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La Bruja de Xalapa y otras historias de horror

36m 50s

La Bruja de Xalapa y otras historias de horror

La narrativa se compone de dos historias de horror relacionadas con experiencias personales en contextos aislados y remotos. La primera, contada por un niño de nueve años, describe una caminata nocturna en una zona sin electricidad, donde siente pasos, una respiración profunda, manos humanas y un olor a amoníaco. Aunque inicialmente cree que es una pesadilla, el recuerdo de un sueño en el que una mujer camina por el camino y levanta la cortina le confirma la realidad de lo sucedido. La segunda historia es la de un hombre que, después de una sesión espiritista en un lugar apartado, siente una presencia oscura, un olor podrido y un rugido, y se escapa con miedo. Al regresar, ve una figura que aparece en su casa y, tras hablar con un sacerdote, aprende que fue una experiencia real y peligrosa. El narrador personal, al escuchar esta historia, recuerda su infancia y una voz grave que le dice "venimos por tu papá", que finalmente entiende como una señal de que ambos relatos están conectados por una misma fuerza oscura. Ambas experiencias demuestran el impacto emocional y psicológico de los fenómenos paranormales, así como la importancia de la fe, el miedo y la supervivencia ante lo desconocido. La historia finaliza con una reflexión sobre el vínculo entre lo vivido y lo percibido, mostrando cómo los recuerdos infantiles pueden tener un significado profundo y verdadero en el contexto de experiencias paranormales.

