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La Jupía

11m 32s

La Jupía

La transcripción explora el origen y características de la jupía (u opía), una leyenda dominicana de raíces taínas. Según la mitología indígena, las opías son los espíritus de los muertos, que deambulan por las noches, se alimentan de guayaba y carecen de ombligo, detalle clave para distinguirlas de los vivos. Ramón Pané, en sus crónicas, documenta que estos seres residen en el "Qui vai", gobernado por "Máquetaurie Guayaba". La leyenda vincula a las opías con murciélagos frugívoros, por sus hábitos nocturnos y dieta similar. Aunque juguetonas, cumplen una función de equilibrio cósmico. En contraste, se menciona al "maboya", un espíritu malévolo. La creencia, aunque desdibujada, perdura en comunidades rurales dominicanas, donde se teme encontrar a estos fantasmas nocturnos. El presentador reflexiona sobre la importancia de rescatar estas tradiciones orales para preservar la memoria cultural taína.

Transcription

1629 Words, 9363 Characters

Spanish
La voz de la iguaca, nuestra cotorra para la enchina, tiene aquí sentido premonitorio. Los pericos y cotorras son los mensajeros de la sierra. Yocaju, Baguá, Macrocoti, Dios de la Yuca, es el ser supremo que organiza y desorganiza las vidas humanas. En tierra de las opías, Soraya, la muerte, espera sentada a los viajeros. "Fragmento del libro Indios, apuntes históricos y leyendas del maestro Juan Bosch". Las jupías de mi tierra no tienen un bligo, las jupías de mi tierra. ¡Gracro! ¡Tamo grabando! ¡No tiene. ¡Ah! ¡Ok! Tiremos la pista entonces. ¿Qué tal amigos bienvenidos a otro episodio de mitos y leyendas dominicanas? Hoy, prepárense para llevarse un gran susto si salieron solos en la oscuridad. ¿Por qué nos encontraremos con la jupía? "El diccionario de mitos y leyendas de grupo naya, describe la jupía de la siguiente manera. Las opías eran para los indios, las ánimas de los hombres muertos, una especie de espíritu femenino de la aire que así apareció en incorporar durante las noches. Punto a esta entidad, aparecen la leyenda indígena el operito, fantasma nocturno con forma humana, que era conocido porque al no ser engendrado natural de úter humano, carecía de un bligo. Hoy, la leyenda indígena es recordada por los campesinos en la aparición de la jupía, mujer fantasma que ronda por los montes oscuros en las noches silenciosas y profundas de los campos". En la página www.pueblosoriginarios.com donde encontró una descripción más profunda sobre las opías, que es la pronunciación correcta, que luego se llevó a la palabra "jupía" en nuestros campos. Los muertos tenían un espíritu llamado "opía", se escondía durante el día y salía la noche a comer guayaba, cuyo jugo produce una pintura de color negro con la que simbolizaban la muerte. El opía podía transformarse en muchas formas, incluso tomar la de los seres vivos en este caso solo se les podía distinguir porque no tenía un bligo. Las opías o jupías, que al igual que ópil lleguro viram, son irreverentes y burlones, disfrutan enganar a los vivos, duermen de día y salen de noche a comer guayaba. Su función era mantener el equilibrio entre las fuerzas antagonicas del día, orden, mundo de los vivos y la noche, desorden mundo de los muertos. Así lo cuenta Ramón Pané en los capítulos 12 y 13 de su libro "Relación acerca de las antiguidades de los indios". Creen que hay un lugar al que van los muertos que se llama "Qui vai", que está en un extremo de la isla llamado "Soraya". El primero que estuvo en "Qui vai" dicen que fue uno llamado "Máquetaurie guayaba", que era el señor del "Qui vai", casa y habitación de los muertos. Dicen que durante el día los muertos están recluidos, por la noche van a recreo y comen cierto fruto que se llama guayaba, para conocer los muertos tienen esta manera, que con la mano les toca en el vientre y si no les encuentran el obligo, dicen que es "operito" que quiere decir muerto, pues dicen que los muertos no tienen obligo. Mientras vive una persona, llaman al alma "goeiza" y después de muerta la denominan "opía". Dicen que "goeiza" se aparece muchas veces, ya en forma de hombre o de mujer, y afirman que ha habido hombre que se atrevió a pelear con "goeiza" y queriendo abrazarlo este desaparecía y el indio metía los brazos más allá, encima de algunos árboles, de los cuales quedaba colgado. Esto lo creen todos en general, lo mismo los pequeños que los mayores, y también que se les aparecen los muertos en forma de padre, de madre, de hermanos, de parientes o de otras formas, los muertos no se le aparecen de día, si no siempre de noche, y por ello no sin gran miedo se atreve algún indio a ir solo en la noche. Algo muy interesante que encontré también es la relación que existe entre las "opías" y los murciélagos. En murciélago era asociado a la muerte, pasaba el día escondido en la cueva para de noche salir a consumir guayaba. Otros autores consideran que la lechusa también era un símbolo de la muerte para los taínos, ya que en sus representaciones, los ojos se asemejaban a las cuencas de los ojos vacíos en los cráneos humanos. Fue muy agradable encontrar una publicación realizada por el Banco Popular del libro "Taínos", la teiz sociedad escrito por Manuel García Arevalo. Y sí to lo siguiente. Con relación a este pasaje mitológico, el de Ramón Pané, los murciélagos frugívoros, entre ellos la especie "Artibéus a My Senses", que es la más común en la isla española, tiene una especial predilección por la guayaba, lo que permite vincular al murciélago con las nocturnas opías, pues como ya vimos, según las creencias de los taínos, los espíritu de los muertos tenían esa misma predilección, y al igual que los murciélagos estaban recluidos durante el día, por eso no es de extrañar que la primera opía de la isla española, convertido en el señor de la morada de los muertos, llevara por nombre "Máquetaurie guayaba". A su vez, el mito referido por Pané resalta la ausencia de lo obligo en la caracterización de los muertos, esta versión es significativa, dado que las representaciones, quirócteriformes, especialmente las modeladas en las asas de las vasijas cerámicas, presentan un oyuelo circular en el centro de la figura que, conforme al carácter aspto del arte taíno, puede ser interpretado como la ausencia de lo obligo, es elemento que establecía la diferencia entre vivos y muertos. El agujero que servía para colgar el recipiente puede verse además como la ausencia de lo obligo, por lo que constituye una clave sotérica de alto sentido y conográfico y simbólico, prueba de la vinculación de las opías con los murciélagos al ser esto una forma adoptada por las almas de los desaparecidos para reaparecer en el mundo de los vivos. En las sociedades de carácter clánico, se considera que al morir las personas se liberan sus espíritus, la influencia de estas fuerzas o potencias sobrenaturales infunde temor, por lo que se intenta invocar o reverenciar la memoria de los antepasados, especialmente de los difuntos recientes, con la finalidad de apasiguarlos y revertir su potencia espiritual para ponerla al servicio de la protección personal o de la comunidad en general. La creencia de que los muertos se aparecían entre los vivos, desprovistos de obligo, tiene hasta cierto punto una explicación lógica, por ser el obligo una huella de nuestra vida prenatal. En tal sentido, si una persona fallecida vuelve a la vida por una vía sobrenatural, no ha necesitado del cordón umbilical para renacer, por tanto en la religiosidad taína, la ausencia de obligo es indicativa de estar en presencia de un difunto. A pesar de la leja ni en el tiempo y de las adaptaciones propias de la tradición oral, dicha creencia aún hoy se mantiene en el folclor dominicano. En varias comunidades de la República Dominicana, se cree que los muertos salen de noche y que no tienen obligo, sino un gran agujero por el cual se puede ver una bela incendida. Yo me creé una buena parte de mi niñez en un campo, y sí, fui de los que tuvo que salir con una humiadora a la letrina de noche, y el miedo más grande que cualquier dominicano creado en un campo podía tener era el de encontrarse con un muerto a esas obras, o en este caso con una jupía. Lo que nunca había escuchado era el hecho de que no tenían obligos, y tampoco sabía que tenía un hueco por donde se podía ver una bela. Imagino que lo de la bela se agregó tiempo después, porque que yo sepa los indígenas no utilizaban bela, o menos que alguien me corriga. Algo a tomar en cuenta es que dentro de la creencia taína estas formas podían materializarse en formas humanas, y la única forma de poder descubrirlos era palpando a ver si tenía un blío. Otro punto a estudiar es que en las opías eran burlonas y juguetonas, pero había un lado contrario, había un espíritu contrario, conocido como "mabulla" o "maboya". En la mitología taína, "maboya" es un espíritu malicioso al que los indios taínos del caribe les suponen el causante de todas las desgracias, los males y las enfermedades, y creen que para tormentarles se le aparece bajo distintas formas, los "maboyas" solo salían de noche para hacer sus fechorías. Algunos estudiosos piensan que la cigwapa pertenecía a este grupo de los espíritus de las mamaboya o las mamabullas. Esto claro causa cierta contradicción porque como vimos en el capítulo de las cigwapas, algunos creen que la historia de la cigwapa es más adelante de la historia de los taínos y en este caso incluirlas en esta descripción pues las incluye dentro de las creencias taínas también. Lo especial en todo esto es que ya entendemos de dónde vienen las jupías y sabemos que pertenece a nuestra cultura taína. Así que espero que hayamos aprendido algo muy interesante el día de hoy sobre este tipo de leyendas del que debo decir que pregunté mucho y casi nadie supo decirme nada. Al parecer esta leyenda está desapareciendo en el tiempo como le están haciendo muchas otras leyendas y cuentos de nuestros campos y espero que podamos irlas descubriendo una una y trayéndolas a la vida para que vuelvan a estar presentes en la memoria de todos los dominicanos. Soy Cristian Díaz y nos escuchamos en el próximo episodio. Soy Cristian Díaz y te invito a que nos escuchemos en el próximo podcast. Si tienes una historia o leyenda que te gustaría escuchar aquí envíala a mitos y leyendas [email protected] y lo haremos parte de este programa. Hasta la próxima.

