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La Eneida Pt. 4

35m 28s

La Eneida Pt. 4

Venus, madre de Eneas y diosa del amor, relata el clímax de la Eneida. Juno, reina de los dioses, ha instigado una guerra entre los troyanos y los latinos, liderados por Turno. Durante un ataque a la fortaleza troyana, los héroes Niso y Euríalo intentan alertar a Eneas, pero son emboscados y decapitados. Turno asalta las murallas, pero Eneas regresa con refuerzos arcadios, incluyendo al joven Palas, quien muere en batalla. Venus entrega a su hijo armas divinas forjadas por Vulcano, incluyendo un escudo que muestra el futuro esplendor de Roma. En el Olimpo, Venus y Juno se enfrentan ante Júpiter, quien pone fin a sus disputas y ordena que el destino de Eneas quede en manos de las Parcas. Venus, resignada, acepta que no volverá a ver a su hijo, mientras la guerra se encamina hacia su desenlace. La historia destaca temas de destino, sacrificio y la lucha entre dioses y mortales, con un enfoque en la protección maternal de Venus y la obstinación vengativa de Juno.

Transcription

5716 Words, 32854 Characters

Spanish
[Música] Bienvenidos a mitología, un podcast original de Parkast. En cada episodio presentamos historias dramáticas de la mitología antigua y exploramos sus orígenes. Soy su presentadora y narradora, Yadira Aedo. Puedes encontrar todos los episodios de mitología y todos los demás podcast originales de Parkast de forma gratuita en Spotify. Narro la historia desde la perspectiva de Venus, la madre de Neas y la diosa romana de la mor. Ella lo cuidó durante todo su viaje, protegiéndolo del peligro y manteniéndolo en el camino hacia su destino. Pune mes y se en esta historia era Juno. La reina de los dioses y madrastra de Venus. Juno odiaba a los trollanos y a Neas en particular. A pesar de infligir todas las formas de tormento que podía imaginar, no pudo impedir que llegara a Italia. Pero Juno aún no había terminado con eneas. Y antes de dejarle descansar, descubriría el verdadero precio del destino. Al fin y al cabo eran sus ancestros los que debían fundar Roma, no él en concreto. A pesar de lo que habían dicho los dioses, era posible que lo perdiera todo y pereciera en esta extraña tierra. Ahora la conclusión épica de la eneída. Nunca aprendí a decir a Dios. Cuando era una joven diosa, me enamore de un hermoso hombre llamado Adonis. Me ateraba que acabara muriendo y le pedía a Proservina, la esposa de Ades, que me ayudara a mantenerlo a salvo. Pero ni siquiera la reina de los muertos puede evitar el destino que aguarda a todos los mortales. Un día encontré Adonis en el bosque, corneado por un jabalí que había estado casando. No podía soportar la idea de no volver a ver su rostro, así que hice crecer una flor carmesí en el lugar donde se encontraba. Esperaba que cuando mirara desde el olímpo y la viera me acordaría de su rostro. Pero ahora, cada vez que veo esas flores, lo único que recuerdo es su sangre acumulada en el suelo del bosque. Cuando nació en Eas, supe que le esperaba el mismo destino, el espectro de su muerte consumía mis pensamientos. Así que cuando cumplió cinco años, lo llevé a la casa de su padre y lo dejé allí. Me costó toda mi valentía dejar a mi hijo en los brazos de Anquices. Pero me dije que era necesario que me sira dios ahora, lo haría más fácil después. No tuve en cuenta a Juno. El plan de mi madrastra se había desarrollado maravillosamente. En Eas había llegado a Italia, el hogar que le habían prometido a las parcas, solo para encontrar la repleta de enemigos. Juno había puesto el corazón de los latinos en su contra, inspirándoles a aliarse con el caudillo rutuliano llamado Turno. Su enorme ejército marchó sobre la fortaleza troyana, quedando al mando de mi joven Nieto a Scáneo. Y donde estaba en Eas, a kilómetros de distancia buscando aliados entre los arcadios, sin saber que un ejército mucho mayor que el suyo, se estaba acumulando ante los ojos de su hijo. Su tiempo se había agotado. Ascaño sabía que los troyanos no podrían resistir mucho tiempo, pero una esperanza les os tenía. Había enviado a los dos mejores corredores para que avisaran a Eas y lo llevaran de vuelta a la batalla sin demora. Se llamaban Niso y Eurialo, y mientras la noche caía sobre Italia, estaban escondidos en la hierba alta, observando el campamento de los utilianos. Tardaremos demasiado en dar la vuelta, le su Surró Niso eurialo. Deberías volver a la fortaleza, yo puedo avisar a Enea solo. Eurialo le lanzó una sonrisa herólica a su amigo. Si no me al recuerdo, eras tú el que tenía la boca llena de arena mientras yo cruzaba la meta de de Pranum. Cuando vuelvas a la fortaleza, dí la mi madre que tendré a Enea de vuelta a la manacer. Ninguno de los dos troyanos estaba dispuesto a ceder. Así que observaron y esperaron hasta que las hogueras se consumieron. Entonces, con