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Cicerón: aprende a hablar en público (I)

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Cicerón: aprende a hablar en público (I)

Cicerón, en su obra "Sobre el orador", plantea que hablar en público es un arte civilizador que va más allá de trucos retóricos. Para él, la oratoria auténtica debe instruir, deleitar y conmover, integrando razón y emoción. El orador completo necesita una formación amplia en derecho, historia y filosofía, y debe dominar las cinco fases del discurso: encontrar argumentos, ordenarlos, vestirlos con estilo, memorizarlos y pronunciarlos con eficacia. Mediante un diálogo entre Craso, que defiende un ideal culto, y Marco Antonio, que aboga por la pragmática del foro, Cicerón explora la tensión entre la excelencia teórica y la realidad práctica. Advierte que la palabra sin conocimiento es humo y que la comunicación ética es clave para la convivencia social. Recomienda escribir para disciplinar la mente y evitar vicios, así como adaptarse al público, pues persuadir implica ganar simpatía, demostrar con hechos y emocionar. En esencia, Cicerón eleva la retórica a una herramienta de gobierno y justicia, no de manipulación, recordando que, dos mil años después, el desafío de comunicar con verdad y responsabilidad sigue vigente.

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3474 Words, 20190 Characters

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La esencia de la oratoria según Cicerón por los clásicos si hay algo divertido y actual son los autores latinos y griegos locos por los clásicos, es una invitación a descubrirlos y disfrutarlos. Hablante 3 Un podcast de Emilio del río para RME solo en Pod. Hablante 1 Al hablar en público, el defecto mayor es con mucho apartarse del tipo habitual de habla y el sentir comunes. Toda la fuerza y esencia de hablar en público ha de manifestarse, en calmar o excitar el ánimo de los oyentes. Conviene añadir aquí un cierto donaire y sentido del humor y una cultura digna de un hombre libre, así como rapidez y agudeza tanto al responder como al atacar, todo ello unido a un sutil encanto. Y desenvoltura. Es fundamental la ejecución misma del discurso ha de moldearse mediante el movimiento del cuerpo, del gesto, del ademán de la conformación y variedad de los tonos de voz, lo que esto por si solo significa el arte de la interpretación y la representación teatral. Por ligera que sea, lo pone de manifiesto. ¿Y qué diré de aquello que atesora todo lo demás, la memoria? Pues si no se tiene como guardián de lo que hay que decir y de los argumentos y de cómo hay que decirlo, está claro que todo lo demás, aunque el orador lo posea en grado superlativo, no servirá de nada. Conociendo la obra 'Sobre el Orador' de Cicerón Este texto pertenece a la obra titulada Sobre el orador el latín de Oratory de marco tulio Cicerón, una obra que este terminó en el 55 antes de Cristo, 8 años antes de su muerte, en el 43. La obra tiene 3 grandes capítulos, aunque la denominación tradicional es libros. Que ocupan 420 páginas en la biblioteca clásica Gredos hay numerosas traducciones. Yo he manejado la edición formidable del gran latinista catedrático de Filología Latina en la Universidad de Zaragoza, mi querido amigo y colega Javier ISO. La obra tiene forma de diálogo que hicieron sitúa en el 91 antes de Cristo y hace conversar. A grandes oradores romanos, sobre todo las 2 figuras principales, craso y marco Antonio. Este marco Antonio no tiene nada que ver con el que tenemos en la cabeza todos por Cleopatra. Los romanos es que eran muy poco originales para los nombres, repetían muchísimo, muy pocos nombres. ¿Bueno, tiene, como digo a 2 grandes oradores, craso YY Antonio, Marco Antonio, para responder a una pregunta decisiva, qué es de verdad un gran orador? Cicerón. Sostiene que no basta con dominar trucos retóricos. El orador completo necesita una cultura amplia, tiene que estar formado en Derecho, historia, filosofía, literatura. Necesita comprensión de la psicología humana y necesita capacidad de interpretar, de oler, diríamos ahora la realidad, el entorno, la palabra. No es un adorno, es, dice Cicerón, una herramienta de gobierno de justicia. Y de convivencia. Los pilares de hablar en público y su dimensión ética Por eso el orador tiene que saber pensar