El texto es una homilía que reflexiona sobre el pasaje bíblico de Juan 20:19-31, donde Jesús resucitado se aparece a los discípulos. Destaca el encuentro en el que Jesús, mostrando sus heridas, les otorga paz y el Espíritu Santo, enviándolos a continuar su misión. Se centra en la figura de Tomás, quien inicialmente duda y exige pruebas físicas para creer. Cuando Jesús se le aparece y le invita a tocar sus llagas, Tomás responde con una profunda declaración de fe: "Señor mío y Dios mío". La homilía explora la naturaleza de la paz verdadera, presentada no como mera ausencia de guerra, sino como un estado interior de plenitud, justicia y confianza. Valora la duda de Tomás como un elemento honesto y humano en el camino de la fe, enfatizando que Jesús acoge nuestras inquietudes con paciencia y respeto. Finalmente, concluye que la fe auténtica a menudo implica creer sin ver, confiando en la presencia amorosa de Dios en medio de nuestras vulnerabilidades y temores.
[Music] Buenos días soy el padre Emmanuel Fernández, hoy es domingo, 12 de abril, segundo domingo de Pazcuau de la Divina misericordia. Leemos el texto de Juan, el capítulo 20 de los versículos 19 al 31. A la tarde ser de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerrada las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, "Porte mora en los judíos", llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, le dijo la Paz esté con ustedes. Mientras decía esto, le mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vienen al Señor. Jesús le dijo de nuevo la Paz esté con ustedes, como el padre me envió a mí, yo también los envió a ustedes. Al decirles esto son plossobre ellos y añadió. Reciban el Espíritu Santo, los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen y serán retenidos a los que ustedes se los retengen. Tomás, uno de los dos se desobrenombre el mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron, "Hemos visto el Señor", él les respondió si no veo las marcas de los clavos en sus manos, sino pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creen. 8 días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa y estaba con ellos, Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerrada a las puertas, se puso en medio de ellos y le dijo la Paz esté con ustedes. Luego dijo Tomás, "Trá aquí tu dedo, aquí están mis manos acerca a tu mano, meten a mi costado en adelante no se sin credulos sino hombre de fe". Tomás respondió, "Senior mí y Dios mío". Jesús le dijo ahora, "Crees porque me ha visto, felice los que creen sin haber visto". Jesús se realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos que no se encuentran relatados en este libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el mesías, el hijo de Dios y creyendo tengan vida en su nombre. Pasemos a meditar este texto sagrado. 8 días después, viene nuevamente Jesús, a posar su paz sobre los míos de Tomás, a posar su caricia sobre las dudas de la postura, se ha hablado tanto de la duda de Tomás, pero no existe fe sin signos de pregunta. Basta que sea auténtica, aunque sea pequeña. No hay que olvidar que un pequeño grano de mostaza encierra un potencial inmenso. Pobre Tomás ha llegado a ser proverbial y se lo ha puesto como alguien que no cree. Pero sólo Tomás es corajudo, es el único que tiene el valor de salir del senáculo contaminado del mío sofocante. Estaban encerrados los discípulos por temor a los judíos. La vida se inicia cuando el miedo termina. Tomás es el único que mira de frente sus propias dudas y la llama por su nombre. Si no veo la marca de los clavos en sus manos y no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado no lo crere. Dice él, hay que recordar que el creyente auténtico es siempre nomade, peregrino, nunca residente. No hay que tener miedo a dudar. El texto 18 días después Jesús entró allí. En ese senáculo donde estaban reunidos los discípulos, pero los congregaba el miedo, no el valor. Jesús los había enviado a ir por las calles del mundo y los encuentran cerrados en esa sala asfixiante. Jesús gestione maneja la imperfección de la vida nuestra con una humanidad suprema. No pide a los apóstoles que sean perfectos sino que sean auténticos. El texto dice que se puso en medio de ellos y le dijo la pase a con ustedes. Se puso en medio de ellos. No el costado no arriba no adelante sino en medio del corazón de ellos. Jesús