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Episodio 2 - ¿Por qué somos vagos?

30m 9s

Episodio 2 - ¿Por qué somos vagos?

La transcripción explora por qué los humanos tienden naturalmente a la pereza y cómo esto se relaciona con la obesidad moderna. Evolutivamente, hemos sido programados para ahorrar energía, un impulso que permitió el desarrollo de un cerebro grande y costoso energéticamente, consumiendo hasta el 20% de nuestra energía en reposo. Esto nos llevó a ser eficientes almacenando grasa como reserva. La ecuación de Einstein (E=mc²) sirve como analogía: la energía no se destruye; si no se gasta, se transforma y almacena. El progreso tecnológico, desde herramientas hasta la inteligencia artificial, ha optimizado el ahorro energético, pero ha roto el equilibrio, haciendo que acumulemos grasa fácilmente con mínimo esfuerzo. Contrariamente a la creencia popular, tribus como los Hadza, aunque activas, no hacen "ejercicio" por gusto; su actividad física tiene un propósito social y de supervivencia para obtener y compartir alimentos. El desafío actual es que, en un entorno de abundancia energética y bajo gasto, nuestra adaptación evolutiva para almacenar grasa se ha vuelto contraproducente, explicando la pandemia de obesidad.

Transcription

4585 Words, 26871 Characters

Spanish
(Música) Los Wasabi cuando gazan consumen en situ parte de la carne y el resto la llevan al campamento donde es compartida por todos. Mírate, ahí en el sofá, otra vez. Atrapado en esos cojines que se amoldan perfectamente a la forma de tu cuerpo. Desonido de fondo, un documental sobre una tribu africana, los Jatsa, que a ti ni te van y te vienen, ni siquiera estás mirando. Los minutos se pasan y sabes que tienes muchas cosas que hacer. Que deberías moverse un poco, pero hay algo casi una fuerza oculta que te dice. Siga aquí un poco más, no te muevas y no te mueves. ¿Por qué? Porque eres un bago, es tu naturaleza. (Música) ¿Por qué somos vagos por naturaleza? Aunque pueda parecer algo exagerado, la verdad es que la respuesta a esta pregunta es con de algunas de las claves más importantes para la humanidad de hoy en día. Nos permite comprender algunos de los problemas de salud que tenemos y también nuestra evolución como especie. Todas y cada una de las decisiones que hemos tomado los seres humanos a lo largo de nuestra historia nos han llevado hasta ese cómodo sofá en el que nos gusta estar y todas tienen un origen común, nuestra relación con la energía. Es el metabolismo el que ha marcado cada paso de nuestra evolución. Es nuestra necesidad de ahorrar energía la que nos ha llevado a aprender y innovar y crear nuevas soluciones. Desde las herramientas de casa hasta la rueda, la tecnología o la propia inteligencia artificial. Aunque parezca una contradicción, dar un paso menos es un avance abismal. El aumento desmesurado de los niveles de obesidad en los últimos 50 años nos masque al resultado de nuestras decisiones previas, de nuestra fan por hacernos más eficientes. En el capítulo 1 pudimos descubrir la mayor gesta metabólica a la que se puede enfrentar el hombre, llegar al polosur. Ya vimos como el comandante Scott gastó un millón de calorías en una travesía que duró meses y en la que su cuerpo se fue desintegrando. Hoy vamos a ver sin embargo que la esencia del ser humano es mas bien lo opuesto. Estamos diseñados para ahorrar y almacenar energía y no para gastar un sinfín de calorías en las dañas físicas extraordinarias. Vamos a explicar por qué engordamos con tanta facilidad y por qué aún sabiendo que es bueno nos cuesta tanto movernos. Y para empezar a dar respuestas vamos a viajar al pasado. Nos vamos a ir a una oficina de patentes en verna en la que uno de sus trabajadores barromper con la física clásica y a convertirse en uno de los mayores genios de la historia de la humanidad. Estamos en 1905 y ese trabajador es por supuesto Albert Einstein, que aunque todavía no pertenece al mundo académico, ese año publica cuatro de los mayores artículos científicos de la