Este viaje detallado por Tokio ofrece una experiencia inmersiva que combina historia, cultura y emociones. Comienza en el aeropuerto de Narita, llegando a Ginza, donde se descubre la historia del gremio de la plata y se introduce al entorno urbano y comercial. El viajero explora diferentes facetas de la cultura japonesa: desde las tiendas de lujo y el consumo de productos como los tacos, hasta experiencias sensoriales como el onsen y el museo TeamLab, donde el arte se vive caminando y tocando. Se destaca el contraste entre la rigidez diurna y la liberación nocturna, especialmente en zonas como el Chibuya Crossing, donde la multitud se mueve sin colisiones, y en bares donde se observa una fiesta institucionalizada llamada Nomi-kai. También se visitan lugares significativos como el templo Senso-ji, el Gran Buda de Kamakura y el templo de Gotokuji, donde se encuentra el maneki neko. El viaje concluye con una reflexión sobre el impacto cultural, la conexión con el pasado y el valor de experiencias auténticas, como comer atún en un mercado o recibir un deseo en un templo. A través de souvenirs como un peluche de Mimikyu, piezas de Ghibli y un gato de la suerte, el viajero deja un recuerdo duradero de la profundidad y belleza del japonés. El recorrido demuestra cómo Tokio se experimenta mejor caminando, explorando, y dejando espacio para la incertidumbre y el descubrimiento inesperado.
El día de hoy vas a viajar conmigo a la ciudad de Tokio, Japón.
Así que ponte cómodo, sírvete algo de tomar y espero que disfrutes este capítulo experimental de creativo.
Llegamos a las 8 de la mañana al aeropuerto de Tokio, Narita.
Hicimos una hora y media hasta Ginza, la zona donde nos íbamos a quedar en Tokio.
Ginza significa algo así como el gremio de la plata.
Ahí estaba la casa de moneda donde se acuñaba la plata en tiempos del shogunato.
Nuestro cuarto no estaba listo, así que salimos a caminar a la zona.
Japón está lleno de 7-Elevens.
Era entretenido entrar nomás a ver qué probar.
Lo que no había en Ginza eran muchos lugares tradicionales donde desayunar.
Acabamos en uno en donde había muchas señoras desayunando.
La comida estaba muy buena, especialmente un plato de carne, arroz y ajo.
Aprovechamos también para bajar la tarjeta Suica.
La llenas con Apple Pay y te sirve para pagar todo, especialmente el metro.
Paseamos por un yuniklo, ya que el café estaba en el séptimo piso de un yuniklo de seis pisos.
Yuniklo es japonesa.
Su tienda de Ginza es la más grande del mundo.
Y su fundador, Tadashi Yanai,
es el hombre más rico de Japón.
Seguimos caminando la zona, que está llena de tiendas de lujo con diseños llamativos,
tipo la Quinta Avenida de Nueva York.
Intentamos entrar a Onitsuka Tire, pero estaba atascada.
Regresamos al hotel y nos dieron el cuarto.
Una cama king, que en realidad eran dos camas pegadas,
una zona para descansar o trabajar y un gran baño que desquité todas las mañanas.
Después vino la experiencia onsen que estaba incluida en el hotel.
Obviamente no pude grabar nada, pero el onsen es el baño termal japonés.
Aguas volcánicas,
con protocolo estricto y se entra como llegaste al mundo.
Duré 15 minutos.
Mucho choque cultural para mi gusto.
Salimos a caminar, buscando dónde cenar, y encontramos un sushi que estaba bien.
Pedimos un omakase.
El chef no tenía los pescados ahí, pero sí tenía un iPad que te los mostraba.
Probamos muchos pescados que nunca había probado.
Salimos a caminar por Tokio ya anochecido.
Es una belleza diferente ver Tokio de noche.
Las luces y los neones se ven más.
Y empecé a entender su encanto.
Terminamos en una tienda llamada Don Quijote.
Yo pensaba que no tenía nada que ver con Tokio.
No tenía nada que ver con la novela de Miguel de Cervantes,
pero resulta que sí.
La cadena nació en 1980 y su fundador la bautizó así por el personaje,
como declaración de que venía a pelearse con los molinos del retail japonés.
Es una tienda de 24 horas, de múltiples pisos, donde venden de todo.
Una catedral del consumismo, pero curiosamente con su encanto.
