El podcast "Solaris" explora la aceleración del tiempo en la era contemporánea, comenzando con ejemplos animales: chimpancés que esconden piedras para atacar, orangutanes que planean rutas futuras y cocodrilos que usan palos como trampas. Esto demuestra que planificar el futuro no es exclusivamente humano. La gestión del tiempo humano evolucionó de ritmos naturales (día/noche, estaciones) a una construcción cultural abstracta, acelerada por la tecnología moderna como el correo electrónico y la digitalización. El aceleracionismo, una filosofía que critica esta velocidad exponencial, propone reformular el sistema para evitar la utopía y buscar un post-capitalismo. La fotografía digital y la web, como meta-medio, han creado una dialéctica entre el archivo del pasado y la producción compulsiva del presente, generando un caos de nuevos dispositivos y formatos. Para contrarrestar la prisa, se recomienda reconectar con el cuerpo y la naturaleza (caminar, agua, arte), inspirándose en la teoría de la resonancia de Hartmut Rosa, que busca experiencias que nos saquen del tiempo cotidiano hacia una mayor calidad e intensidad. El capítulo finaliza con recomendaciones literarias para seguir reflexionando sobre el tiempo en el siglo XXI.
Podí un podcast, lo mejor está por escuchar. ¿Sabías que los animales también tienen conciencia del pasado y planifican el futuro? ¿Por qué aceptas que tu teléfono móvil cuente tus pasos y tus latidos? ¿Vivimos más acelerados incluso en tiempos de pandemia? ¿Cómo ha cambiado nuestra relación con el tiempo y con el mundo en los últimos años? ¿En qué consiste la nueva filosofía del aceleracionismo? ¿Cómo podemos decidir nuestros propios ritmos? ¿Enseguirá algunas respuestas y nuevas preguntas para pensar y aprender juntos en? Solaris, ensayos sonoros para ser más contemporaneos. Capítulo 1, el tiempo acelerado. Santino es un chimpance de un zoológico suizo que en 1997 comenzó a mostrarse agresivo con los visitantes. Sus cuidadores observaron desconcertados que su violencia iba más allá de los gritos o de las amenazas o incluso del lanzamiento de proyectiles. Santino buscaba las piedras o los palos que mejor podían servirle para atacar a los humanos. Algunas de las piedras las sacaba del agua y las escondía, es decir, creaba arsenales, reservas y horas o días más tarde los usaba con sus enemigos. Aprendió que si tenía la piedra en la mano el guardia avisaba a los visitantes o los desviaba para protegerlos, de modo que tenía que esconder las piedras y guardarlas en el lugar adecuado para, en muy poco tiempo, cogerlas y lanzarlas, tomando sus víctimas desprevenidas. Los primates en libertad también dan muestras de pensar en el porvenir. Antes de un viaje los chimpances recogen sus ramas favoritas para pescar insectos en los termiteros y en los edificios de los árboles. Y los orangutanes, machos, dominantes se suben a lo alto de un árbol para huyar con muchísima intensidad en la dirección que tomaran al día siguiente para asegurarse de que se entera el resto de los machos. Saben perfectamente la ruta que harán durante al menos las 12 horas posteriores a los gritos, eso demuestra que los primates superiores piensan en el futuro. Pero la idea de tiempo y de futuro no es exclusiva de ellos y de nosotros. Ciertos pájaros memorizan donde han enterrados semillas y frutos secos para recoger los después de las nieves del invierno. Y ciertos cocodrilos recogen palos con sus cabezas, nada durante horas con ellos y después los utilizan como alfuelo para que las garzas desprevenidas los tomen para hacer sus nidos y los cocodrilos puedan cazarlas al vuelo. Hacen trampas. De modo que podemos afirmar que hay reptiles que usan instrumentos y hacen planes. No hay nada por tanto tan animal ni por extensión tan humano como planificar el futuro. La planificación humana fue creciendo de alcance desde el corto o medio plazo animal hasta unos plazos cada vez más largos. La gestión del tiempo comenzó teniendo inspiración natural, es decir, siguió durante millones de años los ritmos de la naturaleza. El día y la noche, las estaciones, los nueve meses del embarazo, el tiempo de lactancia, las fases de la vida humana, el crecimiento de las semillas y la hora de la cosecha. Durante los últimos tres o cuatro mil años, se ha vuelto cada vez más cultural y abstracta. El futuro se ha convertido en una construcción compleja. Muchas de las ideas que estructuran las sociedades humanas se basan en ella. La idea de matrimonio. La idea de paternidad o de maternidad. La idea de educación obligatoria. La idea de hipoteca. La idea de