El podcast narra la historia de Patricio Silva, un estudiante de la Universidad Nacional asesinado por la policía durante las protestas del 30 de mayo de 1978 en Bogotá. Su caso, menos recordado que otros crímenes de estado contra estudiantes, es reconstruido por su sobrino Ricker. Patricio, un joven de provincia con ideales, murió por una bala policial mientras presentaba un examen, en medio de disturbios. Su cuerpo fue tomado por estudiantes y llevado a la Universidad Libre, convirtiéndose en un símbolo de protesta. Esto desató un enfrentamiento de más de un día, con la familia atrapada en medio de gases lacrimógenos y negociaciones para recuperar el cadáver. La historia expone no solo la represión sistemática, sino el trauma duradero en una familia común, cuya vida cambió para siempre por un hecho de violencia política que refleja un patrón recurrente en la historia colombiana.
Bienvenidos a un periódico de ayer, un podcast dedicado a explorar el peso de la historia y el pasado en las vidas privadas. Soy Juan Serrano. Colombia tiene un largo registro de asesinatos sus estudiantes. Es una escena que se ha visto cientos de veces en la historia del país. Los estudiantes de algún universo pública convocan una marcha para reclamar un derecho o protestar contra una política del gobierno. En medio de la protesta, los animos se encienden, ayerengas, piedras al aire, provocaciones de los estudiantes y, en respuesta, la policía o algún cuerpo militar del gobierno, decía abrir fuego contra los manifestantes. Alguien cae al piso. El primer caso de un estudiante asesinado por el Estado colombiano, de acuerdo con los registros, es el de Gonzalo Bravo, un estudiante derecho de la Universidad Nacional. La policía que custodia al Palacio Presidencial le disparó la noche el 7 de junio de 1929, cuando este hacia parte una protesta contra el gobierno conservador, demiguelaba diamendes. Su muerte causó repudio en la ciudad y es encadeno en nuevas manifestaciones. Paridos altos funcionarios tuvieron que renunciar por causa de ese hecho, el episodio quedó grabado en la memoria de una generación, justamente para comemorar un nuevo aniversario el asesinato de Gonzalo Bravo, todavía hoy, cada 8 de junio, se celebran Colombia el día del estudiante. Dentro del listado de estudiantes caídos, también hay que mencionar lo que sucedió el 9 de junio de 1954. Ese día, soldados del batallón Colombia que recientemente habían regresado de Corea, decidieron abrir fuego en el centro de Bogotá contra una marcha estudiantil, que justamente protestaba por el asesinato de un estudiante ocurrió el día anterior. 13 estudiantes murieron ese día, ya que llamas Acre sería uno de los episodios más oscuros de la dictadura del general Rojas Pinilla. Tanto el de Gonzalo Bravo, como la matanza del 54, son quizás los casos más celebres de violencia oficial ejercida contra los estudiantes en la historia de Colombia, pero como dije al comienzo, la lista es larga. Hoy en un periódico de ayer reviviremos un caso mucho menos recordado, un caso que si bien ocupó las primeras páginas de los periódicos por un par de días, con el paso de las semanas fue cayendo en el olvido, salvo claro para la familia de la víctima, uno de cuyos miembros lo va a contar la historia. El se llama Ricker Silva, es ingeniero, tiene un podcast llamado Autos y Carreras y a partir de aquí se acercó el relato. En la casa de mi abuela paterna, hay colgada una imagen que de niño siempre me intrigó. Es un retrato tallado en madera, de un hombre joven, unos 18 años, cálculo, mirada serie, algo desperucado. Era un rostro que guardaba cierto parecido con la imagen de Jesús o al menos a mí me lo parecía cuando era niño. Tenía claro que no era ningún familiar que yo conociera, pero no recuerdo haber hecho preguntas al respecto. Años después, mi madre me contó de quien se trataba, yo debía tener 12 años más o menos. Me acuerdo que mi madre arrancó a contarme la historia de cómo ella y mi padre se habían conocido. Uno tengo claro que provoco esa conversación entre los dos y ya no se acuerda de nada. Pues yo no creo que la haya contado con ningún objetivo en especial, simplemente porque esa historia es verdad. En medio de unas protestas en 1978, pero antes de hablar de su muerte y de cómo el junto a mi papa y mi mamá echemos para tras en la historia de mi familia. Por el lado paterno venimos de hipeales narinho, el último pueblo colombiano antes del ecuador. Una familia clase media con siete hijos, siete hijos que se crearon bajo el mismo techo con tres primos, lo que en la practicaros convirtió en una familia de diez hermanos. Cuando les preguntó a ellos cómo eres hogar en hipeales, todos resaltan los hermanamente unidos que eran. Yo soy Mirtha Silva, Ruales, soy la hermana mayor de patrición, Silva Ruales. Mi tía Mirtha recuerda, por ejemplo, que religiosamente desayunaban al Mursar y comían todos en familia. Era un