siempre sabe estar en el medio sin estorbar, sin gestos clamorosos, con su sola presencia que requiere estar juntos, pero no con miedo, sino con coraje y esperanza dentro. Jesús no acusa, no reprende, no levanta la voz, está en medio para unir la vida de ellos con la fuente que es él. Y le dice "pase a ustedes" y "sapase la anuncia como una caricia sobre nuestros temores también, sentido de culpa, sueños no alcanzados, tristeza que destine nuestros días". "Pase", una palabra tan breve pero que nos cuesta tanto poner en acto. Es el término que se usa en el Ebreo Moderno y en árabe Salam para saludar y que en el antiguo testamento aparece 237 veces. En el talmud que es el libro que recogia en las tradiciones judías, se dice que la paz es para el mundo lo que la levadura es para la harina y la masa. La concepción del paz de Salom es polídrica, porque en su raíz significa en Ebreo algo acabado, perfecto y entonces la paz entiende no como ausencia de guerra, sino como bienestar, justicia, prosperidad y plenituya de vida. Como dice el Salmo 85, la justicia de la paz se besaran y el famoso filósofo, Ebreo Olandés Baruch Espinoza del siglo XVII, afirmaba que la paz no es ausencia de guerra solamente sino que es un estado de ánimo que dispone la confianza, la benevolencia y la justicia. Todesías el Augustín, la paz es tranquilitas órdenes, la tranquilitas órdenes, la tranquilidad del orden, del orden interior. Salomón, el sucesor de alreidad y terreconocido por su sabiduría y por construir el primer templo de Jerusalén que gobernó 40 años, consolidando un periodo de edad de oro, era como lo indicaba su nombre, un hombre de paz. ¿Qué necesario es en estos tiempos actuales que nosotros eamos salomones? Seamos hombres y mujeres de paz. León 14, la vigilia de oración, de anoche, rezando el Rosario para invocar la paz decía "basta ya de la idolatria, de uno mismo y del dinero, basta ya de la exhibición de la fuerza, basta ya de la guerra". La verdadera fuerza se manifesta en servicio a la vida y recordó aquello que decía Pio 12, "nada se pierde con la paz, todo puede perderse con la guerra". Sienten C, decía el Papa, en mesas de diálogo y de mediación, no en mesas donde se planeen rearme y se derivan acciones de muerte. Recordamos lo que decía un hombre muy poderoso "Día pasados", que amenazó con de volver a Irana a la edad de piedra y que sería eliminada una civilización entera, pero fijémonos el retroceso de humanidad que esto significa volver a la edad de piedra. Es un retroceso de humanidad y que sería eliminada una civilización entera. Nosotros en realidad no queremos la paz, preferimos la victoria sobre el enemigo a la paz con él, preferimos la inmediate de la fuerza a la paciencia del compromiso. Recuerdo ahora aquello que escribió quien fuera secretario de Estado de Juan Pablo II, el cardena lagostino Casaroli, escribi un libro que se titula "il martirio de la paciencia", "el martirio de la paciencia", "la paz es desarmante", no había dicho Jesús, "en vaina la espada", ese que quería atacar y herir, al soldado del sumo sacerdote, en vaina la espada. La paz que Jesús da, la edad no como la ofrece el mundo,
la paz que dajes sus resucitades una paz que comienza dentro. Y luego Jesús se dirige a Tomás, nuestro hermano gemelo, porque se dice "Tomás el mellizo, emellizo tu, yo y mío, porque si igual a nosotros con sus dudas y su fe, había sido educado en la libertad interior y en el disenso. En vez de imponerse, Jesús se propone, trae aquí tu dedo, aquí están mis manos, acerca tu mano, metela en mi costado, Jesús respeta la fatiga y las dudas, honra los tiempos de cada uno y la complejidad del vivir personal. Jesús no se escandaliza, Jesús no esconde las llagas, las exive, ven, aquí están mis llagas. Esta serida que son el alfabeto rojo de esas heridas que escrito la historia del amor. La resurrección no ha cerrado los agujeros de los clavos, porque esas heridas son la expresión más alta de la locura del amor. Pero Jesús no lo llama, no creyente a Tomás, sino que le dice, y así lo señala el texto griego, caí, meguinú, a pistos a la pistos, es decir, deja demostrarte a aparecer como no creyente, ¿por qué eres creyente Tomás? ¿Qué es creer? Es como decía los teólogos medievales, "cordar" es un "dare el corazón" en los momentos difíciles. También demos leaje, Jesús, nuestro corazón, con esas dudas y esos