La viralidad ha dejado de ser un fenómeno espontáneo para convertirse en un eje central de la cultura digital del siglo XXI. Desde el famoso momento de la presentación de los Oscars 2014, donde la selfie de Ellen DeGeneres desencadenó una explosión de retuits, hasta la popularidad de influencers como Kim Kardashian o Charli D’Amelio, se ve cómo la exposición constante, la transparencia y la interacción en redes sociales han redefinido la fama y la influencia. Los programas de telerealidad, como *Simple Life* o *Gran Hermano*, han permitido que personas sin experiencia en el arte o el trabajo se vuelvan famosas por su estilo de vida, lo que ha generado un nuevo modelo de celebridad basado en la viralidad. A nivel tecnológico, plataformas como YouTube, TikTok o Twitter han creado sistemas donde la visibilidad depende de algoritmos, relaciones de poder y estrategias de contenido, no de casualidad. La serie *Black Mirror* ilustra cómo este fenómeno ha derivado en una sociedad de evaluaciones numéricas, donde cada interacción se cuantifica, afectando desde los servicios hasta las relaciones personales. Además, figuras como el Papa Francisco han convirtido su presencia en redes sociales en un acto de influencia, demostrando que la viralidad no es solo un fenómeno digital, sino una fuerza que atraviesa la cultura, la religión y el poder. Este cambio ha transformado la forma en que valoramos la atención, el éxito y la relevancia, priorizando la cantidad sobre la calidad, y dejando una huella en la forma en que percibimos el mundo y nuestras propias vidas.
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Podio un podcast. Lo mejor está por escuchar.
¿Qué es lo viral? ¿Cuál es su historia reciente, su mutación digital? ¿Cómo es mostrada en dos de los mejores capítulos de la serie Black Mirror? ¿Por qué la viralidad se ha ubicado en el corazón nervioso del presente y de nuestras vidas?
¿Enseguida algunas respuestas y nuevas preguntas para pensar y aprender juntos en. Solaris, ensayos sonoros. Capítulo 11, viralidad.
Uno de los momentos claves de la viralidad digital y por extensión del siglo XXI fue la gala de los Oscars 2014.
La presentadora era la actriz ionista Ellen De Generes. Su equipo había trabajado codo a codo durante meses con el de Twitter para crear un instante 100% tuiteable, con potencial para incendiar las redes.
Llegaron a la conclusión de que lo ideal era planificar un selfie. No en vano durante los años previos los celulares habían ido incorporando cámaras frontales y la palabra selfie había sido la más significativa de 2013, según el Oxford English Dictionary.
De Generes, vio que la tracer a fila estaría centrada en el strip, que con 18 había batido el record de nominaciones a los Oscars y decidió involucrarla. Samsung subo de la idea y convenció a todos los implicados de que la presentadora no usara su iPhone personal sino un móvil Samsung.
Y entonces durante la ceremonia lo previsto si no con lo imprevisto. De Generes bajo a la platea se acercó a strip y de pronto se levantó Bradley Cooper que no formaba parte del plan,
pero tenía los brazos más largos, tomó el celular e invitó al resto de actores y actrices que estaban cerca a entrar en el plano.
Jennifer Lawrence, Lupita y Peter Nyongo y Angelina Jolie, Brad Pitt, Jared Leto, Julia Roberts y Kevin Spacey.
Rapidamente se convirtió en la foto más retuiteada de la historia, hoy tiene 3 millones de retuits, ese mismo día el Rubius, el celebre youtuber español, que debía estar mirando la tele en casa, de Madrugada, en seguir acomentó el tweet, acabas de cargarte internet, Moder of Retuits, de Ellen Show.
Supongo que se quedó con la espina clavada porque dos años más tarde un tweet suyo que solamente decía "limonada" y eso sí, permitía entrar en un sorteo, partió el record de Retuits de un tweet de una sola palabra.
