El texto es una reflexión profunda y espiritual en el que el autor vive un momento de oración en domingo, buscando una palabra de gracia del Señor. A través de la lectura del profeta Isaías, se simboliza la viña de Dios como la casa de Israel, representando al pueblo que fue cuidado, plantado y esperado, pero que falló en producir frutos de justicia y amor. En lugar de ira, el Señor expresa un dolor herido por el amor mal usado, mostrando un Dios compasivo y comprometido. El autor siente una profunda conexión con el Espíritu, reconociendo su fragilidad y dependencia, y pide al Señor que nunca abandone su obra. Se invita a mantener viva la esperanza y la oración, como un acto constante de amor y fidelidad. La viña, aunque hoy esté arrasada con zarzas, será reedificada en el futuro, porque Dios no deja de esperar frutos de amor y verdad. El proceso se vive como un viaje de conciencia, donde cada momento de vida se convierte en un espacio de encuentro con Dios. El mensaje final es una profunda confianza en la eterna y paciente esperanza del Señor.
Hoy es domingo 4 de octubre.
El fin de semana me ofrece un tiempo de encuentro, de familia, espacio privilegiado
para escuchar una palabra de gracia, tomo conciencia de ello al tiempo que voy respirando
ondamente, cada vez más conscientemente, más profundamente.
Voy dejando que esa sensación me vaya alcanzando externa e internamente, mientras serenamente
pregunto.
Que palabra quieres pronunciar sobre mí, Señor, hoy, aquí y ahora.
Tomo conciencia del deseo de escucharte que me habita, del deseo de dejarme llevar
por el Espíritu donde quieras, Señor.
La lectura de hoy es del profeta Isayas.
Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña.
Mi amigo tenía una viña en Cértil Coyado, la entrecabó, la descantó y plantó buenas
cepas, construyó en medio una talaya y cabó un lagar, y espero que diese uvas, pero
dio agra zones.
Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, por favor, sed jueces entre mí
y mi viña.
¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho?
Que esperando que diera uvas, dio agra zones, pues ahora os diré a vosotros lo que voy
a hacer con mi viña.
Quitar su valla para que sirva de pasto, de ruir su tapia para que la pisoteen.
La dejaré arrasada, no la podrán ni las cardarán, crecerán zarzas y cardos, prohibiré
a las nubes que llueva sobre ella.
La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel.
Son los hombres de Judá, su plantel preferido.
Esperó de ellos derecho y ahí tenéis, asesinatos, esperó justicia y ahí tenéis
lamentos.
Resulta duro escuchar estas palabras en la boca del Señor de la misericordia.
La dejaré arrasada, crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que llueva sobre
ella.
Pero en realidad, no son para que percibas a un Dios ha irado y furioso, sino a un Dios
herido por el mal amor.
Contempla el Señor, con su corazón compasivo, con su continuo acto de amor por su viña.
La entrecabó, la descantó y plantó buenas cepas, construyó en medio de una talaya
y jabó un lagar, y espero que díese uvas.
Dios quiere cantar a su pueblo.
Dios te canta ti también o y un cántico de amor.
Tú eres su viña, te ha creado a su imagen y semejanza y te espera.
Te ha creado dotándote de su mejor don, la capacidad de amar y te espera.
Te ha soñado tierra fértil y te ha preparado para ello y te espera.
Antes a espera del Señor, toma conciencia de tu fragilidad, de la que no te haces
suficiente.
El Señor espera a tus uvas, esas que den sentido a lo que eres, criatura fecunda, llamada
a ser imágen suya.
Esas uvas que andan a alimentar a quienes te rodean, esas que serán el vino de la
alegría y la buena noticia, el Señor no deja de esperarte.
Me habitas mesos tienes, de medas, en cada instante creado a tu imagen, me habitas
mesos tienes, de medas, en cada instante vives sentir, la que es sentir sostienes vividas.
Es tu quien se me entrega sin medida, vives en mí, la te es en mí, sostienes vividas.
Es tu quien se me entrega sin medida.
Me habitas mesos tienes, de medas, en cada instante creado a tu imagen, me habitas
mesos tienes, de medas, en cada instante vives sentir, la te es en mí, sostienes vividas.
A les cuchar de nuevo el texto del profeta.
Fíjate en lo mucho que refleja de Dios, un Dios apasionado, un Dios comprometido, implicado,
un Dios al que le duele la vida de sus hijos, un Dios que espera tanto de nosotros, que
cuando no respondemos el amenta, no es ira, sino amor herido, no es amenaza, sino la
confidencia de quien tanto confía en nosotros. "Voy a cantar en nombre de mi amigo un
canto de amor a su viña, mi amigo tenía una viña en Cértil Coyado, la entrecabó,
la descantó y plantó buenas cepas, construyó en medio una talaya y cabó un lagar, y espero
que diese uvas, pero dio agrazones". Pues ahora habitantes de Jerusalén, hombres
de Judá, por favor, sed jueces entre mí y mi viña. ¿Porque esperando que diera uvas dio agrazones? Pues ahora
os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña. Quitar su valla para que sirva de
pasto, derruir su tapia para que la pisotén. La dejaré arrasada, no la podrán ni las
cargarán, crecerán zarzas y cardos, prohibiré a las nubes que llueva sobre ella. La viña
del señor de los ejércitos es la casa de Israel, son los hombres de Judá, su plantel
preferido. Espero de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos. Espero justicia y ahí tenéis
la mentos. Yo doy tampoco fruto y tú no desesperas. Parezco viña estéril incapaz de producir
una buena cosecha, de verdades y justicia, de humildad y amores, de compasión y reposo.
