Este capítulo reflexiona sobre la relación entre cuerpo, mente y conciencia, partiendo de una experiencia personal de trauma físico que transformó la vida del autor. A diferencia de los tratamientos médicos convencionales, que se basan en evidencia estadística y en el diagnóstico de síntomas, el autor eligió confiar en su propia inteligencia corporal, conectándose con una conciencia interna que le permitió reconstruir su columna y recuperarse completamente. El proceso se basó en la práctica diaria de visualizar el resultado deseado y evitar pensamientos negativos que generan miedo o inseguridad. Se explica que la mente y el cuerpo no son separados, sino que interactúan profundamente: los pensamientos y emociones influyen directamente en la salud física, según principios de la física cuántica. La verdadera salud, por tanto, no depende solo de la medicina, sino del diálogo entre el conocimiento profesional y la escucha profunda del propio cuerpo. El miedo se presenta como una señal de que algo es importante, y su gestión permite transformar crisis en oportunidades de crecimiento. Además, se destaca que cada dolor o enfermedad puede ser un llamado para volver a uno mismo, y que el equilibrio en la vida —entre recibir y dar— es clave para la salud emocional y física. Finalmente, el autor hace hincapié en que la sanación y el crecimiento personal requieren paciencia, autoconciencia y una relación humana auténtica con el cuerpo, sin dependencia de expertos o tratamientos mecánicos. La medicina integrativa, que une ciencia y conciencia, se presenta como el futuro de la salud verdadera.
Bienvenidos, bienvenidas al capítulo número 49 de mi podcast.
Este espacio íntimo y sagrado entre vos y yo quedaba a llamar mientras respires esta
esta tiempo.
El capítulo de hoy va a ser bastante reflexivo, simple pero muy profundo.
Ya habrás visto en el título de qué voy a hablar.
Voy a hablar del cuerpo, pero no el cuerpo como sustantivo, no como algo que se puede
ver, tocar, y nada más.
Voy a hablar del cuerpo como verbo, como algo que se está moviendo, como algo que
se está adaptando constantemente a quién estamos siendo.
Este capítulo es un llamado de atención y comienza con el prefacio de un libro que
alguna vez recomende por acá.
El libro se llama "El Plasebo eres tú" del autor show dispensa.
Abri los oídos abri el corazón y preparados listos ya.
El despertar.
Yo nunca busqué hacer la labor a la que me dedico como conferenciante, autor investigador,
fue ella la que me encontró a mí.
Algunos necesitamos recibir una llamada de atención para despertar.
En 1986 yo recibí la mía, un hermoso día de abril en el sur de California, tuve
el privilegio de ser arrollado por un todo terreno en un triatlón de Palm Springs.
A aquel momento me cambió la vida y me hizo emprender este viaje.
En aquella época tenía 23 años, así a poco que había abierto un consultorio que
lo practicó en la joya, California, y llevaba meses entrenándome a fondo para ese triatlón.
Cuando sufrí el accidente había acabado la etapa de la natación y estaban la carrera
en bicicleta.
Al llegar a una complicada curva en la que se sabía que nos uniríamos al tráfico
un policía, despaldas a los coches que se aproximaban, me hizo señas para que me girara
la derecha y me incorporara la carretera.
Estaba dándolo todo concentrado en la carrera y no a parte de la vista del en ningún momento.
Mientras adelantaba a dos ciclistas en esa curva, un fortbrón corrojo que iba casi 90 kilómetros
por hora me envistió por detrás.
De por los aires y caí pisadamente al suelo despaldas.
Debido a la velocidad del todo terreno y a los lentos reflejos del anciano que lo conducía,
el bronco se mechó encima y me agarré al para choques para evitar que darme atrapado
entre el metal y el asfalto.
El todo terreno me arrastró por una carretera un rato hasta que la conductor hace perca
todo lo que ocurría.
Cuando por fin freno en seco rodeé por el suelo sin control durante unos 20 metros.
Nos había recuerdo el ruido de las bicicletas rebasándome en los gritos horrorizados y las
maldiciones de los ciclistas al pasar por mi lado sin saber si detenerse para ayudarme
o seguir la carrera.
Mientras ya sea en el suelo lo único que podía hacer era abandonarme al momento.
Notar de en enterarme de que me había roto seis pertebras tenía fracturas por compresión
en la octava, la novena, la décima, la un décima y la duro décima, vertebras torácicas
y en la primera vertebra lumbar desde los homoplatos hasta los riñones.
Las vertebras están pegadas como bloques individuales en la columna y al impactar contra
el suelo con fuerza si un dieron y aplastaron por el golpe.
La parte superior de la octava vertebra torácica se me ondió a un 60% al fracturarse y el
arco que contiene y protege la médula espinal se quebró adquiriendo la forma de una rosquilla.
Cuando una vertebra se comprime y se rompe los fragmentos de los huesos tienen que ir
alguna parte, en mi caso una buena cantidad fue a parar a la médula espinal.
La situación no pintaba bien, como si estuviera viviendo una pesadilla la manera siguiente
me desperté con una pila de síntomas neurológicos, diferentes clases de dolor, diversos grados
de embotamiento, sensación de hormigueo, cierta insensibilidad en las piernas y algunos
problemas para controlar mis movimientos, esto me hizo pensar lo peor.
Tras realizarme en el hospital todas las analíticas radiografías, TAQ e IRM necesarios,
el traumatólogo me mostró los resultados y me dio la noticia con un tono sombrío.
Para contener los fragmentos socios, que en ese momento se encontraban en la médula espinal,
debían operarme e implantarme una barra de jarrington. Es decir, tenían que cortar la parte
superior de la verte, braza a partir de dos o tres segmentos por encima y por debajo
de las fracturas y clavar y sujetar con abrazaderas dos barras de hierro de 30 centímetros a cada
lado de la columna. Luego me sacarían varios fragmentos del hueso de la cadera y los aderirían
sobre las barras, sería una intervención quirúrgica importante, pero me permitiría volver
a caminar. Con todo, sabía que probablemente me quedaría discapacitado y tendría que
vivir con dolor crónico el resto de mi vida. Por supuesto, esta opción no me gustó,
pero si decidía no operarme, era posible que me quedara paralítico. El mejor neurólogo
de la zona de Palm Springs, que coincidía con la opinión del traumatólogo, me dijo
que en todos Estados Unidos no conocía aún solo paciente con una lesión como la
mía que subieron negado operarse. Como la octava verte bratorasica se me había aplastado
y había adquirido la forma de cunia por el impacto, la columna no soportaría el peso
de mi cuerpo al ponerme de pie. La espina dorsal se hundiría, los fragmentos de las
vertebras rotas se encrustarían más aún en la médula espinal y me quedaría paralítico
al instante de pecho para abajo. Esta opción tampoco me atraía demasiado, claro. Me trasladaron
a un hospital de la joya, el más cercano a mi hogar, donde recibí dos opiniones más.
Una fue la de un importante traumatólogo del sur de California. Como es lógico, ambos
doctores coincidieron en que debían implantarme la barra de Jarrington. Estuvieron de acuerdo
con el pronóstico. Si no me operaba, me quedaría paralítico y no volvería a caminar
nunca más. Si yo hubiera sido médico, también habría concejado lo mismo. Era la opción
más segura, pero no fue esa, la que yo elegí. Tal vez en aquella época de mi vida era joven
y audaz, pero decidí ir en contra del modelo médico y de las recomendaciones de los expertos.
Creía que en cada persona existe una inteligencia, una conciencia invisible que nos da vida, apoyándonos,
manteniándonos, protegiéndonos y curándonos a cada momento. Dicha inteligencia crea casi
cien billones de células especializadas, partiendo solo de dos. Hace que el corazón nos
lata cientos de miles de veces al día y organiza cientos de miles de reacciones químicas en
una sola célula a cada segundo. Esto entre muchas otras sorprendentes funciones. Concluí
que si esa inteligencia era real y demostraba semejantes capacidades con un espíritu tan
servicial, atento y afectoso, quizá podría dejar de centrarme en el mundo exterior y empezar a
mirar en mi interior, para conectar con esa inteligencia y establecer una relación con ella.