fundación cultural o de museo. La idea deerencia o delegado. La idea de genealogía. La idea de más allá. Y encima ahora hemos llegado nosotros son otras madre mía. Sí, vivimos unos nuevos tiempos algoritmicos acelerados de inteligencia artificial con su propia lógica, con sus propias locuras. Vamos a pensarlos juntos. Buenas noches o buenos días o buenas tardes. No tengo modo de saber a qué hora ni en qué lugar ni en qué condiciones me estás escuchando. Porque esto es un podcast. El podcast no es radio ni es audio libro, pero tiene algo de la radio y del audio libro. Es nuevo, pero como todo lo nuevo tiene su tradición, su genética, su historia. Es futuro con un rastro de pasado, puro presente. Este podcast se titula "Solaris en sayos sonoros para ser más contemporáneos". Yo soy Jorge Carrión, escritor y corresponsal en el presente. Sí, en el presente. Es el país extraño que es al mismo tiempo, también pasado y futuro. Y ella es ella, nuestra corresponsal en el futuro. Encantada, digamos que soy un algoritmo de voz y la compañera de Jorge en esta aventura. Mádemía. En cada capítulo de este podcast vamos a examinar aspectos de nuestra realidad que tal vez sean las vanguardias de lo que está llegando, de lo por venir. Vamos a pensar la ciencia y la tecnología más innovadoras en el contexto de la filosofía de las artes, de las narrativas. Vamos a recomendar libros y series, con nuestros corresponsales en plataformas, tecnológicas, en tecnologías diversas, en lenguajes artísticos y en festivales expandidos y contigo. Vamos a pensar juntos, vamos a ensayar juntos, vamos a aprender juntos. Aquí estamos. En vivo, pero no en directo. Bienvenido. Bienvenido. En este primer capítulo vamos a hablar de la aceleración del tiempo. No es un fenómeno nuevo. Ya Aldo Manucho, el gran editor italiano del renacimiento, se quejaba de que con tantas lecturas pendientes reuniones y cartas de lectores tenía más trabajo que tiempo para hacerlo. La Wily and Shakespeare, en la misma época, denunciaba que aumentaba la velocidad del mundo. Toda la modernidad se ha construido sobre la idea de innovación y de obsolescencia programada. Pero el correo electrónico, los trenes de alta velocidad, la mensajera instantánea y la digitalización de la realidad han aumentado exponencialmente la velocidad de las cosas. Ha sido una nueva corriente filosófica en la aceleraciónismo, que está ideando alternativas a esa lógica un tanto demencial. Vamos a pensar en todo eso juntos, tú y nosotros durante los próximos minutos, en un recorrido argumentativo y argumental que nos llevará desde Santino, el maquia bélico, monosuizo hasta Jachico, el perro más melancólico de Japón. La historia os contaremos al final de este primer capítulo de Solaris en sayos sonoros para ser más contemporáneos. Mi mujer me regaló en navidades un reloj, un reloj de madera. Yo hacía 20 años que no lleva a barreloj, pero me ha acostumbrado rápidamente a él. Ese gesto, el de levantar la muñeca para consultar la hora, estaba dentro de mí, esperándome. Es mucho más natural y cómodo que saca el teléfono móvil del bolsillo y sin embargo eso es precisamente lo que he hecho durante los últimos 20 años. En ningún momento me planteé durante dos décadas enteras. Parece mentira. Sin duda, 20 años siempre untarme por qué había dejado de llevar reloj, asumiendo que también eso consultar la hora como tomar fotos, como consultar el mapa, como mirarme redes sociales o mi correo, como gestionar mis cuentas bancarias, lo iba a hacer en un dispositivo electrónico. Pero el reloj de madera no está conectado a nada ni a nadie, no envía datos, no tienes sensores. Yo me estoy conectando a él. Sé que lo voy a recordar como no recuerdo a ninguno de mis teléfonos móviles. Y eso me ha hecho pensar. Me ha hecho pensar en dos cosas distintas pero complementarias. En por qué Amazon, Google, los consoladores, los trenes o las compañías de fibra óptica, compiten por aumentar la velocidad de sus servicios, que haya cada vez menos espera y más resultados. Los tecnólogos del siglo XXI han creado una nueva fe, la iglesia de la disrupción. Se trata de cuestionar sistemáticamente cualquier sistema de producción, circulación o consumo y tratar de reventarlo. Si el nuevo sistema es mejor, sostenible, ético o tiene sentido. Lo único que cuenta es que es distinto, pone en jaque el anterior y puede generar beneficios. Todos esos nuevos mecanismos tienden irreversiblemente hacia la instantaneidad. Comparte en la voluntad de alterar radicalmente la idea de tiempo. La humana está llena de experiencias a largo plazo, la educación, la maternidad, la hipoteca, la jubilación, la cultura, de modo que nos enfrentamos a un reto, a hacer compatibles en un contexto de prisas y urgencias, las maduraciones, las constancias, las inversiones y las esperas que nos han definido durante siglos. Por lo tanto, mi reloj de madera me ha hecho pensar en por qué te compras un reloj conectado a tu móvil o a tu ordenador, porque quieres leer tus mensajes en el reloj, porque quieres que reloj controle tus pasos o tus latidos. Probablemente, porque te lo han regalado.
