La meditación parte de la filiación divina como fundamento de la fraternidad: quien se sabe hijo de Dios debe amar a sus hermanos, pues ambos amores son inseparables. El amor a Dios y al prójimo constituye el mandamiento principal, por encima de ritos y sacrificios. En el Opus Dei, la fraternidad radicada en la común vocación debe expresarse en amistad sincera, no en una relación meramente formal u ortopédica. Esto implica compartir alegrías, preocupaciones, proyectos e ilusiones, interesarse verdaderamente por los demás y superar el miedo o la timidez que a veces camuflan el respeto humano. Ofrecer amistad auténtica supone arriesgarse y aceptar la vulnerabilidad de no ser correspondido. También requiere comprensión y empatía: aceptar las diferencias y convicciones ajenas sin prejuicios, descubriendo lo bueno de cada persona y renunciando a moldearlas a nuestra imagen. El Padre propone cultivar virtudes como la afabilidad, la alegría, la paciencia, el optimismo y la delicadeza, que hacen amable la convivencia y favorecen amistades fecundas. Igualmente importante es la discreción con las confidencias recibidas y el respeto a la intimidad, pues abrir el corazón es como mostrar un cofre de joyas que debe guardarse en familia. La meditación concluye acudiendo a la Virgen, reina del Opus Dei, para pedir ayuda en la vivencia de estas virtudes y en la puesta por obra de los buenos propósitos.
Invocación al Espíritu Santo y Oración Inicial
Por la señal de la Santa Cruz ven estos enemigos, líbranos, señor, Dios nuestro, en el nombre del padre y del hijo y del Espíritu Santo, señor mío y Dios mío, creo firmemente que estas aquí, que me des, que me oyes, te adoro con profunda reverencia, te pido perdón de mis pecados y gracia para hacer con fruto este rato de oración, madre mía, inmaculada.
San José, mi padre y señor Ángel de mi guarda, intercede por mí.
La Filiación Divina y el Mandamiento del Amor Fraterno
Continuamos en este retiro con esta segunda meditación que para introducir el tema me gustaría contar 2 anécdotas.
Una era la despedida de varios que se iban de Roma y estaban con don Álvaro, que era el padre.
Uno de ellos era de Perú y.
¿Le preguntó al padre a don Álvaro, Cómo puedo hacer para mostrar a mis hermanos el cariño que les tengo?
Y nuestro padre digo don Álvaro le contestó, Mira, hijo mío, le contestó con una sonrisa.
No, que las palabras tienen fuerza, le dijo, mira, hijo mío, si el cariño al padre no te lleva a querer a tus hermanos, no lo quiero para nada.
Y luego la otra anécdota es de una una profe de mi colegio.
Que estuvo con su marido viendo al padre YY entonces el padre les dijo, creo mucho que así me ayudáis a mí.
Creo mucho que así me ayudáis a mí.
O sea, al final esa filiación al padre, pues se muestra en la fraternidad, en el amor de unos con otros.
Querer amar a todos los hombres es precisamente una consecuencia del amor a Dios padre, amar a todos los cristianos, verlos como hermanos, sentirse unidos a ellos, pues es una consecuencia del amor al Papa, padre de los cristianos y amar a todos en la obra, empezando por las.
De casa de nuestro centro, pues es o las de nuestro Grupo.
Vamos a decirlo así pues, es una consecuencia de sabernos y sentirnos, pues hijos e hijas del padre.
En la obra, la fraternidad es consecuencia de la filiación, y ambas, fraternidad y filiación, son manifestaciones de amor del amor de Dios, que es el vínculo de la unidad, el amor, la caridad, es el vínculo de la unidad, aquello que nos une.
Y es también lo pues lo, lo que une a un matrimonio, lo que en una familia, lógicamente está en todas partes.
No tenemos nada más importante que hacer.
Como tú mismo nos dijiste, señor, en el Evangelio encontramos aquel episodio en el que un escriba se acerca Jesús y le pregunta, Qué mandamiento es el primero de todos.
Y el señor responde, el primero es, escuche a Israel, el señor, nuestro Dios es el único señor.
Amarás, Amarás al señor, Tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser.
El segundo es este, Amarás a tu prójimo como a ti mismo.
No hay mandamiento mayor que estos y describa.
Pues se llena de entusiasmo y le dice muy bien, maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el señor es uno solo y no hay otro, y que amarlo con todo el corazón, con todo el tal y que amar al prójimo vale más que todos los Holocaustos y sacrificios.