No sé si era su logo o qué, pero había algo confortante
en saber que hay algo abierto a las 4 de la mañana,
dispuesto a recibirte a ti y a tu tarjeta de crédito.
Adentro nos topamos muchos anuncios.
Especialmente de Otani, que está en todo Japón.
Caminamos rumbo al hotel y así cerramos el primer día.
El día 2, desayunamos en el hotel.
El desayuno estaba bueno, pero fue complicado adaptarme
a un estilo de comida que normalmente no desayuno, como los noodles.
El día 2 fue un día lluvioso, así que compramos unos paraguas
y unos impermeables y nos fuimos a la estación de metro.
El metro en Japón es increíble.
Todo está perfectamente bien señalizado.
Y el silencio en los vagones es algo que también me sorprendió.
A pesar de ir llenos, están calientes.
Están callados y no huelen mal.
Nos bajamos en Shibuya, el barrio que concentra la moda
y la cultura joven de Tokio.
Mucho más concurrido.
Allí está el Shibuya Crossing,
el cruce peatonal más transitado del mundo.
En cada luz verde lo cruzan hasta 3,000 personas.
Y de alguna manera, nadie choca con nadie.
O cuando menos no me tocó.
También había mucha publicidad por todos lados.
Y los kanjis, esos símbolos raros que representan conceptos.
Hay un descanso visual que provoca no poder leer los letreros.
Como regresar a cuando eras niño,
y no podías entender las palabras.
Vimos también los carros de Mario Kart.
Había planes de subirnos, aunque los planes no eran míos,
pero no se pudo.
Y no se pudo porque la licencia de México no funciona ya.
Para manejar en Japón, necesitas un permiso internacional
emitido bajo la Convención de Ginebra de 1949.
Y México no forma parte.
Pero había muchos lugares interesantes a donde entrar
y muy buenas publicidades.
Caminamos de Shibuya a un centro comercial
en donde estaba el Pokémon Center,
la tienda oficial de la franquicia.
Te recibe un gran saludo.
Viste a un gran Mewtwo en la entrada,
flotando en su tanque como si apenas lo hubieran capturado.
Había mucha gente, pero la fila la verdad es que iba rápida.
Entre tanto producto, me topé con el peluche de un Pokémon
que no conocía y acabé investigando su historia.
Se llama Mimikyu.
Es un Pokémon fantasma que vive solo
porque su verdadera forma asusta.
Entonces se cosió a mano un disfraz de Pikachu,
el Pokémon más querido de todos,
con la esperanza de que alguien se le acercara.
Le funcionó.
Hoy es de los Pokémons más queridos que existen
y nadie le ha pedido nunca que se quite el disfraz.
Porque quizás el cariño es para el traje,
no para lo que hay debajo.
Y eso me puso a pensar cuántas veces nosotros hemos sido Mimikyu,
disfrazándonos solo para encajar.
Después fuimos a un restaurante de tacos en Japón.
¿Por qué? No lo sé, pero se me hizo interesante.
Los tacos azules.
Estaban buenos.
Tenían sus salsas, su guacamole, sus totopos.
Pedimos un omakase de tacos
y lo único que sabían preparar eran carnitas.
Así que nos atascamos tres tacos de carnitas
en tres presentaciones distintas,
uno de Wayuu y un Pozole.
Después del postre, caminamos por esa zona,
que era Setagaya.
Setagaya es el barrio más poblado de Tokio,
pero es casi puro residencial.
Casas bajas y calles tranquilas.
Otro planeta comparado con Chibuya.
Nos perdimos en la ciudad, caminando sin rumbo,
que es una de las cosas que más se disfrutan.
Simplemente caminar con intuición.
Nos paramos a comer unas donas que no son donas.
Unas donas con crisis existencial.
El lugar se llama literalmente "I'm Donut",
con todo y signo de interrogación.
La marca de donas crudas del chef Ryota Hirako,
que puso a todo Tokio a hacer filas.
Para mí, no eran donas.
Después caminamos esta tienda
con un perro gigante hiperrealista
y terminamos en un bar encima de una tienda de libros,
echándonos un trago.
De ahí caminamos de regreso a Chibuya,
aprovechando las grandes vistas.
Es increíble, la verdad, conocer una ciudad caminándola,
y más cuando todo está tan bien diseñado.
Las banquetas se empiezan a sentir como un río
y solo te dejas guiar por la corriente
y los señalamientos que te llevan hacia tu zona.
