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Esclavos africanos en América

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Esclavos africanos en América

El podcast detalla la historia de la trata transatlántica de esclavos, iniciada por portugueses y españoles en el siglo XVI y mantenida clandestinamente hasta el XIX. Este comercio, parte del sistema triangular atlántico, deportó a unos 12 millones de africanos. Su viaje era atroz: capturados en el interior, sufrían largas marchas encadenadas hacia factorías costeras como la isla de Gorée. Allí, eran inspeccionados, marcados y hacinados en barcos para una travesía de meses con condiciones sanitarias espantosas, causando una mortalidad inicial superior al 25%. En América, eran vendidos y sometidos a una esclavitud racial y hereditaria, destinados a plantaciones de por vida. El sistema enriqueció a traficantes y reinos africanos colaboracionistas, como Dahomey, y contrastaba con formas de esclavitud doméstica preexistentes en África, que otorgaban ciertos derechos e integración social. La abolición legal no detuvo inmediatamente este lucrativo y brutal comercio humano.

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1397 Words, 8470 Characters

Spanish
¿Estás escuchando curiosidades de la historia de Historia Nacional Geográfica? Hoy hablaremos del viaje de los esclavos africanos hasta América. La trata, el tráfico de esclavos entre África y el nuevo continente, dio comienzo en el siglo XVI cuando llegaron hasta América, barcos portugueses y españoles cargados de esclavos africanos. Este cruel comercio produjo sustanciosos beneficios a particulares y a gobiernos hasta su evolución por parte de británicos y estadounidenses en 1807, aunque se prolongó hasta finales del siglo XIX de forma clandestina. Se estima que durante esos 400 años llegaron a América unos 12 millones de africanos, destinados a las fincas o plantaciones de los europeos en el nuevo continente en las que consumirían su vida. La trata de esclavos formaba parte del llamado comercio triángular Atlántico. De Europa partían hacia África barcos cargados de mercancías que se cambiaban por esclavos. Los cautivos eran conducidos hasta Estados Unidos, Brasil, las Antillas, inglesas, españolas y francesas donde se adquirían productos americanos con los que emprender el retorno a Europa. Los tráficantes de esclavos, muchos de los cuales amasaron ingentes fortunas y fundaron verdaderas dinastías solían depender de compañías europeas y de proveedores africanos. Estos últimos eran algunos reinos que debieron su auge a la trata, como el de los Ashanti, o el más importante de todos, el reino de Dahomei en el Actual Benin, sobre todo durante el siglo XVIII. Su rey Tejo Besso, que reino entre 1732 y 1774, vendía más de 9.000 esclavos al año, parte de los cuales procedían de los prisioneros de guerra que capturaban sus campañas militares. Pero también vendía como esclavos a los condenados por deudas, los ladrones, los asesinos y todo aquel que infringía la ley. La ciudad de Oudah se convirtió en la mayor plaza de comercio de esclavos de la África Occidental, se calcula que partió casi un millón de esclavos hacia América. El recorrido de los esclavos era realmente largo y penoso. Desde el interior del continente, los esclavos viajaban a pie hasta la costa en largas hileras de seres humanos encadenados unos a otros y custodiados por guardias armados. En ocasiones debían portar sobre sus cabezas, alimentos o productos para comerciar, como agua, sorgó, marfil, cuero, incluso les hacían cargar con piedras para dificultar su vida. En 1799, el explorador británico Mungo Park, que acompañó una caravana de esclavos, refería que andaban de 8 a 9 horas diarias, lo que permitía recorrer hasta 30 kilómetros. A medida que avanzaban, estas expediciones debían pagar peajes e impuestos y ello incrementaba el precio final de los esclavos, muchos de los cuales no llegaban nunca al mar. Ray Monja La Maha, un mercader de Luanda, la actual angola, calculaba finales del siglo XVIII, que la mitad de los cautivos se perdía causa de las fugas y las muertes. Finalmente, las carabanas llegaban alguna de las llamadas factorías, que salpicaban las costas de África entre Mauritania y Angola, y cuyo nombre aludía la actividad comercial en la que cada región estaba especializada. Costa de la pimienta, en Liberia, Costa de Marfil, Costa de oro, gana, Costa de los esclavos en Togo y Benin. En Senegal, a 3 kilómetros de Dakar, se hallaba la isla de Gorea, convertida en la mayor factoría de África Occidental. La isla, dominada sucesivamente por portugueses, holandeses, ingleses y franceses, constituyó uno de los enclaves más activos de la trata entre los siglos 17 y 19. Una vez en la factoría, los esclavos devían esperar la venta y el embarque en condiciones penosas a veces durante meses. En 