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EJERCICIOS ESPIRITUALES | 1ª Meditación | Introducción

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EJERCICIOS ESPIRITUALES | 1ª Meditación | Introducción

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8489 Words, 47587 Characters

Spanish
Oración Inicial y Naturaleza de los Ejercicios Espirituales En el nombre del padre y del hijo y del espíritu Santo, Amén, ven espíritu santo, llena con tu gracia los corazones de tus fieles y encima de Dios, el fuego de tu amor en día, señor, tu espíritu, y serán creados y renovarán la faz de la Tierra. Oración, Oh Dios, que iluminan los corazones de tus fieles con las luces del Espíritu Santo. Conoce de no sentir rectamente según el mismo espíritu. Y gustar para siempre de sus consuelos por Jesucristo, nuestro señor, Dios te salve María, llena eres de gracia, el señor es contigo, bendita tu eres de todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Jesús, Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén, sagrado corazón de Jesús, en vos confío, dulce corazón de María. Ser la salvación de nuestras vidas. Pues continuamos. Vamos a comenzar, mejor dicho, este este itinerario de ejercicios espirituales. En este momento vamos a comenzar nuestros ejercicios con un deseo grande de aprovechar, con un deseo grande de entregarnos a Dios. Los ejercicios espirituales no son una charla de teología y son unas reflexiones. Simplemente, aunque también implique algo de teología, implique reflexión, implique meditación. Los ejercicios sobre todo son una experiencia, una experiencia de Dios, una experiencia de encuentro con Dios, una experiencia del amor del señor en nuestra historia, en nuestra vida es un acontecimiento de gracia. Por eso depende mucho de nuestra actitud, de nuestra, de nuestra apertura. La gracia para aprovechar bien los ejercicios son, por tanto, un acontecimiento de gracia donde Dios quiere actuar en nuestra vida, en nuestra historia, Dios se quiere hacer el encontradizo. Y nosotros deseamos estar con él, deseamos encontrarnos con él y van para estos ejercicios. Vamos a usar este método tan tradicional electro de la Iglesia, que es, por otra parte, un carisma recibido por Dios en San Ignacio. Son los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola, los ejercicios que desde el siglo 16 que San Ignacio los los escribió y los experimentó, pues están en la iglesia como un tesoro. La compañía de Jesús lo lo lo conserva como un tesoro. Pero es algo que sobrepasa a la a la compañía de Jesús. Es algo que llega a la iglesia entera. Por eso el método de San Ignacio es un método concreto de ejercicios y vamos a usar este método para poder tener esta experiencia de Dios. Podemos usar cualquier método para hacer ejercicios, pero ciertamente el método ignaciano tiene lleva consigo no solamente esa experiencia de Dios, sino al mismo tiempo una pedagogía interior que va forjando al alma. Por eso se hace importante usar un método concreto, que es al que vamos a San Ignacio. Pero un método que además tiene una pedagogía interior que va forjando al alma. Por tanto, en estos ejercicios no solamente vamos a usar textos de la escritura, que por supuesto es prácticamente la base de los ejercicios o ideas que San Ignacio tiene sobre algunos aspectos. No que también lo iremos usando, sino que además usaremos consejos, orientaciones, luces que nos va dando San Ignacio, que van preparando nuestra vida espiritual, la van forjando. Por lo tanto, no solamente usaremos o daremos consejos prácticos para la vida de los ejercicios. Sino consejos prácticos que servirán después para nuestra vida en en un futuro, para nuestra vida espiritual, y nos Irán forjando en nuestro método de oración, también en nuestro modo de orar de comunicarnos con Dios. San Ignacio: ¿Qué Son los Ejercicios Espirituales? Por eso, para entrar bien en el método de los ejercicios, vamos a vamos a leer y vamos a comentar en esta meditación de introducción algunas anotaciones que San Ignacio pone para los ejercicios espirituales, anotaciones que se hacen necesarias. Es verdad que muchos autores de directorio de los ejercicios, o sea autores que después han escrito comentarios de los ejercicios, afirman que las notaciones no forman parte de los ejercicios. Pero sin embargo, es verdad que aparecen en los ejercicios espirituales de San Ignacio como como un inicio, como una introducción que evidentemente no forman parte de las meditaciones como tal, pero son la aplicación detallada del método que San Ignacio quiere usar y por eso se hace importante que antes de entrar en la meditación, concretamente. Entremos en las anotaciones de los ejercicios. La primera anotación al número uno precisamente define lo que son los ejercicios espirituales vamos a leerle, vamos a comentarla. La primera anotación es que por este nombre, ejercicios espirituales, se entiende de todo modo de examinar la conciencia de meditar, de contemplar, de orar vocal YY mental y de otras espirituales operaciones, según que adelante se dirá. Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, por la misma manera, todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones ordenadas y después de Quitadas para buscar hallar la voluntad divina y la disposición de su vida para la salud del alma se llaman ejercicios espirituales. Bien, esta primera anotación presenta el esquema general de lo que son los ejercicios, o sea, no nos lo define y nos hace comprender. ¿Quién tiene San Ignacio por ejercicios espirituales? ¿Y él dice todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mental y de otras espirituales, operaciones que, según más adelante se dirá, es decir, qué son los ejercicios espirituales, qué son los ejercicios espirituales? Pues todo modo de examinar la conciencia. Es decir, llegará un momento de examinar la conciencia. De hecho, en la primera semana de ejercicio examinaremos la conciencia. Bien haremos examen de