Episodio 1 - Instrucciones para escuchar el siglo XXI
23m 32s
El podcast "Ecos", dirigido por Jorge Carrión, invita a reflexionar sobre la importancia de escuchar el mundo como forma de comprender la realidad humana y natural. A través de narrativas sonoras, estudios científicos y referencias mitológicas, el proyecto destaca que el sonido es el vínculo primordial entre todos los seres vivos. Desde los primeros latidos en el útero hasta los ecos en el subconsciente, el mundo se construye mediante vibraciones, resonancias y sonidos que entrelazan lo físico y lo emocional. Se menciona el papel clave de las neuronas espejo en la empatía, la comprensión social y la conexión con otros seres, así como la capacidad del oído humano para aprender a escuchar con atención y profundidad. El podcast también analiza tecnologías como la bioacústica, que recopilan sonidos del planeta para estudiar ecosistemas y patrones sociales. En un mundo marcado por la crisis climática, la deshumanización y el desinterés por los demás, "Ecos" propone una nueva forma de escucha activa, ética y consciente, como camino para prevenir la violencia y fomentar la empatía. Se resalta que no se necesita tecnología extrema para escuchar el mundo, sino simplemente atención, curiosidad y disposición a descubrir la cuerda entre sonidos, emociones y vida. El proyecto busca que el público desacoté del espejo, de la pantalla y del yo, para conectar con el mundo a través del sonido.
Caixa for un plus y. Podio un podcast.
Lo mejor está por escuchar.
Presentan.
Los trenes de la India son máquinas de matar elefantes.
Las vías de ferrocarril recorren las grandes extensiones de tierra,
y los de las vías de la India son las vías de ferrocarril,
y las vías de ferrocarril recorren las grandes extensiones de tierra,
y los de las vías de ferrocarril recorren las grandes extensiones de tierra,
supuso la Invención del Descarglamiento.
Las personas y los animales comenzaron a ser atropeñados por el progreso,
pero una nueva tecnología de la escucha puede prever la catástrofe y neutralizarlo.
Ecos, de Jorge Carrión, ensayos sonoros sobre cultura, ciencia y tecnología
a partir de las resonancias, las músicas y los latidos del mundo contemporario.
¿Aprendemos a escuchar?
Capítulo 1, Instrucciones para escuchar el siglo XXI.
Converza el río con la piedra, la piedra con la orilla y la orilla consigo misma.
Pero nosotros nunca llegamos al concierto del mundo.
Nos somos ni abremos sido más que una mezcla de barca y bruma.
Nosotros hacemos ruido en cada nacimiento,
alumbramos la muerte con cada muerte, con tal delicadeza no conversamos con nadie
que hasta se nos escapa el viaje al oro de la transparencia.
No entendemos que el río no conduce a las aguas sino al revés,
que en su ritme caestela la conciencia es prosodia en la luz de un labio.
A la espera de algo arrojamos al siglo nuestra voz inútil.
Las palabras caen, piedras autistas, a ningún tiempo.
Nunca he tenido buen oído.
Recuerdo que, de niño, en el coche de mis padres, me peleaba con mi hermano Javi
porque cada uno entendía de un modo distinto las palabras de algunos versos de las canciones de mecanos.
Lo más probable es que él tuviera razón.
Con el tiempo y con mucho esfuerzo aprendí a leer y a entender algunos idiomas extranjeros
pero ninguno lo hablo bien.
Por la misma razón, mi péssimo oído la música y la radio nunca fueran esenciales en mi vida.
Si lo fue, en cambio, la literatura oral.
Los cuentos que me contaban mi madre y mi abuela.
La poesía que descubrí en la adolescencia y nunca me ha abandonado.
El teatro, los recitales, las lecturas en voz alta, los guiones de serie y películas, las conferencias performativas,
los cuentos que les cuento a mis hijos.
Durante estos mismos años de mi paternidad, los podcast también se han vuelto importantes en mi vida.
Primero, escucharlos, después escribirlos, locutarlos, compartirlos.