Ahora mismo tiene un millón 800.000 retuits, la foto con más likes de Instagram también tuvo un origen gamberro, es la foto de un huevo y su único objetivo era quitarles record a la modelo influencer Kylie Jenner, lo consiguió.
Su ma 54 millones de me gusta.
Madre mía, tal vez esa sea la atención que encontramos en el centro de la viralidad y de nuestra época, por un lado el sistema de la celebridad y de la influencia que heredamos del siglo XX y que tiene en Hollywood a una de sus partes más visibles, el mérito indiscutible e histórico de Maryl Streep y de sus 18 nominaciones a los Oscars.
Por el otro el sistema de las redes sociales y de los nuevos influencers y los nuevos trolls, la viralidad sin ningún mérito o sentido, los viejos y los nuevos influyentes, el viejo imperio de la supuesta calidad y el nuevo imperio de la supuesta cantidad.
El siglo XX y el siglo XXI. Buenas noches o buenos días o buenas tardes, no tengo modo de saber a qué hora ni en qué lugar ni en qué condiciones me estás escuchando.
Porque esto es un podcast, que no es radio ni es audio libro, pero algo tiene de ambos. Es nuevo, pero como todo lo nuevo tiene su tradición, su genética, su historia.
Este podcast se titula "Solaris en Sayos Sonoros". Yo soy Jorge Carrión, escritor y corresponsal en el presente.
Sí, en el presente. Ese país es extraño, que es al mismo tiempo, también, pasado y futuro. Y ella es ella, nuestra corresponsal en el futuro.
Encantada, digamos que soy un algoritmo de voz y la compañera de Jorge en esta aventura.
¡Madre mía! Eso, madre mía. En cada capítulo de este podcast examinamos aspectos de nuestra realidad que muy probablemente sean la vanguardia del porvenir.
Lo hacemos con nuestros corresponsales y contigo. Vamos a pensar juntos, vamos a ensayar juntos, vamos a aprender juntos, buenas noches o buenos días o buenas tardes.
Aquí estamos en vivo, pero no en directo. Bienvenida. Bienvenida. En este un décimo capítulo, vamos a tratar el tema de la viralidad digital, tratando de entender su genialogía en el cambio entre dos siglos, que no en vano coincide con la de la telerealidad, la nueva pornografía y la posverdad.
Han sido las redes sociales, las responsables de la transformación de los viejos índices de audiencia en herramientas centrales para medir la relevancia de casi todos los factores que rigen las vidas humanas, con su desarrollo incesante de estrategias para estimular la dependencia y el compromiso, como los comentarios o los likes.
¿Es lo viral, el nervio del presente? ¿Se han impuesto definitivamente la visibilidad y la cantidad sobre otros valores como la calidad o el secreto?
Vamos a pensar en todo eso juntos, durante los próximos minutos, en una historia que nos llevará a través de redes como Twitter o YouTube y programas de televisión como Gran Hermano o Black Mirror, desde la ceremonia de los Oscars de 2014 hasta el mismísimo Papa Francisco, Twitter e Instagrammer, el primer influencer designado directamente por Dios.
La viralidad se convierte en un imperativo del marketing y de las estrategias comerciales durante los años 90.
Es entonces cuando se empieza a utilizar la metáfora del contagio y del virus para hablar de la expansión de consumidores o clientes o embajadores de un mismo producto.
Parece que el ser humano se atrevió a utilizar las expresiones virus informático o viralidad digital, porque creía que los virus habían sido reducidos completamente domesticados.
En 2021 sabemos que no era así, nos lo ha recordado ni más ni menos que la primera pandemia global que es al mismo tiempo biológica y digital.
A ese hombre le acaban de asesinar a su esposa ante sus propios ojos, ocurrió el pasado 24 de septiembre de 2020 en Miranda, una zona rural de Colombia, unos soldados ordenaron que el vehículo se detuviera, al parecer lo hizo, pero en un episodio confuso,
uno de los militares de 19 años disparó y mató a Juliana Giraldo.
