El podcast "Ella se quedaron" recupera las voces de mujeres que vivieron la "guerra sucia" en Guerrero, México, un periodo de violencia estatal contra disidencias políticas y población civil entre los años 60 y 70. En el primer episodio, Rosalba Ramos Cabaña, de 74 años, relata su experiencia en San Juan de las Flores, una comunidad asediada por el ejército durante tres años. Los militares impusieron un control total: retenes, racionamiento de alimentos y vigilancia constante. Rosalba, entonces embarazada, fue golpeada con una trompeta por un soldado, lo que provocó que abortara a su hijo. Vivió con miedo perpetuo, hostigamiento y violencia sexual, y tuvo que esconder comida en su ropa para alimentar a sus hijos. Su madre, María Inés Cabaña, buscó durante 37 años a su esposo y cuatro hijos, desaparecidos forzadamente, hasta su muerte en 2012. La comunidad fue sometida a hambre extrema, destrucción de documentos y prohibiciones culturales, como el uso del rebozo. Rosalba finalmente se unió al colectivo "Esposas y hijos de desaparecidos y desplazados de la guerra sucia" y, por primera vez, narra su testimonio, revelando cómo el daño a las mujeres fue parte de la estrategia contrainsurgente. El podcast busca visibilizar estas historias silenciadas durante casi cinco décadas.
Llegaron abriendo las puertas a fuerza, patiándolas con las trompetillas de los ribles, como trataron animal, pues quedó muy temprano, porque lo trataron en cuando la puerta y "Vale, espérame, espérame, le vuelvo y te abro", porque mi esposo quedó y se levanta a ti abres la puerta, dice "son un militares, me levanto de la cama y le abro". Abres y el hombre me da con la trompetilla, en la barrio estaba embarazada, tenía cuatro meses de embarazo. Ella, ella, se ha un talucio cabaña, le bueno, pues no vivía aquí, un hilo conozco yo, ¿eh? ¿Cómo le voy a decir que aquí está? Nos aquí los tienen debajo del acrúmelo, tiraron todo, buscando un cosita chiquita, que iba a ser luceo y descondido, yo con Arto miedo, ya pues yo estuve en tu vida de mi cuerpo, busquélo en el monte, busquélo en el monte, le dije aquí no venga, busqué, pues me puse valiente, yo no voy a nembrar, le he oído. Me quedó el dolorcito en la barriga, en la intumisión como un calambre, pues, y aborté mi niño. Me llamó Rosalba Ramos Cabaña, por motivo de que estengo el apellido de cabaña, me buscaban el gobierno, porque decía que van a acabar conozcavaña. Ella se quedaron, memoria sin éditas de la guerra asusia. A mediados de los años 60, el Estado mexicano inició una serie de estrategias militares, policiales y de inteligencia para combatir grupos guerrilleros, movimientos campesinos, estudiantes y otras disidencias políticas. A este momento se le ha nombrado guerra asusia. Sin embargo, hay quienes defienden que no fue una guerra, sino una violencia de Estado sistemática contra las disidencias políticas y la población civil. La disparidad de poder y las violaciones a derechos humanos fueron la regla. En el estado de Guerrero estas estrategias incluyeron en la serie de comunidades, principalmente de las zonas cerrán en donde surgieron las guerrillas. En marzo de 1971, la Secretaría de la Defensa Nacional, en conjunto con otras agencias policiacas, porque estó el plantea lara y otra serie de operaciones. A partir de este plan se desplegó a por lo menos 2.236 soldados en distintas zonas del Estado, según lo documentado por la comisión de la verdad del estado de Guerrero. En la Sierra, uno de sus objetivos fue perseguir al líder guerrillero Lucio Cabañas, pero el ejército mantuvo el control territorial de la zona aún después de la muerte de Cabañas en 1974 y la violencia contra la población continuó. Los militares cometieron torturas, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales. Las víctimas documentadas de estas violaciones graves a los derechos humanos fueron principalmente hombres. Mientras, las comunidades fueron asediadas por lo menos durante 3 años para impedir su colaboración con las guerrillas. Quienes vivieron las consecuencias de esa ocupación, fueron las mujeres y las niñas que se quedaron. Los soldados ejercieron violencias específicas contra ellas, acoso, hostigamiento, tortura sexual y servidumbre o esclavitud para tareas domésticas. Este podcast recupera lo que ellas vivieron, eso que no se ha dicho sobre este periodo de violencia de Estado nombrado de Ratsuse. Decidimos