ritual, o sea, no era que cuando quisiera uno pudiera ir a Coméb y cuando quisiera se pudiera parar. También armaban paseos todo el tiempo. En un chobro de modelos 50 se metían los doce y salían para cualquier lado. Los silba al igual que muchas familias en las ciudades y camposas Colombia se reunían en las noches alrededor de un radio a escuchar radio novelas. Este es mi padre, Ray, el mayor de todos. Tenemos un radiasito Philips y Portornus. Tenía uno de nosotros, tenía que pulsar poner el dedo detrás del radio en un circuito para como una especie de antena, no, era una antena, pero era el dedo. Tenemos que estar como que todos muy cerca, porque no permitía subir más el radio porque la energía no daba para eso. Con secuencia de un al paso, comprende, un al paso, por amor, un al paso, por amor. El escarabajo, esa novela, la tenemos grabada todos todos y era una historia en Londres y nosotros nos las sabemos porque nos hizo convivir. Con mi padre se inició la migración de la familia de IPA, El Sabo Botá. Se vino en el año 69 por razones de estudio y tras el fueron llegando sus hermanos, mi abuela y por último mi abuelo. Patricia el tercer hijo llegó en el 75. Se maté con enviología en la Universidad Inca. Todos emestran después, decidió probar suerte en la Universidad Nacional, el quería estudiar medicina. Entonces, el deseado, lo molestábamos pero todos eran muy muchachos a agua, vas a ser el rico de la casa, puede ser, y él no refutaba, diciendo no, yo no quiero ser médico para se tener plata, sino porque hay gente que no puede llegar al médico. Previendo que el puntaje de su exámeno al alcanzaria para entrar a la Medicina en la Universidad Nacional, Patricia se inscribió a Química Farmas Eúdica. El planera en un par de semestres trasferirse de carrera como hacían muchos. Su entrada de la nacional, en el segundo semestre del 77, coincidió con un momento de encendida agitación social en el país. En septiembre de ese año un paro cívico, convocado por las entrares obreras, se convirtió en la prueba más dura que el pueblo le puso al gobierno de López-Mikersen. Bogotá fue escenario de saqueos, pedreas, represión policial, un saldo de 10 muertos de un toque de queda que duró dos días. El periodico el tiempo se refiro al paro como un pequeño 9 de abril. Naturalmente ese ambiente de lucha no pasaba desapercibido para un estudiante de la Universidad Nacional como Patristo. Si bien no hay constancia de que hubiera militado en algún grupo político, está claro, por cosas que dejó escritas en cartas que era un tipo preocupado por la realidad del país y movido por un deseo de cambio. Así no recorda julio su primo que en verdad era un hermano que se creó a su lado. Yo creo que él no militó a ningún partido, si es de la pregunta, pero sí tenía el simpatía por como todos por los procesos políticos que estaba habiendo la Universidad, ¿no? Porque en ese entonces la Universidad se era con la radiografía del país. En mayo del 78, ocho meses después de ese paro histórico, el país vive a una nueva ola de protestas. Las elecciones presidenciales estaban muy cerca y semanas antes hubo paro de transportadores y de trabajadores estatales. También, un alzán las tarifas de buses motivó a los estudiantes a salir a las calles en varias ciudades de Colombia. En los alrededores de la Universidad Nacional hubo disturbios, que más de buses y más de 50 detenidos. Incluso, un estudiante de medicina fue arrastrado en ropa interior durante varias horas por la ciudad universitaria, bajo la creencia de que se trataba de una gente secreta de la fuerza pública. La atención estudia antilera tal que el consejo superior de la Universidad estudiaba la posibilidad de suspender las clases hasta después de elecciones. Ese ambiente enrarecido en la Universidad Nacional iba a ser el preámbulo de un hecho que devastaría mi familia. Las cosas ocurrieron, más o menos así. El martes 30 de mayo es 78. Patricio luego de jugar un rato frisbe con una de sus hermanas se despidió y salió de la casa. Se dia tenía un examen en la Universidad, pero antes de presentarlo iba a ir a un banco pagar la cuota de una lavadora. Y él fue allá, le dio la plata, salió con sus losivos y tres horas más tarde fue el evento. En las 10 de la mañana un grupo de estudiantes había iniciado una nueva ronda de enfrentamientos con la policía por la calle 26. Patricio ajenó a la revuelta del día, llegó a eso de las 12 a presentar el examen en el segundo piso de la edificio de matemáticas. Mientras tanto afuera la universidad continuaba en los disturbios. En medio de la gite, un obstilare de policía sufrió que maduras de hacido en la cara y en el cuello. Un hecho que en parte motivó que a eso de la una, después de llevar tres horas de riña con los estudiantes, la policía militar decidiera entrar al campus de la universidad a dispersar la protesta. El despelote se trasladó de la calle 26 al interior de la ciudad