La reacción de su marido fue grabar un video. En él se escucha como el hombre no reclama justicia sino viralidad, como y cuando se ha convertido lo viral en una aspiración tan poderosa.
Pues seguramente durante la década pasada, que ha sido la del 15 en España y la de la primera árabe, la del Mitu y la del Black Lives Matter, una década durante la cual el activismo político ha ensayado modos de influencia a través de las redes sociales, en que su aspiración ha sido volverse viral.
Y por tanto ha dejado para una fase posterior la transformación del mundo.
Como recuerda Delia Rodríguez en su libro "Meme Cracia" desde el marketing y la viralidad se fue expandiendo a otros ámbitos, como el del periodismo, a medida que las redes sociales se fueron propagando y normalizando.
Las figuras que afinales de siglo XX eran conocidas como influyentes, se transformaron en los influencers de las redes sociales, que a menudo son conocidos como nombres que se derivan del de la propia plataforma como youtubers o Instagramers.
Entre los años 90 y 2005, cuando irrumpen en el ecosistema Facebook y YouTube, existe un fenómeno puente, el de los primeros programas de la telerealidad.
Aunque haya experimentos anteriores, sorbibors y Big Brother, es decir, supervivientes y gran hermano supusieron una auténtica revolución en la historia de la televisión.
Rapidamente se vuelven franquicias, y su éxito éstal, simultáneamente en tantos países de todo el mundo, que convierten la telerealidad en un formato mainstream.
MTV, por ejemplo, que hasta el 2000 se centraban la producción de videos y espacios musicales, comienzan el nuevo siglo a emitir programas que muestran la vida personal de las estrellas.
con la tele realidad.
un concepto nuevo, era posible ser muy famoso sin haber hecho nada particularmente de valor.
La fama se debía simplemente a la exhibición prolongada en un programa de televisión,
y en esos mismos años había parecido un nuevo perfil de animal mediático, que se correspondía
precisamente con esa definición. No se trataba de supermodelos ni de actores ni de actrices,
sino de niñas ricas que se volvían famosísimas por su estilo de vida, las fiestas o los novios.
Por eso en 2003, Paris Hilton y Nicole Richie comenzaron a protagonizar de Simple Life de la
cadena Fox, en que experimentaban con la posibilidad de que fueran pobres y de que tuvieran que ganarse
el dinero trabajando con el sudor de su frente, porque para entonces ya eran muy famosas y entendieron
que ese tipo de espacios eran perfectos para prolongar esa injustificada celebridad. Hizo muchas
apariciones estelares en ese programa Kim Kardashian, tanto ella como Hilton protagonizaron películas por
no, lo que constituye una metáfora perfecta de la importancia de la intimidad y de la transparencia
en la sociedad viral. En estos momentos Paris Hilton tiene más de 17 millones de seguidores en Twitter
y 13 millones en Instagram y Kim Kardashian, 190 millones en Instagram. En un primer momento ambas,
como tantos otros famosos, no entendieron por qué debían abrir un perfil en redes sociales si
no les pagaban. Todavía pensaban en los términos del siglo XX, con sus productores y sus sueldos y
no en los términos que estaba generando el siglo XXI. Pero en seguida entendieron que las redes sociales
no hacían más que llevar la tele realidad hasta sus últimas consecuencias, que son las de la
exposición constante, sin los límites que impone un capítulo o una temporada o la cancelación de
un reality show. Y que esa permanente exhibición era muy rentable, tanto en términos de promoción de
marcas propias como por los honorarios que se pueden cobrar por anunciar marcas ajenas. Kardashian
cobra alrededor de un millón de dólares por vestir cierta prenda o elogiar cierto artículo en
un único post de su canal. "Madre mía, ambas se han convertido en grandes gestoras en muy buenas
mujeres de negocios y en personas con un talento muy entrenado para generar contenidos, para
generar viralidad. La viralidad es una energía que coincide parcialmente con otras clásicas que
mueven el mundo como la económica o la política, pero sobre todo es un fenómeno nuevo que todavía no
acabamos de entender, en la atmósfera, posberda de era, de la que hemos hablado en esa temporada del
podcast y que está cambiando la propia sustancia de lo real."