Pero aunque no comprendiera intelectualmente que el cuerpo menudo es capaz de curarse en esos
momentos debía aplicar todo lo que conocía para llevar esos conocimientos al siguiente nivel,
e incluso superarlo para producir una auténtica experiencia curativa. Y como en las condiciones
en las que estaban o podida ninguna parte ni hacer nada, salvo ya ser boca abajo, decidí
llevar a cabo dos cosas. La primera fue que cada día me centraría en esa inteligencia que
habitaba en mi, y la encomendaría un plan, una plantilla, una visión con órdenes muy concretas,
y luego dejaría que samente superior dotada de poderes ilimitados se encargara de mi curación,
para que lo hiciera por mí. Y la segunda fue que no dejaría que me viniera a la cabeza ningún
pensamiento que no quisiera tener. Parece fácil, verdad, una decisión radical. A pesar de que el
equipo médico que se ocupaba de mi caso me lo desaconsejo, abandoné el hospital, y me fiel
en ambulancia casa de dos íntimos amigos míos, en la que permaneci los tres meses siguientes para
centrarme en mi curación. Me fijé una misión. Decidí que empezaría cada día reconstruir mi columna,
vertebra a vertebra, y le mostraría a esa conciencia si es que reparaba en mis esfuerzos,
lo que quería alcanzar. Sabía que tendría que permanecer en un estado de presencia,
es decir, vivir el presente en lugar de pensar en el pasado o de lamentarme por lo sucedido,
preocupándome por el futuro obsesionándome con las condiciones de mi vida exterior o centrando
me en mi dolor o mis síntomas. Al igual que en cualquier relación que mantenemos,
todos sabemos cuando alguien está presente o no al relacionarse con nosotros, ¿no? Como la
conciencia es atención y la atención consiste en fijarse en las cosas, y fijarse en las cosas
es estar presente y advertirlo todo. Esa conciencia sabría cuando yo estaba presente y cuando no.
A la interactora con ella tendría que permanecer en el presente. Mi estado de presencia tendría que ser como el suyo.
Mi voluntad tendría que coincidir con su voluntad y mi mente tendría que coincidir con la suya.
Así que dos veces al día durante dos horas me dedicaba a mirar en mi interior y crear una imagen del resultado que deseaba.
Una columna totalmente reconstruida. Advertilo poco consciente y lo descentrado que estaba. Es curioso.
De pronto vi que cuando nos enfrentamos a una crisis o un trauma invertimos demasiado atención y energía pensando en lo que no queremos en lugar de lo que sí.
Durante aquellas primeras semanas estuve manifestando esa tendencia a todas horas.
En mitad de la meditación mientras estaba creando la vida que quería con una columna totalmente reconstruida.
Advertía de pronto que me había distraído pensando en lo que los traumatólogos me habían dicho varias semanas atrás que seguramente nunca más volvería a caminar.
Mientras intentaba reconstruir mi columna me descubría estrizándome por pensar si debería vender mi consultorio quiero práctico o cuando estaba repasando mentalmente paso a paso que volvía a caminar.
Me pillaba imaginándome cómo sería pasar el resto de mi vida en una silla de ruedas. Supongo que ya sabes a lo que me refiero.
Cada vez que me distraía y me venía a la cabeza un pensamiento que yo no quería volvía a empezar y me imaginaba lo que deseaba alcanzar de nuevo.
Era una labor tediosa, frustrante y para hacerte sincero una de las cosas más difíciles que he hecho en mi vida. Pero concluí que la imagen decisiva en la que quería que se fijara el observador que habitaba en mí debía ser clara, impoluta y constante.
Para que esa inteligencia realizaré lo que yo deseaba y sabía que era capaz de hacerlo debía estar plenamente consciente en todo momento en lugar de distraerme.
Al final después de batallar durante seis semanas con mío mismo intentaré estar presente con esa consciencia logre realizar el proceso interior de reconstruir mi columna sin tener que detenarme para volver a empezar.
Recuerdo el día que lo conseguí por primera vez. Fue como cuando algo te sale por fin redondo. Sabía que me había salido con la mía. La sensación era muy singular, inconfundible. Y me sentí lleno, satisfecho y completo.
Por primera vez estaba relajado y presente en cuerpo y alma. Había dejado de parlotear en mi interior de analizar, de pensar, de bocesionarme, de intentar alcanzar algo y sentí una especie de paz y silencio.
Fue como si ya no me importaran ninguna de las cosas de mi pasado y mi futuro por las que me había estado preocupando tanto. Y al comprenderlo el viaje que había emprendido cobró más fuerza todavía.
Porque cada vez me resultaba más fácil crear esa visión que yo quería reconstruyendo mis vertebras. Y lo más importante es que empecé a notar algunos cambios fisiológicos muy significativos.
En aquel momento fue cuando comencé a asociar lo que estaba haciendo dentro de mí para crear ese cambio, con lo que sucedía fuera de mí, en mi cuerpo. En cuanto lo relacioné, presté más atención a una lo que estaba haciendo y lo realizé una y otra vez con más convicción.
Por eso lo hice con alegría inspiración en lugar de com miedo y inseguridad. Y de repente fui capaz de acortar la sesión de meditación que me llevaba de dos a tres horas.
Como en esa época disponía de un montón de tiempo. Empecé a pensar en cómo sería volver a contemplar la puesta de soldes de la orilla del mar o al morzar con mis amigos en un restaurante.
Y cómo a partir de entonces valoraría todas esas cosas. Me imaginé con todo detalle, luchándome y sintiendo el agua deslizarse por mi cara y mi cuello, o sentado en el retrete, o paseando por la plaza de San Diego, sintiendo el viento en mi cara.
Era en algunas de las cosas que no había valorado nunca antes del accidente, pero esos momentos eran muy importantes para mí y dediqué un tiempo a aceptar las emocionalmente hasta experimentar la sensación de estar ahí realizándolas de nuevo.
En aquella época no sabía lo que estaba haciendo, pero ahora sí lo sé. Estaba empezando a pensar en todas esas posibilidades futuras que ya existían en el campo cuántico y aceptando cada una de ellas.
Y a medida que elegía ese futuro para mí y lo combinaba con la emoción que sentía al vivirlo, mi cuerpo empezó a creer en el presente que ya lo estaba experimentando conforme mi capacidad para observar mi destino deseado mejoraba día a día, mis células empezaron a reorganizarse.
Comencé a enviar señales nuevas agentes nuevos y entonces mi cuerpo empezó realmente a mejorar más deprisa, lo que estaba aprendiendo es uno de los principios fundamentales de la física cuántica.
Mente y materia no son dos elementos distintos y nuestros pensamientos y sentimientos tanto conscientes como inconscientes son los planos que determina nuestro destino, la tenacidad, la convicción y la concentración para manifestar cualquier posibilidad futura se encuentran en la propiamente y en la mente de los potenciales infinitos del campo cuántico.
Estas dos mentes actúan al unísono para materializar cualquier realidad posible comprendí que en este sentido todos somos creadores divinos con independencia nuestra raza, sexo, cultura, posición social, educación, credo religioso o incluso en los errores cometidos.
Por primera vez en mi vida me sentí una persona muy afortunada, tome otras decisiones importantes para mi recuperación, seguí un régimen que incluye una dieta saludable, visitas de amigos míos que ejercían la curación energética y un elaborado programa de rehabilitación.
Pero en aquella época lo más importante para mí fue entrar en contacto con esa inteligencia que ya existían mí y a través de ella usar mi mente para curar a mi cuerpo.
Nueve semanas y media después del accidente me levanté y volví a llevar mi vida cotidiana habitual sin recurrir escallolas ni a intervenciones quirúrgicas. Me había recuperado del todo.
A las 10 semanas empecé a ocuparme de mis pacientes y a las 12 a entrenarme y levantar pesas mientras seguía con mi rehabilitación.
Y ahora casi 30 años después del accidente puedo decir con sinceridad que desde entonces apenas me ha dolido la espalda.