universitaria. Algunos estudiantes lanzaron bombas Molotov contra los agentes que entraron a la universidad, también cerca de edificio de matemáticas, en donde Patricio presentaba su examen, un grupo de estudiantes puso sobre el avión a unas canecas grandes de basura para frenar un furgón de policía. Con la intención de desbloquear el paso, unos agentes se bajaron del camión, pero fueron recibidos con piedras y botellas de gaseosa, buscados, gases lacrimógenos, gritos y de repente se escucharon un par de disparos. Un estudiante cayó al piso. El presentó exame de matemáticas y bajá del segundo piso y cuando va caminando hacia la altura de la segunda columna, su nuevo disparo. Otro estudiante fue herido por una segunda bala en su hombre derecho, pero de los dos, mi tío fue quien llevó la peor parte. La bala, con lo que los asesinan, es denmas que espotan por dentro. La bala perforó su abdomen y dejó sus intestinos a la vista de cualquiera. Al verlo, tendí en el piso y agonizante un grupo de estudiantes acercó para auxiliarlo. En ese momento se produjo un forsegeo entre ellos y los policías para ver quien se quedaba con él. Los estudiantes se impusieron en ese pulso y se lo llevaron a una clínica. Aquí, de nuevo, mi tía mirta. Esa tía era seguramente para mí un día comunico riente, hasta las tres de la tarde cuando me llamó un amigo de patricio que estaba viviendo en nuestra casa, diciéndome que habían llamado y habían dicho que patricio lo habían herido y que estaban la clínica San Diego. Al llegar a la clínica, mirtas ante lo que su hermana no había muerto. También le contaron que unos estudiantes aprovecharon un momento de escuido de las enfermeras para tomar el cadáver a la fuerza y llevárselo a la universidad libre. Yo me acuerdo que fue un momento crítico de gritar y gritar y yo no me atrevía a ir a mi casa porque no sabía qué decir. Todavía sin salir del choco, mirtas creyó que al fin había reunió el valor suficiente para dar la noticia en la casa, pero no fue necesario. Cuando llegó, su pareja coaba de colgar una llamada con el rector de la universidad libre. Este le dijo que viniera por el cadáver de su hijo porque le estaba trayendo muchos problemas. Si no haberle contado a mi abuela lo que pasó, mirtas y mi abuelos salieron a la carrera y tomaron un táxi hacia el centro. Estaban muy conmocionados y para rematar no entendían porque el cuerpo de patricio sobrevían llevado a la universidad libre. Una parte de mi tía mirta todavía guardaba la esperanza de que todo fuera un mal entendido, pero no duró mucho la ilusión al llegar a la libre, encontró a mi tío en el aula máxima de la universidad tendido sobre una mesa. Los estudiantes habían improvisado allí un salón de velaciones. Entonces ya, pues ya, era una realidad, pues creo que hasta que el momento que íbamos corriendo pensar no la creíamos, pensamos que no. Yo he visto fotos de ese día, fueron publicadas en las portadas de los periódicos al día siguiente. Mi tío patricio cubierto en una sábana blanca y sobre su cuerpo unas rosas, mi abuelo con el rostro es compuesto, abrazando a su hijo. Otra foto muestra el perfil de mi tío en primerísimo plano y el fondo era mi abuelo, sollozando mientras mira el cuerpo de patricio. Mirta, sujeta el brazo a mi abuelo y trata de calmar lo ese día. Me tocó hacer el papel de la hija que trata de ser en arroz ánimos de sus padres en medio de la tragedia. Después de un tiempo llegó mi mamá, pero ella pensaba que era una clínica. Ella pensaba que la estaban llevando a una clínica y que le estaba herido. Y ella iba a entrar ya casi yo la detuve y le dije para que, o sea, como que asimilará más fácil diciendo que ya enfrentándose a la realidad. Morte un estudiante producía cuando la policía trataba de reprimir una protesta, daba a pie para pensar que a patrizol había matado el gobierno. Por eso el cadáver de mis tíos se convirtió para muchos estudiantes en la demostración de que a Colombia la regia un estado criminal. En las horas de la tarde de ese día, la noticia se esparció por las distintas universidades de la ciudad y calentó aún más los ánimos. Mi madre, esperanza, estaba en clases ese día. Yo estaba en la universidad en la pedagogica, estábamos en el restaurante de la universidad y llegó a alguien una muchacha y se subió en una mesa a gritar unas proclamas y entre esas proclamas decía que compañero patricio silba presente y combatiendo y hizo énfasis en que lo acababan de matar. Mi madre conocía ese nombre. Yo decía pues no es tan común el nombre como para pensar que hayan dos y sea un homónimo. Lo conoció haciendo fila para escribirse en la universidad dica, ella estaba con una amiga y un muchacho de asentro pastuso comenzó a hacer reslacharla. Muy habladorcito, muy saludable, muy simpático, además era un niño muy bonito. No es Marina, la amiga de mi mamá, se matricula biología al igual que patricio, por eso quedaron en contacto. Ellos