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10. La Inteligencia Artificial en el arte

19m 30s

10. La Inteligencia Artificial en el arte

En este episodio del podcast, la presentadora reflexiona sobre la transformación del arte impulsada por tecnologías como los NFTs y la inteligencia artificial. Señala que ambas llegaron con promesas de democratización y revolución creativa, pero terminaron siendo cooptadas por el mercado especulativo. Los NFTs, que alguna vez fueron vistos como una fiebre cultural, ya se sienten como un capítulo pasado, mientras la IA avanza rápidamente. La diferencia clave es que los NFTs mercantilizaron la singularidad, mientras que la IA amenaza con anular la necesidad misma de un autor humano, generando contenido infinito y automatizado. Esto plantea preguntas inquietantes sobre el valor del arte y la creatividad. Sin embargo, la presentadora no busca demonizar la IA, sino invitar a una reflexión crítica. Argumenta que la tecnología es neutral; su impacto depende de cómo la usemos. Si la empleamos solo para producir más rápido y barato, repetiremos el ciclo de consumo vacío de los NFTs. Pero si la usamos para explorar nuevas preguntas y expandir nuestra percepción, podría ser una verdadera revolución cultural. El verdadero desafío no es técnico, sino humano: decidir qué tipo de arte y sociedad queremos crear. La clave está en la intención, la crítica y la humanidad, no en el miedo o la aceptación ciega.