Mi apasionada dedicación a la investigación. Pero aquello no fue el fin de mi aventura, como es lógico no pude volver a la misma vida que había llevado hasta esta entonces porque yo había cambiado en muchos sentidos.
Acababa de percibir una realidad que ninguna de las personas que conocía podía entender.
No podía seguir relacionándome con muchos de mis amigos ni podía seguir llevándola misma vida de siempre.
Lo que antes era importante para mí ya no me importaba y empecé a hacerme preguntas fundamentales como ¿quién soy yo? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué he venido a este mundo?
¿Cuál es el propósito de mi vida y qué o quién es Dios?
Al poco tiempo dejé San Diego para mudarme más al norte y acabé abriendo una clínica quiro práctica cerca de Olympia en el estado de Washington.
Pero al principio pasaba la mayor parte de las horas apartado del mundo estudiando a espiritualidad.
Con el paso del tiempo me empecé a interesar mucho por las remisiones espontáneas en las que la gente se curaba de una enfermedad grave o de una dolencia terminal o irreversible sin la ayuda de procedimientos médicos como las intervenciones quirúrgicas o los medicamentos.
Mientras me recuperaba en aquellas noches largas y solitarias en las que no podía pegar ojo y se un trato con esa conciencia.
Y le prometí que si volvía a caminar me pasaría el resto de mi vida estudiando e investigando la conexión entre la mente y el cuerpo y el concepto del poder de la mente sobre la materia.
Y desde entonces eso ha sido lo que me he dedicado a hacer durante casi las tres últimas décadas.
Viaje a distintos países buscando numerosas personas con enfermedades que tras haber recurrido a la medicina convencional o a la alternativa sin experimentar ninguna mejoría o incluso empeorando, te repente habían mejorado.
Empecé a entrevistarlas para descubrir qué similitud desabían sus experiencias y averiguar y documentar qué era lo que les había hecho mejorar.
porque mi pasión era unir la ciencia con la espiritualidad.
descubrí que en todos esos casos la mente había desempeñado un papel muy importante.
El científico que había en mí empezó a interesarse en ello y me volví más curioso aún,
retomé las clases en la universidad, me dedica a estudiar las últimas investigaciones
neurocientíficas y realizé estudios de posgrado especializados en mapeo cerebrales,
neuroplasticidad epigenética y sí con neuroimunología. Concluí que ahora ya sabía
porque esas personas habían mejorado y que lo conocía todo sobre la ciencia de cambiar
la propia mente o al menos eso creía. Debe hacer capaz de aplicar esos conocimientos
tanto en las personas enfermas como en las sanas que querían hacer cambios para no solo
mejorar su salud, sino también sus relaciones, su carrera profesional, su vida familiar y
su existencia en general. En aquella época, me invitaron a formar parte de los 14 científicos
e investigadores que participarían en el documental de 2004. ¿Y tú qué sabes? Esa película
se convirtió en todo un éxito de la noche a la mañana, invitaba a los espectadores a
cuestionarse la naturaleza de la realidad y a comprobar en su propia vida si su observación
funcionaba o para ser más exactos si se materializaba. Por todo el mundo se hablaba de
la película y de los conceptos que propugnava. Después de aquel gran éxito, en 2007
publique mi primer libro "Desarrolla tu cerebro", la ciencia de cambiar tu mente. Al cabo
de un tiempo de haberlo publicado, la gente empezó a preguntarme cómo puedo hacerlo,
cómo puedo cambiar y crear la vida que quiero. Esa pregunta se convirtió al poco tiempo
en la masa habitual, así que reunió un equipo y empecé a dar talleres a lo largo y ancho
de Estados Unidos y en el extranjero sobre la formación de las conexiones neuronales y cómo
reprogramar nuestros pensamientos por medio de los principios neurofisiológicos. Al principio
los talleres consistían sobre todo en compartir esa clase de información, pero la gente quería
aprender más cosas y decidía añadir las meditaciones para sin energizar y complementar
la información, ofreciéndoles a los participantes, los pasos prácticos para cambiar su mente y
su cuerpo y también cómo resultado su vida. Después de dar mis talleres introductorios
en distintas partes del mundo, los participantes me preguntaban y ahora ¿qué viene a continuación?
Y empecé a dar otros talleres introductorios de un nivel superior. Tras asistir a ellos,
los alumnos me pedían si podía dar otros más avanzados. Eso me sucedían la mayoría de los lugares
donde los impartía. Yo seguía pensando que eso era todo, que ya les había enseñado todo
cuanto sabía, pero como la gente no dejaba de pedirme que les enseñara más cosas, seguí
investigando. Y perfeccioné las presentaciones y las meditaciones. Esos talleres fueron adquiriendo
fuerza y además tenían muy buena cojida. Los asistentes aprendían a dejar algunos de sus
hábitos autodestructivos y a llevar una vida más feliz. Aunque mis colegas y yo solo hubiéramos
visto pequeños cambios hasta el momento, a los asistentes les encantaba la información
que recibían y querían seguir aplicándola de modo que seguí yendo a donde me invitaban.
Me dije que cuando dejarán de invitar me sabría que mi misión había terminado. Un año
y medio más tarde de dar nuestro primer taller, mi equipo, y yo empezamos a recibir varios
correos electrónicos de nuestros participantes comentando los cambios positivos que les
habían ocurrido al hacer las meditaciones a diario. Les habían comenzado a suceder muchos
cambios en su vida y estaban encantados. Las respuestas tan favorables que fuimos recibiendo
de la gente a lo largo del año siguiente no llamaron la atención tanto a mí como a mi equipo.
Los participantes de nuestros talleres empezaron a decirnos que no solo habían notado cambios
objetivos en su salud, sino que los parámetros de sus analíticas también habían mejorado.
Los análisis clínicos incluso llegaban a normalizarse. Esas personas habían logrado
reproducir los mismos cambios físicos, mentales y emocionales que yo había estudiado observado
y por último descrito en desarrollo a tu cerebro, su primer libro.
Precenciar esta clase de cambios me entusiasmo porque sabía que cualquier cosa que sea
repetible acaba convirtiéndose en una ley científica. Muchas personas me enviaban correos
encabezados por la misma frase. No te lo vas a creer y esos cambios no eran casuales.
Aquel mismo año empezaron a ocurrir unos hechos sorprendentes en los dos talleres que dimas
tarde en Seattle. En el primero una mujer con esclerosis múltiples que se desplazaba con un
andador terminó el taller caminando sin usarlo. Y en el segundo otra mujer que llevaba 10 años
sufriendo también esclerosis múltiples se puso a caminar por la sala afirmando que la
paralisis y la insensibilidad de su pie izquierdo habían desaparecido.
Traspedir meló mis alumnos en 2010 de un taller más avanzado en colorado, en el que los
participantes advirtieron que se empezaron a sentir mejor allí mismo. Se levantaban,
cuando tomaban el micrófono y contaban historias muy inspiradoras. Durante otros asombrosos
talleres pudimos por fin documentar los cambios objetivos en el campo científico de los registros
y documentar los cambios subjetivos narrados por los participantes en cuanto a su salud.
No creo que sea una exageración, decir que lo que observamos y registramos marcó un
hito. Había concebido este taller para ofrecer a los participantes la información
científica de las instrucciones necesarias para pelicarla, así podrían experimentar
una gran transformación personal. Al fin y al cabo la ciencia no es más que el lenguaje
contemporáneo del mysticismo. Había aprendido que en cuanto empiezas a hablar en el lenguaje
de la religión o de la cultura y asitar la tradición, los participantes se dividen.
