Go back

Cómo funciona pasear un perro

9m 36s

Cómo funciona pasear un perro

El texto reflexiona sobre cómo pasear a un perro, ejemplificado con Grecia, revela un mundo más allá de la percepción humana. Mientras el humano ve postes y árboles, el perro descubre un universo olfativo rico en mensajes y territorios. Se critica la tendencia a antropomorfizar a los perros, olvidando que su experiencia sensorial es radicalmente distinta: su olfato es 50 veces más potente que el humano, equivalente a detectar una cucharadita de azúcar en dos piscinas olímpicas. El concepto de *Umwelt* (von Uexküll) invita a reconocer que cada ser vivo percibe un mundo único. Pasear se convierte en un acto de dejarse llevar, como un *flâneur*, donde el perro guía y el humano redescubre la curiosidad perdida. Se mencionan ejemplos literarios: Henry James abogaba por caminar sin prisa para explorar, y Sheila K. Clash aprovechaba los paseos para leer obras feministas. Finalmente, Edward Hoagland sugiere que la verdadera conexión con un perro no es hacerlo semi-humano, sino volvernos un poco perros, aceptando su guía y expandiendo nuestro mundo. Así, en una semana con Grecia, el autor da la vuelta al mundo en unas cuadras, celebrando la generosidad de una amistad que transforma lo cotidiano en asombro.