una última plegaria a los dioses, desbainaron sus espadas y se rastraron hacia el campamento. Los utilianos estaban durmiendo después de haberse emborrachado para prepararse para la batalla que se ha vecinada. La visión de sus enemigos tendidos ante ellos fue demasiado para que Niso y Eurialo la dejaran pasar. Callaron sobre los oficiales dormidos, devolando y cortando cabezas tan silenciosamente como pudieron. Eurialo acababa de arrasar a un grupo de oficiales cuando un hombre salió a tropesones de una tienda. He hecho un vistazo a la carnisería que le rodeaba y se quedó con la boca abierta. Eurialo le atravesó con su espada. Cuando el troyano bajó a su víctima moribunda al suelo, sus ojos se fijaron en la coraza exquisitamente elaborada del hombre. Cuando Niso lo encontró un momento después, Eurialo estaba atando la armadura a su propio torso. ¿Es ahora realmente el momento de los trofeos, si se onizo? Cambio de opinión, cuando Eurialo le entregó un hielmo con brillantes plumas. Con una sonrisa de uforia, los dos troyanos salieron corriendo del campamento empapado de sangre, dejando una estela de destrucción tras decir. Corrieron a través de la noche con las piernas volando debajo de ellos, impulsándose mutuamente sin decir nada. No había niido muy lejos cuandoyeron el sonido de hombres marchando más adelante. Niso arrastró a Eurialo fuera del camino y hacia una sanja, momentos antes de que un escuadrón de rutullanos apareciera en la curva. Niso no se movió ni un milímetro mientras los hombres pasaban. Eurialo alargó la mano para apretar la suya. Una vez más, habían pasado por debajo de las narices del enemigo, sin servistas. Casi, sin servistas. Los troyanos oyeron un grito en el camino. La coraza de Eurialo había captado un rayo de luz de la luna, alertando a los rutilianos de su posición. Compartiendo una mirada de horror, Niso y Eurialo se pusieron en pie y se adentraron en el bosque, con sus enemigos persiguiéndoles de cerca. Las llamas asotaron sus cuerpos mientras se lanzaban a través de la malesa, sin hacer ningún esfuerzo por enmascarar el sonido de sus pasos. Niso siguió avanzando hasta que un grito por detrás le hizo detenerse repentinamente. Eurialo, J.D.O, girando sobre sus talones, sin pensar en su propia vida ni en su misión, volvió por su amigo. Metemos que no vi lo que siguió a continuación, ya no tenía estómago para las muertes troyanas. Cuando las trompetas sonaron a la mañana siguiente, las cabezas cortadas de Niso y Eurialo fueron llevadas delante del ejército en puntas gemelas. Ascáneo observó desde las morallas incapaz de apartar la vista de los rostros de sus amigos. Habían fracasado, no le habían avisado en eas, nadie iba a venir. El ejército arremetió. Se avalanzaron sobre la fortaleza troyana desde todas las direcciones, portando arietes y escaleras. Las alvas de flechas de los arqueros troyanos salpicaron las primeras filas, frenando apenas su avance. Ascáneo vio que una columna de latinos se habría paso por una puerta delantera. Un muro de escudos los defendía por los lados y por arriba, como el caparazón de una tortuga. Le gritó a sus arqueros que mantuvieran el fuego y observó cómo la unidad se acercaba. Cuando estaban casi a las puertas, gritó su orden. Una enorme roca rodó hasta el borde de la muralla y fue empujada por encima de las paredes. Se estrelló contra el centro de los latinos, aplastando a varios y haciendo que el resto se desplomara. A la siguiente orden de Ascáneo, los arqueros lanzaron una lluvia de flechas sobre los soldados hasta que no quedó ninguno vivo. A los troyanos que estaban más abajo de las murallas no les fue también. Por muchas flechas que disparaban contra el enemigo, los rutulianos seguían acercándose hasta que llegaron a la base de la fortaleza. Espadas y lanzas gritó Ascáneo cuando las escaleras llegaron a las murallas y entonces los rutulianos estuvieron entre ellos, fortando, apuñalando y avillando como animales albajes. Los muro se tinieron de rojo. Ascáneo mantuvo la cabeza en todo momento. Le ordenó a sus hombres que se dirigieran primero a un extremo de la fortaleza, luego a otro, reforzando las defensas y contraerrestando cada asalto. Oleada trasoleada de latinos y rutulianos se balanzaron sobre las murallas para acabar con las lanzas troyanas. Pero cuando Ascáneo miró a los campos de abajo, el mar de enemigos parecía tan vasto como siempre. Un grito atrajo su atención hacia la esquina más alejada de la fortaleza, donde un humonegro se enroscaba en el cielo. Una de las torres estaba en llamas. Se derrumbó ante los ojos de Ascáneo arrastrando con sigua a los troyanos y latinos que habían estado luchando allí. El joven comandante gritó por encima del estruendo, llamando a sus hombres para que reforzaran el agujero de la muralla. Una enorme silueta atrepó sobre los escombros, envuelta en humo y