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La heredera

19m 34s

La heredera

Este episodio narra la historia de Ángelica Ramírez Hernández, quien fue renombrada María Clementina Santiago Hernández por su madre tras la desaparición forzada de su padre, Gorgonio Santiago Alvarado, a manos del ejército mexicano en 1974 en San Juan de las Flores, Guerrero. La familia fue desplazada por la violencia militar, incluyendo el acoso sexual a las mujeres. Ángelica creció creyendo ser huérfana, pero al cumplir 30 años y estudiar antropología, comenzó a reflexionar sobre su origen. En 2022, regresó a su comunidad natal y, junto con un colectivo de hijos de desaparecidos, empezó a recoger testimonios de familias que nunca antes habían hablado. El podcast explora cómo la ocupación militar en los años 70 afectó a niños y bebés, dejando cicatrices profundas. Ángelica asume su lucha como una herencia, buscando verdad y justicia para su padre y otros desaparecidos. El episodio, parte de la serie “Ellas se quedaron”, da voz a mujeres que rompen el silencio tras casi cinco décadas, revelando el impacto de la guerra sucia en México y la importancia de la memoria colectiva.

Transcription

2429 Words, 13765 Characters

Spanish
Angelica Ramírez Hernández es también María Clementina Santiago Hernández. Su padre, Gorgonio Santiago Alvarado, fue desaparecido por el ejército el 24 de noviembre de 1974 en San Juan de las Flores, municipio de Atoyakirrero. Tras la desaparición forzada de su padre y frente a la serie de los militares, su joven madre decidió huir del pueblo y les cambió el nombre a sus hijas para protegerlas. En adelante María Clementina Fangelica. Con esa nombre la conocimos cuando hablamos con ella por primera vez a través de una videollamada. Mucho tiempo oculté la historia, no la ni que la oculté, la historia porque no había mucho que contar, hasta hace relativamente pocos años. Yo he dicho abiertamente que soy la hija de un desaparecido con todas las implicaciones sociales que esto lleva. Me asumo como la hija de un desaparecido y emprendo una lucha por una lucha real, ¿no? Por por estas cosas que estoy entendiendo. Situaciones muy complicadas, porque pues prácticamente yo no sé nada de mi padre, ¿no? Lo que me ha contado mi mamá, lo que me cuentan otros compañeros y todo eso pues han sido como pequeños frutazos de historia. Yo siempre he dicho que el pasado está ahí y que tarde o temprano te encuentra. Así que a mí me encontró. En este cuarto episodio de ella se quedaron acompañaremos Angelica quien ahora tiene 50 años a descubrir un poco de María Clementina. Hiremos a esa comunidad cerrana donde nació, en la que su padre fue desaparecido y de la que su familia salió desplazada por las violencias del ejército contra la población y específicamente contra las mujeres durante la ocupación militar en Guerrero en los años 70. A través de su relato, conoceremos la vivencia de niñas, niños y bebés que crecieron en el aséduo y como aunque eran muy jóvenes para recordarlo, marco sus vidas para siempre. Su testimonio nos habla de los impactos a largo plazo de la ocupación militar y sus reflexiones pertenecen a una nueva generación de mujeres que asume como una herencia del anterior, la búsqueda de las y los desaparecidos. Este es el último episodio de una primera temporada en la que decidimos que fueran las mujeres quienes nos guieran a través de su propio relato, con la intención de no usurpar su voz y reivindicar su valentía al hablar tras casi cinco décadas de silenciamiento, también para que sean ellas quienes le pongan nombre a sus experiencias. Una vez más, te sugerimos escuchar con atención los detalles de sus testimonios. Son piezas faltantes de lo que nos han contado sobre este periodo de violencia de estado nombrado guerra sucia. Sus vivencias podrían revelar si el daño a las mujeres fue parte de la estrategia contra insurgente en México. Ellas se quedaron. Memoria sinéditas de la guerra sucia. Formo parte de las últimas generaciones de los descendientes directos de un desaparecido. Quiero decir que nosotros eran vos bebes. Yo iba a cumplir dos años, mi hermana tenía ocho meses. Mi madre tenía 17 años cuando mi padre desapareció, así que imagínense ustedes el escenario. Durante mucho tiempo nosotros no éramos niños, pues no teníamos digamos ningún vínculo efectivo con la familia paterna porque nosotros fuimos desposadas. El despliegue militar en la Sierra de Guerrero se intensificó a partir de marzo de 1971 y por lo menos hasta diciembre de 1974 a través de una serie de operaciones y planes contra insurgentes que sabemos que existieron por archivos oficiales. Como consecuencia de estas acciones la comisión de la verdad del estado de Guerrero documentó violaciones a los derechos humanos contra la población. Entre ellas el desplazamiento forzado por persecución, inseguridad o miedo a la represión. La familia de Ángelica fue una de las que huyó. Su mamá víctima de múltiples violencias por parte de los soldados