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Ep. 58 Mitos Griegos, Parte 44 · NÍOBE

from Relatos de Sherezade

39m 25s

Ep. 58 Mitos Griegos, Parte 44 · NÍOBE

El mito de Niobe es una narración poderosa que refleja la consecuencia de la soberbia humana al desafiar la autoridad divina. Como reina de Tebas, Niobe se siente superior a la madre de Apolo y Artemisa por tener más hijos, lo que desencadena una ira divina. Los dioses matan a sus 14 hijos, como castigo por su orgullo, y ella, desesperada, queda sin descendencia. En su desolación, se convierte en una piedra que lora, simbolizando el límite absoluto entre lo humano y lo divino. El relato está profundamente ligado a la tradición griega de responsabilidad familiar, ya que los padres que ofenden a los dioses ven su culpa transmitirse a sus descendientes. Este mito también se vincula con el de Tántalo, cuyo crimen y castigo se repiten en la historia de Niobe, mostrando cómo la arrogancia es un delito grave ante los dioses. A través de la representación escultórica, el mito se convierte en un símbolo de tragedia familiar y existencial, destacado por su intensidad emocional y su crítica a la ambición humana. Además, el conflicto entre Anfión, el cantor ideal, y su hermano Seto, el hombre de acción, ilustra las tensiones entre la vida contemplativa y la vida activa. La historia, ampliamente citada en la literatura clásica y en obras posteriores como las de Ovidio y Byron, sigue siendo un ejemplo clave de cómo los humanos, al competir con los dioses, enfrentan un destino trágico y eterno.