Transcription

5028 Words, 28727 Characters

Spanish
Iba de regreso a casa por ese camino oscuro, nada más iluminado con mi lámpara a punto de descargarse. Iba deprisa, intentando ganarle a la niebla que ya venía. Tenía que llegar antes de que cayera por completo. Escuché pasos detrás de mí. Me detuve. Los pasos se detuvieron también. Seguí caminando y ahí estaban de nuevo. Alguien o algo venía detrás de mí. Muy buenas noches comunidad. Espero de verdad encontrarles bien y si no, que este rato de historias de horror les haga olvidarse de cualquier preocupación que haya por ahí, porque además son historias extrañas. Son un viaje. Oigan, por cierto, ya tenemos Instagram otra vez. Lo voy a dejar en la descripción porque es uno nuevo para que vuelvan a seguirnos y nos muestren cómo escuchan este episodio y cómo escuchan los siguientes relatos de la noche. Hola Uriel, quiero compartir una experiencia que me sucedió hace diecinueve años. Es una experiencia que me sucedió hace diecinueve años. Es una Prefiero omitir mi nombre, pero quisiera contarles esta historia que yo llamo El Árbol del Gato. Tenía 9 años y vivía con mi familia en una zona de Jalapa que se encuentra cerca de Pacho Viejo, por los alrededores de la colonia Gobernadores, muy cerca de Margaritas. Ahora hay muchas más cosas por ahí, pero apenas en 2008 era muy diferente. Prácticamente no había nada No teníamos electricidad, no había calles iluminadas Y las pocas casas que existían estaban muy separadas unas de otras Había bosque, fincas de café y terrenos enormes donde por las noches la oscuridad era total Durante un tiempo habíamos vivido en una casa prestada Hasta que un día nos pidieron que la desocupáramos Mi familia no tenía muchas opciones Así que conseguimos un terreno todavía más apartado y comenzamos a construir ahí nuestra propia casa. Era una construcción muy pequeña, de unos 5 metros por 5, hecha con lo que podíamos conseguir, madera, palos, láminas de cartón, algunas láminas. Estaba prácticamente una obra negra. Ya habíamos dejado los espacios para las ventanas, pero todavía no las teníamos, así que por las noches cubríamos los orificios con cortinas, para tratar de detener un poco el frío. Tampoco teníamos gas. Cocinábamos con leña que nosotros mismos recogíamos y para iluminarnos utilizábamos velas y una lámpara blanca Philips recargable. De vez en cuando algún vecino nos permitía conectarla a su generador para cargarla. Esa lámpara era muy importante porque, aparte de las velas, era prácticamente nuestra única fuente de luz. Y las noches, como les digo, eran muy oscuras ahí. Una noche había varias personas ayudándonos con la construcción de la casa. Entre ellas estaba el que era mi cuñado, que se quedó trabajando hasta bastante tarde tratando de terminar algunas cosas para que pudiéramos estar un poco más cómodos. Cuando nos dimos cuenta ya eran casi las once de la noche y había caído muchísima niebla. Mi ex cuñado tenía que regresar a su casa y necesitaba una lámpara para atravesar el camino pero nosotros no podíamos prestar la única que teníamos porque nos quedaríamos completamente oscuras así que se tomó una decisión que ahora cuando la recuerdo me parece una locura pero que en aquel momento supongo que simplemente era lo que había que hacer yo iba a acompañarlo con la lámpara hasta la salida de gobernadores cerca de margaritas Allí él continuaría por su cuenta Y yo regresaría solo Tenía nueve años Recuerdo incluso cómo iba vestido Llevaba unos tenis negros, un pantalón azul marino y una camisa roja No llevaba suéter a pesar del frío Y salí con él cargando mi lámpara El camino era de terracería caliza En temporada de lluvia se convertía en un lodazal y cuando hacía mucho calor se levantaba muchísimo polvo, pero esa noche estaba húmedo y buena parte del camino se perdía entre la niebla, de un lado estaba el panteón bosques del recuerdo y del otro había fincas de café, eran plantas y plantas de café, algunos plátanos entre ellas y después bosque, recuerdo los grillos, algunas aves y un poco de viento, era muy ligero pero con la neblina y el frío. Parecía que cualquier sonido se escuchaba más cerca. Nosotros íbamos ahí caminando con la lámpara y yo comencé a darme cuenta de que cada vez iluminaba menos, de que ya no tenía mucha batería. Finalmente llegamos a la salida de gobernadores. Ahí mi ex cuñado y yo nos despedimos. Él siguió su camino y yo di media vuelta para volver a casa, solo. No recuerdo cuánto había avanzado cuando escuché un paso detrás de mí. Me detuve. El sonido también se detuvo. Esperé unos segundos tratando de escuchar algo, pero ya no escuché nada, así que simplemente seguí caminando, pero poco después volví a escucharlo. Era un paso ligero sobre el camino. Volví a detenerme y otra vez hubo silencio. Al principio