En la parte central de cada capítulo de Solaris, en Senos Sonoros, ella y yo damos la palabra a
nuestros corresponsales en ámbitos absolutamente contemporáneos. En esta ocasión nos acompañan el
enaneira, nuestra corresponsal en Netflix, hijos de Miguel Tomasena, nuestro corresponsal en YouTube.
Hasta que punto la audiencia y la viralidad determina la producción y la difusión de las
series de Netflix en la eneira, ¿cómo calificarías la mutación de los ratings y sus mecanismos de
medición del siglo pasado? "No es ningún secreto que el mayor enemigo de un contenido digital es que
no hablen de él. ¿Por qué? Porque si los algoritmos no detectan un mínimo interés en un contenido,
se le condena a la peor de las moradas, el cementerio de los programas invisibles. Primero,
no nos observan. Luego diseñan programas a medida y por último nos ponen toda la temporada sobre
la mesa, el objetivo que nos abandonemos a la bulimia audiovisual, que tengamos una reacción
visceral y profunda, que sintamos el deseo irrefrenable por comentarle y compartirlo, que alimentemos
en definitiva la sensación de que si no has visto ese programa no estás en la onda. El hecho de
que hablen de las series, mucho y pronto, ya se ha convertido en una necesidad para los propios
creadores, así lo aseguró el showrunner de One Day at a Time, Mike Royce, que en un tweet animaba
los fans de su programa a ver los episodios de la serie lo antes posible. ¿Por qué razón? Porque
Netflix aseguraba, toma la decisión de renovar un contenido basándose en los datos de las dos
primeras semanas. ¿Qué cómo calificaría la mutación de los ratings y sus mecanismos de medición
del siglo pasado? ¿Cómo la paradoja de la tiranía de una audiencia más complaciente y ruidosa que nunca?
¿Cómo definirías los mecanismos de la viralidad que rigen la circulación de contenidos audiovisuales
en YouTube José Miguel? ¿Hasta qué punto lo viral define la esencia de esa red social?
Hola ella, hola Jorge, aunque siempre puede haber un video de gatitos que explote viralmente,
debos decir que la viralidad en YouTube no es producto de la casualidad, sino de un complejo
entramado de relaciones de poder que construyen esta visibilidad. Figuras como el Rubius,
soy una pringada, de Nerd writer o Jaime Altosano, llevan años trabajando para aumentar su conectividad.
Y yo postúlo que esta conectividad es una mercancía que se puede ganar, perder, intercambiar, vender.
De hecho, la idea de un éxido trepidante en YouTube es un relato profundamente sospechoso,
porque vuelve a traer al frente el mito neoliberal del éxito del individuo al margen de las condiciones
sociales. La popularidad de los youtubers ha sido construida probando tonos y temas, aprendiendo
a jugar con los algoritmos y buscadores, estableciendo alianzas con otros creadores de contenido,
con patrocinadores y con networks que son empresas que ayudan a crecer los canales y que los conectan
con los anunciantes. En otros casos esta conectividad ha sido transferida desde otros ámbitos como la
televisión, la música, la política, como en los casos sobre los que han estado hablando, el mundo
de las celebridades. La famosa selfie de Ellen de Jenneres que habéis comentado muestra que la
viralidad no es casual, está construida sobre mecanismos de la cultura de la celebridad, Hollywood,
los Oscars, Samsung, Twitter, etc. Hay un ejemplo que me gusta contar para explicar esto. En Twitter
existe un perfil que lleva el nombre de Carlos Slim, el Lu, el magnate mexicano que durante unos
años fue el hombre más rico del mundo según una lista de forbes. No sabemos si este perfil pertenece
realmente a este hombre, pero ese no es el punto. Lo llamativo es que este perfil de Twitter nunca
ha tuiteado nada. Y sin embargo, ya tiene más de 335.000 seguidores, entre los que están expresidentes,
periodistas y empresarios poderosos. 330.000 seguidores para una cuenta fantasma de un millonario.