Finalmente llegamos a Chibuya
e hicimos la parada turística obligada
en Onitsuka Tiger, que seguía estando llenísimo.
Pasamos por una tienda de mascotas
y regresamos al Pokémon Center a hacer unas compras.
Esta vez sí caí por las cartas de Pokémon,
que solamente se vendían en la caja
y te limitaba a diez sobres de una colección
o un deck de Hunter.
Yo compré los dos.
También pasamos por la tienda de Nintendo
que estaba justamente al lado.
De ahí nos fuimos directo al Chibuya Crossing,
que por fin lo vimos de noche.
Y cerramos el día con una cena en Chibuya Sky,
en un restaurante de ramen
con vista desde arriba al Crossing.
El Chibuya Sky
es el mirador del rascacielos Chibuya Scramble Square,
desde donde el cruce más caótico del mundo
se ve como una coreografía.
De ahí nos fuimos a la zona de bares
y empezamos a tomar.
Me impresiona mucho el contraste
en los japoneses entre día y noche.
Y no es percepción mía.
La borrachera después del trabajo
está institucionalizada.
Hasta tiene un nombre: Nomi-kai,
y se considera parte del trabajo.
Tomar en la calle es legal
y quedarse dormido en la banqueta
después de los tragos
está tan normalizado que casi nadie voltea.
En la noche me topé un japonés mucho más
desinhibido, más ruidoso,
como abriendo una válvula de todo
lo que quizá reprimen el día a día.
Me topé también a muchos japoneses en el suelo,
pero no porque se hubieran caído,
sino porque se tiraron.
Y me tocó ver a un japonés
a través de la ventana de un bar que,
mientras me veía, se bajaba los pantalones.
En fin, la fiesta en Japón es dura.
Hicimos bar hopping.
Seguimos caminando por la ciudad
hasta que finalmente tomamos un taxi
y regresamos al hotel.
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El día 3 nos levantamos crudos
y tomamos un taxi hacia el Museo de Arte Digital TeamLab.
TeamLab es un colectivo japonés de artistas e ingenieros
y su museo de Toyosu, TeamLab Planets,
es de esos donde el arte no se ve.
Se camina, se toca y se pisa descalzo.
El museo se divide en cuatro partes:
bosque, agua, jardín y aire libre.
Empezamos por la parte de agua.
Para esta atracción vas descalzo,
así que dejas tus tenis en un locker
y de ahí caminas por la instalación
entre luces y espejos.
Sigues caminando y se va oscureciendo
hasta que llegas a un pasillo
en donde empiezas a sentir agua.
El agua era gris y supongo que estaba limpia,
pero igual no se veía.
Pero se me hizo muy agradable.
Te metes al agua y sigues caminando
a la siguiente parte de la instalación
y eventualmente llegas a un lugar
en el que hay muchas bolas infladas
que puedes patear y golpear.
En teoría, podías patear las bolas hacia otra gente,
pero nadie lo hacía.
No sé qué tan bien funcionaría eso en México.
Y ahí terminaba la atracción de agua.
Después entramos a la parte del bosque,
ya con zapatos.
El bosque era interior
y tenía influencias muy psicodélicas,
lo que me puso a pensar
en por qué este museo funciona tan bien
en un país donde está prohibido prácticamente
menos el alcohol. En Japón, las drogas se castigan con un
rigor que asusta la posesión de cantidades mínimas puede significar años de cárcel y el rechazo social
es casi peor que la condena quizá por eso aquí la gente paga tanto por caminar descalza en un
caleidoscopio después entramos a este lugar que parecía tener huevos de alguien a punto de
explotar a pesar de que se sentía el peligro inminente de que saliera un alien a devorar
mis interiores estaba muy bonita la vista y finalmente entramos a un bosque de plantas
colgantes ya saliendo del museo nos comimos unas donas y tomamos un taxi en busca de un café que
se había visto en tictoc el café estaba lleno así que abandonamos ese plan caminamos unas cuadras y
entramos un café que estaba vacío pedimos un café y un match y fue el mejor match a del viaje ser
popular no necesariamente significa ser bueno sí creo que debe ser lo suficientemente bueno
para poder ser popular pero el más popular no necesariamente es el mejor y creo que está bien
usar los trenes de tick tock para guiar tus decisiones pero creo que no debes dejar
que sea tu dictador lo emocionante de los viajes también es la incertidumbre y dejar
la puerta abierta para encontrarte con cosas así es clave para tener un buen balance seguimos
caminando por la zona vimos a más turistas en sus carros de mario kart y llegamos al famoso
fish market el sukiji outer market el mercado interior donde se hacían las famosas subastas
de atún se mudó a toyosu en 2018 pero el mercado exterior se quedó y sigue siendo el lugar al que
tokio va a comer mariscos caminamos por el mercado viendo los diferentes tipos de comida
especialmente mariscos carnes y demás antojos dulces caímos por unas fresas con azúcar que