El Añade eso, que todo eso es más valioso que todos los Holocaustos y sacrificios, aquello que en qué consistía el culto judío, básicamente, o sea, está dando una prioridad a los de dentro sobre lo de fuera.
Algo muy difícil para para la espiritualidad judía, que es muy ritual.
YY Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo, No estás lejos del Reino de Dios y nadie se atrevió a hacerle más preguntas, no hay más preguntas, no, nosotros, señor nuestro, sí nuestra.
Nuestra vocación es amar a Dios y amar a los demás.
YYY concretamente vamos a fijarnos en ese amor que nos une o con el que queremos, pues a a a nuestras hermanas y hermanos en el Opus Dei, que es consecuencia, como digo, de sabernos hijos del padre.
La Amistad como Vínculo Esencial en la Fraternidad
A veces se oye decir en en en otro ambiente no, por ejemplo, pues es no es mi hermana, pero no es mi amiga.
¿Es mi hermana, pero no, no es mi amiga y da un poco de pena, no?
O no sé como como separar amores, no, pues una cosa es mis hijos, que yo no soy amigo de sus hijos, soy su padre, se entiende, pero hombre, un amor de amistad con los hijos.
¿Es muy deseable que haya algo en común que compartir y que nos una, porque si no el amor o es de amistad o qué, qué amor es, no?
Los esposos, pues claro, son más que amigos, pero tienen que ser amigos también porque sino verdad.
¿Bueno, pues vamos a ir a traer esto a casa, no?
La fraternidad.
Bueno, la fraternidad significa amistad, debe ser así si no es una cosa ortopédica, ortopédica.
No, mis hermanas tal, pero si no se sabe ni cómo se llama, ni cuántos hijos tiene, ni ni ni no solo con ella, o sea, sigue siendo mi hermana, lo sigue siendo.
O sea, la relación es cierta que existe, pero verdad, es algo ortopédico.
YY el padre, en esa carta que nos escribió el 01/11/2019 sobre la amistad, uno de los apartados se llamaba precisamente así, amistad y fraternidad.
Y nos hablaba ahí de la necesidad de ser amigos, amigas, de los de casa, de las de casa, porque en todas las relaciones que nos vienen dadas, que no se eligen, hay esa necesidad de convertirlas mediante el amor, mejor dicho, mediante la amistad en en una relación amorosa.
Y Fíjate lo que nos decía el padre, vamos a ver, vamos a hacer como un resumen de esa carta, nos decía.
Entre fraternidad y amistad, fraternidad y amistad se da una íntima relación, la fraternidad de simple relación fundamentada en la comunfiliación.
Sí, vale, soy hermana de otra supernumeraria de Hong Kong.
Sí, realmente lo somos.
De simple relación, fundamentada en la comunión, en la comunicación, se hace amistad por el cariño entre hermanos con lo que comporta de interés mutuo, comprensión, comunicación, servicio atento y delicado, ayuda material, etcétera.
No, o sea, es ahí, en la estratosfera, aterrizarlo.
Eso es lo que hace el padre.
No oye, todo esto es muy bonito, pero amistad.
En este sentido, también la fraternidad, dice el padre, radicada en la común.
Vocación a la obra, pide, pide, está pidiendo, está exigiendo, pide expresarse en una amistad.
Es muy bonito, es decir, que no basta ir juntos al círculo, coincidir en el centro, tener la misma vocación.
Esa fraternidad está pidiendo a gritos.
De expresarse en una amistad sincera.
¿Qué?
¿Qué significa?
Pues que nos interesamos por las demás, las conocemos, hablamos, compartimos con ellas, les servimos, les nos ayudamos mutuamente.
Tenemos objetivos comunes.
No es una burocracia ni un eslogan, tiene que ser algo de corazón, tiene que ser algo interiorizado, no es los Holocaustos y sacrificios.
Sino amar al prójimo como a ti mismo.
Más aún si una amistad se mide por el valor de los bienes que se comparten, no una amistad, se comparten unos unos bienes, pues si se mide por la la calidad de una amistad se mide por la calidad del bien que se comparte.
No es lo mismo, pues un amigo de pesca no, que que es fantástico.
Que que un un compañero de colegio, que un amigo de la familia, etcétera, no, pues claro, se va, se va.