Transcription

5202 Words, 29673 Characters

Spanish
[Música] Mi nombre es Susana Castellanos de Subiría y les doy la bienvenida a un nuevo y sodio de relatos de Chidesal. [Música] Hoy hablaremos de un escalofriante relato, el mito de mi hoy. Si revela la imposible confrontación del ser humano con la divinidad. [Música] En lo alto del Montesípilo, en Asia menor, existe un promontorio como un montecito llamado Niovi, cuya forma sugiere una figura humana. Cuando los rayos del sol se reflejan en su superficie, generalmente está cubierta en nieve, la piedra parece llorar. La imaginación humana que siempre busque explicaciones a los hechos creó a partir de allí el mito de Niovi, que atravesó generaciones, justificando las lágrimas eternas del promontorio del Montesípilo como un castigo de los dioses. Muchos de los mitos griegos tienen raíces en razones morales que buscan engendrar en la mente humana más o menos un modelo de conducto. Así como Niovi, los humanos que por algún motivo enfrentan a los dioses reciben su castigo. Si hay algo que no soportan los dioses de lo línipo, es que los humanos sean igualados que se comparen con ellos, eso lo hemos visto ya en muchos relatos, afrodita no soporta que alguna mortal se compare con su belleza, atenea, convirtió a Aragne en araña, siempre que algún humano cree que está a la altura de los dioses o que se puede comparar con los dioses, los dioses lo van a castigar, en el episodio anterior vimos a Tántalo que se burló de los dioses y dio a cocinar su hijo Pelops, entonces todo esto nos refleja ese mensaje ulterior que está que no podemos ser igualados con los dioses, entonces los hermanos al ser castigados por defectos que son con denables sus mitos también a una especie reglas de conductas no escritas, pero que mantienen el orden social. En el caso de Niovi el castigo es provocado por la soberbia, que es la falta por lo general que los dioses más castigan en los humanos, recordemos en el episodio anterior que por éste fue perdonado por el terrible crimen de matar a su mamá en unas circunstancias muy difíciles que él tenía que boingar en el honor de espadre, pero hay otros que son castigos eternos y son los que pretendieron de burlar, burlarse los dioses como Tántalo, es el castigo contra ellos es por la soberbia, la presunción, la arrogancia de las divinidades, vista de manera más general la leyenda revela las consecuencias que se acarrean quienes osan desafiar la autoridad de los dioses. En cierta forma Niovi perpetúa el castigo de su padre Tántalo, el rey de Libia, quien como ella era un mortal feliz, pero su poder, su riqueza y la admiración de sus sonitos hicieron de él un hombre orgulloso, su mayor desafío al poder divino, consistió en invitar a los dioses a un banquete en el que se burlo de ellos, tanto el mito de Niovi, como el de Tántalo, tiene en un mismo motivo la falta de respeto a las divinidades, el fondo religioso de que están invuidos refleja la imposibilidad humana, detrásender a su condición de sobrepasar la medida humana, refleja el carácter religioso del humano que consiste de sus límites, no debe competir con los inmortales con los dioses, y Niovi, lo mismo que Tántalo, ofendió a la eliminidad queriendo hacerse su igual, con lo que en realidad digamos, manoceó por decirlo hacia los dioses y se puso en posición a un superior a la de ellos, y eso es lo que los dioses no perdonen, dejándose llevar por la arrogancia que transpone los límites de lo lícito, de lo permitido, y provoca la ira de los dioses, la ardiente voluntad del ser humano se encuentra con un orden apoyado en lo divino, que le muestra sus muros hasta aquí puede llegar sus límites, y con su caída lo hace testimonio de ese orden, la recuperación de la armonía ultrajada del justo medio en el que se deben mover los humanos, toda exageración tiene su castigo, los principales motivos del orgullo de Niovi eran su ascendencia de vina, su papá Tántalo era hijo de Zeus y sus propios hijos, ni a unos hijos hermosísimos, y sobre ellos recalló la animosidad de Apollo y Artemisa, se puede interpretar aquel tema de la maldición de la familia como lo ve esquilo, y a través de él una parte de sus contemporáneos, los dioses generalmente castigan a los culpables en sus descendientes, esto es importantísimo en la mitología griega y lo vimos en el episodio anterior, las maldiciones vienen generación tras generación, entonces los padres cometen una falta contra los dioses y los hijos traen ya como esa tendencia a desafiar a los dioses o a cometer crímenes imperdonables y van aumentando por decirlo así su maldición, entonces los dioses castigan a los culpables en sus descendientes, y este tipo de pensamiento parece reflejar la estructura de la sociedad griegar caica, basada en la asos de parantesco con responsabilidad colectiva, el mito de Niovi expresa también la importancia de la familia sobre todo de la madre en la sociedad griega, Niovi se compara con la