conciencia. También meditaremos, es decir, vamos a meditar, vamos a usar la razón para para pensar, usando la razón, leyendo texto de la escritura, comentarios. Usamos la razón para entender, para comprender, para escudriñar. Pero vamos a contemplar. Es decir, no, ya no vamos a usar tanto la razón en algún momento, sino que también nos dedicaremos simplemente a contemplar, a ver la escena como dirá San Ignacio, como si presente y mallare en su momento. Explicaremos qué es la contemplación para San Ignacio y pasaremos de un modo de meditar, de un modo de orar, que es la meditación. A un modo de orar, que es la contemplación, pero también está la oración vocal y mental, es decir, toda oración vocal que podamos hacer, que también se aime, se la aconseja en un momento dado, oración mental que hagamos también son ejercicios espirituales y todas las demás operaciones espirituales que se Irán diciendo más adelante, pero especialmente la meditación, la contemplación, la oración vocal y mental, el examen de conciencia. Iremos entrando en ellas progresivamente en ejercicios, pero son. Son los ejercicios espirituales. Esto precisamente no tanto la pláticas o puntos o charlas que tiene que dar el padre, el padre que da los ejercicios es un instrumento, una mediación, pero lo importante es el tiempo que dediquemos a la oración. Yo aconsejo a los que estáis en casa, a los que nos estáis escuchando, los que queréis vivir estos ejercicios con intensidad en esta Semana Santa, pues os aconsejo especialmente. Que después de escuchar estas meditaciones o estas charlas que iremos haciendo progresivamente, toméis nota de las que os puedan servir. Y luego dediquéis un tiempo a la oración, porque esos son los ejercicios espirituales, el modo de orar, de meditar, de contemplar, de orar, vocar y mental. Esos son los ejercicios, las charlas ayudan, las charlas quieren iluminar porque el libro de ejercicios no es un libro de de meditación, no es un libro para usar. Solo San Ignacio escribe Ese libro para que ese libro, que esa experiencia de Dios sea dada, sea transmitida. Por tanto, no, no es. No me enfrento yo solo al libro de ejercicios, sino que el el sacerdote o el padre que da los ejercicios o la persona que da los ejercicios, es una mediación para aplicarnos, para ayudarnos a vivir estos ejercicios espirituales, para ayudarnos, para explicarnos lo que San Ignacio transmite, porque es una experiencia que tiene que ser dada, no no vale solo uno solo en sí mismo, sino que tiene que ser dada, no, y tiene que ser recibida. Ahora, después veremos como es nuestra disposición para recibirlo, pero ciertamente es importante esto es importante todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y de mental. Eso son los ejercicios. Concretamente, las charlas o meditaciones o puntos son un medio, un instrumento para ayudarnos a examinar la conciencia, a meditar, a contemplar, a orar vocal y mental. Preparar el Alma: Quitar o Ordenar Afecciones Desordenadas ¿Pero sigue diciendo San Ignacio usando el ejemplo humano de los ejercicios? No. Porque así como el pasear, caminar y correr son ejercicios corporales, es decir, ejercicios corporales distintos, pasear, caminar, correr bien. Por eso, meditar, contemplar, orar. Igual que hay ejercicios corporales distintos y cada uno según su situación, usa unos u otros o va progresivamente pasando de uno a otro. Igualmente los ejercicios espirituales. ¿Porque en el fondo, qué buscamos? Los ejercicios, dice San Ignacio, todo modo de preparar y disponer el ánima para quitarles todas las afecciones desordenadas, es decir, en primer lugar. Lo que buscamos es preparar y disponer al alma. Buscamos preparar y disponer almas. Hacer ejercicios espirituales implica hacer silencio. ¿Es necesario el silencio, el silencio? Pues de de del ruido exterior que que normalmente tenemos habitualmente, el silencio, pues de televisión, de Internet, de medios de comunicación, de móvil, de visita, de ruidos. O sea, intentar hacer silencio interior y exterior. A veces tenemos mucho ruido interior, pensamientos, sentimientos que nos vienen encima. Bueno, pues tenemos que hacer silencio interior y también silencio exterior. Facilitar las cosas para hacer silencio exterior, buscar un lugar apartado para poder rezar más, pasar estos días un poco más alejado de la vida común de la casa para intentar disponernos a Dios en la media de lo posible. Cada uno tiene que prepararse para eso y por eso todo modo de preparar y disponer la ánima. Y eso ayuda el silencio interior exterior y ayuda a hacer los ejercicios que se plantean, la meditación, la contemplación, la oración vocal y mental. Porque es todo modo de preparar y disponer la analima. ¿Para qué? En primer lugar, para quitar de sí todas las afecciones desordenadas. Es decir, vamos a ir a arrancar o a descubrir los afectos desordenados, primero descubrirlos, identificar y después veremos si hay que arrancar o hay que ordenar. Ahora veremos esa diferencia, pero primero hay que descubrir los afectos desordenados, es decir. Todos tenemos afectos desordenados y es normal que durante el tiempo de nuestra vida el corazón se va pegando a personas, a cosas, a circunstancias, a a medios, a a todas aquellas cosas que de alguna forma nos descentran de Dios y a veces sin darnos cuenta, sin darnos cuenta, el corazón se pega a personas, cosas, circunstancias, medios, sin darnos cuenta que hacen que Dios ya no sea el primero, hacen que Dios ya no sea el centro. Por eso hay que quitar todas las afecciones desordenadas, pero para eso hay que disponer el alma. ¿Por qué? Porque porque estamos tan escondidos, a veces tan, tan escondidos, los afectos desordenados, tan escondidos que no nos damos cuenta y son afectos que a veces pueden ser buenos, pero son desordenados. Es decir, recuerdo que que conocí a a una chica que que estaba haciendo ejercicios espirituales en la vida corriente, y esa chica, pues tenía un afecto desordenado, grande a su madre. ¿Por