estaban buenas y unas bolitas dulces de arroz que no estaban tan buenas fue muy interesante
ver cómo funcionaba el mercado poder sentarte en cualquier lugar a pedir comida y que te la
sirvieran lo más fresca posible y también había stands para comprar souvenirs y demás curiosidades
pero después de caminar un buen rato por el market había que tomar una decisión dónde íbamos a comer
escogimos una barra de sushi que se llamaba becán nos sentamos enfrente de dos chefs que te preparaban la orden
ahí mismo y pedimos atún solamente atún entiendo que existen más mariscos pero una vez que pruebas
y conoces que te gusta creo que es prudente empezar a maximizar el placer nos prepararon
muchos nigiris de distintas partes del atún y madre mía que atún tan delicioso sin duda
alguna el mejor atún que he probado en mi vida y sin duda alguna la mejor comida de todo el
viaje obviamente le agrega la experiencia estar comiendo lo en una barra en un mercado de mariscos
en japón preparado por dos chefs que no hablan más que japonés pero ese atún se quedará en mi mente
memoria y de ahí en adelante todos los atunes que he probado son una sombra de ese sabor después de
la deliciosa comida y la cerveza seguimos caminando pedimos unas brochetas de wayuu que estaban buenas
aunque no tanto como el atún y regresamos a ginza en ginza pasamos por las tiendas de lujo admiramos
sus extravagantes diseños exteriores y sus exposiciones interiores que atraen clientes
acompañó un amigo a hacer la compra de un reloj de la marca seiko seiko nació justamente ahí en
ginza en 1881 cuando kintaro hattori
empezó a vender y reparar relojes en 1969 lanzaron el primer reloj de cuarzo del mundo y le movieron
el piso a toda la industria relojera suiza y aunque nunca he sido de relojes me gustó mucho
el que escogió especialmente después del gran trato que te dan como cliente obviamente el trato
tiene que ver con que estás a punto de gastar miles de dólares en un aparato que te da la
hora cuando la hora también te la da tu celular pero igual aprecia que me sentaran en una silla
y me dieran agua después de ahí nos fuimos a la famosa tokio tower que se parece mucho a otra torre
muy famosa mide 333 metros tres más que la torre eiffel en la que está inspirada y cuando se terminó
en 1958 se convirtió en la estructura más alta de japón un título que mantuvo por más de 50 años
después fuimos a un templo que estaba pegado a la tokio tower el templo sohoji uno de los más
importantes de tokio donde están enterrados seis shogunes de la dinastía tokugawa y cuya
puerta principal lleva en pie desde 1622 y de ahí nos fuimos un bar que estaba hasta arriba del hotel
fairmont echarnos unos drinks en un bar de vinilo llamado off record muy pequeño con un dj en vivo
vista la tokio tower y unos menús muy interesantes en forma de vinilos cuando terminabas tu primera
ronda de tragos el bartender te revelaba un menú secreto para que pierdas tu segundo trago de ahí
nos fuimos al restaurante de ese mismo hotel y pedimos una gran cena para finalizar el día
el día 4 fuimos a shinjuku que tiene la estación de tren más transitada del planeta por ahí pasan
más de 3.5 millones de personas al día tomamos el metro y llegamos a la zona me sorprendió la
cantidad de anuncios que había en la calle se ve que tiene una vida nocturna muy activa vimos
muchos clubes nocturnos tanto sólo para mujeres como sólo para hombres son los host y hostess
clubs y ahí no se paga por lo que uno pensaría se paga por compañía hombres y mujeres arreglados
como estrellas pop cuyo trabajo es platicarte servirte y hacerte sentir la persona más
interesante del mundo durante unas horas después de caminar por la zona llegamos a desayunar a un
lugar otra vez promovido por tick tock tenía mucha fila pero igual decidimos hacerla y nos acabaron
sirviendo esta grosería de desayuno no tengo ni idea de cuántas calorías había en ese plato y
creo que todavía ahorita mi cuerpo no acaba de procesar la cantidad de azúcar el plato eran los
dos más grandes de los dos más grandes de los dos es por eso que tiemblan como gelatina y saben como
nube estaban buenos no te voy a mentir pero la verdad no valen la pena ni las calorías ni la
fila después de ese exceso seguimos caminando la zona para bajar un poco la comida estaba muy
concurrida por ser shinjuku pero también por ser fin de semana era sábado finalmente llegamos a
una estación y tomamos un tren hacia el templo gotokuji nos bajamos en la estación gotokuji en
setagaya y caminamos como 25 minutos por el barrio que era un interesante contraste al bullicio de shinjuku
entramos a un 7 vimos a otani y eventualmente llegamos al templo este templo es la cuna del
