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¿Hay igualdad de género en la ciencia?

25m 16s

¿Hay igualdad de género en la ciencia?

El episodio comienza con la historia de Rosalind Franklin, cuya Fotografía 51 fue fundamental para descifrar la estructura del ADN, pero cuyo crédito fue inicialmente usurpado por Watson y Crick. Esto sirve como punto de partida para analizar la desigualdad de género contemporánea en la ciencia. A través de testimonios de científicas como Alicia Dickenstein, Marta Macho y Ana Franchi, se explora cómo los estereotipos desde la niñez, la falta de modelos y la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado crean barreras para las mujeres. Se destaca la paradoja argentina: aunque las mujeres son mayoría en la base del sistema científico (ej., en CONICET), enfrentan un "techo de cristal" que les impide ascender con igualdad a puestos de liderazgo, gestión y cátedras. Fenómenos como el "efecto Matilda" (invisibilización de sus logros) y sesgos inconscientes persisten. El episodio concluye que, si bien ha habido avances, la desigualdad de género en la ciencia sigue existiendo de formas sutiles, requiriendo un cambio estructural y continuar visibilizando estas problemáticas para lograr una verdadera equidad.

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3816 Words, 22480 Characters

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En 1952, en un laboratorio de Inglaterra, Rosalind Franklin tomó una fotografía que iba a cambiar la historia de las ciencias biológicas y de la medicina para siempre. Esa imagen se conoce como las fotos 51 y fue sacada con rayos X. Para un ojo no entrenado, la foto no parecía nada especial, apenas un círculo gris y en el medio una suerte de X formada por eslabones negros. Pero en realidad, la foto que había logrado Rosalind era mucho más que una X, lo que mostraba era la estructura en doble élice de la DNA que hasta ese momento era desconocida. Cuando sacó esa foto que sería revolucionaria, Rosalind tenía 32 años. Había estudiado física y química en la Universidad de Cambridge y después había trabajado en un centro de investigación en París. En ese momento era parte del King's College de Londres, un instituto en el que las mujeres no podían entrar a la sala de profesores. Era una científica ríurosa y dedicada, que incluso tuvo que desafiar los mandatos de su padre porque no quería que se dedicar a la ciencia. Pero Rosalind Franklin no era la única interesa en su foto. Otros dos investigadores de Cambridge, James Watson y Francis Creek, también estaban trabajando en la estructura de la DNA. Y acá es donde la historia se tuarse. En 1953, un colaborador de Rosalind les mostró a estos investigadores las fotos 51 a sus espaldas. Cuando ella todavía no había publicado sus resultados. Un tiempo después, la revista Nature publicó tres artículos sobre los hallajos en torno a la estructura molecular de los ácidos nucleicos. El primero, lo firmaba en Creek y Watson. El segundo estaba firmado por el colaborador de Rosalind Franklin que les había mostrado la foto y el tercero por ella. Eso fue todo. Rosalind se alejó del tema y seis años después murió de cáncer en Londres, probablemente por su exposición a las radiaciones con las que trabajaba. En 1962, Creek y Watson ganaron el premio Nobel por su descubrimiento. Y aunque el trabajo de Rosalind había sido clave para su teoría, no la mencionaron en sus discursos de aceptación. El reconocimiento de Rosalind Franklin tardó mucho, pero finalmente llegó. En 2008, 40 años después de su muerte, recibió el premio Luisa Gross Orweitz, que la Universidad de Colombia entrega todos los años a quienes haya hecho una contribución. Y ahora sí, si tipiamos un hombre en cualquier buscador, nos encontramos con muchos artículos que la presentan como la pionera en el descubrimiento de la DNA. Esto es "Ocho preguntas, un podcast original de Technopolis en el que abordamos, alguno de los dilemas e interrogantes que rondan la ciencia y la tecnología contemporánea. Y con la ayuda de especialistas ensayamos algunas posibles respuestas. Mi nombre es Carolina Duque, y en esta aventura no estoy sola. Quienes trabajamos todos los días en las universidades, escuelas, laboratorios y espacios públicos como Technopolis. Sabemos que pensar es siempre pensar con otras personas y con otras experiencias. Por eso, este podcast está hecho de muchas voces, voces que nos traen datos, voces que se hacen preguntas y voces que nos cuentan historias. En este episodio, nos preguntamos qué pasa con la Rosalind Franklin de hoy. ¿Hay igualdad de género en la ciencia? ¿Qué se nos viene a la cabeza cuando pensamos en alguien que se dedica a la ciencia? Es muy posible que esa imagen mental sea la de una persona con adelantar