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Ep. 46 Mitos Griegos, Parte 33 · MISTERIOS ÓRFICOS: ORFEO Y EURÍDICE

57m 51s

Ep. 46 Mitos Griegos, Parte 33 · MISTERIOS ÓRFICOS: ORFEO Y EURÍDICE

La historia narra la tragedia de Orfeo, el músico divino, cuya esposa Eurídice muere el día de su boda. Incapaz de aceptar su pérdida, desciende al Inframundo y, con el poder de su lira, ablanda el corazón de Hades. Este le concede sacar a Eurídice, bajo la estricta condición de no mirarla hasta alcanzar el mundo de los vivos. Sin embargo, en el último momento, la duda y el amor impulsan a Orfeo a volverse, perdiéndola para siempre. Esta catástrofe personal se convierte en el mito fundacional del orfismo, un movimiento religioso griego que veía en el alma una chispa divina prisionera en un cuerpo material (simbolizado por Eurídice en el Hades). Los órficos creían en la reencarnación y proponían una vida ascética y rituales mistéricos, donde la música era clave para el éxtasis y la purificación, con el fin de liberar el alma y retornar a su origen celestial. Esta doctrina, que contrastaba con la religión olímpica oficial, influyó profundamente en el pitagorismo y en posteriores desarrollos filosóficos y religiosos de Occidente.