Transcription

2709 Words, 16411 Characters

Spanish
Bienvenidos a mi gente bonitable, vamos a arte un nuevo episodio del podcast, estoy feliz de tenerlos aquí de regreso, porque el día de hoy les trae un tema que a mí me interesa muchísimo seguir aprendiendo y que estoy segura que ustedes también les vaya a llamar la atención porque está por todos lados, ¿no? En los últimos años, el arte y la creatividad, hemos visto cómo han experimentado esa transformación que panece sacada de una película futurista. Tenemos a tecnologías como los NFTs, la inteligencia artificial que llegaron prometiendo esta auténtica revolución, la idea de que cualquiera, en cualquier lugar, podía crear, compartir y aparte poseer arte de formas que nunca habíamos imaginado. Y sonaba bastante emocionante porque era como esta democratización total del proceso creativo, así fue como nos lo vendieron, ¿no? Pero esta revolución artística, por un toco, comenzó a mostrar nosotros otra cara, una en donde ya vemos cómo el mercado y la especulación parecían ganar protagonismo sobre la innovación y la expresión y digo cómo acaba de suceder, ¿no? Lo del plata no pegaba a la pared, fue un ejemplo perfecto de todo esto. Después acaré un episodio dedicado nada más a esto que sucedió, pero bueno, creo que lo fascinante es que apenas un par de años después del boom que fueron los NFTs, ya se sienten como si fueran esta negrita cultural, una especie de fiebre pasajera, porque lo que en su momento fue presentado como una revolución inevitable, un cambio en las dinámicas de creación y de distribución, hoy se siente más como un capítulo dentro de este ciclo eterno de modas digitales. Y si los NFTs ya se han diluido en la conversación pública, o sea que ya no hablamos tanto de ellos, creo que es porque como tantas otras promesas tecnológicas, pues fueron absorbidos y desechados a la velocidad del mercado, que es impresionante. Así que, ¿qué sigue? ¿Cuál es esta nueva revolución? Y el tema que yo propongo que hablamos el día de hoy es la inteligencia artificial. Ahora, vamos a todo este episodio. A mí me gustaría hacer una comparación entre lo que sucedió con los NFTs y con la inteligencia artificial, lo que está pasando el día de hoy. Y creo que esta comparación puede parecer, tal vez un poco convencional o más bien poco convencional, porque no son términos opuestos y ni siquiera cumple en funciones idénticas. Pero la intención de utilizar esta comparación o analogía no es establecer una competencia entre ambas tecnologías, sino que observemos los patrones comunes de cómo se nos presentan, cómo se adoptan y en algunos casos cómo se desechan. Tanto los NFTs, cómo la inteligencia artificial llegan acompañados de un discurso revolucionario, prometiendo transformar el arte, la creatividad de una manera irreversible y hacer este ejercicio comparativo, al menos a mí me sirve para reflexionar las dinámicas culturales y económicas que rodean estas innovaciones, más allá de diferencias técnicas o conceptuales. No intento simplificar las complejidades que tiene cada unón y sugerir que están compitiendo entre sí, si no me interesa se explorar como sociedad, estamos reaccionando ante estas entre comillas revoluciones tecnológicas. Creo que esto, homadiene, quiero hacerlo como una invitación para que cuestionemos, que aprendemos del auge y de la caída de los NFTs y aplicar este aprendizaje de una manera crítica frente a la inteligencia artificial, entendiendo que no se trata de oponerlas ni de decir que son similares, porque la inteligencia artificial la marca tantos temas y los NFTs, pues otros, pero que analicemos las narrativas que las envuelven y las decisiones que tomamos al adoptarlas. Así que bueno, este fenómeno de los NFTs y el auge de la inteligencia artificial tienen algo en común y es que ambos naces del sueño de desintermediaciones, decir, la idea de que podemos eliminar a intermediarios como galerías, curadores y empoderar al usuario, al comprador o al creador, incluso frente a estas instituciones tradicionales. Entonces tenemos el surgimiento de plataformas como super rare, como foundation que prometían artistas, que podían vender directamente a su audiencia eliminando por completo o casi por completo la dependencia de estos mecanismos de validación tradicional del mundo del arte, o sale de Sian al artista. Tú ya no tienes que ir con un tercero, un curador, un galerista, un ocurador, un galerista o alguien que te promocione tu trabajo, tú como artista le puedes vender directamente al público. Pero los NFTs terminaron al servicio del capital especulativo que estaba en un mercado inflado por interés de inversores que buscaban esta nueva burbuja financiera más que obras con valor estético o conceptual. La inteligencia artificial en cambio parece estar siguiendo un camino similar. Lo que se vendió en ese entonces como un herramienta para democratizar el acceso al conocimiento y la creatividad, pues ya está rápidamente mutando en otra pieza dentro del complicado en granaje del mercado. Tenemos empresas como en López, E.A. y Gugel que están compitiendo para monopolizar el desarrollo de la inteligencia artificial mientras las discusiones éticas que deberían, o bueno, hablar del deber es una cosa complicada, ¿no? Pero que tal vez debería de ser el corazón del debate, no? Ya esto está quedando relegado un segundo plano y lo vimos en la caída en la rápida adopción, ¿as bien, de chat GPD, de Mejerny, donde el entusiasmo por sus capacidades ya