llamas. La figura llevaba a una espada en una mano y una lanza derroble negro en la otra. El turno había llegado. Envistó a los troyanos que se acercaban, cortándolos con facilidad mientras se abría caminó hacia las puertas. Ascáneo clavó una flecha y tenso la cuerda, buscando una brecha en la armadura de turno, pero el mar de troyanos combatientes era demasiado espeso y no pudo encontrar un tiro claro. Un hombre menos paciente se habría rendido, pero mi nieto había pasado incontables horas, rastreando la casa a través del bosque, esperando el disparo perfecto. Así que mantuvo su posición sin inmutarse, hasta que vio el blanco de los ojos de turno. Una tropa de latinos saltó la muralla, chocando con ascaño. Este giró, disparando su flecha al cráneo de un capitán que bajaba de la escalera. El hombre cayó hacia atrás y se precipitó a la tierra. Ascaneo se giró para mirar el patio. Dostro llano se interponían entre el caudillo y la puerta. Ascaño lo sabía colocado allí. instrucciones de no dejar pasar a ningún hombre vivo. Turno les quitó la cabeza a ambos con un solo movimiento de su espada. A su por encima de sus cuerpos arregados, levantó fácilmente el gigantesco serrojo de la puerta y la abrió de para empar. Ascaño se quedó mirando el campo, observando cómo las fuerzas latinas y rutulianas avanzaban hacia las puertas abiertas. Perdóname padre, grito desesperado. Has mantenido las puertas de troya durante 10 años y yo no he podido aguantar mi un día. Te equivocas, Ascaño. Quise gritar, pero no tuve que esperar mucho para que viera la verdad. Un estruendo lejano llegó a sus oídos y se volvió hacia el norte, hacia el río Tiber. Un muro de color blanco se estaba construyendo en el horizonte, acercándose con una velocidad aterradora y llenando el aire con un poderoso rugido. Los ojos de Ascaño se abrieron de para empar al darse cuenta de lo que era. 14 ninfas del río saltaron y se sambullieron en el agua, levantando rocio y arrastrando la corriente tras ella. Y justo detrás, arrastradas por la cresta de la ola, había más de una docena de barcos. Ascaño grito de alegría al reconocer la primera bela, su padre había regresado. Enéase encontraba el timón, observando el campo de batalla, la fortaleza troyana seguía en pie. Bien hecho, Ascaño. Susurró. Con el corazón inchado de orgullo. A su lado, el joven príncipe palas dio la orden de que sus hombres prepararan las armas. El barco y todos los que les seguían estaban repletos hasta los topes de soldados y caballería arcadios. El rey Evandro había enviado a todos los hombres que podía reunir. En el momento en que tocaron tierra, enéase ya estaba en la brilla y corriendo, con palas y los arcadios pisándole los talones. Se estrellaron contra el flanco rutuliano, agarrandolos por sorpresa y dividiendo sus fuerzas. Enéase y palas lucharon codo con codo, cortando los rutulianos y a los latinos mientras se abrían paso entre el ejército. La batalla avanzaba y retrocedía como una tormenta, hasta que enéas encontró a palas en la contienda y lo apartó. Volve a la fortaleza y ayuda a Ascaño, le dijo con urgencia. Llevaré mi fuerza al flanco latino y los alejaré de las morallas. No dispuesto a un abandonar la locura de la batalla campal, pero enéase ya se estaba lanzando otra vez de la batalla. Habían pasado años desde que vía mi hijo en plena batalla, casi había olvidado su visión. Se habría paso entre sus enemigos, cortando miembros y partiendo cráneos, pintando los campos con cerebros latinos y sangre rutuliana. Nadie podía oponerse a él. Sus enemigos caían bajo su espada o se daban la vuelta y huían. Las latinos fueron los primeros en romper filas. Algunos incluso arrojaron sus armas para huir más rápidamente. Los resistentes rutulianos podrían haber luchado eternamente, pero sin una fuerza mayor que los de Forzara, no tuvieron más remedio que seguir su ejemplo. Enéas persiguió a sus enemigos hasta la cresta de la siguiente colina. Cuando por fin estuvo seguro de que no volverían, regresó y corrió de vuelta a la fortaleza sin demora. Nieto lo esperaba a las puertas con el rostro cubierto de culpa. Lo tenía padre, dijo Ascáneo con amargura. Tenía turno acorralado cuando llegaron los arcadios. Debería estar muerto, pero de algún modo se abrió paso hasta el tíber y saltó. Intente golpearlo, pero la corriente era demasiado rápida. Enéas abrazó a su hijo, cortando su explicación. Cuando por fin se separaron, enéase Giroyo observó lo que quedaba de la fuerza arcadia y trollana. Sus seños se fronció. "Dónde está Palas?" preguntó. La cara de Ascáneo se descompuso, pero no tuvo que responder. Enéas ya había visto el cadáver. Palas ya se ha atendido en el suelo del patio con un enorme agujero en la coraza. Su escudo ya se acerca, empalado en la lanza negra de turno. A continuación, enéas busca retribución mientras que venos busca el fin de