Transcription

6913 Words, 39467 Characters

Spanish
[Música] Mi nombre es Susana Castellanos de Subiría y les doy la bienvenida a un nuevo episodio de Relato de Sherisad. Hoy hablaremos de una historia que posiblemente muchos de ustedes conocen. Y es la de Orfeo y Orfeo. Orfeo fue considerado el músico más excepcional de la antigüeda. Cuando nació, el hijo de la música "Caliope" con el Dios Apolo en los campos de trácia, todos los dioses se llenaron de alegría porque finalmente había un mortal capaz de desarrollar el arte de la melodía. Todo en el herer armonía, equilibrio, pasión y tempe. Su canto era capaz de despertar emociones o empiradas, a pasiguar a las fieras del monte y cambiar el clima. Orfeo se casó con la hermosa princesa euridice, pero su felicidad fue empañada el mismo día de la obra. Al finalizar el balquete, ya en la noche, mientras su amado descansaba en la fiesta nupcial, eurice decidió salir a caminar y bañarse en un lago cercano de aguas transparentes, sin percatarse que había gente cerca. La princesa se desnudo y se sumergió en el agua. Aristéo, un pasador que se había acercado al lago para beber, quedó impresionado con la belleza de la joven. Dentro del cuerpo del casador, está yo un deseo con buelso y violento, aunque sabía que la muchachera la esposa del músico se salanso con salvaje ferocidad sobre la joven pidi. Ella se descubrió aterrorizar los brazos del casador y salió huyendo de favorida en busca de orfeo, pero en su carrera no turna no se dio cuenta de la presencia de un nido de serpientes que pisó. Estas devolvieron la agresión con una mordedura letal, eurice grito desesperada, pero nadie la oyó. La joven no pudo continuar su vida, el veneno indundó su cuerpo, y aunque no paró de pronunciar el nombre de su amador feo, finalmente cayó muerta. Preocupado por la ausencia de su esposa, el poeta músico inicio su búsqueda. Finalmente encontró su cadáver. Orfeo quedó paralizado de olor ante el cuerpo inerte. No podía creer que los dioses que decían amarlo permitieran que le sucediera semejante desgracia el día de su bode. Se arrodilló, besó los labios del hermoso cadáver, y con los ojos anegados en lágrimas miró al cielo, como buscando una respuesta, pero las estrellas titilantes no le dijeron nada. El oride se había iniciado su camino al aéx. Su espíritu recorría a los oscuros laberintos de los muertos, la luz del sol que ilumina el mundo de los vivos, no llega hasta esos reconditos lugares. Orfeo no se resignó a la perdida de su amada, la necesitaba para que su música y su canto tuvieran sentido, si no volvi a verla ya nada en su vida tendría razón de ser. Durante largos días y noches, el músico vagó por los campos y empargado en hostalgia que volvó el luto en el alma, decidió entonces viajar a la des, a rescatar, a su amada. Con mucha dificultad viajo por caminos escarpados y a través su abismo peligroso hasta llegar a la entrada del inframundo. Allí se le tuvo un instante, el macabro túnel que tiene antes y parece infinito. Orfeo apretó su lira entre sus manos, es su única arma, miró por última vez el calido sol y teniendo en mente el rosto de su amada, comenzó el desenso por la terra dora gruta. Un fe te olor a humedad pute de facto al empleque naba todo, el músico caminó con cuidado y procuró no respalar en las rocas cubiertas de moa, pues el camino bordeaba un profundo avista. Tras un largo e penoso recorrido, a pesar de la oscuridad, Orfeo diviso una corriente de lo que exala un olor repugnante. Es el río Estigia, uno de los caudales de la región de los muertos, al llegar a la orilla, el músico debía convencer a Caronte, el barquero de los muertos, de cruzarlo al otro lado, sin embargo Caronte, tenía prohibido llevar a los vivos en su barca. Lorna triste, el lúbore barquero le dijo que sólo podía cruzar con él aquellos que habían perdido toda esperanza. Orfeo entonces sacó su lira de sus vestiduras, ya Andra josas y sucias por el recorrido que había hecho, y comenzó a tocar una triste melodía que reflejaba todo su dolor. El adusto barquero se estremeció, y sin una palabra dejó subir en su barca el lastimosombre, que reconocía a la des, en busca de las sombras de su alma. Del otro lado del río, el panorama era más de solador. Fantasma el lastimosos pagaban sin rumbo dejando un alo frío a su paso. Orfeo creyó que lo miraban con envidia y desprecio, como recordándole que esa también sería su oscura morada. Exhausto, casi desfallecido, el poeta llegó ante el trono de ades y percepó. Al verlos tomó la lira nuevamente, pientonó una canción que narraba su triste historia. Su amor, por eurídice, y la forma repentina y trágica en que la perdió. Las almas que lo escucharon parecían sollozar, como si con el canto recordara en emociones perdidas en el tiempo. Incluso Percefone, la altiva reina del inframundo imperturbable ante las emociones humanas, dejó escapar, una lata. Al ver llorar a su esposa, por la dolorosa historia, ades decidió dar una oportunidad a la parina. El eurídice podría salir del ades siguiendo los pasos de su marido, pero el rey del inframundo impuso una condición. Por feo no podría verla, tocarla ni hablarle mientras estén en el reino de las sombras. Podría volver a abrazarla cuando ambos los cubriera la luz del sol. Si el músico no cumplía esa norma, perdería a su amar para siempre. Es esa sentencia, a desmando llamar a Eurídice, cuyo espíritu se emocionó al reconocer la espalda de su amor. Extendió los brazos buscando un abrazo, pero él tan solo pudo seguir caminando buscando la salida del reino de los muertos. Desconcertada, eurídice lo siguió. No comprendía la actitud de orfeo, pero siguió sus pasos y escuchó su música. Cruzaron los téticos senderos, pero a cada paso eurídice se inquietaba aún más por la aparente indiferencia del poeta. ¿Por qué no me miras? Ya no me amas? Pregunta la joven cuyo espíritu parece encorvado y desfadeciente de cansancio. Y el lamento continúa. Quizás porque extravia de entre las sombras he perdido a tus ojos mi belleza y los anilla. Orfeo no podía contestarme. La ama como nunca, pero no podía controvertir las intensidades. Con dolores escucha las penas de orídice y tocaba tonadas alegres para ilusionarla. Cruzaron el río estigia juntos, sin mirarse. Orfeo cantaba tonadas alegres. No obstante, caronte observa la pareja con resejo. Tras muchos fuerzos se acerca del final del recorrido. Un camino empilado, oscuro y resbaladizo. Se necesitaban nervio y tesón para llegar a la salida. El corazón de orfeo la tía con fuerza. Pronto podría estrechar de nuevo en sus brazos a su amada. El músico