tona, exiciendo su prole numerosa en contraposición a la divinidad que solo tiene dos hijos, Niovi entonces va a decir que tiene muchos hijos y la tona o leto que era la mamá de Apollo y artemiza solo tenía dos, entonces Niovi va a enorgullecerte, es decir que ella es mejor que leto o la tona porque tiene más hijos, es mejor mamá, es más maternal, más fecunda, entonces en sus hijos Niovi afirma su importancia ya que ellos engendrarán nuevas generaciones y así ella se perpetuará, la culpa es tan grave que los hijos de la tona o leto que son Apollo y artemiza lavan la ofensa juntamente haciendo recaer la venganza divina en el motivo de orgullo de Niovi su descendencia, entonces Apollo y artemiza van a matar los hijos de Niovi porque Niovi fue un orgullosa, en cuanto a los hijos de Niovi su número no es igual en todos los autores, Safo del siglo VI antes de Cristo menciona 18, pero para ese odo del siglo VII antes de Cristo son 20, por su parte erodoto que es del siglo V antes de Cristo nos limita apenas a 4, Homero, el siglo noveno antes de Cristo, habla sin embargo de 12 hijos, dice pues hasta Niovi excesa también se acordó de comer cuando perdió de una sola vez la totalidad de sus descendientes, 6 hijas bellas y mozas y 6 hijos en el vigor de la edad, sin embargo según los escritores que tratan integralmente el mito, escritores posteriores como ovidio ya es latino, en el Euripides y Apollo doro, la reina de temas tenía 14 hijos, cuyos nombres varían según diferentes fuentes, entonces tenemos a Niovi que es una hermosa mujer que sobedeció el poder divino, Niovi tenía muchas razones para estar orgullosa y la bella tenía un rostro perfecto un porte altivo, una expresión audace decidida, solo le faltaban la gracia y la simpatía. era amada y amaba, jamás dudó algunas sobre la fidelidad de su marido había llegado a sus oídos y nunca otra mujer había ocupado los pensamientos de su esposo, el rey amfion, ella era la reina de tebas, estaba acostumbrada a mandar y no había de ser, todas sus órdenes se cumplían al instante, pero entre tantos bienes, el principal motivo de orgullo eran sus hijos, tenía 14, 7 varones y 7 mujeres, todos hermosos, sanos y buenos, un día fatal sin embargo, la ciudad de tebas se adornaba para ofrecer sacrificios aleto, la madre de Apollo y Artemisa, el altar estaba rodeado de ofrendas en el aire liviano se expandía el murmullo de las oraciones que alababan a la diosa en su fiesta, también en neobé compareció en toda su majestad en la ceremonia, pero no traía ofrendas y sus ojos no miraban hacia abajo con humildad, cansada de los elogios que se hacían a la diosa madre de sus labios salieron, no ofrendas y oraciones sino palabras blasfemas que resonaron en el recinto sagrado y espantaron a la multitud subitamente silenciosa, presa del miedo, con muchas razones para estar orgullosa de si misma, neobé dijo que se sentía a la altura del leto, y aun más, puesto que ella tenía una proele numerosa, mientras que leto solo había concebido dos hijos, Apollo y Artemisa, la soberbia de la reina de tebas le otorgaba un mayor majestad pero asustaba a los que la observaban, neobé ordenó la terminación de los sacrificios, no dejó que leto recibiera su culto, todo soberesieron y se recitaron, muy asustados se retiraron del recinto sagrado, mientras dirigían susurrando a la divinidad ofendida una plegaria en la que solicitaban su perdón, la blasfemia de neobé llegó a la distante isla de los heridos oídos de leto, la mirada de la inmortal se tornó dura, la sonrisa huyó de los labios y la cólera se marcó en su rostro ante sereno, la audacia de aquella mortal orgullosa representaba un desafío, Apollo y Artemisa, que estaban al lado de su madre, no tardaron en notar como cambió de expresión y en su calidad de dioses comprendieron el motivo de la transformación de sus emociones, la ira divina se volvió contra la hermosa reina de tebas, los dos hermanos decidieron vengar el dolor de leto que había sido humillada en el palacio de tebas, ignorantes de la resolución divina, los siete hijos varones de neobé se ocupaban de sus ejercicios, algunos montaban rápidos caballos, otros arrojaban discos a lo lejos, ninguno no tola nube negra que los amenazaba, me sospecharon que envuelto en ella estaban a Apollo y Artemisa, trayendo la venganza, y es menos, el mayor de los hermanos cabalga en su caballo de carrera cortando el viento, en sus rostros expresan la fuerza y la vida, de repente un sumbido de muerte, un grito de dolor, las riendas escapan de sus manos y el muchacho cae, agonizante, el sonido de la flecha y el grito de su hermano sorprenden al cípilo que corre a su lado, temiendo extraño peligro, el segundo hijo de nube intenta obir, nueva flecha y en del aire, y más rápida que el gemido, lo alcance en el cuello, cípilo cae muerto, bañando en sangre la crín de su caballo, fede muy tanta los están juntos, y Apollo los quiere con una única flecha, la misma arma une sus cuerpos, el