la intromisión de Juno. Ahora volvamos a la historia. El acedio había terminado. Ascáneo había resistido al ejército de turno hasta que enéas llegó con refuerzos. El rey de Arcadia, Evandro, había enviado su ejército para rescatar a los trollanos. Su propio hijo, Palas, había luchado valientemente, pero había sido evatido en el fragor de la batalla por el propio turno. El cuerpo del príncipe fue depositado en una camilla de ramas de roble y cubierto con un manto de hojas. El oro capitánes levantaron las ramas y marcharon hacia el norte para entregarlo a su padre. Le seguía una fila de desoldados arcadios con sus lanzas apuntando hacia la tierra y el caballo sin jinete de palas arrastrándose detrás. Enéas observó esta sombría progresión con su propio hijo asulado. Cuando el desfile de palas desapareció por una colina, se giró hacia escáneo. Deja que los latinos y los jutulianos recojan a sus muertos, dijo. Paremos 12 días de paz para los hítos funerarios, luego marcharemos hacia la orientum. Enéas se dio la vuelta y volvió a atravesar el campamento troyano. A la atravesar la entrada de su tienda se quedó helado y con la boca abierta. Hola, hijo mío, decía. Enéas me miró fijamente durante un largo momento antes de entrar de lleno en la tienda. ¿Por qué has venido? Regunto, tan reverente como siempre. Le devolví la sonrisa, acaso una madre necesita una razón para visitar a su hijo? Pregunte. Luego me volvi y señalea hacia el final de la tienda. Te he traído algo. Enéas acercó a sus regalos con los ojos muy abiertos de asombró. Una coraza ornamentada reposaba sobre un cofre, resplandeciente de oro y plata. Además de este, había otros dos poderosos objetos. Pasó las manos por el llelmo de cúpula lisa y probó el peso del espada. Estas armas fueron forjadas para ti por mi esposo volcano. El dios del fuego le dije que te protejan cuando yo no pueda. Entonces le entregué a Enéas su último regalo. Un gran escudo redondo, grabado con imágenes que representaban la futura gloria de Roma. Enéas no sabía lo que significaban, pero se quedó mirando el escudo con asombró. ¿Qué ocurre? Pregunte al ver que el rostro de mi hijo se en sombrecía. Un premio ha protegido de todos los peligros, respondió con vostensa. Solo desearía haber podido hacer lo mismo con los míos. Le prometía al rey de Vandro que cuidaría de palas como lo haría con mi propio hijo. Sin embargo, le devolví un cadáver. Mire a mi hijo, revosante de urcullo por el hombre en que se había convertido. Sí que trataste a ese muchacho como a tu propio hijo. Confiaste en él para que luchara a tu lado. La verdad dije, levantándole espada del montón de regalos y poniéndole en sus manos. Ahora vengalo como un padre, lo dejé allí, regresando a mis aposentos en el olímpo. Mercurio me esperaba con un mensaje. Júpiter me había convocado. Encontré a mi padre en su gruta, junto con todos los dioses del olímpo, se callaron mientras me dirigía al centro del amphiteatro, deteníéndome directamente ante el rey de los dioses. El rostro de Júpiter era indecifrable, pero mi propia atención estaba fijada en la rey gia figura sentada a su lado. Juno, mi madrastra y enemiga me sonrió. Inmortales dijo Júpiter, abriendo el consejo con un estruendo. Este asunto de Italia me preocupa mucho. Una guerra entre los latinos y los troyanos. Una guerra que las parcas no pidieron y ahora oigo sus uros de disputa en mi propia casa. Sus ojos se posaron entonces en mí, crepitando con una ida apenas contenida. "Ija", gruño, te dije que el destino de tu hijo troya no estaba fijado. Sin embargo, sigues interfiriendo, explícate, sentí el peso de todos los ojos inmortales sobre mí, pero no podía mostrar ninguna duda. Enéas contaba conmigo. Interferir? Dije, con más audacia de la que sentía. Si la intermitción te preocupa, no busques más allá de tu propia esposa, uno ha orquestado el sufrimiento de mi hijo desde el principio. Ella lo persiguió desde Troya. Ella persiguió por todo el Ejeo, incluso esta detrás de esta guerra con los latinos. Si he interferido eso lo para servir a las parcas. Si todavía respeta su palabra, te ruego padre, que pongas fin a las travesuras de Juno, y traegas la victoria a Enéas. Los olímpicos estallaron en sus uros excitados en el momento en que terminé mi apelación. Júpiter se volvió para mirar a su esposa, clavándole una mirada inquisitiva. La risa musical de Juno resonó en el anfiteatro. Así que soy la culpable de todas las luchas de los Trojanos, ¿verdad? Respondió. ¿Has olvidado por qué cayó su gran ciudad? Un príncipe Troya nos robó una novia griega y provocó una guerra. Fue obra mía, obliga a los refugiados a huir al reino de Neptuno o Garde Tormetas y Monstros. Puse a los latinos en Italia por delante de ellos. ese pueblo tiene derecho a defender sus propias costas, tanto como cualquier raza. ¿O quieres que se sometan a tu hijo con