superó cualquier reflexión sobre el impacto que tienen en el trabajo creativo humano. Y lo relevante aquí es que la inteligencia artificial se está posicionando como este nuevo paradigma en la creación cultural. El discurso, pues, nos recuerda el que acompañaba los en Eftiz, que el cambio es inevitable que las reglas del juego han cambiado y que todo el mundo tiene acceso a un poder creativo sin precedentes. Y nos continúa vendiendo la idea de que la inteligencia artificial es la herramienta definitiva que permitirá a cualquier persona ser un artista, sin barreras de habilidad o de acceso incluso. Pero hay una diferencia fundamental. Lo que veo es que la inteligencia artificial no promete únicamente redistribuir la propiedad de las obras de arte, sino que directamente desplaza ya la noción que tenemos de la autorumano, es decir, nos pone en jaque esta necesidad misma de que un ser humano esté detrás de la creación. Y si los en Eftiz nos vendían esta exclusividad, la inteligencia artificial ofrece algo, creo yo más inquietante, que es la creación infinita y automatizada sin necesidad de intermediarios humanos. Que bueno, esto está por debatirse, porque claro que se necesita un humano todavía para poder manejar todo este programa o mundo. Ya no se trata el día de hoy solo de quién es dueño de una obra, sino de si esa obra necesita siquiera un creador humano, porque en lugar de preguntarnos quién es el dueño de una obra cuando estamos frente a una, como lo vemos desde debates de autoría en el renacimiento, piensen entre un Miguel Ángel, como este maestro artesano, versus una obra de un taller anónimo. Creo que el día de hoy nos enfrentamos una pregunta más perturbadora y es necesario que el arte tenga autor. Y esta pregunta la hago de manera retórica, verdad o sea, no que yo piense de que el arte no merezca un autor. Lo hago más bien para iniciar esta reflexión que creo que es tan importante. Porque tal vez el mundo nos está diciendo que ya no importa quién es el que crea, el que esté creando, si no nada más importa que se cree, que haya contenido constante, interminable al servicio del algoritmo. Y aquí es donde la inteligencia artificial supera los eneptiz, porque no es solo una novedad especulativa, sino una transformación profunda en el proceso mismo de creación. Tomemos, por ejemplo, la explosión de imágenes generadas por la inteligencia artificial en diferentes plataformas que ya han comenzado a cuestionar los límites entre la obra original y una reproducción. Y ya no es si que estamos hablando de copiar o de emular un estilo, estamos hablando de crear algo completamente nuevo, pero sin esta intervención tan directa de un humano. Esta creación sin alma, sin la subjetividad del artista, que históricamente ha sido el corazón del proceso artístico. Y creo que curiosamente con este nuevo paradigma, pues también nos plantea un problema similar a lo de los eneptiz. Si todo puede ser creado al instante, donde está el valor de una obra. Creo que lo piensen un segundo y me den sus respuestas. Me lo pueden compartir por donde quieran Instagram, correo o por aquí en Spotify. Porque igual que ocurrió con los NFTs, la sobreproducción de contenido puede vaciar, de significado en el acto creativo. Entonces, les pongo un ejemplo. Como un pixel vendido en sodas de bisnos, dejaba en sus pensolas preguntas sobre qué es la arte, acuerdense como lo vimos con el famoso caso de Bipoll, que era este artista digital que hacía estos colaches digital y se vendió every day the first 5000 days una obra que liso y se vendió a 69 millones de dólares en Crystis. Y era una obra de NFT. Esta obra generada por inteligencia artificial, pues ahora deja abierta esta cuestión si el artén necesita siquiera un creador con una intención clara. Porque cuánto valor puede tener una obra que es generada en segundos y replicada al infinito. En este contexto, los NFTs parecen entonces haber sido como este preludio del problema más grande que nos vamos a enfrentar el día de hoy. Si los NFTs mercantilizaron la singularidad, la inteligencia artificial amenaza con anularla por completo. Y el riesgo es que al final ambas tendencias no cumplan su promesa de revolución, sino que profundicen en esta alienación del creador en la era digital. Está por verse, claro. Porque lo que alguna vez se presentó como un sueño de liberación artística que podría convertirse en una distopia donde el arte es una producción mecánica al servicio del mercado y la creatividad se reduce una funcional bóritmica. Creo que es un tema complicado y de mucho opinión, mucho debate, no se trata, no quiero el día de hoy alimentar un miedo irracional hacia la inteligencia artificial ni de verla como un ladrón que nos está rebatando nuestra esencia creativa. Porque pensar así sería caer en un reduccionismo que no solo limita el debate, sino que también os priba de conocer o reconocer las oportunidades y las matices que estas tecnologías nos pueden ofrecer. Mi intención con este episodio no es demonizar la inteligencia artificial, sino invitar a una reflexión crítica sobre cómo interactuamos con ella y qué lugar ocupa en nuestra construcción del arte, de la cultura y en última instancia yo creo que la más importante de nuestra humanidad. La historia nos ha mostrado que el miedo a la tecnología ha siempre estado presente. Desde la imprenta hasta la fotografía cada avance se recibe con el septicismo bajo la sospecha de que va a destruir el valor de lo humano. Y como quiera