qué? Porque hablaba con su madre 3, cuatro o 5 veces al día para todo. ¿Una chica ya adulta, con más de 30 años y ella, pues bueno, pues pues al final ya hablaba con su madre todo el día, varias veces al día para consultarle todo, no? ¿Y evidentemente en ejercicios en la vida corriente, pues vimos que era un poco de desorden, Eh? Vimos que era un afecto desordenado, pero claro, la madre hay que crear una madre, sí, la madre no se puede eliminar. Por eso cuando San Ignacio dice quitar de sí afecto desordenado, bueno, pues una madre no se le puede eliminar de la vida, no se le puede matar a la madre porque no, afecto desordenado, no, no. Es un afecto desordenado que hay que ordenar, es decir, por eso no, no se puede quitar a la madre de la vida, hay que ordenar la relación con ella. Por eso San Ignacio, que es tan sabio y se dio cuenta de este misterio cuando escribió las las anotaciones para los ejercicios. En esta primera anotación pone quitar de sí todos afectos desordenados, pero sin embargo, la anotación 21 dice ejercicios espirituales para vencerse a sí mismo y ordenar su vida. Sin determinarse por afección alguna que desordenada sea, es decir, en el número uno de las anotaciones dice quitar de sí, en el número 21 dice ordenar para no determinarme por afección desordenada. Es decir, esto nos hace descubrir que hay afectos desordenados que deben de ser quitados y otros que deben ser ordenados. Por ejemplo, la relación con la madre, con una madre, pues tiene que ser ordenada, no se puede quitar, pero sí puede ser ordenada, pero sí podemos quitar de sí, pues a lo mejor el afecto a una amistad. Que me hace daño una amistad que me dece intras de Dios, o el afecto al al dinero o a un bien material, que puedo prescindir de él. El dinero pues lo puedo usar de otra manera y puedo quitar de mi vida. Esto tendré que usarlo, evidentemente, pero puedo arrancar de mi corazón en un afecto al dinero. ¿Cuando miro continuamente la cuenta del banco cada día, pues puedo dejar de mirarlo y usar simplemente el dinero cuando sea necesario, EH? Y no llevar un control exhaustivo, por ejemplo, no, si los afectos de ordenados pueden ser algunos para ser ordenados porque no se pueden arrancar, no se pueden quitar. ¿Pero otros sí se pueden quitar, por ejemplo, en una amistad que a lo mejor no me hace bien, pues puedo cortar esa relación y debo de cortarla, porque a lo mejor no me está haciendo bien, o en otros casos puedo ordenar esa relación, que es buena, pero debo de ordenarla, EH? ¿Por eso San Ignacio aquí nos hace caer en la cuenta de que hay que descubrir estos afectos, descubrir los afectos desordenados, para qué? Para quitarlos si es necesario o para ordenarlos, como dice la anotación 21, esa es la primera razón, es decir, todo modo de preparar y disparar el alma. Hallar la Voluntad de Dios en Nuestra Vida Concreta ¿Para qué? Preparo y dispongo al alma, primero para quitar de sí los afectos ordenados, pero en segundo lugar dice San Ignacio, y después de quitados, buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud de del alma. Es decir, una vez que descubro los afectos ordenados y ya quito o ordeno, después de eso, buscar y hallar la voluntad de Dios en mi vida concreta, en esta vida concreta de ahora la que estoy viviendo ahora. Es decir, aquí está el segundo paso. Yo descubro el afecto desordenado, lo quito o lo ordeno, pero después busco y hallo la voluntad de Dios en mi vida, concreta. ¿Qué quiere Dios de mí ahora? En este momento, con el afecto desordenado, es imposible ver con claridad qué quiere Dios. Pero una vez que ordeno el afecto, una vez que quito de mí el afecto desordenado, entonces puedo descubrir qué quiere Dios en mi vida, y entonces me puedo disponer, disponer para lo que Dios quiere de mí, me puedo disponer, disponer a ello. Esto es importante. Buscar y era la voluntad de Dios en mi vida concreta. A veces corremos un peligro. Leer la vida de santos es muy bueno, pero a veces tendemos a decir no, pues si San Ignacio hizo esto o san San Francisco de Asís hizo esto o San Juan de Ávila hizo esto, pues yo quiero hacer lo mismo, un momento, un momento, hay que descubrir qué es lo que Dios quiere de ti en tu vida concreta. ¿Ah, pues yo he leído en una vida que había un santo que hacía 3 horas de oración diaria, Eh? Pues yo voy a 3 horas de oración, espera, espera, no, no, no, cierres las cosas. No hacías la voluntad de Dios a verte lo que Dios te pide. Si eres padre o madre de familia, tal vez no puedes hacer 3 oración diarias, si eres la vida contemplativa, pues tal vez sí, pues tienes tiempo para poder hacerlo y tu vida está dedicada a eso y debe de de esforzarte en ello. Pero lo importante aquí no es de no es hacer esto o aquello, sino lo que Dios me pide para mi vida concreta, y eso es importante, por eso buscar ya la voluntad de Dios en la disposición de su vida, dice San Ignacio. Es decir, San Ignacio es muy realista. Y nos hace caer en la cuenta de hay que buscar la voluntad de Dios en mi vida concreta. ¿Y cuál es la voluntad de mi vida concreta? Pues tal vez hoy, ahora mismo no lo sé. Por eso entro en ejercicio para tener experiencia de Dios, quitar de mí el efecto desordenado u ordenarlo y así buscar y hallar la voluntad de Dios en esta vida concreta. Este es el secreto del ejercicio. No voy con 1.1 en plan hecho para que Dios me lo firme, no al contrario, voy con una hoja en blanco para que Dios quiera pedir, para que Dios ponga en mi vida lo que él quiere. Ahí está nuestra disposición interior, es importante eso. Por lo tanto, así define sanguines de los ejercicios y por eso es todo modo de preparar y disponer al ánima para quitar de sí u ordenar todos los aspectos desordenados y después de quitados, buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de la vida para la salud del alma. Estos son los ejercicios espirituales. Por tanto, Sangui Ignacio nos introduce con esta primera anotación en lo que son los ejercicios. El Guía de Ejercicios: Experiencia y Sentir Interno Luego, en la segunda Anotación, San Ignacio Da un Consejo para aquel que va a orientar. En este caso, un servidor que quiere orientarles en los ejercicios espirituales quiere ayudarles a hacer ejercicio, pues para esto San Ignacio dice lo siguiente, la leo, porque no solamente es para la persona que da los ejercicios, también viene bien para que los recibe, dice San Ignacio. La segunda, la segunda anotación es que la persona que da a otro modo y orden para meditar o contemplar, debe narrar fielmente la historia de de la tal contemplación o meditación. Discurriendo solamente por los puntos con breve o sumaria declaración, porque la persona que contempla, tomando el fundamento verdadero de la historia, discurriendo y reaccionando por sí mismo y hayando alguna cosa que haga un poco más declarado, sentir la historia que ir por la raciociniación propia quien sea, en cuanto el entendimiento es ilucidado por la virtud divina. Es de más gusto y fruto espiritual que si el que da los ejercicios hubiese mucho declarado y ampliado el sentido de la historia, porque no el mucho saber arte y satisface al alma más el sentir y gustar de las cosas. Internamente bien vamos a explicar esta anotación que es un poco larga y y a veces las palabras del siglo 16 nos pueden confundir, pero es muy sencillo y lo que San Ignacio nos quiere explicar y lo lo lo explico sencillamente para que lo podamos entender. San Ignacio, en esta segunda anotación al que al que da los ejercicios, le le enseña que tiene que dar modo y orden, es decir, dar ejercicio, es dar un modo y orden. Es lo que he dicho antes, un método. Es decir, San Ignacio quiere que la persona que acompaña a otro en ejercicios que da los ejercicios, lo que busque sea enseñar un método, un método para meditar o contemplar, es decir, lo que buscamos es un método y por eso estoy explicando las anotaciones, porque son las estructuras del método. Y qué debe hacer el que da los Sagres de bueno, pues narrar fielmente la historia, es decir, ayudar a la contemplación. Ahora mismo estamos viendo el método, no en unos minutos vamos a usar una, una meditación final, una contemplación sencilla para entrar en ejercicios. ¿Bien, pues qué? ¿Qué tiene que hacer el que da los sagres de, pues simplemente ayudar a entrar en la historia fielmente y luego, por supuesto, ir discurriendo, es decir, qué significa eso, ir dividiendo los puntos uno tras otro? No podemos quererlo verlo todo de golpe, no uno tras otro. El que da los ejercicios da, va dando puntos y el que lo recibe, pues usa lo que le hace bien, usa de lo que recibe, lo que le hace bien, no tiene por qué agotar toda la materia, simplemente lo que le hace bien discurriendo es ir viendo los puntos uno tras otro, uno tras otro, sencillamente. ¿Y qué hace? Pues tener que usar entrando en esa historia, la persona que está haciendo el ejercicio, pues debe de discurrir o relacionar, es decir, debe de de usar el entendimiento debe de meditar, debe de contemplar cuando llegue su momento. Y también dejar que el señor Actúe, que el entendimiento sea ilucidado y de San Ignacio, es decir, que sea de alguna forma iluminado por la acción del Espíritu Santo. Por tanto, no solamente discurrir yo solo, sino dejar que Dios haga su obra en mí, disponerme a que Dios actúe en mi corazón, a que actúe en mi vida y así entra en la historia. Pero San Ignacio dice una frase preciosa, al final no el mucho saber arte y satisface el ánima más el sentir y gustado de las cosas internamente. Eso significa que la los ejercicios espirituales son una metodología de experiencia y no de sabiduría, de libros, no de lectura, no de no de de estudiar, de meditar, de meditar en sentido de estudiar o razonar las cosas a un modo de de como una clase de teología o o algo así. ¿No, no, no es eso, es una metodología de experiencia, los ejercicios, por eso no es mucho saber arte, se desfase el alma? Yo puedo saber mucho de teología, pero a lo mejor tengo la experiencia de Dios aquí lo que buscamos no es el mucho saber. ¿Que arte satisface sino el gustar y sentir de las cosas de Dios? Pues seguramente los el método que vamos a usar o las reflexiones que usaremos los textos bíblicos, pues todos los que la están escuchando ustedes lo saben muchísimo mejor que yo no, no busco dar una clase de teología, no buscamos dar una clase de teología, es una metodología de experiencia, no es mucho saber arte se te fase al alma, sino el gustar y el sentir de las cosas de Dios es es ayudar a gustar y sentir las cosas de Dios. Por eso decía al principio que después de de usar. De estos puntos que se van a usar en estas, en estas pláticas que vamos a tener, tenemos que dedicar un rato a la oración, es decir, en la medida de lo posible. ¿Por qué? Porque lo que buscamos es saborear las cosas de Dios, sentir y gustar las cosas de Dios, ser sabios de oración, ser sabios de sagrario y no sabios de libro, que están leyendo un libro y aprenden conceptos. No, en los seres espirituales no buscamos eso, el ámbito de los conceptos es otro, el ámbito de la sabida del libro es otro. Aquí buscamos la sabiduría de las cosas de Dios, el sentir y gustar las cosas de Dios. San Juan de Ávila aconseja a un dirigido suyo, no lea mucho y no deje, no deje solo el entendimiento, que es muy parlelo, es decir, cuando se va a dedicar a la contemplación, a la oración, no lea demasiado y no deje solo el entendimiento, que es parlelo que habla mucho y nos despista. Vamos a intentar contemplar, estar con el señor, disfrutar de esa presencia. Por eso no es mucho saber ni satisfacer ánima, sino el gustar y el sentir de las cosas de Dios internamente, gustar y sentir las cosas de Dios. Este es el punto, aquí va lo importante ahora. Gustar y sentir las cosas de Dios. Y a eso vamos y hacia hacia eso nos encaminamos en estos ejercicios espirituales. Actitud del Ejercitante: Ánimo y Liberalidad Después de esta anotación, según primera y segunda que hemos visto, vamos