compartían pupitre, conmigo compartíamos como una amistad. La cambio de patricio de la encala nacional a la amistad entre los dos se fue enfriando. Mi mamá también se cambió universidad a la pedagógica y se veían cada vez menos. Creo que la última vez que nos hablamos fue como 8 días antes de que se muriera pero ya eran conversaciones de casi con meses de diferencia. Ese día que yo el nombre de patricio en la cafetería sea remote también trifolca en la pedagógica. Mi mamá se fue para la casa y esa noche en el noticiero confirmó que se trataba de su amigo. Hablo por teléfono con los Marina y quedaron de ir juntas a la universidad libre a la mañana siguiente. Mientras tanto los enfrentamientos entre estudiantes y policía continuaron, pero ya no es la universidad nacional sino en la libre. En la tarde noche, mientras el cadáver de mi tibera velaba en el aula máxima, cerca de 500 estudiantes se atrinchararon en la universidad, con arrumes de pupitres bloquearon entrada y desde la sotea y los salones enfrentaban con la policía. Estiraban piedras, ladrillos, y hasta pusillos encontrados en la cafetería. Por mí o ve que las cosas se saleran de control, la Guardia Presidencial cerco el ácede de gobierno ubicada a pocas cuadras de allí. La policía militar por su parte acordó en el perímetro de la universidad y con tanquetas empezó a rociar gases lacrimógenos. Mitía y mis abuelos quedaron atrapados sin poder sacar el cuerpo de patricio. La policía pretendía recuperar el cuerpo de patricio a la brava y los estudiantes a no dejarse lo quitar. Querían ser ellos quienes lo enterraran. Desconfiaban además de lo que pudiera ser la policía teniendo el cuerpo del estudiante, desaparecerlo, alterar las evidencias, bueno, quién sabe. La librecia había convertido en un campo de batalla entre dos ejércitos desiguales, con el paso de las horas la situación se fue volviendo más tensa. A las 10-45 de la noche se escuchó por nato parlantes la voz de un militar pidiendo la retirar los estudiantes en un plazo de 15 minutos. A la amenaza los estudiantes respondieron con un acto intrepido, decidieron tomar al rector como reen y con un mecafón advirtieron que no intentaran entrar a la universidad porque ese podía morir. También llamaron una amizobra para decir que el rector estaba en peligro. A las 11 de la noche la policía militar lanzó bombas la crimojenas contra las ventanas y la sotea de la libre, para disipar los gases los estudiantes prendieron fogatas y abrieron los girfos de los baños, parte del ataque se concentró contra la ula máxima y todo el mundo tuvo que salir de ahí. Se quedó patricio. Yo creo que en mi vida nunca había ni de lejos, había sentido los gases la crimojenos y nosotros sentíamos que nos estaban abogando porque nos echaban, nos echaban, no importaba quienes estuvieran, había mucha gente y seguían como esfixiándonos. Entonces, era como una película porque nosotros no habíamos estado nunca pues en una en una manifestación, en nada. Entonces era como una era una guerra que de pronto nos vimos ahí metidos como protagonistas, pues como que empieza una temer es por su vida y el dolor de lo de patricio como que como que quedó un poco halliquieto mientras como que nosotros pensábamos en cómo nosotros no se vemos a como y vemos a defendernos ya sobrevivir. Así pasaron la noche. Por suerte a la manuser llegó una especie de tregua y la sesanción de asfixia fue disminuyendo. Mientras mirta y mis abuelos veían la manera de sacar el cuerpo de patricio y darles a cultura, otros familiares viajaron hacia bogotas de otras ciudades. Mi padre, uno de ellos que estaba de vacaciones inipiales, tan pronto llegó a eso de las ocho de la mañana se fue para el comandos central de la policía. Yo era trabajaba en el banco popular, que se llama José San Augustín y nosotros atendíamos a ellos de la policía. O sea, las cuantas bancarias principales de la policía estaban ahí en esa oficina. Entonces, conocía al director. No era amigo, no, pero pues lo conocía y así a sus gestiones bancarias lo tendía bien. Aprovechando esa relativa cercanía, mi padre le dijo, "Quiero que me de permiso para enterrar a mi hermano". El enigma me dijo no, pero siempre me ponía unas condiciones propias del caso. Es que deme permiso solamente eso. Usted como me ve garantiza, porque lo decía yo le juro que no va a pasar nada. Nosotros la familia salimos y lo enterramos, el señor decía, "No, ustedes no pueden, porque hay mucha gente allá en la universidad". Para la policía, la prioridad era mantener el orden público. Mi padre en cambio lo que reclamaba era una cuestión de elemental humanidad, tener el permiso para enterrar a su hermano. Luego de arrogarle un rato el tipo excedido. Al igual que mi padre, el director de la libre, César Ordoñez, también había estado adelantando sus gestiones, aunque lo habían forzado a pasar la noche en la universidad. Ordoñez hizo de mediador para