el laboratorio a punto de hacer un experimento. Bueno, ahí ya hay un estereotipo que asocia lo científico a las ciencias exactas o médicas. Pero además, esa persona que está en laboratorio, mirando a través de un microscopio, en nuestra imaginación, seguramente se abarón. En ciencias exactas, ciencias biológicas o ciencias sociales, toda carrera científica empieza primero por un interés. Pero ese interés no nace en un vacío. Está condicionado por un montón de cosas. ¿Dónde y con quiénes crecimos? ¿A qué escuela fuimos? ¿En qué ciudad vivimos? ¿A qué se dedica a nuestras familias? ¿De qué herramientas dispusimos y disponemos? Y por supuesto también está condicionado por nuestro género. En el caso de las mujeres, por ejemplo, las ignaciones históricas de los roles sociales y de las expectativas, no subicaban el hogar al cuidado de niños sin iníneas y si trabajábamos afuera, entarias como la docencia y la enfermería por nombrar las más frecuentes. Estos deteriotipos, entonces, funcionan como límites de lo que nos animamos a imaginar para nuestra vida. Yo siempre cuento que soy matemática un poco de casualidad, porque me lo sugirió la psicóloga que me tomaba el t-dorientación vocacional, que en realidad no era psicóloga, era psicopeagoga, y yo no tenía idea que existía esta carrera. Ella es Alicia Dickens time. Alicia es matemática e investigadora superior del conicet. Fue la primera directora del Departamento de la Universidad de Buenos Aires donde trabaja, y a principio de 2021 recibió el Premio Laureal Unesco para las mujeres en la ciencia. Tenía también un poco de prejuicio de qué tipo de gente me iba a encontrar en la carrera, pero ella me animó. Y, por suerte, con la educación que yo tenía, no pensaba que intelectualmente las mujeres pudiéramos hacer menos que los hombres, y entonces, bueno, intenté y me gustó, me encontré con mi pasión. Mientras Alicia descubría su pasión en Buenos Aires, del otro lado de los sean Atlánticos en España, Marta Macho, ya sabía qué se iba a dedicar. Bueno, pues me gustaba la ciencia desde pequeña. Quizás en parte, mi padre era profesor de clases particulares de matemáticas física y química, y en casa, seguramente la ciencia estaba bastante presente. Tengo dos hermanas mayores, una y zéconómica, la siguiente y zéo física, y mi hermano pequeño y se ingeniería, entonces, como ves, bueno, en casa estaba bastante presente la ciencia. Y mi madre y mi padre nos incentivaron siempre a sus tres hijas y a su hijo, aquí cieramos un poco lo que quisieramos, ¿no? Más de 20 años después, debo la TNMAM, empezaba a soñar con un futuro científico cuando se iba a dormir. Hoy es física agresada de la uva, y está siendo un doctorado en biophísica en la Universidad Brandeys de Boston en Estados Unidos. También, sabes de muy chiquita, me gustaba en esas cosas medio nerds, la ciencia en general. Yo creo que gran parte fue mi mamá, en realidad, que nos llevaba un montón a museos de ciencia natural, les de ciencia, bueno, mi madre me dica. Y también nos llevaba un montón a museos, también nos de la noche, cuando le pedíamos que nos contó en un cuento. Y estaba en general, estaba estudiando cosas, siendo cursos, etcétera, entonces nos inventaba cuentos alrededor de las polimerazas y los distintos virus y cosas que venían a secuestrar a la célula. No sé si lo notaron, pero aunque sus historias son diferentes, Alicia Bikenstein y Marta Macho coincidieron en algo. Las dos dijeron que si se animaron a estudiar matemáticas, fue porque en sus casas no habían crecido con la idea de que por ser mujeres no podían dedicarse a ciertas disciplinas. Y por otro lado, en Devora Tenenbaum fue clave el rol de su mamá, que el animó casi, casi desde la cuna. O sea que las tres crecieron en casas donde ciertos estereotipos como el que vincula a las mujeres con algunos trabajos y a los barones con otros no existían o al menos no eran tan fuertes. Pero las tres saben que para la gran mayoría de las mujeres esto no fue así. Bueno, en general, prejuicios asociados a las ciencias duras, a las ingenierías, hay muchas menos mujeres que no creen ingeniería que matemática todavía, en computación, en física, yo creo que hay menos mujeres que matemática. Todas estas carreras que exigen por una parte razonamiento intelectual, trabajar mucho tiempo concentrada con la computadora, es esta cosa de focalizarse mucho en algo, es algo que se ve como algo masculino. Mi área de conocimiento está muy masculinizada, es una área muy teórica y en matemáticas como ocurren otras disciplinas, como en física y probablemente otras, cuanto más teórico es el área dentro de tu propia disciplina, al que te dedicas menos mujeres ahí. Bueno, algunas carreras en exacto en la guas son medio uno así, en esas cosas, porque por ejemplo