Había la ciencia en cambio, los une y desmitifica lo místico. Había descubierto que si enseñaba
los asistentes del modelo científico de la transformación, incluyendo un poco de física
cuántica para ayudarlos a entender la ciencia de las posibilidades, y lo combinaba con los
últimos descubrimientos en el campo de la neurociencia, la neuroendocrinología, la epigenética
y la psico-neuroemonología, y si además les ofrecia las instrucciones adecuadas y la oportunidad
para aplicar esta información, experimentarían una transformación. Y si lo hacían un lugar
donde se pudieran registrar dicha transformación en tiempo real, esos registros se convertirían
en más información que podría usar para enseñar a los participantes. Má cosas sobre
la transformación que acababan de experimentar. Y con esta información podrían tener otra,
y así sucesivamente, hasta que lograran cerrar la brecha entre lo que creía en ser y lo
que eran en realidad creadores divinos, para que les resultara más fácil seguir
haciéndolo. Ya me este concepto información para la transformación, y ahora se ha convertido
en mi nueva pasión. Hasta acá. Este mismo texto que habla sobre el campo cuántico y las
infinitas posibilidades lo podría haber usado para un capítulo que hablé sobre la manifestación,
pero no, y tampoco pienso usarlo para hablarte del poder de la mente, porque la semillita que
te quiero sembrar hoy va por otro lado. Cada vez me llegan más personas con enfermedades en
estadios más avanzados. Hace relativamente poco tres, cuatro meses más o menos me llegó una
mujer con metas, hasta sí, por todas partes. Y lo primero que me dijo entre el ágrimas, obviamente,
fue no entiendo por qué no mejoro. Si lo hice todo, a lo que yo le pregunté qué es todo,
todo lo que los médicos me dijeron que haga, y qué te dijeron los médicos que hagas. Antibióticos,
químios, rayos, lo hice todo desde que me dijeron lo que tenía que obedecia al pie de la
ledera todas las instrucciones. Ok, hiciste algo más que lo que te dijeron los médicos. No,
a ver si entiendo, cuando te dijeron lo que tenías les confiaste tu cuerpo para que lo curen. Y sí,
ellos son los que saben, que saben, medicina, y vos, yo qué, yo no sé nada de medicina. No,
tener razón. Ellos saben medicina, pero vos sabes sobre tu cuerpo, o no, llevan cuarenta y pico
de años juntos, ya debes sentir cuando algo anda mal, o raro. Por ejemplo, cuando dormís bien,
pero te levantas cansada, o cuando alguna comida te cae pesada, o cuando alguna persona te
cae pesada. Lo que quiero decir es que tener razón, ellos pasan tu enfermedad y el tratamiento por la
mente, porque para eso estudiaron y de eso trabajan, pero sos bon la que pasa la enfermedad y el
tratamiento por el cuerpo. Bueno, pero ellos saben más de medicina. Sí, y de tu cuerpo, silencio,
y sobre todo.
y le agrima por su mejilla. No te como relajaba los hombros, como bajaba la espalda, y como de
a poquito se disolvía el ego y empezaba hablar al fin con el alma. Es que me dio mucho miedo, me
dijo. ¿Y si te alguna vez te rapia le pregunte? No, nunca la necesité. ¿Y ahora sentís que la necesitas?
Ahora sí, sacó bandera blanca y se dio cuenta que ni yo, ni su enfermedad veníamos a atacarla.
La sesión que tuvimos fue reveladora y hermosa. En menos de dos horas ella pasó de ser víctima
de su enfermedad a ser protagonista de su sanación. Vió de dónde y de cuando eso estaba creciendo
ahí adentro, entendió aceptó y durante los días que siguieron logros sacar de dentro de ella una
fuerza que ni sabía que tenía. En muy poco tiempo se empezó a poner tan, pero también que la dejaron
volver a su casa, que era lo que ella más quería en ese momento, lo que más necesitaba. Bueno, el
tiempo no alcanzó como para que se quedara, pero sí para que se fuera en paz. Ese dolor tan profundo
que había agargado durante tantos años, ese lastre, se quedó acá en esta vida. Lo dejó junto con
todos los bienes materiales que había conseguido a cambio de irse. Se fue Libianita, sin Rupa,
sin propiedades, sin trofeos, sin medallas, pero también sin complejos y sin recentimientos.
Yo me encarinié, pues si algo me sale fácil es encariniarme. Le prendí una velita y le decía
calma en el alma. El capítulo de hoy va en sonor donde quiera que esté.
Comenzamos. Reflexión número uno. El mejor neurólogo de la zona de Palsprings, que coincidía
con la opinión del traumatólogo, me dijo que en todo Estados Unidos no conocía un solo
paciente con una lesión como la mía que se hubiera negado a operarse. Ok, la medicina
alopática, que es la medicina convencional o sea la de los médicos de ambos blanco de toda la
vida, se utiliza para diagnósticar y tratar. Frenamos acá. ¿Qué diagnósticar es ponerle
nombre y apellido al síntoma, a la enfermedad o a la alteración física con la que cae
en el consultorio? Por ejemplo, esto que te pasa en la piel es dermatitis, o es una reacción
allergica, o es rosacia, o es un hongo. Bien, ahora que ya sabemos un nombre y apellido,
sabemos más o menos que tratamiento usar para curarlo o para mantenerlo controlado, que
puede ir no sé desde una cremita hasta un medicamento o una cirugía. Esta decisión se toma
en base a algo que se llama evidencia científica. O sea, a varias personas históricamente les
pasó lo mismo que tenés vos y los médicos probaron diferentes tratamientos hasta que
algún uno funcionó. Lo volvieron a probar y a repetir en otras personas con el mismo
problema y en promedio funcionó. Esto que te acabo de contar es la esencia del método
científico. ¿Y qué es el método científico? Escúchame dos minutitos que te lo explico. Paso
número uno. Observación. Ejemplo, los médicos observaron personas con síntomas específicos
en la piel, en rojecimiento de escamación. Los focos podían aparecer en cualquier parte
del cuerpo y en cuestión de tiempo se propagaban al cuerpo entero. Esto pasaba en diferentes
partes del mundo, así que claramente no tenía que ver con condiciones específicas de un
lugar. Bien, paso número dos del método científico. Acá viene la pregunta. A ver, si aparecen
distintas partes del mundo, entonces ¿cuál es la causa real de esta ficción de la piel?
La pregunta no lleva el paso número tres. ¿Qué es lo que se conoce? ¿Cómo hipótesis?
Que en realidad no es más que una opinión, ¿sí? ¿Y cuál es la opinión más fuerte? Bueno,
la mejor fundamentada. Yo creo que tiene que ser hereditario. No, porque en su familia
nadie lo tiene. Yo creo que es una alergia por algo que comió. No, porque comen lo mismo
todos los días y lo mismo que todos los miembros de su familia y que es el único con esta
reacción. Yo creo que es psicosomático. Esta palabra se puso muy de moda hace unos años
y servía para reemplazar la frase. No tengo ni puta idea de lo que tenés, pero no es
grave. Así que pase el que sigue, por favor. O para reemplazar la frase. Me parece que
lo que usted le falta es una buena sesión de terapia gestionar mejor sus emociones o poner
límites, mi hijo. Yo creo que es un microorganismo porque, papá, papá, papá, papá, papá,
listo. Microorganismo parece lo más acertado. Vamos a investigarlo y ahí viene el paso número
4, que es la investigación y experimentación. Siguiendo con el ejemplo, en el año 1873, un tipo
de apellido Hansen tomó una muestra de tejidos de esas personas afectadas y encontró una bacteria,
que hace un bichito supermicroscopico llamado mi co-bacterium leprado. Paso número 5, analicemos
al bichito. Veamos si está presente en todas las personas con la misma enfermedad y busquemos
cómo matarlo. Paso número 6, la conclusión. En este ejemplo que te acabo de contar, la
conclusión sería que la libre es una enfermedad infecciosa causada por una bacteria. Último
paso, el número 7. Verificación por repetición. Muchos investigadores por todas partes del mundo se
pusieron a poner a pruebas distintos tratamientos para matar a esta bacteria. Y el tratamiento que más
casos curará se iba a convertir en el tratamiento de la lepra. Y acá es importante que todos estos
casos se pudieran observar, medir y cuantificar. Bien, gracias a este método, se descubrió que la
lepra no era un castigo divino o una maldición como se creía hasta ese momento, sino una enfermedad
infecciosa tratable que hasta recibió un nombre muchísimo más top, que es enfermedad de Hansen.