maneki neko la leyenda cuenta que un señor feudal lina otaka se salvó de una tormenta porque la gata
del templo le hizo la seña de que entrara y en agradecimiento se volvió el patrón del lugar de
ahí nació el gato de la suerte con la mano levantada y para los turistas este es el templo
del gato de la suerte caminamos por los jardines que siempre son muy relajadores vimos a la gente
hacer algunos rituales y eventualmente compramos nuestro gato
pedimos un deseo y vimos todos los demás gatos que estaban ahí en teoría dejados por los visitantes
una vez que ese deseo se les cumplió después salimos del templo y emprendimos el camino de
regreso esperamos el metro en un cuarto especial para esperar el metro y nos bajamos en otra
estación de setagaya donde había una feria y una boy band cantando y bailando y de ahí nos pasamos
a nuestro primer ramen del viaje estuvo increíble tan increíble que no sería la única vez en el
viaje que lo comeríamos después nos pasamos una plaza donde vivimos a más
japoneses cantando caminamos la plaza con sus tiendas vintage sus tiendas de libros y sus bares
y terminamos echándonos un trago en uno para después pasarnos a un bar de culto que se llama
little soul el bar es básicamente la sala de una persona que atiende todo mientras pone música el
lugar estaba muy acogedor y con buen sonido pero el servicio estaba muy lento ya que lo opera una
sola persona ya de edad avanzada así que duramos muy poco de ahí tomamos un taxi a un restaurante
que se llamaba ginza steak para nuestra cena casi no teníamos hambre por haber comido el ramen no
hace tanto pero eso no nos impidió atascarnos con un menú de degustación de carne que estaba muy
bueno de ahí nos fuimos al hotel y tengo que decir que batallé para dormir de lo lleno que estaba con
la cantidad de carne que comía el día 5 nos levantamos temprano desayunamos en el 7-eleven
para probar cosas y darle variedad al desayuno al hotel tomamos un largo camino de metro hacia
la ciudad de kamakura en esta ciudad que tiene varios templos
íbamos a visitar el templo kotoku in kamakura fue la capital de facto de japón entre 1185 y
1333 cuando ahí despachó el primer shogunato hoy es una ciudad de playa a una hora de tokio llena
de templos y por cierto en los mapas japoneses los templos se marcan con un símbolo que parece
la swastika al revés es el manji un símbolo budista con miles de años de antigüedad que significa
buena fortuna la razón principal por la que queríamos visitar este templo es porque ahí se
encuentra el gran buda de kamakura
nos bajamos en la estación del templo y caminamos la ciudad de kamakura nos topamos a un búho por
cierto qué grandes animales son los búhos muy infravalorados eventualmente llegamos a la entrada
del templo compramos nuestras entradas y nos lavamos las manos con el agua del templo ese
lavado tiene nombre temizu es un ritual de purificación en el que te limpias las manos
y en teoría también la boca para dejar afuera la mugre del mundo antes de pisar terreno sagrado
después de lavarnos las manos caminamos hasta el gran buda la verdad está impresionante creo que
hay cosas que he visto que merezcan tanto la palabra gran como ese buda definitivamente era
un gran buda un estatua de bronce fundida alrededor del año 1252 que tenía su propio templo techado
pero entre los tifones y un tsunami de 1498 el edificio se destruyó tantas veces que decidieron
dejar al buda al aire libre y así lleva más de 500 años la estatua tiene 13.35 metros de alto y pesa
alrededor de 121 toneladas después de admirarlo de lejos y de cerca nos fuimos al templo de kamakura
a la parte de atrás para comprar nuestra entrada para ver al gran buda por adentro nunca estás lo
suficientemente cerca del gran buda hasta que estás adentro ya estando adentro me sorprendió
otra vez el tamaño ya que en su interior que habían muchas personas y también me sorprendió
que era hueco me pareció increíble estar caminando por dentro de una escultura que
tiene más de 770 años hacer una estatua así pudiera parecer algo superficial pero cuando
consideras que trasciende tantas generaciones y que cada una le da su lectura entiendes el
potencial de hacer trabajos así en fin terminamos de admirar el gran buda le dejamos una moneda a
una estatua de caperucita roja pasamos una tienda de souvenirs tomamos un camión caminamos con un
prisionero tomamos un taxi y vimos un tori que son esas puertas que están en medio de
las ciudades para finalmente llegar al templo de hokoku y caminados por sus jardines
y vimos otra caperucita roja, que estas estatuas vestidas de rojo se llaman Yiso,
el protector de los niños y de los viajeros.