1790, por ejemplo, el capitán William Blake, compró un millar de esclavos para una casa de Bristol, pero aguardaron tanto en tierra que más de 200 murieron antes de partir. El cirujano del barco negro, antes de formalizar su compra, verificaba que el esclavos tuviese sano, y para ello comprobaba su boca, sus genitales, los músculos. Si lo consideraban buen estado, se procedía a marcarlo con un hierro candente con el emblema del comerciante que lo había adquirido. Y para rebajar al huel dolor, al esclavos se le frotaba la piel previamente, con aceite de palma o cera de vela. Durante el trayecto, se los mantenía con grilletes hasta que perdían de vista África. Así evitaban que se revelase, no se suicidaran golpeándose la cabeza, arrojándose al mar, o dejándose morir de hambre. En cada barco eran embutidos entre 400 y 600 seres humanos, acinados, encadenados de 2 en 2 en el entrepuente, el espacio situado bajo la cubierta. Allí, en el conocido como parque de negros, realizarían la mayor parte del viaje, casi sin poder moverse, recluidos en un espacio de 50 centímetros de ancho por persona. Se separaba los hombres de las mujeres, y a los bebés de sus madres. Las condiciones eran terribles, la higiene ausente, el calor y la humedad insoportables, y el aire, escaso, biciado, respirable y nauseabundo. Las carencias alimenticias provocaban toda clase de enfermedades, especialmente disentería biruela y escorbuto, con lo que la mortalidad era elevada, y ahí contribuían también los castigos, los suicidios por desesperación, la represión de las insorrecciones. La travesía podía prolongarse durante tres meses, se calcula que en el siglo XVII muría durante el viaje más de una cuarta parte de los cautivos, cifra que a finales del siglo XVIII se había reducido un 11% debido en gran medida, a la mejora de las condiciones a bordo, pero también a la experiencia de los capitanes, a los avances técnicos, y sobre todo a la menor duración del viaje. Al llegar a América, se daba de comer y se bañaba los hombres y mujeres en flaquecidos, agotados y muchas veces enfermos, para que presentas en mejor aspecto. Y una vez anunciada la venta se exponían a los esclavos impúblicos en un cercado. Unos agentes al servicio de los plantadores los compraban y se ganaban una buena comisión por ello. Otra parte de los esclavos se subastaban al mejor postor y los que quedaban se vendían por lotes. Obviamente los esclavos jóvenes y robustos de ambos sexos eran los preferidos. La venta no se realizaba por grupos familiares, sociales o étnicos, salvo excepciones. Familias o grupos eran separados para siempre, a veces deliberadamente, para evitar el riesgo de conspiraciones. Tras ser vendidos, los africanos se encontraban con un tipo de esclavitud diferente a la que se practicaba en África, porque sí, en los reinos de la África Negra existía la esclavitud desde antes de la ligada de los europeos, pero no era una esclavitud doméstica. El esclavó carecía de libertad, pero su situación era mejor que en Europa o en la América Europea. Tenía de ver, sí, pero también derechos. Podía entrar en la familia o el clan del amo y hasta casarse con alguno de sus miembros. Sus hijos nacían libres y podían cambiar de amo a voluntad. Es verdad que no estaban obligados a trabajar más que el individuo libre ni se les asignaban los peores trabajos. No podían rescatarse a sí mismos, pero un tercero lo podía hacer por ellos. Además, disponían de los sufructos de una parte de su trabajo y podían poseer bienes. Participaban incluso en la política, ser consejeros del amo o hombre de confianza ad un notable y alcanzar una jefatura militar les era posible. Se conocen casos de esclavos que llegaron a ser incluso reyes. La condición del esclavo, por tanto, no solía entrañar una valoración social negativa. Los ambos europeos en cambio eran especialmente duros con los esclavos africanos. Estos, además de no ser libres, carecían de personalidad jurídica y de cualquier tipo de derecho y debían realizar los trabajos más penosos. Las relaciones con el amo eran generalmente distantes cuando no brutales, con agresiones y asesinatos incluidos, aunque en algunos casos eran más humanas. Las esclavas mantenían a menudo relaciones sexuales con los amos más o menos abusivas, pero en cualquier caso sus hijos nacían esclavos. El esclavo formaba en realidad el último escalón de la sociedad, era casi un objeto inanimado que podía ser revendido o intercambiado y su destino era el trabajo en la plantación o la factoria, lamentablemente, durante toda su vida. Si te ha gustado este podcast, puedes suscribirte a nuestro canal en el que iremos publicando nuevos contenidos cada semana. Además recuerda que también puedes suscribirte a la revista Historia National Geographic en formato digital o en papel a través de la webhistoriaeneg.com/suscripción [Música]