O que un hermano que además es amigo, o que una madre que además es amiga.
Pues claro, las cosas que se comparten cada vez.
Bueno, pues nosotros compartimos con las demás personas de la obra, pues nuestra vocación, el deseo de cambiar el mundo, el amor a Jesucristo, o sea, el deseo de Santidad, que son los bienes más grandes, por tanto.
La amistad ha de ser muy profunda y valiosa.
Naturalmente no compartimos la afición al pádel o coleccionar mariposas que que se puede hacer un amigo de alguien que colecciona mariposas como yo.
Hombre, mira, pues yo también tal cual, nos vemos y pinchamos los bichos, hacemos lo que sea coleccionando mariposas que no sé qué es, pero bueno, lo que sea.
Nosotros compartimos mucho más entonces.
La Importancia de Compartir y la Vulnerabilidad en la Amistad
Vamos a ver como 2 aspectos.
El primero compartir, decía el padre con nuestros hermanos compartimos también nuestras alegrías y proyectos, nuestras preocupaciones e ilusiones.
El otro día me fui a confesar al centro al sextante y la verdad es que me pareció muy bonito una escena que presencié.
Me dijeron don José, Pase y tómese algo.
Y estaban allí, pues, varias de vosotras.
Con una copita de champán y unas cositas de no sé qué celebrando la ordenación del hijo de una de ellas.
¿Pues claro, se comparte, se comparte, porque si no, hermanos, de qué?
¿Si es que no me cuento esto, si si, si no llego a esa amistad de compartir cosas ortopédico, o sea, esto qué es?
Y no solamente eso, si no que se comparten inquietudes.
Preocupaciones, alegrías, éxitos.
¿Oye, pues sabéis qué ha pasado?
¿Jo, estoy encantada porque a mi hijo tal no sé qué bueno, sin ser pesadas, claro, estar siempre porque mi hijo es el mejor de todos, no como los vuestros, que son unos arrastrados, no?
¿Pues hay que un poco, hay que escuchar también, verdad?
Pero pero pero bueno, uno hace el esfuerzo por compartir el padre en esa Carta de la Amistad que ya digo que le vamos a hacer un resumen, se hacía eco de un posible peligro, decía.
Puede suceder algunas veces que por cierta reserva o timidez, uno no logre manifestar a los demás todo el cariño que querría.
¿Entonces esto que nos puede pasar le pasa menos a un andaluz que a un castellano?
No le pasa.
¿Hay modos de ser distinto, verdad?
Pero si nos pasa esto, eso es una limitación, una personalidad rica.
Es capaz de expresar aquello que siente y hacérselo sentir al otro.
Es capaz de mayor comunicación, de mayor, no es esa, esto es la riqueza como nuestro señor aparece en el evangelio, regocijándose y comunicando con los apóstoles, pues mi alma está triste hasta la muerte, vigilar, quedaros aquí conmigo.
O te doy gracias, padre, porque has enseñado a esta gente.
Bueno, lo que sea entonces, dice el padre, superar ese obstáculo, que lo es, que es un obstáculo.
Perder ese miedo puede ser una gran oportunidad para que Dios derrame su amor sobre los amigos.
O sea, cuando yo pierdo el miedo a compartir, pues a veces es, señor, un cauce para que tu derrames tu amor en esas personas.
Esto se podría explicar por qué, pero nos llevaría largo.
Lo dejo ahí simplemente.
Por eso te pedimos, señor, que nos ayudes a superar ese miedo camuflado de respeto a la intimidad.
Que el respeto a la intimidad es una cosa buenísima, naturalmente, pero a veces puede camuflar el miedo o el respeto humano, decía el padre.
Ofrecer nuestra amistad de manera auténtica presupone la capacidad de arriesgar, pues cabe la posibilidad de no ser correspondido.
¿Cabe esa posibilidad?
Es preciso aceptar esa vulnerabilidad al que cuenta algo se hace vulnerable, claro, pero estamos con gente que nos quiere.
También se hace vulnerable a cosas buenas, a que recen por mí, por mi familia, por mis cosas, etcétera, etcétera.
A que me quieran más.
Es preciso aceptar esa vulnerabilidad, dar continuamente ese primer paso sin esperar nada a cambio, con la vista puesta en el gran bien que podrán hacer así.
Una amistad auténtica, señor, el que te lo pedimos, no una amistad auténtica con todas las de mi Grupo.