evitar que la toma de la universidad terminar entraje de ella. Durante la noche, la madrugada habló por teléfono con el comandante de la brigada y el alcaldé Bogotá Bernardo Gaitan Mahécha, el ministro de defensa, y según el periódico el tiempo, con el propio presidente López Michelsen. A todos ellos, el espion no ha llenado la universidad y que Patrizio pudiera ser enterrado por sus familiares y los estudiantes. Si bien insistían en recuperar el cadaver, al final en la mañana accedieron a lo que pedía la familia. En medio del drama, el director también tuvo espacio para el humor, al ser preguntado por un periódista sobre el balance de los destrozos, Ordoñez dijo que "todo lo habían dañado con el mayor cuía". Gracias a la intermiación del director y quizá también al PIB, mi padre, que a toda la cuestión de tiempo para que Patrizio pudiera ser enterrado. Desde las primeras horas de la mañana vuelvo unas señales de que los ánimos se habían apasiguado. En un gesto de buena voluntad, los estudiantes permitieron que la comisaría del centro de la ciudad y el director de medicinal legal entrarán a la universidad para ser el levantamiento del cadaver. Sin embargo, como las puertas permanecian bloqueadas con sientos de pupitres, los funcionarios entraron por un balcón en caramando hacia una escalera. Usando el mismo método improvisado a la zona de la mañana entraron en la tabuda, marrado a unas cuerdas, también entró mi padre por la misma escalera y fue hasta la aula máxima de despeírse de su hermano. Y en mi cuenta tenía puesto una chopa que era mía. Era mía el sentido que me la compraró para mí, pero a todo lo que nos gustaba y el que el que cogía primero se la ponía, estaba por sus achompas, su cabello mono, alborotado, y le bajó la champa pues estaba la herida de eso si no hablo porque es muy curva. Por su parte mi mamá fue esa mañana al centro con la amiga a ver lo que había ocurrido, el acceso a la universidad se ha seguido restringido. La universidad libría alrededor, estaba absolutamente cerrada y la policía no dejaba pasar, pero yo tenía unos familiares que viven ahí en la candelaria y resulta que esas casas tienen una entrada por acá y una salida por acá, el otro lado de la manzana y dio la casualidad que se podía entrar por ahí y salida al otro caso a la zona prohibida. Así fue como las dos amigas de patricio lograron colarse. Cuando entramos en la universidad a patricio lo tenían en una mesa y alrededor de esa mesa estaban unas personas que ella sumió, que eran los familiares de patricio. Yo al único que saludé fue a Raí que yo me acuerdo que me acerque y le dije, "¿Ustedes trae mundo en el mano de patricio?" entonces me dijo sí, le dije mucho gusto esperanza yo era amiga de patricio y eso fue todo. Y le extendió la mano. Es muy curioso, patricio estaba en la mesa, yo estaba a este lado y Raí allá y la mano no la dimos así encima de él. Alrededor de la una de la tarde, un grupo de estudiantes quitó los pupitres de las puertas para sacar el ataude. Las autoridades habían puesto dos condiciones para el cepelo, una que no habría misa despedida y dos que el recorrido hacia el cementerio central sería por donde ellos dijeran. Además, el cortejo estaría vigilado por detectives del gobierno con fundidos entre los asistentes. Cuando se inició la marcha caya sobre el centro de Bogotá una lluvia ligera. El rector fue de los primeros en salir y lo acompañaban personas con la cara cubierto. El cajón iba arropado por una bandera roja y era cargado por unos estudiantes. Algunos metros adelante iban los papás y hermanos de mi tío patricio. Bajaron por la calle octava y luego tomaron la carrera séptima hacia el norte. La lluvia aumentó mientras más gente se sumaba a la marcha. Muchísima gente era impresionante, era impresionante esas calles como estaban llenas de fundamentalmente pienso jovenes estudiantes. El cruzar la veinticuatro de cima con veinticuatro para caminarnos a losidentes del hospital sanitario yo mire hacia atrás y quedé impresionado, impresionado y le decía a mis hermanos, hay mucha mucha gente. Había hasta un millón que se va a ver que era hasta la Jiménez, era lleno de gente y de los balcones la gente le votaba flores y de los edificios echaban a peles blancos así como pecadillo de papeles y gritaban y bonito no, aplaudían y paño a los blancos y posible olvidarlo. Estaba como un choc, como que la película seguía, pues nosotros como aquí en esto que es. Según el periódico el espectador, cerca de 5.000 personas asistieron a la despedida de patricio, su cuerpo fue enterrado en las bóvedas del cementerio central, en medio de discursos estudiantiles y alcanticos. Hacemos una corta pausa y al volver, ríker nos cuenta las huellas que dejó aquella tragedia familiar y como a partir de ella nació el amor entre dos personas, ya volvemos. Hola, aquí Juan Serrano, uno de los correos más felices de mi vida lo recibe el 31 de mayo