Podcast Summary

Key Points:

  1. La trata transatlántica de esclavos comenzó en el siglo XVI, transportando forzosamente a unos 12 millones de africanos a América hasta el siglo XIX.
  2. El comercio triangular conectaba Europa, África y América, enriqueciendo a traficantes, compañías europeas y reinos africanos colaboradores como Dahomey.
  3. El viaje era brutal
  4. En América, la esclavitud era racial, hereditaria y de extrema explotación, a diferencia de formas más integradoras practicadas históricamente en algunas sociedades africanas.

Summary:

El podcast detalla la historia de la trata transatlántica de esclavos, iniciada por portugueses y españoles en el siglo XVI y mantenida clandestinamente hasta el XIX. Este comercio, parte del sistema triangular atlántico, deportó a unos 12 millones de africanos. Su viaje era atroz: capturados en el interior, sufrían largas marchas encadenadas hacia factorías costeras como la isla de Gorée.

Allí, eran inspeccionados, marcados y hacinados en barcos para una travesía de meses con condiciones sanitarias espantosas, causando una mortalidad inicial superior al 25%. En América, eran vendidos y sometidos a una esclavitud racial y hereditaria, destinados a plantaciones de por vida. El sistema enriqueció a traficantes y reinos africanos colaboracionistas, como Dahomey, y contrastaba con formas de esclavitud doméstica preexistentes en África, que otorgaban ciertos derechos e integración social.

La abolición legal no detuvo inmediatamente este lucrativo y brutal comercio humano.

FAQs

La trata de esclavos entre África y América dio comienzo en el siglo XVI, con la llegada de barcos portugueses y españoles cargados de esclavos africanos al nuevo continente.

Se estima que durante unos 400 años llegaron a América aproximadamente 12 millones de africanos, destinados principalmente a plantaciones europeas.

Era un sistema comercial en el que barcos europeos llevaban mercancías a África para intercambiarlas por esclavos, luego transportaban a los esclavos a América y regresaban a Europa con productos americanos.

Los esclavos eran capturados mediante guerras, condenas legales o deudas, y luego transportados a pie en caravanas encadenadas hasta la costa, donde esperaban en factorías para su embarque.

Los esclavos viajaban hacinados en condiciones insalubres, encadenados en espacios reducidos, lo que causaba enfermedades, alta mortalidad y suicidios; la travesía podía durar hasta tres meses.

Se vendían en subastas o lotes, priorizando a los jóvenes y robustos; las familias eran separadas deliberadamente para evitar conspiraciones, y agentes compraban en nombre de plantadores.

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