historia moderna, el Anus Mirabilis de Einstein. Con sus trabajos va a cambiar para siempre el curso de la historia, además de hacerse con el preciado trono que poseía hasta entonces y se ha agnutado. ¿Qué relación puede tener a Einstein con los problemas de obesidad que tenemos hoy en día? Pues hemos recurrido a él porque en 1905 cambió para siempre la comprensión científica de los conceptos fundamentales de espacio, tiempo, masa y energía. Y ojo que esto nos concierme, masa y energía. Nos vamos a centrar especialmente en este último punto. Si en Metjapa aspiramos a aprender cómo funciona nuestro metabolismo, es decir, cómo producimos energía, tenemos que recurrir al genio que revolucionó la comprensión de este concepto físico. ¿Cómo lo hizo? Bien, en su cuarto artículo Einstein describió por primera vez su famosa ecuación, energía es igual a masa por la velocidad de la luz al cuadrado. Probablemente la ecuación más famosa de la historia. Tranquilos porque no vamos a entrar en profundidad, más que nada porque no tenemos conocimientos suficientes para ello, pero sí, en algo que creemos muy interesante y que para nosotros puede ayudarnos a desilvanar el problema de por qué la sociedad actual tiene cada vez más obesidad. Adry, ¿qué expresaba Einstein en esa ecuación? Por favor, con un lenguaje ya no. Vale, entendido. La ecuación energía es igual a masa por velocidad de la luz al cuadrado, establece que la energía y la masa están intrínsecamente relacionadas. En otras palabras, la masa y la energía son dos formas diferentes de la misma cosa. Y aquí viene la chicha. ¿Cuántas veces has escuchado la frase "la energía ni se crean ni se destruye" únicamente se transforma? Esta frase quiere decir que el universo es un sistema cerrado donde la cantidad total de energía y masa permanece siempre constante, aunque puede transformar y cambiar de forma. Y si masa y energía representan lo mismo y una puede transformarse en la otra, ya estamos un pelín más cerca de comprender lo que queremos explicar. Este punto me gusta. Podemos entender el binomio, obesidad y actividad física. El cuerpo humano almacena energía en forma de grasa para su uso futuro, como una especie de batería biológica. Bien, si el cuerpo recibe más energía de la que necesita, obviamente esa energía se almacena en forma de grasa, aumentando así la masa corporal. El ejercicio por otro lado, como sabemos, es una forma de transformar la energía almacenada en el cuerpo. Al mover nuestro cuerpo se quema la energía almacenada en forma de grasa y esta se convierte en energía cinética que los músculos usan para movernos. Si el ser humano no se mueve y, por lo tanto, no gasta energía, pues es que no hay otras almacenas en forma de grasa. La energía, como hemos dicho, ni se crea ni se destruye, se transforma. Y aquí tenemos el primer concepto claro. Si el ser humano no gasta energía, la almacena en forma de grasa. Esto es fácil de entender y creo que la mayoría de las personas somos conscientes de esto. Ahora bien, nos quedan cosas por explicar, porque si el asunto fue así, tan fácil como bueno, si consigo que margaras para producir energía cuando entreno, todo se solucionaría moviéndonos más. Pero la cosa es que no es tan fácil como eso. Nosotros somos los primeros que hemos experimentado esta realidad cuando estábamos montando el aburatorio. Nos pasamos horas y horas sentados organizando cosas y cuando llegaba a la hora de entrenar, siempre encontramos alguna excusa para seguir trabajando. Y esto es muy paradojico, porque nos dedicamos a estudiar las bondades del ejercicio, pero nos cuesta mucho levantarnos de la mesa. Por eso la siguiente pregunta que queremos responder es, ¿por qué almacenamos grasa con tanta facilidad? Y aquí es donde aparece el culpable de todo esto, el cerebro. Y lo que nos encontramos es que en nuestro evolutionary lineage, tenemos que crecer las metabolacres, así que los humanos han vuelto a la metabolacres, y creo que es un muy crítico pie que nos da a fundar en los grandes brazos. Como