Siento que con las tres temporadas de. "Madre mía".
Solaris, en sé los sonoros, empecé a escuchar en serio.
Descubrí el mundo de la vioacústica y de la edición de audio, del sonido vinaural y de los archivos sonoros.
Tengo 45 años. Es demasiado tarde para educar mi oído, para abrirlo a la polifonía esencial del mundo.
Prestar atención a cualquier fuente de sonido, pero su método natural.
No sé qué escuchar, es una voluntad, lonto a que prestar atención y querer hacerlo.
Eso me dijo Michelle André, el director del laboratorio de aplicaciones vioacústicas,
en su despacho de Villanova y La Yeltru, a media hora en tren de Barcelona.
Es decir, en un centro neurágico que recibe información sonora durante las 24 horas del día,
de cerca de 150 sensores acústicos repartidos por todo el mundo.
A través de inteligencia artificial, todos esos paisajes son procesados y clasificados.
Nutren el mayor archivo de sonidos biológicos del planeta, de modo que se puede decir que el laboratorio
es el oído más grande que existe, uno oído gigantesco, planetario, global y yo estaba allí con mis oídos diminutos,
con mis oídos incultos, aprendiendo a escuchar.
[Música]
[Música]
Nuestra primera conexión con el mundo estáctil, la segunda sonora.
A partir de la semana 25 de gestación, ya podemos escuchar latidos propios y músicas y latidos lejanos.
Después de nacer, lloramos y nos cantan nanas y aprendemos a decir papá, mamá.
En hallamos sonidos graves y agudos y mitamos ruidos y músicas.
El primer sintetizador que usamos son nuestras cuerdas vocales, que también son nuestra primera coral.
En los primeros años de vida adquirimos la herramienta más importante que tenemos, el lenguaje.
A través de la oralidad, la dimensión visual de la realidad se revela más tarde como la escritura,
pero a partir de ese momento se expande como una eclipse.
[Música]
Pero en el fondo de nuestra memoria, no obstante, esa red de cuevas, ese mito de la caverna,
quedan los secos de aquel primer mundo sonoro.
es posible rescatarlos, llevar a cabo un ejercicio de espelología,
entrar por el pavillon de la oreja, descender por el conducto auditivo,
atravesar el tímpano, el martillo, el llumgue, esa fragua,
llegar hasta el nervio y de allí al cerebro.
En la corteza prefrontal, se guardan nuestros recuerdos,
los visuales, los audiovisuales y los auditivos.
Así suena una máquina de resonancia magnética,
a través de pulsos de onda de radio y de un campo magnético,
la tecnología realiza un mapa de la parte del cuerpo que está siendo retratada.
Por ejemplo, del cerebro, protegidas por esa cámara acorazada,
el cráneo, las zonas más activas del cerebro
muestran más ángreo exigerada que las menos activas.
Es así como se puede rastrear la actividad mental.
La ecografía en cambio no es capaz de atravesar los huesos,
de modo que no puede dibujar lo que hay más allá del cráneo.
La ecografía también se conoce como sonograma,
utiliza ondas sonoras ultra sonidos para crear imágenes de órganos,
tejidos y estructuras del interior del cuerpo, de sus entrañas.
Nunca olvidaré las visitas mensuales a la ginecóloga
para ver y escuchar a nuestros hijos antes de su nacimiento.
Las imágenes y los sonidos de aquellas visitas a veces me asaltan a modo de ecos,
es decir, a modo de repeticiones que van perdiendo intensidad.
Porque el eco surge cuando las ondas sonoras chocan contra un obstáculo.
Y a partir de ese momento, el del choque, el eco empieza a decrecer.
Con el paso de los sonidos, los dos sonidos sonidos,
el obstáculo, y a partir de ese momento, el del choque, el eco empieza a decrecer.
Con el paso del tiempo, el recuerdo de las experiencias también se va disolviendo
y uno empieza a dudar de si las vivió o si las soñó,
pero no olvida la fuerza de aquellos impactos.