mismo dolor los arroja al suelo, la misma desesperación los hace intentar levantarse, pero no lo consiguen, sus almas se desprenden de la carne ensangrentada y te sienden unidas al tártaro, al finor, el quinto hijo de nube lo ha presenciado todo, se arroja sobre los cuerpos de sus hermanos ya sin vida queriendo calentarlo si alejarla muerte, en vano intenta despertarlos, él también cae, alcanzado por la espalda, por violento flechas, tamasicton corre desesperado, pero de repente le falta el suelo, una flecha penetró en su rodilla y el trató de arrancarla, Apollo no desiste, y su segunda flecha llere a la masictona en la garganta, el grito se oga en la sangre que brota como una fuente nacida de la muerte, el menor de los siete hermanos, leoneo se arroja al suelo, presa de miedo por su destino, entre su llosos implora a los dioses que ahorren su vida y no lo castigan por crimenes, que él no ha cometido, su suplica estando lorosa, que Apollo se conmuebe, pero ya estarde, el dios no puede recuperar la flecha ya arrojada, y leoneo muere sin dolor sin embargo, su rostro sin vida conserva la expresión de un niño, apenas asustada, desde lo alto de tebas, Apollo contempla la tristeza que se extiende, en su mano crispada descansa el arco, ya ha cumplido su misión, por su parte artemiza, extermina a las novidas, el grito de desdicha, el dolor público, la muerte, noveno quería creer lo que sus ojos espantados le mostraban, la ira divina no podía llegar a tal punto, no era verdad, pero allí estaban los 7 hijos muertos, caídos en el suelo, bañados en sangre, los cuerpos doblados por el último dolor, Niove llora en su inmensa desgracia levanta los brazos al cielo, reconociendo la victoria del leto, pero de nada sirve llorar, sus hijos no volverán a la vida, mientras la reina va de un hijo a otro, besando sus rostros, llegan las 7 muchachas de luto, son las princesas, que sabedoras de la muerte de sus hermanos acuden desesperadas, cada una se deja caer sobre un cadáver y todas se bañan en lágrimas inútiles, pero aun en su sufrimiento son bellas, el negro de sus ropas contrasta con la albura de su piel, y el trágico brillo muestra en la mirada pura el primer espanto. Al verlas, Niove se levanta, contempla en silencio esa belleza hecha de olor, y en medio del llanto y del luto renace su orgullo, ella no ha de perder todos sus bienes. La desdicha, la tornaudaz, su voz suena como el arma rojada al enemigo, nueva blasfemia, el orgullo ciega a la mujer desesperada, y esta grita sus palabras, ¿por qué te sientes victorioso aleto? En mi desdicha, me queda aun más que atiento felicidad, después de tanto luto, todavía soy yo quien vense. La muerte llega como respuesta a sus palabras, herida por la saeta de Artemisa cae una de las muchachas, las otras corren, gritan y lloran, perdidas en su desesperación, Niove a tonita no sabe qué hacer, cuando abre los brazos para defender a una de sus hijas, esta cae enfrente suyo alcanzada en el corazón. En ese instante una tercera queriendo huir de la diosa, encuentra el camino cerrado por otra flecha. Sus hermanas también heridas, por las fulminantes y certeras saetas de implacable virgen, casadora ofendida, van muriendo poco a poco, un dolor agudo e intenso penetre el corazón de una reina que vede desaparecer su mayor felicidad. Pero le queda todavía una hija, la más joven, la pequeñita correce a la madre en busca de refugio, amedrentada, Niove olvide a su orgullo y mendiga aleto que le deje al menos esa niña inocente, por lo menos una hija, la menor, su voz es un suyoso apenas, pero mientras implora su túnica se va a domedeciendo de la sangre de la niña, Niove se queda sola, con los brazos abiertos y vacíos, sin el consuelo siquiera de retener uno de sus retoños, cegados por la ira de la hija del leto. Todo cambió en Niove, ningún soplo de aire mueve sus cabellos, del rostro sin color, la sangre se ha retirado, sus ojos están fijos en su cara apagada, en toda su persona nada queda de vivo, la misma lengua se ha quedado helada contra el paladar, endurecido, las venas ya no laten, el cuello no se puede volver, los brazos no pueden hacer gesto alguno y los pies ya no dan un solo paso, hasta el fondo de sus entrañas ella es de piedra, pero apesar de todo sus lágrimas corren, Niove es solo una piedra que llora, su llanto moja el suelo, para ella nada existe más que sus propias lágrimas, sola, rodeada por los cadáveres de sus hijos, Niove ya no es orgullo, no es audacia, es solo una piedra silenciosa que llora, sus manos inmóveles caen a lo largo del cuerpo, el rostro vuelto hacia sus hijos muertos no tiene expresión alguna. No hay nadie. que llore con ella, pero el cuadro de dolor tampoco necesita de otros personajes. Está completo en sí mismo. Un viento suave y tibio empieza a suplar. El sol está alejándose. El viento insiste, se hace fuerte. Levanta la tierra en su camino y arrastra las hojas caídas. En su voracidad ahora es un torvellino que nada