antes de hablar. A lo largo de los 3 libros del de Oratore se desgranan los pilares de hablar en público, encontrar los argumentos en latín, inventio, ordenarlos, dispositio, disponerlos, podríamos decir, vestirlos con estilo, la elocutio. Adornarlos, no podemos hablar igual que hablamos en el día a día, sino no seremos persuasivos. La cuarta fase, que es memorizarlos la memoria, palabra latina que no ha cambiado en 3000 años, y la última pronunciarlos con eficacia. Es decir, la acto tiene que ver con actor. Estas son las 5:00 fases de toda intervención da igual tipo de intervención siempre que se habla en público. Estas son las 5:00 fases. Esto ya nos lo dice Cicero, pero siempre con una idea vertebral, persuadir. Implica razón y emoción. Cicerón defiende que el orador tiene que instruir, deleitar y conmover, y que la elocuencia auténtica no es griterío ni manipulación barata, sino una mezcla de verosimilitud de verdad. No es lo mismo de buen gusto, de oportunidad en latín, eso es de corum. Y de dominio delto, no. En resumen, hablar en público es una técnica, pero al servicio, dice Cicerón reivindica Cicerón de una visión humana y política, porque Cicerón reivindica la dimensión ética de la comunicación. Y es que la comunicación no son solo palabras, palabras, palabras, parole, parole, parole, mina y Alberto Lupo. primera parte del libro primero del de Oratore de Cicerón. Dedicamos este locos por los clásicos con xavi HERNANDO en el control técnico, soy Emilio Cicerón sitúa el debate sobre el orador ideal Cicerón no empieza dando consejos para hablar bien. Empieza situándonos en una escena. Estamos en el año 91, antes de Cristo, en la Casa de Lucio Licinio craso, el mejor orador de Roma, y ahí se reúnen varios tipos importantes. Después de una jornada política tensa y lo que comienza como una conversación relajada, acaba convirtiéndose en una conversación. Sobre la oratoria, sobre hablar en público, Cicerón dice que él no inventa nada. Está recordando aquel diálogo, dice, ocurrido cuando él era joven, para explicar que es realmente un orador. Obviamente es una Convención, se lo inventa todo. No tuvo lugar ese encuentro y no tuvo lugar esa conversación en la primera sesión. Es decir, en el libro Primero Cicerón coloca en la villa. De Lucio Licinio craso en túsculo al propio craso como anfitrión y figura principal, es el que defiende la grandeza de la elocuencia y empuja hacia el ideal del orador culto, capaz de abarcar mucho más que técnicas en un juicio. Frente a él está marco Antonio, como no digo nada que ver con el posterior, el del triunvirato es un gran orador práctico que hace de contrapeso pegado a la Tierra. Está de acuerdo en que la cultura ayuda, dice este marco Antonio, pero insiste en que la oratoria real del foro no puede depender de un saber enciclopédico. Como jóvenes oyentes. Aparece en Publio Sulpicio Rufo y Cayo Aurelio cota. Promesas políticas y retóricas que están allí para aprender y para provocar que los mayores. Aterricen el asunto. Algo así como bien bien, muy bien lo que decís. ¿Pero cómo se llega aquí? ¿Y en un papel decisivo que seguirá después? Durante el libro entra quinto Mucio estévola, el augur, jurisconsulto y suegro y vecino de craso, que funciona como una figura que aporta sensatez y moderación, tipo que cae bien durante el diálogo, muy simpático y que replica. Con suavidad al entusiasmo de craso y además sirve de mediador cuando los jóvenes quieren pedirle a craso que se moje en la segunda sesión, es decir, a partir del libro segundo, el elenco se amplía con 2 nombres de peso, quinto, Lutacio, Cátulo, que no catulo, catulo es el poeta, este es cátulo, ex cónsul y un hombre de cultura refinada y su hermano de madre. Gallo, Julio César Estrabón, un orador famoso y conocido por su gracia y por su humor, y por eso Cicerón pondrá en su boca una gran parte sobre lo cómico en el libro segundo, y además, el propio marco está narrado como un recuerdo transmitido a través de cota, lo que da sabor de memoria de una edad anterior de una edad de oro de la oratoria romana. Muy alejada del desastre político que se avecina después, pero este libro segundo y el libro tercero los dejamos para otro locos por los clásicos. La elección del diálogo para elevar la retórica ¿Y por qué elige Cicerón esta forma de diálogo entre varios