traté de pensar que podía ser un animal entre las plantas, alguna rama, incluso otra persona que estuviera caminando por ahí. Seguí avanzando, pero poco a poco empecé a notar algo que me puso muy nervioso. Cuando yo caminaba, escuchaba los pasos. Cuando me detenía, dejaba de escucharlos. Y así continué durante un buen rato. Ahí tenía el panteón de un lado, los cafetales del otro, y al frente solamente alcanzaba a ver el camino que iluminaba aquella lámpara, cada vez con menos fuerza. En algún momento pasé cerca de un antiguo crematorio que estaba junto al panteón. Era un lugar abandonado desde hace mucho, con una puerta vieja que recuerdo perfectamente porque, justo cuando pasé frente a ella, escuché cómo se movía, cómo rechinaban las bisagras, Como se podrán imaginar, no volteé Seguí caminando intentando poner la mente en blanco Intentando imaginarme llegando a casa Para entonces ya estaba temblando Hacía frío y yo había salido sin suéter Así que durante un momento quise pensar que era solamente por eso Pero mientras avanzaba empecé a sentir que me costaba respirar Y además, los pasos seguían detrás de mí. No sabría decir exactamente cuánto caminé así. En mi recuerdo fue muchísimo, quizás un par de kilómetros, aunque entiendo que tenía nueve años y estaba asustado, así que probablemente mi percepción de las distancias tampoco era muy buena. Lo que sí recuerdo es que llegó un momento en que aquellos pasos comenzaron a escucharse más y más cerca. Después escuché una respiración Primero pensé que era yo Yo ya venía respirando rápido por el miedo y por el esfuerzo de caminar Pero me di cuenta de que aquello sonaba muy diferente Era una respiración profunda, pausada Y venía detrás de mí El camino comenzaba a subir por una pendiente de tierra y piedra Ahí empecé a sentir algo todavía más extraño Las piernas me pesaban muchísimo Quería correr y sentía que no podía Cada paso me costaba trabajo Incluso recuerdo que quería llorar Quería gritar para que alguien me escuchara desde alguna de las casas Pero por alguna razón no me salía la voz Seguí caminando así hasta llegar a un árbol que nosotros conocíamos muy bien Le decíamos el árbol del gato Había un gato que todas las noches se subía a dormir entre sus ramas Era algo completamente normal para nosotros Pasabas por ahí, escuchabas al gato o lo veías arriba del árbol y seguías tu camino A veces incluso maullaba cuando alguien pasaba Esa noche levanté la vista El gato no estaba Desde ese punto ya podía distinguir a lo lejos y sobre una loma el lugar donde estaba nuestra casa No alcanzaba a verla completa entre la oscuridad y la neblina, pero sí podía ver una luz muy pequeña que salía por las cortinas Eran las velas que mi familia tenía encendidas adentro Ya estaba cerca Quise gritarles, abrí la boca y no pude sacar ningún sonido Fue entonces cuando volví a escuchar aquella respiración Pero ahora estaba tan cerca que sentí algo fuerte frío en la nuca. También recuerdo un olor muy fuerte. Era parecido al amoníaco, mezclado con humedad y con algo echado a perder. Me quedé completamente quieto y entonces alcancé a ver unas manos. No las vi de frente porque seguía sin atreverme a voltear. Las veía por la orillita de mis ojos. Eran dos manos humanas, largas y muy, muy flacas. Se les marcaban los huesos, las venas, los dedos eran muy largos y tenían unas uñas que recuerdo horriblemente sucias y muy crecidas. Las dos manos era lo único que alcanzaba a ver de reojo saliendo de la oscuridad. Yo estaba seguro de que me iban a tocar. Quería cerrar los ojos y tampoco podía. Solamente veía esas manos acercándose cada vez más. Y entonces escuché una voz. La voz de una mujer. No sabría describir exactamente cómo sonó, pero todavía puedo recordar la fuerza con la que la escuché justo detrás de mí. Y en ese momento escuché también algo corriendo desde la dirección, por entre las ramas, a toda velocidad. Era un perro. Se llamaba General. Pertenecía a uno de nuestros vecinos. El General venía corriendo directamente hacia donde yo estaba y pasó junto a mí sin detenerse. Lo vi lanzarse hacia atrás, hacia el lugar donde yo sentía que estaba aquello, como si tratara de morder a alguien. Volví a escuchar el grito de la mujer. General salió corriendo detrás de algo por el mismo camino. No sabía qué era eso. No camino que yo acababa de recorrer. No podía ver que perseguía. Solamente veía al perro alejándose entre la oscuridad. Y en cuanto eso ocurrió, yo corrí. No volteé para ver qué estaba pasando con un general ni me detuve a escuchar. Corrí hacia las luces de mi casa. Todavía me faltaba un buen tramo para llegar y recuerdo que esas velas parecían estar muchísimo más lejos de lo que realmente estaban. Cuando finalmente entré, mi mamá me vio y enseguida me preguntó qué me pasaba. Yo no podía