Los baberos y gorros rojos se los ponen los visitantes, muchas veces padres,
porque el rojo ahuyenta el mal.
Llegamos al templo, que estaba construido al lado de un cementerio, y seguimos explorándolo.
Llegamos a sus campos de bambú y sus árboles increíblemente bien podados,
y vimos a lo lejos unas cuevas.
Después regresamos caminando por la ciudad, hasta llegar de vuelta al Tori.
Un Tori marca una frontera, de un lado el mundo de todos los días, del otro lado lo sagrado.
Por eso los ves en medio de la ciudad, avisando que del otro lado hay un santuario.
Después de admirar el Tori, caminamos un poco por la ciudad, pedimos un taxi,
y después de un largo trayecto en la montaña, en el que pasamos a un lado de un tren,
llegamos a esta bonita zona de la ciudad de Kamakura.
Este lugar me gustó bastante, se me hizo extremadamente pacífico,
como si la vida aquí avanzara a otra velocidad.
Seguimos caminando hasta que llegamos a la playa,
y nos instalamos en un restaurante.
En el restaurante frente al mar, pedimos comida vietnamita y atún,
y pasamos el resto de la tarde caminando por la zona,
recorriendo sus playas y sus montañas, y descubriendo su historia.
Después de caminar por la playa, pateamos el balón con un niño japonés,
y regresamos a la estación para tomar el tren de regreso.
Ya de vuelta en Tokio, me compré unos tenis en una tienda,
en donde me dieron mucha información sobre mis pies,
y pasamos la noche caminando entre la multitud y los neones,
disfrutando de estar perdidos en un lugar completamente ajeno.
En el camino, nos topamos con japoneses desalojando un edificio,
perfectamente ordenados, y con una feria nocturna en donde vendían comida y había bastante fiesta y juegos de feria.
Nos pedimos una cerveza para disfrutar el camino y nos topamos con un puesto de tacos en medio de Tokio,
en una camioneta con una virgen enfrente.
Los tacos se veían buenos, pero ya habíamos probado tacos en Japón,
así que en lugar de cenar algo que podemos seguir cenando todos los días en México,
nos dirigimos a cenar ramen para terminar la noche.
Terminamos de cenar, tomamos el camino largo de regreso para apreciar el fin de semana japonés,
y nos fuimos a dormir.
El día 6 era nuestro último día en Tokio.
Esta vez empezamos con un recorrido por el palacio imperial de Tokio y sus jardines.
El palacio está construido sobre lo que fue el castillo de Edo, el más grande de su época,
y ahí vive el emperador.
Sus jardines del este están abiertos gratis al público.
El día estaba muy soleado y hacía mucho calor, pero igual se apreciaban muy bien los jardines y los lagos.
Terminamos el recorrido en la estación central de Tokio, y tomamos un metro rumbo al distrito de Taito.
Taito es el corazón del viejo Tokio.
Ahí están Ueno y Asakusa,
dos barrios populares que sobrevivieron a la modernización y donde la ciudad todavía se siente de otra época.
La razón por la que fuimos a Taito era para ver el templo Senso-ji,
que está resguardado por dos imponentes puertas.
Pero antes de ir, quisimos verlo desde una vista panorámica.
Y también pudimos ver de lejos el imponente Tokyo Sky Tree, pero hablaremos de él más adelante.
El Senso-ji está resguardado por dos puertas que hoy en día conectan un corredor con muchas tiendas.
La primera de las puertas se llama Kaminarimon,
y es bastante imponente.