de las instrucciones para dar cuerda a un reloj, eres tú el regalado. Preambulo a las instrucciones para dar cuerda al gelo. Piensa en esto. Cuando te regalan un gelo, te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de josas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, te los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de jubíes. Que el espíritu de la época te ha llevado a ese artilugio y has creído que lo necesitabas y te lo has comprado. Pero es realmente así, tal vez sí, tal vez no. Solo deteniendo durante unos minutos o unas horas los engranajes que no cesan de acordar nuestros plazos para pensar y decidir nuestra propia ética y poética como individuos, podremos aspirar arrismos propios, que pueden coincidir parcialmente con los del capitalismo. No hay duda, pero no pueden coincidir del todo. En la aceleraciónismo es una nueva escuela filosófica que justamente cuestiona el incremento exponencial de la velocidad del mundo. Las nuevas tecnologías y los nuevos procesos no hacen más que multiplicar los estímulos y los deseos sin evaluarse una necesidad ni sus consecuencias. Contraecio Rizón Tenio Liberal, esa constelación de pensadores que sigue la estela del manifiesto por una política aceleraciónista que Alex Williams y Nick Zrnysek firmaron en 2013, propone estrategias de apropiación y reformulación para que aprovechemos ese vertigo y que llegue antes algún tipo de post-capitalismo. Pero la utopía siempre desespera, incluso en estos tiempos de alteración profunda de la realidad a causa de la COVID-19 y pese a la opinión de filósofos como es Labok Cheech parece más probable la social democracia que la revolución. Mientras llega o no un cambio utópico, conviene recordar que en griego antiguo se distinguía entre cronos y cairos, entre el tiempo del reloj o el calendario y el tiempo de la vida. El latido del devenir contemporáneo lo están marcando las actualizaciones de nuestros dispositivos. Suspitidos, tan parecidos a los del monitor cardiaco, se han convertido en la música del mundo. Tenemos que recordar o inventar músicas alternativas. No en vano las primeras músicas fueron naturales. El latido del corazón, el sonido de la lluvia o del viento e inspiraron los primeros instrumentos, las versiones previas del tambor, los orígenes de la percusión que fueron de madera. ¿Cómo tu reloj? Los nuevos ritmos afectan a todos los ámbitos de la realidad. Pero dos de ellos destacan, el de las emociones y el de las tecnologías. Por eso, los dos siguientes corresponsales de Solaris ensayos sonoros para ser más contemporáneos que vas a conocer después de que ella y yo ya nos hayamos presentado, son dos expertos en esos ámbitos del pensamiento contemporáneo. Escuchemos primero a el oyferna de esporta, nuestro corresponsal en sociología de las emociones para que no resuma su visión del tiempo contemporáneo que ha explorado en libros como "Homo Sampler" o "Eros". La vivencia de la temporalidad en la época contemporánea es indissociable de estatus de la fotografía. La fotografía como arte y como práctica ha mutado desde principios del siglo XXI y se encuentra a día de hoy apricionada en una dinámica entre dos movimientos. Por una parte, el archivo, la pulsión archivística, todas las imágenes generadas desde principios del XIX y hasta nuestra época, vuelven en distintas modalidades de registro generando nuevas ideas acerca de la historia del medio. Por otra parte, el presente, la producción compulsiva de actualidad por medio de la foto digital, por medio de historias de Instagram, pauta el ritmo al cual se vive la temporalidad en la que estamos sumidos, de la diálectica y la combinación entre esos dos impulsos surge el tiempo contemporáneo como marca registrada fotográfica. Y escuchemos ahora a Carlos Alberto Escolari, nuestro corresponsal en ecología de los medios para que nos haga un breve repaso de la aceleración de los inventos y los dispositivos. El domino de la evolución biológica hay momentos de aceleración, hay momentos donde aparecen nuevas variaciones, nuevas especies animales y