quistador sanguinario que es? Los olímpicos volvieron a parlotear, algunos aplaudiendo a su reina. Furiosa me dio la vuelta y salí del anfiteatro. Pero regresé un momento después, arrastrando las pruebas tras de mí. Los gritos de alarma resonaron en la gruta cuando lance al lecto contra la záña de mi padre. La furia quitó sus correosas alas, sisiando y arañando la cadena que rodeaba su garganta. Pero el metal de vulcano se mantuvo firme. "Mira la obra de Juno ante ti, grité. Ella resucitó este demonio del infierno y la puso sobre los latinos. Desafía a las parcas con cada liento y acción. Juno ya estaba de pie, ahuyándome al diciones." "Mentirosa, grito, calumniadora!" Llevate tus huecas acusaciones de la casa de mi marido. Nunca has pensado en las parcas ni en nadie más que en ese cachorro trollano que has parido. El rugido de Júpiter resonó en el olímpo silenciando a los dioses. "No escucharemos de esto", dijo Mirando con Seño a Juno. Devuelve a la furia del tártaro, donde debe estar. Eso será el fin. Ninguna de ustedes volverá a interferir en este asunto. Empecé a protestar, pero Júpiter me hizo callar con una mirada. "Espero que me entiendas, hija. La vida del trollano está ahora en manos de las parcas. Has visto a tu hijo por última vez." Mientras sus palabras rezonaban en mi mente, me sentí como si estuviera de nuevo en la puerta de Enquices. Teespidíéndome de mi hijo, soy Oshante. Juno me miraba desde su estrado y herviendo de pura. Si no podía volver a ayudar a mi hijo, al menos habría que estaba fuera de su alcance. Me incline aceptando el juicio de mi padre. Otra bendición vino del consejo de Júpiter, en el momento en que electo fue devuelto a su percha en el tártaro, desapareció su hechizo sobre los latinos. El pueblo se puso a discutir mientras la ira daba paso a miedo. El fracaso de turno había costado inumerables vidas, y ahora los trollanos marchaban hacia la aparentum. Los jefes inobles que antes ardían de odio hacia los trollanos estaban de repente desesperados por evitar el conflicto. Tontos gritó el caudillo. Si los trollanos marchan hacia la aparentum, entonces marchan hacia su muerte. Seguimos teniendo la mayor fuerza con vasta diferencia. Dejen delado su cobardía. Ahora es el momento de las espadas y las lanzas. Una trompeta le interrumpió, sonando desde las puertas de la ciudad e infundiéndote mor en los corazones latinos. Se preguntaban si ya habían llegado los trollanos, pero un momento después, las puertas se abrieron con un gemido, permitiendo la entrada de un solo jinete. A la atravesar la ciudad, la gente cayó de rodillas, maravillada. Su princesa había vuelco. El rey latino se había trincherado en su palacio desde el inicio de la guerra, pero cuando escuchó la noticia de que la vine había vuelto, abrió de golpes sus puertas y bajo corriendo las escaleras para recibirla. Mientras compartía en un abrazo lleno de lágrimas, ella le contó todo lo que había sucedido. Su madre, la reina amata, había acudido a ella una noche, diciendo que el palacio estaba siendo atacado. Madre e hija había anuído por un pasadizo secreto, escapando al bosque. Solo entonces, la vine se dio cuenta de la verdad. Una extraña locura se había poderado de la reina, llenándola de pensamientos salvajes y de furias y a los trollanos. Cuando la vine intentó marcharse, amata le ató y se negó a dejarla marchar. La vine pensó que moriría allí, prisionera de cualquier fuerza que retubiera a su madre, pero una mañana, al despertarse, encontró sus ataduras despojadas. La reina amata había utilizado las cuerdas para colgarse de un roble. Al padre y a la hija no se les permitió llorar solo durante mucho tiempo. Turno llegó a la escalinata del palacio, exigiendo una audiencia con el rey. Con las fuerzas latinas al borde de la revuelta contra él, se había dirigido a este último vestigio de autoridad. Platino se inclinó una primera señal de respeto hacia el rey. Sé que desde el principio estaba en contra de esta guerra, pero no eres un cobarde. Cuando los trollanos lleguen a tus morallas, será para derribarlas. Defenderás tu ciudad? Por mucho que lo intentara. Platino no podía negar que había verdad en las palabras del caudillo. No había pedido enemigos trollanos, pero después de todo lo que había ocurrido entre los dos ejércitos, ya no podía haber un camino hacia la paz. Pero la vine sí podía. ¿Por qué han de morir miles de hombres por el desacuerdo de unos pocos? Preguntó a turno. Te muestra que eres más valiente que los jefes que dudan de ti. Lucha contra enéas de hombre a hombre. Sigana que los trollanos se queden en el asio. Pero si muere, que abandonen esta tierra para siempre, turno se río de ella. Solo un escio se riesgaría así cuando tienen el ejército más numeroso, se burló. Cuando me encuentre con enéas en la batalla, mis soldados no se quedaran mirando. Las vineas son