contestarle. Estaba temblando y tratando de recuperar el aire. Ella me abrazó y después de un rato, cuando pude hablar, le conté lo que acababa de pasar. Le hablé de los pasos, de la puerta del crematorio, de la respiración, del olor, de aquellas manos que había visto en el aire. Y de las manos que había visto en el aire. Ella me había visto acercándose a mi cara y de general corriendo detrás de eso. Mi madre me escuchó. No recuerdo exactamente qué me dijo, pero sí recuerdo que no trató de convencerme de que me lo había imaginado. Simplemente se quedó conmigo hasta que me tranquilicé. Yo ya había cenado, pero me ofreció algo de comer y acepté solamente un vaso de leche caliente. Después me llevó a un rato. Yo no me quería dormir. Cada vez que cerraba los ojos, pensaba en el camino y en aquello que había sentido detrás de mí. Así que durante un rato solamente fingí estar dormido para que mi mamá no siguiera preocupada. Cerré los ojos, traté de respirar despacio y en algún momento, sin darme cuenta, terminé quedándome dormido. Esa noche soñé con una mujer. Nunca pude verle la cara. En el sueño siempre estaba de espaldas a mí. Llevaba un vestido que alguna vez debió haber sido blanco, pero estaba sucio, mucho, desgarrado y lleno de tierra. La mujer era extremadamente delgada. Lo más extraño es que yo sabía perfectamente dónde estaba. Era el mismo camino que acababa de recorrer. Yo solamente observaba mientras ella caminaba lentamente por la terracería. No podía acercarme ni hablarle. La veía avanzar en dirección a mi casa, siguiendo aquel camino que yo conocía perfectamente. La mujer continuó caminando hasta llegar a la loma. Ahí estaba nuestra casa. Yo podía verla. La vi acercándose a uno de los espacios donde todavía no habíamos podido colocar una ventana. En ese tiempo solamente teníamos una cortina cubriendo el hueco. La mujer se quedó frente a ella durante unos segundos. Después levantó una de sus manos y apartó la cortina. Ahí desperté. Recuerdo que abrí los ojos y durante unos segundos no entendía dónde estaba. El cuarto estaba oscuro y mi mamá ya no estaba sentada junto a mí. Me quedé despierto durante un rato pensando en aquella mujer. En el camino y, sobre todo, en la imagen de su mano apartando la cortina para mirar. Dentro de nuestra casa. En la mañana, en cuanto pude, fui a buscar a General. Lo encontré en su casa. Estaba bien. Me acerqué y lo abracé. Yo era un niño y probablemente no entendía muchas de las cosas que habían ocurrido la noche anterior, pero sí entendía una y muy bien. Ese perro, había aparecido justo cuando yo necesitaba que apareciera. Si no, no sé qué hubiera pasado. No sé qué hubiera sido de mí. Han pasado ya dieciocho años como unidad. No puedo creer que tanto tiempo ya. Y siento que todo pasó como debía pasar. Que yo no tenía que ver eso que ha pasado. No puedo creer que corriendo desde su casa para lanzarse contra eso. Y tampoco sé por qué esa misma noche soñé con aquella mujer recorriendo ese camino que yo acababa de pasar. Lo único que sé es que todavía recuerdo perfectamente verla llegar hasta nuestra casa, acercarse a la ventana, levantar la mano y apartar la cortina. Eso, aunque sea un sueño. Nunca lo voy a olvidar. Comunidad, dos anuncios importantes. Ya está de nueva cuenta disponible el nuevo libro Nuestra Muerte Escondida en Amazon. También me dijeron que está en Gandhi, así que les invito a comprarlo. Pueden tener la suerte de recibir uno firmado y si no, si no nos veremos pronto para firmarlo en persona. Y ya estamos de nuevo en Instagram. Ahí, solo ahí somos oficial RDLN. O sea, al revés que en todas las otras plataformas donde somos todavía RDLN oficial. De todas formas, les vamos a dejar el enlace en la descripción. Por ahora continuamos. Vamos hasta Chihuahua, México. Chihuahua para la ciudad de Chihuahua, México. Hola a toda la comunidad. Mi nombre es Marco y les escribo desde Chihuahua. Tengo alrededor de cuatro años ya escuchándolos junto con mi esposa. De hecho, uno de nuestros hobbies es salir a pasear en el carro mientras escuchamos relatos de la noche. La historia que quiero contarles en realidad le sucedió a mi papá hace casi 30 años. Cuando yo apenas tenía más o menos uno. Y en serio que durante mucho tiempo intenté que me la contara completa. Pero él siempre buscaba un pretexto para no hacerlo. Me decía algunas cosas, después cambiaba de tema o simplemente llegaba a una parte y me decía que ya no quería seguir. Mi papá nunca ha sido alguien a quien le gusten estos temas. Evita las películas de terror, las historias paranormales y cualquier cosa relacionada con lo paranormal. Pero él siempre ha sido alguien a quien le guste. Y ahora entiendo un poco mejor por qué. Hace poco hicimos un viaje en carretera, él y yo solos, y aproveché para volver a preguntarle. Esta