vegetales. Algo por el estilo pasó hace 550 millones de años en lo que se llama el periodo precámrico, o mejor la explosión precámrica, fue un momento donde aparecieron muchas especies, muchas variaciones, muchas mutaciones y también después hubo grandes extinciones. Podríamos decir que actualmente, en el mundo de la tecnología, en el mundo de la comunicación, también estamos pasando por una fase de explosión precámrica. Esta explosión de nuevos medios, nuevas formas de comunicación y nuevos formatos, comenzó hace aproximadamente 30 años con la llegada de la web. En ese sentido, la web no es un medio más, no es una especie mediática más, sino que es un meta medio, es un medio de medios. Si nosotros vemos una buena parte de estas nuevas experiencias, formas de comunicación aparecieron dentro de la web. Facebook, Nación, la web y YouTube, Nación, la web. Y muchas otras aplicaciones contenidos, incluso nuevos formatos, nacieron a partir de la web. Este es un momento fascinante, porque cada semana podíamos decir, aparece nuevos dispositivos, nuevos formatos, nuevas formas de comunicación y nuevas experiencias, ya sea la teraparte de la producción, también del consumo de comunicación. Es un momento muy caótico, realmente es un gran desafío para los investigadores, entender lo que está pasando en el mundo de la comunicación, pero también para los profesionales que tienen que moverse dentro de este ecosistema. [Música] La novela Solaris, que el escritor polaco de ficción especulativa, Stanislav Lem, publicó en 1961, empieza con la llegada de Chris Kelvin a la estación de observación del planeta Solaris, para investigar los extraños comportamientos de los tres seres humanos que viven en ella. Comportamientos que se parecen mucho a la locura. En seguida la fascinación del protagonista, se dirige hacia el propio planeta, que es sobre todo un gran océano que produce arquitecturas caprichosas e increíbles, un ser consciente y probablemente también pensante, que ha generado una ingente cantidad de estudios. Por eso Chris Kelvin se pasa más tiempo en la biblioteca que explorando el planeta. Porque hace 60 años, todavía buscábamos respuestas sobre todo en los libros, pero Chris Kelvin no sólo se enfrenta a los tres científicos más o menos en lo que cidos de Solaris, a la inmensa bibliografía que se ha producido sobre el planeta y a los cianos vivo y probablemente inteligente que lo rigen. Nos adentramos en el cosmos, listos para lo que sea, solar en orías a botaniento. Más te nos sentimos orgullosos, pero cuando lo piensas, esa entusiasma es una fasa. No queremos otros mundos, sino espejos. También se enfrenta a los fantasmas o las criaturas, en un fenómeno absolutamente paranormal, Solaris crea unos seres de carne y hueso que se relacionan directamente con el subconsciente de sus visitantes. Así, Chris Kelvin convive durante su estancia con su ex mujer o con el cuerpo de su ex mujer, o con un clon o construcción o simulacro que es y habla exactamente como su ex mujer. Que muere y reaparece en una especie de eterno retorno que dilata todavía más la desesperante experiencia del tiempo en la lejanía en el excilio y en el espacio cideral. Aunque viajemos al futuro y seamos puro presente, parece decirnos leem, también llevamos con nosotros siempre el pasado. El hombre, al contrario de lo que aparenta, no se inventa objetivos. Se los impone la época en que nació, puede estar a su servicio o bien revelarse contra ellos, pero tanto el objeto de la entrega como el de la rebelión viene en dados desde fuera, dice el narrador. No hay duda de que estamos radicalmente condicionados por nuestro hoy y por empresas disruptivas como Amazon, Netflix, Google o Apple, que no sacan el pie del acelerador. Pero podemos imaginar mañanas. Y para ello podemos y debemos recordar. Recordar, por ejemplo, que venimos del agua y del caminar. Antes de ser omos, antes de ser primates, antes incluso de ser mamíferos inferiores, fuimos criaturas marinas. Y durante millones de años fuimos nomadas. Hay memoria líquida en el fondo de nuestro ADN que ha alterado nuestra relación durante millones de años con virus y bacterias. Y caminamos al ritmo del corazón, sístole, un paso diástole, el paso siguiente. De modo que el tiempo vivido en el agua o mientras caminamos es un tiempo anterior al tecnológico, cuyo seco todavía podemos recuperar y recordar. Por ejemplo, también que venimos del amitología y de la tragedia. Por raro que parezca. Ese recuerdo nos puede servir para discriminar también en nuestro consumo cultural. Seguramente sea mucho más interesante el mundo.