En el hipotético caso de que este perfil emitiera un tweet, ya tendría cierta visibilidad garantizada.
Lo que muestra, como la viralidad no es ninguna casualidad, sino producto de las estructuras de poder previas.
Charle Damelio tiene 16 años y cerca de 90 millones de seguidores en TikTok. A principios de 2019,
era una absoluta desconocida. Ahora es la persona más seguida en la red social de microvídeos.
Supera en 30 millones de suscriptores a la segunda del ranking.
Suma otros 40 millones entre, en orden descendente, Instagram, YouTube, Twitter y Facebook.
Vala muy bien y tiene gracia para editar como muchísimas otras adolescentes, pero su viralidad estatusférica
es totalmente inexplicable.
En el resto de las grandes redes sociales, Facebook, Twitter, Instagram, YouTube o Snapchat,
los personajes o las marcas más seguidos, o bien ya eran conocidos fuera del ámbito de Internet,
como Cristiano Ronaldo, Nacional Geographic, Barack Obama o las Kardashian.
O bien construyeron su influencia durante mucho tiempo, aprendiendo los códigos y las artesanías
de la propia red, como ocurre con los youtubers PewDiePie o el Rubius.
Todos ellos son mayores de edad. Los líderes de TikTok, en cambio, todavía no han cumplido los 18.
15 años después de que nacieran Facebook y YouTube, TikTok es la primera gran post-red social,
es decir, la primera que ha nacido con la conciencia de que existen problemas algoritmicos,
éticos, legales y tecnológicos muy complejos, que hay que solucionar cuando se alcanza un volumen
realmente masivo y global. Y la primera en llegar desde China, está cambiando las reglas del juego
de la viralidad y su esencia, digamos, la propia ontología de la viralidad, porque la viralidad,
de charlida medio, es una especie de auto-viralidad, de retroalimentación, generada por la propia red y su
ecosistema autónomo. Sin duda, catalizada por la pandemia de la COVID-19, que está reformulando las
relaciones personales y nos obliga a pasar mucho más tiempo del habitual en nuestras casas. De hecho,
los adolescentes de la década pasada en YouTube y los de ahora en TikTok han convertido sus dormitorios
en los laboratorios y los teatros de sus performance, en un claro ejemplo de extinidad normalizada.
El espacio por excelencia de la intimidad se ha vuelto público, ya lo dijimos en el capítulo
sobre pornografía. Los dormitorios sobre expuestos, esas
seldas son protagonistas y iconográficos de nuestra época.
Black Mirror tal vez sea la serie que mejor ha explorado el cambio de paradigma que han
impulsado las redes sociales su presión cuantitativa. Lo hizo desde su primer capítulo que
fue emitido el 4 de diciembre de 2011, titulado "El Limno Nacional". Los ecuestradores de
un personaje que recuerda a Diana de Gales, la princesa del pueblo, exigen para su liberación
que el primer ministro del Reino Unido penetre un cerdo en vivo y en directo.
Solas redes sociales las que provocan que se decida hacerlo.
En efecto, se lo tira, es decir, se lo folla. Ese capítulo sobre la viralidad fue de hecho
inmediatamente viral y señaló Black Mirror como una de las obras más interesantes de la
segunda década de este siglo. En el primer capítulo de la tercera temporada, caída
empicado, Charlie Brooker y su equipo regresan al tema de lo viral imaginando una red social
que permite evaluar todas y cada una de las interacciones sociales con un sistema de
0 a 5 estrellas. Como el sistema de crédito social que se está implantando en China, pero
cotidiano, transparente, absolutamente distópico. Pero no es exactamente ciencia ficción o
tecnología ficción, porque ya se están calificando de un modo parecido, los restaurantes
y otros servicios, como las carreras en taxi o los del Iberis a domicilio. La humanidad
se está acostumbrando a la evaluación de todo, a la calificación instantánea, a la
transformación de cualquier hecho en números.