perdone y transporta la estatua de dolor. El viento se lleva a Niobe, lejos del escenario de la desgracia, la deposita sobre la montaña más alta que encuentra, pero aún en la cima del monte su llanto continúa. Las lágrimas ruedan sin cesar de sus ojos fijos. Niobe va a llorar para siempre, va a bojar con su ranto en la tierra donde fue poderosa y feliz. Ella misma ya no existe. La reina de temas ya no tiene reino, la mujer ya no tiene vida. No es más que una madre, es solo piedra moldeada por el dolor que a veces la grima. En toda la ciudad de Tebas se habla solo del terrible destino de Niobe. Los más viejos comentan que el castigo no era inesperado, recordando no solo las blasfemias de la reina, sino también su propio pasado. En la familia de la soberana del orgullo venían de antigua firmaba. Ya su padre, el rey cántalo, se exactaba de poseer grandes riquezas de gobernar un vasto país. Tantalo era, según diversas versiones rey de frija o de lídia, y gozaba de la privanza de los dioses. Cierto día, el monarca tuvo la mala idea de invitar a sus amigos inmortales, nada menos que a los dioses de lo limpo a un banquete. Entonces cometió doble crimen. Infanticidio de sacrilegio, pues para probar la clarividencia de los olímpicos, les sirvió la carne de su propio hijo, Pelops. Los dioses que ya habían perdonado a Tantalo innumerables blasfemias se indignaron. Presipitaron al criminal a las tinieblas del tártaro, y lo condenaron a padecer "ambre" y sedizaciones. Niobe heredó la arrogancia de su padre, y ahora petrificada por el dolor, pagaba también por el crimen de desafiar al poder divino. Sin embargo, algunos afinitmaban, que en tebas que los dioses habían tenido piedad de la orgullosa reina, pues acabaron salvando de la matanza a una de sus siete hijas. Para probarlo dicho, afirmaban a haber visto a la niña vagando por los bosques, llorando y murmurando palabras incentidos. Notaron que la princesita estaba extremadamente pálida, el horror de ver morir a sus hermanos y había quitado el color del rostro. Da piel sin losanía, parecía muerta, y Niobe, por cierto, ya no tenía motivos para enorgullecerse de su aspecto. Tal vez, habría sido mejor, que la niña salvada hubiese muerto también. Los cuerpos de los jóvenes muertos permanecen expuestos durante largos días. Nadie se atreve a supoltar a las inocentes víctimas de la cúlera divina, y el mismo padre de los desdichados ya no tiene energía para nada. Antión se arrastra por los corredores del palacio como una sombra sin vida. Recuerdo de tiempos distantes se mezclan a los pensamientos dolorosos del presente. La figura de Niobe y su mujer se levanten su mente perturbada, se le aparecen sus hijos ante los ojos llorosos como si fuese en abrazar, y la imagen de su madre como una invitación al pasado pasa también por su mente. Muchos años a, en la misma ciudad de Tebas, la princesa Antiópe fue amada por Zeus, y el rey de lo limpo consiguió en ella dos niños, Antión y Set, pero por orden de su tío Lico, un rey muy cruel y vendativo, fue obligado a abandonarlos. El destino sin embargo no permitió la muerte de los niños, un pastor compasivo lo recogió y cuido de ellos. Viviendo en el bosque junto a la naturaleza y rodeados de amor, los hijos de Antiópe crecieron ignorando su origen, aunque eran gemelose igualmente fuertes y hermosos, intereses diferien, Aseto le gustaba la casa, y pronto su dominio del arco y la flecha fue perfecto. Antión en cambio, se pasaba las horas tañendo la lira, cantando la gloria de los dioses y la alegría de los humanos, su corazón se ensanchaba con la música, nada le importaba sino el sonido melodioso que lanzaba al espacio, acompañado por el cantar de las amas. Cada vez que Set, regresaba de una casería, encontraba Antión cantando, los ojos vueltos al infinito, creyendo ver un gesto en cada rama movida por el vento. Set, no lo comprendía, discutía con él, lo llamaba Olga San, e insistía en que lo acompañase a la casería al trabajo diario. Antión, bodesto y suave, como quería mucho a su hermano, dejaba descansar la lira sobre el césped y lo seguía. Lejos de ese mundo feliz, Antiópe vivía como esclava de su tía dirse, largos fueron los años de sufrimiento y humillación, largos años de desesperación nostalgia en los que no podía creer que sus hijos estuvieran muertos. Una vez encontró menos vigilada y yo, llena de incertdumbre en duro por el bosque donde abandonara los niños. Subitamente su rostro se iluminó, alberados jóvenes sanos y alegres que corrían entre los árboles, tendrían la misma edad que sus hijos y estus viviese. Antiópe se les acercó, les preguntó sus nombres, quiso saber de sus padres. Poco a poco lo reconoció, presa de emoción, atropellándose en el hablar, la voz interrumpida por el yanto les contó su aventura. Pero los jóvenes no quisieron creer que aquella mujer tan envejecida hubiera podido ser amada por el propio señor de los dioses. En ese momento apareció dirse, rompiendo el encanto y