río dulcemente. No era una sugerencia, dijo. Quien gané el duelo tendrá mi mano en matrimonio y con ella el trono del asio. Si no representas a los latinos, encontraré a otro que lo haga. Los ojos de turno se entrecerraron y su boca se curvó en un seño. Miró fijamente a la vinea durante un largo rato. "Envía un mensaje a los trollanos", dijo, reuniendo a sus hombres. Si la princesa quiere un duelo, le daremos uno inolvidable. A continuación, enéas busca castigo. Todo se había reducido a esto. Dos ejércitos se encontraban en los campos ante la ciudad de la Orentum. Trollanos y Arcadios estaban en un extremo, latinos y rutuleanos en el otro. Cada fuerza había sangrado a manos de la otra, cada una había visto caer a sus hermanos. Pero si todo iba según lo previsto, solo les esperaba una muerte más. Se había alcanzado un tratado, enéas y turnos se enfrentarían solos. Una última lucha para determinar el destino de los trollanos. Si enéas ganaba, se casaría con la vinea y reclamaría el trono latino. Si moría, los trollanos dejarían Italia para siempre, abandonando el hogar que se les había prometido. Enéas estaba al frente de sus filas, vestido con la armadura que le habían traído, su espada colgaba del cinturón. Su mano derecha agarraba su lanzamiento mientras Ascáneo levantaba el escudo forjado por volcano en la izquierda. Su rostro brillaba a la luz de la mañana, mostrando imágenes de la futura Roma. Un futuro que dependía de este combate final. Enéas su su rome nombre, viviéndome que le librara de la batalla que se abesinaba, pero esta vez no pude ayudarle. Completamente solo mi hijo salió al encuentro de su destino. Todas las miradas siguieron a los dos guerreros mientras se dirigían al centro del campo. Los latinos, los juttulanos y los trollanos los observaban. Y también la vinea desde las morallas del abrento. Y yo y Júpiter y todos los demás inmortales del olimpo, todos menos juno. Hoy su voz atravese el viento, con el corazón en la garganta, aparte la mirada de enéas y miré hacia el frente de los juttulanos. Allí estaba juno, bajo la apariencia de una vieja vivente, valbuseando incessantemente a sus oídos abiertos. Tienes a los trollanos dos a uno y sin embargo dejas que tu capitante enfrentes solo al hijo de una diosa. ¿Qué pensarán tus esposas? ¿Qué dirán tus hijos? Cuando tus descendientes canten este día, dirán que defendiste su honor o que te quedaste al margen mientras turno entregaba un imperio a los trollanos. Ya podía ver que sus palabras orquían efecto. Los juttulanos se movían incómodos, murmurando palabras desafiantes y dedicando miradas de muerte a sus enemigos. Un grito de furia me desgarró la garganta mientras maldecía el nombre de mi madrastra. Mira, padre, quise gritar, mira a tu mujer, ves cómo hace caso miso de tus órdenes? ¿Cómo pone a prueba las parcas incluso ahora al final? Pero era demasiado tarde. Un joven rutuliano se adelantó y lanzó su lanza, se arqueó en el aire y se estrelló contra las tripas de un joven arcadio. Los aullidos de rabia asotaron a los arcadios y cargaron hacia adelante a través del campo. Los juttulanos fueron los siguientes, espoleados por las viles palabras de Juno. Luego vinieron los latinos y finalmente los oryanos. Enéas miró horrorizados o alrededor mientras sus fuerzas lo alcanzaban. Le gritó a sus hombres que se retiraran, que la dejaran luchar, pero era demasiado tarde. Los ejércitos chocaron entre sí como olas que rompen. Los hombres fueron empujados hacia adelante contra un muro de lanzas. Otros fueron aplastados entre los escudos o arrastrados bajo los pies y aplastados por sus propios ejércitos. La sangre es alpicada y el hierro sonada y yo me el decía el nombre de Juno una y otra vez. Mi mirada siguió a Enéas, aunque sabía que no podía ayudarle. Se lanzaba a través de la refriega abatiendo a los enemigos sin dejar de buscar al que importaba. Turno estaba al otro lado del campo, atrapado en la batalla con un grupo de arcadios. Enéas gritó el nombre del cautillo. "Esta es nuestra lucha", gritó. "Ven y enfrenta a ti a mí". Turno levantó la vista y se encontró con los ojos de mi hijo. Luego comenzó a retroceder. Las fosas masales de Enéas se encendieron. Se lanzó hacia adelante para darle alcance, pero no llegó muy lejos. La batalla pareció de tenerse mientras veía caer a mi hijo. Una flecha perdida le había alcanzado de repente, alojándose profundamente en su muslo. Le había abandonado a la suerte como Júpiter había ordenado. Debería haberlos sabido, la fortuna no le había sonreído a mi hijo durante años. No era el único que había visto caer a Enéas. Un momento antes, turno había estado dispuesto a huir, pero ahora observaba a Enéas con atención. Aprovechó su oportunidad. Enéas dio al cautillo que se acercaba entre la multitud y se puso en pie. "Atrás todos" le gritó a sus hombres. Herido como estaba, seguía