miedos, esas insertezas, esas oscuridades. Pero Tomás le dice, "Señor mídios mío, el Evangelio no dice que Tomás metió el dedo en las llaras". "Señor mídios mío" le dice, " mío, pronombre posesivo para indicar que lo necesita como la respiración, Tomás a Jesús". mío, como el corazón, sin el cual no se puede palpitar más, es decir, "Lajesú, tú me perteneces y yo te pertenezco". La fe es sentir que somos propiedad de su amor. Le dice, "Señor mídios mío, pero le dice Señor y Dios". El hebreo creyente reservaba estos apelativos sólo para Dios. Tomás no ha tenido necesidad de meter el dedo. Pasó de una cita en la que él faltó, porque cuando Jesús se aparece resucitado, Tomás no estaba. Pasó de una cita en la que él faltó a una presencia que lo deslumbró. Sí, en la Cámara Santa que se encuentra en la cateral de obviedro en Asturias, allá aparecen los representados, los 12 apóstoles, pero curiosamente, 11 tienen los ojos a sabache, negro a sabache. En cambio, los ojos de Tomás son de azul safiro, es decir, transparentes, con una transparencia y un color azul intenso y profundo. Recuerdan aquello del pastor Luterano Bonéfer, en su obra resistencia y su misión, Cartas y apuntes desde el cautiverio, recordaba una conversación que había tenido en 1941 con un pastor protestante joven y dice, "No sabíamos preguntado qué queríamos hacer con nuestra vida". Y él me dijo que quería ser un santo. Yo le dije que simplemente quería aprender a creer en alemán y mechte la obvendlárden. Quiero simplemente aprender a creer. Y recordemos como corrolario final de este Ebargelio y la meditación sobre él, que no hay que ver para creer, sino que hay que creer para ver. Dios los bendiga Ramundanse hasta la semana que viene.
Podcast Summary
Key Points:
Jesús se aparece a los discípulos, les muestra sus heridas, les da la paz y el Espíritu Santo, y los envía a perdonar pecados.
Tomás duda de la resurrección hasta que Jesús se le aparece personalmente, mostrándole sus heridas, lo que lleva a Tomás a profesar su fe.
La paz que Jesús ofrece es interior, desarmante y se basa en el bienestar y la justicia, no solo en la ausencia de conflicto.
La duda, como la de Tomás, es parte de un camino de fe auténtica, y Jesús acoge con paciencia las inquietudes humanas.
El mensaje final subraya que la verdadera fe a menudo requiere creer sin haber visto, confiando en la presencia y el amor de Dios.
Summary:
El texto es una homilía que reflexiona sobre el pasaje bíblico de Juan 20:19-31, donde Jesús resucitado se aparece a los discípulos. Destaca el encuentro en el que Jesús, mostrando sus heridas, les otorga paz y el Espíritu Santo, enviándolos a continuar su misión. Se centra en la figura de Tomás, quien inicialmente duda y exige pruebas físicas para creer.
Cuando Jesús se le aparece y le invita a tocar sus llagas, Tomás responde con una profunda declaración de fe: "Señor mío y Dios mío". La homilía explora la naturaleza de la paz verdadera, presentada no como mera ausencia de guerra, sino como un estado interior de plenitud, justicia y confianza. Valora la duda de Tomás como un elemento honesto y humano en el camino de la fe, enfatizando que Jesús acoge nuestras inquietudes con paciencia y respeto.
Finalmente, concluye que la fe auténtica a menudo implica creer sin ver, confiando en la presencia amorosa de Dios en medio de nuestras vulnerabilidades y temores.
FAQs
Jesús se apareció a los discípulos, estando las puertas cerradas, les mostró sus heridas y les dijo 'La paz esté con ustedes', luego los envió y les dio el Espíritu Santo.
Tomás dudó y dijo que no creería a menos que viera y tocara las marcas de los clavos en las manos de Jesús y la herida en su costado.
Ocho días después, Jesús se apareció nuevamente, invitó a Tomás a tocar sus heridas y le dijo 'No seas incrédulo, sino hombre de fe', lo que llevó a Tomás a profesar su fe.
La paz de Jesús no es solo ausencia de conflicto, sino un estado de bienestar, justicia y plenitud que comienza interiormente, como un don que desarma y transforma.
Jesús declara 'Felices los que creen sin haber visto', enfatizando que la fe auténtica no requiere pruebas físicas, sino confianza y entrega del corazón.
Las dudas, como las de Tomás, son parte natural de la fe; no hay que temerlas, ya que una fe auténtica puede crecer a partir de preguntas sinceras.
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