personajes? Porque no quiere escribir un manual, no quiere repetir las recetas al uso. Viene a decir, además, más o menos. Desde el comienzo se subraya la distancia que quiere adquirir respecto a la turbamulta de tratados de oratoria y de teóricos de la oratoria. Que él dice que son insuficientes para la excelencia que él persigue. Por eso, recuerda, dice el lector. Repito, sabe que es una convención. Recuerda este diálogo, este gran diálogo del año 91 y lo convierte en una escena viva, una conversación entre los mejores en un momento político delicado, donde se discute el ideal del orador. Un diálogo que permite exponer. Desde distintos puntos de vista diferentes e incluso enfrentados, la cuestión de que es que debe ser la oratoria, hablar en público y sin quedarse en una doctrina única. Esto por un lado, por otro, hay 1 segundo motivo literario, intelectual, el escenario, el paseo, la sombra, el riachuelo, el viejo que pide sentarse está construido para evocar el cedro de Platón. El lector, cuando lee esto, cuando escucha esto, inmediatamente ya piensa en Platón, es decir, para elevar la retórica a un plano casi filosófico. Cicerón quiere hablar del orador no como un técnico que habla en público en el foro, sino como una figura social cívica. Quiere ser capaz de unir el sentido práctico romano. Los romanos eran extraordinariamente pragmáticos. Y la formación teórica griega en esa especie de modelo educativo en la paideia. El diálogo, podríamos decir, con este decorado platónico, le permite hacer justamente eso, convertir la retórica, es decir, la comunicación en una conversación sobre lo humano, sobre lo político, sobre lo moral, no un mero listado. De términos técnicos que hermosa reivindicación de la comunicación como un saber integral que forma ciudadanos críticos y libres, porque todo el mundo tiene que aprender. ¿Alguna vez everybodys got a learn? El conflicto entre el orador ideal y el práctico El libro primero del D'Oratore no funciona como una introducción, porque Cicerón marca el terreno desde el principio, eleva la comunicación, la saca del recetario de trucos de técnicas y la coloca, como digo, en el corazón de la vida civil. Y, de paso, blinda su tesis porque en lugar de Soltarnos un tratado dogmático. Escribí un diálogo con figuras de primera fila, de modo que la teoría suena a experiencia, no a sermón. Y además abre desde el minuto uno un conflicto, un debate que le da gasolina para todo el libro. Craso contra Antonio, un debate civilizado de amigos. Pero un debate, uno empuja la oratoria hacia lo más alto, cultura, amplitud, grandeza. El otro, marco Antonio recuerda que el foro. La política, los pleitos, la comunicación. Hablar en público tiene prisas, concesiones y que pisar en el barro. Cícero no quiere resolver esa tensión rápidamente. Quiere fundarla bien, porque ese choque es el motor de su libro. Craso comienza proclamando que la elocuencia es la fuerza civilizadora por excelencia, es la que ordena la ciudad, el Estado. Sostiene el derecho y hace posible la convivencia. Dice algo que suena muy grande, la elocuencia. Es decir, hablar en público no es solo hablar bien, es una fuerza que ha ayudado a fundar ciudades, a organizar pueblos, a convencer a los hombres de vivir bajo leyes. Porque sin palabra persuasiva no hay vida civilizada, no hay vida en comunidad. Pero Añade algo clave. El orador verdaderamente grande es rarísimo. ¿Por qué? Porque no basta con tener voz o soltura. Hace falta conocimiento de muchas cosas humanas. Todo el mundo tiene que aprender alguna vez. La sabiduría práctica frente a la brillantez verbal Pero justo cuando craso se viene arriba, entra este ébola. El gran jurista, como digo, una figura simpática y genial en este diálogo de Cicerón que viene a poner los pies en la Tierra y este ébola recuerda que lo que realmente. Organiza las ciudades. El Estado, diríamos ahora, no es la brillantez verbal, sino la prudencia, la sabiduría práctica. Rómulo dice Numa, los legisladores griegos no se hicieron célebres por sus discursos, sino por fundar instituciones y aprobar leyes. Y lanza la advertencia con mala uva elegante, si el orador quiere abarcarlo todo, acaba invadiendo el terreno de los filósofos. Y de los especialistas se vuelve una especie de pretencioso emperador del saber, y eso es peligroso. Craso, por su