de Pokémon o de Star Wars, complejos y ambiciosos que el de los selfies y los youtubers autobiográficos, superficiales e igualmente adictivos. Y seguramente sea mucho más interesante comprar ciertos objetos en tiendas físicas o buscar ciertos conocimientos en librerías, bibliotecas o archivos, incluso en un viaje para dotarlos de una historia, incluso quien sabe de una cierta épica, que obtenerlos de inmediato y sin ningún tipo de relato por internet. En su teoría de la resonancia, el sociólogo alemán, Jarmut Rosa, no recuerda que la experiencia que nos saca del tiempo cotidiano y nos transporta un tiempo de mayor calidad de intensidad, mejor sintonizado con el mundo, puede darse tanto en el ámbito de los sociales y de la naturaleza y del deporte como en la esfera estética. Como el mismo escrito, la mayoría de los espectadores teatrales y de conciertos musicales conoce también esos momentos de transformación en los que uno ya no precisa concentrarse para seguir la música o la trama, uno se transforma automáticamente en parte de la acontecimiento estético, a menudo, estas dos formas de resonancia colectiva despligan un efecto recíproco de contagio, la resonancia entre los artistas se transfiere al público y viceversa. No podemos saber exactamente cómo se vivía el momento de la catarsis o de la transformación colectiva en una tragedia de la antigua agresia, esa comunión entre la obra, los actores y el público, pero sí podemos buscar los modos en que nosotros nos sentimos parte de una comunidad y nos emocionamos y salimos durante un tiempo limitado de nuestras urgencias en el interior de un cine o de un teatro o de una sala de conciertos, donde por supuesto tenemos que tener el teléfono móvil apagado. Urge y imaginar estrategias de desconexión para reconectarnos con el cuerpo, con el tacto, con todos los sentidos, con las artesanías, con el papel, con el agua, con los bosques, con todo aquello que no nos puede proporcionar la pantalla. Hay que buscar un equilibrio entre el pixel y el mundo físico, entre el tiempo ritual o corporal o natural y el tiempo de las notificaciones, las actualizaciones, los algoritmos. -Madre mia. -Sí, madre mia. O como diría mi propia madre que Dios nos coja confesados. -O como diría Pedro Almodóvar, ¿qué he hecho yo para merecer esto? Solaris es un podcast de ensayo y narración, de modo que detrás de cada uno de sus capítulos hay una extensa bibliografía. Empezaremos a acabar este primer capítulo con algunas recomendaciones para seguir leyendo sobre el tiempo en el siglo XXI. Ella, nuestra corresponsal en el futuro. ¿Qué libros hemos tenido sobre todo en cuenta para pensar y escribir esta primera entrega? -Pues sobre todo, nos hemos dejado iluminar por dos libros del sociólogo alemán, Hartmut Rosa. Por un lado, resonancia, una sociología de la relación con el mundo, su obra más extensa e influyente, donde analiza todas las dimensiones de nuestra relación con la realidad, atravesadas todas ellas por la aceleración del tiempo. Por el otro lado, alienación y aceleración, hacia una teoría crítica de la temporalidad en la modernidad tardía. Un librito de 187 páginas, el otro tiene casi 600, que es una especie de resumen de la teoría de Rosa. Si se me permite la broma, perfecto si tenemos poco tiempo. -Eres mala. -Madre mía. En fin, ambos publicados por el editorial Cats y de Solaris, de Stanislav Lem, recomendamos la edición de la editorial impedimenta, traducida por Johanna Orsekowska. -Era cidad, ella. Escuchemos ahora a el hoy Fernández Porta, nuestro corresponsal en sociología de las emociones, para que nos recomiende algún libro interesante sobre la vivencia del tiempo en el siglo XXI. -Tristes por diseño del investigador Alandés Gert Loving es una de las obras más relevantes que se han publicado últimamente, por la editorial Vasca e Consoni en relación con el tema, que nos ocupa en este podcast. En su tercer libro traducido, el discurso de Loving sobre la infosfera, desmiente algunos lugares comunes y aporta herramientas críticas valiosas. Para él, la vivencia en la Sera Digital no se define como una adicción y tampoco es solo una forma en arcisismo, lo que es más