Empezando por eso, si podemos llegar a más estupendo una amistad auténtica, claro.
Para compartir se requiere ese esfuerzo del que comparte.
Pero también por el otro lado se requiere, pues, un interés sincero y no mera educación, sino interés.
Cariñoso, cariño, decía nuestro padre en una ocasión.
Lo recoge el padre en su carta, cariño, lo necesitan todas las personas y lo necesitamos también en la obra.
Cualquier cosa de un de otro, hijo mío, debe ser de verdad muy nuestra.
Y Añade el padre.
Cariño es lo que recuerdan especialmente quienes convivieron con nuestro padre.
Es ese cariño que se manifiesta, insisto, en un interés por las cosas de los demás.
Bueno, a mí qué me importa esta señora que me está contando y como que, pero, pero pero el momento cómo que no te importa, pues es tu hermana y eso a lo mejor le puedes ayudar o cuando menos escucharle con cariño.
Es que, pero no por educación, sino que es que tienes realmente interés en las cosas de las personas.
Que que que están unidas con las que compartes tantas cosas o lo puedes llegar a tener.
Me acuerdo como YY cuando hay cariño se supera todo.
Y lo que me acordaba era de una anécdota de nuestro padre, que contaba un sacerdote.
Don José Luis Illanes ya es bastante mayor, pero él contaba cuando era un chico joven que estaba estudiando teología en Roma.
Pues ahí vivía con nuestro padre, junto con todo el Colegio Romano YY uno de los días era el cumpleaños de alguien y hubo un show.
En ese show salieron varios a tocar una canción de rock, que entonces era una cosa, pues novedosa.
Y salió un americano embestido con unos pantalones de la bandera de Estados Unidos con una guitarra eléctrica y otro la batería.
Allí.
¿Bueno, nos imaginamos, no?
Y entonces contaba José Luis que estaba sentado al lado de San José María.
San José María estaba en un sillón que tenía como 2 apoyabrazos y en uno de ellos, con la mano iba tamborileando la canción, el ritmo y en un momento dado se asomó, se se se acercó así a lo a la oreja de José Luis y le dijo, José Luis, a mí esta música no me gusta nada, pero cuando la tocáis vosotros, cuando la tocáis vosotros, sus hijos.
Me encanta y entonces él decía, nuestro padre estaba disfrutando, no era una pose, no era YY estaba encantado y aplaudió y feliz.
Pues claro, nosotros necesitamos interesarnos verdaderamente señor, por las cosas de los demás, preguntar, guardar en el corazón.
¿Oye, cómo ha ido aquello?
Te he encomendado o he encomendado a tu y necesitamos también, pues, la discreción que se vive con las cosas de familia, porque cuando una persona abre su corazón, aunque sea delante de muchas personas, es como si sacara su cofre de joyas, lo pusiera en medio, lo abriera y mirara y sacara, pues esta joya que era de mi madre.
Y esto no sé qué y esto no sé cuánto, pero lo que no podemos hacer es luego las vuelve a meter y lo cierra y eso se queda ahí.
Lo que no podemos hacer es, imagínate la escena, no a ver, vaya perla tal, no sé qué, no sé cuánto tal.
Bueno, oye, un poco de respeto, o sea, es algo sagrado, es algo sagrado que se mantiene en familia, solamente los tontos cuentan.
Las cosas de su familia, que no son de su familia, porque los defectos de mi marido, de mis hijos, si yo no los cuento, no se sabe, solamente la gente que no tiene muchos dedos de frente, el resto se queda en familia, pues los defectos y cosas que no son defectos, preocupaciones, tal el señor.
Nosotros tratamos con enorme delicadeza las cosas que nos cuentan, pues las demás de casa, respetar esa diversidad.
En la manifestación de la intimidad, dice el padre, no es falta de sinceridad o de profundidad en la amistad, sino todo lo contrario, generalmente es condición para preservar la verdadera naturaleza de la relación.
¿Oye, qué ha dicho?
¿Pues pregúntale a ella, yo qué sé, no?
Y así lograremos ese ambiente, dice el padre, propicio en el que puedan crecer amistades fecundas.
¿Por qué?
Porque favoreceremos la espontaneidad personal y la iniciativa personal.
Pues para, para para mostrarse como una es con una gran pluralidad.
No me acuerdo también que que una chica joven, pues muy jovencita, que va veintitantos años veintipocos no que que había había pedido la admisión como supernumeraria.