vez, después de tantos años, aceptó contarme lo que le había pasado. Aún así hubo detalles que prefirió omitir, sobre todo de ciertas reuniones a las que asistió. No quise presionarlo. Lo que les voy a contar es lo que pude reconstruir de aquella conversación con mi papá. Como ya les decía, hubo partes en las que no quiso entrar demasiado en detalles, y yo preferí no presionarlo. Todo comenzó hace unos 28 o 29 años, cuando el mejor amigo de mi papá, a quien conocía prácticamente desde niño, comenzó a involucrarse junto con su esposa en temas de espiritismo. Ellos decían que en su casa había una presencia con la que habían aprendido a comunicarse, y aseguraban que los ayudaba e incluso les advertía cuando. algo malo estaba por ocurrir. El amigo de mi papá era abogado. Ya falleció hace algunos años, y según le contaba entonces, esa presencia llegó a ayudarlo incluso con algunos de sus casos. brazos. Su esposa estaba todavía más involucrada. Decía que aquel ser era parte de ella misma en otra vida y realizaban sesiones para tratar de comunicarse con él. En una ocasión invitaron a mi padre. Él tenía 25 años y aceptó más que nada por curiosidad, pero solo fue una vez. Aquí fue una de las partes en las que mi papá prefirió no contarme demasiado. No quiso decirme exactamente qué había ocurrido durante aquella sesión. Solo me dijo que con esa única vez tuvo suficiente para saber que no quería volver a participar en algo así. Su amigo no entendió su decisión y durante un tiempo comenzaron a distanciarse. A mi papá le preocupaba verlo tan metido en esos temas, así que terminó haciendo algo que empeoró todavía más la relación entre ellos. Fue hablar con la mamá de su amigo. Ella era una mujer muy religiosa y participó en un encuentro muy divertido en la iglesia de la pequeña comunidad en donde vivían. Cuando mi papá le contó lo que estaba ocurriendo, la señora se enojó muchísimo. Ella no lo sabía hasta entonces. Incluso llegó a llamar bruja a la esposa de su hijo. Por supuesto, ellos terminaron enterándose de que mi papá había hablado con ella. Se molestaron y dejaron de frecuentarse. Poco después, mis papás tuvieron que mudarse a Chihuahua capital porque mi padre había conseguido trabajo allá. Ellos tenían un trabajo en la iglesia de la pequeña comunidad en donde vivían. Esa era su casa. Yo estaba prácticamente recién nacido. Tendría cuando mucho un año. Un día, mientras mi papá estaba en la ciudad, una señora se le acercó. Le dijo algo que lo tomó muy de sorpresa. Le dijo que alguien estaba muy enojado con él y quería hacerle daño. También le dijo que tenía un espíritu que lo protegía y que, si quería saber más, fuera a verla. Y le dio una dirección. Mi papá me contó que durante varios días intentó olvidarse de aquello. Después de lo ocurrido con su amigo, no quería volver a involucrarse con esos temas. Pero aquella mujer había conseguido dejarle una idea en la cabeza. Y es que cuando le dijeron que alguien quería hacerle daño, pensó inmediatamente en su amigo y en la esposa. Mi papá no tenía ninguna prueba de que ellos quisieran hacerle algo. Eso también me lo dejó muy claro. Era solamente una sospecha que comenzó después de lo que aquella mujer le había dicho, pero por alguna razón no podía dejar de pensar en eso. Finalmente decidió buscarla. Le pidió a mi mamá que lo acompañara, pero ella se negó. Nunca le habían gustado esas cosas y no quería involucrarse, así que mi papá fue solo. Las reuniones eran por la noche. Comenzaban alrededor de las once o doce y podían durar una o dos horas. Mi papá recuerda haber asistido solamente cuatro, si acaso cinco veces. Según me contó, las primeras sesiones fueron bastante tranquilas. La señora le hablaba de algunas cosas de su pasado y de cosas que, según ella, podían ocurrirle después. Insistía en que querían hacerle daño, pero también decía que él tenía un espíritu protector que lo había elegido y que tenían que fortalecer esa relación. Tampoco quiso contarme demasiado sobre esas reuniones. Solamente me dijo que, después de varias, la señora le anunció que estaba listo para una especie de iniciación. Esta vez no sería en el lugar donde normalmente se reunían. Tenían que salir de la ciudad. Mi papá recuerda que fueron hacia la carretera rumbo a Cuauhtémoc, a un lugar apartado cerca del monte. Habían quedado de encontrarse alrededor de la medianoche. Y mi papá fue. Cuando llegó ya estaba la señora. Estaba también un hombre que la ayudaba y, según recuerda, había sido un hombre que le ayudaba. Recuerda una persona más. Se colocaron formando un círculo y se tomaron de las manos. La señora hizo que mi papá repitiera oraciones extrañas, ninguna que él conociera. No recuerda cuánto tiempo estuvieron así, y lo primero extraño que notó fue un olor claro, fuerte, algo que