si se ha estado aquí, por lo tanto, 20% de la energía que se ha estado con la brana, eso es como si el gran gran y gran el gran de la brana es. Este señor que estás escuchando es Germán Poncer, uno de los mayores expertos a nivel mundial sobre antropología. Y aquí lo que está diciendo es que los seres humanos hemos aumentado nuestro metabolismo y que esto ha servido para alimentar a nuestros cerebros, unos cerebros realmente caros de mantener. Mientras se está sentado tranquilamente, explica Poncer, el 20% de la energía va directa a tu cerebro. Para entender un poco a Poncer y su obsesión por medir el metabolismo, no solo de los seres humanos, sino de muchos animales, basta conectar un vistazo a su tesis doctoral. El doctor Poncer ha medido en tortas maravillas del metabolismo la cantidad de energía que gastan perros y cabras cuando caminan y corren. Ha visto, por ejemplo, que los perros corgis, que son estos perritos que tienen las patitas muy cortas, gastan más energía que los que tienen las patas por así decirlo normales. Poncer quiere entender cómo los animales aprovechan la energía para moverse y para seguir alimentando la rueda de la vida. Si este nos ha ayudado a entender que la masa y energía son dos formas diferentes de la misma cosa, Poncer ha conseguido responder ya muchas de las preguntas que hemos planteado en este capítulo. Esto que ha dicho sobre el cerebro es un elemento clave. Si estás sentado mientras escuchas esto de cada cinco respiraciones, una la dedica a tu cerebro, otra a tu hígado, una tercera a tus músculos y las dos últimas al resto de tu cuerpo. Identificar, responder, memorizar y aprender. Así, con esta secuencia de acciones, es como nuestras neuronas funcionan en realidad y así, también es como simplemente, aprendemos los humanos. Y este proceso es muy costoso a nivel energético. ¿Qué tiene que ver entonces nuestro cerebro con la pandemia de obesidad que sufrimos actualmente? Para verlo, vamos a viajar a la selva. Imagina estar en Uganda viendo cómo se comportan nuestros hermanos ebulutivos, los más cercanos que son los gorilas y los chimpancés. Esto es algo que, por cierto, le encanta hacer a Adri, me refiero a lo de ver monitos. Nuestro cerebro, nuestra inteligencia, es lo que ha diferenciado la violencia de nuestra especie con la del resto de animales, incluso con aquellos a los que más nos parecemos que son los grandes simios. Si comparamos el gasto energético en reposo de un ser humano con el de un chimpancé del mismo peso, nosotros gastamos 400 kilocalorías más. Si nos comparamos con el de un orangutan, ya son 800 kilocalorías más. Es decir que si un orangutan de 100 kilos quema 1800 kilocalorías, un humano de 100 kilos quemaría 2600. Es una diferencia muy grande, por lo que la pregunta ahora mismo es muy clara. ¿Qué determina esa significativa diferencia entre el gasto energético entre simios y humanos? La respuesta está en nuestro cerebro. Como decía Poncer, nuestro cerebro es muy caro de mantener. Se lleva hasta el 20% del gasto energético diario, y esto en edad adulta. Pero es que cuando somos pequeños, el cerebro se lleva casi toda la parte del pastel metabolico. El cerebro necesita tanta energía que cuando somos unos recién nacidos, casi la mitad de la energía que ingerimos es para el cerebro. Y esto tiene una consecuencia muy importante en cómo almacenamos la grasa. Como el cerebro necesita mucha energía para sostener su actividad incansable de evaluar constantemente posibles riesgos y amenazas para asegurar nuestra supervivencia, esto ha hecho que nuestro organismo se ha precavido y ahora energía en forma de grasa por si vienen maldadas. Voy a poner un ejemplo de una cosa que siempre me decía a mi madre. Ahora, cuanto más tengas, así en época de necesidad tendrás de dónde tirar. Precisamente, esto es lo que hace el cerebro. Hemos desarrollado una gran capacidad para almacenar grasa para que el cerebro tenga energía disponible si llega un momento de escasez, de ambruna o de enfermedad. Consequencia clara, los