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Jesús sana y restaura las familias - Mc 5,21-43 - P. Federico Dundas

17m 0s

Jesús sana y restaura las familias - Mc 5,21-43 - P. Federico Dundas

La transcripción relata inicialmente la historia de San Francisco de Asís, quien en 1205 escuchó el llamado divino "Francisco, restaura mi iglesia". Primero interpretó esto como una tarea material de reconstruir un edificio, pero pronto comprendió que Dios lo llamaba a una restauración espiritual de la Iglesia y el corazón de las personas. Este llamado se presenta como un paralelo para los oyentes actuales, aplicándolo a la familia, considerada la "iglesia doméstica". Se subraya que Dios desea sanar y restaurar las relaciones familiares, tal como Jesús sanó a la hija de Jairo y a la mujer con flujo de sangre en el Evangelio. El mensaje central describe un proceso de dos partes. Primero, es necesario "tocar a Jesús", es decir, establecer una conexión personal y de fe que permita experimentar su amor restaurador, que devuelve la dignidad y renueva la esperanza ante lo humanamente imposible. Segundo, se requiere la colaboración humana activa. Así como Jesús, tras resucitar a la niña, pidió que le dieran de comer, los miembros de la familia deben cuidarse mutuamente con dedicación, protegiendo el valioso don de la unidad familiar. La reflexión final invita a una oración por la familia, pidiendo unidad, paz, comprensión y la capacidad de perdonar, poniendo el hogar en las manos de Dios.

