[Música] Pienza un momento en la última vez que viste un señal de stop. No te emocionaste. No te quedaste delante de ella con la mano del pecho pensando en tu infancia en los veranos previdos, en aquella persona, a la que no supiste que era mejor, una inevitable fragilidad de todo lo que existe. No hiciste eso. Viste la señal, la entendiste y frenaste. Y con suerte no atropellaste a nadie, que siempre es una forma bastante sensata de empezar el día. [Música] Nos tenemos sistema visual, acceso sin descanso. Pero, recibe luz, extrae los bordes, reconoce las formas de tecta movimientos, calcula distancias, y decir es, si es lo que se acerca es un coche, una sombra, un perro con demasiado autostima, o repartidor que ha concluido que las normas de tráfico son una sugerencia burguesa. Y seguimos andando. [Música] Pero, si entras en un museo, algo cambia. Te quedas delante de un cuadro sin saber muy bien por qué, puede ser un rostro de rembra, una mancha de rotco, un cuerpo imposible de ego sin, o una escultura griega sin brazos. Quizás sea una habitación pintada por Bangot, o uno de esos cuadros abstractos, ante los cuales siempre aparece alguien diciendo, "esto lo hace mis obrino", que quizás sí, pero tu sobrino, con todos mis respetos hacia tu sobrino, no siempre sabe dónde poner la mancha. [Música] Y aquí empieza el misterio, porque un puñado de pigmentos sobre una tela, consigue detenerte. Porque una piedra tallada produce terrenura, porque una melodía abre una puerta que creía mostrada. Porque algo que no sirve para comer, ni para escapar de un depredador, ni para pagarle y poté que no resulta tan necesario. Semos sinceros, desde el punto de vista evolutivo, el arte es una rareza. En la prehistoria no había museos, ni odogías, ni señores con gafas de pastras explicando la relación entre el vacío y la posmodernidad, mientras que tú solamente estás intentando encontrar la cafetería. Nuestro cerebro visual no nació para quedarse callado ante un lienzo. Nació para sobrevivir, para distinguir una fruta madura entre las hojas, o para reconocer una cara amiga. O para ver una serpiente donde sólo había una rama, porque más vale pegar un saldo ridículo que morir con la conclusión estadísticamente elegante, y ese mismo cerebro que aprendió de detectar peligros en la maleza, hoy se emocionante una línea negra sobre un fondo blanco. Poder llamar la cultura, sensibilidad o educación estética, hoy vamos a jugar con la idea. Quizá el arte, sea en cierto modo, un "jakeo del cerebro". Bienvenidos a la teoría de la mente. Bienvenido a la teoría de la mente. Si sufre ansiedad o depresión, este es tu espacio. Llevamos más de 25 años ayudando a las personas a entender y superar sus problemas de ansiedad. Somos uno de las clínicas mejor valoradas si queremos acompañarte en tu proceso. Podes llamarnos al 9-1-1-1-9-8-1-5-7-0 escribirnos a
[email protected] Y si quieres empezar hoy mismo, entra en nuestra comunidad especializada gratuita. El mapa de ansiedad, un lugar para entenderte mejor y para saber mejor lo que te ocurre. Como te ocurre y qué pasos puedes dar. Si te suscribes hoy, tendrás acceso a material y podrás contactar con casos y historias parecidas a la tuya. Más información en las notas del programa. Pues uno de los científicos que más se ha atrevido a meterse en ese jardín es "me querido". "Vila, ya no rama chandran". Que es un norio científico de esos que parecen disfrutar colocando preguntas en cómoda de la mesa. "Rama chandran" se preguntó si existía en ciertas leyes de la experiencia. Es decir, más allá de la cultura, de la biografía, del Augusto personal, de que tu cuñado, del entusiasme, el hiperrealismo y que a ti te dó una pereza considerable, hay algo en nuestro sistema nervioso que responda con especial intensidad a determinados patrones. La pregunta tiene su peligro, porque a la arde leyes universales de la belleza se entraron un campo de minas. ¿Quién decide que es bello? El museo, en la cademia, el mercado, el algoritmo, el señor que vende cuadros de barcos en el mercadillo, nuestra madre, que sigue conservando en el salón una figurita que debería haber sido juzgado allá en la olla, la belleza parece profundamente subjetiva. Y a la vez, hay formas, contrastes, ritmos y