seres humanos tenemos mucha más grasa que otros animales. Comparándonos, por ejemplo, con los chimpances, ellos tienen como mucho un 10% de grasa mientras que un humano medio actual tiene un 30%. Es decir, que nuestra mayor inteligencia ha hecho que tengamos un gasto energético superior al de los simios, como hemos visto, pero también que tengamos una mayor capacidad para almacenar grasa con el objetivo de tener pues un banco energético disponible para el cerebro. Y esto, pues la verdad que se ha convertido en un arma de doble filo. Hace dezenas de miles de años, los seres humanos salieron de África impulsados por su curiosidad e inteligencio. Necesitaban cazar, recolectar alimentos y caminar para continuar descubriendo nuevas tierras. Cada proceso era muy caro si hablamos de calorías. En 1969, el hombre consiguió salir de nuestro planeta y llegara la luna, una demostración de desarrollo tecnológico extraordinaria. Y consiguió recorrer los 384.400 kilómetros que separan la tierra de nuestros atélite sin apenas gastar energía, ni una sola caloría. Nuestra inteligencia ha tenido siempre como objetivo conseguir, sé, lo más eficiente posible en cada una de nuestras actividades. El abacé tecnológico nos otra cosa que una manera de conseguir las actividades que nos permiten estar vivos nos cuesta en la menor cantidad de energía posible. El descubrimiento del fuego nos ayudó a obtener más calorías de los alimentos cocinados. La rueda o el motor de combustión nos permitieron recorrer grandes distancias sin la necesidad de caminar. Y la inteligencia artificial automatiza procesos que antes requerían de muchísimas personas. Es decir, la tecnología es la fórmula que ha encontrado nuestra especie para conseguir ahorrar la mayor cantidad de energía posible en nuestro día a día. Y claro, si volvemos a la ecuación de Einstein, si la energía ni se crea ni se destruye, pues hemos hecho que una característica que fue fundamental para la evolución del ser humano se haya vuelto ahora en nuestra contra. A lo largo de decenas de miles de años hemos ahorrado tanta energía que está a ido a parar a nuestros bancos de energía particular, la reservas de grasa. Es que mira la diferencia entre trabajar haciendo esfuerzo físico o, por ejemplo, trabajar sentado. Tal y como cuenta Daniel Liebermann, a lo largo de un año de 260 días laborables de 8 horas, un trabajador de una fábrica de montaje de automóviles, por ejemplo, gastará aproximadamente 175 mil kilocalorías más que un trabajador de oficina, un trabajador que trabaja sentado, lo que supone más o menos una 60 maratones de diferencia al año, 60 maratones ojo. Efectivamente, cuando teníamos que movernos para conseguir comida porque estaba en juego nuestra supervivencia, tenía sentido que nuestro organismo fuera un buen almacén de grasa. Pero ahora el equilibrio está completamente roto y la consecuencia es clara, estamos enfermos y borrachos de energía. Pongamos un ejemplo simple. ¿Cuál es el coste energético de una botella de aceite para la mayoría de las personas? Antes, para obtener una botella se necesitaba mucha mano de obra, mucha energía para hacer todo ese proceso. Ahora, casi todos estos procesos los pueden hacer máquinas de forma automática. Puede se echar de aceite a una ensalada sin la necesidad de gastar una sola caloría en su obtención. La balanza energética entre gasto y beneficio se arrotó completamente. Ahora podemos tener acceso a un banco de energía casi sin límite. Y el problema actual es más bien gastarla. Volviendo al ejemplo de mi madre y su obsesión por el ahorro. Imagina que todo el dinero que tienes lo metes al banco. Mientras tú ahorras, unas personas muy listas han creado una tecnología que permite comprar todo tipo de cosas sin apenas gastar dinero. Problema, vas metiendo dinero y dinero en el banco hasta que no hay espacio para todo el que tienes. Lo que antes eran muy buenas noticias ahora no los son tanto. Bueno, entonces tenemos ya varias cosas importantes más o menos claras. La primera, la