Transcription

2315 Words, 12958 Characters

Spanish
Era el año 1205, un joven de unos 20 pico daños, 20 cortos, se encontraba en una iglesia, ahora en la presencia de Jesús, tratando de encontrar el camino, tratando de descubrir que era lo que Dios quería de él. Y en todo eso escucha una palabra que inequivocamente venía de Jesús que le decía Francisco Restaura a mi iglesia. Se encontraba en una iglesia que estaba ediliciamente en ruinas, y en primer lugar interpretó que ese mensaje tenía que ver con lo material y se puso humanos a la obra, a trabajar, a restaurar, a traer piedras, a llevar piedras a tratar de arreglar la materialmente. De hecho, por esto se endeudo con su padre y después de estuvo en prisión, bueno, todo una serie de dificultades. Y no tardó mucho tiempo en darse cuenta que aquellas palabras que venían de Dios no se referían a la iglesia material, sino que se referían a la iglesia humana. Lo que Dios quería de ese hombre Francisco Dasis era que lo ayudara a restaurar la iglesia humana, el corazón de las personas de la iglesia en ese momento que estaban buscando en otros lados, y no verdaderamente en el señor, y los líderes de la iglesia de ese momento estaban dando un ejemplo poco feliz, por decir poco. Frente a este gran llamado, la posibilidad de la incredulidad, o de decir que puedo yo una frágil criatura ser para una misión tan tan grande, Francisco con humildad y con santidad se puso humanos a la obra, Dios hizo lo suyo y, como se dice hoy en día, lo demás es historia. La renovación que vino en la iglesia, es que a través de Francisco Dasis y toda la orden frasina escana de aquel entonces. Estamos hoy terminando el mes de la familia, y hoy a través de las lecturas escuchamos este mismo deseo que viene del corazón de Dios, y nos involucra a cada uno de nosotros como lo involucró a Francisco aquel día. Nos dice, quiero restaurar a mi iglesia, quiero restaurar a mi iglesia doméstica, quiero restaurar cada una de nuestras familias, de sus familias. Fíjense en la primer lectura dice que Dios no quiere la perdición, no se siente cómodo con la falta de vida, sino que quiere que vivamos plenamente, que Dios quiere la salud para sus hijos. Y en el Evangelio es clarísimo, como la reacción de Dios frente a dos situaciones de privación, dolor, de enfermedad y de falta de vida, inmediatamente reacciona para devolver y restaurar la salud a una niña, la devuelva a la vida, y a una mujer en Morroiza, la restaura en su salud. También hoy le vamos a pedir a Jesús este mismo gracia, este mismo don, y vamos a entrar en diálogo con él y dejar que él nos haga esta invitación para que nosotros también lo ayudemos, pero escuchamos estas palabras del señor Quiero, sanar, quiero restaurar, que cosa no la iglesia material, sino la iglesia doméstica. Fíjense que los casos de el Evangelio son bastante extremos y hay situaciones también así, situaciones muy difíciles, muy muy reesquebrasjadas, que Dios quiere restaurar. Y hay otras que son más sutiles, que son más pequeñas y las hemos venido profundizando a lo largo de todo este mes y quizás por ese lado también es que Dios quiere obrar en nuestra vida, mejorar la relación con algún miembro de la familia, quiera restaurar o sanar, mejorar el diálogo, mejorar el tiempo que pasamos juntos en familia, mejorar la capacidad de comunicarnos afectos, expresar afectos unos con otros, mejorar la capacidad y la confianza en Dios en el medio de las tormentas, como nos habló del padre francesco la semana pasada, mejorar la oración en familia, como nos habló del padre Rodrigo hace algunas semanas, sanarbínculos, poner vida y caridad allí donde hay frialdad y distancia, como también vimos hace un tiempito. En todo caso podríamos decir, señor, ¿qué cosa grande ésta? Esperar una respuesta mágica y sin embargo no, Dios quiere hacerlo, Dios quiere la salud de nuestras familias y como francesco también quiere involucrarnos a nosotros en esa obra de restauración y de redensión. Fíjense tres maneras atrás de los cuales el señor lo hace en el Evangelio. En primer lugar, la clave de que es él mismo el que lo hace y nos permite tocarlo a él. Cada una de estas dos sanaciones de las cuales profundizamos en el Evangelio, el tocar a Jesús tiene una realidad muy importante. Esta mujer atraviesa esa multitud y toca el manto de Jesús. El tocar el manto de Jesús significó muchísimo porque gracias a que ella toca el fleco de ese manto, experimenta ese poder que le es comunicado del corazón de Cristo y también esta niña que ya sea en esa cama ya en el velorio, Jesús la toca y en el momento en que la toca sucede a aquello que humanamente era imposible, la restaura a la vida. Y por eso para que Jesús sana y para que Jesús restaure quizás el primer paso es dejarnos tocar por él, dejar que Dios entre de verdad a nuestra familia. Pero yo ya compartiendo un grupo de meditación con algunos hombres aquí de la parro que uno decía una vez alguien me invitó a rezar de verdad. Y creo que eso es tocar a Cristo. Es dejar que Cristo entre de verdad en mi corazón, que Dios entre de verdad en mi vida, que Dios entre de verdad en mi familia, tocarlo a él. Esta mujer tenía tantas posibilidades de hecho, de un Evangelio que había gastado todo su dinero y no había encontrado la solución real a esa dificultad que ella tenía, hasta que se decidió tocar a Jesús. Lo que Dios puede hacer cuando lo tocamos a él, cuando lo dejamos entrar a él verdaderamente en el centro de nuestra familia. Él es el médico del alma, él es el médico del corazón. Una de las maneras a través de las cuales él nos permite sanar, tocándolo a él es que fíjense que nos restaura en la dignidad de sabernos hijos queridos por Dios. Y por eso es que Dios tiene la capacidad de restaurar como nadie puede restaurar. Esta mujer con este gran dolor, hace 12 años, marginada de todos, en una situación de muchísima soledad, cuando Jesús las zana, las repites a palabras que quizás era la primera vez que las había escuchado, le dice hija, hija, hija querida, sosija protegida, sosija cuidada, sosija soniada, sosija pensada. Y por eso es tan importante para nosotros tocar a Jesús en primer lugar en un plano individual, porque cuando experimentamos el amor de él, cuando experimentamos cuán valiosos que somos a sus ojos, cuando nos llenamos del amor de Cristo, empieza a entrar esa sanación en todo nuestro contexto y en todo nuestra realidad también familiar. Para que sane la familia, primero tenemos que sanar individualmente cada uno de nosotros. Y