decidido a cumplir los términos del tratado y enfrentarse solo a turno. Esta vez los truya nos escucharon. Se apartaron de Enéas, dándole espacio a los guerreros. Los latinos vieron lo que ocurría y hicieron lo mismo. Lentamente la lucha se detuvo, mientras ambos ejércitos formaban un círculo alrededor de los líderes. El hijo de la diosa sangra, después de todo, dijo turno con el seño froncido, observándole a ir a la lucha. de Néas. Vacemos sus venas, pues mi hijo se arrancó la flecha de la pierna y atacó. Turno se lanzó hacia él como un león, demasiado rápido para su increíble tamaño y el peso de su pesada armadura. Ambos hombres despidieron sus lanzas en el mismo instante. Ambas estrellaron inútilmente contra los escudos del otro. El sonido resonó en el campo de batalla cuando los guerreros se enfrentaron. Dieron vueltas el uno con el otro, como todos golpeando contra espadas y escudos. Primero uno avanzó, luego el otro, hasta que turno clavoso espada en la herida de Néas. Mi hijo retrocedió, tan valeándose, buscando el equilibrio. Turno se abalanzó sobre él, levantó su gigantesca espada por encima de su cabeza y con toda su fuerza y el peso de su masa la hizo caer. La espada se rompió contra el escudo de Néas. Néas se apartó rodando y agarrando su lanza. Diosó oportunidad y lanzó su arma con todas sus fuerzas. La lanzó y atravesó la pierna de turno, inmovilizándolo en el suelo. Los juzulianos ahullaron de rabia y dolor, pero no se movieron para ayudar a su caudillo caído. Turno se rodillo allí con la sangre manando de su herida, con la empuñadura si noja en las manos. Su respiración se producía en jadeos dolorosos y superficiales. Un favor trollano dijo cuando Néas acercó. En cárgate de que mi cuerpo tenga una asipultura adecuada. Confío en que no sea mucho pedir. Dicen que Anquí se esté ha educado bien. El sonido del nombre de su padre hizo que Néas se detuviera y su corazón se agitó de compasión por el rutuliano. La batalla había terminado, había ganado según los términos del tratado. El hombre no tenía que morir. Entonces sus ojos se posaron en el cinturón de espadas doradas que rodeaba la cintura del caudillo. Había pertenecido a palas, el joven príncipe arcadio. Turno había arrancado el cinturón de su cuerpo después de abatirlo en la fortaleza troyana. Este golpe es para evandro y para palas y para todos los hijos caídos, dijo. Y sin pensarlo dos veces, Néas un dios su espada en el corazón del caudillo. Mi hijo estaba en el centro del campo, jadeando por el esfuerzo de su lucha. Se palpó el punto del músculo donde le había atravesado la flecha, esperando encontrar una herida mortal. Pero no había ninguna. Toda evidencia de la herida había desaparecido. Lo admito, erró to la regla de Júpiter, que puedo decir. Uno lo hizo primero, y además era mi hijo. Y nunca aprendía a decir a Dios. Tras la batalla, los utuleanos se llevaron el cuerpo de turno con el resto de sus caídos y se marcharon. Los latinos cumplieron los términos del tratado, al dejar las armas y abrirle las puertas de la abrentum a los troyanos. La vinea y Néas se casaron poco después. Sus pueblos se convirtieron en un solo pueblo, compartiendo sus culturas y sus dioses. Big como los hijos de los hijos de Ascaño fundaron Roma en el mismo lugar donde antes estaba la ciudad arcade de Palantium. Big como su imperio se extendía, poniendo de rodillas a la amada cartagó de Juno. Poco después se lanzaron sobre la península del pelo poneso, asolando las ciudades griegas. Uno a uno, todos los enemigos de mi hijo, callaron en manos de los troyanos, y los autídos de furia de mi suegra, resonaron sobre el olímpo durante un siglo. En cuanto a Néas, bueno, se desbaneció en la historia y la leyenda. Algunos dicen que murieron una batalla con los utuleanos muchos años después de su lucha contorno. Otros que murieron en la abrentum ya anciano, pero yo sé la verdad. Por mucho que se alegra de recorrer el camino del destino, mi hijo nunca olvidó su tierra natal, un día cuando era viejo y canoso, cuando la vine había fallecido y ascaño tenía sus propios hijos, Néas se despidió de su hijo y de Italia y sarpo con 20 naves. Mi hijo había cumplido su destino, pero eso ya había quedado atrás. Lo que tenía por delante era un futuro desconocido y un sueño, que un día las murallas de troya volverían a levantarse. Gracias por acompañarnos en esta serie especial de mitología. Con esto completamos nuestra narración de la eneída de Virgilio. En el próximo episodio, volveremos a nuestro formato habitual extraído de las historias más antiguas de la humanidad. Puedes encontrar más episodios de mitología y todos los demás podcast originales de Parkas de forma gratuita en Spotify. Esto fue un podcast original de Spotify y Parkas. Este episodio fue escrito por Andrew Keller con asistencia de Greg Castro. Soy Yadira Aedo. [Música]