Transcription

1697 Words, 9574 Characters

Spanish
¿Cómo funciona pasear un perro? Grecia tira, tira y se dirige hacia quién sabe dónde. Parece que allá lo lejos con el próximo arbolito hubiera una pista que no puede esperar. Llegamos, olfatea y sigue tirando y tirándose sin dejar de tirar. Yo la sigo porque muchos de paseos no entiendo y confío en su olfato bien entrenado, donde yo no veo más que postes y árboles, ella parece encontrar un mundo que me estaba permanentemente vedado. Grecia, de repente encuentra un lugar y sin perder un valiosísimo segundo, se pone en posición y deja su marca. Quizá no sea al mapa, sino el territorio lo que les preocupa y ahí va y con un poco de pis lo resuelve. O tal vez, solo sé un mensaje que el bebo alguien más tomara como pista, en unidad y vuelta que nuestra eterna ignorancia jamás sabremos interpretar. Cuando paseo con Grecia, la perrita que mi amigo Mateo en su ausencia nos encomendó cuidar. Me cuesta mirar al mundo si no es a través de sus ojos y su nariz. Si la basura una especie es el tesoro de otra, probablemente no haya demostración más el ocuente de aquello que el deleite con el queso, si corrisa una sofisticada de catas de fermentos y porquerías. Hay que seguir al anariz porque el anariz sabe, dice mi mamá, y pocas anarices son más sabios que le hago un perro. Sin arrogancia nos recuerdan que en algún punto del camino olvidamos la nuestra 50 veces menos potente que las suyas y eso que le llevamos puesta. Como se vayan a la exandra Jorobits en Inside de Fatou de 2009, si los humanos podamos detectar el olor de una cucharadita de azúcar en una taza de café, el equivalente del perro sería una cucharadita de azúcar en dos piscinas olímpicas. ¿Qué significa pasear para un perro? Es algo con lo que solo podemos especular. Quizás se impacienta a con salir porque luego un rato le entran dudas acerca de si todo sigue en su lugar. Quizá las personas estamos mal acostumbradas a la violenta estabilidad del ser y la metafísica canina esté apenas mejora afinada. El perro se deleita con la irregularidad y sin la pipa ni el sombrero sale de investigar qué demonios pasó en su ausencia. Pero lo primero que debemos intentar para entender qué se siente ser un perro es olvidar que sabemos acerca de ser perro. Pensamos imaginamos y jugamos su comportamiento como si sus experiencias, sus emociones, sus vidas, fueran versiones más peludos de las nuestras. Presen esa arrogancia que la vida de perros en todo su esplendor quedó olvidada. Como nos recuerda Jorobits y también Ed Young en su fabuloso Anime's World de 2022, para cercarnos un poco más a la vida de un perro nos combinado tar su un belt, su mundo propio. Esta palabra tan maravillosa fue definida y popularizada en 1909 por el solo go Jakob von Woodskull con el propósito de volver nuestra atención sobre el mundo sensorial circundante de otros seres sensibles. Es cuando logramos perder el orgullo sensorial de asumir que el mundo está al como nuestra especie lo percibe, que el mundo tal como otras lo conocen puede empezar a volver a real. Cuando Grecia se detiene sin aparente motivo, la oportunidad que se me presenta es la de aprender que mis motivos no son los únicos que existen. El mundo, aparentemente, es más grande que lo que mi humana experiencia alguna es poderar comprender y abrazar una fenomenología del operruno quiza me permite atracender aunque solo se especulativamente los límites de mi vivencias. El húmbel una pulga está formado por el calor corporal, el tacto del pelo y el olor del ácido butírico que exudamos los animales de sangre caliente. En su mundo no hay sonidos, no hay imágenes ni colores, solo hay calor y un olor muy especial y eso es lo único que le importa. Su mundo se forma por lo que percibe y lo que puede hacer al respecto, como conviene sospechar el nuestro también. Cuando paseamos a un perro, tenemos el privilegio de permitir que lo aburridísimo y conocido de todos los días le deje su lugar a lo que nunca se nos ocurrió observar. La mirada hacia adelante y a veces hacia el suelo, nos fuerza también a reconocer el detalle de cuantábaldosas a su lejo y a doquín se nos cruza, tal vez la mejor guía en un paseo sea la más inesperada. A veces la mejor manera de explorar es simplemente de ambular, sino otro objetivo que para seguir al un sonido, algun olor, alguna misteriosa fuerza gravitatoria que nos indica al camino, sin que esto no sea evidente. Cuando 1873 el reino de Italia estaba apenas recién estrenado, Henry James escribió "H-Chain of Italian Cities", un ensayo en el que cuenta de sus recorridos fortuitos por la región central de la península y ya en su primera línea se lamenta por haber tenido que sacrificar curiosidad en nombre de la prisa. Quizá debe hacerle a la persona que lee un favor y explicarle cómo debe pasarse una semana en perucha, escribe. Su primera preocupación debe ser ignorar cualquier deseo de seguridad, caminar a todos lados muy lentamente y muy alazar, e imputarle un sentido sotérico a casi cualquier cosa que se le cruce por delante. Yo, arrastrado por el apuro de mi canina compañera, caigo en la cuenta de que dejarme llevar por ella no es más que dejarme transformar en un flanero, aquel arquietivo cachegero del espectador apasionado, como lo pondría a bodeler, con una notable distinción de seguir la analicita de vésia y ya no la mía. Si una de las mayores trajeas de la adultez es nunca poder volver a aquella mirada propia de la infancia en la que todo, casi sin excepción, podía resultarnos fascinante, una tragedia un poco más modesta, es la de nunca poder volver a la mirada turista en nuestra propia ciudad. Alcanza probablemente con una semana para que nuestro cerebro haga de las suyas y aquello que nos hizo abrir los ojos un día se nos pase de largo al siguiente. Pero aunque la mirada infantil pueda parecer permanentemente clausurada, es la misma clave de la curiosidad y el asombrosa la que parece devolvarnos a la experiencia de recorrer nuestros acostumbrados espacios como si fuera la primera vez. Y si nuestros sentidos pueden parecer por momentos atrofiados, abazapados en la comodidad de lo cotillano, es en el paseo con un perro que podemos contar con una ayuda inigualable para dejarnos de espatar por lo que nos rodea y deleitarmos en todo aquello que muy probablemente se nos haya escapado. Por supuesto que en mis caminatas congresias sea ella que me lleva y yo el que se crea encarnando una figura literaria del siglo 19, no significa que ya no sepa a dónde va, sino que yo el hijo disfrutara de mi caminar, sumido en la ignorancia y en el asombrosa. Tal como si fuera un paseo ya no por mi mundo, sino por el suyo. Incluso un paseo por el mismo recorrido de todos los días no son sólo experiencias en seriables las que nos pueden maravillar. A veces también, pasear al perro pueden barcarnos en inesperadas aventuras intelectuales aunque solo sea de manera tangencial y un poco accidentada. En una simpática columna de 1976 la escritora Shaila es Clash, cuenta como recién mudada con su familia la tería de pasenar ringo quedó injusta e exclusivamente en sus manos. Se ponía su obrigo, abría la puerta y salía, mirando siempre hacia adelante hasta que tocará regresar. Hasta que un día, harta de tal astío, decidió tomar un diario y de a poco pudo desarrollar la envidial de habilidad de leer mientras paseaba. Sus rejas se convirtieron en antenas de peligros, bicicletas, perros, autos y los paseos pudieron alergarse para leer cada vez un poco más. Incluso despertaron algo de envidia. Ojalá yo tuviera tiempo para leer, le comentó una vecina, solía leer un montón antes de vivir en esta casa. Con sigo un perro, le contestó, así fue como yo comencé. Esos momentos a solas, ahora abiertos también al placer de la lectura, le permitieron finalmente curiosiar entre las obras feministas para las que nunca parecía haber tiempo. Así, entre paseos con ringo, pasó por Friedan, de buhua, grig, y millet hasta que un día, a la hora del paseo, se paró frente a su familia y declaró que sus días de pase ahora habían terminado, era hora de una distribución más justa de las tareas de la casa. Para verdaderamente poder disfrutar de un perro, escribió Edward Hoagland en dogs and the taco of life, no debe meramente entrenarlo para que sea semi-humano. El punto es abrinos a la posibilidad de volvarnos un poco perros. Una amistad en la que solo buscamos que la otra parte se nos parezca, no puede ser verdadera, sino una monstruosidad. Llevar una amistad de estironiara, y ninguna verdaderamente valiosa, parece ser posible si no hay un hídeo y vuelta. Aunque con soltura digo que agresía yo la saco a pasear, es más evidente que la mayor parte del tiempo es ella que me saca a pasear a mí. En su generosidad me amostrando por donde tenemos que ir e incluso a que ritmo debemos hacerlo. En una semana de pasear con ella, mi mundo se hizo quizás más grande o al menos más interesante. Lece a tira, tira y se dirige hacia donde solo ella sabe. Recordimos apenas unas cuadras y para cuando pude darme cuenta, habíamos dado la vuelta al mundo. Este correo de cómo funcionan las cosas fue en vez de 2022 de junio de 2023. Mi nombre es Valentín Murrow y desde 2017 todos los domingos envió un correo acerca de un tema distinto, persiendo mi curiosidad y encarando el ojo desde la ciencia de la filosofía, la historia y la literatura. Si quieres suscribirte, puedes hacerse algo desde el enlace en la descripción de este episodio o buscando cómo funcionan las cosas en Google. Y si quieres apoyar mi trabajo, puedes sumarte al clube la curiosidad en curesiad.club. Gracias por escuchar.