a pasar a la anotación quinta, porque también esta anotación nos ayuda en estos ejercicios, dice San Ignacio, la quinta al que recibe los ejercicios. Mucho aprovecha entrar en ellos con grande ánimo y liberalidad con su criador y señor ofreciéndole. ¿Todo su querer y libertad para que su Divina Majestad, así de su persona como de todo lo que tiene, se sirva conforme a su Santísima voluntad, es decir, entrar en estos ejercicios con grande ánimo y liberalidad, es decir, qué disposición traigo en ejercicios? Eso es importante. ¿Qué disposición traigo en ejercicios? Entrar con grande ánimo y liberalidad. Bien puedo venir a veces los ejercicios como la persona que está sedienta, no que tiene. Una inquietud dentro que busca algo más. Puede uno venir a ejercicios, a veces como con como una persona que está arriesgando algo, no, pues está dispuesto a ser puesto en tela de juicio, o sea, a a ser cuestionado, o uno viene ilusionado también, no con un un el encuentro de una gran promesa, no son disposiciones interiores que tienen que acudir, sediento, deshacer de Dios, arriesgado. Querían arriesgar la vida en esto. ¿Ilusionado? Pues porque quiero entrar el encuentro con la gran promesa. Al mismo tiempo humilde, dándome cuenta que el protagonista es el señor, pero sobre todo, todas estas actitudes las recoge y las resume el que viene como discípulo. Es decir, vengo a seguir al señor, vengo a encontrarme con él, por eso vengo a ofrecerle todo mi querer y toda mi libertad, dice San Ignacio. Es decir, es una dedicación amorosa al encuentro con el señor, Esa es la clave, ofreciéndole todo su crear libertad. ¿Qué significa? Vengo a lo que Dios me pida. Vengo a dedicarme a él, vengo con una dedicación amorosa, por eso es necesario de alguna forma el silencio en estos días. ¿Para qué? Para para tener el coraje de cortar con las cosas del mundo y ponerme delante de Dios, ponerme a ofrecer mi querer y mi libertad a lo que Dios quiera de mí, tener el coraje de cortar con los ruidos del mundo para entregarme al señor, ofrecer todo a mi persona, todo lo que tengo, todo lo que soy, para que Dios se sirva según su propia voluntad. Es decir, que Dios se sirva de mí, que Dios pida lo que quiera. Yo estoy aquí para estar con él y esta es esto, es lo la clave. Dejarlo todo para que Dios actúe es disponer todo el corazón y la vida para que Dios actúe. Por eso es grande ánimo y liberalidad. Es verdad que la tentación más frecuente que nos puede venir en estos momentos es decir, bueno. ¿Ahora ejercicio, Dios mío, yo no tengo ganas, yo no me apetece, yo mejor bueno, esto más bien lo hago casi como por compromiso, por obligación o mejor, bueno, intento hacer lo que pueda, no? O me entra tristeza de decir, Buf, yo esto ahora no sé, no sé si seré capaz, me va en otro momento, no, no, no entremos en esa trampa, eso es la trampa del demonio, no, no, no entremos en eso, entramos con grande ánimo y generosidad, es decir, con grande ánimo y liberalidad, con deseo de que el señor Actúe mi vida, señor, tú me has puesto aquí porque es tu voluntad, si estoy en estos momentos en el ejercicio, es porque es tu voluntad. Pues quiero hacerlo con con profundidad, quiero vivirlos de verdad. Interiormente quiero entrar en ese misterio, quiero dejarte entrar a ti en mi vida, esa es la clave gran de ánimo y liberalidad para lo que Dios quiera de mí. Vengo a lo que Dios me quiera pedir, quiero entregarle mi vida, quiero ofrecerme del todo a él, de con todo el corazón y con todo el alma. Aquí está el secreto. El gran secreto de la vida es ir al señor con esa disposición, con grande ánimo y liberalidad con su creador y señor, ofreciéndole todo su cara y libertad. Y no veo con condiciones, señor, sí veo estar contigo, pero con la condición de que esto no lo toques, no así no podemos entrar en ejercicios, evidentemente hay que abrir el corazón para que Dios toque la vida, para que Dios entre en la vida y toda la persona tiene que ponerse en juego, es decir, toda mi persona tiene que entrar en juego en ejercicio, tiene que entrar en juego, pues toda la vida entera, la vida entera, todo lo que soy, todo lo que tengo, mi vida entera tiene que entrar en juego en ejercicios, no puedo dejarme llevar por otra cosa que no sea la voluntad de Dios. Esto es importante. También nos ayuda mucho descubrir que que nuestra disposición también es necesaria para ejercicio, no solamente como Dios quiere lo que Dios quiere actuar, sino evidentemente es mi disposición para hacer lo que Dios quiere, para dejar que Dios actúe. Si no estoy abierto a la acción de Dios, difícilmente el señor podrá tocar mi corazón. Tengo que abrirme a la disposición, tengo que abrirme a lo que Dios quiere de mí, y esto es importante, abrirme a la acción de Dios, a dejar que Dios haga en mí. Evidentemente nos hace crecer en una madurez espiritual esta experiencia de ejercicios. La madurez ignaciana es, es, se llega a ella como San Ignacio la entiende, pues como aquel que conoce sus aficiones desordenadas en relación con el señor y por el remedio y no se deja llevar por ella, no se deja determinar por ella. Esta es la clave del ejercicio, es decir, San Ignacio quiere que la persona crezca en madurez, conociendo sus afecciones desordenadas en relación con el señor. ¿Uno puede darse cuenta de que algo está desordenado en su vida, pues simplemente pensando, pero aquí no, aquí no es eso, aquí es en relación con el señor, es decir, en relación con Dios, qué hay en mi vida que está desordenado, qué hay en mi vida, que no, que no funciona? Por eso se crece en la en la en la madurez, reconociendo las afecciones desordenadas en relación con el señor. Es importante esa relación con el señor, es importante ese contacto con el señor, Es importante esa intimidad con él para descubrir mi afecto desordenado por eso. No es decir, bueno, venga, voy a descubrir los afectos soldados y después ya me pondré relación con el señor, No, no es algo que se te ha unido a ponerme en