atravesó el umbral del inframundo. La luz del sol cubría de nuevo su rosto. Emocionado, el poeta se volteó para abrazar por fin su amada. Seguro de que ella estaría azulada. Un instante alcanzó a ver su rostro muy cerca a la salida de la oscura gruta. Pero ella no había salido todavía. Mientras la miraba en ese instante, puedo ver como un gesto de desesperación en el rostro de la joven, las híades van a ser separas siempre. Jamás, jamás volvería a verla. Un grito desgarrador de angustiedad dolor salió de la garganta del poeta. Desesperado, desanda el último trecho del camino y le implora a caronte que trajera de nuevo a su amada. Pero el barquero, ni siquiera lo miró y sus lamentos parecieron no importarle. El músico cantó nuevamente terribles letanías, pero a nadie conmueve con su voz. Desolado, orfeo regresó a la superficie de la tierra. En el ares había dejado la mitad de sí misma. Nunca más volvió a sonreír. En cantó se transformó en un lamento eterno. Cada acorde de su lira se siente el lamento de un hombre que sólo esperó la muerte para volver a encontrarse con su amada. Pero la muerte no llegó. Una tarde, en la que sentado a Junar, Bulel poeta componía sus tristes canciones en las que recordaba su viaje a la deis. Despertó la pasión de unas menades, aquellas sacerdotizas de Dionysio. Ellas querían seducirlo y arrastrarlo con sigua sus tiestas orjísticas, pero el poeta no se digno a mirarlas. La única imagen de mujer que quería preservar en su mente era la de su adorada Uridis. Furiosas, al sentirse despreciadas, las menades atacaron al músico. Frenéticas le despedazaron la ropa y con las uñas le rasgaron la carne. En el climax de su excitación iracunda, las menades lo descuartizaron y arrojaron su cabeza al río Ebrus. Antes de morir, el músico pronunció el nombre de Uridis para advertirle que pronto la visitaría de nuevo en elades. Pero como fue que Orfeo recibió el don del canto, los hombres reciben de los dioses el don de la melodía, pero no saben cómo usarlo. La flauta que atene a inventar a pareciera que solo sirve para alegrar los interminables festines de los sátiros y los faunos. La lira ingeniosamente creada por Hermes es privilegio de Apollo y de las muses sus compañeras. Las manos humanas se muestran incapaces de pulsar los instrumentos para extraer de ellos, armonía alguna. Y en las ruas gargantas las voces callas. El tiempo corre sobre el lomo del mundo como un escalofrío y un día feliz ven a ser Orfeo. Ahora la satisfacción de los dioses es completa, porque finalmente ha aparecido sobre la tierra un mortal capaz de desarrollar el preciado arte de la música. Ya en su infancia, el poeta revelaba poseer el talento de la armonía, que significa "juntura, embalsadura, ajuste, proporción, simetría, equilibrio de inámito de los contrarios". Con su suave canto, acompañado de los armoniosos acordes de la lira, apasigua los ruidos de la selva y el furioso bramido del mar. Sentado en medio de un claro del bosque, taña y la lira y convoca a todos para la gran simponía. Desde el fondo, de la tierra, los árboles arrancan sus negra raíces y arrastran sus cuerpos para unirse a los que cantan. Las rocas, como si tuviesen alma, abandonan su antiguo indiferencia y participan también. Torfe o esparse por los aires poesías sonora, toda la tracia vibra de emoción. El hedero de los dioses, juracantar hasta el fin de sus días, cantar para hacer que viva lo que parecía muerto. Para aliviar las miserias humanas y vencer la indiferencia de las cosas, para canalizar el impulso de las fieras y arrujar la esperanza de la libertad. Una sonrisa constante anima la boca del poeta. En sus manos la lira pacifica de la tierra, lejos están los caminos del sufrimiento. Es la música. La que orfeo utilizó incluso en el mundo de los muertos. El uso de todo el poder de su música para conmover a Hermes el conductor de las almas y convencerlo de que le entregara la pálida sombra de Uridisi. Porque la metáfora de la historia de Uridisi es la metáfora de la salvación que consiste en liberar a Uridisi que es el alma prisionera. Durante el siglo VI, antes de Cristo, se produjo en el mundo griego una revitalización de la religiosidad entre las llamadas religiones de misterios de carácter iniciático tuvo gran difesión en Grecia el culto de Dionysio que llegó a construir el núcleo de la religiosidad órfita. El orfismo deriva su nombre de Orfeo que le habría sido el primero en transmitir la revelación de ciertos misterios que el octubre durante su viaje aladas y los había transmitido algunos iniciados bajo la forma de poemas musicales. Estaran entonces una religión esencialmente esotérica de misterios reservada para unos pocos elegidos, decir que reservados secretos para revelarlo solamente a los que estaban dispuestos a seguir el llamado camino de la vida. Los orficos creían en la inmortalidad del alma y en la metes incóssis, o sea la transmigración del alma a través de varios cuerpos, esto es un recurso indispensable según ellos para alcanzar la purificación. Por su propia naturaleza el alma aspiraría a retornar a su patria celeste y las estrellas, pero para eso era necesario recibir la ayuda del Dionysio, el Dios que completaba la liberación del alma, ya preparada por ciertas prácticas catárticas como la abstinencia de la carne. Los orficos tenían su concepción propia sobre el origen del universo y de los humanos. En un principio para ellos existió un huevo primordial en el que se recortó "fanes, la luz" o "heros" el amor. En quien tuvo origen el universo ordenado, es el principio de las generaciones que se sucedieron y gracias a él nacerían otros dioses. El origen de los humanos estaría vinculado en cambio a un crimen, en la versión orfica los titanes enemigos de los olímpicos matan a Dionysio, un Diosneño, la muerte del hijo es vengada por Zeus que con sus rayos destruye a los titanes, reduciendo los asenizas. De esas asenizas surgirá la raza humana, marcada viseralmente por su doble naturaleza, que es Dionysia y titánica. El hombre ambivalente es el campo donde se enfrentan las fuerzas antagonicas de luces hombra bien y mal, y el camino de la liberación o de la salvación propuesto por los orficos consiste en liberar el alma. Euridice, prisionera de las tinieblas titánicas, despertando la sentencia Dionysia Cádibina que ella encierra en su seno. En la concepción de Homero, el siglo XII de Cristo, el ámblma que sigue es el simple doble por decirlo así del humano destinado a vagar en la oscuridad del reino de ades. Tras la separación definitiva del cuerpo, esa exaltación de la vida presente es