la duda. Se arrojó a idada sobre Antiópe para castigarla, pero intervino al viejo pastor. Quien confirmó a los jóvenes la historia que habían oído. Madre e hijo se abrazaron entonces mezclando risas y lágrimas, olvidados del mundo. Más tarde dirse sería castigada por ellos con un atro suplicio. Todo esto recordaba Antiópe cuando los servidores interrumpieron asustados en la sala real para comunicarle la gran noticia. Los cadáveres de los jóvenes, sus hijos, asesinados habían desaparecido. Los mismos dioses les habían dado finalmente ese cultura. Pero el monarca ha perdido en sus recuerdos, no yo las voces. Los servidores notan su enaginación, callan entonces y se alejan sin asafuido. El pensamiento de anfione está lejos, preso de la figura odiada de dirse, rememurando antiguos deseos de venganza. La cólera trastornó a los dos hermanos en aquellos tiempos difíciles, sordos a todas las súplicas, ellos, después de matar al líco, hermano de Nick Teo, el padre de Antiópe, ataron a dirse la mujer del líco a la cola de un toro que la arrastró entre berenas y espinos de estar asando su belleza y su vida. En el salón vacío del rey de Tebas se estremece al recordar los gritos de agonía de aquella perversa mujer. Las jóvenes habían atacado al líco, lo obligaron a renunciar al trono y expulsaron para siempre las tierras tevanas. El rey no quedó para anfione y seto, pero solo uno podía gobernar y la misma pregunta ocupaba todos los pensamientos. ¿Cuál de los dos hermanos sería el rey? Tras mucha discusión se decidió que reinaría sobre ellas el que consiguiera levantar solo una muralla. Callado, guardando en secreto su tristeza, Anfione consideraba a seto como un rey, porque su hermano estaba habituado al trabajo y era suficientemente fuerte como para cumplir la tarea. Por su parte, seto cargaba enormes piedras y levantaba su muralla. Mientras que con gran esfuerzo, Anfione se arrastraba bajo peso de grandes bloques. En un momento dado, el cansancio de tu ambos hermanos, seto se sentó en el césped y enjugo el sudor que le bañaba el rostro. Anfione se acomodó a la sombra de un árbol y se puso a tañer su lira. Un sonido divino se esparció por la aire. La belleza de las notas armoniosas acariciaba a los oídos y todos acudieron para ver quién tocaba con tal perfección. La naturaleza parecía verse transformada. La música era tan bella, que las piedras empezaron a moverse al som de la lira. Se fueron agrupando y construyendo la muralla como cianfio, fueran realidad la reencarnación de orfeo, redivido. Seto comprendió enseguida lo que sucedía, y sin esperar más propuso a su hermano compartir el trono con él. Anfione aceptó. Respetándose mutuamente amados por el pueblo a ambos hermanos cobernaban una ciudad feliz. Poco tiempo después, seto se casó con Tebe y Anfione contrajo matrimonio con Niovi, la hermosa hija de Tántalo, y sin saberlo, el hichón destino de Fimera alegría. Las manos, vacías del rey tocan solo el espacio sin lencioso donde nada se mueve. Los recuerdos se diluyen en el vacío del presente. Para Anfion ya no queda nada, ni siquiera el consuelo de recordar. Lentamente el soberano se levanta con mirada y solada, contempla el salón del trono desde donde gobernara de los instantes años y echan dar por el palacio silencioso. A cada paso, creo que todavía voces alegres de sus hijos. Se imagina verlos correr a su encuentro y junto a ellos la figura de Niobe parece también estar presente, con su altiva belleza. Anfion extiende los brazos para recibir a su familia y solo abarca el espacio vacío. Los soyosos sacuen su cuerpo, repentinamente debilital. Sus pasos nos llevan a las afueras del edificio real. El rostro bañado en lágrimas, los labios tremuros murmurando palabras incomprehibles, atraviesan los jardines ante la morada tonita de sus súbditos que no reconocen a su rey en ese hombre trastornado y desaparecen las sombras del bosque. Nadie en Tebas volvió a verlo con vida. De él, solo se oye un grito breve intenso que partía de entre los árboles y nada más. Labradores y artesanos abandonaron sus labores y acudieron al sitio donde brotara el grito y allí encontraron el cuerpo del rey. Bañado en sangre, extendido en el césped. Algunos decían que fue a polo quien lo mató. La certera flecha del Dios le atravesó el sufrido corazón, tal vez por piedad, para arrancarlo del angústil, o quizás por castigo, porque el rey trastornado se puso a destrozar el templo del inmortal. Otros contaban que el mismo anfión decidió poner fin a su vida, clavándose el puñal en el pecho lleno de dolor. Los súbditos tomaron en los brazos el cuerpo de su inerte rey, y lo transportaron entre llantos y murmullos al palacio. Le hicieron solemnes funerales, lloraron por él, elevaron una magnífica pirafunebre en la que cremaron su real cadáver, y después rezaron por su sombra, que descendía solitaria a la des, para que los dioses le permitiesen reunirse finalmente con sus amados hijos. Él había sido el esposo