energía si no se gasta se transforma en grasa. Hemos hecho nuestra propia interpretación de la famosa ecuación de Einstein para entenderlo. La segunda, nuestra mayor inteligencia y nuestro cerebro ha hecho que el ser humano sea un buen ahorrador de energía. Lo que se traduce en que ahora mismo tenemos más grasa que los animales que más se parecen a nosotros. Y la tercera, el ahorro energético conseguido por el avance tecnológico, ha hecho que lo que era un beneficio para nuestra evolución ahora se haya vuelto en nuestra contra. Tenemos las reservas de grasa de la humanidad en máximos históricos. Ahora se nos plantea una pregunta lógica. Si tenemos ese excedente, ¿por qué no resulta tan difícil gastarla? Pues ésta ector es la pregunta del millón. Estamos cansados de escuchar en redes sociales y algunos expertos en ejercicio que el ser humano está diseñado para moverse, para hacer ejercicio físico. Entonces, si es así, ¿por qué los niveles de sedentarismo no paran de crecer? Para responder a esta pregunta nos vamos a ir al corazón de Tanzania. Vamos a conocer cómo vive una población que tiene un estilo de vida muy parecido al de nuestros antepasados. Hablamos de los "jatzas". Y cuando cazan con sumin en sitio parte de la carne y el resto la llevan al campamento donde es compartida por. De los aproximadamente 1.200 "jatzas", unos 400 se dedican todavía predominantemente a la caza y a la recolección. Y muchos de los avances tecnológicos que para nosotros son normales para ello son ciencia ficción. Estos 400 que viven como nuestros antepasados más o menos nos proporcionan muchas respuestas que nos pueden ayudar a comprender porque nos cuesta tanto movernos. Y para conocerlos resulta que tenemos a un guía muy especial. Daniel Lieberman, del que hemos hablado antes y que es uno de los mayores expertos en la antropología evolutiva del mundo. Precisamente fue el director de Tesis de Germán Ponser. Cosas de la vida y gracias sobre todo a Alejandro Lucia y a Pedro Valenzuela, dos de los investigadores en ejercicio y salud más importantes que tenemos en España, hemos publicado un artículo en la revista "Nature" sobre obesidad y riesgo carriobascular junto a Daniel. Poder estudiar y leer las cosas que cuenta de cuando ha visitado a los "jatzas" ha sido muy revelador e interesante. Lo primero que le impresionó fue que en el poblado, aparentemente, nadie hacía nada. La mayor parte del tiempo cuando no estaban recolectando o cazando, lo pasaban sentados. No para dedicarlo a comer o a ver la televisión, pero sí para descansar o hacer pequeñas tareas. Primero, mito que se rompe. Los seres humanos que viven como nuestros antepasados no se pasan el día haciendo ejercicio físico. Por descontado, las mujeres y hombres "jatzas" van casi todos los días a cazar o a recolectar alimentos. Por lo general, cuenta a Liberman, las mujeres caminan en una media de 8 kilómetros al día y caban durante varias horas. Los hombres, según puedo atestiguar Liberman un día que les acompañó a cazar, caminan entre 11 y 16 kilómetros al día. Estos niveles de actividad hacen que sean unas 12 veces más activos que un estadounidense o un europeo medio. Vemos que los "jatzas" se mueven mucho y a la vez también pasan muchas horas sentados. pero ¿por qué se mueven? Bueno, pues muy claro, por necesidad para conseguir calorías con las que luego alimentarse. Si gastan recolectando y cazando, por ejemplo, unas 500 kilocalorías, la recompensa en alimento, en energía, tiene que ser mayor. Y aquí viene una segunda clave realmente importante y que se refleja en una palabra que los que han estado allí no paran de escuchar. Z. El significado de Z, una de las palabras más frecuentes en el vocabulario de los hats, es literalmente dar o ofrecer. Es como una palabra mágica que aprenden desde niños mientras comparten la miel o la fruta. ¿Qué tiene que ver esta palabra con el metabolismo? Pues que cada vez que se mueven lo hacen con un propósito energético para toda la comunidad. Su actividad física tiene un enfoque