lo que satisface al público de Homero, la nobleza legítima por los dioses de lo limpo sus antecesores que constituyen una sociedad de nobles inmortales. Sin embargo, en la concepción órfica es diferente, allí por el contrario, el presente es contemplado solo como una etapa vencer en vista de un futuro de salvación y el alma, en cuanto se entella el luz divina, es el aspecto más elevado del humano que preserva su individualidad a pesar de las múltiples existencias terrenas que constituyen el itinerario de retorno a la patria celestial. Cada cuerpo y cada situación concreta como la posición social o el sexo, vale solo como momento en la trayectoria de asesis y purificación, los sucesivos cuerpos de que se reviste son para el alma las cárceles de las cuales deberán ser. Eso hace que las diferentes situaciones en que vive tengan un valor solo provisorio y relativo, valen en la medida en que permitan al alma caminar en dirección de la liberación final del ciclo de las reencarnaciones, liberación que le permite acceder a la sede de los valores reales, que es ese futuro que representará la recuperación de un origen remoto y extraterreno. Se comprende pues que es tipo de religiosidad, estrictamente iniciática, se difundiese en ciertas capas medias de la sociedad griega y nunca fue popular. En sentido contrario a la nobleza y sus aliados que eran los dioses olímpicos, el orfismo contraponía la promesa de un futuro en el cual todos los mortales serían igual. y si había de hacerse alguna distinción entre los mortales, este no dependería de su condición exterior debida, sino de su vida interior. Así, contrariamente a toda religión externa, simplemente oficial o política, referente a las divinidades de lo limpo, el orfismo proponía como religiosidad interior, la vida íntima de cada ser humano, de la reforma de su subjetividad, como camino de salvación. Esto es muy interesante porque como ustedes pueden escuchar, va a tener mucha relación con lo que va a ser el cristianismo que aparecerá unos 400 años después aproximadamente del orfismo, exposterior, el cristianismo varios siglos al orfismo. La salvación prometida por el orfismo pretendía elevar al individuo más allá de su situación inmediata. Cada paso en el camino de la liberación representaba un salir de sí mismo, es ser el motivo de la importancia fundamental, atribuida por los orficos a aquello que los griegos entendían por entusiasmo. Esto significa estar inspirado por un arrebato de origen divino, es decir, estar poseído por un dios en teos, si de entusias, para ser efectivo ese éxtasis, es estar fuera de sí mismo y poseído por un dios, la música representaba el recurso propiciatorio indispensable. Entonces, me den esto, la música es fundamental para estar poseído de esa emoción divina que nos permite trascender. Además, de sepir de medio de preservación y difusión de los contenidos, doctrinarios, la música de la que orféo era el patrono constituía un factor de modificación de las disposiciones del alma. Hoy en día hablaríamos de las condiciones psicológicas para permitir la exaltación en el arrovamiento la liberación de Onisieta. Deonicio, el dios liberador conducía al alma por la vía de la éxtasis, en la exaltación en que transponía el umbral de lo cotidiano, lo cotidiano lo entendían los orficos como una cárcel temporal y la liberaba para que el alma pudiera experimentar ese masa ya que se les señalaba como patria y futuro, se debe llegar a esa sensación en el masa ya. Entonces, esto es bastante interesante porque arrebatada por las manos invisibles de la muerte, le unirse abandona su marido y parte al mundo de los muertos, orféo tañe la lira dolorosamente y es la música la que permite esa comunicación con el masa ya. Entonces, el culto oriental de Dionicio, el dios del pino y los estados alterados de conciencia, fue absorbido y adaptado por los griegos para representar la reintegración de la ilirracional y misterioso en la concepción de lo divino y se expandió rápidamente como complemento de la doctrina orfica. Desde el norte al sur de Grecia el orfismo adquirió numerosos adeptos, atravesando después el mar y pasando a gozar de amplia aceptación en la magna Grecia, que era el sur de Italia y Sicily. Fadí en la ciudad de crotona, donde en el siglo VI, antes de Cristo, Pitágoras de Samos fundó una fraternidad científico religiosa. Absorbiendo la doctrina religiosa orfica, el Pitágorismo transformó sin embargo su sentido del camino de salvación, en el lugar de Dionicio colocó a la matemática, que permitía al individuo ordenar su vida interior para ponerla en consonancia con la también cifrada armonía universal. Entonces, vemos como el culto de Dionicio va del delirio a la matemática. Hijo de Opholo, más que de Dionicio, Pitágoras tras un nuevo camino de purificación. La liberación del alma resultaría del trabajo intelectual, puramente humano, que descubre la estructura numérica de las cosas y así así al alma semejante al cosmos en proporción y belleza. La música de Orféo habría permitido a Pitágoras subordinar todas las cosas al orden y a la medida, perificó con un instrumento musical el monocordio que el sonido varía según la extensión de la cuerda sonora, o sea que descubrió que el sonido depende de la extensión o de igual manera que la música depende de la matemática. A partir del surgimiento de la corriente pitagórica se hace difícil separar en el desarrollo de las ideas religiosas, filosóficas y científicas el orfismo y el pitagorismo. Es así como pensadores de la talla de enpedocles de agrigento, que es del siglo quinto antes de Cristo, de Platón, que es del mismo siglo, pueden ser considerados herederos de la tradición orfico pitagórica, pero volvamos a Orféo, el poeta aventurero que siguió a los Argonautas. Los preparativos para reanudar largo viaje en busca del bello sino de oro, del que hablamos en el episodio anterior, se apresura, sin saber de la gran aventura de los navegantes, Orféo hacía por los bosques y con su canto a paz igual los animales. Los Argonautas lo oyen y entonces se acuerdan de la profecía del Centauro Kirón, el poeta deberá acompañarlos en la gran aventura para ayudarlos a combatir el peligro de los cantos de las sirenas. Bastó una palabra en los héroes para que Orféo aceptara la invitación. Ya está alta la mañana cuando jazón una vez más da la orden de partida. Es inútil, la nave largo ha entallado, una fuerza misteriosa la inmobiliza en las arenas de la playa. En las inmediaciones el pueblo de las regiones testigo del inconveniente y la mente el empeño frustrado de los héroes. Con el pecho