Y acá quiero dejar algo en evidencia que es muy importante. Para llegar a este nombre topísimo y
este tratamiento efectivo, mucha gente murió. Los primeros morían porque se los tildaba de malditos
y se hacía algo muy cruel que era encerrado en lugares que se llamaban leprosarios donde los
mantenían aislados y sufriendo los síntomas de su enfermedad más que cargaban con el estigma de
la sociedad y con la más triste soledad. Más adelante esto avanzó un poco, por suerte. Y hubo
gente que no murió en un leprosario pero sí en un hospital, porque mientras se ponían a prueba
las hipótesis y los tratamientos para matar a la faquim bacteria, los enfermos eran las ratas
de laboratorio prácticamente. Y para que te cuento todo esto, básicamente, para que entiendas
que una hipótesis y un tratamiento son verdad, solo por estadística. Si este tratamiento salvo
al 40% de enfermos de este cáncer y este otro al 80% entonces, por ahora hasta que aparezca
algo mejor el tratamiento que vamos a usar es el que salvo al 80%. Y ese 20% que se murió,
ese 20% que se murió, se fue al mismo cielo que los leprosos que murieron mientras estaban
buscando el mejor tratamiento. Se entiende? Y atenti acá, no te estoy contando esto porque crea
que la medicina convencional no sirva o falle. Lo que quiero decir es que la medicina convencional
muchas veces solita no alcanza, porque si vas en estadísticas no tienen cuenta a cada persona
como un ser pensante y sintiente. Tienen cuenta solo los resultados observables, medibles y
cuantificables. Así que paso a leerte de nuevo este recortecito del texto de despensa. El mejor
neurólogo de la zona de Palm Springs, que coincidía con la opinión del traumatólogo, me dijo
que en todos Estados Unidos no conocía aún solo paciente con una lesión como la mía que se hubiera
negado a operarse. ¿Ves lo que te digo? El mejor neurólogo de Palm Springs no le estaba diciendo que
no existía otro método o que no iba a poder. Solo le estaba diciendo que él no conocía hasta el
momento. Otros datos observables, medibles y cuantificables sobre la cura de la lesión que
dispensa tenía. Si yo le hubiera dejado su cuerpo al experto y se hubiese sometido a todos esos
tratamientos y esas dos barras de hierro, posiblemente yo hubiese vuelto a caminar. Sonaría en todos los
aeropuertos y sentiría dolor cada vez que hubiera humedad. No habría estado tan mal, pero si
hubiese hecho eso, este relato que te leí no existiría. O sí, pero con otra firma, con otro
nombre al final, porque para mí la vida se
siempre encuentra a alguien valiente dispuesto a transmitirnos su mensaje.
Yo escucho el de agnóstico, escucho el tratamiento, escucho el pronóstico, o sea lo que le iba
a pasar en el futuro, y aun así no obedeció, porque su cuerpo le pedió otra cosa, y aclaro
de nuevo por si no se entendió. Leti no está en contra de la medicina convencional, pero
le te opina que solita no alcanza. Y mi invitación acá es escuchar a los médicos y beneficianos
de todos sus conocimientos, pero sin abandonar la escucha de nuestro propio cuerpo. Para
mí, la sabiduría profesional y la sabiduría del cuerpo pueden y deben caminar juntas.
Para mí, la verdadera salud no nace de la obediencia ciega, pero tampoco de ignorar la evidencia.
Para mí, la verdadera salud nace del diálogo entre el conocimiento médico y la escucha
profunda de nuestro cuerpo. Y esto me lleva la reflexión número 2. Ahora te voy a hablar
de algo súper importante que aplica para todas las áreas de tu vida. Pero hoy, en el capítulo
de hoy, la voy a llevar al campo de la salud. No mejor dicho, tú, salud. Escúchame con
él si es posible. Si te quita tu poder, ahí no es. Repito, si te quita tu poder, ahí
no es, no hay cura sin autonomía. Si el tratamiento o el profesional que elegiste sea médico o sea
holístico, te quita tu libertad de decidir. Se pasa tu opinión o tu criterio por el forro.
Si no responde a tus preguntas y si no te da toda la información que le pedís, si me nos precia
tus necesidades o si te hace sentir poco importante o que sin él o ella no podés avanzar, ahí no
es, my friend, nada ni nadie que te quita el poder te puede salvar. Si un camino, el que sea,
te exige renunciar a tu autonomía para seguirlo. Capas que ese camino no es para vos. Y punto,
tu cuerpo, tu decisión. Y esto me trae un recuerdo oramoso. Tuve una sesión con una chica
que cae a la clínica con una infección. Parecía que la infección no era complicada, la
interna. Y en muy poco tiempo esa infección se complica tanto que tienen que dormirla. No,
estaba toda pinchada por todos lados y tenía antibióticos, antifungicos, antivirales, tenía
todo lo que había básicamente en la farmacia. Los médicos se acercan a su mamá y le dicen no
tenemos idea lo que tiene tu hija ni cómo curarlo. Así que básicamente la única que queda esperar
es a que algo de todo esto funcione. Su mamá súper triste, impotente. No me quiero imaginar lo
que se estare en ese lugar. Muy creyente. Lo que hace es poner al lado de la cama de su hija un
estampita y una velita encendida. Una enfermera viola velita y le dijo "ah, mil disculpa, yo entiendo
su fe y lo importante es que esa velita encendida para usted, pero por prevención y por reglamento no
se puede prender fuego dentro de este establecimiento". La mamá entendió pero le dio mucha cosa apagar
esa velita porque representaba su fe básicamente esa velita era su esperanza, era la vida de su hija
ni más ni menos. Así que el día siguiente fue un basar chinos que quedaba cerca de la clínica y
compró una velita de esas que "son a pila" tienen una llamita artificial que simula ser real. Están
buenísimas. Bueno, la enfermera violó esta velita, miró a la mamá y le sonrió como diciendo
"ah, ahora sí". Pero la cosa no termina acá. Como era un hospital escuela, el jefe de los
residentes llega una mañana con su séquito a ver cómo evolucionaba esta chicanola hija de nuestra
mujer de nuestra protagonista. Entra la habitación, ignora completamente la madre de la chica, toma el
informe que estaba en un bolsillo metálico al pie de la cama, lo mira y empieza a compartir los
resultados de esa última analítica con sus alumnos. Bien, la cosa venía súper fría hasta ese
momento, pero la madre en muy poquito tiempo entendió que hay médicos que son un poquito más
sociales y otros menos. Cuestionó que este doctor este señor deja al informe en su lugar y antes
de irse a hacer calabelita, la toma, la paga y le dice a su séquito "esto acá no se puede".
La madre de mi paciente lo mira muy ingenuamente y le dice "pero no es de fuego esa pila". A lo que el
doctor, sin si quiere mirarla, le dijo "acá los que trabajamos somos los médicos, los santos
a la iglesia". La madre se quedó helada y callada, se hizo chiquita y cuando el médico se
fuese puso a llorar, de rabia, de impotencia, de miedo, por suerte esa misma tarde entró otra médica,
que también fue al cabezal de la cama, agarró el informe y antes de leerlo, miró a la mamá y le
dijo "¿Qué pasa tere hoy? ¿Crees que le pida la psicóloga que ven a charlar un ratito con vos?
Necesita salvo, comiste dormiste". Tere, la miró a los ojos y le dijo "tengo miedo, doctora".
La doctora, la miró a ella, miró la mesita de noche y como si fuera la vida abelando a través
de su boca, ¿cómo no vas a tener miedo si tenés la velita pagada a mujer? Se acercó a la
velita, la encendió con su botoncito de "on-off". Miró a los ojos a la mujer y le dijo "esto
os prendido hasta que tu hija se despierte, que te necesitamos fuerte y entera y necesitamos la
ayuda de todos los santos". Tere, la miró, le agradeció y a partir de ahí la fe se volvió más
grande que el miedo. Tan grande que todos los días le leía algo a su hija dormida, le ponía su música
bajita. Cuestion, su hija despertó y le contó que había visto la figura de ese santo que estaban
la estampita, que el santo le había dicho que no era su momento y que justo, justo ahí se despertó,
creer o reventar. Yo el hijo creer y de última que el médico soberbio reviente se puede,
fuera de broma. Si te quita tu poder, si te quita tu fuerza o tu fe, si agranda el miedo
que sentís la inseguridad que sentís o la dependencia, ahí no es. Reflección número 3. Y como en las
condiciones en las que estaban no podía ir a ninguna parte ni hacer nada salvo ya serbo
cabajo, decidí llevar a cabo dos cosas. La primera fue que cada día me centraría en esa
inteligencia que habitaba en mí y la encomendaría un plan, una plantilla, una visión con órdenes muy
concretas. Y luego dejaría que samente superior dotada de poderes ilimitados se encargara de
mi curación, para que lo hiciera por mí. Y la segunda fue que no dejaría que me viniera la
cabeza ningún pensamiento que no quisiera tener. ¿Parece fácil de hacer verdad? Sí un poquito más.