parte, matiza, no dice que el orador tenga que ser dueño de todas las ciencias. Dice que no puede ser ignorante, que cuando habla de leyes de carácter humano, de conflictos, debe entender de qué está hablando, porque la palabra vacía no persuade. La verdadera elocuencia nace del conocimiento de las cosas, y es que todo el mundo tiene que aprender alguna vez. La oratoria práctica y el peligro de la manipulación Y entonces entra de nuevo marco Antonio, otro gran orador más práctico, dice, todo esto está muy bien, pero el orador real vive en el foro, lleno de pleitos, asuntos urgentes o política. Empresa diríamos. Ahora no puede convertirse en una enciclopedia andante. Ese ideal que describes craso es casi sobrehumano. El foro, como digo hoy, la reunión de negocios o la clase que hay que impartir o las redes exige urgencia y adaptación. No hay tiempo para ser un hombre o una mujer. Total, cada mañana Antonio reivindica el saber suficiente. El orador no puede ser jurista total, filósofo total y político total a la vez, no puede ser un todólogo el público. Dice en el fondo, no decide como un tribunal académico, decide como humanos, con razón, mezclada con emoción, con memoria corta, con prejuicios y muchas veces con cansancio. Y este realismo es su gran acierto y su gran peligro. Porque si absolutizamos a Antonio, la oratoria se puede convertir en eficacia sin verdad. Es decir, ganar como sea, emoción por encima. De del argumento técnica por encima de la comprensión. Antonio sería el estratega de comunicación ahora mismo, en el siglo 21, que sabe qué titular Funciona, qué gesto queda bien y qué frase corta se viraliza. Craso el estadista, el académico que exige contenido, cultura y visión. Los 2 tienen razón. Y los 2 pueden volverse peligrosos. ¿Craso, por inalcanzable y elitista, Antonio por cínico, si se olvida de la verdad, bueno, y los jóvenes que están ahí presentes, cota y sulpicio, piden algo concreto, bien, bien, está muy bien lo que decís, pero cómo se forma un orador? Las tres patas y la estructura de un discurso eficaz Y craso, a regañadientes, accede y aquí entra en materia. Empieza la parte didáctica del libro primero del de Oratorio. Craso, digamos que baja del Olimpo y se pone en modo entrenador y explica cómo se fabrica un orador sin vender uno. Lo primero que suelta es muy contemporáneo. La formación tiene 3 patas en latín Natura, es decir, el talento 2 ars, es decir, técnica. Ars, en latín significa técnica, es el equivalente al terne griego. Es que hablar en público es una técnica y exerquitatio, es decir. Ejercicio práctica pero dice, craso, la naturaleza manda. Es decir, ahora podríamos decir, puedes hacer 1000 cursos de oratoria, pero si no tienes un mínimo de voz, de soltura, de presencia o de control del miedo escénico, la técnica no te va a salvar. Craso no dice sino vales fuera, dice, la técnica necesita materia prima. Yo no estoy de acuerdo del todo. Creo que hablar en público es una pura técnica. Y que a quienes no tienen, pues su altura o determinada voz, pues que les va a costar más, pero que es algo que se puede aprender. En cambio, Cicerón no opina lo mismo. A partir de ahí, craso nos hace, digamos, un temario que parece sacado de una escuela moderna de debate. Primero al distinguir tipos de causas, es decir, casos concretos y cuestiones generales. Luego identificar el núcleo del problema. ¿Es decir, de qué estamos discutiendo en realidad? En tercer lugar, ubicar el discurso en sus 3 famosos géneros, el judicial, el deliberativo y el epidíptico, que hoy equivalen, podríamos decir a tribunal el primero, parlamento, gestión pública o empresa el segundo y ceremonia o medios el tercero. ¿Y remata con las 5 partes de una intervención en público que ya he mencionado, de qué voy a hablar? Como lo ordeno, le tengo que dar un estilo embellecerlo algo, la memoria y la actio. Y es que la comunicación, porque le da mucha importancia siempre a la actio. La comunicación es más que palabras, es más que palabras, es palabras, pero es más que palabras. More than words extreme. También define la base de cualquier comunicación eficaz, caer bien, es decir, ganarse la simpatía, demostrar, probar lo que dices y emocionar, es decir, mover los afectos. Si te falta el primero, te rechazan, si te falta el segundo no te creen, si te falta el tercero, te