de 2019. Allí se me anunciaba que nosotros, los de la no en ficción, habíamos sido escogidos para entrar a un programa de aceleración de podcast liderado por Google. Fue gracias a ese programa que logramos financiar la primera temporada de este podcast, de un periódico de ayer y por primera vez pagarnos salarios. Producir este podcast es algo que nos encanta y que queremos seguir haciendo, pero para contar este tipo de historias en audio con el rigor y la profundidad que nos caracteriza, necesitamos de la generosidad de los oyentes. Por eso, si valoras nuestro trabajo y quieres ayudar a que sea sostenible, sumate a nuestra comunidad de cómplices. A cambio de un aporte único o una contribución mensual recibirás beneficios especiales y lo más importante harás posible que sigamos dando loura mucho tiempo. Solo tienes que ir a la no ficción.com/hastecomplice o también puedes hacer clic en el enlace que aparecen la descripción de este episodio. Desde ya, muchas gracias. La partida de función de Patricia Silva dice, causa principal de su muerte, "Shokémurágico por hería de proyectil de arma de fuego". Desde el primer momento hubo indicios de que aquella vala había sido disparada por agentes oficiales cuando trataban de reprimir una protesta estudiantil. En otras palabras, la muerte de Patricia tiene un clavro a romá y crimen de estado. Eso explica que en la semana siguiente sala muerte varios abogados se ofrecierán a ser apoderados en una futura de manda contra el estado. Todas las personas le dicen a uno, "demande que eso es ganado", "demande porque un chacho no estaba haciendo nada". Si ustedes demandan, ganan el plato. Entre los abogados que buscaron a la familia para ofrecerles sus servicios estaba el profesor Eduardo Umañaluna, uno de los fundadores de la facultad de sociología de la Universidad Nacional y uno de los más conocidos defensores de derechos humanos en el país. Su especialidad era precisamente casos de abuso cometidos por agentes del estado. Fuimos a visitarlo, habían citado a mi tío, entonces el doctor Eduardo Umañaluna le decía que había que presentar una demanda contra el estado y que la tenía ganada. Entonces le decía a Don Sigibreo, esto lo vamos a ser pagar porque el gobierno tiene que pagarle porque estaba a la luz pública todo lo que había pasado, el loma, todo el estado. La indemnización según el abogado sería una sumaltísima. "No sé, que nientos mil millones, una jugada así". Sin embargo, me abueló su opuso, dijo, "Miren, muchachos, si cualquiera de estas dilidencias judiciales, y si eran que yo tuviera mi hijo un minuto, lago, pero nada me lo va a devolver". La gente le decía, "Mieres, que no es por la plata, no, es un hecho significativo que esto no puede volver a ocurrir". Pero le digo que no, que no le, por mucha plata que haya no le iban a reponer la vida de su hija, entonces no se hizo nada. En esos días de olor de sentir que nada podría compensar la pérdida de un hijo, mi abueló, le escribió una carta al presidente López Michelson. "Pogota, distrito especial, unido de 1978". Le pillan mi tío Julio César, queda leyera. "Doctor Alfonso López Michelson, presidente de Colombia, representantes de su gobierno, troncharon la vida de mi hijo, patricio Javier Silbaruales". Sumiéndome hogar en el caos del dolor y derrumbando así todas nuestras esperanzas de verlo convertido en un hombre útil para la sociedad y para sus padres y hermanos, que necesimos los sacrificios más grandes, tanto morales como materiales. Dejamos nuestra patria chica y piales narinho, no por hobby de vivir en la capital, sino con el único anelo de que nuestros hijos se realizen y sólo conseguimos que manos criminales, ignorantes con uniforme, manchen el suelo patio con la sangre de tantas víctimas y nocentes que a través del mandato claro, que claro no tiene sino el nombre porque está asumido en las tinieblas de la muerte. Pero claro, para su gobierno tan democrático, como es el pregón de todos los días, no les conviene que el pueblo se duque porque entre más ignorantes estemos tienen más facilidad para convertirnos en sus servidores y continuar haciendo los esclavos. Me duele que hasta en las postrimerías del mandato claro y para verguenza de la patria, esbirlos armados en luten tantos y tantos hogares como el mío y crean que su única misión es la desegar vidas y derramar sangre y con esto lo conseguirán todo. Señor López, no le imploro justicia porque soy un proletario y los proletarios no mendigamos, exigimos una justicia que tenemos derecho y si usted no acepte este derecho lo de mando no ante el tribunal de los hombres que por desgracia está podrido, lo de mando ante el tribunal de un Dios que también derramó su sangre por la igualdad de los hombres y tiemblan a él que le hará pagar con creces este abominable crimen. Doy gracias al todo poderoso que su mandato espira y espero que con él cesarán los derramamientos de sangre. Las