importante las plataformas no son casi nunca espacios para construir la subjetividad. Muy al contrario, funcionan como instituciones del tiempo, gestoras de la temporalidad, concevidas en su origen para conocer y presentar al individuo sirven en realidad para contenerlo, en su nicho temporal, en su burbuja cronológica, en su perfil. -Y escuchemos por último a Carlos Alberto Escolari, nuestro corresponsal en la ecología de los medios, para que también nos diga cuál es el título de referencia sobre el tiempo en el nuevo contexto de la difícil economía de la atención. El tema de la economía de la atención y la fragmentación de los contenidos y de los medios es un tema muy complejo que puede ser abordado desde diferentes perspectivas. En ese contexto no voy a recomendar un libro, voy a recomendar dos, uno de Phil Pinappoli, se llama Odien Civilucho, no se evolución de las audiencias y él entra en este tema desde una perspectiva más socio-económica que implica esta fragmentación de las audiencias y cómo se vincula las viejas audiencias del broadcasting con las nuevas audiencias interactivas, digamos. Y el otro libro es de Claudio Céliz Bueno, se llama "The Attention Economy", "Labor Time and Power in Community Capitalism", o sea, la economía de la atención, trabajo, tiempo y poder en el capitalismo cognitivo, es un libro del 2017 y aquí sigue el enfoque más filosófico crítico entre jugar la cuestión del capitalismo y la fragmentación de las audiencias de los consumos y de nuestra atención, pero también entre la cuestión más digamos cognitiva, es un cruce entre la dimensión más de la explotación que tendría esto y la percepción que tiene suje y como entre suje en todo esto. Son sólo dos posibles libros, es un tema complejo complicado que puede ser abordado desde diferentes perspectivas, pero espero que les sirvan para comprender un poco mejor que es esto de la economía de la atención. Los animales no sólo proyectan el futuro. Muchos de ellos también son conscientes a su modo del pasado. Buen ejemplo de ello es Hachikō, el perro más famoso de Japón. Su dueño fue el profesor Gide-savuro Hueno del Departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio. Desde principios de 1924, hasta el 21 de mayo de 1925, Hachikō lo acompañó a diario desde su casa hasta la estación de tren de Shibuya desde donde volvía a su hogar y regresaba por la tarde para esperarlo. Cuando ese día, el profesor murió de una hemorragia cerebral en clase, el perro fue esperarlo. Como no llegó, pasó allí la noche y los días siguientes y los nueve años posteriores fue alimentado por las personas que lo habían visto con su dueño y entendían su espera infinita. Murió en 1934 y un estatua de bronce lo recuerda en la estación de Shibuya. También los loros experimentan relaciones intensas con sus dueños. Cuando estos mueren a costumbran a deprimirse y acaban también falleciendo y cuando un elefante muere y se descompone, ha menudo otros miembros de la manada regresan al lugar del deceso para recoger el marfil o los huesos. Se los pasan de uno a otro con sus trompas y vuelven durante años para tocar los restos. Los humanos sois superanimales, Jorge. Habéis llevado al extremo la idea de pasado, de memoria y la idea de proyección, de futuro. Y os hemos creado ella porque en el fondo entendemos que venimos del mono y vamos hacia las inteligencias artificiales. Pero no hay prisa. Aquí os estamos esperando en un futuro que todavía no está decidido. No, no hay prisa. Querida corresponde al en el futuro. Gracias por tus historias. Y gracias a ti, al otro lado, por tu atención que vale su peso en oro. Buenos días, buenas tardes o buenas noches. No tengo modo de saber a qué hora me estás escuchando. Y mucha suerte, la estamos necesitando. Una producción de podium podcas creada y narrada por Jorge Carrón. Con Fernanda Horacio como ella, nuestra correspondsal en el futuro. Edición Ana Alonso. Y sueño sonoro Andréu Casada. Producción ejecutiva María Jesús Espinoza de los Monteros. En este episodio participan Carlos Alberto Escolari, correspondsal en ecología de los medios y el hoy Fernández Porta, correspondsal en sociología de las emociones.
