El enojo, una emoción básica y natural, tiene una función protectora clave: defendernos de situaciones de agresión o peligro. En lugar de tratarlo como negativo o enfermo, es esencial reconocerlo y no reprimirlo, ya que su supresión provoca acumulaciones que pueden manifestarse como irritabilidad, agresividad o relaciones tóxicas. Cuando el enojo es ignorado o desviado, se convierte en una energía acumulada que busca salidas destructivas, como el sarcasmo, la indiferencia o la culpa hacia otros. Este proceso es especialmente común en personas que creen que no deben enojarse, lo que lleva a patrones repetitivos de daño emocional. El enojo adulto, acorde a la situación, tiene como función poner límites y resolver conflictos, mientras que el enojo infantil o masivo está vinculado a experiencias pasadas, como la falta de cuidado o el abandono en la infancia. La clave no está en suprimir el enojo, sino en aceptarlo conscientemente, respirar en él, reconocerlo como un guardián interno y descubrir las necesidades emocionales que subyacen, como tristeza, vulnerabilidad o necesidad de protección. Al hacerlo, se transforma en una herramienta saludable, capaz de mantenernos seguros y en conexión con nuestros valores.
En este segundo capítulo vamos a hablar de una emoción que tiene muy mala prensa
y es el enojo. El enojo es una emoción de las llamadas principales o primarias o básicas
y como toda emoción básica tiene una función. La función del enojo es defendernos de
la agresión. Recordemos que las emociones básicas son 5, el enojo el miedo, la tristeza,
el amor y la leería y están en cada uno de nosotros para algo. Es decir que nos sirven
para algo. En el enojo la función es defendernos del peligro o poner límites a aquella persona
que quiere atravesar un límite que yo no quiero que atraviesse. El enojo es una emoción que
surge inteligentemente para protegernos de una amenaza tanto real como imaginaria. Quiero
poner límites es nuestra parte interna que está lista para decir que no y tiene la voluntad
de defender nuestros valores. Como vemos hasta ahora el enojo no debería
porque es un problema. El problema en realidad es nuestra reacción hacia nuestro enojo. Cuando
reprimimos o rechazamos el poder que tiene nuestro enojo, cuando lo empujamos hacia dentro,
nos negamos a sentirlo o incluso lo reconocemos pero lo escondemos para ser buenos, no?
Entre comillas para complacer a los demás, para impresionar o proteger a otros y ahí donde
negamos ese enojo es donde empiezan a aparecer los problemas. Y esto es así porque el enojo
no se va porque no lo reconozcamos sino que empieza a encontrar nuevas maneras más creativas
de moverse. No es que desaparece. En las disciplinas actuales, todo esto es muy new age,
que por ahí nos dicen que extingamos nuestro enojo o lo catalogan como una emoción negativa
o enferma o esto de lo no espiritual. Esta idea de es bueno toda aquella persona que
no se inoja o que siempre tiene una sonrisa y esto es la verdad es que puede transformarse
en una enseñanza bastante peligrosa. Cuando tratamos de suprimir nuestro enojo, de sonreír
esto de ser felices todo el día o al menos demostrarlo para la fuera y enterramos en nuestro
cuerpo y en el inconsciente el enojo que sentimos. Este empieza a suporar desde ahí y
es ahí donde empieza a hacer extragos. Entonces parece ser que no tenemos más enojo y esto
es real, ya no tenemos enojo. Ahora es el enojo el que nos tiene a nosotros. Podemos volvarnos
personas súper irritables porque el enojo habita nuestros huesos ¿no? Es como que nos identificamos
con él. Cuando una persona vive constantemente enojada, es porque no puede enojarse con quien
realmente debe o debió en un pasado enojarse. Y nos encontramos por ende explotando
ocasionalmente con una idea casi incontrolable porque es energía necesita moverse, necesita
tener alguna salida. El enojo es una parte salvaje nuestra que nos piden ser reconocida. Todo
el tiempo. Ahora es entendible que no queremos ser gobernados por nuestro enojo. No queremos
que el enojo able por nosotros o que ponga palabras de nuestra boca de las que después
nos vamos a repentir o controla nuestro cuerpo, nuestro comportamiento. Queremos ser
capazes de usarlo conscientemente como una herramienta en el momento necesario y apropiado.
