambores.
Previamente, el ejército avisó que si para el tercer toque la multitud no se disipaba.
Lo siguiente sería dispararles.
Pero la lucha obrera estaba en su punto más alto y el clamor popular de los trabajadores de la United Company que buscaban una vida mejor se mantuvo.
Eligieron no dispersarse y continuaron frente al ejército de su país, tal vez pensando que sus compatriotas no les dispararían y que todo era parte de una muestra de poder, o tal vez pensando que apuntarles con arma de fuego, era solo una advertencia.
Sin embargo, lo que parecía lejano sucedió en pocos segundos.
Y los disparos no se hicieron esperar.
Rápidamente las balas del ejército colombiano contra los obreros en huelga hicieron el trabajo sucio de la United Fruit Company.
Esa noche, la ciudad de Ciénaga mostró un espectáculo terrible y horroroso.
El día después.
Hay numerosos desacuerdos respecto a las cifras tanto de la multitud de obreros que se encontraba en la estación de tren, como de la cantidad de muertos y heridos provocados por el ejército.
Por un lado, algunas investigaciones indican que esa noche la cantidad de huelguistas era alrededor de 1500, mientras que otros documentos hablan de entre 2000 y 4000 personas.
Asimismo, los primeros reportes periodísticos aparecidos en la prensa de Barranquilla indicaban que habían sido 8 muertos y 20 heridos.
Sin embargo, ese mismo periódico daba a conocer tan sólo una semana después.
Que los muertos ascendían a 100 y los heridos a 238.
Por su parte, la gente de la ciénaga cree que los muertos se contaban por decenas en números que fluctuaban entre los 60 y 400 personas asesinadas.
Se dice que muchos cuerpos fueron llevados en vagones de tren para ser enterrados en fosas comunes o tirados al mar.
Por su parte, las fuentes gubernamentales proporcionaban el sorprendente número de más de 1000 muertos, el cual informaban entre comunicaciones diplomáticas reservadas.
De todas formas, el manejo mediático de la prensa norteamericana se dedicó a descartar cuestiones imparciales y aplicó sus esfuerzos en preservar los intereses acomodados de la United Fruit Company y del Gobierno estadounidense.
Por su parte, la manipulación política del Estado colombiano se encargó de que la prensa desinformara y ocultara la verdad a la población.
Sin embargo, más allá de la información dispar respecto a las cifras de muertos y heridos en lo que fue conocido como la masacre de las bananeras.
Sólo queda resaltar que el ejército colombiano se aplicó a disparar a obreros de su mismo país con el único objetivo de defender los intereses económicos de una compañía extranjera.
Una acción que al día de hoy.
No deja de resonar en la memoria de la población.
Y para cerrar esta historia tenemos la grata compañía de.
Quita.
Princesa, que ya se sabe toda toda la historia de Colombia y sus alrededores, si a ustedes les gusta ese tipo de contenido, se pueden suscribir a mi canal y activar la campanita de notificaciones.
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Gracias por ver por compartir y nos vemos en un próximo vídeo hasta pronto.
Bye, bye bye.
Uy, no.
Hola, hola a todos.
Signo de exclamación de cierre.
Podcast Summary
Key Points:
La Masacre de las Bananeras ocurrió el 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga, Colombia, cuando el ejército disparó contra trabajadores en huelga de la United Fruit Company.
La huelga estalló debido a las pésimas condiciones laborales, la explotación y el sistema de subcontratación de la multinacional, que evadía las leyes colombianas.
El conflicto escaló afectando la economía regional, y el gobierno, presionado por la empresa, decretó el estado de sitio para reprimir la protesta.
Las cifras de víctimas son controvertidas, variando entre decenas y más de mil muertos, y el hecho fue silenciado o minimizado por los gobiernos y la prensa de la época.
Este evento es un símbolo de la violencia laboral y la injerencia extranjera en Colombia, inspirando obras literarias y permaneciendo en la memoria histórica nacional.
Summary:
La Masacre de las Bananeras fue un evento trágico ocurrido en la madrugada del 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga, Colombia. La huelga de aproximadamente 25,000 trabajadores de la United Fruit Company estalló debido a condiciones laborales abusivas, salarios bajos y un sistema de subcontratación que eludía las leyes locales. Los trabajadores presentaron un pliego de peticiones exigiendo mejoras, pero la empresa ignoró sus demandas.
El conflicto paralizó la región económicamente. Ante la presión de la multinacional y con el pretexto de restaurar el orden, el gobierno decretó el estado de sitio. El ejército colombiano, siguiendo órdenes, disparó contra una multitud de huelguistas pacíficos que se negaron a dispersarse en la estación del ferrocarril.
El número exacto de víctimas nunca se esclareció, con estimaciones que varían desde decenas hasta más de mil muertos, muchos de los cuales fueron enterrados en fosas comunes o arrojados al mar. El hecho, emblemático de la explotación y la violencia estatal, fue posteriormente silenciado o distorsionado por la prensa y los gobiernos de Colombia y Estados Unidos, pero perdura como una herida histórica en la memoria colectiva del país.
FAQs
Fue una matanza de trabajadores en huelga de la United Fruit Company, ocurrida el 6 de diciembre de 1928 en Ciénaga, Magdalena, cuando el ejército colombiano disparó contra los manifestantes.
Los trabajadores protestaban por las pésimas condiciones laborales, como la falta de seguro, compensación por accidentes, salarios bajos y el sistema de subcontratación que evadía las leyes laborales colombianas.
La empresa ejercía un monopolio, controlaba precios y rutas comerciales, se negó a negociar con los huelguistas y presionó al gobierno colombiano para reprimir la protesta, incluso con apoyo del gobierno estadounidense.
Decretó el estado de sitio en la zona y envió al ejército para reprimir la protesta, priorizando los intereses económicos de la compañía extranjera sobre los derechos de los trabajadores colombianos.
Las cifras son controvertidas: reportes iniciales hablaban de 8 muertos, pero luego se mencionaron entre 60 y más de 1000 víctimas, con muchos cuerpos enterrados en fosas comunes o arrojados al mar.
Se convirtió en un símbolo de la lucha obrera y la represión estatal, inspiró obras literarias de autores como Gabriel García Márquez y sigue resonando como un hecho traumático en la conciencia nacional.
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