Podcast Summary

Key Points:

  1. Pasear a un perro implica seguir su mundo sensorial, no el humano, donde el olfato es el sentido dominante.
  2. La experiencia canina se explica mediante el concepto de *Umwelt* (mundo propio), que desafía la arrogancia antropocéntrica.
  3. El paseo con un perro permite redescubrir la curiosidad infantil y la exploración sin prisas, como en los viajes de Henry James.
  4. Leer mientras se pasea al perro puede transformar la rutina en una oportunidad intelectual, como narra Sheila K. Clash.
  5. La verdadera amistad con un perro implica abrirse a su perspectiva, no humanizarlo, según Edward Hoagland.

Summary:

El texto reflexiona sobre cómo pasear a un perro, ejemplificado con Grecia, revela un mundo más allá de la percepción humana. Mientras el humano ve postes y árboles, el perro descubre un universo olfativo rico en mensajes y territorios. Se critica la tendencia a antropomorfizar a los perros, olvidando que su experiencia sensorial es radicalmente distinta: su olfato es 50 veces más potente que el humano, equivalente a detectar una cucharadita de azúcar en dos piscinas olímpicas.

El concepto de *Umwelt* (von Uexküll) invita a reconocer que cada ser vivo percibe un mundo único. Pasear se convierte en un acto de dejarse llevar, como un *flâneur*, donde el perro guía y el humano redescubre la curiosidad perdida. Se mencionan ejemplos literarios: Henry James abogaba por caminar sin prisa para explorar, y Sheila K.

Clash aprovechaba los paseos para leer obras feministas. Finalmente, Edward Hoagland sugiere que la verdadera conexión con un perro no es hacerlo semi-humano, sino volvernos un poco perros, aceptando su guía y expandiendo nuestro mundo. Así, en una semana con Grecia, el autor da la vuelta al mundo en unas cuadras, celebrando la generosidad de una amistad que transforma lo cotidiano en asombro.

FAQs

Los perros tiran porque su olfato es mucho más potente que el humano, lo que los lleva a explorar olores y marcas dejadas por otros animales. Para ellos, cada árbol o poste es una fuente de información en su mundo sensorial.

Pasear para un perro es una experiencia de exploración y comunicación a través del olfato, donde verifican cambios en su entorno y dejan mensajes. Es una actividad llena de curiosidad e irregularidad, muy distinta a la rutina humana.

El 'unwelt' es el mundo sensorial propio de cada ser vivo, definido por Jakob von Uexküll. En los perros, su unwelt está dominado por el olfato, el calor y el tacto, permitiéndoles percibir una realidad muy diferente a la humana.

Pasear con un perro nos obliga a desacelerar, observar detalles cotidianos y dejar de lado nuestra arrogancia sensorial. Nos invita a ver el mundo a través de sus sentidos, redescubriendo la curiosidad y el asombro en lo familiar.

Shaila usó los paseos con su perro Ringo para leer y estudiar feminismo, transformando una tarea rutinaria en tiempo para su desarrollo personal. Esto la llevó a exigir una distribución más justa de las tareas del hogar.

Hoagland sugiere que, en lugar de entrenar al perro para que sea semi-humano, debemos abrirnos a volvernos un poco perros. Una verdadera amistad requiere un intercambio mutuo, no solo esperar que el otro se nos parezca.

Chat with AI

Loading...

Pro features

Go deeper with this episode

Unlock creator-grade tools that turn any transcript into show notes and subtitle files.