desnudo, asone en puja la nave junto con otros compañeros, implora a los dioses, pero todo es en van. Como si tuviese voluntad propia, el navío permanece adherido a la arena. Entonces un marinero pide Orféo que cante, su música tal vez tenga un efecto sobrenatural, inmediatamente el poeta dañe la lira. Su dulce voz es acompañada por los navegantes quien estimidamente, uno a uno le van haciendo cor. El pueblo también canta, unidad de las voces y las voluntades bajo el suave manto del poeta, el barco se pone en movimiento. En las orillas emocionara la multitud llora, los niños canta en victoria, los adultos agitan blancos liensos deseando éxito a la expedición. Toda agresia escucha el poderoso grito de jason que ordena, adelante. Ahora, en altamar, los argonautas descansa ni sueñan con las tierras desconocidas a las que se dirigen. La luna se levanta en el cielo y coloré de plata el perfil solitario del ar. Una vez más, Orféo dañe su lira. Los marineros canta acompañando la bella voz del hijo de Apolo. Los remeros se encuentran en ese ritmo sereno, el impulso que necesitan para continuar su tarea sin cansarse. Junto al pendón tremolante del mastil, a sonno siente ferio ni miedo. Lejos de allí, no espera la piel de oro del animal sagrado, el bello sino, la nauria, cuya posición comporte la bendición de los dioses. El destino está trazado, pero él lo desconoce, el canto de Orféo es la única certeza. Del otro lado de las nubes plateadas, los dioses escuchan arrobados en la voz del poeta. Esto fue un poco antes de las bodas trágicas de Orfeo y Euridice. Cuando la aurora llegó con sus caballos de Purpura, no ayó desencanto en el alma de los novios. Orfeo y Euridice sonreían como si el destino no les reservara ningún mal momento, como si les estuviese reservada la felicidad perende. En ellos sólo tenía cabida el amor. En los campos de trácia se inició la fiesta. El cuerpo, participó de la esperanza de que aquel amor victorioso pudiera fuerza las débiles voluntades. La comida de la bebida fueron abundantes. Orfeo cantó y las boces amigas lo acompañaron fentis tejando su alegría. En ojos del poeta estaban clavados en la imagen serena de su amada, Euridice. Ella también contempla con ternura al que dentro de pocos instantes será su esposo. El rostro delicado, el paso optimido de las formas leves, cada rasgo de Euridice, es para Orfeo un motivo para cantar. Mientras tanto, en lo alto de lo limpo, los dioses espían y se lamentan. En lo largo tiempo habrá de durar aquella felicidad. Los novios habían invitado a Imeneo, Dios protector de los casamientos para que favoreciera sus nobsias, pero apenas llegan al inmortal, una oscura angústela en va del alma. Las lágrimas inundan sus ojos piadosos. ¿Cómo compartir con los enamorados el terrible secreto que ahora conoce? ¿Cómo sembrar el luto en el corazón enamorado del poeta? Imeneo no tiene valor para eso. Envuelto en su manto de color del sol, parte hacia su morada divina. Pero antes se envuelve una vez más para ver la sonrisa de Euridice, que tomada de las manos con su canto, en tona, versos felices. Por feo nota el alejamiento del Dios y alzándola voz todo lo que puede le pide que se quede. Imeneo no puede negarse, se une nuevamente a los invitados, pero durante el tiempo contiene su garganta el mensaje siniestro que los cielos le han enviado. Trajú una antocha encendida, simbolo del amor perende. Pero que lentamente dejó apagar. Los novios no vieron nada, nada entendieron, tan llenos de alegría estaba. Conteniendo el llanto que punda en brotar, el Dios permanece en la fiesta hasta el final. El sol, cansado de su diaria rutina, te hace esta puniendo y una nube de sangre anuncia la llegada de la noche. Los invitados se retiran y meneo parte, esta vez para siempre. A la sombra de los árboles, orfeo descansa y aguarda la hora de estrechar entre sus brazos a su llamada Urise, ahora su mujer. Las driadas alegres ni infas de los árboles acompañan a la recientasada en su pasión octuno. El Urise corre por los campos ágil como un ave, es feliz, su amado descansa de la fiesta. Han estado juntos en el mismo lecho para toda la vida. La luna formina su suave rostro, los grandes ojos reflejan amor y esperanza, las sonrisa y no sentias aún más bello y semblante de Urise. En pos de ella, las driadas corren también, leves como las hojas de los árboles. El cumplimiento del presaño de meneo está cada vez más próximo. Como la noche es cálida, Urise se desviste y se sumergen las aguas de un lago limpido, como sus ojos. Entonces la ve el casadora Aristeo, apenas puede creer en tal belleza, dentro le está ya un deseo violento, con burso. Sabé que aquella ni infaer la esposa del poeta, sabe que será inútil intentar poseerla por la fuerza, pero la pasión le consume el alma. Aristeo se lanza sobre la frágil desnud desde Urise, presa de palico y ya huye del amor no deseado. Las driadas de espavoridas se dispersan por el bosque en busca de orfeo, en la oscuridad de la noche, la ni infa no ha visto un peligro fatal, una serpiente que preparaba su ponsonial para morderle un pie. El dolor de la picadura y pincelumular de al mundo de ares hacen que Urise criten lo que sida. Pero en ese momento solo los pájaros la hoy. El veneno se difunde poco a poco en el bello cuerpo de la joven, una vez más pronuncia el nombre de orfeo, y después cae muerta. El poeta inicia la penosa marcha hacia el sitio donde ya se el cada verde su esposa, el alma de Urise ya se ha desprendido de la carne sufriente y lanzándose al espacio infinito y herra en busca de la morada definitiva, o de siendo un mandato superior desciende a los subterráneos de desesperanza, el mundo de los torturados y de los que nos regresan. El ares o los infiernos, aunque ella habitará dentro de ese reino los tan poselicios tendrán que oír al pasar las quejas de los condenados. Y allí no existen el sol que arden sobre la naturaleza, ni las flores que alegran los sentidos ni el deseo de los enamorados, no existe el olvido ni el perdón. Bajo el gobierno de Ares, señor de los muertos, las almas de los condenados están ahí, lejos de todo. Y ante las armoniosas melodías que el poeta orfeo hacen hacer de su propia angustia, las divinidades infernales acabarán por cedir. Orfeo penetrará vivo en el mundo de los muertos, para ver, por última vez, a su amada Urise. Urise era ya una peregrina entre las sombras, cuando el poeta ve la muerte en los ojos de la amada intenta cantar su dolor, mayor que todas las esperanzas pero su garganta permanece muda. Pronto se da cuenta de que es imposible resucitar a la amada, pero como