metrías y exageraciones que capturan nuestra atención con una eficacia sospechosa. ¿Vereis? Este es la hipótesis de la que vamos a trabajar hoy. Lo que vamos a ver hoy es que el arte no solo nos gusta. Para Ramachandran, el arte además nos atrapa. Cosan nada menor, porque la atención es una de las moneras más caras de nuestra vida mental, donde pones la atención, pones tu mundo chico. Lo demás existe, pero queda fuera de la escena. Por eso, alguien entra en una sala en el prado, y se queda clavado frente a las meninas, mientras otro pasa por delante, como quien cruza la selección de congelados del supermercado. He visto y. conozco a personas que es. bueno, que han trabajado como vigilan desde el museo del prado, y. y me ha comovido bastante cuando me dicen que hay personas que vienen de un lugar del mundo extremadamente remoto, que han recorrido 10.000, 12.000 kilómetros o más, y de pronto se quedan en una de las salas, porque había un cuadro que tenían que ver, se quedan llorando congelados, y ahí están. Al mejor no han hecho el viaje solamente para eso, pero quién sabe, ¿no? No todos miramos igual, pero todos somos mirados por lo que miramos. Ramachandra hablaba entre otras cosas del efecto de desplazamiento máximo. El llamado "Pick-Ship" Dicho a lo bruto, a veces, nuestro sistema o nuestro cerebro responde más a una exageración de la realidad, que a la realidad, misma. A mí, a mí también me gustaría ser poeta. No, es más original seguir siendo carcero. Así por menos caminas mucho y no engordas. Nosotros los poetas somos todos subesos. Sí, pero. con la poesía, podría enamorar a las mujeres. Como. como se hace una poeta. Intenta caminar lentamente por la orilla hasta la mailla. Mirando a todo alrededor. Y se me ocurrirán las metaforas. Seguramente. Veras por eso, punty una caricatura. Una caricatura no estaba copiéndome a cara. La adrección a un poco para el día de la verdad agarró un anarillo, un abarillo, un afrente, y la se empuja más allá de lo razonable y para Doja Curiosa. Cuanto menos realista parece, más reconocible se vuelve. Quizás muchas obras no pretendan reproducir el mundo tal como es sino intensificar aquello que nuestro cerebro ya andaba buscando. Un toro de picaso no es un toro anatómicamente correcto. Es verdad que él hizo miles de millones de caballos perfectos antes de construir sus caballos. Pero es un toro, es la fuerza, es la amenaza, es un músculo reducido asigno. Es el animal después de pasar por el filtro de un cerebro que ha decidido quitar todo lo que sobra hasta dejarlo imprescindible. Y de ahí sale una primera enseñanza psicológica que no vemos la realidad, vemos una versión útil de la realidad. Nosotros cerebro nos una cámara de vídeos se parece más un montador comprisa, recorte, interpreta, compleja, exagera. Al final tiene que ordenar y de vez en cuando se inventa cosas con una seguridad que ya quisieramos hacer para la declaración de la renta esto no pasa solamente con el arote pasa con toda nuestra vida emocional. Una mirada seria de alguien poto convertirse en un rechazo y un silencio en un abandono. El cerebro toma un dato y construye una historia. A veces esa historia es útil y a veces no se enciera. La ansiedad, por cierto, también es una artista de la vida.
de la exageración, no te pinta lo probable, pinta lo posible en tamaño mural. Coge una molestia en el pecho y lo convertirte en una tragedia griega. Te coge un mensaje sin contestar y lo convierte en un juicio final afectivo. Coge una reunión de trabajo y coloca en la puerta a todos los fantasmas de la infancia con una carpeta y un powerpoint. El arte exagera para conmovernos, la ansida exagera para protegernos y esa diferencia es muy interesante porque el problema no es que el cerebro exagere, el problema es no saber cuando es haciendo arte y cuando está haciendo un terrorismo doméstico con nuestros pensamientos. Otra de las ideas de Ramachandran, Pereís tiene que ver con el agrupamiento y es que nuestro cerebro disfruta encontrando patrones. Lo gusta unir puntos, lo gusta descubrir que aquello que percibe caóticos con de una forma. Por eso miramos las nubes y vemos animales, por eso vemos caras en los enchufes, por eso luego tele. Yo creo que a veces sigo observando porque