describió como un podrido, parecido al olor de un animal muerto. Después se escuchó un sonido a cierta distancia. Me dijo que era parecido al rugido de un animal muy grande. En ese momento pensó en un león, en un oso, en alguna bestia de ese tamaño, aunque sabía perfectamente que escuchar algo así en ese lugar no tenía ningún sentido. Y ahí fue cuando decidió que quería irse. Intentó soltarse, pero las personas que estaban con él le dijeron que no podía hacerlo, que la ceremonia todavía no había terminado. Y entonces sintió que algo estaba detrás de él. Cuando me contó esta parte fue muy específico en algo, que no lo vio claramente, que no supo si era una persona o simplemente una figura. Lo que recuerdo es haber percibido algo muy alto, oscuro, justo a su espalda, una especie de bulto o una mancha negra enorme. Pero sobre todo, recuerda las sensación de tenerlo ahí. Y eso fue suficiente. Mi papá se soltó de las personas que estaban junto a él. Salió corriendo. La señora y los demás comenzaron a gritarle. Le decían que regresara, que no podía dejar aquello a medias. Pero mi papá llegó al carro, se subió y arrancó. Mientras manejaba de regreso a casa ocurrió algo que todavía recuerda perfectamente. Me dijo que el miedo que había sentido durante la ceremonia, comenzó a convertirse en vergüenza. Mi papá siempre ha sido creyente y en ese momento comenzó a sentirse muy mal por haberse metido voluntariamente en algo que iba en contra de sus creencias. Así que empezó a rezar. Rezó prácticamente durante todo el camino. Y mientras manejaba, comenzó a ver de nuevo aquella figura. A veces la veía al lado de la carretera. Otras veces le parecía verla más adelante frente al carro. Incluso hubo momentos en los que la figura parecía atravesarse en su camino. Pero mi papá no se detuvo. Siguió manejando. No daba volantazos ni se detenía. Me dijo que llegó un momento en el que simplemente dejó de importarle si aquello se atravesaba frente al carro. Él seguía rezando y lo único que quería era llegar a su casa. Cuando finalmente llegó, mi mamá y yo estábamos de vuelta al barrio. La señora me llamó y me dijo: —Estábamos dormidos. Entró y se acostó junto a nosotros pensando que todo había terminado. Pero al poco tiempo volvió a ver aquella figura. Estaba con nosotros, en la puerta de la habitación. Mi mamá se despertó. Ella no veía lo mismo que mi papá, pero según ambos recuerdan, comenzó a sentirse muy incómoda y les decía que sentía algo cerca. Mi papá veía aquella figura en el marco de la puerta, así que volvió a rezar. Repetía todas las oraciones que podía recordar. Algunas veces se trababa, otras olvidaba partes y comenzaba de nuevo, pero trataba de no detenerse. Según me contó, mientras rezaba aquello permanecía en la puerta, pero cuando dejaba de hacerlo, se acercaba, como si pudiera entrar. Así pasaron prácticamente toda la noche. Mi mamá despierta junto a él, mi papá rezando y yo, un bebé, dormido sin enterarme de nada. Cuando comenzó a amanecer, mi papá dejó de ver aquella figura. No había dormido absolutamente nada. En cuanto pudo, se arregló. Solía buscar a un sacerdote que conocía desde hacía años, de nombre Márquez. Había estado anteriormente en la ciudad de donde venían mis padres y conocía bien a mi papá. Incluso le decía "el indio" de cariño. Para entonces lo habían cambiado a una parroquia en Chihuahua. Pero tenía que ser él. Tenía que ser alguien en quien confiara. Alguien que le creyera. Mi papá llegó a su iglesia y preguntó por él. La secretaria le dijo que estaba muy ocupado, y él le pidió que, por favor, fuera a decirle que lo buscaba el indio. Según recuerda, no pasaron ni cinco minutos cuando el padre salió. Lo saludó con mucho gusto y le preguntó qué estaba haciendo por aquellos rumbos. Mi papá solamente pudo decirle: "La regué, padre. La regué gacho". El sacerdote lo hizo pasar a su oficina. Le pidió que le contara todo. Quería saber dónde había estado, con quién, qué habían hecho y qué había ocurrido después. Mi papá se lo contó: Cuando terminó, el padre le preguntó si estaba arrepentido. Le dijo que sí. Entonces, el sacerdote le explicó que iban a rezar durante un rato, pero le puso una condición. Mi papá tenía que mantener los ojos cerrados e, independientemente de lo que escuchara, no podía abrirlos ni moverse. Mi papá aceptó. Calcula que estuvieron así alrededor de una hora. Escuchaba al sacerdote rezando. Había oraciones que nunca había oído y recuerda que la voz del estuvo firme, aunque conforme pasaba el tiempo, también podía escucharlo cada vez más cansado. Y entonces comenzaron a escucharse ruidos alrededor, golpes, cosas que parecían caer. Mi papá no sabe qué provocaba esos sonidos porque hizo exactamente lo que el sacerdote le pidió, pero no abrió los ojos. Cuando finalmente el padre le dijo que