Así que dos veces al día durante dos horas me dedicaba a mirar en mi interior y a crear una imagen
del resultado que deseaba, una columna totalmente reconstruida. Advertí lo poco consciente y lo
desentrado que estaba. Es curioso. De pronto vi que cuando nos enfrentamos a una crisis o a un
trauma invertimos demasiado atención y energía pensando en lo que no queremos en lugar del lo que sí.
Hasta acá. Dispenza nos habla de dos pasos. A los que les puse un nombre para que sea más fácil
de expresar para mí y para que sea más fácil de recordar también. Al paso número 1 lo voy a
llamar guía y al paso número 2 lo voy a llamar guardián. Primero guía, segundo guardián.
El paso número 1 consiste en visualizar el resultado deseado. En su caso él visualizaba como volvía la
vida normal. Él cuenta desde ir al baño y sentarse en el inodoro solo hasta volver a correr
a andar en vicio nadar. Visualizaba lo que sí. Ponía el foco en lo que sí. Al paso número 2 lo
llamé el guardián. Porque fíjate cómo funciona nuestra mente sin que nos demos cuenta. Si un médico
nos llega a decir que tenemos algo en la columna, nuestra mente se va inmediatamente a la silla de
ruedas. Nos imaginamos en una silla de ruedas. Si un médico nos dice que tenemos algo en el útero,
nos imaginamos que no vamos a poder ser mamás. Y si un médico nos dice "tienes cáncer", nos imaginamos
muertos. O a nuestros hijos moriéndose de hambre. El modo avión de nuestra mente, o sea,
el automatismo de nuestra mente siempre nos lleva a lo peor. Y lo que dispensa explica es que como nuestro
cerebro no distingue lo que es real de lo que no, es ese shock. O sea, cuando pensaste en la silla de
ruedas, cuando pensaste en la imposibilidad de ser mamá, o cuando pensaste en la muerte, eso para
tu cerebro pasó de verdad. Y el cuerpo se te llenó de miedo de estres, de tristeza, de
potencia. El doctor nos da un diagnóstico y es nuestra mente, la que nos sentencia.
Brian Tracy dijo si lo crees, lo creas. Y Joe dispensa unos años más tarde.
Dijo lo mismo pero con palabras más bonitas para que suere más científico y menos mito.
Joe dijo que "donde pones el foco, pones la atención". Y ahí donde va tu atención va
a toda tu energía. Y ahí donde va tu energía, el campo cuántico responde. De todas las
realidades posibles que había a la que le ponga tu energía es la que vas a manifestar
en la realidad. O sea, si te dicen lesionen la columna y vos solo te imaginás las
sillas de ruedas, empezabucar presupuestos porque sí, la vas a necesitar.
Y te imaginaste que no ibas a poder quedar embarazada, empezabucar opciones para matarnar
porque sí las vas a necesitar. Si te dijeron cáncer y te imaginaste muerto, buscate
un buen abogado y empieza a escribir tu testamento porque lo crees, lo creas. El miedo
tiene el mismo poder manifestador que las ganas. Joe dispensa nos cuenta que él esto de
alguna manera lo supo, así que le dedico mucha más energía a cuidar sus pensamientos
que rehabilitarse. Él cuenta que al principio el miedo era muy grande y centrarse en lo
que sí quería le demandaba un montón de esfuerzo. Pero al cabo de unos días de practicar
lo repetir, lo repetir, lo volver a empezar y volver a empezar cada vez que el miedo
se entrometía, logró que el miedo deje de entrometerse, así que solo visualizaba lo que quería,
solo ponía el foco y su energía en lo que sí. Y acá te comparto el consejo que me dio
un gran sabio. Si querés que algo llegue más rápido a tu vida, si querés materializar
o manifestar algo más rápido en la realidad, lo que tenés que aumentar no es la velocidad
es, sino la certeza y la convicción de que eso ya está llegando. Lo que el crack de dispensa
sea, sin saberlo, porque todavía no se dedicaba esto, todavía no había creado la teoría
ni la había puesto en acción, era bajarle el volumen al miedo y subirselo a la certeza
de la convicción. Lo que te digo siempre, no me creas nada y pasalo por tu propio cuerpo.
Yo lo pasé por mi propio cuerpo y te pudo contar que me he curado migranias alergias,
polipos, con esta estrategia. Nunca lo viví como algo místico, lo vivía más bien
como algo que me pasaba a mí, que era solo para mí y por lo tanto, si me hacía cargo,
la solución también dependía de mí y en esta reflexión te invito a probar dos cosas.
La primera es la guía, o sea, visualizar fuerte lo que sí, la segunda es el guardian,
o sea, no dejar que ni un pensamiento se vaya a lo que no, y si se va, redirigirlo.
La tercera cosa tiene que ver con mantener a rayas el miedo y no me voy a explicar
porque es la reflexión que sigue, paso directamente a la cuarta cosa. La cuarta cosa que te
pido que porueves es la certeza. Mi frase es "esto ya se está yendo", o tengo otra
que es mi cuerpo sabe sanar y ya lo está haciendo. Y abro un paréntesis acá, tu cuerpo
sí sabe sanar, pero escúchame bien, los tiempos del cuerpo no son los tiempos de la mente,
ni son los tiempos de los medicamentos, tu cuerpo se toma su tiempo. Reflexión número
cuatro. El miedo viene a decirte que algo es importante para vos. Cada vez que aparezca
el miedo, el miedo viene a decirme que algo es importante para mí. Siempre que llega
el miedo, el mensaje que trae es, esto es importante para vos. Y en los casos anteriores
moverme, ser mamá, seguir vivo. Y sí, perder cualquiera de estas cosas da miedo porque
todas son muy importantes para mí. Tengo un capítulo entero que se llama miedo y si no
lo escuchaste te lo super recomiendo. Pero voy a dedicarle unos minutitos en este capítulo
que se llama cuerpo.
Pregunta. ¿Qué rol juega el miedo ante un diagnóstico?
Respuesta. El que vos le des. Yo dispenzanos, contó en su relato que le llevó un tiempito
dejar de vivir lo que le estaba pasando desde el miedo. Y es normal, es humano. No es
necesario dejar de sentir miedo al contrario. Mientras antes lo veas, lo asuma si lo aceptes,
mejora.
Imagínate que volvés a ser un peque, volvés a ser un niño. Y por alguna razón, empezaste
a pensar que, adentro de tu rompero, había un monstruo, como en la película Monstering.
Era un monstruo que te daba mucho miedo. Así que te dormías con miedo y te despertabas
con miedo. Evitabas todo el tiempo mirar ese rompero por si justo se abría y veías algo
que no estabas listo para ver.
Ahora, imagínate que en lugar de vivirlo en soledad, un día te animaste a decirle a
tu mamá o a tu papá que tenías miedo. Y ellos te agarraron de la mano y te llevaron
hasta ese rompero para abrirlo lentamente y demostró que hay no había nada. Que si
podías dormir tranquilo.
Bien, ahora imagínate que abrieron lentamente la puerta y sí había un monstruo.
No es mejor a verlo descubierto con alguien de la mano y no es mejor ahora que sabes
que está ahí hacer algo para sacarlo, pero claro que es mejor.
Ahora imagínate que el rompero es tu cuerpo que la mano te la da el médico y que el monstruo
sí está ahí. No es mejor saberlo para poder hacer algo que vivir con miedo.