física, era muy sodiría casi que 50, 50 por ahí, no sé cuarenta, cinco, cinco, no sé, cuarenta, cinco hombres, pero no sé muy cercano, la verdad. Y entonces ahí esto va muy bien, así no era lo mismo en otras carreras, de exaltas por ejemplo matemáticas, había bastante más hombres, computación era en prácticamente todos hombres, y biologías, había poco más de mujeres ya, pero física sí había mucha variedad en cuanto a eso, no así acá cuando sigas todos unidos, acá en Estados Unidos siento que siga viendo más hombres en física que mujeres, o sea de academia, no sé en 70 y 30, quizás. Y son carreras que todavía esas carreras son menos. se elegías por las mujeres, hay toda una. un montón de estudios que se habla de lo que llama disciplina, ciencia, tecnología, ingeniería, matemática, donde todavía son bastante resistentes al ingreso de mujeres, ¿no? Ella está en la Franci, la actual presidenta del conicet. Si uno mira ingenierías, hay solo 24% de alumnas promedio, en ingeniería, solo 12% de cada nación todavía, lugares donde las mujeres en ciencia no han llegado tanto, hay muchos motivos, faltas de modelo, faltas de incentivos, desde la escuela primaria, desde la propia casa, quién ayuda el papá a reglar el auto, a reglar el abarro, que realmente se el hijo barón. Y hay situaciones de discriminación, la verdad que es un lugar donde todavía hay que trabajar mucho. Yo me acuerdo claramente una materia, llegamos primaria de clases en la teórica, vean muchas mujeres, entonces el profesor titular miere dice, "¿Qué suerte que hay muchas mujeres?" Porque cuando abandonan son buenas cocineras. Así como Alicia Diken está, y se contó con su pasión por los números y las ecuaciones en la puerta de la universidad, Ana Franci, su poder de muchica que quería trabajar en algo relacionado con la ciencia. En su caso, se inclinó por la química y empezó a cursar en 1974 cuando terminó la escuela secundaria. Después de recibirse de química, se doctoró, ingresó como investigadora, al conicet, y en 1994, fue una de las fundadoras de la red Argentina de género, Ciencia y Tecnología, con la filosofa Diana Malfía y la neurologa Silvia Cochen. En esa época, ciencia y género no era un tema que estaba en las agendas públicas. Funtema que no pegaba, porque íbamos nuestros colegas, tanto barones como mujeres, acá hay tantos problemas, y con un género no hay ningún problema. Si yo soy investigador, independiente, ganó igual que un investigador independiente. Entonces dijimos, bueno, hay que convencer los con números, y lo primero que hicimos fue ver dónde estaban las mujeres, en qué categorías entre el conicete estaban las mujeres. Y claramente las mujeres se agrupaban fundamentalmente en la categoría más baja. Y iban desapareciendo, y va nascendiendo en la carrera. Estos gráficos, que se llaman tijeras, las mujeres van disminuyendo, a medida que aumenta la categoría de la carrera y los barones aumentan, se daba en todas las disciplinas, aún las más feminizades y es lo que ocurre en el mundo, que sigue ocurriendo un poco más corrido. Nosotros siempre entrevistamos, hablamos con las que se quedaron, ¿no? Lo que habría que ir a preguntar a las que se fueron, las que abandonaron, no quisieron seguir adelante, porque no quisieron seguir adelante. ¿Por qué optaron quizá por ser docentes, en forma a part-time, que les ocupara menos tiempo, etcétera? Entonces hay un montón de situaciones que van haciendo, que dificulten, que se dificulte sobre todo la promoción. Soy en el marco humedad doctoral del conicete, me encuentro estudiando las desigualdades de género en campo científico, y sus articulaciones con el espacio de reproducción social. Sacha Lyone es socióloga y está siendo su doctorado en la Universidad del Literal. Es decir, estudias de seguridad es que en interior del trabajo científico, pero a su vez, como estas desigualdades se producen y se reproducen en sus articulaciones con el trabajo de un médico de cuidados no aronmelerado. Sacha explica que en la ciencia, como en otras instituciones sociales, se articulan relaciones de poder que privilegiar al sujeto de la modernidad. El barón blanco, purgués y heterosexual, con funcionalidad normativa, o sea, sin discapacidad. No muy distinto del científico del antal blanco del que hablábamos hace un rato. En este sentido, tanto en interior del trabajo científico como en su articulación, con otros espacios del mundo social, se reproducen y se reproducen desigualdades entre ellas también las desigualdades de dispensa. Y en especial, lo que pasa con el trabajo de béstico de cuidados no aronmelerado, es decir, aquellas cosas que pasan más allá del trabajo aronmelerado como científicas, es que no se contempla generalmente salvo excepciones, lo que son las tareas de cuidado, el trabajo