estas herramientas no nos han robado nuestra creatividad, más bien han redefinido los límites. Y la inteligencia artificial no es nada diferente, no es una amenaza en sí misma, es una herramienta cuyo impacto dependerá de cómo decidamos utilizarla y las preguntas que hagamos en el proceso. Claro que nosotros no podemos estar involucrados en lo que estás sucediendo allá por otros lados del mundo y cómo le están utilizando para poder autoridad, un mundo de cosas, pero algunos de nosotros los mortales que lo usamos para la creación de obra o para ganarnos el pan del día a día lo que sea hagamos estas preguntas necesarias del proceso y cómo decidimos utilizar estas herramientas. Por eso aquí el objetivo no es crear panico ni quiero generar una narrativa apocalíptica donde los algoritmos van a desplazar a los humanos como creadores. Y no estimular este pensamiento más profundo sobre las implicaciones culturales, éticas y artísticas de estas tecnologías. Porque estamos utilizando la inteligencia artificial para amplificar nuestra creatividad, para cuestionar nuestras concepciones del arte o simplemente las usamos para satisfacer las exigencias del mercado. Estamos siendo consumidores pasivos de lo que nos ofrecen estas herramientas o estamos participando activamente en moldearlo que deberían de ser. Creo que la clave está en reconocer, pues que la tecnología no opera en un vacío profundo y completo, está cargada de intenciones de quienes la diseñan y la adoptan. Por eso debemos preguntarnos ¿qué tipo de arte queremos crear en esta nueva era? Queremos un arte que refleja nuestras complejidades, nuestras contradicciones, nuestra esencia como humanos o simplemente un flujo interminable de contenido optimizado para ser consumido rápidamente. Creo que pensar críticamente sobre estas cuestiones no significa rechazar la inteligencia artificial, sino entenderla, cuestionarla y sobre todo decidir cómo integrarla de una manera consciente a nuestro paisaje creativo. El verdadero desafío y ganó esta en la tecnología, si no es nuestra capacidad para cuestionar sus implicaciones y en nuestra disposición a usarla de manera consciente. Porque si permitimos que la inteligencia artificial se convierta en otra herramienta al servicio del mercado, reduciremos su potencial transformador al mismo ciclo de consumo y obsolencia que atrapó a los eneptiz. Pero un cambio si decidimos utilizarla o abordarla críticamente, creo que podemos darle un propósito más profundo, no como un reemplazo de los humanos, sino como una extensión de nuestra capacidad de imaginar y reflexionar. La inteligencia artificial al igual que cualquier avance tecnológico es neutral por naturaleza, no tiene intenciones, no busca robar nuestra esencia creativa, ni reemplazar nuestras ideas. Es un espejo que refleja tanto nuestras aspiraciones como nuestras creencias, incluso. Y si lo único que vemos en ella es un recurso para producir más rápido y más barato, eso no habla de la inteligencia artificial. Eso habla de las prioridades que hemos adoptado como sociedad. Pero si lo usamos para explorar preguntas que antes parecían imposibles, para crear obras que expandan los límites de nuestra percepción y para reimaginar lo que significa ser un ser humano, entonces sí podría ser una revolución. No solo tecnológica, sino también artística y cultural. El arte y bien lo saben ustedes que escuchan desde sus orígenes ha sido esta herramienta para desafiar estructuras existentes, para dar sentido a lo que no comprendemos y para conectar con lo más profundo de nuestra humanidad. Y esa función no desaparece con la llegada de nuevas tecnologías. Lo que cambia o ganése el medio no es la intención, no perdamos de vista esto. La pregunta entonces no es si la inteligencia artificial pueda crear arte de la misma manera que un humano, sino nosotros como creadores y espectadores. Estamos dispuestos a aceptar el desafío de interactuar con ella de manera significativa. Creo que si algo nos enseñó este auge y la caída de los NFTs, es que no basta con una innovación técnica para transformar el arte. Hace falta intención, crítica y sobre toda humanidad, porque de lo contrario corremos el riesgo de que nuestras herramientas más avanzadas se conviertan en simples mecanismos de reproducción vacíos, mientras que dejamos que lo verdaderamente revolucionario, que es nuestra capacidad de imaginar un futuro diferente se pierden el ruido. No debemos de tenerle miedo a la inteligencia artificial, pero tampoco podemos aceptar sin cuestionar todo lo que promete. Debemos de usarla otra vez, el deber es algo complejo, pero este es mi opinión. Usarla como este punto de partida para pensar más allá de fórmulas y de algoritmos, para recuperar el sentido del arte como un espacio de reflexión, de contradicción y de conexión humana, porque al final ninguna máquina puede responder por nosotros a la pregunta más importante, que significa crear y para quien lo hacemos. Quiero saber ustedes que opinan, déjenme sus comentarios aquí en Spotify, en Instagram donde ustedes me estén escuchando y bueno, mi gente bonita, hablamos arte y mi team secreto que tanto quiero y adoro que se quedaste al final de cada episodio les agradezco desde lo más profundo de mi corazón que hayan escuchado el día de hoy y que le entren a este debate que me parece sumamente interesante, los leo, los escucho y pues nada, mi gente bonita, hablamos arte, nos vemos el próximo episodio y hablamos arte la próxima semana. [Música]