Es decir, está bien sentir que uno quiera que el enojo lo consuma. Si no, tener una
relación sana con nuestro más potente protector interno. Y acá vamos a hacer una diferencia
con la relación. No tenemos que confundir emociones displacenteras con negativas. A las
funciones displacenteras muchas veces se las catálogas de negativas, porque no nos
gusta sentirlas, ¿no? O a las placenteras solemos catalogarlas de positivas, porque
nos gusta sentirlas. Incluso casi andamos por la vida buscando sentir estas emociones
mal llamadas positivas y evitando sentir las mal llamadas negativas. Cuando en realidad
las emociones displacenteras que recordemos suelen miedo, el enojo y la tristeza pueden
ser muy muy positivas si se trata de defendernos, por ejemplo, o de temerle aquello que nos
pueda ser daño. Y una emoción llamada positiva, el amor, por ejemplo, en su fase más dependiente
o más infantil, más primitivo, puede ser en realidad súper disfuncional para una persona.
Entonces tenemos que entender que no hay emociones positivas y negativas, hay que tener cuidado
de llamarlas así y hablar más bien emociones funcionales o disfuncionales. ¿Por qué?
¿Por qué? Además, a lo que es negativo, tendemos a querer bloquearlo. Y cuando intentamos
bloquearlo o anularlo, nos pasa que nos vemos frente a una tarea que es imposible, porque
una emoción no puede ser anulada, se siente, no sucede. Y cuando empiezo a negarla,
es ahí mismo que pierdo la capacidad que esta función me da. Entonces, si yo anulo en el
enojo, anulo también el límite que iba a ponerle a otra persona, que termina abusando
probablemente de ese límite, pisándolo y llegando un lugar al que yo no quería que llegue.
Es decir que el enojo estaba puesto ahí para poner este límite, que como yo bloqueo
ese enojo, no puedo permitirle que me proteja como es la función del enojo, no? Me pierdo
de esa función. Cuando el enojo no es respetado o no es escuchado, se acumula como cualquier
otra emoción. Y entonces se vuelve como un líquido, que se acumula, acumula, acumula
y algún día revalsa. Generalmente las personas que tienen como creencias de base que no deben
expresar ese enojo, que no se tienen que enojar o que esto de enojarse está mal, terminan
en algún momento siendo superagrecivas, expresando toda esa suma de enojo, que no se expresó
antes. Y quizás si acumulamos tanto enojo, terminemos volviendo enozo, convirtiéndonos
en agresivos pasivos, acumulando recentimiento y hostilidad hacia los demás o hacia el mundo,
hacia los vecinos, a los políticos, las políticas a nuestra familia, a compañeros y compañeras
de trabajo. Es decir que el enojo encuentra manera
sin conducientes de expresar o desviar ese enojo, mintiendo, culpando, con siendo sarcásticos
a través de quejas o simplemente siendo indiferentes con los demás. Es decir, que son
todas maneras de evitarnos a nosotros mismos, de evitar a nuestro enojo. Adentro aún estamos
muy enojados, aún sí pensamos que somos sub, que estamos más allá del enojo, esta
idea de espiritualidad en la que uno siempre está feliz, ¿no? Cuando en realidad hay un enojo
y está siendo desviado hacia otros lados. Vamos a hablar ahora de las causas o de las
posibles causas del enojo. Muchas veces los enojos que experimentamos tienen su origen
en nuestra familia, en nuestra familia de origen, margada, cadundarse. Y tenemos que estar
muy atentos a ver si estoy cargando con enojos ajenos y lo reproduzco ahora en situaciones
actuales de mi vida. Cuando yo estoy exigiendo algo a la otra persona de manera infantil,
probablemente esta exigencia tenga más que ver conmigo que con la otra persona. Veamos
un ejemplo. Si yo tengo una pareja que me estafa, me engaña, probablemente menos, ¿no?