En efecto, la viralidad es esporádica puntual, afecta un mínimo porcentaje de todo lo que
se publica en la red, pero lo que importa no es tanto esa viralidad espectacular, sino
el modo en que su sistema de cuantificación, visita, reproducciones, retweet, likes, se
ha contagiado a todos los niveles de la experiencia humana. Los museos, los festivales o los
centros culturales interpretan el éxito o el fracaso de sus exposiciones o eventos según
el número de asistentes o el número de sus repercusiones en prensa o en redes sociales
y no en todo aquello que pueden haber inspirado, generado, removido en el interior de sus
mejores lectores. Y en el día a día, por no decir en el minuto a minuto, las jornadas
se han ido llenando de datos de cantidades como si existiera una suerte de micro viralidad
individual. ¿Cuántos retweet o seguidores se han conseguido o no en las redes sociales?
¿Cuántas calorías se han ingerido o cuántos pasos se han dado?
La viralidad es abstracta, la energía que recorre internet, es decir, la mitad del mundo,
al mismo tiempo, lo viral se encarna en cada uno de nosotros. Somos cada vez más su minúsculo
reflejo. Los likes se confunden con nuestros propios latidos.
Detrás de cada capítulo de Solaris en Sello Soneros, hay una extensa bibliografía,
fotografía y hasta serie y grafía. Empezaremos a acabar este penúltimo episodio de la segunda
temporada con algunas recomendaciones textuales y audibisuales. Ella, nuestra con esposa
en el futuro, ¿qué títulos recomiendas?
Existen pocas lecturas de conjunto de la cultura del siglo XXI que presten atención a los
cinco continentes y dos de ellas las ha firmado el mismo autor Fredrik Martel y han sido publicadas
en español por el Sello Taurus. Por un lado recomendamos cultura mainstream como nás
en los fenómenos de masas, que exploran los centros internacionales de producción de música
televisión o cine como Hollywood, Hollywood, Brasil o Japón. Y por el otro lado es Mart.
El libro en que Martel prosigió con su investigación global pero sentándose en cómo se configuran
las redes de internet en las principales zonas geográficas del planeta.
También recomendamos memecracia, los virales que nos gobiernan de Delia Roderíguez publicado
por ediciones gestión, una excelente introducción a la historia de los memes y de la viralidad
en internet. Y por supuesto, ha sido inevitable utilizar en este capítulo algunas de las
ideas que has trabajado en tu libro más reciente Jorge, lo viral publicado por Galaxia Gutenberg.
Gracias a ella y qué libros películas, series o lecturas en general no recomiendan en la
neira nuestra corresponsal en Netflix y José Miguel Tomasena, nuestro corresponsal en YouTube.
En Mindfuck, Cristo Ferwiley, el principal denunciante de Cambridge Analytica, cuenta la historia
sobre la extracción de datos y la manipulación psicológica detrás de hechos históricos,
como la lección de Donald Trump o el Brexit, conectando Facebook, Wikileaks, los servicios
de inteligencia de Rusia y hackers internacionales de todo el mundo. Un libro necesario para
comenzar a ver los barotes de esta gran cárcel de cristal que es internet.
Yo quiero recomendar dos libros. Por un lado, un libro en inglés que se llama Status Update,
Celebrity, Publicity and Branding in the Digital Age, de la investigadora Alice Marwick.