como el estigamiento sexual se vio obligadas a salir en 1975 para salvar su vida y la de sus hijas. Por su mamá y otros familiares Ángelica conoció de su doble identidad y fragmentos de la historia de desaparición forzada de su padre. Pero no era un tema del que se hablará abiertamente. El silencio, el dolor y el miedo dominaron durante décadas. Así la vida de Ángelica transcurrió. Mientras la de María Clementina continuaba en pausa, silenciada. Fue hasta que tenía 30 años y estudia antropología que comenzó a reflexionar sobre su origen y pudo ponerle nombre a ciertas circunstancias de aquella historia. Yo me crie en otra familia, yo reconozo a otra persona como mi padre. Yo siempre supuse que era huérfana de padre. Entonces supuse que en mi estado de orfandad mi madre reíso su vida con otra persona y que esa persona nos acogió a nosotros. Así que yo no alcanzaba a mirar que yo no era una mujer huérfana sino la hija de un desaparecido. Tener que desembolvar y abrir esta herida también ha sido muy perdón, es que siempre pasa este asunto de las emociones. No ha sido difícil para mí a San Juan de las Flores, comunidad de la que fue desplazada, Ángelica volvió en diciembre de 1984 durante unas vacaciones. Residen tenía 12 años. Sus abuelos paternos las llevaron a ella y a su hermana menor. Fue una visita breve que recuerda a Alejana. Pasaron 37 años hasta que volvió a ir en marzo de 2022. En esa ocasión Ángelica pudo reconstruir por primera vez los detalles de lo que le habían contado sobre la desaparición de su padre. Cuando lo subieron a Alejandroico, pero de dejarse un mexicano en la cancha municipal de aterriz, es el Juan de las Flores. Eso fue el último lugar donde donde su familia, este lovió vivo. No hay otro lugar donde donde se le pueda recordar a mi padre. En mayo de 2022 acompañamos a Ángelica a ese lugar. San Juan de las Flores. Aquí está mi obligo. Mira, aquí es la casa de mis abuelos. Aquí, así. La que sacaron a mi papá. Mi mamá, conmigo y con mi hermano en brazos, mi abuela vieron como sacaron los sacaron a los cuatro vendados y con los esposas en la mano. Y solamente dejaron que mi abuelo se acercara. En ese lugar fue el último lugar donde vieron a mi padre convida. Su familia. Bueno, este es el centro de la comunidad, de San Juan de las Flores. Estaba la cancha rústica y había el espacio suficiente para que una lecoptera bajara. Por eso esta comunidad fue muy estratégica. Decía mi mamá y su familia que cuando tenía traía un detenido o unos detenidos los tenían en la comisaría. Por algunas horas en lo que llegaba el helicóptero por ellos. Él desapareció en 1974 cuando desapareció la gran mayoría de los hombres y los mujeres acá. En 3, 73, 74 fue lo más álgido de las desapariciones acá. Los militares se apropiaron de todo, de todos los espacios y ellos vinieron y se plantaron aquí en todos los espacios. Había militares por todos lados. Pero era una comunidad más o menos grande en comparación de otras comunidades. Hay caminos que conducen a la sierra. Digamos era estrategia en el sentido de que la cercanía con a tolla había tanques de guerra circulando en las calles de tierra de aquí, las calles pobres de San Juan. Estas comunidades no han cambiado. enviado, o sea, desde que cuando venden la primera vez hace 40 años, las comunidades estaban igual. Entonces llegas aquí tiempo después y pareciera que está estancado el asunto, siguen las mismas calles de tierra, te das cuenta de que había una razón de ser para la lucha guerrilla, que eran comunidades pobres y que no ha pasado absolutamente nada, que siguen siendo comunidades pobres. Entonces no sirvió de nada, ni la lucha, ni la represión para ser un cambio, no sirvió. No escucharon al partido de los pobres aluseo cabañas, a la gente la guerrilla, no escucharon nada. Lo único que tenían en la cabeza era que eran estaban en contra del estado y que tenían que exterminar eso, pero no escucharon nada de las demandas, que eran además justas y no lo escucharon como no lo han escuchado ahorita. Angelica reflexiona como antropóloga, pero también como María Clementina, la hija de Gorgonio, aunque no recuerda a su padre luego que en este lugar, en los detalles, en la casita de Bajareque, de donde los sacaron cuando tenía tan solo 20 años, en la comisaría donde lo detuvieron, en la cancha donde aterrizaba el helicóptero en el que se lo llevaron a él y a otras personas que no ha vuelto a ver. Dejamos atrás el centro de la comunidad y nos enfilamos de regreso a Tojak. Angelica nos hace una última indicación y nos detenemos sobre el camino. Frente a una casa en lo alto de una loma, a la entrada del pueblo, nos cuenta lo poco que sabe de ese lugar. Todo esto estaba lleno de militares, decían que había como unos 300 militares entre la barranca y la casa y para allá, no dejaban entrar a nadie. Aquí era el reten, aquí venías con tu despensita y aquí te la confiscaban. Angelica conoce estos detalles por quienes vivieron en el aserio y lo recuerdan. Ese cachito de