Yo pienso que si me entero que tengo algo es porque todavía puedo hacer algo al respecto.
Y si hay algo que puedo hacer, manos a la obra, con miedo y todo, yo radita y asegir
que si no me entera va no tenía esta segunda oportunidad. Cuando se mete el miedo y
le damos un lugar principal o protagonista. La recuperación de lo que sea se hace más
larga. Incluso pueden aparecer las complicaciones, o sea la cosa va a peor. Y ojo, no estoy diciendo
que es tu culpa por tener miedo. Estoy diciendo que el miedo es tu responsabilidad.
Ni del médico, ni del virus, bacteria, huango, ni de la sanidad pública. El miedo es tu
yo. Hace este cargo, mi amor. Pedíle a alguien a quien vos quieras que te dé la mano
y te acompaña a abrir el rompero. Hace este cargo. Pedí ayuda. Levanta la mano.
Métete el orgullo en el bolsillo y busca algo o a alguien que te ayude con el monstruo.
Y acá te doy un tip. Tu entorno te atrapan el pasado.
No sólo porque refleja tu estado interno, sino también porque te mantiene atrapado. Las
mismas rutinas, los mismos lugares, las mismas personas y hasta tu forma de hablar, refuerzan
las mismas emociones cada día. Estás viviendo en el presente pero desde el pasado. Y
acordate que el que fuiste en el pasado es el que se enfermó. Así que la frase quiero
que todo vuelva a ser como antes o quiero vivir como viví antes. No va más porque
el de antes es el que se enfermó. El cambio real ocurre cuando dejas de ser tu antiguo
yo y empiezas a encarnar tuyo del futuro. Conclusión. No busques respuestas en los mismos
lugares que te llenaron de preguntas. Ni busques, seguridad en los mismos lugares que
te llenaron de miedo. Busca no sé personas que hayan pasado por lo mismo que está pasando
ahora. Profesionales que puedan acompañarte pero sin filtro y sin pena. Un profesional
que te mira con pena o que te miente para que no te duela no sirve. En este momento lo
más cómodo es que alguien te diga "pueschito" o "pueschita" pero la pena no cura, la pena
estanca. Y ni se te ocurra decirme que no tenés fuerza o que no sos capaz porque no te
lo creo. No es verdad. A cada uno de nosotros le toca enfrentar el tamaño del desafío
que sí puede superar. Repito, a cada uno de nosotros le toca enfrentar el tamaño de
desafío que sí puede superar. Así que no me digas ni te digas que no podés porque
no es verdad. Y no te lo creas tampoco vos porque si te lo crees lo creas. Reflexión.
número 5, lo que estaba aprendiendo es uno de los principios fundamentales de la física cuántica.
Mente y materia no son dos elementos distintos y nuestros pensamientos y sentimientos
tanto conscientes como inconscientes son los planos que determina nuestro destino,
la tenacidad, la convicción y la concentración para manifestar cualquier posibilidad futura
se encuentran en la propia mente y en la mente de los potenciales infinitos del campo cuántico.
Estas dos mentes actúan al unísono para materializar cualquier realidad posible,
comprendí que en este sentido todos somos creadores divinos,
con independencia a nuestra raza, sexo, cultura, posición social, educación, credo, religioso,
incluso de los errores cometidos.
Por primera vez en mi vida me sentí una persona muy afortunada.
Creo que ya te lo conté por acá alguna vez, pero te lo cuento de nuevo.
Apenas que de viuda con mis dos peques pasó algo gracioso y maravilloso,
hoy es una negrota.
De repente iba a pagar la factura del gas y en la fila me empezaba a hablar una mujer
que me contaba que su hija chiquita tenía que operarse un tumor cerebral.
De repente iba a la ferretería a comprar pintura
y el ferretero me contaba que su sobrina de 20 años había tenido la accidente y había quedado tetraplegica.
Iba a la clínica hacer algún trámite porque cuando se muere a alguien
hay que hacer un montón de trámites y de repente veía en las escaleras
en los asensores a muchos chiquitines, calvitos, sin pelo por la quimio
y las caritas de sus papás destrozados tratando de que no se les note.
De alguna manera muy extraña, en pleno duelo y con mi vida completamente patas para arriba
empecé a pensar que suerte tengo a mí nada más se me murió mi marido.
Ya sé que suena el loco y tal vez no me lo entiendas pero en medio de mi tristeza
me empecé a sentir afortunada porque sin darme cuenta
y con mucha ayuda de la vida en lugar de poner el foco en lo que había perdido pude correrlo
y poner el foco en lo que sí tenía en lo que me quedaba que era nada más y nada menos que mis dos hijos
y yo vivos sanos y juntos.
Esto es lo que viene después de la aceptación y tiene que ver con sublimar el dolor
y es un capitulazo que se viene muy muy pronto.
Así que por ahora solo te voy a invitar a cuando estés en medio de la oscuridad
buscar una o dos cosas que agradecer.
Con una o dos funciona pero si tenés más que suerte la tuya.
Reflexión número seis.
Mientras me recuperaba en aquellas noches largas y solitarias en las que no podía pegar ojo
hice un trato con esa conciencia y le prometí que si volvía a caminar me pasaría el resto de mi vida
estudiando, investigando la conexión entre la mente y el cuerpo
y el concepto del poder de la mente sobre la materia.
Y desde entonces eso ha sido a lo que me he dedicado durante las últimas tres décadas.
Bien, yo de espenza recordemos estaba tumbado en la cama de lo de unos íntimos amigos
con su columna completamente rota en mil pedazos.
Él estaba haciendo este ejercicio con la mente que todavía no sabía si le iba a funcionar o no.
Pero en ese momento de incertidumbre total él sintió la necesidad de devolver algo a cambio.
No desde la culpa ni desde la obligación sino desde la gratitud.
Muchas, muchas civilizaciones antiguas y civilizaciones ancestrales ya sabían que la vida es un intercambio constante.
Tomamos aire y devolvemos aire.
Recibimos alimento y generamos energía.
Aprendemos de otros y luego enseñamos.
Recibimos ayuda y cuando podemos ayudamos.
El problema aparece cuando sólo tomamos o cuando sólo damos.
Cuando sólo tomamos nos desconectamos de la gratitud.
Nos volvemos menos agradecidos.
En cambio cuando sólo damos nos desconectamos de nosotros mismos.
Escúchame bien, la paz, el amor, la sabiduría y la salud están en el equilibrio.
Capas que la pregunta no sea solamente que queremos recibir de la vida sino también que estamos dispuestos a ofrecerle a cambio.
Porque cada experiencia difícil, cada aprendizaje y cada regal lo que recibimos viene con una invitación al reverso en letra chiquita.
Ese invitación es a transformar lo que hayamos recibido o vayamos a recibir en algo que puede beneficiar a otros también.
Hay una frase muy conocida que dice cuentas claras conservan la amistad.
Yo diría que cuentas claras conservan la salud y después vemos y seguimos con la amistad.
Hasta acá las reflexiones.
Aunque me queda una cosita en el tintero que no quiero dejar pasar.
Miremos las juntos.
El accidente de show dispensa pasó en el año 1986 y recién en el año 2007, o sea 21 años después, sacó su primer libro.
Se accidentó a sus 23 y recién a los 44, lo contó.
El tipo se tomó 21 años para pensar, para sentir, para integrar y analizar lo que había pasado.
Investigó, estudió, creó un método, lo puso a prueba, lo mejoró y recién cuando sintió que lo podían arrar, empezó a compartirlo a través de su libro.
Y a qué voy con esto, a qué el tiempo en realidad es una invención de la mente.
Es el ego el que nos hace sentir que estamos llegando tarde a algún lado, pero no es real, nadie llega tarde a su propia vida.
Para él, el alma, el tiempo no existe.
Y esta misión de show dispensa venía del alma, por eso creció y maduro en silencio durante 21 años.
Hasta que realmente se sintió listo para compartirlo.
Ahora sí, hasta acá el capitulazo de hoy.