Podcast Summary
Key Points:
Animales como chimpancés, orangutanes, pájaros y cocodrilos muestran capacidad de planificar el futuro y usar herramientas, desafiando la exclusividad humana del pensamiento temporal.
La gestión humana del tiempo pasó de ritmos naturales (día/noche, estaciones) a una construcción cultural abstracta, acelerada por la tecnología moderna (email, trenes, digitalización).
El aceleracionismo es una corriente filosófica que critica el aumento exponencial de la velocidad del mundo, proponiendo alternativas al capitalismo sin caer en la utopía.
La relación con el tiempo se ve afectada por la fotografía digital (archivo vs. presente) y la explosión tecnológica (web como meta-medio), creando un caos de nuevos dispositivos y formatos.
Se recomienda buscar equilibrio entre el tiempo tecnológico (notificaciones, algoritmos) y el tiempo natural/corporal (caminar, agua, arte), inspirándose en la teoría de la resonancia de Hartmut Rosa.
Summary:
El podcast "Solaris" explora la aceleración del tiempo en la era contemporánea, comenzando con ejemplos animales: chimpancés que esconden piedras para atacar, orangutanes que planean rutas futuras y cocodrilos que usan palos como trampas. Esto demuestra que planificar el futuro no es exclusivamente humano. La gestión del tiempo humano evolucionó de ritmos naturales (día/noche, estaciones) a una construcción cultural abstracta, acelerada por la tecnología moderna como el correo electrónico y la digitalización.
El aceleracionismo, una filosofía que critica esta velocidad exponencial, propone reformular el sistema para evitar la utopía y buscar un post-capitalismo. La fotografía digital y la web, como meta-medio, han creado una dialéctica entre el archivo del pasado y la producción compulsiva del presente, generando un caos de nuevos dispositivos y formatos. Para contrarrestar la prisa, se recomienda reconectar con el cuerpo y la naturaleza (caminar, agua, arte), inspirándose en la teoría de la resonancia de Hartmut Rosa, que busca experiencias que nos saquen del tiempo cotidiano hacia una mayor calidad e intensidad.
El capítulo finaliza con recomendaciones literarias para seguir reflexionando sobre el tiempo en el siglo XXI.
FAQs
Santino, un chimpancé de un zoológico suizo, escondía piedras y palos para usarlos horas o días después contra los visitantes, demostrando que los primates superiores planifican el futuro.
Inicialmente seguía los ritmos naturales, como el día y la noche o las estaciones, pero en los últimos milenios se ha vuelto cultural y abstracta, basándose en ideas como el matrimonio, la hipoteca o la educación obligatoria.
Cuestiona el incremento exponencial de la velocidad del mundo impulsado por nuevas tecnologías, que multiplican estímulos sin evaluar necesidades ni consecuencias, y propone estrategias para aprovechar ese vértigo hacia un posible post-capitalismo.
Porque al no estar conectado, le permite reconectar con el tiempo sin distracciones digitales, contrastando con dispositivos que miden pasos o latidos y lo vinculan a la aceleración tecnológica.
Cronos es el tiempo del reloj o calendario, mientras que cairos es el tiempo de la vida; en la actualidad, las actualizaciones de dispositivos marcan el ritmo, pero se necesita recordar o inventar ritmos alternativos.
La fotografía actual oscila entre el archivo de imágenes pasadas y la producción compulsiva de presente en redes como Instagram, y de esa dialéctica surge la temporalidad contemporánea.
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