de Niúmi, quien heredó la altivésie el orgullo de su padre, el rey Tántalo, de su madre Dione, según la mayoría de los poetas recibió la belleza. Al unirse anfión se convirtió en reina de tebas, y la madre y la vasta prole. Los autores no concuerdan en cuanto al número de los nombres y los hijos de Niúmi. Sáfo menciona 18, es CO20, o Mero 12, o vídeo siguiendo la tradición más corriente fija el número de los níobidas en 14, 7 varones cípilo, ismeno, tamasción al fenor, fédimo, tántalo e ilionéo, y 7 menores, nera, clodoxa, asqueoquea, pelópia, ftía, ojigia y astricratea. En los salones de solados del palacio parecen razonar, los salaridos de Niúmi gritando, de todas mis hijas del handme por lo menos una, la menor, pero mientras Niúmi suplicaba, las saetas de Artemisa le arrebataban la última criatura que le quedaba. El mito de Niúmi fue muy frecuentemente utilizado por los escultores de todos los tiempos. Quizá, por haber permitido estudios anatómicos sobre las posibilidades de torción de los cuerpos, las figuras de la reina en sus hijos se prestaron paravillosamente para la realización de creaciones escultóricas. El castigo de Niúmi perpetuó al de su padre tántalo, quien como ella era un mortal, feliz, rico y poderoso, todos los atributos que los dioses acordaron tanto al padre como a la hija, despertaron en sus almas la desmesura, la ambición y la altivés. Niúmi por su parte tenía muchos motivos para estar orgullosa, pero ninguno tan poderoso como sus numerosos hijos, justamente por ese motivo, la furia de los dioses transformó a las inocentes criaturas en instrumentos de venganza. Uno a uno, los 14 jóvenes callaron bajo las flechas implacables de Apollo y Artemisa, ante los ojos desesperados, de su madre. La furia divina la despojó de todos sus hijos, los olímpicos no le perdonaron su orgullo, su presencia, su ivris, como se decía en la antigua agresia, pero ni aún en medio de su profundo sufrimiento, perdió ni ove su hermosura, el llanto y el dolor le hicieron todavía más bella. Los hijos inocentes a todo lo que sucedía en el Palacio de Tebas, ajenosa la resolución divina, los siete hijos de la bella reina se ocupaban de sus ejercicios diarios, botaban velos escorceles, arrojaban discos y lanzaban flechas, no vieron la negra nube que se aproximó para acabar con ellos, al igual que con sus hermanas. Entre los personajes de la leyenda de ni ove se encuentran entonces como vimos anfión su esposo rey de tebas, lo mismo que ella, anfion tiene origen divino, ese hijo de cebos, lo más importante su carácter, sin embargo, surge la confrontación con su hermano gemelo seto, afiones gran cantor y maestro en la lira, su vida pertenece al arte y a la dimensión interior del artista, seto es el hombre de acción, amante de la casería, ambos ilustran formas de vida opuestas, la vida contemplativa y la vida activa. Según Euripides en la tragedia Antiope, esos problemas jamás dejaron de agitar el modo de ser de los humanos, pues en la oposición seto, anfion se refleja uno de los procesos más ricos en consecuencias en la historia humana, la separación entre la vida como materia y la vida como espíritu, la oposición, materia y espíritu. Según la versión narrada por obidio, anfion no pudiendo soportar el dolor de ver a sus hijos muertos, se suicido, pero variantes de la leyenda tribuyen su muerte a polo que el huirio con su flecha, quizá para terminar con sus sufrimientos, o tal vez para castigarlo, ya que el rey en lo que sido se puso a destrozar el templo de Dios, aunque la literatura se ocupó mucho de la tragedia en Euripides, la escultura explotado aún más este relato. La estatua más conocida la representa protegiendo a su hija menor y se encuentra en la galería de Gliufitzi en Florencia, por su parte, el escultor griego Escopa se laboró un grupo mostrando a Niobe con sus hijos, la hora es conocida actualmente a través de copias, pues la original se perdió. El tema de Niobe se presta particularmente para las ceremonias fúnebres en las lápidas antiguas frecuentemente utilizado, aunque también existen vasos que presentan el tema en su decoración. El destino trágico de la Reina de Tebas apenas mencionada en los escritos de Omero fue tratado ampliamente por o vídeo en el sexto libro de las Metamorfosis y siglos más tarde, el poeta inglés Byron recordó el tema de la leyenda para expresarse así en algunos versos del Child Heart, a Niobe de las Naciones, aquí se llérgue sin hijos, sin corona, en su angustia silenciosa, una urna sagrada en las manos resecas cuyas cenizas santas fueron dispersadas a ese tiempo. El túmulo de los espiones ya no contiene cenizas, los mismos sepulcuros están vacíos de sus heróicos habitantes, y vos, viejo tíver, correréis a través de un desierto de mármulo, levantad de estas ondas barrosas y cubrir su dolor. Muchas gracias, espero que hayan disfrutado de este episodio, terrelatos de Sherezade, nos encontramos en un próximo capítulo, un abrazo. [Música]