En los tiempos acuosos y oníricos del mito,
la ninfá eco era una cómplice infame de las infámias de Zeus,
como usa muy astuta, que entredenía a la diosa era mientras su marido estaba conquistando
y violando a otros seres femeninos.
Cuando era, al fin, le quitó la máscara, le quitó con ella el don de la palabra propia
y la condenó a repetir todo lo que oye era.
Eco se enamoró del arciso, quien estaba a su vez enamorado de su propia imagen,
de su propio eco reflejado en el agua.
Tracer rechazada, eco murió de amor y su voz quedó para siempre resonando por el mundo.
Es decir, el eco de eco rebota desde entonces por todas las superficies de los real,
igual que las ecos de mis hijos rebotan por los rincones de mi subconsciente.
No se puede escapar de los sonidos, siempre hay algo que escuchar,
escribió el músico y filósofo del ruido norteamericano John Cage,
todo suena y resuena, eco, de hecho, proviene del latín eco y del griego Ecos,
que significaba sonido.
El sonido es el único vínculo de información que compartimos todos los seres vivos en la tierra,
que seamos planta animal, acuático o terrestre.
Y, por lo tanto, el estudio de sonido nos permite tomar el pulso de la naturaleza
y poder saber sin distinguir de ecosistemas marino, por ejemplo, de ecosistemas terrestres o de selva
en que Estados se encuentra.
Me dijo Michel André en su despacho, al fondo el mar Mediterráneo lleno de hitrófonos.
La natura es un templo de vivos pilíos,
les parfois sortir de confusos de parole.
Lo mí pasa a través de fared de symbole que lo observa a través de regard familiar.
Según la mitología, el mundo no es un bosque de símbolos, como propuso a mediados del siglo XIX,
el poeta francés Charles Vodalar, sino una caja de resonancias.
Desde siempre, los secos han conectado historias, ideas, fenómenos, obras, gestos, músicas, vibraciones.
Acostumbramos a pensar la tierra como un espacio físico, como un espacio de paisajes, volúmenes, cuerpos, ciudades,
vientos y terremotos, pero también es un espacio sonoro.
Un sistema de vibraciones sonidos, músicas, voces y resonancias, el hogar de leco.
Otra leyenda de la líquida antigüedad vincula a la nínfa eco con el semidiós flautista Pan.
Cuando ella lo rechazó, porque estaba enamorada de un sátiro, Pan elóqueció a unos pastores y les ordenó
que las despedazaran y que repartieran sus miembros por las montañas.
En ellas siguió resonando su voz, como testimonio de la atrocidad, como recuerdo.
Según Ramón Andrés, en su diccionario de música a mitología, magia y religión, los antiguos narraban así el origen del panico.
Los hecos, los reflejos, los espejos no solo están en el mundo exterior, también habitan en nuestro interior.
El miedo, la ansiedad, la felicidad o el amor son fenómenos mentales y, por tanto, bioquímicos.
En la zona parietal inferior y frontal inferior de nuestro cerebro, habitan las neuronas espejo, que fueron descubiertas durante los años 90 del siglo pasado.
Son las células que nos permiten tanto imitar a los demás como entendernos, una disfunción de las neuronas espejo explica el autismo.
Son la clave de la empatía, pero explican tanto nuestro comportamiento individual como nuestras respuestas colectivas.
Nuestra identificación con ciertos personajes de películas o de seres de ficción, nuestros cambios de hábitos de consumo ante ciertas campañas de publicidad, nuestra inclinación política.
Estas células parecen crear cetotipo de intimidad entre el yo y el otro, a escrito el neurocientífico Marco Jacoboni en su libro "Las neuronas espejo".
Y añade y tiene sentido postular que la actividad del sistema de las neuronas espejo también puede estar vinculado con el sentido de pertenencia o de afinidad respecto de un grupo social específico, cuyos miembros sentimos son más similares a nosotros que otras personas.