historia, de su historia es lo que le impulsas seguir buscando la verdad para ella y para otras personas. Cuando platicamos con Angelica por primera vez, durante la video llamada que escuchamos al inicio, nos contó sobre cómo la búsqueda de certezas, la llevó a unirse un colectivo de reciente formación. El desposa se hija de desaparecidos y desplazados de la guerra sucia del municipio de Atoyak de Álvares Guerrero. Así que a mí me encontró por fin y se enfrentó a mí y fue una casualidad extraordinaria. Estaba yo en casa de un conocido y por casualidad la esposa de él dijo que era de San Juan de las flores donde yo nací. Y entonces cuando dijo eso, yo dije, "oy es que yo también soy de San Juan de las flores". Y mi padre desapareció y son de las pocas ocasiones en que yo hablaba del tema. Y ahí se quedó la conversación, pero resulta que el esposo de esta señora pues conocía a los compañeros que en ese momento también tenían, como han tenido la idea de conformarse en un colectivo. O sea, ellos ya tenían un trabajo anterior y él me llamó por teléfono y me dijo, "oye, hay unos compañeros que también son de San Juan de las flores que se van a conformar en un colectivo y que van a dar una conferencia de prensa". Y dije, "bueno pues voy a ir porque ya se tomó la atención de llamarme y fue cuando empezamos a tener como esta primera formalidad de hacernos o conformarnos en colectivo". Ahí fue cuando conocía gente que conoció a mi padre por primera vez, por primera vez supe que mi padre era guerrillero. Y ahí tomó mucho sentido mi vida, ¿es eso? Yo decía porque tanta oveja negra, yo para mi familia pues no, tanta rebeldía, tanto estar en contra de muchas cosas, ser una mujer soltera sin hijos, tanto ir en contra de todas las reglas. Y para mí tomó mucho sentido esto. Dije, "ah, cabrón pues si lo llevo los genes". Entonces es como, como empecé a tomar esta fuerza porque yo no hubiera podido hacerlo sola. Desde el 2019 para acá nos hemos encontrado con personas que en su vida habían dado un testimonio. O sea, después de casi 50 años, en su vida ellos habían dado un testimonio de la desaparición de sus familias. Así que nosotros estamos haciendo todo este trabajo que no han hecho las instituciones, de ir a las comunidades de buscar, de ingar, de preguntar, de arropar a esas familias. Lo que nosotros hemos estado haciendo es recoger testimonios de las familias directas. Por eso es que el colectivo se llama colectivo desposas e hijos de desaparecidos y desplazados. Y, de víctimas directas como los compañeros que se hubrió en tortura. Creemos que haya una ejercicio de la justicia pronto. Yo no voy a parar hasta conocer la historia. Tal vez la historia personal en la relación de mi padre, conmigo, con mi madre, no sea la más ideal. Pero en la forma en que el estado lo reprimió, lo de tuvo, lo torturó, quizá lo desapareció, esa es el verdadero asunto aquí. Nosotros no podemos ser simplemente indiferentes a esta parte de la historia que nos fue negada. Nosotros no sabemos si nuestra vida hubiera sido mejor peor, simplemente alguien decidió por nosotros y alguien decidió que así tenía que ser el rumo de nuestra vida. Y por eso estamos aquí. Desde Cángelica se unió el colectivo, tomó la decisión de continuar con la búsqueda de verdad y de justicia en los casos de desaparición forzada de su padre y otras personas. En ese grupo, ha forjado relaciones que le han ayudado a descubrir poco a poco la memoria de su padre y la vivencia de su madre. También ha podido reconocerse en María Clementina, la bebé que fue antes del asedio que le partió la vida. Ángelica, gracias por compartir sus reflexiones como hija donde se ha parecido víctima de las consecuencias del asedio y heredera de una lucha. Este podcast está dedicado a todas las madres, hermanas y esposas de personas desaparecidas, quienes iniciaron con huelgas de hambre, marchas y protestas, el movimiento por la verdad la memoria y la justicia en México. La idea original de este podcast, la investigación, redacción y edición de guiones, narración, producción y gestión del proyecto es de perifónicas. Ángelica y ocelénsoto espinosa, se le ha guerrero a costa y maillela a Sanchez García. Su realización fue posible gracias a la alianza con audiosentropodcast, bajo la dirección de Luis Acanturrios y el diseño sonoro de Ector Mondragón Ugarte. La voz de la cortinilla es de Leslie Sling, Cosbert Duker y el diseño deportada del equipo de diseño de grupo radio centro. También gracias a la alianza con artículo 19, oficina para México y Centroamérica. Te invitamos a conocer su proyecto Archivos de la Represión, un aservo digital de 310.000 documentos oficiales, producidos por distintas agencias gubernamentales entre 1950 y 1980, y donado por la comisión de la verdad del estado de guerrero. Conóselo en archivos de la represión punto o eje. Este sitio web es una contribución a nuestro derecho a la verdad y a la memoria. Gracias por escuchar. Ella se quedaron. Memoria sinéditas de la guerra sucia.