Podcast Summary

Key Points:

  1. El mito de Niobe expresa la consecuencia de la soberbia humana al desafiar a los dioses, quienes responden con castigos eternos.
  2. Niobe, reina de Tebas, se orgullece de tener más hijos que la madre de Apolo y Artemisa, lo que la lleva a considerarse superior, provocando su condena.
  3. Los dioses castigan su orgullo al matar a todos sus hijos, transformando su tragedia en un símbolo de la ira divina por el desafío a la autoridad celestial.
  4. El mito refleja una estructura social griega basada en la responsabilidad familiar y la transmisión de culpa a través de las generaciones.
  5. Niobe, al perder a todos sus hijos, se convierte en una piedra que llora, simbolizando el límite humano frente a la divinidad.
  6. El castigo de Niobe perpetúa el de su padre Tántalo, quien también desafió a los dioses al servirles carne de su hijo.
  7. La historia ilustra el conflicto entre la vida activa (Seto) y la contemplativa (Anfión), mostrando tensiones en la forma de ser humana.
  8. El mito fue ampliamente representado en la escultura y la literatura, destacando por su intensidad emocional y su mensaje sobre los límites del ser humano.

Summary:

El mito de Niobe es una narración poderosa que refleja la consecuencia de la soberbia humana al desafiar la autoridad divina. Como reina de Tebas, Niobe se siente superior a la madre de Apolo y Artemisa por tener más hijos, lo que desencadena una ira divina. Los dioses matan a sus 14 hijos, como castigo por su orgullo, y ella, desesperada, queda sin descendencia.

En su desolación, se convierte en una piedra que lora, simbolizando el límite absoluto entre lo humano y lo divino. El relato está profundamente ligado a la tradición griega de responsabilidad familiar, ya que los padres que ofenden a los dioses ven su culpa transmitirse a sus descendientes. Este mito también se vincula con el de Tántalo, cuyo crimen y castigo se repiten en la historia de Niobe, mostrando cómo la arrogancia es un delito grave ante los dioses.

A través de la representación escultórica, el mito se convierte en un símbolo de tragedia familiar y existencial, destacado por su intensidad emocional y su crítica a la ambición humana. Además, el conflicto entre Anfión, el cantor ideal, y su hermano Seto, el hombre de acción, ilustra las tensiones entre la vida contemplativa y la vida activa. La historia, ampliamente citada en la literatura clásica y en obras posteriores como las de Ovidio y Byron, sigue siendo un ejemplo clave de cómo los humanos, al competir con los dioses, enfrentan un destino trágico y eterno.

FAQs

El mito de Niovi cuenta la historia de una reina orgullosa que, por tener más hijos que la madre de Apolo y Artemisa, se siente superior a las diosas. Este orgullo desencadena un castigo divino en forma de muerte de todos sus hijos, reflejando la idea de que los humanos no deben competir con los dioses.

Los dioses castigan a Niovi por su soberbia y orgullo, ya que consideran que un ser humano no debe compararse con ellos. Al insistir en que ella es superior por tener más hijos, Niovi desafía la autoridad divina, lo que provoca una venganza eterna en su descendencia.

La piedra que llora representa la pérdida total de la vida humana y el desgaste emocional. Niovi, convertida en piedra, es un símbolo de la inmortalidad del dolor y de la imposibilidad de superar el castigo divino por el orgullo.

El número de hijos de Niovi varía según la fuente: Sáfo menciona 18, otros 20, Homero habla de 12, mientras que autores posteriores como Ovidio y Eurípides indican 14 hijos, 7 varones y 7 hembras.

Ambos mitos muestran una línea de castigo por el orgullo: Tántalo fue condenado por burlarse de los dioses al ofrecerles su hijo, mientras que Niovi fue castigada por considerarse superior a las diosas. Ambos reflejan el temor a desafiar la autoridad divina.

La familia es clave en el mito, ya que Niovi se orgullece de su numerosa prole para demostrar su superioridad. Este enfoque refleja la importancia de la familia y la maternidad en la cultura griega, aunque también muestra cómo el orgullo puede traer desgracias.

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