del trabajo de béstico. Se piensa o se sostiene o se parte de un sujeto, productor de ciencia, productor del mundo científico, que en principio no tendría ningún tipo de responsabilidad más allá de su trabajo científico. En Argentina, las mujeres realizan el 76% del trabajo doméstico no remunerado. Según los datos del INDEC, una mujer que trabaja tiempo completo le dedica a este tipo de actividades más tiempo de su vida que un hombre que está desempleado. También son. Somos las mujeres, las que nos dedicamos mayoritariamente al trabajo de cuidar a otros, llevar a los chicos y chicas a la escuela o al médico, cuidar adultos mayores, hacer trámites y mil cosas más que acá, no vamos a listar. Pero a su vez hay que tener otro eje de en cuenta y con el samo de estas cosas, que es que más allá del tiempo dedicado a que tipo de trabajo, las responsabilidades de cuidado y domésticas cuentan en un impacto diferencial en las trayecturas y carreras de las personas que hacen investigación científica. Porque en mis entrevistas que hice para mi tesis de grado y también para mi tesis doctoral es la luz que está maldisto, generalmente en las carreras científicas en la vida cotidiana de las personas que hacen ciencia, el tener tareas de cuidados y con salías de cuidado y domésticas. La desigualdad no se expresa solo en estas situaciones de las que venimos hablando, sino que muchas veces también se reproducen al interior de los espacios de trabajo, en la distribución de las tareas y de los roles. ¿Cómo se organiza el trabajo científico en la vida cotidiana? Va a estar muchas veces o va a funcionar como productores y reproductoras de desigualdad. Cotidiana, tenemos diferentes tareas, como por ejemplo, ¿quién se encarga de la limpieza de laboratorio o el centro de investigación? ¿quién se encarga de controlar que las personas que recién se están formando es decir, les ve que a diez de grado hagan su trabajo, descone las cosas limpias, etcétera, generalmente estas personas van a ser mujeres cis en un principio. Por otro lado, también tenemos que pensar, ¿no? En otros grupos, como otras ciencias del género, tienen muchas dificultades también y muchas desigualdades cuando se incorporan al mundo de la ciencia. Entonces, ahí lo importante es pensar el poder al interior del propio campo científico. Y como las prácticas cotidiana, además de la estructura, también pueden ser productores y reproductoras de su alma. Este escenario podría hacernos pensar que entonces, son pocas las mujeres que se dedican a la ciencia. Bueno, no. En el mundo, el 30% de las personas que hacen ciencia son mujeres, pero en Argentina, esta cifra crece hasta superar el 50%. Por eso, la pregunta que guía este episodio, no es sobre la cantidad de mujeres que hay haciendo ciencia, sino sobre las dificultades a las que se enfrentan. Nos enfrentamos. Por ejemplo, para acceder a cargo superiores, en organismos de investigación. Bueno, en la Argentina, tiene una particularidad. Las mujeres somos mayoría en ciencia. En Coniceter, 53% de las investigadoras son mujeres, 60% de las vecarias también. Entonces, el ingreso, salvo las que, disciplinas que te comenté antes, es relativamente sencillo, no hay lo que se llama un pasillo estrecho. Hay muchísimas mujeres estudiando en la universidad, son mayoría prácticamente todas las facultades en el ingreso a Coniceter, tenemos 60% de vecarias sin embargo. Luego que hacen su doctorado, de su posto doctorado, y que ingresan a la carrera, les cuesta promoverse más rápidamente. Lo que vemos es que la mayoría de las mujeres que trabajan en el campo científico se ubican en los rangos más bajos. El otro punto de gran discriminación con las mujeres son los lugares de gestión. Ana Franci, que es nada menos, que la segunda presidenta mujer de la historia del Coniceter, lo sabe muy bien. Si uno mira tanto en la universidad como en los lugares de las institutos de investigación, hay 60% de alumnas en la universidad. Hay 12% de rectoras. Las grandes universidades, como la universidad, bueno, sé, es nunca en tenido una rectora. Por otro lado, en el Coniceter de las 300 cípicos de institutos, lo que nosotros llamamos unidades ejecutoras, solo el 25% están dirigidas por mujeres. O sea, ahí, todavía nos falta recordar un gran camino. Y desde España, Marta Macho, cuenta que esas dificultades también se dan allá. Hay un famoso efecto, el efecto Johnny Yenifer, no sé si lo conocéis, es un estudio que se realizó y hace algunos años en una universidad americana que demuestra que, con el mismo curriculum, exactamente el mismo y me refiero mismos estudios, mismas notas, mismas cartas de recomendación, en un curriculum de esos, hombres y mujeres juzgan peor a una mujer que se llama Yenifer, que al mismo, la misma persona que se llama