Es la puerta del trueno, custodiada por los dioses del viento y del rayo,
con una linterna de papel de 700 kilos colgando en medio.
La puerta existe desde el año 942 y se ha quemado varias veces.
La versión actual es de 1960, y curiosamente la pagó el fundador de Panasonic,
en agradecimiento por haberse curado de una enfermedad.
Caminamos por el corredor, que estaba atascado de gente,
y finalmente llegamos a la segunda puerta, la Hosomon, la puerta del tesoro,
que guarda los sutras del templo,
y tiene colgadas unas sandalias de paja gigante que, según la tradición,
les avisan a los demonios el tamaño del guardián que cuida la casa.
De ahí finalmente pudimos entrar al templo Senso-ji, el templo más antiguo de Tokio.
La leyenda cuenta que en el año 628,
dos hermanos pescadores sacaron del río una estatua dorada de Kanon,
la diosa de la misericordia.
Y por más que la regresaban al agua, la estatua volvía.
Este templo se construyó para ella.
En el templo participamos en la tradición de los palitos, el omikuji,
básicamente agitas una caja de metal, sacas un palito enumerado,
y ese número te lleva a un cajón con tu fortuna escrita.
Si te toca mala suerte, la amarras en unos estantes ahí mismo para dejársela al templo y te vas limpio.
Después de leer nuestra fortuna, seguimos caminando el templo,
y terminamos en un restaurante de sushi en el que hacía mucho calor, pero servía excelente atún.
Pedimos unos grandes nigiris, especialmente de otoro, que es la parte más grasa del atún.
Cuando terminamos de comer, seguimos caminando, pero ahora con dirección al Tokyo Sky Tree.
Que mide 634 metros, y desde 2012 sigue siendo la torre más alta del mundo.
Sólo el Burj Khalifa y el Merdeka 118 lo superan en altura, pero esos cuentan como edificios, no como torres.
Era muy impresionante, pero una parte de mí no podía dejar de sentir tristeza por la Tokyo Tower,
que conocimos hace algunos días, y que sin lugar a dudas se sentía que había sido reemplazada.
Eso pasa con los edificios, históricamente llega uno mejor y el viejo se va olvidando lentamente.
Y supongo que eso duele, porque también
de cierta manera eso pasa con las personas.
Al terminar de admirar la inmensidad del Sky Tree, fuimos a un mall que estaba al lado para entrar solamente una tienda,
la de Estudio Ghibli, el estudio de animación que fundaron Hayao Miyazaki e Isao Takahata en 1985.
Sí, el de Totoro y el viaje de Shihiro.
Yo soy muy fan de sus películas, así que definitivamente aprecié visitar la tienda,
comprar algo de mercancía y ver a los personajes.
Después caminamos por el mall, por un río, y accidentalmente me topé a la Tokyo Tower,
a la que miré apenado después de haber conocido a su reemplazo.
Vimos algunos edificios modernos, entramos por un matcha a la misma tienda que habíamos conocido hace algunos meses en Canadá,
y nos topamos de imprevisto con un Torii, que llevaba un templo que no teníamos idea que estaba ahí.
Y es que así es Japón, de repente caminas y te topas con historia milenaria.
Y finalmente nos regresamos a la estación del metro para irnos a dormir,
pero no sin antes terminar el día como se debe, con un ramen.
Este era nuestro último día en Tokyo, así que había un sentimiento de tristeza porque se acabó,
pero también de emoción por esperar lo que venía.
Apenas estábamos a la mitad del viaje, así que la emoción y la nostalgia estaban perfectamente bien balanceadas.
Nos vemos en el siguiente video para la próxima mitad.
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Y bueno, esto ha sido todo por el capítulo de creativo del día de hoy.
Este por mucho es el capítulo de creativo que más tiempo me ha tomado grabar,
entonces por favor si te gustó este capítulo apóyalo dándole me gusta,
para que me pueda animar a editar y subir la siguiente parte, que está igual de buena que esta primera parte.
Y ahora antes de terminar este video me gustaría compartirles algunos souvenirs que compré,
que tienen que ver con el video.
Primero está Mimikyu, un peluche de Mimikyu.
Comprado directamente en el Pokémon Center.
Gran Pokémon, gran historia, la verdad es que me conmovió bastante
y había que rendirle tributo con un peluche.
También ahí al lado había una tienda de Nintendo y había estas maquinitas,
y había una que era sobre partes de los controles de Nintendo,
y me salió esta, que es el botón de Start y de Select del control de Super Nintendo.