Pero tú no abandonas y sigues cuidando esta parcela con el sol de tu palabra y tu lluvia
de agua viva. Consaviduría riegas, este campo sediento. Remueves la tierra, podas los
armentos. Adivinas los brotes, donde un día habrá fruto. No desistas viñador. Llegará
un día en que todo estará como soñaste.
Me voy despidiendo. Voy recorriendo los momentos que me han dado sentido por dentro. La palabra
que ha resonado, entre cabó, plantó, construyó, cabó un lagar. La dejaré arrasada. No
la poderán ni la escardarán, crecerán zarzas, prohibere a las nubes que lluevan sobre ella.
Las mociones que han brincado dentro de mí en este tiempo de oración. Pongo en manos
del señor mi frágil respuesta y espero porque confío y me confío.
Que esta oración, me pueda acompañar a lo largo de la semana, repitiendo en mi interior.
Una y otra vez, esta petición. No abandones, señor, la obra de tus manos. Espérame siempre.
Espérame siempre.
Podcast Summary
Key Points:
El texto expresa una oración profunda de escucha y entrega ante la presencia divina, pidiendo a Dios que le hable con una palabra de gracia.
La viña simboliza al pueblo de Dios, especialmente a Israel y a Judá, que fueron cuidados y esperados por el Señor, pero que fracasaron en su misión de amar y justicia.
En lugar de ira, el Señor expresa un amor herido y profundo por su pueblo, mostrando que su desesperación proviene del dolor por el amor mal usado.
Dios no abandona a su viña, aunque parezca estéril, y mantiene la esperanza de que un día broten frutos de amor, justicia y paz.
El habitar del Espíritu se vive como un acto constante de conciencia y entrega, donde el creyente se siente conectado y vivido por Dios en cada momento.
La lectura de Isaías se interpreta como un canto de amor y llamado a la responsabilidad de cuidar lo dado, de cultivar la vida y la justicia.
El proceso de oración incluye la imagen de poda, cuidado y esperanza, como símbolos del trabajo del creyente en la tierra de Dios.
El mensaje final es una confianza en la perseverancia del Señor, que esperará siempre, y una invitación a mantener viva la oración en la semana.
Summary:
El texto es una reflexión profunda y espiritual en el que el autor vive un momento de oración en domingo, buscando una palabra de gracia del Señor. A través de la lectura del profeta Isaías, se simboliza la viña de Dios como la casa de Israel, representando al pueblo que fue cuidado, plantado y esperado, pero que falló en producir frutos de justicia y amor. En lugar de ira, el Señor expresa un dolor herido por el amor mal usado, mostrando un Dios compasivo y comprometido.
El autor siente una profunda conexión con el Espíritu, reconociendo su fragilidad y dependencia, y pide al Señor que nunca abandone su obra. Se invita a mantener viva la esperanza y la oración, como un acto constante de amor y fidelidad. La viña, aunque hoy esté arrasada con zarzas, será reedificada en el futuro, porque Dios no deja de esperar frutos de amor y verdad.
El proceso se vive como un viaje de conciencia, donde cada momento de vida se convierte en un espacio de encuentro con Dios. El mensaje final es una profunda confianza en la eterna y paciente esperanza del Señor.
FAQs
La viña simboliza al pueblo de Dios, en particular a Israel y a los hombres de Judá, que son considerados el plantel preferido del Señor. Representa la esperanza de frutos de amor, justicia y verdades, así como la relación de cuidado y espera del Dios que los ama.
No es un acto de ira, sino de dolor por el amor que ha sido ignorado o mal usado. Dios se siente herido por la falta de justicia, amor y frutos, y así muestra su dolor, no su enojo, al desear que el pueblo se reconozca su responsabilidad.
Pide al Señor que le diga qué palabra debe pronunciar sobre él hoy, aquí y ahora, y expresa su deseo de ser llevado por el Espíritu para escuchar su voz y responder con amor.
Las uvas representan el fruto de la vida, el amor, la justicia, la humildad y la compasión. Dios espera que el pueblo produzca esas virtudes que enriquecen a quienes los rodean y a su propia fe.
Dios se presenta como un padre apasionado y comprometido, que siente dolor cuando el pueblo no responde con amor. Su amor no es ira, sino un profundo afecto herido por la falta de respuesta.
El llamado es a ser jueces entre Dios y su viña, a reconocer la responsabilidad de producir frutos de amor y justicia, y a no abandonar el campo de la fe, aunque parezca estéril.
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