John, con exactamente el mismo curriculum. Es decir, hay muy pocas mujeres en esos puestos más altos, lo cual significa que en los lugares de decisión, en donde se exige que haya un porcentaje de catedráticos o catedráticas, el porcentaje de mujeres es menor, deciden menos, están menos en comités de decisión, publicar menos artículos y entonces es un poco como la pescadilla que se muerde la cola, todo conduce a las mujeres a tener unos currículums menos relevantes que el de sus compañeros. Empezamos este episodio hablando de Rosalind Franklin. Es cierto que su historia tiene más de 50 años que ahora muchas cosas son diferentes y que en este tiempo las mujeres ocupamos espacios con los que Rosalind solamente podía haber sonyado. Pero eso no significa que no haya más Rosalind. Las dificultades que atravesamos hoy son distintas, pero la desigualdad de gener en el campo científico sigue existiendo y condicionando nuestras posibilidades de desarrollo y de crecimiento profesional, sólo que ahora se manifiesta de formas un poco más sutiles. La puesta en agenda de algunas demandas del Movimiento Seminista impactó en la supetidad de las personas que hacen investigación, que es principalmente de las mujeres, le pudieron poner un hombre a muchos pesades, a muchos fríres, a muchas barreras que se sintieron, en sus barreras de investigación científica. Tienes malos creo que queda un caro camino por recorrer para poder redicaros a las igualidades en el mundo de la ciencia. Entonces, acá me parece importante entender que no todas las mujeres estamos en una posición de su coordinación y también creo el estario todavía estabilizar y repensar el estimabilitario de barón mujer que todavía sigo operando cuando pensamos en las igualidades que no venía el campo científico en particular. Como dice la doctora Dorabarranco, que es nuestro ejemplo y permanente, lo importante es cuando la mujer se da cuenta, se da cuenta de que no es ella, la que no puede, sino que hay un sistema que le dificulta su promoción. Entonces, a partir de ahí, estos últimos años, y obviamente también ha asociado el gran avance del movimiento de mujeres, hay montones de seminarios, encuentros, etcétera, donde se discuta el tema. Discutir el tema, así aparecer un montón de situaciones que se vivieron sobre todo las generaciones más grandes de absoluta discriminación y que estaban totalmente silenciadas. Esto es importantísimo porque la exigencia es distinta, la exigencia desde las mujeres y también de los barones y de las disidencias es distinta. ¿Y entonces, qué podemos esperar para el futuro? ¿Qué tienen para decirles de Bora Marta y Alicia a esas mujeres que están a punto de empezar su camino en la ciencia? No sé, le menteo jalar esta generación ya no sé así. Yo creo que hasta mi generación por lo menos teníamos un poco grabada la idea de que las matemáticas son difíciles en el sentido de que las mujeres teníamos más la idea de que las mujeres no grabamos buenas cuales matemáticas y que entonces hay muchas, yo conocí muchas chicas que en su momento no se había estudiado biología o física o química y se terminaba haciendo biología porque creían que tenía menos matemática y que nos dan las seguras de matemática y para mi es cuestión de si te gusta los de los de los que servían y eso lo que importa. Hay algunas mujeres jóvenes que me han dicho a mí que este problema era de mi generación y que ahora estas desigualdades no existen pero solamente hay que dejar que pase el tiempo para que muchas veces muchas de estas mujeres vuelvan y te digan Marta ahora entiendo lo que estabas diciendo. ¿No? Les diría que no piensen que no las están discriminando porque de hecho lo están haciendo y que nos pongamos en otras gafas moradas porque todavía hay mucho, mucho, mucho por mejorar. Creo que ellas pueden ser las que cambian el mundo con ayuda de todo el mundo. Yo creo que las chicas lo tienen más claro que ya pueden hacer lo mismo que lo varones, que los que tengan cualquier género van a pasar unos años hasta que eso que he instalado y muchas veces yo estuve leyendo por ejemplo una estudio de género hecho en Chile 2015 pero hablaba también del prejuicio o el cejo que tenían los docentes y lados centes que esperaban mucho menos el rendimiento matemático de las chicas respecto a los varones. No institutos 7 está esperando que rendas menos probablemente vas a rendir menos. O sea que esta es toda esta cosa en la base de la sociedad que tiene que cambiar para que realmente todo cambia pero yo creo que estamos muy en camino. Tengo realmente como decía mucha fe en las nuevas generaciones. Esto fue 8 preguntas. Un podcast original de Technopolis que parte de una convicción. A hacer pensar y conversar colectivamente es también una forma de construir ciudadanía.