palabras de mi abuela no fueron escuchadas. La policía y el ejército prometieron iniciar una investigación pero la familia no recibió ninguna respuesta. Por su parte la justicia pena al ordinario así inició una indagación. A los ocho días de la muerte de Patricio un juez ordenó la exhumación del cadáver para practicar la necropcia, algo que no pudo hacerse en medio de la gite. La medida tomó por sorpresa a la familia. Mi padre tan pronto se enteró salió corriendo para medicinal legal. El día de la exhumación se estaba jugando un partido del mundial argentina 78 por lo que los funcionarios estaban distraídos y mi papá logro entrar hasta la sala de la necropcia. Cuando llegué pues ya habían empezado su labor y o algo tuvo que haber hecho allí a creciar el pie o algo porque me pararon y me dieron que se ponen allí y si ahí se mueve se va y entonces yo juraba que no iba a ser nada pero que yo quería estar allí porque era mi hermano. Oye eso es durísimo, es una labor larga, larga y unos dictando otros escriben, por ejemplo la trayectoria de la bala, los estragos de la bala, tomó muchas fotos y en ese momento vi como es la piel de uno, es un cúmulo de artas capitas, artas capitas, delgaditas, delgaditas y es la piel. Luego de la necropcia el cadáver fue de vuelta al cementerio. Servió ese examen para confirmar la tesis de que patrizol había matado a la policía, o sea es una pregunta que nadie en mi familia me ha podido contestar. Tampoco tiene ni idea de qué rumbo tomó esa investigación o si simplemente que venga la vetada, lo único que saben es que se inició una y que se hicieron algunas deligencias, de eso también es consciente de mi madre precisamente porque fue raíz de eso que ya siguió en contacto con la familia de patrizol en particular con mi padre. Un día recuerda recibió una llamada de él. Me invitaban a hacer una declaración en la que yo tenía que contar que yo lo había conocido y que era pues un muchacho estudiante y un muchacho bien que era testigo de que él tenía una vida sana. Mi padre acompañó a esa declaración. Él estaba como en su cuento de las cosas de su hermano y parece que él se pegaba de cualquier pretexto para verla en nuevo. Toda la vez es que yo hablaba con él, yo siempre me imaginaba que esa iba a ser la última conversación, pero después volvía y me llamaba para otra cosa y para otra cosa y ya de pronto fue que en un momento no sé en qué momento la conversación de nosotros ya no tenía un eje central que fuera patricio si no ya empezamos fue como en tablar una amistad. Ahí comenzó, ahí comenzó la historia de un matrimonio con dos muchachos y con las dificultades que tienen que tenemos los matrimonios con las esperanzas que tenemos los matrimonios con los objetivos que tenemos los matrimonios y lo hemos hecho bien. La investigación penal del caso de patricio palidesio y los responsables de su crimenquear una impunidad. Sin embargo es parado gico que de esa muerte surgiera la amor y la vida. Pues mi hermano y yo somos fruto de ese encuentro que se produjo en medio del dolor. Mi padre acudió a un refrán para explicarlo. Matrimonio y mortaja del cielo baja. En ese momento apareció de ella matrimonio. Estos últimos meses que me puesto a la tarea de burgar en el pasado de mi familia me do cuenta de la onda huella que dejo en todos ellos la ausencia de patricio. Ese evento en mi familia cambió la vida, quizá no pueda uno definirlo, pero sí entre uno que era otras la vida y es otra la después y uno dice no no antes de patricio, no no después de patricio. O sea es una división que no tiene ningún muro, pero el muro lo tiene en la mente. Los silbano se fracturaron después de la muerte de patricio. Siguieron siendo tan unidos como liberan de niños iniciales cuando se reunían en las noches a escuchar radio novelas. Sin embargo la perdida de su hermano creó entre ellos un silencio. El tema patricio se convirtió en un asunto prohibido. Es que la negación fue total es que nosotros nunca más volvimos a hablar de eso y nos encontrabamos en las reuniones y ya todo pasó hoy y pasaron años y fiestas o lo que sea, reunió lo que sea, pero nunca se tocó el tema de patricio. Cada uno se enseño a resolver su dolor en privado. Un tío que me dijo alguna vez que era un hombre triste desde la muerte de su hermano se refugió en la pintura. Metía a Mirta Bautizu a su hijo como Patricio Javier para tener en la cotidianidad de su hogar un sonido que boquea su hermano. Mi padre por su parte cada aniversario de la muerte de patricio repite un mismo ritual, consisté en visitar el sitio donde murió. En el nodo entro voy al segundo piso al salón de posiblemente estuvo en la clase, bajo por las escaleras, me paro una segunda columna y voy y me despido. El otro día fui con un primo y entendí lo que eso significa, o sea yo siempre voy, pero tal vez este vez que fui con él entendí el significado que me une, pues yo tengo como meta que mientras yo