no puede creer en tamaña desgracia, intenta dar calor con sus labios a la fría piel y les usurra loído dulces palabras de amor. Es inútil, ella está irremediablemente muerta. El poeta se deja caer sobre el césped, que ampara la carne pálida de su esposa, y allí se queda, perplejo y dolorido, como si también dentro de él se difundiese el veneno de la serpiente. Volve sumirá al cielo, en busca de una respuesta, pero los dioses solo señalan el trágico camino. Orfeo de beí al inframundo, en lugar de los muertos, donde ya se encuentra el alma de su esposa, si es que quiere ver. Tiene que encontrar dentro de si las fuerzas para cantar y con mover a las divinidades subterráneas, que de otro modo mantendrán cerradas las puertas de su mundo y no dejarán regresar a la bella ninfra. Si en llegada a las tniebras infernales, eurices son un reflejo de la que hace poco jugaba con las driadas. Encorbada, desfalleciendo bajo el dolor de la herida, oye los bramidos lacerantes que llegan en negro espacio. Se vuelve hacia todos lados, pero no ve quien grita. Necesitará mucho tiempo para acostumbrarse a la penumbra y poder ver a los otros muertos, sus compañeros. En la superficie de la tierra, orfeo canta para darse fuerzas, debe continuar la busca de su amada. De una o encontrar a Eurice, nada tendrá ya sentido, y su música parecerá de razón de ser. El tanto del poeta y ende la floresta como un grito, los salvajes se detienen apenados, las piezas de los ríos y hasta las tieras se conmueven ante aquella voz llena de angustia. Las cascadas se detienen y sus aguas se congela cuando orfeo comienza su triste viaje. Eurice ni siquiera imagina la cercanía de su amado el poeta. Deambula por el árido suelo del inframundo y llora largamente su nostalgia. Allá arriba, lejos del cruel desaliento, el sol nace para iluminar a los mortales y su lucha. Pero los muertos no pueden verlo. Es entonces cuando el amor hace que el poeta descienda al inframundo. Durante largos días y penosas noches, el poeta caminó cargado de nostalgia, recorrió la de las escarpadas y atraveso bosques hostiles, encontró a los vivos lamentando su vida y por un momento deseó consolarlos contándoles su propio martirio. Pero nadie lo escuchaba, pues su voz era de Vil y su corazón llevaba. amar el gluto. A la entrada del mundo de los muertos oscura gruta al pie del monte tenaro, por feo se detuvo. Una vez más contempló el exuberante paisaje, después se despidió de la luz, de allí, en más adelante, todo será oscuro y árido. La entrada está libre, lo falta atravesar, l iniciar el descenso. El poeta sabe que tal vez aquel sea un camino sin retorno, pero la dulce imagen de Udice llena sus pensamientos y se siente con valor suficiente como para cometer la empresa. Entonces comienza su viaje. En el oscuro ámbito, todo es frío y silencioso, orfeo canta, pero no haya más respuesta que el eco. Terremente, divisa un barro inmundo que sale un honor muy desagradable. Es el lodo del río Estigia, una de las sendas recorridas por los muertos en su último viaje, y que es uno de los sin correos que corren por el inframundo. Y son el aqueronte, el cosito, el flejetón, el de deo, el Estigia. Se sientan las margenes sombías y estériles, donde no brotan sino flores sepulcrales y raíces secas como los cabellos de los muertos. Aguardo el barquero, Caronte, que conduce las almas al otro lado del río. Llega el barquero, al ver un hombre vivo se asusta entre los colores del rostro del extraño y la tespalidad de las almas hay una dolorosa diferencia. Caronte se niega a conducir al poeta, tal vez por envidiarle la vida, o porque no traía el óbulo, aquella moneda de oro y es el precio exigido para la travesía. En su barca, dice, sólo pueden entrar los que ya no tienen esperanza, los que ya no tienen más carne ni futuro terreno. Por feo, nada responde. De sus vestimentas se acorroidas por las piedras del camino, extrae su música, su instrumento musical y entre melodía y melodía, canta en dechas de amor. Conmovido entonces, el barquero olvida por un momento el presente y recuerde el tiempo, en el que altivo como un árbol indestructible caminaba sobre la superficie de la tierra. Abra entonces los brazos y la sonrisa y reciben su barco trágico al hombre que busca la sombra de su mujer. Por un momento, se siente capaz de cantar y su alma de muerto como si renaciese, se llena de furia y de fiebre, así, juntos y entonando melodías alegres, caronte y su extraño visitante, parten por la laguna estigia y llegan atravesando el bosque de Percefone a las puertas del reino de Andes. Durdice todavía lloras un hostalgia, sus ojos tristes no pueden bislumbrar a una alegría de volver a ver el poeta que se haya en camino hacia donde ellas se encuentra para llevarla de nuevo a la vida. La salvación prometida por el orfismo era alcanzada a través de la estasis de la música. En ese camino místico, la música era el elemento indispensable, pues exaltaba a los sentidos propiciando el arrovamiento, el entusiasmo, la emoción religiosa, dañendo la lira, orféo, eleva a las almas. La música de orféo amenice el inframundo, la tierra de los muertos. El otro lado, todo estrés triste también. La oscuridad es aún mayor que en las riberas de la estigia y el silencio es tan grande que el poeta nuevamente solo siente deseos de quebrantarlo con su canto, pero aún no es tiempo. Antes hay que recorrer el desdichado suelo de los infiernos y encontrar al rey de las sombras. Nadie más que él podrá devolverle a su amar a orféo cortinúa marchando con paso firme, sobre su cabeza vuelan sombras en ycientas que él no alcanza a ver. Busca con obstinación a ades y a su esposa el céfole, mientras los fantasmas se duplican a su alrededor. Los reconocen y con sus voces eladas me su sufraron al olido que les cante un poco. Es inútil. Orféo continúa caminando en la única dirección que le interesa en aquel momento. La dirección del doble trono desde donde los soberanos de las tinieblas gobierna en el mundo subterráneo, ayudados por muchas divinidades. Al verlos, toma la lira con manos trémulas y entona su canto de amor, más fuerte que todos los cansancios. O divinidades de este mundo subterráneo, donde caemos todos nosotros criaturas mortales, si yo puedo, si me permitís decir francamente la causa de mi descenso aquí, os diré que no es el deseo de conocer el oscuro tártaro, si no mi esposa. Una vibora sobre la que ella puso su pie, disparamó por sus venas un veneno que interrumpió el curso de sus años. Yo quise hallar la fuerza para soportar esta pérdida y no niego que lo intenté, pero ganó el amor. ¿Conocéis