contacto con el señor y empiezo a descubrir cuáles son mis afectos desordenados. Bien, hemos visto la anotación uno, en la anotación 2, la anotación quinta, son son 21 anotaciones, hemos visto la número 21 en relación con la con la número uno, no vamos a ver todas las anotaciones, simplemente esta que son las más, las más primeras, las principales. Que aparece en nuestro libro de ejercicios, la anotación Primera en relación con la 21, la anotación segunda, la anotación quinta. El Encuentro Transformador de Jesús con Zaqueo y Oración Final Pero ahora vamos a ver un ejemplo en la escritura que nos puede ayudar para entrar en ejercicios, un ejemplo o un pasaje del evangelio que nos ayuda a disponernos en ejercicios. Podemos dedicar ahora un rato a la oración antes de entrar en el principio fundamento que es la introducción al ejercicio, podemos decir. Ese preámbulo en los ejercicios espirituales, pero antes de entrar en esa, en esa, en esa meditación contemplacen de los principios y fundamento, después de ver estas anotaciones, nos hace bien detenernos un momento a un pasaje del Evangelio para poder descubrir cómo tengo que ponerme en relación con el señor, para descubrir mis afectos desordenados y también para después ponerme a buscar allá la voluntad de Dios en mi vida concreta. Nos vamos al pasaje del Evangelio de San Lucas, al capítulo 19, el encuentro de Jesús Con Zaqueo. Lucas 19, del uno al 10. Lucas 19, del uno al 10 escuchamos la palabra de Dios, entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. En esto un hombre llamado Zaqueo, Jefe de Publicanos y Rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura. Corriendo más adelante, se subió a un psicómoro para verlo porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo, Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que que hoy me quede en tu casa. Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto todos murmuraban diciendo, ha entrado a hospedarse en casa de un pecador, pero zaqueo. De pie dijo al señor, Mira, señor, la mitad de mis bienes se las doy a los pobres. Y si he defraudado alguno, le restituyo 4 veces más. Jesús le dijo, hoy ha sido la salvación en esta casa, pues también este es hijo de Abraham, porque el hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Esta frase final del del del pasaje del Evangelio que hemos escuchado es la clave para entrar en ejercicios. El hijo del hombre ha venido a busque y a salvar lo que estaba perdido, aunque yo pueda tener una experiencia de mi vida un poco turbia, aunque pueda pensar que soy un pecador y que casi no tengo remedio. O que llevo mucho tiempo haciendo ejercicios y al final nada, son tentaciones propias de de de que el demonio presenta al que va a entrar en ejercicios. Pero no nos olvidemos esta palabra de la escritura, el hijo del hombre ha venido a busque y a salvar lo que estaba perdido por el periodo que yo me pueda experimentar. Por muy perdido que yo me pueda encontrar ahora mismo, en estos momentos, el hijo del hombre ha venido a busqueda, a salvar lo que estaba perdido, ha venido a busqueda, a salvarte a TI en concreto. No dudes de esto, Jesús viene a buscarte a ti en concreto, viene a buscar tu vida como busco la de Zaqueo. Vamos a ver este pasaje del Evangelio que nos ayude a entrar en ejercicios que nos dispongan este rato de oración. Entra Jesús en Jerico y atraviesa la ciudad. ¿Es necesario que Jesús entrara en jerico? Jesús quería pasar por jerico porque estaba buscando a zaqueo. Estos ejercicios son necesarios porque Jesús te está buscando a ti, a ti en concreto, el busca tu vida, el busca encontrarse contigo, él busca tu amistad, busca tu intimidad, quiere estar cerca de TI. Entró en jerico e iba atravesando la ciudad en esto un hombre llamado Zaqueo. Jefe de Publicanos y Rico, trataba del trataba de ver quién era Jesús, pero no lo lograba a causa del gentío, porque era pequeño de estatura, zaqueo, jefe de publicanos y Rico. Eso dice de él, nada bueno. Dicen de él que podía ser un poco el ladronzuelo, que tal vez no era del todo un hombre justo. ¿Vivía un poco a medias, pero tenía un interrogante en su vida, quiere ver a Jesús? Tú y yo también queremos ver a Jesús. Queremos encontrarnos con él como zaqueo, aunque seamos Jefes de Publicanos y ricos, aunque tengamos estemos llenos de afectos desordenados que desde casi ni conocemos, aunque veamos que somos perdidos en algunos casos. Pero sí es verdad que en el corazón está ese deseo de ver a Jesús, por eso estás aquí, por eso estás haciendo ejercicio, porque quieres ver a Jesús. Hay un deseo en tu corazón, te ha puesto el espíritu Santo. Quieres ver a Jesús, pero lo más sorprendente es que Jesús quiere verte a ti. Por esto ha pensado Jesús. Estos ejercicios los ha pensado para ti, porque él quiere verte a ti y quiere encontrarse contigo, quiere encontrarse contigo. ¿Qué le pasa a zakeo? Hay mucha, mucha gente y por eso no. No logra ver a Jesús y él es pequeño de estatura, hay mucha gente, es decir, hay mucho ruido, hay muchos, muchos afectos desordenados, tal vez en medio. Hay ruido, voces, trabajos, tareas, ocupaciones, gente que dice que sale, pensamientos que van y vienen. Todo ese gentío está delante de mí, me impide ver a Jesús y yo soy pequeño de estatura, es decir, a lo mejor tengo poca, poco fuste, poca fuerza de voluntad, o me encuentro un poco así como débil, o me encuentro poco entusiasmado o me encuentro poco desalentado. Estas son las disposiciones que a lo mejor yo puedo sentir en este momento un mucho gentío y luego verme pequeño, verme pequeño de estatura, experimentarme pequeño. Esta estas limitaciones que experimentaba zaqueo, tal vez también las experimentamos tú y yo. En este momento hay un gran gentío, ruido, voces y luego soy pequeño de estructuras. Tengo poca voluntad, tengo poco fuste, poco fuelle para luchar y para entregarme. ¿Qué haces, qué hace zaqueo? Corre más adelante y se sube a un psicómoro para verlo, porque Jesús tenía que pasar por allí, Jesús quería pasar por allí. Nosotros corremos a subirnos al psicómoro a la higuera de los ejercicios espirituales, es decir, corremos dejado atrás el ruido, hacemos silencio dejado atrás nuestra pequeña estatura, subimos a los ejercicios espirituales, que es esa gran atalaya que nos va a permitir poder ver al señor, porque él tiene que pasar por aquí, es decir, él quiere pasar por estos ejercicios, él quiere pasar por tu vida, él quiere pasar por tu historia, no es ajeno a tu vida y era la mía, no es ajeno a tus sentimientos, a tu luchas. Jesús quiere pasar por tu vida, quiere pasar. Y por tanto, quiere hacérsele en Contradizo, quiere subirse a la higuera de los ejercicios para verte, porque tiene que pasar por aquí. Él quiere verte. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo, Zaqueo, date pedirse y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa. Quién va por la calle mirando los árboles, porque solamente el que busca algo, Jesús, iba mirando el psicómoro, iba mirando los psicómoros la higuera para ver quién había, pero para ver a zaqueo. Jesús quiere pasar por estos ejercicios y quiere pasar por tu vida y va mirando para encontrarse contigo. Te va buscando, Jesús te está buscando, no te encierres, no te entristezcas, no te quedes en tu pequeñez, Jesús te está buscando. Y Jesús buscó a zaqueo y lo llamó por su nombre, zaqueo, date prisa y baja, baja de tu amor propio, baja de tu orgullo, baja de tu vanidad, porque es necesario que hoy me quede en tu casa. Esta expresión, esta frase te la dice hoy Jesús, A ti baja de prisa porque es necesario que hoy me quede en tu casa, hoy quiero quedarme en tu casa, quiero entrar en tu corazón, quiero entrar en tu historia, quiero estar contigo, quiero estar contigo. Ahí está el gran misterio, el gran misterio del amor de Dios era el misterio de su misericordia, era misterio de su bondad. Él quiere estar contigo, él quiere encontrarse contigo. Él quiere de verdad entrar en tu corazón, Jesús te está buscando, Jesús busca tu historia, busca tu vida, busca estar de verdad contigo, Jesús busca estar contigo, Jesús desea estar contigo, Jesús se hace el encontradizo en tu vida. En estos ejercicios es necesario que hoy me quede en tu casa. Jesús no le pilla a zaqueo, bueno, zaqueo, cambia de vida primero. Déjate a todas las cosas y entonces ya poder entrar en tu casa, no, no, al contrario, Jesús entra y cuando entra en su casa, entonces es cuando se produce la Revolución del amor. Por eso es curioso que Jesús quiere entrar, quiere estar contigo y después ya cambiará tu vida. Pero primero déjale entrar por esto la madurez ignaciana que decíamos antes. Es descubrir el afecto desordenado en relación con el señor. Por tanto, hay que dejar que el señor entre para darme cuenta del afecto desordenado, no al revés. A veces pensamos que tenemos que quitar todos los pecados, quitar todos los afectos desordenados, y entonces ya después empezar un trato con el señor. No, no empieza el trato con él, porque él está buscando, empieza tanto con él. En relación con el señor Descubrirás cuáles son tus afectos desordenados, cuáles son tus pecados, pero se descubre en la relación con el señor, en el trato con él, en la intimidad con él. Ahí es donde se descubre el auténtico misterio. Al ver esto todos murmuraban y diciendo, ha entrado a hospedarse en casa de un pecador, pero a Jesús le da igual, a Jesús le da igual esas acumulaciones y a sakeo también porque se ha encontrado con Jesús, le da igual lo que digan de él, ya que no te importe lo que piensen de TI porque estás haciendo ejercicios. Que no te importe lo que piensen de TI, porque descubras algo que tengas que arrancar de tu vida y los arranques de corazón y te des cuenta de que eso, eso que estaba mal, lo quieres quitar. Y eso está apartándote del señor, que no te de vergüenza. ¿Nuestro público es Dios, no podemos estar pensando, bueno, qué dirán los demás, qué pensarán, no? O sea, que no se preocupó de lo que pensaran los demás. Zaqueo se encontró con Jesús y esa fue su alegría. Por eso dice el pasaje del Evangelio, pero zaqueo, de pie, dijo al señor, Mira, señor, la mitad de mis bienes se lo di a los pobres. ¿Y si he defraudado alguno en el tuyo 4 veces más? Jesús le dijo, hoy ha sido la salvación de esta casa. Es decir, cuando entró Jesús en la casa de Zaqueo, entró en su corazón a zaqueo le cambió la vida de tal manera que entonces es cuando empieza a sacar de sí los afectos desordenados a arrancarlos de su corazón. Cuando ha descubierto al señor, cuando ha entrado en su vida, ha entrado en su casa. Es entonces cuando el zaqueo se da cuenta de su afecto desordenado por eso. San Ignacio, cuando nos pide que quitemos los afectos ordenados para buscar ya la voluntad de Dios, todo se hace en relación con el señor, porque estando en relación con él lo descubriremos todo. Estando en relación con el señor, Es cuando vamos a descubrir libremente qué es lo que está fallando en mi vida. Pedimos esta luz al señor, señor, entra en mi vida. Cómo entraste en la Casa de Zaqueo para que descubra cuáles son esas riquezas que me están apartando de TI para que tú puedas decir, hoy ha sido la salvación de esta casa y eso es lo que buscamos, que Jesús pueda decir eso en tu vida. Pues es la salvación esta casa. Hoy comienza la nueva amistad, hoy comenzamos una relación de amor. De nuevo comenzamos a vivir en el misterio del amor, en el misterio de Dios. Esta es la gran novedad radical del Evangelio. Cuando entramos en contacto con Jesús, todo cambia, todo es distinto, todo se hace nuevo, todo se transforma. Aquí está el misterio, Jesús busca a zaqueo, zaqueo espera a Jesús, Jesús entra en la casa de Zaqueo. Zaqueo elimina de su casa aquello que está estorbando para que se quede Jesús. Estos son los ejercicios espirituales, es un medio, una gracia de Dios para poder dejar entrar al señor en nuestra vida y que él nos cambie el corazón. A veces pretendemos cambiar el