Cristo lo hace, nos toca y al tocarnos nos permite experimentar la grandeza de su amor. Y ese corazón lleno del amor del señor después quiere también y tiene amor para dar, para entregar, para ofrecer a otros. También el tocar a Jesús nos renueva en la esperanza. Fíjense el contraste que hay en el Evangelio, es impresionante entre la visión que tienen los hombres de una determinada situación y la visión de Dios. A Jesús le dice, no lo molesten, le dicen a este hombre jair o no lo molesten, no se puede hacer nada. La respuesta de Jesús es no temas, basta que creas. Fíjense frente al desánimo, Jesús dice, no temas, basta que creas. En segundo lugar frente a la desesperación de los familiares en el velorio hasta se burlaban de él, Jesús calmo, compuesto, sereno, se acercó y toca la mano de esa niña y la resucita. Cuando somos tocados por Jesús, él nos renueva en la esperanza de que él es capaz de hacerlo que para nosotros es imposible, que Dios quiere y puede restaurar nuestros vínculos, nuestros corazones. Que Dios lo puede hacer, esta mujer y jair o confiaron en eso, en que Dios podía intervenir, que Dios podía realizar una obra grandísima. A unos años se escuché un testimonio, un matrimonio, me encantó de restauración en su vínculo y este hombre decía, "Habíamos probado todas las cosas para tratar de sacar adelante y mi vida". pero no habíamos probado con Dios. Y en el día de ayer, no más, en la ordenación sancerotal, me encontré con una familia no veía hace ocho años, en el momento donde los conozco padre madre dos hijos, la situación así bastante bien difícil, de mucha complejidad, con los vínculos, bastante complicados, de hecho los padres en ese momento estaban alejados el uno del otro. En primer lugar se acerca un hijo, el otro hijo muy cerrado también a la fe, con el tiempo la madre, se acerca también a la fe, en ese momento también viene el papá conversar, embúsqueda, con deseo de encontrar que era lo que Dios podía hacer por ellos, se acerca también al padre, después de un camino espiritual, el otro hijo también ahora se va a casar dentro de poco, ayer los cuatro unidos con fe restaurados por Jesús, que es que es barba lo que Dios es capaz de hacer, ¿no? Dios los anos, ¿no? Dios intervino e hizo algo que si uno miraba esa situación humanamente, era tan desalentadora. Entonces en primer lugar tocar a Jesús y dejar que él con su amor nos renueve en el amor y también nos renueve en la esperanza de lo que les capaz de hacer en nuestra vida. Y en segundo lugar, Jesús también cuenta con nuestra colaboración, fíjense después de resucitar esta niña, lo primero que dice es que le dán de comer, acababa de hacer un milagro impresionante, pero le dice ahora ustedes también tienen algo que hacer. Cuídenla, ¿no? Y esta es la colaboración que nosotros podemos realizar con el señor en este proceso de sanación y de restauración interior y familiar. No esperar solamente mágicamente la intervención de Dios, sino también cada uno de nosotros cuidarnos unos a otros. De hecho fíjense que en el arte, por ejemplo, tiene sentido restaurar cuando hay algo muy valioso. Si es una obra de pintura que hice yo y se reesquebraja un poco, o no ninguna persona trataría de restaurar esa obra, sino la tiraz y listo. Restaurar tiene sentido cuando hay algo que tiene una gran dignidad que tiene un gran valor oculto quizás y necesitas trabajarlo artesanalmente para que ese valor que tiene pueda emerger y volver. Y lo mismo sucede con la familia. A los ojos de Dios es algo tan valioso que él quiere que lo cuidemos unos a otros. Y ese dar de comer y ese cuidarnos mutuamente es poner todo el corazón. Es todo lo que hay de nosotros, todo lo que está nuestro alcance, toda mi vida, todo mis esfuerzos. Casi, casi que de las tareas principales que tenemos en nuestra vida es poder cuidar aquellos que Dios puso a mi lado. Nos estamos solos, nos somos seres aislaos unos de otros, sino que en la familia recibimos este grandón. Estamos para cuidar el tesoro que es la unión en la familia y también el tesoro que es cada una de esas personas individualmente. Eso le dice, "Delles de comer". Yo ya obré muchísimo, pero ahora continúen cuidando ustedes este don. Collabor en comigo. Vale la pena. Está enbalioso esto a mis ojos. Les ha sido un regalo tan grande, tan impresionante, tan valioso. Cuídense, ¿no? Cuídense. Papa Francisco, la muchas veces, estar en la cultura del descarte. Bueno, descartar las cosas fácilmente. Lo contrario, están valioso este don que Dios nos dio, que Dios quiere restaurarlo y para restaurarlo, también necesita nuestra colaboración. Os invito entonces a esta semana a tocar a Jesús para que a través de ese contacto personal con el señor, también la luz de Dios y el amor de Dios entre, con más fuerza en nuestra familia. Y también pensar después de todo este mes donde hemos estado profundizando en distintos temas acerca de la familia, ¿cuál es nuestra colaboración? ¿Qué significa para mí ese darle de comer a quién tengo que cuidar? ¿Qué es lo que tengo que cuidar en este momento y poner toda nuestra vida y toda nuestra corazón y en peño en esta gran tarea? Por último, los invito a que terminemos haciendo una oración, es una oración especialmente dedicada a la familia. Pumos cerrar los ojos y entregar cada uno de nuestras hogares y nuestras familias. Bendito, señor, hoy te pido por mi familia. Por favor, unenos, protejenos, bendícenos y llénanos de tu amor. Dios mío, Jesús Cristo, te ruego que tome esa mi familia y nos unas cada día más. Ayúdanos a vivir en paz y armonía, que la tranquilidad rein en nuestro hogar. Alexa los problemas de nuestras vidas y se existen dificultades entre nosotros o algún rencor pendiente de sanar, se tuquen nos rejuctaure en unidad familiar para vivir juntos y felices, sin divisiones, peleas o distanciamientos. Te imploro mi bendito, señor, que ates todo sentimiento negativo en esta familia, todo envidia, odio, resentimiento y demás sentimientos que no vienen de ti y te lo lleves lejos mi señor, para que sólo el amor la dicha y la felicidad reinen en este hogar. Te pido, señor amado, que nos ayudes a tener palabras dulces, los unos con los otros. Ayúdanos a comprendarnos, hacer sensibles con los sentimientos de los demás. A pensar antes de hablar y que si en algún momento llegáramos a ofendarnos seas tú quien nos dé la valentía de reconocer nuestros errores y pedir perdón con un corazón arrepentido. Padres tanto, Padre amado, bendice a mi familia. La pongo en tus manos. Amén.