Y ese enojo está bien puesto ahí porque fie engaña a las fiestas fadas. Ahora, si yo
me enojo de manera crónica con mi pareja y a la vez que estoy manejada me sigo quedando
con esa pareja y este enojo no me hace resolver la situación de la estafa o del engaño,
sino que empiezo a odiar a mi pareja por ejemplo, ¿no? Y a reprocharle esta
este engaño que hizo por años y años y años y años, pero me ha sido quedando, muy
enojada y ya odiando mi parejo.
Y si evidente en este ejemplo que lo que se está jugando es otra cosa, es otro tipo
de enojo y es un enojo más infantil, diríamos, y que probablemente tiene el que ver con
mi propia historia, porque tendemos a exigirle a las demás personas, todo aquello que quizás
no tuvimos antes.
Porque si yo no lo tuve antes, me voy a enojar igual frente al estafa, ¿no?
Porque eso, por supuesto, me va entre este ser, ahora mi enojo lo que va a ser mi enojo
adulto, va a poner un límite y va a perdonar o a terminar con la relación de una persona
que me está falla y que no puedo perdonar, pero el permanecer enojado o el enojar
me di más, siempre tiene que ver con otra cosa, y acá vamos a resaltar algo.
Todo enojo, esto vamos a ponerlo bien en más sóculas, ¿no?
Todo enojo que no tiende a resolver una situación en la que la otra persona está transgrediendo
límite, es un enojo que no tiene que ver con esa situación que vivo hoy, es decir,
si mi pareja me engaña, la función de mi enojo verdadero tiene que estar al servicio
de resolver ese engaño que mi pareja me hizo.
Ahora, si yo siento ganas o quiero asesinar a mi pareja, esta cantidad de enojo de más
este cuanto un de más de enojo, ya no tiene que ver con esa relación.
Seguramente tendrá que ver con otras personas o con otras situaciones previas, y otra
cosa que sucede es que cuando quiero vingarme del otro termino paradójicamente en contacto
con ese otro, sosteniendo la relación que tanto daño me hace, y esto de seguir sosteniendo
una relación que tanto daño me hace, ya no tiene que ver con el enojo maduro, no porque
el enojo maduro tendería a poner ese límite y a cortar con todo esto que me hace tan
mal.
Es decir, si no puedo terminar el vínculo con esta pareja y de mi engaño que me estafa, es
porque en realidad no estoy poniendo a mi enojo en su verdadero lugar, y hasta quizás
termino con esa pareja que me estafa, pero sí buscando, otra más y otra más, y otra
más que me engaño, y entonces repetiré ese patrón de engaños eternamente, porque
en realidad la persona que me esta fue o que me engaño no es con quien estoy enojado
en ese momento, sino que esa sensación de engaño es el reflejo de mi sensación de
estafa o de ser engañada con otra persona, y tengo que saber a dónde en realidad yo
me sentí engañada para poder ubicarlo y dejar de repetir, tengo que encontrar cuál
es la verdadera escena en la que efectivamente si fue víctima esta fada de otra persona,
hasta que no logremos encontrar la escena y la relación en la que sí efectivamente fuimos
víctimas, en la que sí fuimos maltratadas o en la que sí deberíamos habernos enojado,
seguiremos encontrando y repitiendo patrón es decir, seguiremos encontrando personas que traigan
y enojo, porque vamos a seguir necesitando un otro que me recuerde que estoy enojado,
es decir, que hasta que no pueda contactar con ese enojo y darle la entidad que eso tiene
o tuvo en mi vida vamos a seguir repitiendo estos patrones, solemos pedirle a las demás
personas aquellos que no recibimos de nuestras figuras de apego primarias, padres,
madres, cuidadores, ¿no? esto de esa persona no me mira o me miente o no se ocupa tanto
de mí, no se da cuenta que esto me molesta o me rechaza o no me da cariño, todas estas
sensaciones generalmente tienen que ver con un pedido un consciente hacia esos primeros
cuidadores, así es esas primeras figuras de amor, vamos a diferenciar los dos tipos
de enojo, tenemos por un lado el enojo adulto y por otro el enojo masivo fantil, vamos a ver
un poco las diferencias, el enojo adulto es un enojo que es acorde a la situación, es
un enojo maduro y tiene la función de terminar con aquella maldad que la otra persona me