Y entonces en vez de ir a la convivencia que se organizaba en agosto, pues para la para para las chicas jóvenes que habían pedido la admisión recientemente, pues fue a una convivencia normal.
YYY cuando volvió donde había, pues señoras de todo tipo, con muchos hijos, con pocos abuelas.
Bisabuelas había de todo.
Entonces me dijo, Me ha encantado, me lo he pasado.
He disfrutado porque don José había gente tan distinta.
Había gente sorprendente desde una que tenía 70 años y era soltera, pero que tenía un buen humor.
Y tal no sé qué, que no sé cuánto otra, que era abuela de no sé cuánto, la madre de no sé quién una.
Y entonces me fui, me iba contando, contando, contando, pues o sea, la gente de casa es, somos cada uno distintos, pero compartimos mucho y podemos tener una amistad profunda que nos enriquece enormemente precisamente por esa diversidad.
Superar Prejuicios para una Amistad Auténtica y Profunda
Y así pasamos con el hemos hablado en primer punto que es compartir no de algunas características, y ahora otro que es la comprensión y la empatía.
La comprensión, por decir una sola palabra, dice el padre en el número 8, la amistad verdadera.
Y estas son palabras de nuestro padre, la amistad verdadera supone también un esfuerzo cordial por comprender las convicciones de nuestros amigos, en este caso las de casa, que estamos fomentando la amistad con ellas.
¿Aunque no lleguemos a compartirlas ni aceptarlas hasta aquí la cita de nuestro padre, yo pensaba, pues mis hijos les encantan Halloween, YYYY, les disfrazo y van a pedir tal?
Pues muy bien, a mí me parece que es anticristiano y no quiero que mis hijos lo hagan.
Pues muy bien, a mí me gustan los colegios, pues muy bien, a mí me gustan los institutos públicos, pues muy bien, a mí me bien.
Es que es que no somos amigos porque pensemos lo mismo de todo, sino porque compartimos esos bienes profundos de la vocación.
Tenemos un mismo padre, el deseo de santidad, de transformar la sociedad, de hacer la obra.
Eso es lo que une y lo demás nos enriquece enormemente, porque.
Menos mal que hemos ganado las elecciones.
¿Hemos ganado quién?
Una frase inquietante.
¿Bueno, quién ha ganado?
Porque a lo mejor hay gente que no, que tiene otras opiniones perfectamente lícitas.
A qué es verdad que cuando ya no se conoce, pues ya sabes con quién está hablando, hace sigo leyendo lo que decía el padre de este modo, nuestros amigos, o sea.
De ese modo es el el modo de aceptar y comprender las condiciones de nuestros amigos, aunque no lleguemos a a compartirlas ni aceptarlas.
O sea, que me puede parecer que lo mejor no es eso, sino otra cosa perfecto.
No pasa nada, dice.
De este modo, dice el padre, nuestros amigos nos ayudan a comprender maneras de vivir que son diferentes a la nuestra, a comprender no quiere decir que nosotros vivamos así, pero a comprenderlo.
Enriquecen nuestro mundo interior.
Se trata de un auténtico sentir en los demás, es decir, participar en lo que viven, de lo que les pasa.
¿Bueno, estarás contento, EH?
¿Ha ganado tal no sé qué, pues ya está, no como cuando uno es del Madrid y otro es del Atlético de Madrid, cosa que a nosotros os da igual, me parece todo esto no?
¿Y dice, bueno, enhorabuena Eh, habéis ganado tal se puede uno felicitar a alguien que sea del equipo contrario por quién dice el padre?
Para esto necesitamos la capacidad de mirar.
Con afecto a las demás personas, o sea, a las de casa, podemos traducir hasta verlas con los ojos de Cristo, con tus ojos, señor, que yo vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma, repetía el padre tantas veces, que yo no sea mezquino, ay, es que está, no me gusta, no sé qué, no sé cuánto es que tal por dentro, no digo por fuera, sino por dentro, es que está, es que no sé cuánto.
Pero bueno, por el amor de Dios, no por el amor de Dios, qué poco Santos somos, señor, aunque hagamos 1 hora de oración y vayamos a misa, que mezquinos somos.
A veces yo el primero, EH, no, no, no estoy acusando a vosotros, ni mucho menos, no.
Entonces, sigue diciendo el padre, necesitamos limpiar nuestra mirada de cualquier prejuicio.