social. Si gastan 300 calorías, en llegar hasta una colmena y coger miel, por ejemplo, el objetivo es volver con una cantidad mayor de kilocalorías para el grupo. De tal manera que el esfuerzo de uno se redistribuye entre las personas del poblado. Es una manera de ahorrar mucha energía. Los seres humanos somos animales que nos caracterizamos por compartir los alimentos y lo hacemos en mayor medida que otros animales, como pueden ser los chimpances o los gorilas. Así que cuando en el pueblo mi haita siempre patatas o pimientos, el tío siempre para un batallón. En casa podemos ser cuatro, pero mi haita se pasa repartiendo lo que cosecha todo el año. O sea, algo que a mí me podría parecer un comportamiento genuino de mi padre, por resulta que va en el ADN del ser humano. Yo puedo atestirgar que sus patatas están realmente buenas, pero volviendo al nuestro. Entonces vamos despejando incógnitas. Los jachas se mueven porque su vida depende de ello. Su actividad tiene un sentido. Cada caloría que gastan va a destinar a obtener un mayor beneficio en forma de energía. Y esas kilocalorías que obtienen de la fruta o de la carne no son sólo para ellos, sino también para toda la comunidad. Esto explica lo que vio el Liberman. Cuando no están buscando comida, simplemente no hacen nada. No gastan calorías por gastar. No se les ve correr por las montañas ni levantar pesas como cuando estás en el gimnasio. Su organismo y el nuestro también ha sido diseñado como una máquina para ahorrar energía, no para malgastarla. Nuestro cuerpo es un gran ahorrador de energía, busca siempre la eficiencia. Como dice Liberman, todos los animales deben ser tan vagos como les sea posible. La energía desperdiciada en una carrera sin sentido de 42 kilómetros es energía que no se gasta con un propósito vital como por ejemplo el embarazo. ¿Qué pensaría un jachas y vese por ejemplo a miles de personas corriendo en un amaratón? Aquí entramos en terreno y a un poco pantanoso porque claro, el contexto de los jachas no es el nuestro. A nosotros actualmente nos sobra la energía por todas partes. Literalmente, estamos borrachos de energía y que hacemos con tanta energía. Por los seres humanos somos tan ingeniosos que hemos inventado el ejercicio físico, el entrenamiento. O mejor dicho, hemos tenido que inventarlo. Para aquí vamos nosotros a malgastar la energía sino. Si lo miramos desde una perspectiva evolutiva, esto va en contra de nuestra propia sencia. Y si no, presta atención a esta entrevista que le hizo Juan José Miyaz, a Juan Luis Arsuaga, pale antropólogo español y conocido en todo el mundo por sus descubrimientos en Atapuerca. Y es que en cuenta de lo que se suele pensar los seres humanos somos muy vagos y no hay que sentirse mal por ello. Es decir, ir a geminácia o sería correr cuesta mucho. Está mucho esfuerzo. La normada es que nos sentemos y nos traen la comida, nos sentamos y engordamos. No queremos hacer ejercicio. Encontrados de lo que se suele decir que a mí siempre me sorprendió. Siempre se ha dicho que puede hacer en orfina, luego es como una droga y que estás deseando machacarte en el gimnasio. Imagina un grupo de personas jugando al baloncesto, a otras corriendo por el centro al parco o ya la rematadora, a alguien corriendo en una cinta de gimnasio. Es en estos lugares donde nosotros los seres humanos que vivimos en los países más industrializados derrochamos energía. Algo que a pesar de ser evolutivamente absurdo es determinante en la cadena de intercambio energético de los humanos de hoy en día, en la salud. En el centro al par de Nueva York, en el parque del Retiro de Madrid o en un simple gimnasio, podemos contemplar escenas que si las analizamos bien son cuanto menos cómicas. Gente que llega al parque en moto o en patinete, lo aparca y se pone a correr o hacer flexiones. Actualmente muchos de nosotros tenemos trabajos en los que no necesitamos movernos. Trabajamos en reposo para conseguir dinero con el que luego comprar comida y alimentarnos. La moneda de intercambio para la