nos da esa sensación de poder unir puntos. Por eso alguien mira en la tostada quemada y afirme que ahí está Jesucristo Ancuno, diría que Jesucristo habría elegido un soporte menos integral. La mente humana ocía el desor de empuro. Necesito organizar y irar sentido. Y de nuevo lo de siempre, que esta capacidad nos ha salvado la vida, porque detectar patrones nos permitió anticipar estaciones, rastrear animales, reconocer huella o distinguir aliados de enemigos. El inconveniente es que el mismo sistema que nos mantuvo vivos también encuentra patrones donde solamente hay ruido, con lo cual sin querer hemos entrado en la consulta. Porque muchas veces la persona que tiene ansiedad no solamente sufre por lo que ocurre, sino por la organización que su mente ha montado alrededor de lo que ocurre. Cada vez que noto esto pasa aquello. Cada vez que alguien tarde en responderme significa esto. Cada vez que me equivoco confirmo que no valgo. Cada vez que estoy tranquilo, algo malo viene después. El cerebro une punto espernos siempre dibuja con estelaciones, a veces dibuja carceles. Así que una parte de la terapia consiste en aprender a mirar de otra manera, en preguntarnos, esto que estoy viendo está realmente ahí o lo estoy completando yo. Percibo una amenaza o interpreto una sombra. Hoy antoons a señal de estopo ante un rotco emocional de mi sistema nervioso, que al final no sabe dónde colocarlo. No es casualidad que usemos tantas metáforas visuales para hablar de comprender. Ya lo veo, me cambió la mirada, está al final ciego, pero por fin lo vi claro, y entonces lo miré con otros ojos. Es que entender tiene mucho de reorganización perceptiva, de pronto lo que estaba disperso en caja. La experiencia no desaparece, pero cambia de significado. Y cuando cambia el significado, cambia el cuerpo. Tu cuerpo. Porque el cuerpo no responde a los hechos, responde a lo que los hechos significan. Esto lo sabemos bien. Una puerta cerrada no significa nada, salvo que detrás esté el médico que va a dar un diagnóstico, entonces esa puerta… esa puerta es diferente. La llamada "medianoche" no significa nada, salvo que tu padre esté enfermo. Entonces el sonido del teléfono hace cambiar la temperatura. Una silla evacía no significa nada. Salvo que sea la silla de quien ya no está. Entonces esa silla puede ocupar todo una habitación. La percepción nunca es solo percepción, siempre una biografía dentro. A simple vista, un traje se compone de dos partes, una chaqueta y unos pantalones. Pero esas dos partes aparentemente uniformes están compuestas a su vez por cuatro tejidos diferentes. Algodón, ceda, angora y lana. Si esos cuatro tejidos se cortan en 38 piezas distintas. El proceso de medir, dar forma y unir esas piezas, requiere nada menos que de 228 pasos. El primer paso es medir. Pero medir no significa coger el metro y apuntar tantos centímetros aquí, tantos centímetros allá. No se puede hacer algo bien, hasta que entiendes para quien lo haces. Por eso el arte no remueve tanto. No mira solamente a los dos ojos, sino que también mira nuestra memoria. Una canción que para otros es una sucesión de acordes, para ti puede ser tu casa. Una calle, un verano, una ruptura, un coche viejo, una noche en la que no sabías si estabas empezando a vivir o terminando de perder algo. Vayamos con cuidado, porque una cosa es que la neurociencia ilumina algunos mecanismos de la experiencia estética y otra cosa, muy distintas creer que un cuadro es solo una activación neuronal con marco dorado. Sería como decir que el amor es dopamina, osito cina y apego, y sí, y también no. La muerte tiene química, y también tiene la taza de alguien que dejó en la cocina la manera de pronunciar tu nombre. Tenía un modo compartido, los enfados absurdos, la risa mitad de un supermercado, y esa extraña decisión de seguir eligiendo a alguien, incluso después de haber visto como ordenan la babajillas. Que eso sí que es amor maduro. Con el arte pasa igual, hay un cerebro, circuito, recompensa, atención, memoria y hay historias. La mina y cultura, y perdida, y deseo, símbolos clases social. Hay belleza aprendida, hay belleza inesperada, hay belleza que nos incomoda, y belleza que no entendemos hasta años después, como las lentejas que no te