que sean las mujeres quienes nos guían en su propio relato para no usurpar su voz y reivindicar su valentía a la hablar tras casi 5 décadas de silenciamiento. También para que sean ellas quienes le pongan nombres sus experiencias. Escucha con atención los detalles de sus testimonios, son piezas faltantes de lo que nos han contado sobre la llamada "Guerrasuse". Sus vivencias podrían revelar si el daño a las mujeres fue parte de la estrategia contra insurgente en México. En este primer episodio de ella se quedaron, escucharemos a Rosalba a Ramos Cabañas, quien vivió su adolescencia en San Juan de las Flores, municipio de Atoyak de Álvarez, una comunidad que en la década de los 70 fue clave para el asedio por ser paso a la zona cerrana de Guerrero. El principio de los principios, el hambre. Bueno, primero llegó ese hombre, Lucio Cabañas, no hizo una reunión en San Juan de las Flores. Ahí fue y pues yo de lejos, y luego me fui a mi casa. Y en seguida después, no fue en mucho tiempo, luego fue llegó el gobierno y lo hizo lo mismo, nos llamó a la cancha y fuimos. Yo no más recuerdo que no le dieramos de comer a Lucio que no lo emitiéramos para nada, pues el gobierno. ¿Cómo le íbamos a dar de comer si teníamos bastante familia y se acabó todo? Las tiendas se acabó todo, nos dejaban pasar nada. Acabamos gallina, marrano, todos. Los vecinos, estas tortillas, tiesas, las lavaban para comer. No teníamos nada de comer, sufrimos mucha. Así que nosotros teníamos con el poquito dinero que teníamos y vamos a comprar por kilo, un kilo, dos kilos de maíz, un kilo de azúcar, un kilo de sal, a ningún pedazo de carne, un pedazo de queso. ¿Ah no comer? ¿Ah no tener el pan de cada día? ¿Usted cree que esa es vida? En la cedia. Y a de allí, pues ya ella siguió la guerra entre más días, llegaba a más militares, casi había más militares que personas viviendo ahí, más militares porque estaba bien cubierto el pueblo. No había ni un cachito que no hubiera militares. La guerra quedó, tuvo tres años, más o menos. Había retenes y en San Juan de la Hablón nos daba un pase para que fuera más a comprar. Y este papelito lo teníamos que entregar el reten que estaba en el arroyo del Sichalaco para bajar a tolla, nos medían las horas. Tenemos que pasar, llegábamos allá a San Juan y ya tenemos que entregar el pase. Yo salía a comprar así, a buscar las cosas, pues yo me llevaba dos soldados de guardura. Yo siempre andaba con los soldados. Ah, le venen, ¿por qué me se llen? Pues yo con mucho miedo, nervios. Pues yo tenía que salir para buscarle la comida mis hijos. Yo cuando bajaba la tolla, pues por qué lo como le digo, cargaba misas y yo me compraba los kilos de carne. ¿A dónde me lo llevaba? Aquí en mi pecho. Aquí me metían los cuartelones de queso para que comieran mis hijos. Como yo vivía al pie de esta en la orilla del pueblo y el monte se aquí y te ahí se la pasaban ellos, vigilándome. Y como nosotros en ese tiempo no teníamos ni baños, hacíamos el baño en el bosque, pues. Ya no podíamos ni ir a hacer del baño porque ahí estaban y ya me lo se sentaba una encima de ellos. Pues ya de allí como nos adaptamos a ello, pero sí le teníamos miedo. No es con ver los militares y ya me ponía de nervios, porque nos hicieron muy feo. Vivimos en un terrible abismo muy feo. Feo, feo, porque pensábamos que ya no íbamos a salvar, porque ellos eran los poderosos, eran los dios y ya casi. El abismo. Mi mamá vivía en espinalillo. Ahí se embraban maíz y como era huerta de coco, recogían coco, frijoles. Bueno, así como campesinos se bajaron de San Juan de la Flore por el miedo. Y ahí se embraban. Ahí a las 6 de la mañana, temprano estaban acostados mis hermanos y mis papás. Estaban todo juntos. Cuando le llegó el gobierno. Así que tirando, haciendo juegos, el gobierno, hay como son descandalosos. Y para que yo creo. luego lo temorizaron, pues. Así que dos hermanos, corrieron ellos, así a salvarse y le tiraron, pero no le pegaron. Y ya lo agarraron y se los trajeron ahí donde vivían la casita. Y ya se los llevaron, se venon al carro. Y mi mamá llorando, estaba viejita, mi mamá. No se lleven a mis hijos, porque eso los van a llevar. Y mi mamá, abrazando sus sigitos. No quiero recordarla de los sufrimientos de mi mamá. Decían que en Atolla lo tenía. Que ella iba, que se lo iba a dar, pues. Y le pusieron días, que ella se lo iba a dar y fue. Y le hicieron que no. Yo ya no he estado.