Podcast Summary

Key Points:

  1. La experiencia de San Francisco de Asís al escuchar el llamado divino "Francisco, restaura mi iglesia", interpretándolo primero como una tarea material y luego comprendiendo que se refería a la restauración espiritual de la Iglesia y el corazón de las personas.
  2. La aplicación contemporánea de este llamado a la restauración de la "iglesia doméstica" (la familia), enfatizando que Dios desea sanar y renovar los vínculos familiares.
  3. El proceso de sanación requiere primero "tocar a Jesús" (una conexión personal y de fe) para experimentar su amor restaurador y renovar la esperanza, seguido de una colaboración activa en el cuidado mutuo dentro de la familia.

Summary:

La transcripción relata inicialmente la historia de San Francisco de Asís, quien en 1205 escuchó el llamado divino "Francisco, restaura mi iglesia". Primero interpretó esto como una tarea material de reconstruir un edificio, pero pronto comprendió que Dios lo llamaba a una restauración espiritual de la Iglesia y el corazón de las personas. Este llamado se presenta como un paralelo para los oyentes actuales, aplicándolo a la familia, considerada la "iglesia doméstica". Se subraya que Dios desea sanar y restaurar las relaciones familiares, tal como Jesús sanó a la hija de Jairo y a la mujer con flujo de sangre en el Evangelio.

El mensaje central describe un proceso de dos partes. Primero, es necesario "tocar a Jesús", es decir, establecer una conexión personal y de fe que permita experimentar su amor restaurador, que devuelve la dignidad y renueva la esperanza ante lo humanamente imposible. Segundo, se requiere la colaboración humana activa. Así como Jesús, tras resucitar a la niña, pidió que le dieran de comer, los miembros de la familia deben cuidarse mutuamente con dedicación, protegiendo el valioso don de la unidad familiar. La reflexión final invita a una oración por la familia, pidiendo unidad, paz, comprensión y la capacidad de perdonar, poniendo el hogar en las manos de Dios.

FAQs

Escuchó la frase 'Francisco, restaura mi iglesia' de Jesús, interpretándolo primero como una tarea material de reconstruir la iglesia física en ruinas, lo que lo llevó a trabajar en su reparación y a enfrentar dificultades como deudas y prisión.

Dios quería que Francisco restaurara la iglesia humana, es decir, el corazón de las personas y la comunidad eclesial, que en ese momento se alejaba de la fe, en lugar de enfocarse en la estructura material.

Al igual que Francisco fue llamado a restaurar la iglesia, Dios invita a cada persona a restaurar su 'iglesia doméstica', es decir, la familia, sanando relaciones y fortaleciendo la fe en el hogar.

Las sanaciones de la mujer y la niña en el Evangelio muestran que Dios reacciona con compasión ante el dolor, devolviendo la salud y la vida, y que tocar a Jesús es clave para experimentar su poder restaurador.

Tocar a Jesús significa permitir que entre en el corazón y la familia, lo que renueva el amor, la dignidad como hijos de Dios y la esperanza en su poder para sanar lo que humanamente parece imposible.

Dios cuenta con nuestra colaboración, como cuidarnos mutuamente en la familia, poniendo esfuerzo y corazón, sin esperar solo intervención mágica, ya que la familia es un tesoro valioso que merece ser protegido.

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