gustaban de pequeño, pero mira ahora. La neurostética no mata al misterio, solo enciendo una la interna en una parte de la cueva, y la cueva sigue siendo enorme. Cuando tienes ansiedad, una de las sensaciones más duras es pensar. Esto solo me pasa a mí. Pero no toda la ansiedad funciona igual. Hay personas atrapadas en el pánico, otras en la preocupación, otras en la habitación, en la salud, en la duda o en el agotamiento. Por eso hemos creado el mapa de la ansiedad, una comunidad en escúl, donde podrás entender mejor tu biótico. Encontrar casos parecidos al tuyo, acceder a cursos organizados y avanzar poco a poco con más orientación. Tienes el enlace en la descripción. La otra idea maravillosa en todo este que el arte puede hacer visible es lo invisible. Una pintura no solamente representa una cara, puede representar una emoción, un poema no solamente dice palabras sino que puede ordenar una herida. Una peli, no solamente te cuento una historia, puede prestarnos imágenes para entender algo, que se nos está pasando y podemos entenderle sin ese lenguaje. Además, nos cambia la vida. Y esto pesa mucho en las alumnas, porque buena parte del sufrimiento psicológico no llega, en forma de una frase claramente entran la cosol de edición de buena estadre, es una herida de apego activada por una experiencia temprana de inconsistencia efectiva y cierta tendencia a la hipermentalización. La sesión sería más rápida, aunque bastante menos humana. La mayoría llegamos con cosas, no sé, más torpes, pero también más verdaderas. No sé qué me pasa, no puedo más, me cuesta respirar. Me da miedo estar bien, no consigo disfrutar, es como si tuviese una piedra en el pecho, es como si todo el mundo supiera vivir menos yo, es como si me estuviese mirando desde fuera. Cuando la mente no encuentra conceptos fábricas metáforas. Y la metáfora no es un adorno, es una herramienta clírica. Nos permite tocar algo que todavía no puede decirse de frente. Nos acerca a lo que dueles sin observarlos o sin más bien obligarnos a mirarlo de golpe. Por eso hay canciones que nos ayudan, no porque resuelvan el problema sino porque alguien ha conseguido colocarlo.
que lo que nosotros llevábamos dentro sin una forma. Nadie escucha privadisjar porque necesita información nueva ya sabemos que todo el mundo sufre, gracias Rem por la actualización estadística. Las escuchamos porque hay una identificación, porque es una forma de sentirnos menos solos. Por cierto, ¿sabéis que esta es la canción estadísticamente con la que mayoran los hombres, por lo menos los hombres de una generación que supongo que los hombres de esas noes generaciones ya no conozcan esa canción. Pero hay días en los que necesitamos que nos lo digan las cosas con una melodía, porque la melodía entra por una puerta que nuestra racionalidad tenía cerrada. El arte no siempre cura, nos acompaña hasta la puerta de lo que necesitamos mirar. Y en una época obsesionada, ahora mismo con la hiper productividad, haces todo el resultado casi revolucionario. Pero, ¿sabéis? Vivimos rodeados de cosas útiles, aplicaciones útiles, hábitos útiles, cursos útiles, algendas útiles, contenido útil, queremos que el descanso sea útil y hasta el ocio que también sea útil y respirar, por Dios, que respirarse útil, que mirar un árbol sea útil, como si el árbol tuviese que injustificar su existencia en un departamento de recursos humanos. Y entonces aparece el arte lo más inútil en el mejor sentido de la palabra. El arte no sirve para nada inmediato y quizá por eso sirve para algo muy profundo. No me recuerda que no todo lo importante tiene que producir un rendimiento y que hay experiencias que no están para optimizarnos, sino para devolvernos cierta humanidad. Una canción no te baja el IRPF, un cuadro no te arregla la lavadora y un poema de borjes no te cambia las ruas del coche y prola y mente borges tampoco habría sabido hacerlo, aunque habría escrito una página magnífica sobre la rueda como la berinto circular del destino. Si es que escribieron los cuentos muy chulos. Pero que tenías que arredircarle su tiempo, pero una canción, un cuadro, un poema, hacen algo que no siempre consiguen una instrucción, modifican nuestra disposición interna, te abren una pregunta o te ensanchan el