hizo, no tiene la función de agredir a la otra persona, en tanto yo siento la necesidad
de agredir a ese otro, de odiarlo y ese enojo es de otro orden, es de antes, probablemente
de mi infancia, si yo insisto en querer agredir a esa persona, vamos a ver que tiene que
ver con una situación en donde yo efectivamente me sentí víctima, y generalmente esto tiene
que ver con escenas infantiles, el enojo adulto no es agresivo, es ordenado, tiende a resolver
la situación, no a querer ganarle al otro, si no a resolver algo, es acorde a la situación
en tiempo intensidad y duración, por ejemplo si hay una persona que quiere colarse en
una fila en la que yo estoy, yo me enojo y le digo, disculpame este era mi lugar, estaba
yo, déjame pasar, ahora si yo quiero matar esa persona, le quiero pegar, surge de mi
una iren controlable, todo ese cuantum de más, toda esa cantidad de enojo de más, no corresponde
a esa situación, tiene que ver otra vez con otra cosa, y en relación al tiempo, si la persona
por ejemplo seguimos con este ejemplo, quiere colarse, yo me voy a enojar en ese momento,
y una vez que lo resuelva y que le diga a la persona que estaba yo y que era mi lugar,
luego se me va a pasar, ahora si yo sigo dentro de tres meses, recordando esa situación
y me enoja, otra vez hay algo que no es acorde al tiempo de la situación, porque ya
pasó hace tres meses, y por lo tanto si lo sigo recordando, es por un enojo de otro
orden, ahora y para ir cerrando, vamos a hablar un poco de que posibilidad estenemos frente
al enojo, para intentar buscar una espacio saludable y sano, en el medio de la opción
de enmudecer al enojo, y no decir nada, o de actuarlo atacando a otros, no, hay un espacio
en el medio de estas dos posibilidades, que es más equitibrado, y tiene que ver, consentir
el enojo en el cuerpo, ¿qué vamos a hacer cuando aparezca el enojo? Vamos a dirigirnos
a las sensaciones bien crudas del momento, en el que aparece estas sensaciones intensas,
agitadas, que hacen como coquillas como si subiera un fuego por el cuerpo, ¿no? cuando
nos enojamos, vamos a respirar a través de ellas, las vamos a atraer a la conciencia,
vamos a hacer presentes, y dejar que se muevan en nosotros, vamos a observar como nuestro
cuerpo hace esa desfervesencia, ¿no? Es que caos, como si se tratara de una película,
y desde un lugar de presencia, vamos a poder ser realmente quienes manejemos ese enojo,
en vez de proyectarlo en todo y en todos, en vez de culpar, en vez de atacar a las demás
personas, vamos a poder decir, sí, estoy inojado, estoy inojada, y honrar ese sentimiento
que se mueve adentro de nosotros, perlo como algo natural, como algo sano, y ahí
debajo del enojo, cuando le permitamos ser sentido, vamos a encontrar algo de nuestra
propia historia, ¿no? alguna tristeza, alguna desilusión, alguna incertidumbre, alguna
ternura, que tiene ganas de ser evista, de ser agrazada, de ser bienvenida, y vamos a dar
nos cuenta que el enojo era una protección, no es un error, era una protección, para
poder empezar a agradecerles por servirnos para este propósito, por tratar de mantener
salvo y ser nuestro guardiano y por tratar de ayudarnos a poner el límite que
necesitamos poner. Así que ya sabes, la próxima vez que surja en voz el enojo
porque lo vas a sentir, vas a intentar hacer este ejercicio que te voy a decir a
continuación. Frenalo que sea que estés haciendo, desacelerá un poco, conectate con
tu cuerpo, sentilo. Reconocí que estás enojado, que estás enojado. Sentí ese calor
al introducio, esa energía del caos, como un remolino, como ese fuego, respiran
nuevamente, tiene una actitud furiosa por este fuego interno. Preuntate, está bien
compuesto ese enojo ahí. Está este enojo poniendo algún límite que no
quiero que lo tropase, me está protegiendo de algo y por debajo de ese enojo y
después de hacer de estas preguntas probablemente descubra salvo. Tristeza por
algo de tu historia o alguna linda vulnerabilidad o sencillamente el poder
autoprotector de tu enojo que te está cuidando y está poniendo ese límite.