el amor? Es un Dios bien conocido en la tierra, arriba de aquí, por estos lugares dominados, por el inmenso caos, por este vasto inmundo de silencio, os pido un favor. Anudad nuevamente el hilo del destino, teuri dice, tan precosmente trunchado. Todo está sometido a vuestras leyes y tarde o temprano. Nadie leja de tomar el camino de esta vía común. Todos terminamos aquí, estimoradas para todos la última y vuestro reinado sobre el género humano es el de mayor duración. Ella también, cuando haya vivido su justo número de años, al llegarle su momento estará en vuestras manos. Todo el favor que os pido es gozar de lo que es mío. Y si el destino reúsa esa gracia mi esposa, estoy decidido, renuncio a volver atrás, os alegrais entonces de nuestra doble muerte. Las almas sollozan como si reviviesen ante el canto del poeta. Tal vez no existe castigo mayor que la imposibilidad de llorar, y cuando lloran, las embarga una tímida alegría, iluminando una parte de la oscuridad de aquel mundo. Los torturados dejan por un momento de cumplir sus penas. Tántalo, el hijo de Zeus, tasticado con el hambre y la sed eternas, deja de intentar beber las aguas del lago que siempre se les curran de las manos. Abandona la proximidad de la mesa donde la comida le sirve solo de tentación, como si no tuviesen más hambre, dice, "Oye extacial, sacial, el canto de orfeo". Sícito, debía ser rodar una enorme roca cuesta arriba, tan pronto como la piedra llega a la cumbre del monte, se despeña por la otra ladera, y él tiene que recomanzar su mundial trabajo. Mientras suena el canto, también deja del lado su castigo, se sienta sobre la roca de sus martírios y emocionado escucha al poeta. Asdanaíles, condenadas a llenar un tonel sin fondo, detienen su espantosa labor. La rueda adicción no gira más, por primera vez caen lágrimas de los ojos insensibles de las furias sueríneas, siempre ocupadas en castigar a los párrecidas y los perjuros, y los otros dioses jueces infernales y interrumpen también su labor. En esta hora vendita, el amor transformó al lugar de los muertos en un remanso encendido de compasión y fraternidad. Tras el canto sublime, percefonéides con movidos ante tan grande amor y tantas peripesias mandan llamar a Uriise, para entregarla al poeta. Llega ella, todavía dolorida y sin aliento, pero apenas via su esposo, sus ojos se llenan de luz, una ancha sonrisa entre abre otra vez, sus labios palenos. De ceoso de entregarse al cantor para siempre, al infextían de sus delgados brazos, pero los soberanos infernales no le permiten el abrazo, solo consciente que la pareja para. Al último momento, percefone advierte al poeta, el debera marchar, siempre adelante, mientras estén la región infernal, no puede a volverse para contemplar el rostro de su amada. No podrá tocarla ni hablar con ella. Si lo hiciera perderá para siempre orirse, que volverá sola al reino de las sombras. Arten los estosos. Orfeo siempre adelante, cantada durante todo el día, sabe que la ninfra es feliz o yendo. En la orilla del estigia, aun sin mirarse u a otro, los enamorados se encuentran a Karonte. Contento de volver a ver su amigo vivo, el viejo lo conduce al otro lado el río infernal. Después vuelve y hace suera orídice en la barca, para que cumple el mismo trayecto. Pero, e orídice está cansada y no entiende por que no puede mirarla. Enplora, suplica, que la mide, que la tope y ya casi en la puerta, que lo separa del mundo los mortales, lejos del crepúsculo infinito, el pueta no puede contener el deseo de volver a ver el rostro amada. El aviso de percepune les resuelen los oídos. Y orídice, vendrá detrás, es una duda y en el fondo de su alma, implora los dioses que él pueda no ser de él a la tentación de mirar. Sigue en el camino, falta tampoco para unirse nuevamente, orfeo sale a la luz del sol y espera, espera, espera. Y en el último momento, sede al imperioso deseo de mirar atrás y vuelve hacia atrás la mirada dolorida, que orídice no ha salido por completo, ella no está bajo la luz del sol. Orfeo la vez fumarse para siempre y solo divise una sombra, traslúcia y llorosa, que retorna a la oscuridad. Todo está perdido. Se ha perdido toda esperanza. El pueta, desesperado, deshándale el camino y ruega muchas veces a caronte que traiga a orídice nuevamente a la orilla de los vivos, pero el barquero, únicamente obedece a ades y a percepune, por lo que no escucha su pedido y lleva a la sombra de la joven, a su morada definitivo. Todavía el pueta canta ver sus intensos y apasionados, pero en el mundo de los muertos ya nadie lo oye, ya nadie se conmueve. Solo, desolado, como se dejasen las sombras la mitad de sí mismo, orfeo vuelve a la superficie de la tierra, si a nada podrás en los honreír, su canto se hace triste para siempre, de una tristeza infinita, como si el pueta estuviese solo esperando el momento de la muerte para volver a ver a su amada. Dicen que mucho tiempo después, tras haber errado por toda la tracia para liberarse su desesperación, y luego de haber fundado su religión, orfeo perdió la vida de manera extraña. Las vacantes, las menades, enamoradas del pueta, intentaron seducirlo, y él negándose a ellas, en nombre del recuerdo de Uridice, trató de escapar por el bosque, pero las mujeres lo siguieron y consiguieron atraparlo, furiosas le despedazaron las ropas y le rasgaron la carne. Su cabeza sin embargo es ropa las aguas, dejando todavía a huir su voz, y donde se posó se herigió más tarde un santuario. He hecho pedazos, el cuerpo del pueta, su alma al fin libre pudo partir al mundo de los muertos, que allí, unido a Uridice, deambula por las melancólicas praderas y boyes quesillos del reino de ares, cantando su amor, más fuerte y más grande que la muerte. Al rechazar el amor de las menades, orfeo trataba de conservarse fiel al doloroso recuerdo de Uridice. La fidelidad muera solo un valor moral, sino un modo de intensificar y perpetuar el verdadero amor. Enseñando a los mortales, el noble arte de la música, orfeo los iniciaba al mismo tiempo en una religión misterica, denominada precisamente orfismo. Enomenaje a su inspirador, que tenía como finalidad principal, la incesante búsqueda de la purificación humana. Y así, aunque las menades rechazadas por orfeo acabaron destruzándolo por haber se negado a estar con ellas, después el alma del pueta reencontró el amor de su hermosa e Uridice. Espero que hayan disfrutado y se hayan conmovido con esta poderosa historia. Espero haber la podido transmitir con la intensidad que se merece. Un abrazo y hasta un nuevo episodio de Relatos de Cheresa. [MÚSICA] [MÚSICA] [MÚSICA]