mundo, mueven un poco lo que estaba congelado y en psicología, pero es importante porque casi nunca cambiamos cuando alguien nos da la respuesta correcta, cambiamos cuando lo miramos con otros ojos cuando cambiamos tu mirada. El paciente no siempre necesita una explicación brillante, a veces necesito una imagen que pueda llevarse puesta. Como la ropa, un mapa, una frase, una cena, una forma de decir esto que me pasa tiene sentido aunque duela. Por algo el arte y la terapia son parientes dejados, algo tiene un en común y es que ambos trabajan con la atención y con el significado. Ambos intentan transformar una experiencia interna en algo que pueda ser observado, sin que el miedo lo destruya de inmediato. El arte coloca fuera, la terapia te ayuda a mirar y en esa distancia pequeña puede aparecer la libertad, porque cuando algo está completamente dentro de nosotros nos posee. Cuando conseguimos ponerlo delante aunque sea con palabras torpes, con una canción o con un dibujo o con una metáfora, ya no somos exactamente lo mismo que eso que sentimos. Y es que entonces sigue este dino miedo, pero no solo eres miedo. Seguimos puente en indotristeza, pero no solo somos tristeza. Nos teniendo una herida, pero podemos empezar a verla como parte de nuestra historia y no como la totalidad de nuestra identidad. Quizá el arte nos comode porque nos permiten hallar una forma segura de estar cerca de lo intenso. Igual que las pelis de terror. Nos acercamos al dolor de una tragedia griga pero desde una butaca. Ahí está medea, pero no somos medea. Miramos la soledad de Hopper sin tener que estar del todo solo. A mi Hopper me gusta mucho, Edor Hopper, pero es verdad. O sea, aquí vean cierce a hacer que muchas veces a esto que llaman ahora a espacios liminales pero mucho más bonito, por supuesto. Escuchamos en la canción triste y la tristeza viene acompañada de ritmo, de estructura, de alguien que encontró la manera de hacerla compartible. El arte, al final, tu arte, nuestro arte, domestica lo insoportable sin volverlo una mentira. Y algo muy parecido intentamos hacer con la vida. No eliminar la angustia, no eliminar la encertidumbre, no eliminar la pérdida, no convertirnos en esas personas sospechos a mente equilibradas, que deseyon a enchía, que hacen yurna alina las 6 de la mañana y que jamás han sentido el impulso de contestar ok de manera pasiva agresiva. Se trata más bien de aprender a colocar lo que sentimos. Es verlo, es darle forma, es no confundir cada sombra con un monstruo y cada monstruo con nuestro destino. Puede que el arte nos guste porque el cerebro adorara resolver en imas, pero nos comúe sospecho, porque la vida también es un delima que nadie nos explicó del todo. Nacemos sin manual, crecemos improvisando, amamos como podemos y nos equivocamos con una seguridad tremenda. Perdemos cosas, nos perdemos a nosotros, y nos buscamos en canciones, en cuadros, en libros, en conversaciones, en personas que tampoco saben muy bien que hacer con lo suyo. Hasta que un artar de cualquiera una imagen nos detiene un color, una frase, una cara pintada hace cuatro siglos, una cor de maravilloso. Y durante unos segundos sentimos que algo encaja, no todo, nunca del todo, pero algo encaja. Quizás, esa sea una de las funciones más hermosas del arte. Recordarnos que nuestra mente no está hecha, sólo para detectar amenazas, pagar faturas y sobrevivir a grupos de WhatsApp, también está hecha para sombrarse. Y el asombró es una forma muy seria de salud mental, porque quien todavía pueda sombrarse no está del todo encerrado en ese mismo. Todavía hay un mundo para sombrarse, todavía hay una fuera. Todavía hay algo que nos llama desde la parez de un museo, desde una página, desde una mancha de pintura, que no parece decir nada y sin embargo nos dejo un poco más callados. Así que hoy Ramachandran ha venido al programa Contarnos, que el arte quizás sea un jakeo del cerebro, que no vemos la realidad, sino una versión interpretada, exagerada y organizada por nuestra mente. Que la ansiedad, también pinta cuadros demasiado convincentes y que aprender a mirar de otro modo, puede ser una forma humilde, pero muy poderosa de empezar a ser un poco más libres. Hasta la siguiente. ¡Oh, I'll turn my chaos into style!