corazón, nosotros solos, y luego ya entraremos en contacto con el señor, queremos arrancar estas cosas que están mal y luego ya ya veremos con el señor después no, no hay que dejar entrar al señor, porque una vez que le dejemos entrar, entonces solo entonces descubriremos el misterio de Dios solo entonces. Descubriremos la grandeza de una misericordia que nunca se acaba, que nunca se apaga. Hoy es la salvación para esta casa, porque el hijo del hombre no ha venido a búsqueda y salvar lo que está, lo que está una ha venido a búsqueda, salvar lo que está sano y salvo, sino lo que está perdido. El hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que está perdido. No ha venido a curar a los sanos, sino precisamente a los enfermos. Los olores están sanos, he viene a buscar a los enfermos, viene a sanar, viene a curar, viene a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Y ahí está la grandeza de la misericordia, la grandeza del amor de Dios. Ahí está el misterio de la misericordia, el misterio de la bondad. Por eso hay que dejarse tocar y transformar por el amor del señor. Hay que dejar que Jesús toque nuestra vida, transforme que Jesús toque nuestro corazón y lo encienda en el fuego del amor. Venimos a ejercicios, a que el señor Actúe así en nosotros. Venimos así a preparar y disponer el alma. Son muchas las personas que se han convertido en ejercicios espirituales. Cuando una persona hace unos buenos ejercicios, la vida puede cambiar, la vida cambia. Es curioso que San Ignacio no dejaba entrar a ninguno en la compañía de Jesús sin que antes hicieran el mes de ejercicio. Nosotros adaptamos ese mes a 7 días, 8 días de ejercicio, pero pero San Ignacio quería que hicieran el mes de ejercicios y tuvieran esa experiencia fuerte de Dios como saqueo que experimentaron a Jesús, entrar en su vida para que todo cambiara, para que todo fuera distinto, para que Jesús pueda decir. O es la salvación esta casa, cuando una persona entra en ejercicios, se ponen en disposición para que el señor le cambie la vida. San Ignacio, como decía al principio, como dice en su momento, no, no, no permitía que que nadie entrara en la compañía sin hacer los ejercicios. ¿Por qué? Porque los agradecidos era una experiencia única de Dios, única del amor de Dios, una experiencia fuerte a veces porque requiere sosiego, requiere calma, requiere vencimiento propio, requiere silencio, pero al mismo tiempo es una experiencia tan grande. Donde el señor actúa, donde el señor se hace presente, donde él empieza a amar y a transformarnos, con la misericordia, con la bondad, con la dulzura. Entremos en ejercicio, pues con esta disposición, con este deseo, con este entusiasmo, entremos en el ejercicio, no como quien viene a simplemente, bueno, pues a a a rajar un poco. No, no es una exigencia, si no solamente va a ser la oración que podamos hacer, sino una disposición interior de estar buscando al señor y dejarnos encontrar por él. De silencio, de recogimiento, de intimidad. No solamente hacer un reto de oración es hacer esa oración y vivir el día entero en actitud oracional, en presencia de Dios. Es buscar retos largos de oración, pero también de presencia de Dios, de mantenernos en esa silencio de Dios para que él pueda hablarnos al corazón, para que él pueda transformar nuestra historia. ¿Cuántas y cuántas personas se han convertido en ejercicios? ¿Cuántas? ¿A cuántas personas les ha cambiado la vida, han descubierto su vocación o han encontrado consuelo en su momento de enfermedad? O han encontrado compañía y presencia de Dios, o simplemente han arrancado de sí los afectos ordenados para volver a comenzar a vivir su vocación en plenitud. Y podemos, podemos y debemos dejarnos encontrar ahora por Jesús, dejarnos transformar por ese misterio como zaqueo que se dejó encontrar por el señor. Así tenemos que disponernos nosotros con este espíritu. Por eso ahora, en un momento, cuando tengamos ocasión, dediquemos un rato a la oración para poder entrar. En ese misterio, o sobre todo mejor dicho, para dejar que el misterio entre nosotros, para dejar que Jesús nos abra el corazón, dejar que Jesús actúe en nuestra historia, actúe en nuestra vida. Santa maravilla de Jesús decía, Si tú le dejas, qué bien lo hará. Era una una frase muy suya, si tú le dejas, qué bien lo hará puesta la actitud de ejercicios, si tú le dejas, qué bien lo hará, que la dejes hacer, porque si le dejas hacer, qué bien lo hará en tu vida. Si dejas que el señor entre ilumine todo aspecto de tu corazón, verás como él actúa como él, AMA como él, transforma como él. Llega a planificar tu vida entera, porque Jesús no, no exigió a azaqueo nada, simplemente entró en su casa para quererle, para Amarle. Si dejas que Jesús entre en tu casa, en tu corazón, amándote, él no te exige nada, serás tú quien serás capaz de dárselo todo, porque si tú le dejas, qué bien lo hará. Cómo hará él todo si dejamos que el amor actúe. Bien, pues así nos disponemos a este momento, después de esta introducción a los ejercicios, después de ver las anotaciones primera, segunda y quinta. Y después de de Zaqueo. Así nos disponemos para que en la siguiente meditación podemos entrar en el preámbulo de ejercicio, que es el principio de fundamento. Pero se hace necesario que dediquemos un rato a la oración antes queriendo contemplar este pasaje de saqueo y sin tener nosotros interpelados por Jesús, porque él nos busca y él ha venido a buscar y a salvar. Lo que aparentemente estaba perdido, lo que está perdido para el mundo, por eso nadie está, es ajeno al amor de Dios. También tú y yo hoy estamos dispuestos y queremos que el señor entre y nos cambie el corazón, porque, como dice Santa maravilla, si tú le dejas, qué bien lo hará. Y hoy tú y yo queremos dejarle hacer y queremos dejarnos entrar. Gloria al padre y al hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio, ahora y siempre. Por los siglos de los siglos, amén.

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