Podcast Summary

Key Points:

  1. Orfeo, el músico excepcional, pierde a su esposa Eurídice el día de su boda cuando ella, huyendo de un cazador, es mordida mortalmente por una serpiente.
  2. Desolado, Orfeo desciende al Inframundo y, con su música, conmueve a Hades y Perséfone, quienes le permiten llevarse a Eurídice con la condición de no mirarla hasta salir a la luz.
  3. En el umbral del mundo de los vivos, Orfeo se vuelve para abrazarla, rompiendo la condición, y la pierde para siempre, sumiéndose en un dolor eterno que culmina con su muerte a manos de las Ménades.
  4. La historia simboliza el origen del orfismo, una religión mistérica que enfatiza la inmortalidad del alma, su purificación a través de reencarnaciones y la liberación final, usando la música como vehículo de éxtasis y conexión con lo divino.
  5. El orfismo influyó en corrientes como el pitagorismo, que sustituyó el éxtasis dionisíaco por la armonía matemática, y sentó bases conceptuales que prefiguraron elementos del cristianismo.

Summary:

La historia narra la tragedia de Orfeo, el músico divino, cuya esposa Eurídice muere el día de su boda. Incapaz de aceptar su pérdida, desciende al Inframundo y, con el poder de su lira, ablanda el corazón de Hades. Este le concede sacar a Eurídice, bajo la estricta condición de no mirarla hasta alcanzar el mundo de los vivos.

Sin embargo, en el último momento, la duda y el amor impulsan a Orfeo a volverse, perdiéndola para siempre. Esta catástrofe personal se convierte en el mito fundacional del orfismo, un movimiento religioso griego que veía en el alma una chispa divina prisionera en un cuerpo material (simbolizado por Eurídice en el Hades). Los órficos creían en la reencarnación y proponían una vida ascética y rituales mistéricos, donde la música era clave para el éxtasis y la purificación, con el fin de liberar el alma y retornar a su origen celestial.

Esta doctrina, que contrastaba con la religión olímpica oficial, influyó profundamente en el pitagorismo y en posteriores desarrollos filosóficos y religiosos de Occidente.

FAQs

Orfeo fue considerado el músico más excepcional de la antigüedad, hijo de la musa Calíope y el dios Apolo. Su canto podía despertar emociones, apaciguar fieras y cambiar el clima, siendo un símbolo de armonía y equilibrio.

Eurídice murió tras ser mordida por una serpiente mientras huía de Aristeo, un pastor que la perseguía. Esto ocurrió el mismo día de su boda con Orfeo, en un trágico accidente durante su escape.

Orfeo viajó al inframundo y, usando su lira y canto, conmovió a Hades y Perséfone. Ellos permitieron que Eurídice lo siguiera de vuelta, con la condición de que no la mirara hasta salir al mundo de los vivos.

Orfeo perdió a Eurídice porque, al salir del inframundo, se volteó para verla antes de que ella estuviera completamente fuera. Esto violó la condición impuesta por Hades, haciendo que Eurídice regresara al reino de los muertos para siempre.

El orfismo es una religión de misterios derivada de Orfeo, que enfatiza la inmortalidad del alma y su purificación a través de reencarnaciones. Promueve una salvación interior, usando la música como medio para trascender y conectar con lo divino.

El pitagorismo absorbió doctrinas órficas, pero reemplazó el éxtasis dionisíaco con la matemática para lograr la armonía del alma. Pitágoras usó la música, vinculada a proporciones numéricas, como camino de purificación intelectual.

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