No es la mejor parte, pero bueno.
También como les dije en el video, soy bastante fan de Studio Ghibli,
y nos compramos varias cosas ahí, entre ellas este bonito. es una estatuilla, pero realmente es un rompecabezas, todas estas son piezas de cristal,
de Totoro, el legendario personaje de Studio Ghibli,
y también esta bonita pieza que también es un rompecabezas con piezas de cristal,
del espíritu en el viaje de Chihiro.
Finalmente tenemos aquí el gatito de la suerte del templo que les compartí,
la neta gran gatito, en teoría pides un deseo y si el deseo se te cumple,
lo tienes que devolver al templo, entonces en este momento lo tengo en mis manos,
porque no he vuelto a Japón y no se me ha cumplido el deseo.
Y finalmente tenemos este imán de ramen, que es el plato estrella del viaje,
y esto va pegado en el refrigerador, no soy muy fan de los imanes en el refrigerador,
pero este sí creo que es un gran imán.
Pero bueno gente, esto ha sido todo por hoy, muchas gracias por llegar hasta aquí,
insisto, si les gustó este video, por favor manifiestense, denle me gusta al video,
porque sin duda alguna este es el video que más horas le he metido y también que más presupuesto le he metido,
entonces si quieren que siga siendo más de esto en el futuro, por favor dejen su like, dejen su comentario,
y sin más por el momento, nos vemos en el siguiente capítulo, abrazo.
¡Chau!
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Podcast Summary
Key Points:
El viaje a Tokio se inicia en el aeropuerto de Narita, con una visita a Ginza, zona histórica y comercial clave, donde se encuentra la casa de moneda del shogunato y se introduce al público a la cultura japonesa.
Se exploran espacios únicos como el yuniklo más grande del mundo, el Pokémon Center y el museo TeamLab, donde el arte se experimenta mediante la sensación corporal y la interacción directa con el entorno.
El episodio destaca la cultura del consumo, la vida nocturna y los contrastes entre la disciplina diurna y la libertad y desinhibición en la noche, especialmente en espacios como el Chibuya Crossing y los bares de Tokio.
Summary:
Este viaje detallado por Tokio ofrece una experiencia inmersiva que combina historia, cultura y emociones. Comienza en el aeropuerto de Narita, llegando a Ginza, donde se descubre la historia del gremio de la plata y se introduce al entorno urbano y comercial. El viajero explora diferentes facetas de la cultura japonesa: desde las tiendas de lujo y el consumo de productos como los tacos, hasta experiencias sensoriales como el onsen y el museo TeamLab, donde el arte se vive caminando y tocando.
Se destaca el contraste entre la rigidez diurna y la liberación nocturna, especialmente en zonas como el Chibuya Crossing, donde la multitud se mueve sin colisiones, y en bares donde se observa una fiesta institucionalizada llamada Nomi-kai. También se visitan lugares significativos como el templo Senso-ji, el Gran Buda de Kamakura y el templo de Gotokuji, donde se encuentra el maneki neko. El viaje concluye con una reflexión sobre el impacto cultural, la conexión con el pasado y el valor de experiencias auténticas, como comer atún en un mercado o recibir un deseo en un templo.
A través de souvenirs como un peluche de Mimikyu, piezas de Ghibli y un gato de la suerte, el viajero deja un recuerdo duradero de la profundidad y belleza del japonés. El recorrido demuestra cómo Tokio se experimenta mejor caminando, explorando, y dejando espacio para la incertidumbre y el descubrimiento inesperado.
FAQs
Llegaron al aeropuerto de Tokio, Narita, a las 8 de la mañana.
El onsen es un baño termal japonés con aguas volcánicas y estrictos protocolos. Fue memorable por el choque cultural y la sensación de autenticidad.
Probaron sushi, tacos azules, ramen y atún en una barra de sushi, con un omakase que incluía pescados raros.
Ginza significa 'gremio de la plata' y es conocido por haber sido el lugar de acuñación de plata durante el shogunato japonés.
Los yuniklos son centros comerciales de lujo con diseños llamativos y grandes espacios, y el de Ginza es el más grande del mundo, fundado por Tadashi Yanai.
En la noche, Tokio se vuelve más luminoso y vibrante, con una cultura de fiesta institucionalizada, como el 'Nomi-kai', donde tomar es parte del trabajo.
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