Podcast Summary

Key Points:

  1. La jupía (u opía) es un espíritu femenino de la mitología taína, considerado el alma de los muertos que aparece de noche.
  2. Se caracteriza por carecer de ombligo, lo que la diferencia de los vivos, y se alimenta de guayabas, fruta asociada a la muerte.
  3. Estas entidades son burlonas y mantienen el equilibrio entre el mundo de los vivos (día/orden) y el de los muertos (noche/desorden).
  4. Existe una conexión simbólica entre las opías y los murciélagos frugívoros, por sus hábitos nocturnos y preferencia por la guayaba.
  5. La creencia persiste en el folclor dominicano, aunque adaptada, y se contrasta con espíritus malignos como el maboya.

Summary:

La transcripción explora el origen y características de la jupía (u opía), una leyenda dominicana de raíces taínas. Según la mitología indígena, las opías son los espíritus de los muertos, que deambulan por las noches, se alimentan de guayaba y carecen de ombligo, detalle clave para distinguirlas de los vivos. Ramón Pané, en sus crónicas, documenta que estos seres residen en el "Qui vai", gobernado por "Máquetaurie Guayaba".

La leyenda vincula a las opías con murciélagos frugívoros, por sus hábitos nocturnos y dieta similar. Aunque juguetonas, cumplen una función de equilibrio cósmico. En contraste, se menciona al "maboya", un espíritu malévolo.

La creencia, aunque desdibujada, perdura en comunidades rurales dominicanas, donde se teme encontrar a estos fantasmas nocturnos. El presentador reflexiona sobre la importancia de rescatar estas tradiciones orales para preservar la memoria cultural taína.

FAQs

Una jupía es un espíritu femenino o fantasma nocturno de origen taíno, derivado de las 'opías', que ronda los montes oscuros y carece de ombligo, siendo considerado un alma de los muertos.

Provienen de las 'opías', espíritus de los muertos en la cultura taína, que salían de noche a comer guayaba y podían transformarse en diversas formas, pero se distinguían por no tener ombligo.

Se identifica palpando su vientre, ya que carece de ombligo, lo que simboliza su condición de difunto en la religiosidad taína, diferenciándola de los vivos.

Los murciélagos frugívoros, como el 'Artibéus', comparten la predilección por la guayaba con las opías, vinculándose así a la muerte y a las almas nocturnas en la mitología taína.

Era el señor de 'Qui vai', la morada de los muertos, y se considera la primera opía de la isla, asociado al consumo de guayaba y a la ausencia de ombligo.

Mantenían el equilibrio entre las fuerzas antagónicas del día (orden, mundo de los vivos) y la noche (desorden, mundo de los muertos), actuando como espíritus burlones y juguetones.

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