Por si dí muchas vueltas o si me fui mucho por las ramas y se perdió la idea central, la repito justito acá.
No esperes estar enfermo para poner límites o pedir ayuda.
Y si ya lo estás, no te abandones, nadie conoce a tu cuerpo mejor que vos.
La enfermedad es la manera en que la vida te invita a volver a vos, a tu poder, a tu valor.
Y por último, el camino de la ciencia y él de la conciencia pueden y deben ir de la mano.
Esto se llama medicina integrativa y para mí es el futuro.
Ahora sí, recomendaciones de hoy.
De show dispensa a nuestro autor invitado, me encanta el libro "Deja de ser tu".
Es mi libro de cabecera y creo que ya te lo recomendé en algún otro capítulo, pero vale la pena repetir.
Sigo, si sos más de literatura te voy a recomendar dos libros.
El primero se llama "Martes con mi viejo profesor de Mitch Albaum".
Y el segundo se llama "El caballero de la armadura oxidada de Robert Fisher".
Ambos clásicos, o sea, tienen ya un tiempo de haber sido escritos.
Y en algún momento de mi vida, me acompañaron mientras pintaba muebles, inspiraron, me dejaron algo.
Así que no sé en qué momento de tu vida esté, pero ojalá te sumen como me sumaron a mí.
Ah, detalle importante.
Sé que este podcast lo escuchan muchos niños.
Así que a esas mamás papás que les comparten este contenido, ¿qué sepan que el caballero de la armadura oxidada
se puede escuchar con niños?
Incluso se presta abrir conversaciones oídas y vuelta muy valiosos.
Sigo, para los que no son tanto de literatura sino más mentales, los que necesitan algo más específico sobre la medicina integrativa.
Hay un libro que termina de leer hace muy poquito, bastante nuevo, que me pareció muy bueno, muy sincero y muy claro.
Se llama "Cuando tu cuerpo te habla", de la doctora Olga García Gómez.
Ella y su libro me gustaron un montón.
No encontré el audio libro porque es bastante nuevo, pero me metí en YouTube y vi que esta misma doctora
tiene un montón de charlas sobre distintos temas.
Y te invito si te interesa a buscarla y a elegir la charla que más te resuenen en este momento de tu vida.
Ahora, si no estás para leer si no más bien para ver algo entretenido en Netflix, por ejemplo,
te voy a recomendar una serie que se llama "Vinagre de Manzana" y que está basada en una historia real.
Es la historia real de una mujer llamada Bel Gibson que fue una influencer que construyó un imperio en el mundo del bienestar
a la firmar falsamente que había curado su cáncer cerebral a través de una alimentación saludable y terapia naturales.
O sea, toda su vida basada en una mentira.
¿Y por qué te recomiendo una serie que pone en duda la veracidad de las terapias alternativas?
Bueno, porque hay una cruda verdad que no.
afecta a todos. Del lado de la ciencia hay un gran negocio farmacéutico, que tiene como
objetivo el beneficio económico propio por sobre la salud de sus clientes, pero del lado
de la conciencia también hay, del lado de la conciencia hay mucho, pero mucho humo,
que tiene como objetivo alimentar al ego propio por sobre la salud de la audiencia. Como verás,
el bien y al mal están en todos lados y no se trata de avanzar con desconfianza, sino de elegir
con mucho criterio a quién le regalaz esa confianza, se entiende la diferencia y puede pasar
que dudes de tu juicio de tu intuición en ese momento de tanta vulnerabilidad. Así que acá te
invito a acordarte de algo muy importante. La vida te ama. Si llegas a estar en duda pedí la
la vida que te guie y ponete livianito, ponete peso pluma que ya seguro sabe algo que vos
no confía y agradece que si estás escuchando hoy aquí y ahora esto no es casualidad, esta es tu
señal. Como siempre te voy a dejar todas estas recomendaciones que te acabo de hacer piñadas
en la historia destacada de mi Instagram con Amor.leti, que se llama "Recomiendo" y tiene el
dibujito de un librito. Último, te pido que le compartas este capítulo hecho con mucho amor a
todas las personas que se te vinieron al amende mientras me escuchabas. Que este mensaje sea luz cuando el
camino se ponga oscuro y que sea abrazo de aliento cuando el miedo nos defrío. Gracias por tu
valiosísimo tiempo de atención, te veo y te quiero con Amor.leti.
Podcast Summary
Key Points:
El cuerpo no se trata como un objeto físico, sino como un proceso en constante transformación que responde a la conciencia interna.
Un accidente grave en 1986 cambió la vida del autor, quien decidió rechazar el tratamiento médico convencional para conectarse con su propia inteligencia corporal.
A través de la meditación y la visualización consciente, el autor logró reconstruir su columna y recuperarse sin intervenciones quirúrgicas.
La mente y el cuerpo están interconectados; los pensamientos, emociones y creencias influyen directamente en la salud física según principios de la física cuántica.
La verdadera salud nace del diálogo entre el conocimiento médico y la escucha profunda del cuerpo, no de la obediencia ciega ni del rechazo absoluto.
El miedo es una señal de importancia, no de debilidad; su manejo permite transformar crisis en oportunidades de crecimiento personal.
Cada experiencia difícil trae una invitación implícita para transformar lo recibido en algo que beneficie a otros, creando un equilibrio entre recibir y dar.
El autor pasó 21 años en silencio integrando su experiencia, demostrando que el tiempo es una construcción mental y que la sanación surge del autoconocimiento, no de la enfermedad.
Summary:
Este capítulo reflexiona sobre la relación entre cuerpo, mente y conciencia, partiendo de una experiencia personal de trauma físico que transformó la vida del autor. A diferencia de los tratamientos médicos convencionales, que se basan en evidencia estadística y en el diagnóstico de síntomas, el autor eligió confiar en su propia inteligencia corporal, conectándose con una conciencia interna que le permitió reconstruir su columna y recuperarse completamente. El proceso se basó en la práctica diaria de visualizar el resultado deseado y evitar pensamientos negativos que generan miedo o inseguridad.
Se explica que la mente y el cuerpo no son separados, sino que interactúan profundamente: los pensamientos y emociones influyen directamente en la salud física, según principios de la física cuántica. La verdadera salud, por tanto, no depende solo de la medicina, sino del diálogo entre el conocimiento profesional y la escucha profunda del propio cuerpo. El miedo se presenta como una señal de que algo es importante, y su gestión permite transformar crisis en oportunidades de crecimiento.
Además, se destaca que cada dolor o enfermedad puede ser un llamado para volver a uno mismo, y que el equilibrio en la vida —entre recibir y dar— es clave para la salud emocional y física. Finalmente, el autor hace hincapié en que la sanación y el crecimiento personal requieren paciencia, autoconciencia y una relación humana auténtica con el cuerpo, sin dependencia de expertos o tratamientos mecánicos. La medicina integrativa, que une ciencia y conciencia, se presenta como el futuro de la salud verdadera.
FAQs
El cuerpo como verbo se refiere a su capacidad de cambiar, adaptarse y moverse constantemente, en lugar de ser solo una estructura física. Es una manifestación de vida activa y en constante transformación.
El autor sufrió un accidente de tráfico en 1986 en el que se rompieron seis vértebras y sufrió lesiones severas, lo que lo llevó a una crisis que transformó su visión sobre la salud y la curación.
Decidió centrarse en su conciencia interior, visualizar su recuperación día a día y evitar pensamientos negativos, creyendo que su cuerpo tenía la inteligencia para sanar con la energía de su mente.
La mente influye directamente en el cuerpo: los pensamientos, tanto positivos como negativos, determinan cómo se manifiesta la realidad, y la convicción de que algo está ocurriendo puede acelerar su manifestación física.
El cuerpo sabe lo que necesita antes que los médicos, y escucharlo permite un diálogo entre sabiduría profesional y sabiduría personal, lo que lleva a una verdadera salud equilibrada y auténtica.
El miedo no es un obstáculo, sino un mensaje de que algo es importante. Al aceptarlo y no rechazarlo, se abre la posibilidad de actuar con valor, en lugar de vivir con ansiedad o parálisis.
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