esté, voy. El significado de ese rito según él es saludarlo, sentirlo, que me sienta, reso, y le digo saludame mi papi, y yo saludare a mi mamía nombre tuyo, cuyo chico. Está tarea de documentar en un podcast, la historia de mi tío Patricio ha tenido un efecto trapeudico para la familia, ha servido sobre todo para que se hable con mayor naturaleidad sobre el tema, para sacar ese dolor que han tenido guardado por tanto tiempo por décadas. A mí no personal también me ha servido para unirme más a ellos, actualmente hay planes para ir juntos al campus de la Universidad Nacional y restaurar una placa que se instaló hace décadas en la memoria de mi tío. Es un paso en el proceso de sanar las heridas, de entender que aquella tragedia que les remesió la vida no tiene por que dolor para siempre. Este guión fue escrito por Ricker Silva y por mí, la edición es de Miguel Reyes y Alejandra Vergara, la mezcla y el diseño de sonidos son de Daniel Díaz. Gracias a Julio César Luna por habernos servido como voz actual de la carta al presidente López. Un periódico de ayer es una producción de la no ficción y es de realizado gracias al apoyo de PRX y el Google Podcast Creator Program. Recuerden que estamos en redes sociales, arrola la no ficción en Instagram y Twitter. Si te gustó este episodio, compártelo, ayudan a nos acurrer la voz. Agradecemos a los Patreons de la no ficción. Entre ellos a Juan David Reyes, Paula Restrepo, María Alejandra Cruz, Catrinamos Karela, Andrés Barragan, Guillermo Toro, Camilo Arango, Carlos Valencia, María Alejandra Toro y Liliana Maya. Si quieres donar algo, visita la página patreon.com/lanoficción. Mi nombre es Juan Serrano, nos vemos la otra semana. [Música]
Podcast Summary
Key Points:
Colombia tiene una larga historia de violencia estatal contra estudiantes, con casos emblemáticos como el de Gonzalo Bravo Pérez en 1929 y la masacre del 9 de junio de 195
El relato se centra en el caso menos conocido de Patricio Silva, un estudiante asesinado por la policía durante una protesta en la Universidad Nacional de Colombia el 30 de mayo de 197
Su muerte desencadenó una crisis, con estudiantes tomando su cuerpo y la Universidad Libre, lo que generó un enfrentamiento prolongado con la fuerza pública y un profundo trauma familiar.
La narrativa personal, contada por su sobrino Ricker Silva, entrelaza la tragedia pública con el impacto íntimo, la lucha por recuperar el cuerpo y el duelo de una familia común atrapada en la violencia política.
Summary:
El podcast narra la historia de Patricio Silva, un estudiante de la Universidad Nacional asesinado por la policía durante las protestas del 30 de mayo de 1978 en Bogotá. Su caso, menos recordado que otros crímenes de estado contra estudiantes, es reconstruido por su sobrino Ricker. Patricio, un joven de provincia con ideales, murió por una bala policial mientras presentaba un examen, en medio de disturbios.
Su cuerpo fue tomado por estudiantes y llevado a la Universidad Libre, convirtiéndose en un símbolo de protesta. Esto desató un enfrentamiento de más de un día, con la familia atrapada en medio de gases lacrimógenos y negociaciones para recuperar el cadáver. La historia expone no solo la represión sistemática, sino el trauma duradero en una familia común, cuya vida cambió para siempre por un hecho de violencia política que refleja un patrón recurrente en la historia colombiana.
FAQs
Gonzalo Bravo fue un estudiante de derecho de la Universidad Nacional asesinado por la policía el 7 de junio de 1929 durante una protesta. Su muerte generó repudio nacional y llevó a la renuncia de altos funcionarios, conmemorándose cada 8 de junio como el Día del Estudiante en Colombia.
El 9 de junio de 1954, soldados del Batallón Colombia abrieron fuego contra una marcha estudiantil en Bogotá, matando a 13 estudiantes. Este episodio es considerado uno de los más oscuros de la dictadura del general Rojas Pinilla.
Patricio Silva era un estudiante de la Universidad Nacional, asesinado el 30 de mayo de 1978 durante una protesta. Recibió un disparo en el abdomen por parte de la policía mientras presentaba un examen en el edificio de matemáticas.
Estudiantes tomaron el cuerpo de Patricio de la clínica y lo llevaron a la Universidad Libre para usarlo como símbolo de la represión estatal. Allí improvisaron un velatorio en el aula máxima, convirtiendo el lugar en un campo de batalla con la policía.
La familia, conmocionada, luchó por recuperar el cuerpo para darle sepultura. Su padre y hermanos gestionaron con autoridades policiales y universitarias, logrando finalmente enterrarlo tras una tensa negociación y una noche de enfrentamientos.
César Ordóñez actuó como mediador, hablando con autoridades como el alcalde y el ministro de defensa para permitir que la familia enterrara a Patricio. Su intervención ayudó a calmar los ánimos y facilitar una solución.
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