Podcast Summary

Key Points:

  1. Se compara el auge y caída de los NFTs con la actual adopción de la inteligencia artificial en el arte.
  2. Ambas tecnologías prometieron democratizar la creatividad, pero terminaron siendo absorbidas por el mercado especulativo.
  3. La IA plantea preguntas más profundas que los NFTs, como si el arte necesita un creador humano.
  4. Se critica la sobreproducción de contenido sin alma y la posible pérdida de significado artístico.
  5. Se invita a un uso crítico y consciente de la IA, no al miedo ni a la aceptación pasiva.
  6. El verdadero desafío no es tecnológico, sino cultural

Summary:

En este episodio del podcast, la presentadora reflexiona sobre la transformación del arte impulsada por tecnologías como los NFTs y la inteligencia artificial. Señala que ambas llegaron con promesas de democratización y revolución creativa, pero terminaron siendo cooptadas por el mercado especulativo. Los NFTs, que alguna vez fueron vistos como una fiebre cultural, ya se sienten como un capítulo pasado, mientras la IA avanza rápidamente.

La diferencia clave es que los NFTs mercantilizaron la singularidad, mientras que la IA amenaza con anular la necesidad misma de un autor humano, generando contenido infinito y automatizado. Esto plantea preguntas inquietantes sobre el valor del arte y la creatividad. Sin embargo, la presentadora no busca demonizar la IA, sino invitar a una reflexión crítica.

Argumenta que la tecnología es neutral; su impacto depende de cómo la usemos. Si la empleamos solo para producir más rápido y barato, repetiremos el ciclo de consumo vacío de los NFTs. Pero si la usamos para explorar nuevas preguntas y expandir nuestra percepción, podría ser una verdadera revolución cultural.

El verdadero desafío no es técnico, sino humano: decidir qué tipo de arte y sociedad queremos crear. La clave está en la intención, la crítica y la humanidad, no en el miedo o la aceptación ciega.

FAQs

El episodio compara el auge y caída de los NFTs con la inteligencia artificial en el arte, analizando patrones comunes en cómo se presentan y adoptan estas tecnologías.

Los NFTs prometían democratizar el arte, permitiendo a los artistas vender directamente a su audiencia sin intermediarios como galerías o curadores.

Los NFTs terminaron al servicio del capital especulativo, priorizando la inversión financiera sobre el valor estético o conceptual del arte.

Ambas tecnologías prometen revolucionar el arte, pero la IA va más allá al desplazar la necesidad de un creador humano, cuestionando la autoría y el valor de la obra.

El riesgo es que la IA genere una sobreproducción de contenido vacío de significado, reduciendo la creatividad a una función algorítmica al servicio del mercado.

No se busca demonizar la IA, sino invitarnos a usarla de manera crítica y consciente, como una herramienta para amplificar la creatividad humana, no reemplazarla.

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