Y a veces ese esfuerzo de acercarnos y de compartir con los demás nos ayuda a esto, porque nos damos cuenta de que estamos llenos de prejuicios, de que somos muy necios.
No que no.
Repito, digo esta palabra porque refleja muy bien lo que es un prejuicio.
Prejuicio es aceptar algo sin juzgarlo, con lo cual es una necedad.
No, no, no, no es un insulto, no lo digo como insulto, sino en sentido real, no.
Necesitamos limpiar nuestra mirada de cualquier prejuicio, claro.
Por eso decíamos el ritmo de la casa del padre.
El padre escribe esta carta de la amistad, que es fascinante, y las cada frase que dice, cada frase que dice tiene intención.
No es una colección de cosas que se no, no, no.
Necesitamos aprender a descubrir lo bueno de cada persona y renunciar al deseo de hacerlas a nuestra imagen.
¿Por qué dice esto el padre?
Pues porque si nosotros somos así, señor, tendríamos mucho.
Si fuéramos así, tendríamos mucho más éxito Apostólico, por ejemplo.
Una de las cosas porque nos pareceríamos más a ti que no tienes comer con publicanos y pecadores y que una prostituta te te te acaricie los pies y te los unja con sus cabellos.
En una cultura judía donde el tacto ya te dejaba impuro.
¿O sea, es que dice, no, no nos hará falta esto YY qué cauce más bonito para empezar a hacerlo que con las demás de casa?
¿Las que queremos, oiga, no se ponga, así que ya lo hacemos, se pueden perdonar?
¿Pues sí, a lo mejor seguramente lo hacemos, no?
¿Y lo intentamos todos, no?
Dice el padre.
Concluye este párrafo, para que un amigo reciba nuestro cariño no necesita cumplir ciertas condiciones.
Para que una de casa reciba nuestro cariño no necesita y nuestra amistad no necesita ser de un determinado modo.
YYYY entonces cita unas palabras de nuestro padre que dicen, Dios no se repite, cada uno es como es y hay que tratar a cada uno según.
Lo ha hecho Dios con sus problemas, con sus defectillos, con sus tiempos, sin murmurar jamás, señor.
Y para hacer esto, pues hay hay que pulir el carácter.
Es una de las cosas que también dice el padre y entonces dice un párrafo que lo voy a leer porque hay que ir terminando YYYY, ya está, no, pero es el el número 9 de la Carta, que es un párrafo maravilloso.
Cultivar Virtudes para una Convivencia Amable y Fecunda
Dice ganar en afabilidad, alegría, paciencia, optimismo, delicadeza.
Pero escribe estás virtudes y no escribe otras.
¿O sea, no escribe ganar en ortodoxia, en intransigencia santa intransigencia incluso?
No, no, no, no está hablando de esas, él se fija en otras, se fija en las que se fija.
Y esas son las del ritmo de la casa del padre, que son estas ganar en afabilidad.
En alegría, en paciencia, en optimismo, en delicadeza y en todas las virtudes que hacen amable la convivencia.
Señor, yo tengo estas virtudes, es importante para que las el padre nunca dice es muy importante.
Por ejemplo, yo soy apasionado y si escribiera diría es fundamental.
El padre nunca habla así, dice.
Es bastante importante, y si.
Un poco importante y se dice importante.
¿Significa que es bueno, no lo sé, yo lo voy a interpretar al padre, no?
Él dice es importante para que las personas puedan sentirse acogidas y ser felices.
Toma ya 2 puntos y ahora cita el eclesiástico palabras dulces, ganan muchos amigos y el bien hablar multiplica la las cortesías.
Y luego dice, en cambio, ciertas maneras de expresarse pueden enturbiar o dificultar, pueden la creación de un ambiente de amistad en nuestro Grupo, por ejemplo, por ejemplo, ser demasiado categórico al expresar la propia opinión, Ay, señor, lo que yo soy, no perdóname.
Dar la apariencia de que los propios planteamientos son los definitivos o no interesarse activamente por lo que dicen los demás, son modos de actuar que encierran en sí mismos.
Esto al hablar de política de personas, de otros ambientes, de soluciones opinables, de colegios, de la educación, de no sé qué va de todo.
¿Da igual verdad que todos nosotros podemos como hacer un examen, no?