olvidarán seguro. Por eso el discurso tiene partes muy reconocibles. La intervención, sea cual sea la intervención que hagamos en público dice Cicerón, tiene partes muy reconocibles. No pensemos en un juicio en un mitin ante 10000 personas. Cualquier intervención tiene partes muy reconocibles. La primera, que es el exordio, es decir, enganchar cuando empiezas, después la narratio en latín. Ahora le llaman storytelling, cuenta una historia, después la prueba o refutación, es decir, argumentar o tumbar, al contrario si lo necesitas. Y la última, la peroración. Cerrar de una forma contundente es el esqueleto de cualquier intervención. Escribir para pensar y comunicar con precisión Craso se pone ahora serio con la práctica. Advierte algo que hoy deberíamos casi tatuarnos en estos tiempos de pantallas de cámaras, practicar sin pensar lo que hace es consolidar los vicios. Hablar mal enseña a hablar mal. Repetir muletillas, postureo o gritos no te hace más eficaz, dice. Sí, claro, hay que improvisar, pero valora más hablar después de haber pensado. Y dice, improvisar no es decir, lo primero que se nos pasa por la cabeza es tener reservas. Esto es buenísimo. Y su Consejo estrella es tan moderno, dice, es escribir, escribe lo que vayas a decir, escribir para obligarte a ordenar la mente para afinar el latín. En su caso, el propone incluso traducir del griego como una gimnasia mental, en nuestro caso para afinar el el castellano o el español o la lengua en la que nos manejemos. Y dice, porque escribir te corta el exceso. Una de las peores cosas a hablar en público es extenderse a ser largo. Aburres, desconectan, no te escuchan, no les persuades escribir te descubre el vacío y te enseña además a sonar verosímil. Antes de ponerte a comunicar, aprende a pensar por escrito, dice Cicerón, porque sin eso la oratoria se convierte en un ruido. La escritura obliga a pensar con precisión, enriquece el estilo y disciplina la mente, dice Cicerón. La escritura es maestra del comunicador. Y pensaremos, yo no tengo tiempo para hacerlo. Bueno, pues no serás eficaz a la hora de hablar en público, no serás persuasivo. Por tanto, no serás eficaz a la hora de comunicar. Y a continuación, llega al punto donde este debate se vuelve más romano y podríamos decir, más actual es el derecho. El joven cota pide que craso sea todavía más concreto, y es cuando craso insiste en que el orador tiene que conocer las leyes. Cicerón está atacando un vicio tan actual también ahora que es el de hablar sin conocer el terreno. ¿Hay de verdad hay algo más actual? Pero esta segunda parte del libro primero la dejamos para otro locos por los clásicos. La palabra como herramienta civilizadora y su actualidad El de Oratore no es un libro para aprender a hablar bonito. Es más bien un manual para entender cómo se sostiene una sociedad. Cicerón tiene una idea muy simple y muy seria. La palabra no es un adorno. Es la herramienta con la que una comunidad decide, juzga y convive. Por eso le da tanta importancia al comunicador, al que se pone delante y mueve la opinión y al mismo tiempo le exige mucho. Le exige cabeza, responsabilidad y un mínimo de verdad. Lo cuenta en forma de diálogo, precisamente para que se vea lo que pasa en la vida real que persuadir. Está siempre entre lo ideal y lo práctico, entre la verdad y la eficacia, entre lo que debería ser. Y lo que te deja el reloj. Y lo mejor es que 2000 años después seguimos en lo mismo. Cicerón ya explica que convencer no es solo dar datos, es caer bien, emocionar, elegir el momento, entender a quién te escucha. Cicerón avisa de que la palabra sin conocimiento es humo, de que practicar es imprescindible para comunicar bien, de que escribir. Es el gimnasio donde se entrena el pensamiento. Y de que los hechos, las leyes, entonces los datos, ahora el dato, el dato importan más que las opiniones. Cambian los escenarios, foro, Parlamento, plató, redes, empresa, reunión de trabajo. Pero el mecanismo no cambia. Personas con ambición, miedo, vanidad, ganas de convencer y demasiadas veces tentación de manipular. Por eso necesitamos a los clásicos, porque no hablan del pasado, hablan de nosotros y nos enseñan como Cicerón, no sólo a comunicar de forma efectiva, sino con valores. Nos enseñan también a detectar a quienes quieren manipularnos. ¿Hay algo más necesario?