podía hacerlo, lo encontró completamente bañado en sudor. Se veía agotado. Y entonces le dijo algo que mi papá recuerda bien hasta la fecha. Indio, te libraste por poquito. El padre Márquez le pidió que no volviera a participar en nada relacionado con aquello, ni sesiones. Ni cartas, ni lecturas de mano. Nada. También le dio agua bendita y algunas oraciones. Le pidió que regresara a casa, que rezara junto con mi mamá, que rociaran agua bendita y eso hicieron. Mi papá dice que aquella noche todavía escucharon cosas afuera de la casa. Recuerda particularmente pasos fuertes sobre el techo. Él y mi mamá rezaban juntos y después de un rato dejaban de escucharlos. Esto se repitió durante varias noches, aproximadamente una semana. Después, simplemente paró. A lo largo de los años, mi papá dice haber vivido algunas otras cosas que nunca ha podido explicar, pero cumplió lo que le prometió al padre Márquez. Nunca volvió a meterse en nada de eso. Hasta ahí llegó la historia de mi papá. Durante unos momentos seguimos manejándonos. Yo llevaba años tratando de conseguir que me contara aquello y finalmente lo había escuchado completo, o por lo menos tan completo como él estaba dispuesto a contarlo. Pero mientras seguíamos por la carretera comencé a recordar algo. Algo que me había sucedido a mí muchos años antes. Verán, yo tendría unos 8 o 9 años. Mi hermano ya había nacido y él entonces tendría 4 o 5. Durante una temporada comenzaron a ocurrir algunas cosas. A mí me pasaba algo que entonces nunca me pareció demasiado aterrador. Algunas noches, mientras estaba dormido, escuchaba una voz que me decía "Marco, levántate, ya es hora". Yo despertaba pensando que mi mamá me estaba hablando porque ya era hora de ir a la escuela, pero cuando abría los ojos me daba cuenta de que todavía era de mañana. Nunca le había dado importancia. Pensaba que simplemente era un sueño. A mi hermano le ocurría algo diferente. Él decía que por las noches veía a una señora gorda, sin cabeza. Así la describía, siempre. Una señora gorda, sin cabeza. Mis papás pensaban que eran pesadillas. Mi hermano era muy pequeño y yo nunca veía a aquella mujer. Así que, durante un tiempo, yo pensaba que era un sueño. El sueño de mi mamá era un sueño. Yo pensaba que era algo diferente. Mi papá pensaba que era un sueño. Mi mamá pensaba que era una pesadilla. Así que, durante un tiempo, yo pensaba que era una pesadilla. Durante un tiempo todos pensamos que podía tratarse simplemente de terrores nocturnos. Pero recuerdo que hubo noches en las que mi hermano se levantaba llorando y temblando. Repitiendo que aquella señora no lo dejaba dormir. Hasta que una noche me pasó algo a mí. Yo estaba acostado y ya estaba por quedarme dormido. En ese tiempo dormía con la puerta de mi habitación abierta. Parecían cadenas arrastrándose por el piso. Eran cadenas pesadas. Se escuchaban avanzar lentamente por algún lugar de la casa. Y recuerdo quedarme completamente quieto en la cama tratando de entender de dónde venía el ruido. Después escuché una voz. Era una voz de hombre muy grave. Tan grave que hasta la fecha no recuerdo haber escuchado a una persona hablar así. Y esa voz me dijo: Y esa voz me dijo: Venimos por tu papá. Yo me quedé inmóvil. Después volvió a hablar. Queremos a tu papá. Queremos a tu papá. Yo seguía sin moverme. Y entonces. Y entonces. Entonces me dijo: Si te mueves de la cama, él se muere. Cállate. Cállate. No sé cuánto tiempo estuve así sin moverme. Ni recuerdo fue toda la noche. Yo estaba acostado, despierto. Escuchando de vez en cuando aquellas cadenas. Y sin atreverme a bajar de la cama. Pero cuando comenzó a amanecer dejé de escucharlas. También desapareció la voz. En cuanto hubo suficiente luz me levanté. Y fui a contarles a mis papás. Ellos me escucharon y trataron de tranquilizarme. Me dijeron que probablemente había tenido una pesadilla. Y esa noche decidimos rezar los cuatro juntos antes de dormir. Y no pasó nada. Y no pasó nada. En los días siguientes mi papá hizo que un sacerdote fuera a nuestra casa para bendecirla. Recuerdo que recorrió las habitaciones y roció agua bendita. Después de eso mi hermano dejó de hablar de la señora sin cabeza. A mí dejaron de despertarme aquellas voces. Y nunca volví a escuchar las cadenas. Durante muchos años prácticamente olvidé ese episodio. Hasta aquel viaje. Mientras mi papá me contaba por primera vez lo que había ocurrido cuando yo apenas tenía un año. Regresó a mi cabeza aquella noche de mi infancia. Las cadenas. La voz. Y sobre todo, me hizo recordar lo que me había dicho. Venimos por tu papá. Queremos a tu papá. Muchos años después. Por fin lo entendí. Por fin supe que era real. Gracias por escucharme comunidad. Y espero que ustedes pasen una muy buena noche. Gracias por ver el video. Gracias por ver el video.