Entre el 60 y el 70% de la información que circula por el mundo es "chismecotilleo".
Tiene que ver con los elementos esenciales de la comunidad, la comida, el vecindario, el deseo, el miedo y, sobre todo, la pertenencia.
Y tienen que ver también con el interés principal de las neuronas espejo.
Son sociales, nos reflejan, claro, porque nosotros también somos seres sociales, células del cuerpo social.
En pleno antropoceno, en plena crisis climática, en pleno ascenso de la extrema derecha en todo el mundo, en plena pandemia de negacionismos, en plena expansión militar y en continua guerra cultural,
se ha vuelto urgente que escuchemos a los otros humanos y no humanos, que escuchemos al mundo, que escuchemos al mundo, que escuchemos al mundo.
Pero podríamos llegar, podríamos llegar a escuchar el concierto del mundo, no es necesario disponer de micrófonos e hidrófonos plantados en las selvas y los océanos del planeta tierra, esa caja de resonancias, es silaberinto adecos.
Tal vez solo necesitemos unos oídos, ciertas voces y paisajes auditivos, unos ensayos sonoros y unos auriculares y ganas de aprender a escuchar.
Hay que estar atentos.
Prestar atención y fijarnos en la cuerencia que tienen los oídos entre sí, incluso cuando el viento pasada a través de las ramas de Don Arbol, la lluvia, esto todo esto tiene un sentido, una cuerencia.
Estas ecografías, estos sonogramas, escritos y diseñados, según una ética y una estética de los ecos,
literales y conceptuales, quieren ser herramientas para trabajar la atención. En cada capítulo de Ecos iremos compartiendo instrucciones para escuchar el siglo XXI, lo que solo puede significar, desenamorarnos del espejo, de la pantalla, de nosotros mismos.
Los antiguos narraban así el origen del vánico, e intentar escapar del narcisismo.
Si aprendemos a escuchar a los maestros y las maestras, el mensaje de los mitos
antiguos y contemporáneos. A quienes no piensan como nosotros y a las otras especies del planeta,
quizá podamos evitar la violencia en la accidente la colisión. Pero una nueva tecnología de
escucha puede prever la carastroce y neutralizarla. Al menos tenemos que intentarlo.
En este primer capítulo de Ecos, titulado Instrucciones para escuchar el siglo XXI,
hemos citado en orden de aparición el archivo sonoro del laboratorio de aplicaciones
bioacústicas de la Universidad Politecnica de Cataluña y a su director Michel André,
a quien grabamos en su oficina. El poema oratorio de María Negroni, leído por ella misma desde
Nueva York a través de Zoom. Las voces de Carmen Galvez y Francesco y Marco Carrion de Chiara.
La nana de Sevilla, interpretada por la Argentina, confederico García Lorca al Piano.
Autios de abejas, cuevas, resonancias magnéticas, ecografías, el poema correspondencias de
Charles Baudalar, discursos políticos, protestas antivacunas y la voz de Greta Zamber que extraídos
de archivos sonoros diversos y de YouTube. El libro de John Cage escribir en el agua,
Cartas 1930 1992, publicado por el Sello Caja Negra en traducción de Gerardo Jorge,
el diccionario de música, mitología, magia y religión de Ramón Andrés, de la editorial
de la Cantilado y el de Marco y Acoboni, las neuronas espejo, empatía, neuropolítica,
autismo y mitación o de cómo entendemos a los otros traducido por Isol, la Rodríguez Villegas y
publicado por Cats. Si la aceleración es el problema, entonces quizá la resonancia sea la solución.
Hartmut Rosa. Ecos es un proyecto de ensayos sonoros, escritos, compuestos, dirigidos y narrados por
Jorge Carrón. La edición, la música original y el diseño sonoro son de Andreu Kessada, la voz
de la cabezera y de las citas finales de María Arnold. La edición textual es de Ana Rivera,
la producción ejecutiva es de María Jesús Espinoza de los Monteros y Lourdes Moreno Cazalla,
una coproducción de fundación La Caja y Podium Podcast. Todos los episodios están disponibles en
la web y el app de Kashafor 1 Plus. Más información sobre el proyecto en la web de Podium Podcast y en
las cuentas de Twitter y Instagram, Arroba a Jorge Carrón 21. Madre mía.