Con la desesperación de buscar sus hijos y esa iba, vendía ellas ojitas de plátano. Es vanos y todo de plátano, las vendía ahí en Coyuca para ir sobreviviendo y con un poquito que ella juntaba, se iba y hicieron con otras compañeras, pues hicieron un grupito y se iban a México, se juntaban los que tenían desaparecido y se iban y andaban como desbagadas delamente porque pues andaban sin comer, sol, rey todo eso, usted en aquel tiempo no había dinero, todas las gente pobre. Mi mamá andó en todas las caras de la que case, sin comer, sin dinero, que se iba a México, a la Juelga de Ámbria, a todas las caras buscándola, normales, ya que sí que ahí estaban, pero no malas en Miami. Durante 37 años, hasta el día de su muerte, en octubre de 2012, la mamá de Rosalba, María Inés Cabaña Soliz, buscó a su esposo, edubijé Ramos Cruz y a sus cuatro hijos. Marco, Ramos Cabaña, Felipe, Ramos Cabaña, Heriberto, Ramos Cabaña, Raimondo, Ramos Cabaña. Ah, sí, esos, los cuatro hermanos y mi papá. La Comisión de la Verdad del Estado de Guerrero documentó 207 casos de desapariciones transitorias y 236 desapariciones forzadas en esa entidad de 1960 a 1980, pero podrían ser más. El terror. Yo me quedé porque pues mi hijo como iba a venir mi sin pobre, sin dinero, nada, nada, teníamos. Yo me quedé ahí en San Juan. Tenías fotos. Fotos de mis hermanos, de mi papá, bolches, y de papeles. Y me avisaron, "Vorre eso, tíralo quemalos para que no tengas nada, porque si te hayan eso te van a llevar". Y lo que hice, sentí feo quemarlo, lo que hice lo decís en agua todo, todo. Y fue en la noche porque en el día que yo estaba enviéndome escuchaba. Yo estaba duro para mí, sufrí mucho. Me escondía mucho, no salía para nada. Ahora que lloraba, en aquel tiempo metíéndonos un trapo en la boca, porque no nos iran, no soldado. Tanto miedo que le teníamos. Demastiada. No me decían, "¿Hay bien en los guachos hoy?" Nos llamó de meternos. Hasta nos quitaron la costumbre, que cuando hay arresados, novenarios de la gente, llamamos reboso, arresar y decían, "No las queremos ver con reboso, porque ya van a ser oraciones para que el lucho se salve". Y íbamos, pero así, sin reboso. Ellos no quitaron el reboso, hasta la vez, la gente se desacotumbró a usar el reboso. Era bien perro. Bueno, vestías porque no respetaban. Ya no me ha faltado de que le vivíamos servido de mujer, porque ellos no eran poderosos. Y así pasamos esos años. Después de la ocupación. Ya de día, los tres años se bajan. Ajá, se vinieron, porque ya habían hecho todo lo que quisieron. Las gente quedó temorizada, toda la gente, toda la gente, con miedo. No había una gente que había estado bien. Y últimamente, yo este en los guachos ya no les tengo miedo, porque ya me di cuenta que somos los mismos. Pero yo antes los vi ahí, ya me ponía así. Y ni quería que me regresaran a ver, porque yo ya me sentía. Les si me llegan a derrar más con verme, te emblando así, vente para acá. Porque tienes, les hago porque te ponés así, pero porque yo me dejaron así. Por mucho miedo. A mí me doy el mucho, me doy el mucho. Esto quisieron el gobierno. Y no era para eso. Asegún tenemos el gobierno para que nos cuide. Y destruirnos no puede ser. No fue gobierno. Fueron delincuente. Yo agarro. Unas cosas, vas a sacar el coraje. Me pongo a rajarla y con coraje con el machete. Me hacía algo porque me desespero y me siento sola. No aguanto. La verdad, tantos años no aguanto. Pero a mí parece que fue ayer. Tal vez yo cuando me pongo a recordar a mi hermano a mi padre y a mi madre. Y yo quisiera gritar que todo el mundo me alleran, o que yo estén. [Música] Actualmente Rosalba tiene 74 años y ya no viven San Juan de las Flores. Salió desplazada por la violencia de grupos armados en febrero de 2003. Después, en 2018, ella y sus hijas mujeres se unieron al colectivo, esposas y hijos de desaparecidos y desplazados de la guerra sucia del municipio de Atoyak de Álvares Guerrero. Aunque la desaparición forzada de los cinco miembros ya había sido contada por la familia Ramón Cabañas, este es la primera vez que Rosalba narra su testimonio tal y como ella lo vivió. [Música] A Rosalba, gracias por compartir su testimonio de vida. A su hija Reina Belbazquez Ramón y Angelica Ramírez Hernández. Del colectivo, esposas y hijos de desaparecidos y desplazados de la guerra sucia del municipio de Atoyak de Álvares Guerrero, gracias por apoyarnos para contactarla. Este podcast está dedicado a todas las madres, hermanas y esposas de personas desaparecidas, quienes iniciaron con huelgas de hambre, marchas y protestas, el movimiento por la verdad la memoria y la justicia en México. La idea original de este podcast, la investigación, redacción y edición de guiones, narración, producción y gestión del proyecto, es de perifónicas. Angelica Yosellín Soto Espinosa, Célie Aguerrero Acosta y Mayaela Sanchis García. Su realización fue posible gracias a la Alianza con audiosentropodcast, bajo la dirección de Luis Acanturrios y el diseño sonoro de Ector Mondragon, Ugarte. La voz de la cortinilla es de Leslie Sling, Cosbert Duker y el diseño deportada del equipo de diseño de grupo radio centro. También gracias a la Alianza con artículo 19, oficina para México y Centroamérica. Se invitamos a conocer su proyecto Archivos de la Represión, un aservo digital de 310.000 documentos oficiales, producidos por distintas agencias gubernamentales entre 1950 y 1980, y donado por la comisión de la verdad del estado de Guerrero. Conóselo en archivos de la represión.org. Este sitio web es una contribución a nuestro derecho a la verdad y a la memoria. Gracias por escuchar. [Música] Ella se quedaron. Memoria sinéditas de la guerra sucia.