Podcast Summary

Key Points:

  1. Ángelica Ramírez Hernández, también conocida como María Clementina Santiago Hernández, es hija de Gorgonio Santiago Alvarado, desaparecido por el ejército en 1974 en Guerrero, México.
  2. Tras la desaparición, su madre huyó con sus hijas y les cambió el nombre para protegerlas del acoso militar, incluyendo violencia sexual y desplazamiento forzado.
  3. Ángelica creció sin saber la verdad, creyendo ser huérfana; fue hasta los 30 años, al estudiar antropología, que comenzó a entender su identidad como hija de un desaparecido.
  4. En 2022, tras 37 años, regresó a San Juan de las Flores, donde reconstruyó los detalles de la detención de su padre y se unió a un colectivo de hijos de desaparecidos y desplazados.
  5. El colectivo recoge testimonios de familias que nunca antes habían hablado, buscando verdad y justicia en medio del silencio institucional.
  6. El podcast destaca el impacto a largo plazo de la ocupación militar en los años 70 y la lucha de una nueva generación de mujeres por la memoria.

Summary:

Este episodio narra la historia de Ángelica Ramírez Hernández, quien fue renombrada María Clementina Santiago Hernández por su madre tras la desaparición forzada de su padre, Gorgonio Santiago Alvarado, a manos del ejército mexicano en 1974 en San Juan de las Flores, Guerrero. La familia fue desplazada por la violencia militar, incluyendo el acoso sexual a las mujeres. Ángelica creció creyendo ser huérfana, pero al cumplir 30 años y estudiar antropología, comenzó a reflexionar sobre su origen.

En 2022, regresó a su comunidad natal y, junto con un colectivo de hijos de desaparecidos, empezó a recoger testimonios de familias que nunca antes habían hablado. El podcast explora cómo la ocupación militar en los años 70 afectó a niños y bebés, dejando cicatrices profundas. Ángelica asume su lucha como una herencia, buscando verdad y justicia para su padre y otros desaparecidos.

El episodio, parte de la serie “Ellas se quedaron”, da voz a mujeres que rompen el silencio tras casi cinco décadas, revelando el impacto de la guerra sucia en México y la importancia de la memoria colectiva.

FAQs

Ángelica Ramírez Hernández también es María Clementina Santiago Hernández. Su madre le cambió el nombre para protegerla tras la desaparición forzada de su padre por el ejército en 1974.

Su padre, Gorgonio Santiago Alvarado, fue desaparecido por el ejército el 24 de noviembre de 1974 en San Juan de las Flores, Guerrero.

Huyó en 1975 para salvar su vida y la de sus hijas, debido a múltiples violencias por parte de los soldados, incluyendo acoso sexual.

Comenzó a hacerlo hace relativamente pocos años, cuando tenía unos 30 años y estudiaba antropología, reflexionando sobre su origen.

Descubrió que su padre era guerrillero, lo que dio sentido a su vida, y conoció a personas que lo conocieron, recogiendo testimonios de familias afectadas.

Es un grupo de reciente formación que busca recoger testimonios de familias directas de víctimas de desaparición forzada y desplazamiento en Atoyac de Álvarez, Guerrero.

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