El título Status Update es un juego de palabras en inglés que puede significar actualización
de estado en redes sociales, pero también actualización de nuestro status social, porque
este libro es un estudio sobre cómo la cultura de la celebridad ha permeado la cultura
de las redes sociales y nos ha convertido a nosotros mismos en publicistas de nuestra propia
imagen, de nuestra marca personal. Y el otro libro se llama humillación en las redes
de John Ronson, está editado por Ediciones B, y trata sobre ciertos casos en los que,
a causa de la viralidad, ciertos mensajes en redes sociales pueden amplificarse, salirse
de control y terminar en lichamientos. Un libro que nos recuerda que en la comunicación
en red siempre existe la posibilidad de que nuestros mensajes se difundan a escalas
que no sospechamos y de que las multitudes enforecidas o indignadas también pueden despertar
comportamientos muy, muy oscuros. El pasado mes de octubre de 2020, el
Papa Francisco beatificó a Carlo Acuti. Tras demostrarse, como solo la iglesia puede
demostrar, un milagro que realizó Postmortem. Al parecer, un padre brasileño usó una reliquia
suya, una prenda de ropa para sanar a su propio hijo. En cualquier caso, Carlo, que falleció
prematuremente de laucemia a los 15 años y cuyo cuerpo también al parecer está en corrupto,
aunque en realidad fue reconstruido para su exhibición, zapatillas Nike y más cara
de silicona incluidas, podría convertirse en el primer santo de Internet. Además, de muy
creyente, era muy aficionado a la informática y dedicó muchas horas de su vida a la catequesis
en la red. Es conocido como el ciberapóstol de la Ocaristía e incluso como el primer
influencer de Dios.
En el mundo hay unos 1.300 millones de católicos y unos 2.500 millones de usuarios de Facebook,
el doble de creyentes. Por eso no es de extrañar que la iglesia católica, que anuncia al
nuevo Papa todavía con señales de humo, hay entendido que su tradicional viralidad, con
2.000 años de historia, debía actualizarse en el nuevo ecosistema. Francisco ha sido el
responsable de esa actualización, el primer Papa argentino.
Si te fijas en la cuenta Pontifex, Barrabaja es, ves que solo sigue a 8 personas en Twitter.
Se trata en realidad de sus otras cuentas en otros idiomas, que suman cerca de 50 millones
de seguidores. El Papa solo se silla si mismo.
Bueno, y a Dios, ¿qué no tiene cuenta de Twitter?
O está en todas las cuentas de Twitter.
Es cierto, el Papa de Roma no tiene en cambio, pero es filoficial en Facebook al parecer
por miedo a la dificultad de moderar los comentarios.
Pero sí en Instagram, Francisco, con 7 millones de seguidores. Kevin Saistram, el fundador
de la red social, consiguió una cita de unos minutos en el Vaticano para convencer al
sumo Pontifex de las bondades de convertirse en Instagram.
Tras escucharlo atentamente, Jorge Bergoglio le dijo que lo consultaría con su equipo
y con su jefe y señaló al cielo.
Madre mía santísima.
Como dijo en uno de sus discursos el Papa, pasemos del like a la men.
Buenos días, buenas tardes o buenas noches, no tengo modo de saber a qué hora me estás
escuchando y buena suerte, la estamos necesitando.
Dehá de inarrada por Jorge Carrion.
Con Carolina Torres topaga como ella, nuestra corresponsal en el futuro.
Edición Ana Alonso, diseño sonoro Andréu Kesada, producción ejecutiva María Jesús
Espinoza de los Monteros.
En este episodio participan Elena Neira, corresponsal en Netflix, hijos en Miguel Tomasena,
responsable en YouTube.
Es así que son las verdaderas Goets.
Perdón amiga, no todo se trata de ti.
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Podcast Summary
Key Points:
La viralidad ha evolucionado del siglo XX al XXI, pasando de ser un fenómeno accidental a una estrategia central en marketing, medios y relaciones sociales.
Momentos clave como la presentación de los Oscars 2014 con la selfie de Ellen DeGeneres muestran cómo la viralidad se construye mediante estructuras de poder, redes sociales y presencia pública.
La telerealidad, desde programas como *Gran Hermano* o *Simple Life*, transformó la fama en un producto de exposición constante, sin necesidad de talento o mérito.