Podcast Summary
Key Points:
El testimonio de Rosalba Ramos Cabaña narra la violencia y el terror vividos durante la "guerra sucia" en Guerrero, México, en las décadas de 1960 y 197
El ejército mexicano ocupó su comunidad, San Juan de las Flores, durante tres años, con más militares que civiles, imponiendo retenes, racionamiento y control estricto.
Rosalba sufrió un aborto tras ser golpeada por un militar con una trompeta, y vivió con miedo constante, hostigamiento y violencia sexual.
Su madre buscó durante 37 años a su esposo y cuatro hijos desaparecidos forzadamente, sin éxito.
La comunidad fue sometida a hambre, destrucción de bienes y prohibiciones culturales, como el uso del rebozo.
Rosalba se unió a un colectivo de familiares de desaparecidos y desplazados, narrando su testimonio por primera vez 50 años después.
Summary:
El podcast "Ella se quedaron" recupera las voces de mujeres que vivieron la "guerra sucia" en Guerrero, México, un periodo de violencia estatal contra disidencias políticas y población civil entre los años 60 y 70. En el primer episodio, Rosalba Ramos Cabaña, de 74 años, relata su experiencia en San Juan de las Flores, una comunidad asediada por el ejército durante tres años. Los militares impusieron un control total: retenes, racionamiento de alimentos y vigilancia constante.
Rosalba, entonces embarazada, fue golpeada con una trompeta por un soldado, lo que provocó que abortara a su hijo. Vivió con miedo perpetuo, hostigamiento y violencia sexual, y tuvo que esconder comida en su ropa para alimentar a sus hijos. Su madre, María Inés Cabaña, buscó durante 37 años a su esposo y cuatro hijos, desaparecidos forzadamente, hasta su muerte en 2012.
La comunidad fue sometida a hambre extrema, destrucción de documentos y prohibiciones culturales, como el uso del rebozo. Rosalba finalmente se unió al colectivo "Esposas y hijos de desaparecidos y desplazados de la guerra sucia" y, por primera vez, narra su testimonio, revelando cómo el daño a las mujeres fue parte de la estrategia contrainsurgente. El podcast busca visibilizar estas historias silenciadas durante casi cinco décadas.
FAQs
Fue un periodo entre los años 60 y 70 donde el Estado mexicano usó estrategias militares para combatir guerrillas y disidencias, con violaciones a derechos humanos como torturas y desapariciones.
Las mujeres sufrieron acoso, hostigamiento, tortura sexual y servidumbre doméstica por parte de los soldados, además de quedarse solas y enfrentar el hambre y el miedo.
Rosalba vivió con miedo constante, fue vigilada por soldados, perdió a su bebé por aborto tras un golpe, y tuvo que esconder comida en su pecho para alimentar a sus hijos.
Su padre y cuatro hermanos fueron llevados por militares en 1971, y nunca regresaron. Su madre los buscó durante 37 años hasta su muerte.
Pasaron hambre, comían tortillas tiesas, vendían productos de plátano, y tenían que pedir pases para salir a comprar, siempre acompañadas de soldados.
Los militares prohibieron usar rebozo, pues lo asociaban con oraciones para proteger a Lucio Cabañas, lo que llevó a la pérdida de esta costumbre.
Chat with AI
Loading...
Pro features
Go deeper with this episode
Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.