Podcast Summary

Key Points:

  1. Rosalind Franklin realizó la Fotografía 51, crucial para descubrir la estructura del ADN, pero su contribución fue opacada cuando Watson y Crick usaron sus datos sin permiso y recibieron el Nobel sin reconocerla.
  2. Persisten desigualdades de género en la ciencia
  3. Aunque las mujeres son mayoría en la ciencia en Argentina (ej. 53% en CONICET), enfrentan barreras en la promoción, gestión y reconocimiento, evidenciado por el "efecto Matilda" y la infrarrepresentación en roles directivos.

Summary:

El episodio comienza con la historia de Rosalind Franklin, cuya Fotografía 51 fue fundamental para descifrar la estructura del ADN, pero cuyo crédito fue inicialmente usurpado por Watson y Crick. Esto sirve como punto de partida para analizar la desigualdad de género contemporánea en la ciencia. A través de testimonios de científicas como Alicia Dickenstein, Marta Macho y Ana Franchi, se explora cómo los estereotipos desde la niñez, la falta de modelos y la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado crean barreras para las mujeres.

, en CONICET), enfrentan un "techo de cristal" que les impide ascender con igualdad a puestos de liderazgo, gestión y cátedras. Fenómenos como el "efecto Matilda" (invisibilización de sus logros) y sesgos inconscientes persisten. El episodio concluye que, si bien ha habido avances, la desigualdad de género en la ciencia sigue existiendo de formas sutiles, requiriendo un cambio estructural y continuar visibilizando estas problemáticas para lograr una verdadera equidad.

FAQs

Rosalind Franklin fue una científica británica que en 1952 capturó la Fotografía 51, una imagen de rayos X que reveló la estructura de doble hélice del ADN, un descubrimiento fundamental para la biología y la medicina.

Aunque su fotografía fue clave para el descubrimiento, Watson y Crick usaron sus datos sin su consentimiento y ganaron el Nobel en 1962 sin mencionarla. Franklin recibió reconocimiento póstumo, como el premio Louisa Gross Horwitz en 2008.

Persisten estereotipos que asocian a las mujeres con roles de cuidado y a los hombres con carreras científicas, especialmente en áreas 'duras' como ingeniería, física e informática, lo que limita su participación y promoción.

Es un fenómeno donde, con currículums idénticos, una candidata llamada 'Jennifer' es evaluada peor que un candidato llamado 'John', lo que refleja sesgos de género que dificultan el acceso de mujeres a puestos superiores.

Las mujeres dedican más tiempo a tareas domésticas y de cuidado (76% en Argentina), lo que impacta negativamente en sus trayectorias científicas, ralentizando su promoción y participación en roles de liderazgo.

En Argentina, las mujeres son mayoría en ciencia (53% de investigadoras del CONICET), pero enfrentan dificultades para acceder a cargos superiores: solo 25% dirigen institutos y 12% son rectoras universitarias.

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