Y decir, bueno, señor, y pedirle al señor no que nos ayude, pues a adquirir esas virtudes de la convivencia, ese tono delicado no que favorece la amistad, ese cambio de nuestro carácter, si fuera necesario para para ser comprensivos y empáticos, que era ese punto que estamos viendo, pues vamos a acudir a la Virgen reina del Opus Dei y le pedimos que nos ayude a vivir todas estas cosas que hemos meditado.
Agradecimiento y Petición de Ayuda a la Virgen
Te doy gracias, Dios mío, por los buenos propósitos Aceptos e inspiraciones que me has comunicado en esta meditación te pido ayuda para poneros por obra, madre mía, Inmaculada San José, mi padre y señor Ángel de mi guarda, intercede por mí.
Podcast Summary
Key Points:
La filiación divina se manifiesta necesariamente en la fraternidad, pues el cariño al Padre debe llevar a querer a los hermanos.
El mandamiento principal es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo, por encima de ritos y sacrificios.
La fraternidad en el Opus Dei debe convertirse en amistad sincera mediante el interés mutuo, la comprensión, la comunicación y el servicio atento.
Compartir alegrías, preocupaciones, proyectos e ilusiones es esencial para que la fraternidad no sea algo meramente ortopédico o burocrático.
Superar el miedo y la timidez al ofrecer la amistad permite que Dios derrame su amor sobre los demás, aceptando la vulnerabilidad de no ser correspondido.
La comprensión y la empatía exigen aceptar las diferencias y convicciones de los demás sin prejuicios, descubriendo lo bueno de cada persona.
Cultivar la afabilidad, la alegría, la paciencia, el optimismo y la delicadeza hace amable la convivencia y favorece amistades fecundas.
La discreción con las confidencias ajenas y el respeto a la intimidad son condiciones para preservar la verdadera naturaleza de la amistad.
Summary:
La meditación parte de la filiación divina como fundamento de la fraternidad: quien se sabe hijo de Dios debe amar a sus hermanos, pues ambos amores son inseparables. El amor a Dios y al prójimo constituye el mandamiento principal, por encima de ritos y sacrificios. En el Opus Dei, la fraternidad radicada en la común vocación debe expresarse en amistad sincera, no en una relación meramente formal u ortopédica.
Esto implica compartir alegrías, preocupaciones, proyectos e ilusiones, interesarse verdaderamente por los demás y superar el miedo o la timidez que a veces camuflan el respeto humano. Ofrecer amistad auténtica supone arriesgarse y aceptar la vulnerabilidad de no ser correspondido. También requiere comprensión y empatía: aceptar las diferencias y convicciones ajenas sin prejuicios, descubriendo lo bueno de cada persona y renunciando a moldearlas a nuestra imagen.
El Padre propone cultivar virtudes como la afabilidad, la alegría, la paciencia, el optimismo y la delicadeza, que hacen amable la convivencia y favorecen amistades fecundas. Igualmente importante es la discreción con las confidencias recibidas y el respeto a la intimidad, pues abrir el corazón es como mostrar un cofre de joyas que debe guardarse en familia. La meditación concluye acudiendo a la Virgen, reina del Opus Dei, para pedir ayuda en la vivencia de estas virtudes y en la puesta por obra de los buenos propósitos.
FAQs
Significa que no basta con coincidir en el centro o tener la misma vocación; la fraternidad debe traducirse en amistad sincera y de corazón, con interés real por los demás.
Perdiendo el miedo a compartir, pues ese miedo a veces se camufla de respeto a la intimidad. Superarlo es una oportunidad para que Dios derrame su amor sobre los amigos.
Celebrar juntos la ordenación del hijo de una hermana, compartir alegrías, proyectos, preocupaciones e ilusiones, y escuchar con cariño las cosas de los demás.
San Josemaría tamborileaba la música que no le gustaba en un show, pero dijo a José Luis Illanes que, aunque esa música no le gustaba, cuando la tocaban sus hijos le encantaba. Era un interés real, no una pose.
Ofrecer amistad auténtica implica arriesgarse a no ser correspondido. Aceptar esa vulnerabilidad permite dar el primer paso sin esperar nada a cambio y recibir bienes como oración y cariño.
Se debe comprender y aceptar sus condiciones aunque no las compartamos, sin prejuicios. La amistad no se basa en pensar igual, sino en compartir la vocación, el deseo de santidad y el amor a Jesucristo.
Chat with AI
Loading...
Pro features
Go deeper with this episode
Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.