comida es el dinero, ya no es el movimiento. Esto hace que la balanza energética de las personas se incline de forma dramática hacia el lado del ahorro energético. El resultado es que una de cada cuatro personas en Estados Unidos o en España tiene obesidad. Es decir, hemos conseguido ahorrar tanta energía en estos últimos dos siglos, inventando maquinitas que nos hacen todo el trabajo, que es exceso de energía, pues ha ido a parar a las reservas de grasa de la población. La sociedad actual es un gran banco de energía. Y por eso hemos tenido que inventar el ejercicio físico porque estamos borrachos de energía y diferenciar entre actividad física y ejercicio físico es fundamental para entender esta realidad. A pesar de que mucha gente confunde estos dos términos son evolutivamente opuestos, el propósito de la actividad física es obtener la energía mientras que el propósito del ejercicio físico es. Castarlo. Si antes almacenábamos grasa para que nuestro cerebro tuviera energía en el caso de que llegaran épocas de falta de alimento, haremos superado los límites de la horro. Por ello el ejercicio físico es literalmente la única solución. Es como si tienes tanto dinero que no tienes espacio en casa para guardarlo y lo tienes que tirar por la ventana. Sin comprar nada a cambio, con el entrenamiento no obtienes una recompensa en forma de energía, solo gasto. Por eso la cosa está tan complicada porque los seres humanos estamos diseñados para ahorrar energía en un mundo descasez. Y ahora estamos en un mundo de opulencia energética, estamos en una encrucijada. Pero hay que seguir buscando soluciones. O las estructuras sociales, en las formas de trabajo cambian o vamos a acabar con los límites de la acumulación energética, antes necesitábamos movernos para recolectar calorías y sobrevivir. Y ahora solo podemos sobrevivir si nos movemos para gastarlas. Así que recapitulando aitor. Dos cosas. ¿Por qué engordamos los seres humanos con tanta facilidad? Y la segunda. ¿Por qué a la mayoría de personas nos cuesta tanto movernos? Porque la sencia de ser humano no es el movimiento sin un sentido de recompensa. Porque el sedentarismo como tal es muy difícil de combatir si apelamos sin más a ese slogan si plista de "El ser humano está diseñado para moverse". Porque como tal ya hemos visto que no es así. En nuestro diseño, prima el ahorro energético, con una perspectiva que gira alrededor del cerebro. El cerebro manda. Al macenamos porque el cerebro organiza la disponibilidad energética y en previsión de escasez de energía, hace que seamos buenos arradores, no buenos gastadores de energía. Tal es así que esos 90 gramos que representan al lactato es tan molécula que supuso la energía extra de los hombres de la antártida, pues ahora navega por nuestra sangre sin poder ser utilizada. Y es precisamente este avance en el ahorro energético que nos ha brindado la tecnología el que nos pone en el riesgo de colapso. Porque ese lactato que navega a sus anchas por la sangre supone como decimos la energía extra de la que tiran los deportistas o la gente que hace grandes gestas físicas. Pero además, ese lactato que no se usa es también la causa de algunos de los problemas de salud que nos matan. Las células tumorales, por ejemplo, se alimentan de ese lactato. En el próximo episodio de 90 gramos nos centraremos en lo positivo. Veremos como el apneístan Miguel Lozano se alimenta de ese lactato para culminar con éxito su tercenso hasta más de 120 metros de profundidad. 90 gramos es una producción de Metjab y TruStory con el impulso de Atom y el año Ramón y Cajal. En la producción ejecutiva, pilasallans y David Gutiérrez. Asesor científico por jamarcines. Asistente de producción, María Valdasaro. Disseño de sonido David García, Z Studios. Dirección Álvaro de Cazar. Guión y narración, Ay Torbiri Bay y Adrián Castillo. Si tienes alguna pregunta o alguna historia que nos quieras contar, inscribenos a nuestro Instagram, Metjab.es o a nuestro correo electrónico. Historias @metjab.es (upbeat music)