Podcast Summary

Key Points:

  1. Venus narra el épico final de la Eneida, centrado en la lucha de Eneas por cumplir su destino en Italia, mientras Juno intenta frustrarlo.
  2. Niso y Euríalo intentan alertar a Eneas del ataque enemigo, pero son descubiertos y asesinados; sus cabezas son mostradas al ejército troyano.
  3. Turno lidera un asalto masivo contra la fortaleza troyana, pero Eneas regresa con refuerzos arcadios, incluyendo a Palas, quien muere en combate.
  4. Venus entrega a Eneas armas divinas forjadas por Vulcano, incluyendo un escudo que profetiza la grandeza de Roma.
  5. Júpiter interviene en una disputa entre Venus y Juno, ordenando el fin de las interferencias divinas y dejando el destino de Eneas en manos de las Parcas.

Summary:

Venus, madre de Eneas y diosa del amor, relata el clímax de la Eneida. Juno, reina de los dioses, ha instigado una guerra entre los troyanos y los latinos, liderados por Turno. Durante un ataque a la fortaleza troyana, los héroes Niso y Euríalo intentan alertar a Eneas, pero son emboscados y decapitados.

Turno asalta las murallas, pero Eneas regresa con refuerzos arcadios, incluyendo al joven Palas, quien muere en batalla. Venus entrega a su hijo armas divinas forjadas por Vulcano, incluyendo un escudo que muestra el futuro esplendor de Roma. En el Olimpo, Venus y Juno se enfrentan ante Júpiter, quien pone fin a sus disputas y ordena que el destino de Eneas quede en manos de las Parcas.

Venus, resignada, acepta que no volverá a ver a su hijo, mientras la guerra se encamina hacia su desenlace. La historia destaca temas de destino, sacrificio y la lucha entre dioses y mortales, con un enfoque en la protección maternal de Venus y la obstinación vengativa de Juno.

FAQs

Es un podcast original de Parkast que narra historias dramáticas de la mitología antigua, presentado por Yadira Aedo. Se puede escuchar gratis en Spotify.

Venus es la diosa romana del amor y madre de Eneas. Lo protege durante su viaje y lo guía hacia su destino en Italia.

Juno, reina de los dioses y madrastra de Venus, odia a los troyanos y a Eneas. Le causa tormentos para impedir que llegue a Italia, aunque no lo logra del todo.

Debían avisar a Eneas del ataque enemigo, pero fueron descubiertos por los rútulos. Ambos murieron y sus cabezas fueron exhibidas.

Eneas regresa con refuerzos arcadios en barcos, justo cuando la fortaleza estaba siendo atacada por Turno. Su llegada cambia el rumbo de la batalla.

Recibe una coraza, un yelmo, una espada y un escudo forjados por Vulcano. Están diseñados para protegerlo en la batalla.

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