Podcast Summary

Key Points:

  1. Cicerón defiende que la esencia de la oratoria es calmar o excitar el ánimo, combinando razón y emoción, y alejándose del habla cotidiana.
  2. El orador ideal debe poseer cultura amplia (derecho, historia, filosofía) y dominar las cinco fases: inventio, dispositio, elocutio, memoria y actio.
  3. La obra "Sobre el orador" usa un diálogo entre Craso (idealista) y Marco Antonio (práctico) para debatir si la elocuencia requiere sabiduría total o solo técnica eficaz.
  4. Cicerón subraya la dimensión ética
  5. Recomienda escribir para ordenar el pensamiento, practicar con conciencia y adaptarse al público, pues la comunicación eficaz exige caer bien, probar y emocionar.

Summary:

Cicerón, en su obra "Sobre el orador", plantea que hablar en público es un arte civilizador que va más allá de trucos retóricos. Para él, la oratoria auténtica debe instruir, deleitar y conmover, integrando razón y emoción. El orador completo necesita una formación amplia en derecho, historia y filosofía, y debe dominar las cinco fases del discurso: encontrar argumentos, ordenarlos, vestirlos con estilo, memorizarlos y pronunciarlos con eficacia.

Mediante un diálogo entre Craso, que defiende un ideal culto, y Marco Antonio, que aboga por la pragmática del foro, Cicerón explora la tensión entre la excelencia teórica y la realidad práctica. Advierte que la palabra sin conocimiento es humo y que la comunicación ética es clave para la convivencia social. Recomienda escribir para disciplinar la mente y evitar vicios, así como adaptarse al público, pues persuadir implica ganar simpatía, demostrar con hechos y emocionar.

En esencia, Cicerón eleva la retórica a una herramienta de gobierno y justicia, no de manipulación, recordando que, dos mil años después, el desafío de comunicar con verdad y responsabilidad sigue vigente.

FAQs

Cicerón usó el diálogo para evitar un tratado dogmático, elevando la retórica a un plano filosófico y cívico, evocando a Platón. Esto permite exponer puntos de vista enfrentados y convertir la comunicación en una reflexión sobre lo humano y lo político.

Actúan como oyentes que provocan a los mayores para que aterricen el ideal en la práctica, preguntando cómo se forma realmente un orador. Representan la necesidad de concreción y aprendizaje.

En el libro segundo, Cicerón pone en boca de César Estrabón una sección sobre lo cómico, destacando que el donaire y el humor son herramientas para calmar o excitar el ánimo, siempre con oportunidad y buen gusto.

La memoria es el guardián de todo lo demás: sin ella, los argumentos, el estilo y la ejecución no sirven. Es la fase que atesora y permite recuperar lo preparado en inventio, dispositio y elocutio.

'Ars' es la técnica o teoría de la oratoria, mientras que 'exercitatio' es la práctica constante. Cicerón dice que la técnica necesita materia prima natural, pero la práctica sin pensar consolida vicios.

Para hablar con fundamento y evitar la palabra vacía. Conocer las leyes permite argumentar con verosimilitud y verdad, conectando la oratoria con la justicia y la convivencia social.

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