Espero te haya sido de utilidad para que la próxima vez que surja el enojo en voz
puedas sentirlo y aceptarlo, como este guardián interno que en realidad nuestro enojo es.
Les dejo un saludo hasta el próximo capítulo.
Podcast Summary
Key Points:
El enojo es una emoción básica que sirve para protegernos de la agresión o de situaciones que ponen en peligro nuestros valores.
Negar o reprimir el enojo no lo elimina, sino que lo acumula y lo desvía, generando comportamientos agresivos, pasivos o destructivos en el futuro.
Es fundamental distinguir entre enojo funcional (que establece límites) y enojo disfuncional (relacionado con experiencias pasadas y que busca vengarse o repetir patrones).
Summary:
El enojo, una emoción básica y natural, tiene una función protectora clave: defendernos de situaciones de agresión o peligro. En lugar de tratarlo como negativo o enfermo, es esencial reconocerlo y no reprimirlo, ya que su supresión provoca acumulaciones que pueden manifestarse como irritabilidad, agresividad o relaciones tóxicas. Cuando el enojo es ignorado o desviado, se convierte en una energía acumulada que busca salidas destructivas, como el sarcasmo, la indiferencia o la culpa hacia otros.
Este proceso es especialmente común en personas que creen que no deben enojarse, lo que lleva a patrones repetitivos de daño emocional. El enojo adulto, acorde a la situación, tiene como función poner límites y resolver conflictos, mientras que el enojo infantil o masivo está vinculado a experiencias pasadas, como la falta de cuidado o el abandono en la infancia. La clave no está en suprimir el enojo, sino en aceptarlo conscientemente, respirar en él, reconocerlo como un guardián interno y descubrir las necesidades emocionales que subyacen, como tristeza, vulnerabilidad o necesidad de protección.
Al hacerlo, se transforma en una herramienta saludable, capaz de mantenernos seguros y en conexión con nuestros valores.
FAQs
El enojo tiene como función protegernos de la agresión o amenazas, poniendo límites a quienes intentan cruzar fronteras que no queremos que se violen.
Cuando lo reprimimos o lo escondemos, el enojo no desaparece, sino que se acumula y puede manifestarse de forma agresiva o destructiva en el cuerpo o en las relaciones.
No, el enojo no es negativo; es una emoción funcional que protege nuestros valores y límites, y debe ser reconocido, no suprimido.
Al negarlo, perdemos su función protectora, lo que puede llevar a que otras personas abusen de los límites que deberían estar protegidos.
El enojo adulto es maduro y busca resolver una situación de agresión, mientras que el enojo infantil está ligado a experiencias pasadas y busca venganza o reconocimiento.
Porque el enojo que no se resuelve en el momento adecuado se acumula y se proyecta en nuevas relaciones, buscando siempre a alguien que recuerde la ofensa original.
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