[Música]
Podcast Summary
Key Points:
El podcast "Ecos" explora la importancia de escuchar el mundo a través de sonidos naturales, tecnológicos y humanos como forma de comprender la realidad.
La percepción sonora es fundamental desde el nacimiento, ya que los latidos, el llanto y las primeras voces forman la base de la experiencia humana.
El oído humano, aunque limitado, puede aprender a escuchar con atención, especialmente mediante tecnologías como la bioacústica y el análisis de sonidos en tiempo real.
Las neuronas espejo en el cerebro permiten la empatía, la identificación con otros y la comprensión social, vinculadas a fenómenos como el autismo y la pertenencia.
El mundo es una "caja de resonancias" donde sonidos, ecos y vibraciones conectan historias, culturas y especies, más allá de lo físico.
La tecnología de escucha, como el laboratorio de aplicaciones bioacústicas, permite registrar y procesar sonidos desde la naturaleza para comprender ecosistemas y patrones humanos.
Escuchar no solo implica oír sonidos, sino prestar atención a la conexión entre el mundo exterior y el interior, como en los recuerdos, el miedo o el amor.
El proyecto "Ecos" propone una nueva ética de escucha para superar el narcisismo, la violencia y la deshumanización en el siglo XXI.
Summary:
El podcast "Ecos", dirigido por Jorge Carrión, invita a reflexionar sobre la importancia de escuchar el mundo como forma de comprender la realidad humana y natural. A través de narrativas sonoras, estudios científicos y referencias mitológicas, el proyecto destaca que el sonido es el vínculo primordial entre todos los seres vivos. Desde los primeros latidos en el útero hasta los ecos en el subconsciente, el mundo se construye mediante vibraciones, resonancias y sonidos que entrelazan lo físico y lo emocional.
Se menciona el papel clave de las neuronas espejo en la empatía, la comprensión social y la conexión con otros seres, así como la capacidad del oído humano para aprender a escuchar con atención y profundidad. El podcast también analiza tecnologías como la bioacústica, que recopilan sonidos del planeta para estudiar ecosistemas y patrones sociales. En un mundo marcado por la crisis climática, la deshumanización y el desinterés por los demás, "Ecos" propone una nueva forma de escucha activa, ética y consciente, como camino para prevenir la violencia y fomentar la empatía.
Se resalta que no se necesita tecnología extrema para escuchar el mundo, sino simplemente atención, curiosidad y disposición a descubrir la cuerda entre sonidos, emociones y vida. El proyecto busca que el público desacoté del espejo, de la pantalla y del yo, para conectar con el mundo a través del sonido.
FAQs
Ecos es un proyecto de ensayos sonoros que busca enseñar cómo escuchar el mundo en el siglo XXI, fomentando la atención y la empatía a través de sonidos naturales, culturales y tecnológicos.
La escucha permite conectar con la realidad a través de sonidos, resonancias y vibraciones, ayudándonos a comprender mejor los ecosistemas, emociones y dinámicas sociales del entorno.
Prestar atención a los sonidos implica estar consciente de cada ruido, como el viento, el tráfico o el eco de una voz, reconociendo así su significado y su conexión con la experiencia humana.
Los sonidos activan zonas del cerebro como la corteza prefrontal y la zona parietal, donde se encuentran las neuronas espejo, que permiten la empatía, la identificación con otros y la comprensión social.
Las neuronas espejo nos permiten identificar y empatizar con otros, influenciando nuestros hábitos de consumo, opiniones políticas y relaciones sociales.
Sí, se puede escuchar el mundo con solo oídos atentos, paisajes auditivos simples y ganas de aprender, sin necesidad de micrófonos ni dispositivos tecnológicos complejos.
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