Podcast Summary

Key Points:

  1. Una niña de nueve años relata una experiencia en una zona rural de Jalapa, donde caminaba con su cuñado por un camino neblinoso, hasta que percibe pasos y presencias extrañas.
  2. Durante la caminata, el niño siente una respiración profunda, un olor a amoníaco y ve manos humanas flacas que avanzan hacia él, lo que lo deja atemorizado y sin poder gritar.
  3. En un momento crítico, escucha el grito de una mujer y el correr de un perro llamado General, que se dirige hacia la figura que sigue a su lado.
  4. El niño finalmente regresa a casa, donde su madre lo abraza y le escucha sin cuestionar su narración, y en el sueño repite la escena de una mujer que camina por el mismo camino y levanta la cortina.
  5. Otra historia cuenta de un hombre que, tras una experiencia en una reunión espiritista, siente una presencia oscura detrás de él, un olor podrido y un rugido de bestia, y se escapa envehemente.
  6. El hombre, profundamente afectado, comienza a ver una figura en su camino mientras vuelve a casa, y durante la noche la figura aparece en la puerta de su casa, obligándolo a rezar.
  7. Se le pide al sacerdote que mantenga los ojos cerrados y que no abra, y al final, el padre le advierte que "se libró por poco" y le pide nunca más involucrarse en espiritismo.
  8. La historia final se conecta con una experiencia infantil del narrador, donde escucha cadenas y una voz que le dice "venimos por tu papá", y que solo años después entiende que es una señal real de lo sucedido.

Summary:

La narrativa se compone de dos historias de horror relacionadas con experiencias personales en contextos aislados y remotos. La primera, contada por un niño de nueve años, describe una caminata nocturna en una zona sin electricidad, donde siente pasos, una respiración profunda, manos humanas y un olor a amoníaco. Aunque inicialmente cree que es una pesadilla, el recuerdo de un sueño en el que una mujer camina por el camino y levanta la cortina le confirma la realidad de lo sucedido.

La segunda historia es la de un hombre que, después de una sesión espiritista en un lugar apartado, siente una presencia oscura, un olor podrido y un rugido, y se escapa con miedo. Al regresar, ve una figura que aparece en su casa y, tras hablar con un sacerdote, aprende que fue una experiencia real y peligrosa. El narrador personal, al escuchar esta historia, recuerda su infancia y una voz grave que le dice "venimos por tu papá", que finalmente entiende como una señal de que ambos relatos están conectados por una misma fuerza oscura.

Ambas experiencias demuestran el impacto emocional y psicológico de los fenómenos paranormales, así como la importancia de la fe, el miedo y la supervivencia ante lo desconocido. La historia finaliza con una reflexión sobre el vínculo entre lo vivido y lo percibido, mostrando cómo los recuerdos infantiles pueden tener un significado profundo y verdadero en el contexto de experiencias paranormales.

FAQs

Es una experiencia de un niño de nueve años que vivió en Jalapa, México, donde durante una noche de niebla escuchó pasos detrás de él, vio manos humanas y una respiración, y finalmente llegó a su casa. El relato incluye una experiencia misteriosa cerca de un crematorio y una visión de una mujer que camina por el camino.

El niño no pudo emitir sonido por la intensa emoción y miedo que sintió, lo que lo dejó sin voz a pesar de intentarlo, lo cual lo intensificó en el estado de pánico y miedo.

Durante la reunión, el padre de Marco escuchó un olor podrido, un sonido parecido al rugido de un león, y percibió una figura oscura detrás de él. Decidió salir corriendo y, mientras regresaba, vio la figura varias veces, pero siguió conduciendo sin detenerse.

La frase 'Venimos por tu papá' es una señal misteriosa que el niño escuchó cuando tenía 8 o 9 años, que posteriormente entendió como una confirmación de que los eventos que vivió eran reales y conectados con lo paranormal.

Después de una experiencia intensa y aterradora, el padre de Marco se sintió profundamente avergonzado por haberse metido en algo que contradecía sus creencias religiosas, por lo que renunció a cualquier contacto con temas espirituales.

El perro General apareció en el momento justo en que el niño necesitaba ayuda, corriendo hacia donde el niño sentía la presencia misteriosa, lo que lo hizo creer que el perro era un mensajero o señal de que algo importante estaba ocurriendo.

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