Personas como Paris Hilton, Kim Kardashian o Charli D’Amelio se convirtieron en influencers clave, no solo por su estatus, sino por su habilidad para generar contenido viral en redes como Instagram y TikTok.
La viralidad no es casual, sino el resultado de mecanismos de poder, algoritmos, alianzas y estructuras de exposición que prevalecen en plataformas como YouTube, TikTok o Twitter.
La serie *Black Mirror* explora el impacto distópico de la cuantificación social, mostrando cómo las redes sociales han llevado a una evaluación numérica de todo, desde restaurantes hasta interacciones humanas.
El Papa Francisco, como figura de influencia, se convierte en un "influencer de Dios" al usar redes sociales como Instagram, mostrando cómo la viralidad se adapta a los espacios religiosos y culturales.
La viralidad ha transformado la naturaleza del éxito, haciendo que la cantidad, la exposición y la interacción digital sean más importantes que la calidad o el valor ético.
Summary:
La viralidad ha dejado de ser un fenómeno espontáneo para convertirse en un eje central de la cultura digital del siglo XXI. Desde el famoso momento de la presentación de los Oscars 2014, donde la selfie de Ellen DeGeneres desencadenó una explosión de retuits, hasta la popularidad de influencers como Kim Kardashian o Charli D’Amelio, se ve cómo la exposición constante, la transparencia y la interacción en redes sociales han redefinido la fama y la influencia. Los programas de telerealidad, como *Simple Life* o *Gran Hermano*, han permitido que personas sin experiencia en el arte o el trabajo se vuelvan famosas por su estilo de vida, lo que ha generado un nuevo modelo de celebridad basado en la viralidad.
A nivel tecnológico, plataformas como YouTube, TikTok o Twitter han creado sistemas donde la visibilidad depende de algoritmos, relaciones de poder y estrategias de contenido, no de casualidad. La serie *Black Mirror* ilustra cómo este fenómeno ha derivado en una sociedad de evaluaciones numéricas, donde cada interacción se cuantifica, afectando desde los servicios hasta las relaciones personales. Además, figuras como el Papa Francisco han convirtido su presencia en redes sociales en un acto de influencia, demostrando que la viralidad no es solo un fenómeno digital, sino una fuerza que atraviesa la cultura, la religión y el poder.
Este cambio ha transformado la forma en que valoramos la atención, el éxito y la relevancia, priorizando la cantidad sobre la calidad, y dejando una huella en la forma en que percibimos el mundo y nuestras propias vidas.
FAQs
La viralidad se refiere a la rápida difusión de contenidos en redes sociales. Ha evolucionado desde un fenómeno casual hasta un sistema estructurado que influye en la cultura, el marketing y la política, transformando la forma en que se mide el éxito y la relevancia.
Durante los Oscars 2014, una selfie inesperada entre Ellen De Generes y la actriz Kate Hudson generó una explosión de retuits, convirtiéndose en uno de los momentos claves de la viralidad digital, demostrando cómo un evento improvisado puede tener un impacto masivo.
Estas personas se volvieron virales al exponer su vida personal en programas como 'Simple Life', lo que permitió a las redes sociales amplificar su imagen, generando una fama basada en la transparencia y la intimidad, más que en logros artísticos o profesionales.
La viralidad no es casual. Está influenciada por estructuras de poder, algoritmos, relaciones de influencia y redes sociales, como se ve en el caso de perfiles como el de Carlos Slim, que posee millones de seguidores sin publicar contenidos.
Hoy el éxito se mide no solo por el número de espectadores, sino por los likes, retweets o reproducciones, lo que ha transformado la evaluación de eventos, museos o servicios en un sistema basado en cuantificaciones digitales.
El Papa Francisco ha sido considerado el primer 'influencer de Dios' al usar redes sociales como Instagram, donde tiene 7 millones de seguidores, mostrando cómo las instituciones religiosas también se han adaptado a las dinámicas virales del siglo XXI.
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