Podcast Summary

Key Points:

  1. La pereza humana tiene raíces evolutivas vinculadas a la necesidad de ahorrar energía.
  2. La ecuación de Einstein (E=mc²) ilustra que la energía no se destruye; si no se gasta, se almacena como grasa.
  3. El cerebro humano consume mucha energía, lo que impulsó la evolución para almacenar grasa eficientemente como reserva.
  4. El avance tecnológico, al maximizar el ahorro energético, ha creado un desequilibrio que favorece la obesidad.
  5. Estudios de tribus como los Hadza muestran que la actividad física ancestral tenía un propósito social y de supervivencia, no era ejercicio por sí mismo.

Summary:

La transcripción explora por qué los humanos tienden naturalmente a la pereza y cómo esto se relaciona con la obesidad moderna. Evolutivamente, hemos sido programados para ahorrar energía, un impulso que permitió el desarrollo de un cerebro grande y costoso energéticamente, consumiendo hasta el 20% de nuestra energía en reposo. Esto nos llevó a ser eficientes almacenando grasa como reserva.

La ecuación de Einstein (E=mc²) sirve como analogía: la energía no se destruye; si no se gasta, se transforma y almacena. El progreso tecnológico, desde herramientas hasta la inteligencia artificial, ha optimizado el ahorro energético, pero ha roto el equilibrio, haciendo que acumulemos grasa fácilmente con mínimo esfuerzo. Contrariamente a la creencia popular, tribus como los Hadza, aunque activas, no hacen "ejercicio" por gusto; su actividad física tiene un propósito social y de supervivencia para obtener y compartir alimentos.

El desafío actual es que, en un entorno de abundancia energética y bajo gasto, nuestra adaptación evolutiva para almacenar grasa se ha vuelto contraproducente, explicando la pandemia de obesidad.

FAQs

Porque evolutivamente hemos sido diseñados para ahorrar energía, lo que nos ha llevado a innovar y crear soluciones que minimicen el gasto energético en actividades cotidianas.

La ecuación establece que masa y energía son intercambiables, lo que ayuda a entender que el exceso de energía en el cuerpo se almacena como grasa, aumentando la masa corporal.

El cerebro consume hasta el 20% de la energía diaria, por lo que el organismo almacena grasa como reserva energética para asegurar su funcionamiento, especialmente en situaciones de escasez.

La tecnología ha reducido drásticamente el gasto energético en actividades diarias, lo que lleva a un exceso de energía almacenada como grasa, rompiendo el equilibrio entre consumo y gasto.

Evolutivamente, nos movemos principalmente por necesidad (como obtener alimento), y sin un propósito claro o beneficio energético inmediato, la motivación para gastar energía disminuye.

Los 'jatzas' se mueven por necesidad para conseguir alimentos, con un propósito social de compartir la energía obtenida, mostrando que la actividad física tiene más sentido cuando está ligada a objetivos concretos y comunitarios.

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